Rock alternativo, heterogeneidad estilística

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Hablar de rock alternativo es hablar de cualquier estilo de rock que se aleje de la música más comercial y que no necesariamente aspire a alcanzar al gran público, por preferir la libertad creativa a plegarse a las exigencias mercantilistas. Su origen se remonta a mediados de los años 80 del siglo pasado, cuando numerosos artistas fichaban por sellos independientes o incluso, tras el triunfo de Nirvana, por grandes sellos, pero sin perder su personalidad, y que han dado forma a un estilo netamente anglosajón que destaca por su heterogeneidad. Música en la que diversos elementos del ferrocarril son el eje sobre el que gravitan diversas composiciones emblemáticas y de gran repercusión social en algunos casos.

Paradigma de la transcendencia social es Runaway Train (Tren fuera de control), una bella balada acústica sobre la depresión incluida en el disco “Grave Dancers Union”, con el que la banda norteamericana Soul Asylum logró un gran éxito comercial y artístico en 1992. A su repercusión contribuyó un videoclip en el que se veían imágenes de niños desaparecidos de cuya gestión se estaba encargando el National Center for Missing and Exploited Children, porque fue todo un aldabonazo para muchas conciencias. Gracias al videoclip, 21 niños volvieron a casa, hecho que ayudó a que experiencias similares se llevaran a cabo en otros países.

Compatriota de Soul Asylum es R.E.M., que gozó del favor del público y la crítica desde el primer disco, además de ser la primera banda de rock alternativo en alcanzar el éxito comercial. En 1984 editaba “Reckoning”, su segundo álbum que incluye Driver 8, una canción que transmite la sensación de un tren en marcha. Versa sobre un maquinista que trabaja demasiado y debe tomarse un descanso, porque lleva muchas horas de turno y el destino está todavía demasiado lejos, lo cual puede ser entendido como una invitación a vivir con más sosiego.

La sensación de un tren en marcha es también apreciable en Zoo Station, composición de otra banda que siendo alternativa ha acabado llenando grandes aforos, como es el caso de la irlandesa U2, que en 1991 publicaba su disco más alternativo, industrial y bailable, “Atchung Baby”. Dicha canción toma su nombre de la Bahnhof Berlin Zoologischer Garten (Estación del Jardín Zoológico de Berlín), en la que, entre otras, opera la línea U2. En ella nos habla de los cambios, por lo que no parece casual que la estación elegida sea de una de las ciudades que más intensamente los ha vivido durante el siglo XX.

Abandonamos Dublín para acercarnos a Manchester, porque de ahí procede The Smiths, otra banda señera del rock alternativo. Liderada por su carismático cantante Morrisey, un defensor a ultranza de los animales hasta el extremo de que el segundo álbum de la banda respondía al título de “Meat Is Murder” (La carne es muerte). En 1988 lanzaba al mercado el disco en directo “Rank”, en el que destaca el instrumental Draize Train, título que evoca al test de productos destinados al consumo humano que son probados en los ojos o piel de los conejos.  

Más hedonista es la propuesta de la banda escocesa Primal Scream, que en 1997 vivía un momento dulce. Su fusión de techno, música de baile y rock gozaba de gran aceptación, hasta el extremo de ser la autora del tema central de la banda sonora de la película “Trainspotting”, título de claras reminiscencias ferroviarias. Las mismas que se aprecian en Last Train, un dub instrumental perfecto para ambientar cócteles.

Gracias a su calidad, creatividad y sobre todo al éxito del disco de Nirvana “Nevermind”, el rock alternativo se ha ido haciendo un hueco en el mercado, hecho que alcanza a nuestros días. Un estilo muy heterogéneo, con numerosos ejemplos de composiciones de inspiración ferroviaria, en el que muchos artistas han encontrado su sitio para que sin claudicar a las exigencias del mercado poder ser fieles a sus principios musicales.  

Bob Seger, el rugido ferroviario de Detroit

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Bob Seger, uno de los más grandes artistas que ha dado el panorama musical norteamericano, fue un artista precoz. Con 17 años actuaba en Detroit ante 50.000 personas, muchas de las cuales, como trabajadoras de una ciudad que con el tiempo se convertiría en uno de los epicentros del “Rust Belt” (Cinturón del óxido), protagonizarían sus canciones; sin embargo, hubo de esperar a los 30 y hasta su octavo álbum para dejar de ser un “beautiful loser”. Cantante, compositor, pianista y guitarrista, brilla con intensidad en los temas más rockeros (Hollywood Nights, Old Time Rock and Roll) y deslumbra con sus introspectivas baladas (Still the Same, We´ve Got Tonight).

