
Manuel Curros Enríquez. wikipedia.org
Con el propósito de convertir Santiago de Compostela en un puerto de mar, el 15 de septiembre de 1873 partía de la estación de Cornes, con destino a Carril, el primer tren que circuló por Galicia. La línea estaba gestionada por la Real Sociedad del Ferro-Carril Compostelano de la Infanta Doña Isabel de Santiago al puerto de Carril, que en 1886 pasó a denominarse The West Galicia Railway Company Limited, después de que la mayoría de su capital quedara en manos británicas.

Estación de Cornes. Barrio de Conxo. Santiago de Compostela. elcorreogallego.es
Los comienzos del ferrocarril en Galicia no fueron precisamente fáciles. El proyecto tuvo que enfrentarse a numerosos obstáculos, sobre todo económicos, pero también a todo tipo de bulos y recelos. Entre ellos circulaba la creencia, difundida por algunos arrendatarios, de que el paso de los trenes dejaría a las vacas sin leche.
Frente a estas resistencias, el ferrocarril también encontró defensores entre los intelectuales gallegos, que lo contemplaban como un símbolo de modernidad, desarrollo y futuro, además de como una fuente de cultura y riqueza. Entre ellos se encontraba Manuel Curros Enríquez (Celanova, 1851–La Habana, 1908).
Con apenas 26 años, Curros Enríquez publica Muiñeira monorrítmica, un poema incluido en el Almanaque humorístico de Galicia para 1878. En él arremete contra los retrasos y los incumplimientos de la Compañía del Noroeste, responsable de la construcción de la línea entre Ponferrada y A Coruña, y reclama que se devuelva el dinero invertido desde Galicia.
El poema muestra a Curros Enríquez muy comprometido con los problemas sociales de su tiempo. Su lenguaje es provocador, irónico y sarcástico, cargado de adjetivos y descalificaciones. Al mismo tiempo, se hace eco de la frustración de una sociedad que llevaba casi veinte años esperando la llegada del ferrocarril.

«Almanaque Humorístico de Galicia para 1878”. tabeiromontes.com
Si en Muiñeira monorrítmica su mirada estaba puesta en la línea Palencia–A Coruña, en 1877, después de instalarse en la ciudad de Ourense, su atención se dirigió hacia el trazado Ourense–Vigo.
El 31 de marzo de 1881 llegaba a la capital ourensana el primer tren. El acontecimiento inspiró a Curros Enríquez A Chegada a Ourense da primeira locomotora, un poema que se incorporaría a la segunda edición de Aires d’a miña terra, obra que le valdría la excomunión. La composición puede dividirse en tres partes. En la primera, a modo de oda, el poeta ensalza las virtudes de la locomotora, presentada como una fuerza capaz de fecundar las tierras, despertar a los hombres y hacer florecer los campos. La segunda adopta un tono satírico y convierte la catedral en símbolo del atraso. Finalmente, en la tercera, de carácter alegórico, el río y el agua sacian la sed de la locomotora, convertida en metáfora del progreso.

Manuel Curros Enríquez (1881). “Aires d’a miña terra”. Segunda edición. wikipedia.org
En 1888, siguiendo la estela de La Divina Comedia de Dante, Curros Enríquez edita O divino sainete (Poema en oito cantos), una obra satírica y anticlerical en la que carga contra las instituciones y los personajes más destacados de su tiempo. La obra relata un viaje imaginario a Roma con motivo del jubileo del papa León XIII. El celanovés emprende el viaje acompañado por el poeta Francisco Añón a bordo del llamado Tren de los Siete Pecados, un particular convoy cuyos vagones representan cada uno de los siete pecados capitales.

Manuel Curros Enríquez (1888). “O divino sainete”. wikipedia.org
Esta relación literaria con el ferrocarril trascendió el ámbito familiar, pues Curros Enríquez fue padre y abuelo de dos ferroviarios, su hijo Abelardo Curros Vázquez y su nieto Abelardo Curros Irazoqui, ambos trabajadores de la Compañía del Norte, y ha perdurado en el tiempo. Por ejemplo, en 2012, nueve años antes de la llegada del AVE a Ourense, la Asociación de Escritoras e Escritores en Lingua Galega reclamó que la estación lleve el nombre del poeta, escritor y periodista. La propuesta reivindica así la figura de un autor especialmente sensible al atraso económico y cultural que padecía Galicia en el siglo XIX y que supo convertir el ferrocarril, a un tiempo, en objeto de crítica, motivo de esperanza y símbolo de futuro.

Simulación de la futura estación de Ourense. eleconomista.es
































