El legado ferroviario de Mark Knopfler, alma mater de Dire Straits y The Notting Hillbillies

Mark Knopfler, el guitarrista del pellizco mágico, mostró interés por el ferrocarril como motivo central de sus canciones desde muy temprano, algo que queda patente en el boogie rock Eastbound Train, cara B del single Sultans of Swing y una de sus primeras grabaciones al frente de Dire Straits, la banda que pasó en pocos años de una situación económica crítica a convertirse en uno de los grandes estandartes del rock de estadios durante la década de 1980. La letra expresa su deseo de volver a ver a una mujer, usuaria de la estación de New Cross, cuyos trayectos eran parcialmente coincidentes en un “tren hacia el este”.

Dire Straits – «Sultans of Swing» + «Eastbound Train» (1978). Discogs.com

Para disfrutar de la música sin la presión del éxito masivo de Dire Straits, Knopfler forma en 1990 The Notting Hillbillies, un proyecto centrado en estilos tradicionales como el country, el folk, el blues y otras músicas de raíz americana. El grupo publica un único álbum, Missing… Presumed Having a Good Time, cuyo primer corte es Railroad Worksong, un canto de trabajo tradicional que narra la historia de un obrero ferroviario cansado y mal pagado, que encuentra una esperanza desafiante y una posible vía de escape en su fiel martillo. Este se convierte en símbolo de la dureza de su vida, del orgullo por su oficio, del conflicto emocional (llorar en lugar de reír) y de un deseo desesperado de libertad, o incluso de venganza.

The Notting Hillbillies – Missing… Promised Having a Good Time (1990): «Railroad Worksong». Wikipedia.org

Los proyectos se suceden y, si se dejan al margen las numerosas bandas sonoras que compone para el cine, puede afirmarse que su carrera en solitario comienza oficialmente en 1996 con el álbum Golden Heart. Los nuevos trabajos conservan su inconfundible estilo guitarrístico y su capacidad narrativa, pero adoptan un enfoque más personal, tranquilo y reflexivo. El ferrocarril como leitmotiv aparece de nuevo en Marbletown, una canción de aire folk incluida en The Ragpicker’s Dream. En ella, el protagonista es un hobo (un vagabundo o trabajador temporal que viaja sin billete en trenes de mercancías), que se mueve sin cesar en busca de refugio y que a menudo encuentra un consuelo temporal en los cementerios, en las “ciudades de mármol”. La canción subraya así la paradoja de buscar reposo en un lugar concebido para el descanso eterno.

Mark Knopfler – The Ragpicker’s Dream (2002): «Marbletown». Wikipedia.org

Con regularidad periódica, publica nuevos discos y así en 2024 edita One Deep River, un álbum que incluye Before My Train Comes, una reflexión sobre la vida, la pérdida y las despedidas. En ella, el “tren que llega” simboliza la muerte o un cambio radical, generando la urgencia de decir lo que no se ha dicho y de atesorar recuerdos antes de que sea demasiado tarde.

Mark Knopfler – One Deep River (2024): «Before My Train Comes». Wikipedia.org

El mismo disco incluye también Tunnel 13, una canción que remite a una tragedia ferroviaria que Knopfler termina vinculando simbólicamente con su guitarra en los dos versos finales. En 1923, en el mencionado túnel del Southern Pacific Railroad, situado en las montañas Siskiyou de Oregón, los hermanos DeAutremont, atraídos por el rumor de que un vagón postal transportaba oro, decidieron asaltar un tren. El golpe derivó en una masacre tan absurda como inútil: no había oro, y el asalto se saldó con la muerte del maquinista, el fogonero, el guardafreno y un empleado postal. Años más tarde, las vigas de redwood (un tipo de secuoya), del túnel fueron reutilizadas por lutieres para fabricar instrumentos, lo que explica el final de la canción:

Tunnel 13 is the place in the song
Where the beautiful redwood for my guitar came from.

Mark Knopfler – One Deep River (2024): «Tunnel 13». Wikipedia.org

Knopfler es un artista que a lo largo de sus distintas etapas musicales ha poblado sus canciones de personajes que transitan por el mundo ferroviario, desde el propio artista hasta el hobo, del obrero al testigo de la tragedia. A través de ellos, articula relatos de encuentros fugaces, trabajos extenuantes, huidas y pérdidas, y da voz también a episodios de memoria histórica, consolidando al ferrocarril como un eje narrativo y emocional de su universo creativo.

La mirada ferroviaria de David Tutwiler

Gracias a su técnica accesible y a una sensibilidad inconfundible, que se manifiesta en la precisión histórica de cada una de sus obras, el pintor estadounidense David Tutwiler (1952) se ha consolidado como una de las grandes referencias mundiales de la pintura ferroviaria. Su producción destaca por un equilibrio singular entre el romanticismo industrial y el rigor técnico.

Chase with the Iron Horse. artrenewal.org

Aunque en su repertorio figuran paisajes tradicionales, escenas lacustres y marinas, desnudos y otros géneros pictóricos, su pasión son los trenes, especialmente los de la era del vapor, a los que nunca representa como simples objetos aislados. Por el contrario, siempre los sitúa en contextos que los humanizan: envueltos en la niebla, detenidos en estaciones o avanzando entre montañas y bosques. Estos escenarios confieren a sus composiciones una dimensión emocional más profunda.