En 1968, al frente de la banda The Last Heard, ficha por el sello Capitol, que los renombra como The Bob Seger System, y publica el disco “Ramblin’ Gamblin’ Man”, el cual incluye la canción Train Man, una sui generis historia de amor entre una maestra y un ferroviario. Tres años después graba el acústico “Brand New Morning”, en el que descuella Railroad Days, una oda al pasado, simbolizado por los ferrocarriles de antaño, en la que sobrevuela el miedo a la obsolescencia.

El fracaso comercial de “Brand New Morning” le obliga a imprimir un cambio en su carrera y en 1972 lanza “Smokin’ O.P.’s” un disco cuyo título que juega muy acertadamente con la expresión “to smoke other people’s cigarettes”, es decir, fumar cigarrillos ajenos y no comprarlos, porque se trata de un álbum casi exclusivamente de versiones, como la que realiza de Let It Rock de Chuck Berry. En ella nos refiere una historia que transcurre en Mobile, Alabama. Preocupado por la integridad física de sus trabajadores que están alojados en las tiendas de campaña, a punto de salir a divertirse después de haber cobrado, el capataz les advierte que un tren especial está a dos millas.

Para su octavo álbum forma The Silver Bullet Band, con la que durante veinte años grabará una decena de sus discos más representativos, y su carrera experimentará un cambio radical. Comercialmente alcanza la cumbre con el disco “Against the Wind”, su primer número 1 en ventas, en el que encontramos Long Twin Silver Line, el orgulloso viaje de un tren de mercancías que se dirige a California.

Por sorprendente que pueda parecer, hasta 1994 no lanza su primer “Greatest Hits”, uno de los más exitosos de la historia, en el cual podemos verlo con su guitarra en mitad de la vía. La iconografía ferroviaria se repite de nuevo en el recopilatorio “Ultimate Hits: Rock and Roll Never Forgets”, publicado en 2011, en el que aparece sentado sobre el capó de su coche que está junto a las vías del tren y con la señal “Crossing Railroad” al fondo. El primer single es Downtown Train, del poeta y cronista urbano de la Gran Manzana Tom Waits. En dicha canción el protagonista fantasea con una de esas chicas de Brooklyn que llenan los trenes cada noche, mientras se esfuerzan por salir de su estrecho mundo, y con las que nunca podrá codearse.

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Su gran amistad con el guitarrista y cantante de los Eagles Glenn Frey, fallecido en 2016, que había propiciado colaboraciones recíprocas, como la participación de tres miembros de los Eagles en el disco “Against the Wind” o la coescritura del número 1 de los Eagles “Heartache Tonight”, le llevará a incluir en el disco “I Knew You When” una canción en su honor. El disco también nos ofrece Runaway Train, una composición en la que un tren fuera de control es la metáfora para expresar las inseguridades sobre el presente y futuro de una humanidad engatusada por la vanidad y olvidadiza de los valores.  

En sus 60 años de carrera la querencia de Bob Seger por el ferrocarril es apreciable tanto en las portadas de sus discos como en sus canciones. Un artista que conjuntamente con Bruce Springsteen y Tom Petty es uno de los más destacados representantes del “heartland rock”, el estilo que refleja la vida de la clase trabajadora estadounidense y que, en el periodo comprendido entre 1975 y 1995, le proporcionó una colección de discos de platino difícil de igualar.

Jazz ferroviario, ritmo y significado (III/III)

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En un género dominado por los hombres, un grupo de artistas, que en algunos casos vivieron auténticas tragedias y sufrieron una doble discriminación en su condición de mujeres y negras, lograron alcanzar fama y reconocimiento, además de ser un referente para futuras generaciones.

Sobre discriminación habría podido decir mucho Bessie Smith, porque todavía no se sabe con certeza si murió desangrada a las puertas de un hospital en el que no fue admitida por el color de su piel. Considerada la cantante de blues más grande de todos los tiempos y la primera gran dama del jazz, destacaba por su entrega absoluta y relatar sus intensas experiencias en las canciones. A finales de los años 20 nos brindó Dixie Flyer Blues, una composición que toma su título del tren de lujo que circuló desde Chicago a Florida entre 1892 y 1965, en la que nos refiere la historia de una mujer que se dirige a Dixieland, es decir, a los estados sureños de los EE. UU.

No cabe duda de que la vida de Bessie Smith fue muy trágica, pero la de Billie Holiday no lo fue menos. Sufrió una infancia violenta, ejerció la prostitución, estuvo en prisión, consumió drogas, vivió en primera persona la discriminación racial y dejó para la historia uno de los mayores alegatos antirracistas: “Strange Fruit”. En 1954, cinco años antes de su muerte por cirrosis hepática y con una voz en la que se aprecian los efectos del alcohol, recreó I Thought about You, un tema compuesto por Johnny Mercer en el que describe las cosas que observó durante un viaje en un tren nocturno a Chicago, todas la cuales le remitían a la persona amada.

