Bob Seger, el rugido ferroviario de Detroit

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Bob Seger, uno de los más grandes artistas que ha dado el panorama musical norteamericano, fue un artista precoz. Con 17 años actuaba en Detroit ante 50.000 personas, muchas de las cuales, como trabajadoras de una ciudad que con el tiempo se convertiría en uno de los epicentros del “Rust Belt” (Cinturón del óxido), protagonizarían sus canciones; sin embargo, hubo de esperar a los 30 y hasta su octavo álbum para dejar de ser un “beautiful loser”. Cantante, compositor, pianista y guitarrista, brilla con intensidad en los temas más rockeros (Hollywood Nights, Old Time Rock and Roll) y deslumbra con sus introspectivas baladas (Still the Same, We´ve Got Tonight).

En 1968, al frente de la banda The Last Heard, ficha por el sello Capitol, que los renombra como The Bob Seger System, y publica el disco “Ramblin’ Gamblin’ Man”, el cual incluye la canción Train Man, una sui generis historia de amor entre una maestra y un ferroviario. Tres años después graba el acústico “Brand New Morning”, en el que descuella Railroad Days, una oda al pasado, simbolizado por los ferrocarriles de antaño, en la que sobrevuela el miedo a la obsolescencia.

El fracaso comercial de “Brand New Morning” le obliga a imprimir un cambio en su carrera y en 1972 lanza “Smokin’ O.P.’s” un disco cuyo título que juega muy acertadamente con la expresión “to smoke other people’s cigarettes”, es decir, fumar cigarrillos ajenos y no comprarlos, porque se trata de un álbum casi exclusivamente de versiones, como la que realiza de Let It Rock de Chuck Berry. En ella nos refiere una historia que transcurre en Mobile, Alabama. Preocupado por la integridad física de sus trabajadores que están alojados en las tiendas de campaña, a punto de salir a divertirse después de haber cobrado, el capataz les advierte que un tren especial está a dos millas.

Para su octavo álbum forma The Silver Bullet Band, con la que durante veinte años grabará una decena de sus discos más representativos, y su carrera experimentará un cambio radical. Comercialmente alcanza la cumbre con el disco “Against the Wind”, su primer número 1 en ventas, en el que encontramos Long Twin Silver Line, el orgulloso viaje de un tren de mercancías que se dirige a California.

Por sorprendente que pueda parecer, hasta 1994 no lanza su primer “Greatest Hits”, uno de los más exitosos de la historia, en el cual podemos verlo con su guitarra en mitad de la vía. La iconografía ferroviaria se repite de nuevo en el recopilatorio “Ultimate Hits: Rock and Roll Never Forgets”, publicado en 2011, en el que aparece sentado sobre el capó de su coche que está junto a las vías del tren y con la señal “Crossing Railroad” al fondo. El primer single es Downtown Train, del poeta y cronista urbano de la Gran Manzana Tom Waits. En dicha canción el protagonista fantasea con una de esas chicas de Brooklyn que llenan los trenes cada noche, mientras se esfuerzan por salir de su estrecho mundo, y con las que nunca podrá codearse.

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Su gran amistad con el guitarrista y cantante de los Eagles Glenn Frey, fallecido en 2016, que había propiciado colaboraciones recíprocas, como la participación de tres miembros de los Eagles en el disco “Against the Wind” o la coescritura del número 1 de los Eagles “Heartache Tonight”, le llevará a incluir en el disco “I Knew You When” una canción en su honor. El disco también nos ofrece Runaway Train, una composición en la que un tren fuera de control es la metáfora para expresar las inseguridades sobre el presente y futuro de una humanidad engatusada por la vanidad y olvidadiza de los valores.  

En sus 60 años de carrera la querencia de Bob Seger por el ferrocarril es apreciable tanto en las portadas de sus discos como en sus canciones. Un artista que conjuntamente con Bruce Springsteen y Tom Petty es uno de los más destacados representantes del “heartland rock”, el estilo que refleja la vida de la clase trabajadora estadounidense y que, en el periodo comprendido entre 1975 y 1995, le proporcionó una colección de discos de platino difícil de igualar.

Carrilanos, los túneles de un tiempo

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La construcción de los 140 kilómetros de vía que unen Puebla de Sanabria con Ourense ha pasado a la historia del ferrocarril español como una de las más trágicas. Representó la conexión definitiva entre Madrid y Vigo, y aunque en un principio estaba previsto que las obras duraran 5 años, las dificultades orográficas y las vicisitudes políticas las alargaron desde 1927 hasta 1957, entre otras razones porque un tercio del recorrido es soterrado y atraviesa la parte sur del Macizo Central orensano. Incluidos niños de 12 y 13 años que trabajaban como pinches, contó con la participación de unos 15.000 carrilanos, de los cuales un porcentaje considerable perdió la vida.