Silverton Arrival. tuttartpitturasculturapoesiamusica.com

Una característica recurrente de su trabajo es el uso de la perspectiva aérea para reforzar la sensación de distancia y profundidad. Lejos de caer en la repetición visual, Tutwiler logra que cada obra resulte fresca, vibrante y llena de energía, como si cada lienzo fuera una nueva exploración estética del mundo ferroviario.

Waiting for Departure. tuttartpitturasculturapoesiamusica.com

A pesar de su minuciosa atención al detalle, su técnica no aspira a la reproducción fotográfica. Prefiere preservar una libertad expresiva que se hace especialmente evidente en el tratamiento de los cielos, el humo y el vapor. Más que representar un tren, Tutwiler busca capturar su alma, fusionando un realismo cuidadosamente documentado con una poética visual que envuelve cada escena en una atmósfera única.

Heavy Metal Thunder. Railfan.com

Sus composiciones poseen un marcado sentido narrativo. Domina con maestría el juego entre la luz y la sombra, empleando el claroscuro para subrayar la presencia de las locomotoras, la densidad del humo y la arquitectura ferroviaria. En obras como Twilight on an Era, los tonos oscuros y la luz tenue evocan una profunda nostalgia de un tiempo desaparecido.

Twilight of an Era. tuttartpitturasculturapoesiamusica.com

Su obra le erige en un auténtico cronista visual del universo ferroviario clásico, capaz de conectar tanto con el público especializado como con aficionados, coleccionistas e historiadores del transporte. Esta faceta se aprecia especialmente en su libro A Fine Art Career Powered by Steam: The Railroad Paintings of David Tutwiler, una monografía retrospectiva publicada en 2023 que reúne más de 130 obras e incluye comentarios técnicos, bocetos y el contexto de los trenes representados.

Homeward Bound. tuttartpitturasculturapoesiamusica.com

A través de sus pinturas, Tutwiler no solo evoca la memoria histórica del ferrocarril, sino que también transmite una visión profundamente romántica y un sutil sentimiento de melancolía por una época en la que el tren simbolizaba el pulso del progreso. Sus obras trascienden la ilustración documental para convertirse en testimonios emocionales que capturan la esencia de un mundo que se ha desvanecido, pero que revive con fuerza en cada uno de sus lienzos.

Los pasajeros del tren de Hankyū

Hiro Arikawa. Los pasajeros del tren de Hankyū (2025). Casadellibro.com

En 2023, Japón presentó como candidata al Óscar a la Mejor Película Internacional Perfect Days, dirigida por Wim Wenders. En este  film, el fenómeno komorebi -la luz del sol que se filtra entre las hojas de los árboles- desempeña un papel profundamente simbólico. Representa la idea de la atención plena, la espiritualidad en lo cotidiano y la belleza efímera que se encuentra en los detalles más sencillos y ordinarios, así como las prioridades de  su protagonista, Hirayama, un hombre cuya vida no se define por la búsqueda del éxito ni por la prisa, sino por la calma de una rutina basada en gestos simples, como limpiar baños públicos, escuchar música, leer libros, fotografiar árboles o simplemente contemplar su entorno.

Perfect Days. Win Wenders, 2023. FilmAffinity.com

Una suerte de traslación literaria de esa sensibilidad cinematográfica puede encontrarse en los cozy books (libros acogedores) o en los feel-good books (libros que hacen sentir bien), una corriente literaria anglosajona que, en los últimos años, ha hallado en Japón y, en menor medida, en Corea del Sur (La asombrosa tienda de la señora Yeom), a algunos de sus autores más prolíficos. Estos libros son auténticos refugios emocionales, cargados de una sensibilidad distinta, más introspectiva. Son historias que no solo buscan entretener, sino también reconfortar; donde las emociones son suaves, los gestos poseen un profundo sentido y los conflictos no se resuelven con gritos, sino con comprensión. Se trata de narraciones sin sobresaltos, en las que los problemas se enfrentan con delicadeza y los pequeños detalles cotidianos adquieren una nueva dimensión, un significado especial.

Un claro ejemplo de esta corriente es la novela Los pasajeros del tren de Hankyū, en la que la escritora  japonesa Hiro Arikawa nos invita a observar los pensamientos, preocupaciones, deseos y conflictos internos de personas comunes mientras comparten un mismo vagón de los trenes de la Corporación Hankyū, empresa privada de ferrocarriles que opera en la región de Kansai, cuya capital es Osaka. La historia transcurre en el ramal de Imazu, cuya línea, en su tramo final, atraviesa numerosos viaductos por los que circulan sus característicos trenes de color burdeos.