Hija de un maquinista, Ella Fitzgerald está considerada una de las tres voces femeninas más influyentes del jazz, conjuntamente con Billie Holiday y Sarah Vaugan. También la mejor intérprete femenina del cancionero estadounidense, el famoso “The Great American Songbook”, en la que no puede faltar These Foolish Things, una de las composiciones más románticas de la historia, en la que nos enumera todas las cosas que le recuerdan a un amor perdido, como “el suspiro de los trenes de medianoche / en estaciones vacías”.

Al igual que Ella Fitzgerald y Frank Sinatra, la cantante, compositora y actriz Peggy Lee inició su carrera como vocalista de una big band, para más tarde alcanzar el estrellato como solista. Su preciosismo vocal le permitía enfrentarse a cualquier canción. En 1945, grabó una de sus canciones más representativas con el sello Capitol, Waiting for the Train to Come In, en la que nos narra la espera del novio militar que está en el frente.  

Y si Peggy Lee nos trasladaba a la II Guerra Mundial, Cassandra Wilson nos acerca a la Guerra de Vietnam con su versión del tema de los Monkees Last Train to Clarksville, en la que un hombre le pide a su chica que acuda urgentemente a la estación, porque debe partir para el país asiático. Considerada una de las cantantes más versátiles del jazz contemporáneo, admiradora rendida de Billie Holliday, a quien dedicó en 2015 el disco “Coming Forth by Day”, destaca tanto por sus personalísimas versiones de los estándares del jazz como por sus reinvenciones de composiciones folk, country o rock.

El mundo del jazz no se puede entender sin las aportaciones de todas estas artistas atemporales, combativas, talentosas, que algún momento de su carrera incorporaron a su repertorio canciones articuladas alrededor del ferrocarril, cuyo legado es inconmensurable y objeto de sesudos análisis, que transcienden a lo musical.  

Jazz ferroviario, ritmo y significado (II/III)

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En la primera mitad del siglo XX, el ferrocarril fue uno de los medios de transporte favoritos de los músicos de jazz durante sus giras por Estados Unidos, por lo que parece plausible pensar que los sonidos de locomotoras, vagones y silbatos influyeran en muchas de sus composiciones, porque además resultaban ideales para el lucimiento de las secciones de metal de las grandes orquestas.

Ecos de esa influencia los encontramos en el conocidísimo swing Take The ‘A’ Train, una de las cien mejores composiciones americanas de todos los tiempos y pieza básica en el repertorio de la big band de Duke Ellington, posiblemente el compositor jazzístico más influyente, elegante y refinado. Escrita por Billy Strayhorn en 1939, su título tiene su origen en las instrucciones que le dio el propio Ellington para que, tras su viaje desde Pittsburg, llegase a su casa en Harlem: “Primero, tome el Tren A”.

Junto con Duke Ellington, el pianista Count Basie es el otro gran líder de las grandes bandas de jazz de los años 30 y 40. Nos legó su memorable versión del estándar 9:20 Special, composición que fue registrada tras una noche en tren desde Chicago y cuyo título incluye, como su famoso “One O’Clock Jump”, una referencia a la hora en que terminó la grabación. Se trata de un instrumental que evoca a un tren de viajeros que atraviesa la noche a toda velocidad, en la cual los instrumentos de viento representan los silbatos, válvulas y pistones de una locomotora de vapor y los instrumentos de percusión el traqueteo de los coches.

Aunque su gran talento para la composición y la improvisación son indiscutibles, el pianista Thelonious Monk no resulta tan accesible para el público medio como Duke Ellington o Count Basie, seguramente por la inflexibilidad de sus principios y por su inclinación hacia la armonía compleja. No obstante, su importancia es manifiesta, porque está considerado el fundador del estilo bebop y es el autor, entre otros, de estándares como “Round Midnight”, uno de los más versionados de la historia del jazz. En 1954, publicaba “Blue Monk Vol 2” que incluye el nostálgico Locomotive, el cual reproduce rítmica y melódicamente el movimiento de las locomotoras.  

Inspirándose en parte en las enseñanzas de Thelonious Monk, el musculoso saxo tenor John Coltrane editaba en 1957 su segundo disco como líder, Blue Train, considerado uno de los grandes clásicos del hard bop. El disco se abre con el vibrante y conmovedor blues de homónimo título, que juega con dos conceptos muy queridos por la música estadounidense, el tren y la tristeza del blues. Sin embargo, en este caso, al ser su primer disco para Blue Note, también pudiera ser un homenaje al mencionado sello discográfico, que toma su nombre de la nota azul, la misma que distingue el jazz de otras músicas.

