Trainspotting

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La corrección, la decencia y la ingenuidad sufrieron una fuerte sacudida en 1996 con la película Trainspotting, adaptación de la novela de homónimo y ferroviario título que Irvine Welsh había publicado tres años antes. Dirigida por Danny Boyle, es el retrato de cinco jóvenes escoceses descarriados, abocados a la heroína, el trapicheo y a un destino poco halagüeño. Transcurre en las zonas periféricas y deprimidas del Edimburgo de finales de la década de los años 80 y con el tiempo se ha convertido en una de las más celebradas de la cinematografía británica.

El título de la película sorprendió a muchas personas, entre otras razones porque al tratarse de una afición típicamente británica la palabra era desconocida en otras latitudes o porque conociendo su significado no lograban establecer relación con la película.

Trainspotting es un pasatiempo basado en la observación de trenes y la consiguiente recopilación de datos. Como el ámbito ferroviario es muy amplio, un observador de trenes, un “train-spotter”, acostumbra a centrar su interés en la recogida de información sobre un aspecto concreto: número de locomotoras, tipo de trenes, horarios, objetos ferroviarios… Una vez recopilada dicha información lo habitual es compartirla con otros aficionados. Una actividad que requiere paciencia y suele ser vista como aburrida e inútil por los no aficionados. 

Sin embargo, en la película no hay referencias a dicha actividad, de hecho hubo que esperar a su secuela, T2: Trainspotting, para encontrar una, cuando Mark Renton (Ewan McGregor) y Francis Begbie (Robert Carlyle), que están utilizando la estación abandonada de Leith como aseo, se encuentran con un viejo borracho que les pregunta si están practicando dicho hobby.

Tal como ha explicado en alguna ocasión el propio Irvine Welsh, de la misma forma que el trainspotting no tiene sentido para las personas que no lo practican, el consumo de heroína tampoco lo tiene para las personas que no son adictas.

El paralelismo entre la observación de los trenes y la búsqueda de una vena para inyectarse heroína dio como resultado una nada complaciente película sobre un segmento de la población frustrado, marginal y de futuro incierto en las postrimerías de los gobiernos de Margaret Thatcher. Algo que queda patente en las últimas líneas del famoso monólogo inicial de Mark Renton. Al ritmo de “Lust for Life”, de Iggy Pop, cantante que como Lou Reed -también presente en la banda sonora con “Perfect Day”-, representa lo que es caminar por el lado salvaje de la vida, oímos:

Elige tu futuro.

Elige la vida.

¿Pero por qué iba yo a querer hacer algo así?

Yo elegí no vivir la vida.

Yo elegí otra cosa.

¿Y las razones?

No hay razones.

¿Quién necesita razones cuando tienes heroína?

Y Danny Boyle lo hace sin concesiones, porque vemos los gozos de los chutes de heroína (los colocones), las sombras (los monos, los efectos de las sobredosis y los delitos para pagarse la adición), y las consecuencias (el sida y la muerte), de un segmento de la Generación X, las personas nacidas entre 1965 y 1980.   

FICHA TÉCNICA:

  • Título: Trainspotting
  • Director: Danny Boyle 
  • Guión: John Hodge
  • Música: Damon Albarn
  • Fotografía: Brian Tufano
  • Reparto: Ewan McGregor, Robert Carlyle, Peter Mullan, Ewen Bremmer, Jonny Lee Miller, Kevin McKidd, Kelly Macdonald, James Cosmo
  • País: Reino Unido   
  • Año: 1996
  • Duración: 93 minutos  
  • Género: comedia dramática

Rock alternativo ferroviario, heterogeneidad estilística

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Hablar de rock alternativo es hablar de cualquier estilo de rock que se aleje de la música más comercial y que no necesariamente aspire a alcanzar al gran público, por preferir la libertad creativa a plegarse a las exigencias mercantilistas. Su origen se remonta a mediados de los años 80 del siglo pasado, cuando numerosos artistas fichaban por sellos independientes o incluso, tras el triunfo de Nirvana, por grandes sellos, pero sin perder su personalidad, y que han dado forma a un estilo netamente anglosajón que destaca por su heterogeneidad. Música en la que diversos elementos del ferrocarril son el eje sobre el que gravitan diversas composiciones emblemáticas y de gran repercusión social en algunos casos.