La novela está dividida en dos partes: el trayecto de ida y el de vuelta. Arikawa convierte cada recorrido en un escenario de profunda introspección y revelación, en el que los viajeros realizan tanto un viaje físico como interior. Cada capítulo funciona como una “estación” narrativa en la que conocemos nuevos pasajeros: dos desconocidos que siempre desean el mismo libro en la biblioteca, una prometida movida por la venganza, dos estudiantes tímidos, unas niñas crueles, unas mujeres rudas, una abuela excéntrica y su indiscreta nieta, una joven dispuesta a romper con un novio que no la merece… Todos cargan con su propio equipaje, tanto el tangible como el intangible.

Los pasajeros del tren de Hankyū es una oda a los trenes como reflejo de la vida. Sus trayectos fijos y repetitivos simbolizan nuestras rutinas cotidianas, mientras que las paradas en las estaciones evocan esos momentos de pausa y reflexión en los que tomamos decisiones capaces de alterar nuestro rumbo. Es, además, un homenaje a los trenes como espacios de tránsito físico, emocional y existencial, donde personas desconocidas se sientan unas junto a otras, a menudo sin intercambiar palabra, pero compartiendo un mismo instante.

DATOS BIBLIOGRÁFICOS

  • Autora: Hiro Arikawa
  • Título: Los pasajeros del tren de Hankyū
  • Editorial: Lumen
  • Año de publicación: 2025
  • Páginas: 192

La mirada ferroviaria de Robert Capa en la Guerra Civil Española

Gerda Taro y Endere Ernö Freidamn. París, 1936. bbc.com

Robert Capa es una de las figuras más influyentes del fotoperiodismo del siglo XX. Su estrecha relación con España —y especialmente con la Guerra Civil (1936-1939)— marcó un hito en la conciencia internacional y en la construcción de la memoria visual del conflicto. Sus fotografías, con una clara postura antifascista, se convirtieron en iconos que apelaban a la solidaridad internacional y denunciaban la brutalidad de la guerra. Esta dimensión se vio fortalecida en 2007 con el hallazgo de las llamadas «maletas mexicanas», que contenían más de 4.000 negativos inéditos de la contienda.

Pero ¿quién era realmente Robert Capa? Bajo ese nombre se escondía, en sus inicios, una identidad ficticia: la de un supuesto fotógrafo norteamericano de prestigio, creada con la intención de facilitar la venta de imágenes a agencias europeas. En realidad, se trataba de una marca profesional compartida por dos jóvenes exiliados en París tras la llegada de Hitler al poder: el húngaro judío Endre Ernö Friedmann (nacido en Budapest en 1913) y la alemana Gerta Pohorylle, más conocida como Gerda Taro (nacida en Stuttgart en 1910).

En 1936, Friedmann y Taro viajaron a España para cubrir la Guerra Civil, un conflicto que consideraban crucial en la lucha contra el fascismo. Durante su estancia, documentaron los frentes de combate, el sufrimiento de la población civil y la vida cotidiana de los milicianos republicanos. Así, por ejemplo, fotografiaron los trenes que, en los primeros meses de 1936 y 1937, transportaban columnas de milicianos voluntarios desde las ciudades y zonas de reclutamiento hacia distintos frentes, como el de Aragón.

Salida para el frente de un tren con tropas republicanas. Barcelona, agosto de 1936. icp.org

Los trenes constituían un medio de transporte habitual, tanto para las tropas como para el armamento y las provisiones. Los momentos de partida solían estar cargados de una fuerte carga emocional: despedidas, incertidumbre, temor, esperanza y sentimientos de patriotismo se entremezclaban en cada salida.

Miliciano republicano besando a una niña antes de la partida de un tren militar hacia el frente. Barcelona, agosto de 1936. icp.org

No pasaron por alto el papel que desempeñaron las mujeres en las milicias, especialmente al inicio del conflicto, cuando participaron activamente en el combate, así como en tareas sanitarias, logísticas, de propaganda y apoyo. En sus fotografías, la figura de la miliciana fue representada con frecuencia como un símbolo de emancipación y de igualdad, de la España por la que se luchaba.

Miliciana y miliciano republicanos abrazándose antes de la partida de un tren militar hacia el frente de Aragón. Barcelona, agosto de 1936. icp.org

Ambos fotógrafos se acercaban al peligro, pero también a la humanidad que lo habitaba. Buscaban mostrar aquello que otros no veían. Su estilo se caracteriza por la espontaneidad, la inmediatez y un profundo dramatismo emocional. No perseguían únicamente la belleza estética, sino capturar el momento decisivo: un testimonio visual que funcionara como memoria y advertencia. Casos paradigmáticos son las conmovedoras imágenes de cuatro personas que huyen con lo puesto de los bombardeos franquistas por la vía de Córdoba a Almorchón, así como la de la muerte de un miliciano, capturadas en la misma localidad y el mismo día.

Mujer con un bebé en brazos, hombre y niña pequeña junto a las vías del tren huyendo de los bombardeos nacionales. Espejo (Córdoba)  5 de septiembre de 1936. icp.org

Muerte de un miliciano. Espejo (Córdoba), 5 de septiembre de 1936. icp.org

Trabajaban de forma conjunta, hasta el punto de intercambiar cámaras, lo que dificulta la atribución precisa de algunas de sus fotografías. Todas eran firmadas bajo el nombre de Robert Capa, reforzando así la idea de una autoría colectiva que, más allá del nombre, expresaba una mirada profundamente comprometida. Se sumergían por completo en los conflictos que documentaban, compartiendo el destino de los soldados y civiles que retrataban. Su compromiso alcanzó el extremo de la tragedia: ella murió en 1937, durante la batalla de Brunete, al ser arrollada por un tanque republicano; él falleció en 1954, en Vietnam del Norte, tras pisar una mina mientras acompañaba a una patrulla del ejército francés.