Aunque en general el jazz exige una escucha activa, pianistas como el canadiense Oscar Peterson son capaces de llegar a personas de toda condición sin que su virtuosismo sea una barrera. De ascendencia ferroviaria, en 1962 grabó en formato trío Night Train, una composición que acabó dando nombre al disco que lo contenía, uno de los más exitosos de su muy prolífica carrera, hasta el extremo que su compatriota Diana Krall afirma que es la grabación que despertó su ambición de ser pianista.

Los sonidos, símbolos y metáforas del tren son omnipresentes en la música estadounidense, especialmente en el jazz, un estilo en el que priman la libertad y la improvisación, y al que los trenes han aportado su énfasis percusivo definitivo, según el crítico musical Albert Murray.

Jazz ferroviario, ritmo y significado (I/III)

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Poco podían imaginar los esclavos del África Occidental que sus “hollers”, sus gritos de campo, una vez en los EE. UU. se convertirían en canciones de trabajo y éstas a su vez acabarían dando lugar al blues y al jazz. En los Estados del Sur, las primeras cuadrillas ferroviarias recibían las instrucciones de sus capataces a través de canciones de llamada y respuesta. El capataz cantaba las órdenes y la cuadrilla respondía también cantando, lo que confirmaba la comprensión de las instrucciones recibidas, aseguraba la coordinación de movimientos y reducía las posibilidades de sufrir accidentes.

Una de las influencias iniciales en el desarrollo del jazz es el ragtime, un estilo que vivió sus mejores momentos a finales del siglo XIX y volvió a disfrutar de otro momento de gloria gracias a las composiciones de Scott Joplin incluidas en la banda sonora de “The Sting” (El golpe), el film dirigido por George Roy Hill en 1973. Y es precisamente un ragtime, The Great Crush Collision March, el tema que compuso Joplin en 1896 con motivo de un espectáculo basado en la colisión de dos trenes, una atracción de moda a finales del siglo XIX y principios del XX en algunas partes de EE. UU.

Cuarenta años después, el cine era ya un espectáculo de masas y una fábrica de sueños que no requería de tan aparatosos choques para atraer a la gente. Dicha atracción se veía impulsada por la unión de estrellas cinematográficas con grandes orquestas de jazz, las big bands con su característico ritmo, el swing. Como resultado surgían películas como “Sun Valley Serenade” (Tú serás mi marido), que incluye Chattanooga Choo Choo, una de las composiciones más emblemáticas de la “railway music” de todos los tiempos. Compuesta por Harry Warren, Glenn Miller la llevó al número 1 en Estados Unidos en 1941 y logró el primer disco de oro de dicho país. La canción, que toma su nombre de la ciudad del Estado de Tennesse y de dos onomatopeyas que imitan el silbato de un tren, es la historia de un viaje desde Nueva York.

Harry Warren es también el compositor de la música de On the Atchison, Topeka & the Santa Fe, cuyo título coincide con el del ferrocarril de homónimo nombre (AT&SF, por sus siglas en inglés), el mismo que, creado en 1859, unió Chicago con el sur de California y durante años fue considerado el más importante de los EE. UU. Dicho tema forma parte de la banda sonora de “The Harvey Girls” (Las chicas de Harvey), la película en la que George Sidney homenajeba a las camareras de la antigua cadena de hoteles Harvey y con la que Judy Garland ganó el Oscar a la mejor canción original en 1946.

Otro ejemplo de la importancia del ferrocarril en la vida y música americanas lo tenemos en “El tren de la libertad”, que circuló por EE. UU., al poco de finalizar la Segunda Guerra Mundial, entre 1947 y 1949, para reafirmar su patriotismo. Pintado con los colores de su bandera y custodiado por los mejores marines, llevaba a bordo documentos tan significativos como la Constitución, la Declaración de Derechos con las primeras Diez Enmiendas a la Constitución, la Declaración de Independencia, la Doctrina Truman… Un tren con tanta carga simbólica requería una canción oficial y el resultado fue The Freedom Train, compuesta por Irving Berlin e interpretada por Bing Crosby y The  Andrews Sisters.

Suele decirse que la palabra “jazz” tiene su origen en la expresión “jass it up, boys”, pronunciada por una persona en el Schiller’s Cafe de Chicago en 1916, durante la actuación de la Johnny Stein’s Band, embrión de la futura Original Dixieland Jazz Band, a la cual le cabe el honor de haber publicado el primer disco de jazz un año después.  Al igual que “rock & roll”, se trata de una expresión de inequívocas reminiscencias sexuales. Comenzó a utilizarse de forma peyorativa para denominar a la nueva música; sin embargo, debido a su constante evolución, el jazz ha acabado convirtiéndose en uno de los estilos más eclécticos y exigentes, así como el que mejor ha interiorizado los sonidos del ferrocarril.  