Paradigma de la transcendencia social es Runaway Train (Tren fuera de control), una bella balada acústica sobre la depresión incluida en el disco “Grave Dancers Union”, con el que la banda norteamericana Soul Asylum logró un gran éxito comercial y artístico en 1992. A su repercusión contribuyó un videoclip en el que se veían imágenes de niños desaparecidos de cuya gestión se estaba encargando el National Center for Missing and Exploited Children, porque fue todo un aldabonazo para muchas conciencias. Gracias al videoclip, 21 niños volvieron a casa, hecho que ayudó a que experiencias similares se llevaran a cabo en otros países.

Compatriota de Soul Asylum es R.E.M., que gozó del favor del público y la crítica desde el primer disco, además de ser la primera banda de rock alternativo en alcanzar el éxito comercial. En 1984 editaba “Reckoning”, su segundo álbum que incluye Driver 8, una canción que transmite la sensación de un tren en marcha. Versa sobre un maquinista que trabaja demasiado y debe tomarse un descanso, porque lleva muchas horas de turno y el destino está todavía demasiado lejos, lo cual puede ser entendido como una invitación a vivir con más sosiego.

La sensación de un tren en marcha es también apreciable en Zoo Station, composición de otra banda que siendo alternativa ha acabado llenando grandes aforos, como es el caso de la irlandesa U2, que en 1991 publicaba su disco más alternativo, industrial y bailable, “Atchung Baby”. Dicha canción toma su nombre de la Bahnhof Berlin Zoologischer Garten (Estación del Jardín Zoológico de Berlín), en la que, entre otras, opera la línea U2. En ella nos habla de los cambios, por lo que no parece casual que la estación elegida sea de una de las ciudades que más intensamente los ha vivido durante el siglo XX.

Abandonamos Dublín para acercarnos a Manchester, porque de ahí procede The Smiths, otra banda señera del rock alternativo. Liderada por su carismático cantante Morrisey, un defensor a ultranza de los animales hasta el extremo de que el segundo álbum de la banda respondía al título de “Meat Is Murder” (La carne es muerte). En 1988 lanzaba al mercado el disco en directo “Rank”, en el que destaca el instrumental Draize Train, título que evoca al test de productos destinados al consumo humano que son probados en los ojos o piel de los conejos.  

Más hedonista es la propuesta de la banda escocesa Primal Scream, que en 1997 vivía un momento dulce. Su fusión de techno, música de baile y rock gozaba de gran aceptación, hasta el extremo de ser la autora del tema central de la banda sonora de la película Trainspotting, título de claras reminiscencias ferroviarias. Las mismas que se aprecian en Last Train, un dub instrumental perfecto para ambientar cócteles.

Gracias a su calidad, creatividad y sobre todo al éxito del disco de Nirvana “Nevermind”, el rock alternativo se ha ido haciendo un hueco en el mercado, hecho que alcanza a nuestros días. Un estilo muy heterogéneo, con numerosos ejemplos de composiciones de inspiración ferroviaria, en el que muchos artistas han encontrado su sitio para que sin claudicar a las exigencias del mercado poder ser fieles a sus principios musicales.  

Before Sunrise (Antes del amanecer)

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Si revisamos la historia del cine será difícil encontrar una trilogía tan original, romántica e inteligente como la que forman Antes del amanecer, Antes del atardecer y Antes del anochecer. Una trilogía que el director Richard Linklater y sus dos actores principales, Ethan Hawke (Jesse) y Julie Delpy (Céline), escribieron y rodaron cada 9 años, por lo que reparto  y espectadores envejecimos al unísono, a la vez que descubrimos en qué punto se encontraban sus vidas y relación. Y como en otras muchas historias románticas el tren fue la “celestina” que unió a la pareja protagonista, tal vez porque durante los viajes existe cierta propensión a abrirse a los demás y la libido no siempre permanece impasible.