Antes de su muerte, Friedman, siempe como Robert Capa, había trabajado en frentes tales como la invasión japonesa en China, la Segunda Guerra Mundial o la primera guerra árabe-israelí. También había contribuido a  fundar la agencia Magnum Photos.

Su legado no solo está en sus imágenes, sino también en su célebre declaración: “Si tus fotos no son lo suficientemente buenas, es que no estás lo suficientemente cerca.”

Murder on the Orient Express (Asesinato en el Orient Express)

Murder on the Orient Express. Kenneth Branagh, 2017. Ebay.es

“Las balanzas de la justicia no siempre pueden estar equilibradas”, afirma el inimitable y sagaz detective Hércules Poirot en la versión cinematográfica de Asesinato en el Orient Express dirigida y protagonizada por Kenneth Branagh. La película está basada en la célebre novela homónima de Agatha Christie, quien se inspiró en un hecho real que conmocionó a la sociedad de su tiempo. En 1932, el hijo de apenas veinte meses del famoso aviador Charles Lindbergh fue secuestrado. A pesar del pago del rescate, el niño fue hallado sin vida. Aunque una persona fue juzgada y condenada por el crimen, la investigación dejó muchas dudas sobre si realmente se había hecho justicia. Dos años después, Christie publicó la novela.

Tras resolver un delito ante el Muro de las Lamentaciones, en Jerusalén, Poirot recibe el encargo de viajar urgentemente a Londres para atender otro caso. Para ello, toma el Simplon-Orient Express en Estambul con destino a Calais, desde donde cruzará en ferry hacia la capital británica. Sin embargo, al atravesar los Balcanes, un alud de nieve provoca el descarrilamiento de la locomotora y parte del tren queda detenido sobre un viaducto. Esa misma noche, uno de los pasajeros, que se presenta como Samuel Ratchett pero en realidad es el gánster John Cassetti, aparece asesinado en su compartimento. A partir de ese momento, Poirot se ve obligado a iniciar una investigación en la que, dada la situación de aislamiento, todos los pasajeros se convierten en sospechosos. Así comienza un juego de máscaras en el que nadie es quien aparenta ser.

En el transcurso de tres días, Poirot descubrirá que el crimen fue, en realidad, un acto de venganza meticulosamente orquestado para reparar aquello que la justicia no supo —o no pudo— resolver: John Cassetti había secuestrado y asesinado a Daisy Armstrong, una niña que aún dormía en una cuna. La tragedia desencadenó una serie de desgracias: su madre, embarazada, sufrió un parto prematuro a causa del trauma emocional, y tanto ella como el bebé murieron. El padre, consumido por el dolor, se quitó la vida poco después. Finalmente, una mujer fue injustamente ejecutada como responsable de un crimen que no cometió. Muertes que obviamente marcaron para siempre la vida de numerosas personas.

En 1974, el director estadounidense Sidney Lumet —especialista en retratar las fisuras del sistema judicial norteamericano— llevó a la pantalla grande su recordada versión de Asesinato en el Orient Express. Cuarenta y tres años más tarde, Kenneth Branagh presentó la suya, un largometraje de tono casi teatral, sostenido por un elenco estelar, con impactantes imágenes exteriores y secuencias de acción.

La película plantea complejas cuestiones morales y jurídicas, tales como ¿quién tiene derecho a impartir justicia?, ¿puede justificarse el homicidio frente a la impunidad?, ¿el dolor legitima la venganza? Estas preguntas sacuden las firmes convicciones de Poirot, quien por primera vez advierte que su visión maniquea del bien y del mal resulta insuficiente. Descubre, además, que entre el blanco y el negro existen innumerables matices, y que la ley, por sí sola, no siempre basta para alcanzar la justicia. Por ello, al llegar a la estación de Brod (actual Bosnia-Herzegovina), toma una decisión que marca un punto de inflexión en su trayectoria: desciende del tren y comunica a la policía yugoslava que el asesino ha logrado escapar.

