Aunque Stalin no fue ferroviario, el ferrocarril estuvo muy presente en las distintas etapas de su vida y, sobre todo, en la transformación política, económica y militar de la Unión Soviética. En este sentido, puede entenderse como un hilo conductor de su trayectoria: primero, como revolucionario bolchevique; más tarde, como Comisario del Pueblo para las Nacionalidades; y, finalmente, como máximo dirigente político y militar de la URSS.
Un episodio significativo tuvo lugar en los Talleres Ferroviarios Principales de Tiflis, en Georgia. El 8 de junio de 1926, Stalin pronunció allí un discurso titulado Respuesta al saludo de los obreros de los talleres ferroviarios principales de Tiflis. Ante los trabajadores, recordó sus primeros pasos como militante revolucionario y evocó la experiencia que había vivido en aquellos mismos talleres décadas atrás.
De aquel episodio se conserva un cuadro en el Museo de Stalin en Gori, su ciudad natal. Realizado dentro de la tradición del realismo soviético, representa a Stalin dirigiéndose a los trabajadores ferroviarios en su propio lugar de trabajo. La composición refuerza la proximidad entre el dirigente y la clase obrera. Stalin aparece como el líder que regresa al lugar donde, según su propio relato, había recibido su «bautismo revolucionario».

Discurso de Stalin ante los trabajadores ferroviarios de los Talleres Ferroviarios Principales de Tiflis, en 1926. Museo Estatal de Stalin en Gori (Georgia). alamy.com
Al fondo del cuadro se distingue una máquina de vapor. En la iconografía soviética, la locomotora se convirtió en una imagen del movimiento, la industrialización, la modernidad y el progreso técnico. La metáfora adquiere además, una dimensión política, porque en la tradición marxista las revoluciones eran comparadas con las «locomotoras de la historia», reforzando así la asociación entre la máquina ferroviaria y la idea de avance histórico y transformación social.
Durante sus primeros años de actividad revolucionaria en el Cáucaso, la red ferroviaria constituía ya una infraestructura de gran importancia estratégica. Sus líneas conectaban centros industriales, puertos y ciudades y, al mismo tiempo, facilitaban el desplazamiento de militantes, la circulación de publicaciones clandestinas y la organización de la actividad política.
Esta dimensión estratégica se hizo todavía más evidente durante la Guerra Civil rusa (1918-1921), en la que Stalin desempeñó distintos cargos políticos y militares, y participó activamente en la defensa de Tsaritsyn, un enclave fundamental en el sur de Rusia. En un conflicto caracterizado por las enormes distancias y por la necesidad de trasladar rápidamente hombres y recursos entre frentes muy alejados, el ferrocarril adquirió un valor militar decisivo. Los trenes permitían transportar tropas, armamento, combustible y alimentos, elementos esenciales para el sostenimiento de los ejércitos.
Durante la Segunda Guerra Mundial, ya como máximo responsable político y militar de la URSS, esta función alcanzó una escala superior. Tras la invasión alemana de 1941 y ante la amenaza sobre los principales centros industriales del oeste soviético, la red ferroviaria permitió evacuar fábricas, maquinaria, trabajadores y otros recursos esenciales hacia el este. Instalaciones industriales enteras fueron desmontadas, cargadas en trenes y trasladadas a los Urales, Siberia, Kazajistán y otras regiones alejadas del avance alemán.
La misma infraestructura resultó indispensable para sostener el esfuerzo bélico. A través de ella se movilizaron unidades del Ejército Rojo y se abastecieron los distintos frentes. La capacidad de transportar recursos a escala continental permitió a la Unión Soviética sostener una guerra prolongada y, al mismo tiempo, reconstruir buena parte de su capacidad industrial en las regiones orientales.
El ferrocarril constituyó asimismo uno de los pilares materiales de la industrialización estalinista. Los Planes Quinquenales exigían movilizar enormes cantidades de carbón, petróleo, minerales, madera, maquinaria y productos agrícolas. De este modo, las nuevas áreas industriales quedaron conectadas con las fuentes de materias primas y los grandes centros urbanos, haciendo posible la integración económica de un territorio de dimensiones continentales.
Pero esa misma capacidad para conectar territorios y movilizar personas y recursos se convirtió también en un instrumento de coerción. El Estado soviético recurrió al ferrocarril para llevar a cabo deportaciones y desplazamientos forzosos de población, así como para trasladar a una parte considerable de los 18 millones de personas que estuvieron presas en los distintos campos de trabajo forzado del Gulag.
A la luz de lo anterior, puede concluirse que la relación de Stalin con el ferrocarril encierra una de las grandes paradojas de su régimen. La misma infraestructura que simbolizó la modernización, la industrialización y el progreso, y que hizo posible tanto la movilización militar como la integración económica de un territorio inmenso, se convirtió también en un instrumento de control, represión y deportación de una escala igualmente extraordinaria.

Coche de Stalin. Museo Estatal de Stalin en Gori (Georgia). advantour.com
