Jesse es un norteamericano que viaja a Madrid para ver a su novia, pero en la capital de España descubre que la relación ha llegado a su fin. En dicha tesitura decide regresar a Estados Unidos vía Viena, razón por la que compra un Eurail Pass (pase ferroviario que permite viajar por redes europeas a no residentes), de manera que pueda conocer un poco de Europa antes de cruzar el Atlántico. Y es precisamente en un viaje entre Budapest y Viena donde coincide con Céline, una universitaria que regresa a París tras visitar a su abuela en Budapest. Tras una animada charla, Jesse propone a Céline bajarse en Viena y pasar la noche juntos, porque tal vez dentro de veinte años no sea feliz en su matrimonio y se pregunte cómo habría sido su vida si hubiese elegido a otro hombre.

Entre monólogos y conversaciones informales sobre el amor, la vida, la muerte, la religión y observaciones sobre Viena, se conocen y aman, caminan y visitan algunos de los lugares más emblemáticos de la ciudad, sin que el interés decaiga en ningún momento. Así, por ejemplo, descubriremos que Jesse es un romántico que no viajó a Viena para tomar un vuelo económico, sino porque quería escapar de su vida. También que Céline había decidido bajar del tren con Jesse antes de que se lo pidiera y que su último novio consideraba que lo amaba demasiado. A la mañana siguiente, se despiden en la estación con la promesa de volver a verse dentro de 6 meses en el mismo lugar, pero sin facilitarse los datos de contacto.

En 2004, llegó “Antes del atardecer” (Before Sunset). Jesse está en París presentando “This Time”, el libro basado en la noche romántica y mágica que vivió con Céline en Viena. La presentación tiene lugar en la icónica librería Shakespeare and Company, entre cuyo público se encuentra Céline. Y aunque Jesse dispone de poco tiempo, porque debe tomar el avión de vuelta a los EE. UU., decide dar un paseo con ella hasta su casa.  Y en 2013, “Antes del anochecer” (Before Midnight). Jesse y Céline son ahora pareja, están en Grecia con sus dos hijas gemelas y acaban de despedir en el aeropuerto al hijo de Jesse, fruto de una relación anterior. Son unas vacaciones de reflexiones, desencuentros y lucha por mantener el amor.

Basada en una experiencia personal del propio Richard Linklater, quien en 1989 conoció a una mujer en una juguetería de Filadelfia con la que pasó la noche paseando y hablando por la ciudad, “Antes del amanecer” se alzó con el Oso de Plata al mejor director en el Festival de Cine de Berlín en su edición de 1995. Una historia que comienza con un encuentro en un tren y termina con una despedida en una estación, sobre la que no pasa el tiempo gracias a su brillante dirección, sus inteligentes reflexiones sobre el amor y la absoluta naturalidad de los actores protagonistas, lo cual explica que el periódico The Guardian la considere una de las 25 mejores películas románticas de todos los tiempos.

FICHA TÉCNICA:

  • Título: Before Sunrise (Antes del amanecer)
  • Director: Richard Linklater  
  • Guión: Richard Linklater y Kim Krizan
  • Música: Fred Frith
  • Fotografía: Lee Daniel
  • Reparto: Ethan Hawke, Julie Delpy,
  • País: Estados Unidos   
  • Año: 1995
  • Duración: 101 minutos  
  • Género: Drama romántico

Bob Seger, el rugido ferroviario de Detroit

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Bob Seger, uno de los más grandes artistas que ha dado el panorama musical norteamericano, fue un artista precoz. Con 17 años actuaba en Detroit ante 50.000 personas, muchas de las cuales, como trabajadoras de una ciudad que con el tiempo se convertiría en uno de los epicentros del “Rust Belt” (Cinturón del óxido), protagonizarían sus canciones; sin embargo, hubo de esperar a los 30 y hasta su octavo álbum para dejar de ser un “beautiful loser”. Cantante, compositor, pianista y guitarrista, brilla con intensidad en los temas más rockeros (Hollywood Nights, Old Time Rock and Roll) y deslumbra con sus introspectivas baladas (Still the Same, We´ve Got Tonight).

