
Las concepciones idílicas e ingenuas de la sociedad británica sufrieron un fuerte aldabonazo en 1996 con la película Trainspotting, adaptación de la novela de homónimo y ferroviario título que Irvine Welsh había publicado tres años antes, la cual con el tiempo se ha convertido en una de las más celebradas de la cinematografía de dicho país. Dirigida por Danny Boyle, narra la historia de cinco jóvenes descarriados, abocados a la heroína, al trapicheo y a un destino poco halagüeño en las zonas periféricas y deprimidas del Edimburgo de finales de la década de 1980.
Su título sorprendió a muchas personas, entre otras razones porque, al tratarse de una afición típicamente británica, la palabra era desconocida en otras latitudes o porque, conociendo su significado, no lograban establecer relación con la película. Trainspotting es un pasatiempo basado en la observación de trenes y la consiguiente recopilación de datos. Como el ámbito ferroviario es muy amplio, un observador de trenes, un “train-spotter”, acostumbra a centrar su interés en la recogida de información sobre un aspecto concreto: número de locomotoras, tipo de trenes, horarios, objetos ferroviarios… Una vez recopilada dicha información, lo habitual es compartirla con otros aficionados. Una actividad que requiere paciencia y suele ser vista como aburrida e inútil por los no aficionados.
Curiosamente, en la película no hay referencias a dicha actividad. De hecho, fue necesario esperar a su secuela, T2: Trainspotting, para encontrar una mención, cuando Mark Renton (Ewan McGregor) y Francis Begbie (Robert Carlyle), que están utilizando la estación abandonada de Leith como aseo, se encuentran con un anciano borracho que les pregunta si están practicando dicho hobby.
Tal como ha explicado el propio Irvine Welsh en alguna ocasión, de la misma forma que el trainspotting no tiene sentido para las personas que no lo practican, el consumo de heroína tampoco lo tiene para las personas que no son adictas.
El paralelismo entre la observación de los trenes y la búsqueda de una vena para inyectarse heroína dio como resultado una nada complaciente película sobre un segmento de la población frustrado, marginal y de futuro incierto en las postrimerías de los gobiernos de Margaret Thatcher. Esto se refleja claramente en las últimas líneas del famoso monólogo inicial de Mark Renton al ritmo de Lust for Life, de Iggy Pop, cantante que como Lou Reed -también presente en la banda sonora con Perfect Day-, representa lo que es caminar por el lado salvaje de la vida:
«Elige tu futuro.
Elige la vida.
¿Pero por qué iba yo a querer hacer algo así?
Yo elegí no vivir la vida.
Yo elegí otra cosa.
¿Y las razones?
No hay razones.
¿Quién necesita razones cuando tienes heroína?«
Además, Danny Boyle filma sin concesiones, porque vemos los gozos de los chutes de heroína (los colocones), las sombras (los monos, los efectos de las sobredosis y los delitos para financiar la adición), y las consecuencias (el sida y la muerte), de un segmento de la Generación X, las personas nacidas entre 1965 y 1980.
FICHA TÉCNICA:
- Título: Trainspotting
- Director: Danny Boyle
- Guión: John Hodge
- Música: Damon Albarn
- Fotografía: Brian Tufano
- Reparto: Ewan McGregor, Robert Carlyle, Peter Mullan, Ewen Bremmer, Jonny Lee Miller, Kevin McKidd, Kelly Macdonald, James Cosmo
- País: Reino Unido
- Año: 1996
- Duración: 93 minutos
- Género: comedia dramática







