Bruce Springsteen, el boss ferroviario

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En 1974, la CBS seguía presentando a Bruce Springsteen como el nuevo Dylan, pero todo cambió a raíz de un recital en el Harvard Square Theater de Boston al que asistió el prestigioso periodista de rock Jon Landau. Tras el espectáculo, Landau escribió: “vi el futuro del rock and roll y su nombre es Bruce Springsteen”. Acto seguido la CBS modificó su estrategia, publicó “Born to Run” y nada fue igual. Con el paso de los años hemos comprobado que sus palabras resultaron proféticas, porque cinco décadas después sigue siendo el mejor embajador del rock. Y lo ha conseguido gracias a su vitalidad, talento y creatividad; con canciones pobladas de personas viajeras que buscan un futuro, huyen de la realidad o tratan de curar sus heridas internas, en las que el tren, en sentido literal o figurado, juega un papel relevante.   

Un buen ejemplo de su talento como poeta de la gran ciudad y cronista del reverso del sueño americano es New York City Serenade, composición que nos cuenta la historia de un joven adicto a la heroína y de su novia que no quiere verse arrastrada al abismo, en la que el tren simboliza la droga y las vías las venas. También Black Cowboys, canción sobre un chico llamado Rainey Williams que vive en Mott Haven, uno de los barrios más pobres del Bronx. Muy unido a su madre, la cual trata de protegerle de los peligros de las pandillas y la calle, hasta que es ella la que se enamora de la persona equivocada y se vuelve una adicta. Finalmente será el propio Rainey quien acabará robándole 500 dólares a su “padrastro”, tomar el tren y huir en busca de un futuro mejor.   

Su interés por las personas y las historias cotidianas es recurrente en su obra. Un ejemplo muy conocido lo tenemos en Downbound Train. En ella nos describe la vida de Joe, un hombre que ha perdido su trabajo, novia, libertad y futuro. Todo lo cual hace que se sienta como un jinete en un tren a la deriva. El desamor es también la esencia de Leavin’ Train, canción grabada para el disco “Human Touch”, pero incluida en “Tracks”, el recopilatorio con 66 descartes que vio a luz en 1998. Se trata de un tema con un memorable solo de guitarra en la que conocemos a un joven cuyo amor no es correspondido, algo que comprueba cada vez que mira a los ojos de su chica, que parecen un tren en marcha, de ahí que tenga la sensación de que ella quiere dejarlo. Sin embargo, la balada Tucson Train transmite algo más de optimismo, porque nos habla de un hombre de la construcción que se desplaza desde San Francisco hasta Tucson, Arizona, para comenzar una nueva vida y aunque la relación con su novia en California no era muy sólida, de hecho pensaba que su amor había sido en vano, ahora espera con ilusión su llegada en el tren de las 5.15.

Si bien su faceta más conocida es la rockera, de vez en cuando nos sorprende con discos acústicos como “Nebraska” o The Ghost of Tom Joad, que comienza con la composición que da título al disco, en cuyo primer verso encontramos a varios hombres que caminan por las vías del ferrocarril. Basada en el protagonista de la novela por antonomasia de la Gran Depresión, “Las uvas de la ira”, de John Steinbeck, es difícil no apreciar un paralelismo entre la situación que vivía EE. UU. en 1929 y el año en que se editó el disco, 1995, así como su compromiso con las personas más desfavorecidas. El compromiso, unido a la emotividad, es asimismo el leitmotiv de The Last Carnival, composición en la que en 2009 rindió un sentido homenaje a su teclista Danny Federici, fallecido un año antes, razón por la que canta “tomaremos el tren sin ti esta noche”.

Como demostró con su disco “The Rising”, editado al año siguiente del ataque a las Torres Gemelas, a veces se erige en portavoz de la esperanza, como en Land of Hope and Dreams, que ha sido el punto final de numerosos recitales. En el tren de las grandes ruedas los sueños no se verán frustrados y la fe será recompensada. A diferencia de otras canciones, como por ejemplo “People Get Ready”, todo el mundo es bienvenido, santos y pecadores, ganadores y perdedores, prostitutas y jugadores, locos y reyes…, en su viaje a la tierra de esperanza y sueños, es decir, al sueño americano.

Springsteen, ejemplo de honestidad y entrega ilimitada en sus maratonianos recitales; admirado e imitado en todo el mundo, entre otras razones porque en sus canciones muchas personas ven reflejadas sus propias vivencias, es paradójicamente uno de los artistas con más discos piratas, entre los que se encuentra el muy ferroviario “Railroad Tracks”.