En 1968, al frente de la banda The Last Heard, ficha por el sello Capitol, que los renombra como The Bob Seger System, y publica el disco “Ramblin’ Gamblin’ Man”, el cual incluye la canción Train Man, una sui generis historia de amor entre una maestra y un ferroviario. Tres años después graba el acústico “Brand New Morning”, en el que descuella Railroad Days, una oda al pasado, simbolizado por los ferrocarriles de antaño, en la que sobrevuela el miedo a la obsolescencia.

El fracaso comercial de “Brand New Morning” le obliga a imprimir un cambio en su carrera y en 1972 lanza “Smokin’ O.P.’s” un disco cuyo título que juega muy acertadamente con la expresión “to smoke other people’s cigarettes”, es decir, fumar cigarrillos ajenos y no comprarlos, porque se trata de un álbum casi exclusivamente de versiones, como la que realiza de Let It Rock de Chuck Berry. En ella nos refiere una historia que transcurre en Mobile, Alabama. Preocupado por la integridad física de sus trabajadores que están alojados en las tiendas de campaña, a punto de salir a divertirse después de haber cobrado, el capataz les advierte que un tren especial está a dos millas.

Para su octavo álbum forma The Silver Bullet Band, con la que durante veinte años grabará una decena de sus discos más representativos, y su carrera experimentará un cambio radical. Comercialmente alcanza la cumbre con el disco “Against the Wind”, su primer número 1 en ventas, en el que encontramos Long Twin Silver Line, el orgulloso viaje de un tren de mercancías que se dirige a California.

Por sorprendente que pueda parecer, hasta 1994 no lanza su primer “Greatest Hits”, uno de los más exitosos de la historia, en el cual podemos verlo con su guitarra en mitad de la vía. La iconografía ferroviaria se repite de nuevo en el recopilatorio “Ultimate Hits: Rock and Roll Never Forgets”, publicado en 2011, en el que aparece sentado sobre el capó de su coche que está junto a las vías del tren y con la señal “Crossing Railroad” al fondo. El primer single es Downtown Train, del poeta y cronista urbano de la Gran Manzana Tom Waits. En dicha canción el protagonista fantasea con una de esas chicas de Brooklyn que llenan los trenes cada noche, mientras se esfuerzan por salir de su estrecho mundo, y con las que nunca podrá codearse.

Imagen: discogs.com

Su gran amistad con el guitarrista y cantante de los Eagles Glenn Frey, fallecido en 2016, que había propiciado colaboraciones recíprocas, como la participación de tres miembros de los Eagles en el disco “Against the Wind” o la coescritura del número 1 de los Eagles “Heartache Tonight”, le llevará a incluir en el disco “I Knew You When” una canción en su honor. El disco también nos ofrece Runaway Train, una composición en la que un tren fuera de control es la metáfora para expresar las inseguridades sobre el presente y futuro de una humanidad engatusada por la vanidad y olvidadiza de los valores.  

En sus 60 años de carrera la querencia de Bob Seger por el ferrocarril es apreciable tanto en las portadas de sus discos como en sus canciones. Un artista que conjuntamente con Bruce Springsteen y Tom Petty es uno de los más destacados representantes del “heartland rock”, el estilo que refleja la vida de la clase trabajadora estadounidense y que, en el periodo comprendido entre 1975 y 1995, le proporcionó una colección de discos de platino difícil de igualar.

Carrilanos, los túneles de un tiempo

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La construcción de los 140 kilómetros de vía que unen Puebla de Sanabria con Ourense ha pasado a la historia del ferrocarril español como una de las más trágicas. Representó la conexión definitiva entre Madrid y Vigo, y aunque en un principio estaba previsto que las obras duraran 5 años, las dificultades orográficas y las vicisitudes políticas las alargaron desde 1927 hasta 1957, entre otras razones porque un tercio del recorrido es soterrado y atraviesa la parte sur del Macizo Central orensano. Incluidos niños de 12 y 13 años que trabajaban como pinches, contó con la participación de unos 15.000 carrilanos, de los cuales un porcentaje considerable perdió la vida.