A partir de este hecho histórico, Rafael Cid realizó en 2003 un documental en vídeo digital, en la misma línea que la novela Los túneles del paraíso en la que Luciano G. Egido 6 años después reflejaría la construcción de los 19 kilómetros que conectan La Fregeneda (Salamanca) y Barca de Alba (Portugal). De la mano de una voz en off y con el testimonio de supervivientes, documentos históricos, filmaciones de la época, reconstrucciones…, conocemos cómo trabajaban, vivían y las enfermedades que padecieron los carrilanos, así como la influencia de los diferentes regímenes políticos vigentes durante las obras.

En una época en la que no había maquinaría, en el que casi todo el trabajo era de mano de obra y los equipos de protección personal eran impensables, los accidentes laborales eran una tragedia continua. Destacan por su gravedad y magnitud los ocurridos en el túnel de Padornelo, en el que perdieron la vida más de 4.000 personas durante los 25 años que fueron necesarios para la construcción de sus 6 kilómetros de longitud.   

A las terribles consecuencias de los accidentes, hubo que añadir las enfermedades, especialmente la conocida como “el mal de la vía”, que no era otra que la silicosis. Una enfermedad que padecieron especialmente los barrenadores, que ganaban más, pero que en cambio eran las personas más expuestas a los perniciosos efectos del polvo en los bronquios. Uno de los casos más dramáticos fue el de la localidad zamorana de Requejo de Sanabria, donde murieron 60 hombres y acabó siendo conocida como Requejo de las Viudas. Posteriormente, y con el fin de que sus familiares directos recibieran una pensión, algunas de las personas fallecidas del mal antedicho fueron desenterradas para que les practicaran la autopsia.

Mención especial merece el análisis de las diferentes etapas políticas y su repercusión en la construcción de la línea. Así, durante la dictadura de Primo de Rivera las obras cobraron gran impulso; sin embargo, tras la gran depresión económica de 1929 y la proclamación de la Segunda República, Indalecio Prieto no las consideró prioritarias. Su decisión originó intensas demandas sindicales y que grupos descontrolados irrumpieran en el campamento zamorano de Santa Bárbara, que llegó a albergar a 1.500 personas, y en la localidad orensana de Vilar de Barrio, lo que provocó una expresión que la gente decía con miedo: “que vienen los de la vía”. Durante la dictadura franquista la situación cambió radicalmente, se acabaron los conflictos, en el primer Consejo de Guerra celebrado en Ourense un carrilano fue condenado a muerte y siete a cadena perpetua, y llegaron muchos republicanos condenados a trabajos forzosos.  

Con “Carrilanos, los túneles de un tiempo” Rafael Cid rinde un sentido homenaje a todas las personas que participaron en la construcción de una línea que inicialmente se veía innecesaria, porque atravesaba comarcas despobladas y pobres, y nos proporciona un valioso documento para comprender en qué circunstancias y con qué alto coste humano se construyó el tramo más difícil de la red ferroviaria española de ancho convencional. Una línea que, con la llegada del AVE a Galicia, todo indica que tendrá un uso residual.

FICHA TÉCNICA:

  • Título: Carrilanos, los túneles de un tiempo
  • Director: Rafael Cid
  • Guion: Rafael Cid
  • Realizador: Alberto Lema
  • Música: Carlos Rodríguez
  • País: España
  • Año: 2003
  • Duración: 57 minutos 36 segundos
  • Género: Documental

Harriet: en busca de la libertad

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Harriet Tubman ha pasado a la historia como una de las grandes heroínas de los Estados Unidos por su labor como liberadora de esclavos durante su etapa de “revisora” en El Ferrocarril Subterráneo; por su papel de exploradora, enfermera y espía durante la Guerra de Secesión; y por su actividad como defensora de los derechos de las mujeres y del voto femenino.

Tomando como referencia su actividad como “revisora”, en la que en 13 misiones de rescate liberó a 70 esclavos, la directora Kasi Lemmons estrenó en 2019 “Harriet: en busca de la libertad”, por la que Cynthia Erivo fue nominada al Oscar a la Mejor Actriz.

La película se centra básicamente en los 8 años que perteneció al Ferrocarril Subterráneo, es decir, a la red clandestina que ayudó a huir a unos 100.000 esclavos en los EE. UU y funcionó hasta la Guerra de Secesión (1861-1865). Considerada el primer movimiento de activistas contra la esclavitud y por los derechos humanos, utilizaba términos ferroviarios, así los “revisores” y “maquinistas” eran las personas que ayudaban o guiaban a los esclavos; las “estaciones” eran los lugares francos donde se podían esconder durante el día; los “pasajeros” eran los propios esclavos; los “carriles”, las rutas de escape… Contó también con la colaboración de abolicionistas blancos que, poniendo en riesgo sus vidas, actuaron al margen de la ley y prestaron su ayuda a los negros para alcanzar los Estados del Norte o Canadá.