Jazz-rock ferroviario, vibrante fusión

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A finales de los años 60 del siglo pasado, el jazz, posiblemente el género musical que mejor ha interiorizado los sonidos del ferrocarril, unió sus fuerzas con el rock. Surgió así un estilo ideal para el lucimiento de músicos superdotados que, con sus instrumentos eléctricos o electrónicos, compusieron e interpretaron unos instrumentales muy complejos, llenos de filigranas e improvisaciones. Sin embargo, dada la deriva megalómana y egocéntrica que estaba tomando, en la década siguiente surgió una corriente más comercial conocida como fusión.

Gracias a su destreza con el violín eléctrico y a los efectos que incorpora en sus composiciones, el francés Jean-Luc Ponty es uno de los representantes más distinguidos, tanto por su carrera en solitario como por sus colaboraciones con artistas del rock (Elton John, Frank Zappa) o del jazz-rock (Mahavishnu Orchestra, Return To Forever). En su prolífica carrera encontramos vibrantes instrumentales como Trans-Love Express, el expreso del amor de un músico con querencia por el misticismo, los viajes imaginarios y los mensajeros cósmicos.  

Otra referencia europea obligada es la banda de Canterbury Soft Machine. En 1975 nos regalaba The Man Who Waved at Trains (El hombre que miraba pasar los trenes), cuyo título coincide con una novela de George Simenon. Se trata de una gema instrumental de casi dos minutos representativa de un grupo con mayor influencia que repercusión comercial.

Si Soft Machine toma su nombre del título de una conocidísima novela de William Burroughs, el cuarteto neoyorkino Manhattan Transfer hace lo propio con otra no menos conocida novela de John dos Passos. Como dice una de sus integrantes, el cuarteto hace todo tipo de música, pero prefiere poner voz a los grandes instrumentales de jazz. Ejemplo de lo cual es Tuxedo Junction, una de sus canciones más representativas, que comienza con la imitación vocal del sonido del tren, y cuyo punto de partida es el intercambiador de Tuxedo, en Birmingham, Alabama. Cerca de dicho intercambiador, que era un centro neurálgico para divertirse y bailar, había una tienda de alquiler de esmóquines (tuxedo, en inglés americano).

Seguramente el músico que mejor ha fusionado el jazz con cualquier otro estilo es el virtuoso guitarrista norteamericano Pat Metheny, lo cual queda patente por enésima vez en su disco “Still Life (Talking)”, que incluye la electrizante mezcla de jazz y ritmos brasileños que es Last Train Home (Último tren a casa), algo seguramente anhelado por un profesional que llega a dar hasta 240 conciertos al año.

Los especialistas suelen señalar “Bitches Brew”, el disco publicado por Miles Davis en 1970, como la puesta de largo del jazz-rock, un estilo muy contestado por los puristas, pero que ha logrado incorporar al jazz a personas más proclives a estilos menos exigentes como el pop o el rock, en el que el ferrocarril está presente en algunas de sus composiciones más bellas.

Heavy metal ferroviario, sonidos extremos (II/II)

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De la misma forma que del heavy metal tradicional surgió la Nueva Ola del Heavy Metal Británico en la década de los 70 del siglo pasado, ésta fue el detonante del trash metal en la década de los 80. Y si los dos primeros nacieron en Gran Bretaña, el tercero vio la luz en el área de la Bahía de San Francisco. Es como si al heavy metal le hubieran aplicado los tres principios de los Juegos Olímpicos: más rápido, más alto, más fuerte, porque se trata de un estilo más veloz, más agresivo y más pesado, con guitarras distorsionadas, querencia por las voces guturales y frecuentes cambios de ritmo. Su popularidad vino de la mano de los Big Four, es decir, Anthrax, Megadeth, Metallica y Slayer

Dentro de los Cuatro Grandes, Metallica es la banda de mayor influencia y éxito, tanto de público como de crítica. Ha llegado a grabar con la Sinfónica de San Francisco, tal como se puede apreciar en No Leaf Clover (Trébol sin hojas). Un tema sobre un cambio inesperado de la suerte, porque la luz que se divisa al final del túnel no es la solución, sino un tren de mercancías que viene cargado de problemas.

De la expulsión del guitarrista original de Metallica, Dave Mustaine, nace Megadeth, otro exitoso cuarteto del Bay Area trash metal, que en Train of Consequences nos alertan sobre las apuestas y su pernicioso efecto para el ser humano, de ahí que su protagonista afirme que debido a su adicción al juego, su estilo de vida y su mente han descarrilado, y no hay vuelta atrás.

Pero no todo el heavy metal es agresivo y de difícil asimilación. El glam metal o hair metal -la versión más comercial del heavy metal, nacida en Los Ángeles-, demostró que con una muy cuidada imagen, unos vídeos diseñados para ser emitidos por la poderosa MTV y unas baladas rock a medida de las FM, se podía llegar al gran público.  