A partir de este hecho histórico, Rafael Cid realizó en 2003 un documental en vídeo digital, en la misma línea que la novela Los túneles del paraíso en la que Luciano G. Egido 6 años después reflejaría la construcción de los 19 kilómetros que conectan La Fregeneda (Salamanca) y Barca de Alba (Portugal). De la mano de una voz en off y con el testimonio de supervivientes, documentos históricos, filmaciones de la época, reconstrucciones…, conocemos cómo trabajaban, vivían y las enfermedades que padecieron los carrilanos, así como la influencia de los diferentes regímenes políticos vigentes durante las obras.

En una época en la que no había maquinaría, en el que casi todo el trabajo era de mano de obra y los equipos de protección personal eran impensables, los accidentes laborales eran una tragedia continua. Destacan por su gravedad y magnitud los ocurridos en el túnel de Padornelo, en el que perdieron la vida más de 4.000 personas durante los 25 años que fueron necesarios para la construcción de sus 6 kilómetros de longitud.   

A las terribles consecuencias de los accidentes, hubo que añadir las enfermedades, especialmente la conocida como “el mal de la vía”, que no era otra que la silicosis. Una enfermedad que padecieron especialmente los barrenadores, que ganaban más, pero que en cambio eran las personas más expuestas a los perniciosos efectos del polvo en los bronquios. Uno de los casos más dramáticos fue el de la localidad zamorana de Requejo de Sanabria, donde murieron 60 hombres y acabó siendo conocida como Requejo de las Viudas. Posteriormente, y con el fin de que sus familiares directos recibieran una pensión, algunas de las personas fallecidas del mal antedicho fueron desenterradas para que les practicaran la autopsia.

Mención especial merece el análisis de las diferentes etapas políticas y su repercusión en la construcción de la línea. Así, durante la dictadura de Primo de Rivera las obras cobraron gran impulso; sin embargo, tras la gran depresión económica de 1929 y la proclamación de la Segunda República, Indalecio Prieto no las consideró prioritarias. Su decisión originó intensas demandas sindicales y que grupos descontrolados irrumpieran en el campamento zamorano de Santa Bárbara, que llegó a albergar a 1.500 personas, y en la localidad orensana de Vilar de Barrio, lo que provocó una expresión que la gente decía con miedo: “que vienen los de la vía”. Durante la dictadura franquista la situación cambió radicalmente, se acabaron los conflictos, en el primer Consejo de Guerra celebrado en Ourense un carrilano fue condenado a muerte y siete a cadena perpetua, y llegaron muchos republicanos condenados a trabajos forzosos.  

Con “Carrilanos, los túneles de un tiempo” Rafael Cid rinde un sentido homenaje a todas las personas que participaron en la construcción de una línea que inicialmente se veía innecesaria, porque atravesaba comarcas despobladas y pobres, y nos proporciona un valioso documento para comprender en qué circunstancias y con qué alto coste humano se construyó el tramo más difícil de la red ferroviaria española de ancho convencional. Una línea que, con la llegada del AVE a Galicia, todo indica que tendrá un uso residual.

FICHA TÉCNICA:

  • Título: Carrilanos, los túneles de un tiempo
  • Director: Rafael Cid
  • Guion: Rafael Cid
  • Realizador: Alberto Lema
  • Música: Carlos Rodríguez
  • País: España
  • Año: 2003
  • Duración: 57 minutos 36 segundos
  • Género: Documental

Harriet: en busca de la libertad

Imagen: filmaffinity.com

Harriet Tubman ha pasado a la historia como una de las grandes heroínas de los Estados Unidos por su labor como liberadora de esclavos durante su etapa de “revisora” en El Ferrocarril Subterráneo; por su papel de exploradora, enfermera y espía durante la Guerra de Secesión; y por su actividad como defensora de los derechos de las mujeres y del voto femenino.

Tomando como referencia su actividad como “revisora”, en la que en 13 misiones de rescate liberó a 70 esclavos, la directora Kasi Lemmons estrenó en 2019 “Harriet: en busca de la libertad”, por la que Cynthia Erivo fue nominada al Oscar a la Mejor Actriz.