En 1849 Harriet era una esclava de unos 28 años que vía en Dorchester (Maryland), y estaba a punto de ser vendida. Un año después, con la conciencia de que la vida sólo le ofrecía dos alternativas, libertad o muerte, huye a Filadelfia (Pensilvania), andando alrededor de 160 kilómetros guiada por la Estrella Polar. Desde los 13 años, y como consecuencia de una rotura de cráneo, sufría visiones y desmayos, que ella siempre entendió como mensajes divinos, los cuales fueron decisivos para liberar a otras personas. Su ingenio, coraje y los resultados de sus rescates eran tales que se llegaron a ofrecer hasta 40.000 dólares por su captura. Por dicho rol fue conocida como la Moisés de su pueblo, rol que se vería reforzado en la Guerra de Secesión, en la que liberó a 700 esclavos más.

Rodada como una hagiografía, “Harriet: en busca de la libertad” nos presenta a una luchadora por la libertad y los derechos civiles con una misión -ayudar a huir al mayor número de personas posible-, y una visión -acabar con la esclavitud-, muy claras, cuyo liderazgo fue fundamental para que cientos de personas consiguieran ser libres. El hecho de que fuera analfabeta, careciese casi de medios o la promulgación en 1850 de la Ley de Esclavos Fugitivos, que aumentó las penas contra los esclavos y las personas que les ayudaban, no amilanaron su determinación. Tal como manifestó con orgullo en una convención sufragista celebrada en 1896: “fui revisora del Ferrocarril Subterráneo durante 8 años y puedo decir lo que la mayoría de los revisores no pueden, mi tren nunca descarriló y nunca perdí a un pasajero”.

FICHA TÉCNICA:

  • Título: Harriet
  • Directora: Kasi Lemmons 
  • Guión: Gregory Allen Howard y Kasi Lemmons
  • Música: Terence Blanchard
  • Fotografía: John Toll
  • Reparto: Cynthia Eviro, Leslie Odom Jr., Joe Alwyn, Janelle Monáe, Jennifer Nettles, Vanessa Bell Calloway
  • País: Estados Unidos   
  • Año: 2019
  • Duración: 125 minutos  
  • Género: película biográfica

La mirada ferroviaria de Paul Delvaux

Soledad. 1956. WikiArt.org

Cuando era un niño, el pintor belga Paul Delvaux (Antheit, 1897 – Veurne, 1994), vio los primeros tranvías eléctricos en Bruselas y le parecieron tan maravillosos que desde entonces el ferrocarril, conjuntamente con las mujeres, la arquitectura greco-romana y los esqueletos, fueron un motivo recurrente a lo largo de su obra, en la cual desarrolló un universo propio, entre el sueño y la realidad, calificado como realismo mágico.

Tranvía nocturno (or Champs Perdu). 1950. ar.Pinterest.com

Considerado un artista surrealista, aunque nunca lo fue de manera oficial, compartió con dicho movimiento su interés por los viajes al fondo de la mente, las atmósferas misteriosas y el resurgimiento de la idea poética en el arte. Sin embargo, sus inicios fueron impresionistas. El cuadro La estación de Luxemburgo, en tonos marrones, grises y oxidados, con toques blancos, en el que vemos la actividad de la terminal, es un ejemplo representativo de dicha época.

Estación de Luxemburgo. 1922. WahooArt.com

Hacia 1935 su obra experimentará un cambio radical. Alrededor de 1926-1927 conoce al pintor metafísico Giorgio de Chirico, con quien compartirá su interés por los espacios vacíos, intrigantes y angustiosos; a principios de los años 30 visita el Museo Spitzner de Anatomía e Higiene, donde ve “La venus dormida”, una figura de cera que será el origen de muchas mujeres desnudas que aparecen en sus cuadros; y en 1934 participa en la exposición Minotauro de Bruselas, entre otros, con René Magritte, de quien tomará su mundo onírico, la inexpresividad y las yuxtaposiciones más sorprendentes.

Si “La venus dormida” fue determinante en la representación de la mujer, su relación con ellas no lo fue menos. Obligado a casarse en 1937 con Suzanne Purnal, una mujer a la que no amaba, el matrimonio fue un fracaso anunciado. En 1947 se reencontró con el amor de su vida, Anne Marie Martelaere, a la que había conocido en 1920. No obstante, la frustración amorosa de su juventud fue una inspiración constante que le llevó a colocar a las mujeres en un pedestal. Sus mujeres son jóvenes, hieráticas, ensimismadas, ubicadas en ambientes sin vinculación aparente con la escena, como en La edad de hierro.  

La edad de hierro. 1951. elasombrario.com

El mundo onírico y el natural se mezclan de nuevo en Las sombras y dan lugar a algo en lo que parece que no existe el tiempo y la realidad. Todo es quietud y silencio: una mujer absorta en su pensamiento mira fijamente el suelo; un tren está detenido en una vía que comienza su recorrido en el mar. La escena transcurre en los inicios de la hora azul, en la cual el color del cielo se oscurece antes de anochecer.

Las sombras. 1965. WikiArt.org

Lector empedernido de Homero y Julio Verne, escritores “viajeros” por antonomasia, utiliza las estaciones y los trenes como elementos que despiertan la imaginación y sugieren un viaje a lo desconocido. Para garantizar la fidelidad de sus representaciones, algo apreciable en La Estación Forestière, en su estudio tenía maquetas de trenes y tranvías. Dicho óleo es uno de los más famosos de los años 60, ejemplo de sus  atmósferas misteriosas, en la que dos niñas completamente estáticas y en actitud contemplativa observan la actividad ferroviaria.