FICHA TÉCNICA:

  • Título: Murder on the Orient Express (Asesinato en el Orient Express)
  • Director: Kenneth Branagh
  • Guión: Michael Green
  • Música: Patrick Doyle
  • Fotografía: Haris Zambarloukos
  • Reparto: Kennetn Brannagh, Johnny Depp, Penélope Cruz, Willem Dafoe, Judi Dench, Tom Bateman, Josh Gad, Derek Jacobi, Leslie Odom Jr., Michelle Pfeiffer, Daisy Ridley, Marwan Kenzari, Olivia Colman, Lucy Boynton, Manuel García-Rulfo
  • País: Estados Unidos
  • Año: 2017
  • Duración: 116 minutos
  • Género: Intriga, drama

Olla ferroviaria: gastronomía tradicional al ritmo del tren

ollasferroviariascantabria.com

En 1894, para acercar el carbón leonés y palentino a los altos hornos de Bizkaia, se inauguró el Ferrocarril Hullero de La Robla a Balmaseda, que, con sus 340 kilómetros de recorrido, constituye una de las líneas de ancho métrico más largas de Europa. Las jornadas laborales de sus fogoneros, guardafrenos y maquinistas podían extenderse hasta dieciséis horas consecutivas, lo que dificultaba enormemente organizar las comidas durante el servicio. Para hacer frente a esta situación, el personal ferroviario ideó un sistema de cocinado aprovechando el calor del motor de la locomotora. Esta invención recibió el nombre de olla ferroviaria en Cantabria, León y Palencia, y de putxera en Bizkaia.

En sus inicios, el sistema consistía en un tubo que conectaba el serpentín de la locomotora a una vasija, permitiendo cocinar con vapor. Posteriormente, el vapor fue sustituido por leña o carbón vegetal, y la olla se trasladó al furgón de cola, donde además de servir para preparar la comida, también actuaba como estufa para calefacción.

ollasferroviariascantabria.com

Dotada de tres patas y un asa, la olla ferroviaria comenzó siendo un artilugio cilíndrico de hojalata sin puchero. Con el tiempo, ha ido perfeccionándose hasta convertirse en un recipiente metálico con un compartimento inferior donde arde carbón vegetal o leña, cuya función es calentar un puchero independiente, generalmente de porcelana esmaltada o barro.

Mecanismo de una olla ferroviaria. La Cuchara del Camesa. elpais.com

Las primeras ollas de las que se tiene constancia proceden de Mataporquera —punto intermedio en el trayecto entre La Robla y Balmaseda, donde los trenes repostaban agua y carbón—, ya que allí se fabricaron, hacia 1915, las primeras unidades en los talleres del ferrocarril.

Monumento a la olla ferroviaria en Mataporquera. ollasdecantabria.com

Gracias a su capacidad para repartir el calor de forma uniforme y ligar las salsas, la olla ferroviaria es ideal para la cocina a fuego lento. Es especialmente adecuada para platos de cuchara, como guisos de patatas con carne o legumbres, recetas tradicionales de alto contenido calórico, perfectas para climas continentales caracterizados por inviernos rigurosos.

Actualmente, la olla ferroviaria se ha convertido en un símbolo de la identidad cultural y gastronómica de algunas zonas del norte de España. Numerosas fiestas populares, concursos culinarios y romerías mantienen viva esta tradición nacida de la necesidad y del ingenio del personal ferroviario. Su arraigo es particularmente fuerte en localidades con una rica historia ferroviaria, como es el caso de Cistierna, en León, Guardo, en Palencia, Mataporquera o Reinosa, en Cantabria, y Balmaseda, en Bizkaia. Además, como su uso ha transcendido a su función original, se está extendiendo a la cocina profesional, así, por ejemplo, en 2024, el restaurante La Cantina de Villalegre, ubicado en la estación de tren de Avilés, ganó el concurso a la Mejor Fabada del Mundo con unas fabes cocinadas precisamente en una olla ferroviaria.

VIII Concurso Ollas Ferroviarias de Guardo. guardo.org

The Commuter (El pasajero)

The Commuter. Jaume Collet-Serra, 2018. FilmAffinity.com

El ferrocarril y el cine nacieron en el siglo XIX y han caminado juntos a lo largo de la historia. No es de extrañar, por tanto, que los vínculos entre una de las invenciones más emblemáticas de la Segunda Revolución Industrial y el séptimo arte sigan manifestándose en numerosas obras. Un ejemplo es The Commuter (El pasajero), la cuarta colaboración entre el cineasta catalán Jaume Collet-Serra y el actor irlandés Liam Neeson, tras Unknown (Sin identidad), Non-Stop (Sin escalas) y Run All Night (Una noche para sobrevivir).

Michael MacCauley (Liam Neeson) es un pasajero habitual de la línea ferroviaria Hudson Line, un commuter que, durante los últimos diez años, ha realizado diariamente el trayecto en tren desde la estación de Tarrytown hasta la Grand Central Terminal. Un día, de regreso a casa, una misteriosa mujer llamada Joanna (Vera Farmiga) se sienta frente a él y le propone un experimento que, en apariencia, tiene tintes psicológicos: descubrir qué tipo de persona es. A cambio, le ofrece una recompensa de 100.000 dólares, de los cuales 25.000 ya le esperan en uno de los baños del tren. Todo esto sucede justo el mismo día en que, a sus 60 años, Michael ha sido despedido de su trabajo como agente de seguros, y mientras su hijo se prepara para ingresar a la universidad, lo que agrava la estabilidad económica de su familia.