La película se centra básicamente en los 8 años que perteneció al Ferrocarril Subterráneo, es decir, a la red clandestina que ayudó a huir a unos 100.000 esclavos en los EE. UU. y funcionó hasta la Guerra de Secesión (1861-1865). Considerada el primer movimiento de activistas contra la esclavitud y por los derechos humanos, utilizaba términos ferroviarios, así los “revisores” y “maquinistas” eran las personas que ayudaban o guiaban a los esclavos; las “estaciones” eran los lugares francos donde se podían esconder durante el día; los “pasajeros” eran los propios esclavos; los “carriles”, las rutas de escape… Contó también con la colaboración de abolicionistas blancos que, poniendo en riesgo sus vidas, actuaron al margen de la ley y prestaron su ayuda a los negros para alcanzar los Estados del Norte o Canadá.

En 1849 Harriet era una esclava de unos 28 años que vía en Dorchester (Maryland), y estaba a punto de ser vendida. Un año después, con la conciencia de que la vida sólo le ofrecía dos alternativas, libertad o muerte, huye a Filadelfia (Pensilvania), andando alrededor de 160 kilómetros guiada por la Estrella Polar. Desde los 13 años, y como consecuencia de una rotura de cráneo, sufría visiones y desmayos, que ella siempre entendió como mensajes divinos, los cuales fueron decisivos para liberar a otras personas. Su ingenio, coraje y los resultados de sus rescates eran tales que se llegaron a ofrecer hasta 40.000 dólares por su captura. Por dicho rol fue conocida como la Moisés de su pueblo, rol que se vería reforzado en la Guerra de Secesión, en la que liberó a 700 esclavos más.

Rodada como una hagiografía, “Harriet: en busca de la libertad” nos presenta a una luchadora por la libertad y los derechos civiles con una misión -ayudar a huir al mayor número de personas posible-, y una visión -acabar con la esclavitud-, muy claras, cuyo liderazgo fue fundamental para que cientos de personas consiguieran ser libres. El hecho de que fuera analfabeta, careciese casi de medios o la promulgación en 1850 de la Ley de Esclavos Fugitivos, que aumentó las penas contra los esclavos y las personas que les ayudaban, no amilanaron su determinación. Tal como manifestó con orgullo en una convención sufragista celebrada en 1896: “fui revisora del Ferrocarril Subterráneo durante 8 años y puedo decir lo que la mayoría de los revisores no pueden, mi tren nunca descarriló y nunca perdí a un pasajero”.

FICHA TÉCNICA:

  • Título: Harriet
  • Directora: Kasi Lemmons 
  • Guión: Gregory Allen Howard y Kasi Lemmons
  • Música: Terence Blanchard
  • Fotografía: John Toll
  • Reparto: Cynthia Eviro, Leslie Odom Jr., Joe Alwyn, Janelle Monáe, Jennifer Nettles, Vanessa Bell Calloway
  • País: Estados Unidos   
  • Año: 2019
  • Duración: 125 minutos  
  • Género: película biográfica

La mirada ferroviaria de Paul Delvaux

Soledad. 1956. WikiArt.org

Cuando era un niño, el pintor belga Paul Delvaux (Antheit, 1897 – Veurne, 1994), vio los primeros tranvías eléctricos en Bruselas y le parecieron tan maravillosos que desde entonces el ferrocarril, conjuntamente con las mujeres, la arquitectura greco-romana y los esqueletos, fueron un motivo recurrente a lo largo de su obra, en la cual desarrolló un universo propio, entre el sueño y la realidad, calificado como realismo mágico.

Tranvía nocturno (or Champs Perdu). 1950. ar.Pinterest.com

Considerado un artista surrealista, aunque nunca lo fue de manera oficial, compartió con dicho movimiento su interés por los viajes al fondo de la mente, las atmósferas misteriosas y el resurgimiento de la idea poética en el arte. Sin embargo, sus inicios fueron impresionistas. El cuadro La estación de Luxemburgo, en tonos marrones, grises y oxidados, con toques blancos, en el que vemos la actividad de la terminal, es un ejemplo representativo de dicha época.