Estación Forestière. 1960. WikiArt.org

El mismo clima, la misma atmósfera se respira en El viaducto. Todo está paralizado, no hay señales de vida, las calles están vacías y, como en muchos otros cuadros, hay una lámpara encendida, en esta ocasión bajo la marquesina, así como un sorprendente espejo en la acera. Al fondo un tren cruza un viaducto. Un cuadro que semeja una escena teatral, en el que todo es real, pero el conjunto no lo parece.

El viaducto. 1963. museothyssen.org

Paul Delvaux, cuya obra hunde sus raíces en la memoria, el recuerdo y la infancia, vio recompensado su amor por el ferrocarril con su nombramiento como  jefe de estación de honor de la estación de Louvain-La-Neuve en 1984.

Imagen: ardenneweb.eu

La mirada ferroviaria de Hans Baluschek

Autorretrato. 1918. Wikipedia.org

Hans Baluschek (Breslau, 1870 – Berlín, 1935), fue miembro fundador del movimiento Secesión de Berlín -considerado parte del Modernismo-, relevante pintor del realismo crítico alemán y militante del Partido Socialdemócrata. Con un lenguaje sencillo, que en ocasiones puede parecer ingenuo, dedicó gran atención a los asuntos sociales y laborales de la clase obrera berlinesa, los cuales presentaba desde una perspectiva de denuncia y con un aire de melancolía. Hijo de ferroviario, desde su infancia sintió gran fascinación por el ferrocarril, el cual sería un motivo recurrente a lo largo de toda su carrera desde una triple perspectiva: como medio de transporte público, como dinamizador de la actividad industrial y como transporte estratégico durante la I Guerra Mundial.     

Tren expreso. 1909. Wikipedia.org

En sus obras se palpa la humildad, la pobreza y el contraste entre una sociedad anclada en el pasado deslumbrante del Imperio alemán y el vertiginoso desarrollo consecuencia de la acelerada industrialización del país. Dicha industrialización provocó que muchas personas trabajaran en penosas condiciones y deviniesen en víctimas inocentes, algo apreciable en el cuadro Los emigrantes, en el cual una familia, en la que solo se atisba preocupación por un futuro que se intuye difícil, espera en el andén de una localidad donde diferentes fábricas producen a todo ritmo. 

Los emigrantes. 1924. Arthur.io

Su interés por retratar la vida común sin artificios es igualmente tangible en A la mina. En primer plano, vemos un tren, elemento clave para la producción industrial, y, un poco más alejado, un numeroso grupo de personas que se dirige casi de noche al trabajo en un entorno helado, al objeto de extraer un mineral que luego alimentará unas fábricas cuyas chimeneas son indicadoras de su frenética actividad.

A la mina. 1914. Espina-roja.blogspot.com

Si las condiciones de trabajo de las personas menos cualificadas distaban mucho de ser idílicas, las sociales de los lugares donde vivían tampoco lo eran. De ello nos ofreció abundantes ejemplos, siendo Über Dächern una de las obras más conocidas. Observamos cómo las vías férreas, además de dividir bloques de apartamentos en las afueras de Berlín, se ubican por encima de ellos, con todos los problemas de ruidos, vibraciones y seguridad fácilmente imaginables.

Úber Dächern. 1934. Karlundfaber.de

Además de ser un elemento básico para la industria, el ferrocarril también lo era como medio de transporte de la ciudadanía en general y de la clase trabajadora en particular, como da fe el cuadro En la estación. En un abarrotado andén, percibimos un tren de llegada y otro de salida, así como una muy detallada representación de la marquesina y varios apuntes de la señalética de la terminal, lo cual proporciona gran verismo a la obra.

En la estación.1929 commons.wikimedia.org

Para un artista con tanta sensibilidad social, la Primera Guerra Mundial no podía pasar desapercibida. Contó inicialmente con su fervor patriótico, de hecho se ofreció voluntario con 40 años, pero su desenlace le afectó mucho, lo que le llevó a distanciarse del régimen político que imperó en Alemania entre 1918 y 1933, es decir, la República de Weimar. Del periodo de la contienda nos legó numerosos cuadros del campo de batalla y de entornos civiles, un ejemplo de estos últimos es Invierno de guerra.

Invierno de guerra. 1917. Wikipedia.org

Aunque sus ilustraciones para el popular libro infantil “Viaje a la luna de Pedro” (Peterchens Mondfahrt), hicieron de Baluschek un pintor muy conocido, con la llegada de los nazis al poder en 1933 fue declarado “artista marxista” y su obra “arte degenerado”, por lo que fue despojado de todos sus cargos y despedido de todos sus puestos, además de prohibírsele exponer. Falleció dos años después y hasta el último momento siguió demostrado su interés por el ferrocarril y la clase trabajadora berlinesa, tal como advertimos en Acerías de Berlín, pintado el año de su muerte.