Al recoger el dinero, Michael —un exoficial del Departamento de Policía de Nueva York— intenta abandonar el tren. Pero en ese momento, un adolescente le entrega un sobre que contiene el anillo de bodas de su esposa, una señal inequívoca de que está siendo vigilado. Es entonces cuando comprende que la propuesta de Joanna es mucho más peligrosa de lo que parecía: sin saberlo, ha sido reclutado por una organización criminal, que conoce toda su vida, para identificar a «Prynne», una persona que no viaja habitualmente en esa línea y cuyo testimonio es clave en una investigación sobre corrupción policial que terminó con la muerte de un funcionario del gobierno.

A partir de ese momento, Michael se enfrenta a un dilema moral que le obliga a definirse como persona, porque debe elegir entre entregar a Prynne, lo cual implica su  condena a muerte, o arriesgar su propia vida y la de su familia, así como la de todos los ocupantes del tren.

Rodado como una pesadilla contrarreloj dentro del tren en tiempo real, The Commuter (El pasajero) es un thriller con una intriga milimétricamente dosificada cuya tensión crece escena a escena. Se inscribe en lo que en el mundo anglosajón se han dado en llamar dad movies, es decir, «películas de padres» o «para padres», un subgénero protagonizado por héroes veteranos, en el que figuras como Tom Cruise y Liam Neeson se han convertido en referentes indiscutibles. Historias de hombres comunes, generalmente en la sesentena, obligados a enfrentarse a situaciones extraordinarias. Personajes con firmes principios morales, buena forma física y una presencia carismática innegable.

FICHA TÉCNICA:

  • Título: The Commuter (El pasajero)
  • Director: Jaume Collet-Serra
  • Guion: Byron Willinger, Philip de Blasi, Ryan Engle
  • Música: Roque Baños
  • Fotografía: Paul Cameron
  • Reparto: Liam Neeson; Vera Farmiga, Patrick Wilson; Elizabeth McGovern; Jonathan Banks; Sam Neill
  • País: Estados Unidos
  • Año: 2018
  • Duración: 105 minutos  
  • Género: Thriller

Tren a Samarcanda

Guzel Yájina. Tren a Samarcanda. casadellibro.com

La Guerra Civil Rusa fue uno de los conflictos más trágicos y devastadores del siglo XX. Enfrentó al Ejército Rojo, compuesto fundamentalmente por bolcheviques y otras facciones de izquierda, en el poder desde la Revolución de Octubre de 1917, contra el Ejército Blanco, una coalición heterogénea de mencheviques, monárquicos, liberales, socialistas moderados y fuerzas extranjeras. El conflicto se extendió entre 1917 y 1923, dejando un saldo de más de 2,5 millones de muertos en combate.

A esta cifra se sumaron cerca de 2 millones de víctimas por represiones políticas, otros 2 millones por epidemias como el tifus, el cólera o la tuberculosis, y entre 3 y 5 millones más por hambre. Esta última se vio agravada por la política gubernamental de requisa de alimentos para su redistribución, una medida que, lejos de aliviar el problema, lo intensificó.

El hambre fue omnipresente y azotó con especial dureza regiones como el Volga, Ucrania, los Urales y Crimea. Ante esta situación extrema, el gobierno soviético se vio obligado a buscar soluciones para atender a los niños desnutridos, huérfanos y casi desnudos que deambulaban por las calles y los campos del país, porque los orfanatos estaban completamente desbordados, por su carencia de personal, alimentos e infraestructuras adecuadas.

En este marco histórico sitúa la escritora tártara Guzel Yájina su novela Tren a Samarcanda, que se inspira, entre otras, en la figura de Asia Davidovna Kalínina, autora del libro de memorias Diez años luchando a favor de los niños vagabundos, donde relata su participación en la evacuación de 5.744 niños desde Chuvasia, en la región del Volga, hasta Moscú.

Tren a Samarcanda narra la evacuación de 500 niños en un convoy sanitario de los Ferrocarriles del Kazán, desde dicha ciudad hasta Samarcanda, en el Turkestán, al sur del país. Un trayecto de 4.000 verstas (aproximadamente 4.268 kilómetros) completado en seis semanas, entre octubre y noviembre de 1923, para llegar a una región que, por su clima y su lejanía de los territorios devastados por la guerra y las políticas de control alimentario, ofrece mayores esperanzas de supervivencia y un futuro más digno para unas criaturas indefensas y vulnerables a las enfermedades y al hambre.

El viaje narrado por Yájina es una sucesión de obstáculos administrativos, problemas de abastecimiento y peligros constantes, marcados por los encuentros con atamanes (cosacos partidarios del Ejército Blanco) y basmachíes (bandoleros islámicos que resisten al poder soviético). A estas amenazas se suman las dificultades propias de la geografía: tras cruzar la inhóspita estepa, el convoy -bautizado La Guirnalda por sus ocho vagones de distintos colores y funciones-, debe enfrentarse al desierto que se extiende al este del mar de Aral.

La responsabilidad principal de esta misión recae en el comandante Déyev, antiguo soldado del Ejército Rojo, criado en un depósito de locomotoras, exrequisador de alimentos y ahora encargado de salvar vidas. Lo acompaña Bélaya, representante de la Comisión de la Infancia, una bolchevique convencida, de carácter fuerte y con amplia experiencia en la organización de convoyes infantiles.