Estación de Luxemburgo. 1922. WahooArt.com

Hacia 1935 su obra experimentará un cambio radical. Alrededor de 1926-1927 conoce al pintor metafísico Giorgio de Chirico, con quien compartirá su interés por los espacios vacíos, intrigantes y angustiosos; a principios de los años 30 visita el Museo Spitzner de Anatomía e Higiene, donde ve “La venus dormida”, una figura de cera que será el origen de muchas mujeres desnudas que aparecen en sus cuadros; y en 1934 participa en la exposición Minotauro de Bruselas, entre otros, con René Magritte, de quien tomará su mundo onírico, la inexpresividad y las yuxtaposiciones más sorprendentes.

Si “La venus dormida” fue determinante en la representación de la mujer, su relación con ellas no lo fue menos. Obligado a casarse en 1937 con Suzanne Purnal, una mujer a la que no amaba, el matrimonio fue un fracaso anunciado. En 1947 se reencontró con el amor de su vida, Anne Marie Martelaere, a la que había conocido en 1920. No obstante, la frustración amorosa de su juventud fue una inspiración constante que le llevó a colocar a las mujeres en un pedestal. Sus mujeres son jóvenes, hieráticas, ensimismadas, ubicadas en ambientes sin vinculación aparente con la escena, como en La edad de hierro.  

La edad de hierro. 1951. elasombrario.com

El mundo onírico y el natural se mezclan de nuevo en Las sombras y dan lugar a algo en lo que parece que no existe el tiempo y la realidad. Todo es quietud y silencio: una mujer absorta en su pensamiento mira fijamente el suelo; un tren está detenido en una vía que comienza su recorrido en el mar. La escena transcurre en los inicios de la hora azul, en la cual el color del cielo se oscurece antes de anochecer.

Las sombras. 1965. WikiArt.org

Lector empedernido de Homero y Julio Verne, escritores “viajeros” por antonomasia, utiliza las estaciones y los trenes como elementos que despiertan la imaginación y sugieren un viaje a lo desconocido. Para garantizar la fidelidad de sus representaciones, algo apreciable en La Estación Forestière, en su estudio tenía maquetas de trenes y tranvías. Dicho óleo es uno de los más famosos de los años 60, ejemplo de sus  atmósferas misteriosas, en la que dos niñas completamente estáticas y en actitud contemplativa observan la actividad ferroviaria.

Estación Forestière. 1960. WikiArt.org

El mismo clima, la misma atmósfera se respira en El viaducto. Todo está paralizado, no hay señales de vida, las calles están vacías y, como en muchos otros cuadros, hay una lámpara encendida, en esta ocasión bajo la marquesina, así como un sorprendente espejo en la acera. Al fondo un tren cruza un viaducto. Un cuadro que semeja una escena teatral, en el que todo es real, pero el conjunto no lo parece.

El viaducto. 1963. museothyssen.org

Paul Delvaux, cuya obra hunde sus raíces en la memoria, el recuerdo y la infancia, vio recompensado su amor por el ferrocarril con su nombramiento como  jefe de estación de honor de la estación de Louvain-La-Neuve en 1984.

Imagen: ardenneweb.eu

La mirada ferroviaria de Hans Baluschek

Autorretrato. 1918. Wikipedia.org

Hans Baluschek (Breslau, 1870 – Berlín, 1935), fue miembro fundador del movimiento Secesión de Berlín -considerado parte del Modernismo-, relevante pintor del realismo crítico alemán y militante del Partido Socialdemócrata. Con un lenguaje sencillo, que en ocasiones puede parecer ingenuo, dedicó gran atención a los asuntos sociales y laborales de la clase obrera berlinesa, los cuales presentaba desde una perspectiva de denuncia y con un aire de melancolía. Hijo de ferroviario, desde su infancia sintió gran fascinación por el ferrocarril, el cual sería un motivo recurrente a lo largo de toda su carrera desde una triple perspectiva: como medio de transporte público, como dinamizador de la actividad industrial y como transporte estratégico durante la I Guerra Mundial.     