Acerías de Berlín. 1935. Arteyferrocarril.blogspot.com

Jazz ferroviario, ritmo y significado (III/III)

Imagen: youtube.com

En un género dominado por los hombres, un grupo de artistas, que en algunos casos vivieron auténticas tragedias y sufrieron una doble discriminación en su condición de mujeres y negras, lograron alcanzar fama y reconocimiento, además de ser un referente para futuras generaciones.

Sobre discriminación habría podido decir mucho Bessie Smith, porque todavía no se sabe con certeza si murió desangrada a las puertas de un hospital en el que no fue admitida por el color de su piel. Considerada la cantante de blues más grande de todos los tiempos y la primera gran dama del jazz, destacaba por su entrega absoluta y relatar sus intensas experiencias en las canciones. A finales de los años 20 nos brindó Dixie Flyer Blues, una composición que toma su título del tren de lujo que circuló desde Chicago a Florida entre 1892 y 1965, en la que nos refiere la historia de una mujer que se dirige a Dixieland, es decir, a los estados sureños de los EE. UU.

No cabe duda de que la vida de Bessie Smith fue muy trágica, pero la de Billie Holiday no lo fue menos. Sufrió una infancia violenta, ejerció la prostitución, estuvo en prisión, consumió drogas, vivió en primera persona la discriminación racial y dejó para la historia uno de los mayores alegatos antirracistas: “Strange Fruit”. En 1954, cinco años antes de su muerte por cirrosis hepática y con una voz en la que se aprecian los efectos del alcohol, recreó I Thought about You, un tema compuesto por Johnny Mercer en el que describe las cosas que observó durante un viaje en un tren nocturno a Chicago, todas la cuales le remitían a la persona amada.

Hija de un maquinista, Ella Fitzgerald está considerada una de las tres voces femeninas más influyentes del jazz, conjuntamente con Billie Holiday y Sarah Vaugan. También la mejor intérprete femenina del cancionero estadounidense, el famoso “The Great American Songbook”, en la que no puede faltar These Foolish Things, una de las composiciones más románticas de la historia, en la que nos enumera todas las cosas que le recuerdan a un amor perdido, como “el suspiro de los trenes de medianoche / en estaciones vacías”.

Al igual que Ella Fitzgerald y Frank Sinatra, la cantante, compositora y actriz Peggy Lee inició su carrera como vocalista de una big band, para más tarde alcanzar el estrellato como solista. Su preciosismo vocal le permitía enfrentarse a cualquier canción. En 1945, grabó una de sus canciones más representativas con el sello Capitol, Waiting for the Train to Come In, en la que nos narra la espera del novio militar que está en el frente.  

Y si Peggy Lee nos trasladaba a la II Guerra Mundial, Cassandra Wilson nos acerca a la Guerra de Vietnam con su versión del tema de los Monkees Last Train to Clarksville, en la que un hombre le pide a su chica que acuda urgentemente a la estación, porque debe partir para el país asiático. Considerada una de las cantantes más versátiles del jazz contemporáneo, admiradora rendida de Billie Holliday, a quien dedicó en 2015 el disco “Coming Forth by Day”, destaca tanto por sus personalísimas versiones de los estándares del jazz como por sus reinvenciones de composiciones folk, country o rock.

El mundo del jazz no se puede entender sin las aportaciones de todas estas artistas atemporales, combativas, talentosas, que algún momento de su carrera incorporaron a su repertorio canciones articuladas alrededor del ferrocarril, cuyo legado es inconmensurable y objeto de sesudos análisis, que transcienden a lo musical.  

Jazz ferroviario, ritmo y significado (II/III)

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En la primera mitad del siglo XX, el ferrocarril fue uno de los medios de transporte favoritos de los músicos de jazz durante sus giras por Estados Unidos, por lo que parece plausible pensar que los sonidos de locomotoras, vagones y silbatos influyeran en muchas de sus composiciones, porque además resultaban ideales para el lucimiento de las secciones de metal de las grandes orquestas.

Ecos de esa influencia los encontramos en el conocidísimo swing Take The ‘A’ Train, una de las cien mejores composiciones americanas de todos los tiempos y pieza básica en el repertorio de la big band de Duke Ellington, posiblemente el compositor jazzístico más influyente, elegante y refinado. Escrita por Billy Strayhorn en 1939, su título tiene su origen en las instrucciones que le dio el propio Ellington para que, tras su viaje desde Pittsburg, llegase a su casa en Harlem: “Primero, tome el Tren A”.

Junto con Duke Ellington, el pianista Count Basie es el otro gran líder de las grandes bandas de jazz de los años 30 y 40. Nos legó su memorable versión del estándar 9:20 Special, composición que fue registrada tras una noche en tren desde Chicago y cuyo título incluye, como su famoso “One O’Clock Jump”, una referencia a la hora en que terminó la grabación. Se trata de un instrumental que evoca a un tren de viajeros que atraviesa la noche a toda velocidad, en la cual los instrumentos de viento representan los silbatos, válvulas y pistones de una locomotora de vapor y los instrumentos de percusión el traqueteo de los coches.