Paradigma de banda de glam metal es Guns & Roses, el mejor debut de la historia gracias a su disco “Appetite for Destruction”, que incluye Nightrain, una composición acerca de los efectos de un vino económico muy consumido por la banda en sus inicios, el Night Train Express, especialmente cuando se va tan “cargado” como un tren de mercancías. Dados los problemas legales que surgieron con el título, lo acortaron y de ahí que pasara de “Night Train” a “Nightrain”.

Al igual que Guns & Roses, Cinderella fue especialmente grande en la década de los 80 y los 90. Sin embargo, la aparición del grunge con grupos como Nirvana, más preocupados por el descontento social y la sencillez estética, supuso un punto de inflexión en su carrera del cual no se recuperaron. Bautizaron uno de sus mejores discos como Heartbreak Station, que es tambiėn el título de una balada rock incluida en el mismo. La canción relata la historia de un corazón roto que, mientras espera en la estación con los ojos llenos de lágrimas, evoca un amor que se fue como un tren.

El heavy metal y sus diversos subgéneros han llevado el rock a cuotas extremas de velocidad, agresividad y pesadez anímica, de ahí que no resulte extraño que algunos artistas hayan declarado su pasión por las locomotoras o se hayan identificado con ellas y que el trash metal haya sido definido como si un tren bala arrollase a una persona.

Heavy metal ferroviario, sonidos extremos (I/II)

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Indagar en la etimología de la expresión heavy metal nos lleva a dos novelas escritas por William Burroughs a principios de los años 60 del siglo pasado, que responden a los títulos “The Soft Machine” -porque uno de sus personajes tiene por  nombre de Uranian Willy: The Heavy Metal Kid-, y “Nova Express” -por el tipo de música que escucha la gente insecto-. Pero si queremos indagar sobre su vinculación con el  ferrocarril, tenemos que dirigirnos a Gran Bretaña, porque es allí donde nace como estilo musical a finales de la misma década, como un paso más en la evolución del hard rock.

El heavy metal rechaza lo convencional. Sus letras suelen ser muy viriles, de hecho son contadas las artistas femeninas, y con numerosas referencias al oscurantismo. El sonido se caracteriza por su volumen brutal, guitarras distorsionadas, bajos galopantes y baterías demoledoras. Y como se trata de un estilo tan físico como sonoro, son prácticas habituales el moshing (bailar saltando y empujándose), el stage diving (lanzarse sobre el público desde el escenario), y el headbanging (mover la cabeza rítmicamente luciendo la melena).

Si tomamos como referencia “La historia del Heavy Metal” de Andrew O’Neill, el estilo nace de la mano de dos bandas naturales de Birmingham, Judas Priest y Black Sabbath.  Judas Priest, que toma su nombre de una canción de Bob Dylan (The Ballad of Frankie Lee and Judas Priest), ha dejado siempre claras algunas de sus pasiones en las portadas de sus discos, como la pesadez del “British Steel”, el oscurantismo o la velocidad. Con estos antecedentes es fácil entender por qué su discografía incluye un tema que responde al título de Bullet Train, el tren bala japonés o Shinkansen que perfora el cerebro del protagonista en un momento crítico, hasta el extremo de implorar a las puertas de la muerte.

Sentadas las bases del heavy metal, comenzaron las desavenencias internas en Black Sabbath, hasta el extremo de que su carismático líder, Ozzy Osbourne, decide  abandonar la banda en 1979 para continuar su carrera en solitario. Su debut es el mítico “Blizzard of Ozz”, disco que contiene Crazy Train, una llamada de atención para que los herederos de la Guerra Fría dejemos de vivir como enemigos y no nos comportemos como trenes descontrolados, porque la consecuencia será la destrucción.

A finales de los años 70, el sonido del heavy metal tradicional, unido a la agresividad punk y al rock que se toca en los pubs, da lugar a la Nueva Ola del Heavy Metal Británico. Su reinado alcanzará hasta mediados de los 80, momento en el que será eclipsado por el trash metal y el glam metal. 

Son muchas las bandas que integran la Nueva Ola del Heavy Metal Británico, pero por su influencia es obligado comenzar con Motörhead. La pasión de Motörhead por el ferrocarril queda patente en Locomotive, canción que se puede entender como una declaración de principios, Motörhead es una locomotora, poder y gloria quemando las vías, y aplastará cualquier cosa en su camino. Pero tal vez sea Ridin’ with the Driver su composición señera ferroviaria, que incluso iba a ser el título de su disco “Orgasmatron”. En la portada puede verse un tren de una fiereza extrema cuyas ruedas y faros echan chispas, fiel reflejo del viaje enloquecido del que nos habla una canción que incluso menciona a Casey Jones, the Brave Engineer.