La novela intercala la acción con delirios, fantasías y monólogos interiores, profundizando en el viaje psicológico de sus protagonistas, especialmente el de Déyev. Este personaje, marcado por un pasado cruento, lucha por cumplir su misión sin traicionar ni las órdenes recibidas ni los dictados de su conciencia, a sabiendas de que muchos niños no sobrevivirán al trayecto y serán enterrados a lo largo de las vías.

En este recorrido lleno de hambre, muerte y miedo, Yájina ofrece un lúcido análisis de la condición humana en circunstancias extremas. A pesar de la sucesión de horrores, la autora consigue encontrar espacio para el amor, la bondad y la compasión. Su Tren a Samarcanda remite simbólicamente al Arca de Noé del Antiguo Testamento: un vehículo de salvación, impulsado por la esperanza de encontrar una tierra prometida y un futuro mejor para sus viajeros.

DATOS BIBLIOGRÁFICOS

  • Autora: Guzel Yájina
  • Título: Tren a Samarcanda
  • Editorial: Acantilado
  • Año de publicación: 2024
  • Páginas: 587

El tren minero de Atapuerca

Innumerables yacimientos arqueológicos han salido a la luz como consecuencia de la construcción de infraestructuras ferroviarias. En España, el caso más emblemático es el de Atapuerca. Gracias a la conocida Trinchera del Ferrocarril —abierta durante la construcción del tren minero de la Sierra de la Demanda—, tres yacimientos han cobrado un especial protagonismo en las últimas décadas: la Sima del Elefante, donde se han hallado los restos humanos más antiguos de Europa Occidental, con una antigüedad de 1,3 millones de años; el Complejo Galería, que actuó como trampa natural para los preneandertales hace unos 500.000 años; y la Gran Dolina, habitada hace 850.000 años por el Homo antecessor y, más tarde, hace 350.000 años, por grupos preneandertales.

La Gran Dolina y la Trinchera del Ferrocarril. elcorreodeburgos.com. Raúl Ochoa

A finales del siglo XIX, con el objetivo de impulsar el desarrollo económico de las comarcas más desfavorecidas, España trataba de ampliar su red ferroviaria mediante la construcción de líneas secundarias. Esta política atrajo a empresarios y aventureros en busca de subvenciones. Uno de los proyectos que logró materializarse fue el ferrocarril entre Monterrubio de la Demanda y Villafría, concebido para transportar hulla y mineral de hierro de la Sierra de la Demanda hasta Villafría y desde allí, en asociación con la Compañía de los Caminos de Hierro del Norte de España, hasta Bizkaia. Su impulsor fue el británico Richard Preece Williams, quien logró comenzar las obras en Costana de Chorruelas el 12 de julio de 1896. Con la participación de cerca de 2.000 trabajadores, se construyeron 65 kilómetros de vía férrea en ancho métrico, cuya ejecución concluyó en el túnel de Manquillo el 8 de marzo de 1900.

Acto seguido, Richard Preece Williams fundó la empresa The Sierra Company Limited en Londres. Se pusieron en circulación cuatro locomotoras: La Inglesa, La Burgalesa, La Serrana y La Vascongada. Sin embargo, la línea tuvo una vida muy corta debido a los altos costes de mantenimiento y transporte. El traslado del mineral desde Villafría hasta Bizkaia dependía de las abusivas tarifas impuestas por la Compañía del Norte, y la baja calidad del carbón de la provincia de Burgos no podía competir con el de las cuencas asturianas o las minas de antracita de León. Dado que se habrían necesitado 400 años para amortizar la inversión, The Sierra Company Limited quebró en 1917.

Tren perteneciente a The Sierra Company Limited. elcorreodeburgos.com

Uno de los aspectos más controvertidos del proyecto fue su trazado. ¿Por qué construir una trinchera —costosa, irracional y prescindible— entre Ibeas de Juarros y Atapuerca, cuando lo más lógico y económico habría sido conectar San Medel con Villafría, sin adentrarse en la Sierra de Atapuerca? Esta decisión, difícil de justificar desde una perspectiva puramente ingenieril, parece responder a una combinación de factores estratégicos, legales, económicos y políticos. La obra ha sido considerada, con razón, como un ejemplo de planificación cuestionable. En su libro El tren minero de Atapuerca, Mario Gastañaga aporta además una posible motivación adicional: «abrir las galerías de las cuevas».

Mario Gastañaga. El tren minero de Atapuerca. llibreriabellart.com

Fuera cual fuera la verdadera motivación del trazado, lo cierto es que la construcción del tren minero permitió el acceso a rellenos fósiles de cavidades interiores hasta entonces inaccesibles del complejo de Atapuerca. Gracias a ello, hoy este enclave es Patrimonio de la Humanidad por la UNESCO y una referencia mundial en el estudio de la evolución humana. Además, desde el año 2003 foma parte del Camino Natural de la Vía Verde Sierra de la Demanda, un itinerario de 54 kilómetros entre Arlanzón y Monterrubio de la Demanda.