Aunque su gran talento para la composición y la improvisación son indiscutibles, el pianista Thelonious Monk no resulta tan accesible para el público medio como Duke Ellington o Count Basie, seguramente por la inflexibilidad de sus principios y por su inclinación hacia la armonía compleja. No obstante, su importancia es manifiesta, porque está considerado el fundador del estilo bebop y es el autor, entre otros, de estándares como “Round Midnight”, uno de los más versionados de la historia del jazz. En 1954, publicaba “Blue Monk Vol 2” que incluye el nostálgico Locomotive, el cual reproduce rítmica y melódicamente el movimiento de las locomotoras.  

Inspirándose en parte en las enseñanzas de Thelonious Monk, el musculoso saxo tenor John Coltrane editaba en 1957 su segundo disco como líder, Blue Train, considerado uno de los grandes clásicos del hard bop. El disco se abre con el vibrante y conmovedor blues de homónimo título, que juega con dos conceptos muy queridos por la música estadounidense, el tren y la tristeza del blues. Sin embargo, en este caso, al ser su primer disco para Blue Note, también pudiera ser un homenaje al mencionado sello discográfico, que toma su nombre de la nota azul, la misma que distingue el jazz de otras músicas.

Aunque en general el jazz exige una escucha activa, pianistas como el canadiense Oscar Peterson son capaces de llegar a personas de toda condición sin que su virtuosismo sea una barrera. De ascendencia ferroviaria, en 1962 grabó en formato trío Night Train, una composición que acabó dando nombre al disco que lo contenía, uno de los más exitosos de su muy prolífica carrera, hasta el extremo que su compatriota Diana Krall afirma que es la grabación que despertó su ambición de ser pianista.

Los sonidos, símbolos y metáforas del tren son omnipresentes en la música estadounidense, especialmente en el jazz, un estilo en el que priman la libertad y la improvisación, y al que los trenes han aportado su énfasis percusivo definitivo, según el crítico musical Albert Murray.

Jazz ferroviario, ritmo y significado (I/III)

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Poco podían imaginar los esclavos del África Occidental que sus “hollers”, sus gritos de campo, una vez en los EE. UU. se convertirían en canciones de trabajo y éstas a su vez acabarían dando lugar al blues y al jazz. En los Estados del Sur, las primeras cuadrillas ferroviarias recibían las instrucciones de sus capataces a través de canciones de llamada y respuesta. El capataz cantaba las órdenes y la cuadrilla respondía también cantando, lo que confirmaba la comprensión de las instrucciones recibidas, aseguraba la coordinación de movimientos y reducía las posibilidades de sufrir accidentes.

Una de las influencias iniciales en el desarrollo del jazz es el ragtime, un estilo que vivió sus mejores momentos a finales del siglo XIX y volvió a disfrutar de otro momento de gloria gracias a las composiciones de Scott Joplin incluidas en la banda sonora de “The Sting” (El golpe), el film dirigido por George Roy Hill en 1973. Y es precisamente un ragtime, The Great Crush Collision March, el tema que compuso Joplin en 1896 con motivo de un espectáculo basado en la colisión de dos trenes, una atracción de moda a finales del siglo XIX y principios del XX en algunas partes de EE. UU.

Cuarenta años después, el cine era ya un espectáculo de masas y una fábrica de sueños que no requería de tan aparatosos choques para atraer a la gente. Dicha atracción se veía impulsada por la unión de estrellas cinematográficas con grandes orquestas de jazz, las big bands con su característico ritmo, el swing. Como resultado surgían películas como “Sun Valley Serenade” (Tú serás mi marido), que incluye Chattanooga Choo Choo, una de las composiciones más emblemáticas de la “railway music” de todos los tiempos. Compuesta por Harry Warren, Glenn Miller la llevó al número 1 en Estados Unidos en 1941 y logró el primer disco de oro de dicho país. La canción, que toma su nombre de la ciudad del Estado de Tennesse y de dos onomatopeyas que imitan el silbato de un tren, es la historia de un viaje desde Nueva York.

Harry Warren es también el compositor de la música de On the Atchison, Topeka & the Santa Fe, cuyo título coincide con el del ferrocarril de homónimo nombre (AT&SF, por sus siglas en inglés), el mismo que, creado en 1859, unió Chicago con el sur de California y durante años fue considerado el más importante de los EE. UU. Dicho tema forma parte de la banda sonora de “The Harvey Girls” (Las chicas de Harvey), la película en la que George Sidney homenajeba a las camareras de la antigua cadena de hoteles Harvey y con la que Judy Garland ganó el Oscar a la mejor canción original en 1946.

Otro ejemplo de la importancia del ferrocarril en la vida y música americanas lo tenemos en “El tren de la libertad”, que circuló por EE. UU., al poco de finalizar la Segunda Guerra Mundial, entre 1947 y 1949, para reafirmar su patriotismo. Pintado con los colores de su bandera y custodiado por los mejores marines, llevaba a bordo documentos tan significativos como la Constitución, la Declaración de Derechos con las primeras Diez Enmiendas a la Constitución, la Declaración de Independencia, la Doctrina Truman… Un tren con tanta carga simbólica requería una canción oficial y el resultado fue The Freedom Train, compuesta por Irving Berlin e interpretada por Bing Crosby y The  Andrews Sisters.