Banda coetánea de Motörhead es Saxon, que en “Denim and Leather”, uno de sus discos más representativos y a la vez definitorios de la estética heavy, incluye toda una declaración de amor a una locomotora. Dicha canción es Princess of the Night, sobre la locomotora de vapor LMS Princess Royal Class, que prestó servicio en diferentes operadores británicos hasta 1962.

Antes de analizar el trash metal y el glam metal del otro lado del Atlántico, es de justicia finalizar el recorrido por la Nueva Ola del Heavy Metal Británico con una de las bandas más exitosas, Def Leppard. Su disco “Slang” contiene el corte “Gift of Flesh”, inicialmente titulado Black Train, que  los propios miembros de la banda definen como una versión actualizada de la canción los Rolling Stones “Sympathy for the Devil”, en la que un hombre que se quita la vida.

Rock adulto ferroviario, AOR adictivo

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Con amplia difusión en las emisoras FM norteamericanas, el rock orientado al público adulto (AOR por sus siglas en inglés), es un estilo de música que, como su nombre indica, hecho a medida de un determinado público más bien alérgico al riesgo. Generalmente compuesto y ejecutado por músicos de gran solvencia profesional que no acostumbran aparecer en las portadas, en las cuales es habitual encontrar elementos fantásticos, resulta ideal para las deslumbrantes giras por grandes estadios. Un estilo donde la potente balada rock, con sus estribillos resultones y cuidadísima producción, es la estrella.

Aunque los Doobie Brothers (Hermanos Canuto en el argot californiano), comenzaron siendo una banda con cierta querencia por el rock sureño, lo cierto es que en sus trabajos encontramos rock, rhythm blues, soul y AOR, especialmente en la segunda mitad de los años 70. De la primera época destaca Long Train Runnin’, una canción con una guitarra funky en la que, mientras veía pasar los trenes de largo recorrido, se preguntaba dónde estaríamos ahora sin amor, todo ello salpicado de diferentes referencias ferroviarias, como la Illinois Central Train o el Southern Central Freight.

De un espectro estilístico casi tan variado como los Doobie Brothers es Styx, grupo de Chicago formado por excelentes y prolíficos músicos, que ha oscilado entre el hard rock, el rock progresivo y el AOR.  Logró su único número uno en 1979 con la balada Babe, una declaración de amor de su teclista, Dennis  DeYoung, a su esposa momentos antes de tomar el tren, en la que deja muy claros cuáles son sus sentimientos, qué representa para él y cómo se va a sentir en la distancia.   

Dos años después, en 1981, el AOR vivió un momento triunfal, porque cuatro de las bandas de referencia, Foreigner, Journey, Reo Speedwagon y Toto, publicaron algunos de sus mejores discos. En concreto, Journey, banda de San Francisco formada por exmiembros de relevantes grupos, editó “Escape”, que contiene una de las canciones icónicas del estilo, Don’t Stop Believin’, todo un canto a la fe en uno mismo y al trabajo duro, simbolizado en dos jóvenes que en distintos puntos toman trenes de medianoche en busca de un futuro mejor. Un tema que, como ha demostrado la pandemia del coronavirus, sigue plenamente vigente por su mensaje positivo, razón que ha contribuido a ser elegido por numerosos hospitales norteamericanos como su himno.

Si todas las bandas anteriores llegaron al AOR como consecuencia de su evolución artística, Toto se erigió en la quintaesencia del estilo desde su primer disco publicado en 1978,  que contiene su éxito, “Hold on the Line”. Formada en Los Ángeles e integrada por músicos de sesión, los mismos que dan lustre a las grabaciones o arropan en estudio a otros artistas, en 1992 endurecieron su sonido y lanzaron el disco “Kingdom of Desire”, que abre con el potente Gypsy Train, el tren gitano lleno de gente feliz y brillante, donde la satisfacción está garantizada, porque los placeres están al alcance de la mano.

Denostado por los críticos, por considerar que es un estilo que trata la música como un producto de consumo para las radiofórmulas, uniforme y sin aristas, el AOR alcanzó su punto culminante en 1983, cuando el LP era el rey y sus campañas de lanzamiento se realizaban con precisión militar. Si bien es cierto que como en todos los estilos se publicaron muchas trivialidades, es de justicia reconocer que hubo grandes obras trufadas de canciones adictivas. Con el ferrocarril como leitmotiv, algunas de dichas canciones alcanzaron el número uno (Babe), siguen de rabiosa actualidad (Don’t Stop Believin’), o conocen nuevas versiones y remezclas periódicamente (Long Train Runnin’). Y aunque el videoclip no mató a la estrella de la radio, la fuerza con la que irrumpió la cadena estadounidense de televisión MTV a mediados de los 80 cambió por completo el panorama musical americano y restó mucha fuerza a las FM.