DATOS BIBLIOGRÁFICOS

  • Autor: Mario Gastañaga Ugarte
  • Título: El tren minero de Atapuerca
  • Editorial: Librería Cervantes – Salamanca
  • Año de edición: 1999
  • Páginas: 96

La mirada ferroviaria de Lee Miller

Factoría subterránea de fabricación de aviones REIMAHG. Khala, 1945. Leemiller.co.uk

Inteligente, polifacética y de armas tomar, Lee Miller (Nueva York, 1907 – Reino Unido, 1977), comenzó su carrera como modelo en la década de 1920, llegando a protagonizar portadas de Vogue en Nueva York, donde fue considerada el arquetipo de la “chica moderna”. Años después, fiel a su espíritu aventurero, su vida dio giros radicales: abandonó EE. UU., para instalarse en París y sumergirse en el mundo de la fotografía y el surrealismo. De vuelta a EE. UU., ejerció como fotógrafa profesional, para acto seguido regresar de nuevo a Europa y convertirse en corresponsal de guerra durante la Segunda Guerra Mundial y desvelar la dureza de la realidad bélica al mundo.  Finalmente, se reinventó como cocinera gourmet.

Collection for glamour, model Della Oake. Waterloo Railway Station, 1949. Dailymail.co.uk

En 1927 apareció por primera vez en la portada de Vogue, y en los dos años siguientes se convirtió en la modelo favorita de los grandes fotógrafos de moda. En 1929 viajó a París, donde conoció, entre otras personas, a Pablo Picasso, al matrimonio formado por Max Ernst y Dorothea Tanning o al artista Man Ray, de quien fue alumna, amante y musa. Juntos descubrieron y exploraron la técnica de la solarización, un método fotográfico íntimamente ligado al surrealismo. En 1932, regresó a Nueva York y comenzó su etapa como fotógrafa profesional.

Travel light for Whitsun. 1950. Bagdcontext.myblog.arts.ac.uk

Cuando estalló la Segunda Guerra Mundial, vivía en Londres. Allí se convirtió en fotógrafa oficial de guerra para la revista Vogue, lo que le llevó a documentar momentos clave del conflicto como el Blitz (los bombardeos nazis sobre Londres), la batalla de Saint-Malo (donde fue testigo del primer uso documentado de napalm, lo que le valió el arresto domiciliario), o la liberación de París. En muchas de estas misiones trabajó con el fotoperiodista estadounidense David E. Scherman, corresponsal de la revista Life. Juntos capturararon imágenes de la batalla de Alsacia y los horrores de los campos de concentración de Buchenwald y Dachau en abril de 1945.

Soldados estadounidenses examinan un vagón cargado de prisioneros muertos. Dachau, 1945. Leemiller.co.uk

El 28 de abril de 1945, un día antes de la liberación oficial del campo de Dachau, llegó un tren con 3.000 prisioneros evacuados desde Buchenwald. Cuando los soldados abrieron las puertas, encontraron vagones repletos de cadáveres: cuerpos harapientos, cubiertos de sangre y excrementos. Solo una veintena de personas seguía con vida. El hedor y la visión eran tan insoportables que muchos soldados rompieron a llorar o vomitaron. Pero Miller fue capaz de subir a los vagones y llevar al espectador al corazón del horror a través de su cámara.

Médicos estadounidenses observan a un prisionero muerto dentro del Tren de la Muerte. Dachau,1945. Leemiller.co.uk

Con la perspectiva que da el paso del tiempo, uno de los aspectos más impactantes es descubrir que Miller fotografió el Holocausto sin saber exactamente qué estaba documentando, porque desconocía que los nazis pretendían exterminar al pueblo judío sin dejar rastro. Adormecida por el alcohol, su cámara Rolleiflex captó la crudeza de la Shoah con una veracidad brutal. Lo que propició que, en 1945, sus textos e imágenes se publicaran en un número especial de la edición americana de Vogue titulado Victory, con el imperativo título: BELIEVE IT (Créelo).

Edición americana de la revista Vogue. Junio, 1945. Vogue.com

Miller arrastró traumas desde la infancia: fue violada a los siete años por un amigo de la familia que padecía gonorrea y expulsada de casi todos los colegios. Tras la guerra, sufrió episodios graves de depresión, alcoholismo y estrés postraumático. Apenas se preocupó por promocionar su obra fotográfica y parte de su legado se conoce gracias a su hijo, Anthony Penrose, quien en 1985 publicó la biografía Las vidas de Lee Miller, base de la película Lee Miller, dirigida por Ellen Kuras en 2023 y protagonizada por Kate Winslet.

David E. Scherman. Lee Miller en la bañera de Hitler. Prinzregentenplatz 16, Múnich, 1945. Wikiart.org

De todas las vidas de Lee Miller -modelo, fotógrafa, reportera de guerra y cocinera gourmet- sin duda la más fascinante es la de reportera. Sus extraordinarias fotografías de la Segunda Guerra Mundial, como las tomadas en los trenes del Holocausto, ayudaron a destruir el velo de secretismo con el que los nazis intentaron ocultar la “Solución final a la cuestión judía” y borrar las huellas de sus crímenes.

Deportados muertos al lado de la vía. Dachau, 1945. Leemiller.co.uk