Suele decirse que la palabra “jazz” tiene su origen en la expresión “jass it up, boys”, pronunciada por una persona en el Schiller’s Cafe de Chicago en 1916, durante la actuación de la Johnny Stein’s Band, embrión de la futura Original Dixieland Jazz Band, a la cual le cabe el honor de haber publicado el primer disco de jazz un año después.  Al igual que “rock & roll”, se trata de una expresión de inequívocas reminiscencias sexuales. Comenzó a utilizarse de forma peyorativa para denominar a la nueva música; sin embargo, debido a su constante evolución, el jazz ha acabado convirtiéndose en uno de los estilos más eclécticos y exigentes, así como el que mejor ha interiorizado los sonidos del ferrocarril.  

La mirada ferroviaria de Giorgio de Chirico

Autorretrato. 1911. WikiArt.org

Giorgio de Chirico figura en los anales de la historia del arte como el creador de la pintura metafísica, un estilo que cultiva entre 1909 y 1919, y que se caracteriza por tratar de ir más allá del mundo físico y mostrar la realidad subjetiva del artista tal como la imagina, interpreta o descubre en su inconsciente. Una pintura que parece estar representando sueños, en la que los elementos simbólicos son elegidos concienzudamente y que ejercerá gran influencia sobre los surrealistas.

Aunque de nacionalidad italiana, nace en Grecia en 1888. Hijo de un ingeniero ferroviario que participó en la construcción del trazado entre Atenas y Tesalónica, los trenes serán un elemento habitual en sus cuadros, lo cual puede ser considerado tanto un homenaje a su progenitor como un guiño al futurismo. A los 18 se traslada con su familia a Alemania. En Múnich, ingresa en la Academia de Bellas Artes y se empapa de la obra de los pintores simbolistas Max Klinger y Arnold Böcklin, así como de los filósofos Nietzsche y Schopenhauer. Estos hechos tendrán un claro reflejo en su obra, tal como se puede apreciar en La conquista del filósofo, cuadro en el que, en una plaza desierta, vemos una yuxtaposición de objetos: un cañón, un reloj, la chimenea de una fábrica, una torre monumental, un tren de vapor, las sombras de dos personas que están fuera del cuadro y unos elementos extraños que transmiten la sensación de estar viendo algo absurdo, como son las dos alcachofas situadas en primer plano. La luz es suave, propia del atardecer. Un enrevesado rompecabezas, que transmite vacío, soledad y melancolía.

La conquista del filósofo. 1914. WikiArt.org

En el otoño de 1909 llega a Turín y ve sus grandes plazas con arcos que proyectan sombras en sus pasillos interiores y sus estatuas y fuentes que, con la luz de la tarde, generan sombras muy largas sobre el pavimento. Dicha visión le inspirará paisajes urbanos que pintará en repetidas ocasiones, como Plaza de Italia, donde las altas arcadas generan sensación de vacío. En el horizonte apreciamos una torre con dos templos clásicos superpuestos y sus banderas desplegadas por un viento que no sopla, así como un tren en la lejanía. En la mitad del cuadro, dos hombres, cuales maniquíes, se saludan detrás de una estatua de una mujer acostada. En primer plano, observamos un misterioso cubo. La luz amarillenta genera largas sombras. Es difícil descifrar el mensaje, porque aunque todos los objetos son reconocibles, parece que estamos ante una pesadilla silenciosa.

Plaza de Italia. 1913. WikiArt.org

Tras Turín se va a París, donde se relaciona con los grupos vanguardistas, pero sin integrarse en ellos, algo apreciable en Gare de Montparnasse (La melancolía de la partida), una pintura figurativa que no representa un lugar real. Se trata de un espacio abierto, vacío, con presencia humana testimonial, sombras alargadas y colores sencillos, todo lo cual transmite una sensación enigmática e inquietante. En el ángulo inferior derecho unos plátanos, que se prestan a múltiples interpretaciones, dan a la obra un toque surrealista.

Gare de Montparnasse (La melancolía de la partida). 1914. WikiArt.org

En 1914, diez años antes de la aparición del surrealismo, pinta La canción de amor, una obra onírica en la que se mezclan objetos modernos y antiguos. En ella contemplamos la cabeza del Apolo de Beldevere, un guante rojo, una bola verde y una locomotora al fondo; un cuadro que de nuevo rezuma melancolía y pretende ir más allá del mundo físico. Está considerado el precedente del surrealismo, estilo que en las décadas de los años 20 y 30 del siglo pasado tratará de plasmar los sueños e imágenes del subconsciente a través del automatismo psíquico.

La canción de amor. 1914. Wikipedia.org

Un año después es llamado a filas para combatir en la I Guerra Mundial, de donde regresa herido en 1917. Progresivamente abandona su nihilista y enigmática etapa metafísica de arquitecturas vacías, paisajes sombríos, naturalezas muertas, soledad, silencio y tristeza, para centrarse en un arte más académico y neoclasicista. Aunque los surrealistas no le perdonarán su deserción, el “Pictor Optimus”, tal como figura en su tumba, muere en 1978 admirado y respetado. Su influencia es claramente observable en Salvador Dalí, Edward Hopper o René Magritte, que se adhirió al movimiento surrealista tras contemplar “La canción de amor”.

Bruce Springsteen, el boss ferroviario

Imagen: youtube.com

En 1974, la CBS seguía presentando a Bruce Springsteen como el nuevo Dylan, pero todo cambió a raíz de un recital en el Harvard Square Theater de Boston al que asistió el prestigioso periodista de rock Jon Landau. Tras el espectáculo, Landau escribió: “vi el futuro del rock and roll y su nombre es Bruce Springsteen”. Acto seguido la CBS modificó su estrategia, publicó “Born to Run” y nada fue igual. Con el paso de los años hemos comprobado que sus palabras resultaron proféticas, porque cinco décadas después sigue siendo el mejor embajador del rock. Y lo ha conseguido gracias a su vitalidad, talento y creatividad; con canciones pobladas de personas viajeras que buscan un futuro, huyen de la realidad o tratan de curar sus heridas internas, en las que el tren, en sentido literal o figurado, juega un papel relevante.   

Un buen ejemplo de su talento como poeta de la gran ciudad y cronista del reverso del sueño americano es New York City Serenade, composición que nos cuenta la historia de un joven adicto a la heroína y de su novia que no quiere verse arrastrada al abismo, en la que el tren simboliza la droga y las vías las venas. También Black Cowboys, canción sobre un chico llamado Rainey Williams que vive en Mott Haven, uno de los barrios más pobres del Bronx. Muy unido a su madre, la cual trata de protegerle de los peligros de las pandillas y la calle, hasta que es ella la que se enamora de la persona equivocada y se vuelve una adicta. Finalmente será el propio Rainey quien acabará robándole 500 dólares a su “padrastro”, tomar el tren y huir en busca de un futuro mejor.   

Su interés por las personas y las historias cotidianas es recurrente en su obra. Un ejemplo muy conocido lo tenemos en Downbound Train. En ella nos describe la vida de Joe, un hombre que ha perdido su trabajo, novia, libertad y futuro. Todo lo cual hace que se sienta como un jinete en un tren a la deriva. El desamor es también la esencia de Leavin’ Train, canción grabada para el disco “Human Touch”, pero incluida en “Tracks”, el recopilatorio con 66 descartes que vio a luz en 1998. Se trata de un tema con un memorable solo de guitarra en la que conocemos a un joven cuyo amor no es correspondido, algo que comprueba cada vez que mira a los ojos de su chica, que parecen un tren en marcha, de ahí que tenga la sensación de que ella quiere dejarlo. Sin embargo, la balada Tucson Train transmite algo más de optimismo, porque nos habla de un hombre de la construcción que se desplaza desde San Francisco hasta Tucson, Arizona, para comenzar una nueva vida y aunque la relación con su novia en California no era muy sólida, de hecho pensaba que su amor había sido en vano, ahora espera con ilusión su llegada en el tren de las 5.15.

Si bien su faceta más conocida es la rockera, de vez en cuando nos sorprende con discos acústicos como “Nebraska” o The Ghost of Tom Joad, que comienza con la composición que da título al disco, en cuyo primer verso encontramos a varios hombres que caminan por las vías del ferrocarril. Basada en el protagonista de la novela por antonomasia de la Gran Depresión, “Las uvas de la ira”, de John Steinbeck, es difícil no apreciar un paralelismo entre la situación que vivía EE. UU. en 1929 y el año en que se editó el disco, 1995, así como su compromiso con las personas más desfavorecidas. El compromiso, unido a la emotividad, es asimismo el leitmotiv de The Last Carnival, composición en la que en 2009 rindió un sentido homenaje a su teclista Danny Federici, fallecido un año antes, razón por la que canta “tomaremos el tren sin ti esta noche”.

Como demostró con su disco “The Rising”, editado al año siguiente del ataque a las Torres Gemelas, a veces se erige en portavoz de la esperanza, como en Land of Hope and Dreams, que ha sido el punto final de numerosos recitales. En el tren de las grandes ruedas los sueños no se verán frustrados y la fe será recompensada. A diferencia de otras canciones, como por ejemplo “People Get Ready”, todo el mundo es bienvenido, santos y pecadores, ganadores y perdedores, prostitutas y jugadores, locos y reyes…, en su viaje a la tierra de esperanza y sueños, es decir, al sueño americano.

Springsteen, ejemplo de honestidad y entrega ilimitada en sus maratonianos recitales; admirado e imitado en todo el mundo, entre otras razones porque en sus canciones muchas personas ven reflejadas sus propias vivencias, es paradójicamente uno de los artistas con más discos piratas, entre los que se encuentra el muy ferroviario “Railroad Tracks”.