Tren expreso. 1909. Wikipedia.org

En sus obras se palpa la humildad, la pobreza y el contraste entre una sociedad anclada en el pasado deslumbrante del Imperio alemán y el vertiginoso desarrollo consecuencia de la acelerada industrialización del país. Dicha industrialización provocó que muchas personas trabajaran en penosas condiciones y deviniesen en víctimas inocentes, algo apreciable en el cuadro Los emigrantes, en el cual una familia, en la que solo se atisba preocupación por un futuro que se intuye difícil, espera en el andén de una localidad donde diferentes fábricas producen a todo ritmo. 

Los emigrantes. 1924. Arthur.io

Su interés por retratar la vida común sin artificios es igualmente tangible en A la mina. En primer plano, vemos un tren, elemento clave para la producción industrial, y, un poco más alejado, un numeroso grupo de personas que se dirige casi de noche al trabajo en un entorno helado, al objeto de extraer un mineral que luego alimentará unas fábricas cuyas chimeneas son indicadoras de su frenética actividad.

A la mina. 1914. Espina-roja.blogspot.com

Si las condiciones de trabajo de las personas menos cualificadas distaban mucho de ser idílicas, las sociales de los lugares donde vivían tampoco lo eran. De ello nos ofreció abundantes ejemplos, siendo Über Dächern una de las obras más conocidas. Observamos cómo las vías férreas, además de dividir bloques de apartamentos en las afueras de Berlín, se ubican por encima de ellos, con todos los problemas de ruidos, vibraciones y seguridad fácilmente imaginables.

Úber Dächern. 1934. Karlundfaber.de

Además de ser un elemento básico para la industria, el ferrocarril también lo era como medio de transporte de la ciudadanía en general y de la clase trabajadora en particular, como da fe el cuadro En la estación. En un abarrotado andén, percibimos un tren de llegada y otro de salida, así como una muy detallada representación de la marquesina y varios apuntes de la señalética de la terminal, lo cual proporciona gran verismo a la obra.

En la estación.1929 commons.wikimedia.org

Para un artista con tanta sensibilidad social, la Primera Guerra Mundial no podía pasar desapercibida. Contó inicialmente con su fervor patriótico, de hecho se ofreció voluntario con 40 años, pero su desenlace le afectó mucho, lo que le llevó a distanciarse del régimen político que imperó en Alemania entre 1918 y 1933, es decir, la República de Weimar. Del periodo de la contienda nos legó numerosos cuadros del campo de batalla y de entornos civiles, un ejemplo de estos últimos es Invierno de guerra.

Invierno de guerra. 1917. Wikipedia.org

Aunque sus ilustraciones para el popular libro infantil “Viaje a la luna de Pedro” (Peterchens Mondfahrt), hicieron de Baluschek un pintor muy conocido, con la llegada de los nazis al poder en 1933 fue declarado “artista marxista” y su obra “arte degenerado”, por lo que fue despojado de todos sus cargos y despedido de todos sus puestos, además de prohibírsele exponer. Falleció dos años después y hasta el último momento siguió demostrado su interés por el ferrocarril y la clase trabajadora berlinesa, tal como advertimos en Acerías de Berlín, pintado el año de su muerte.

Acerías de Berlín. 1935. Arteyferrocarril.blogspot.com

Jazz ferroviario, ritmo y significado (III/III)

Imagen: youtube.com

En un género dominado por los hombres, un grupo de artistas, que en algunos casos vivieron auténticas tragedias y sufrieron una doble discriminación en su condición de mujeres y negras, lograron alcanzar fama y reconocimiento, además de ser un referente para futuras generaciones.

Sobre discriminación habría podido decir mucho Bessie Smith, porque todavía no se sabe con certeza si murió desangrada a las puertas de un hospital en el que no fue admitida por el color de su piel. Considerada la cantante de blues más grande de todos los tiempos y la primera gran dama del jazz, destacaba por su entrega absoluta y relatar sus intensas experiencias en las canciones. A finales de los años 20 nos brindó Dixie Flyer Blues, una composición que toma su título del tren de lujo que circuló desde Chicago a Florida entre 1892 y 1965, en la que nos refiere la historia de una mujer que se dirige a Dixieland, es decir, a los estados sureños de los EE. UU.

No cabe duda de que la vida de Bessie Smith fue muy trágica, pero la de Billie Holiday no lo fue menos. Sufrió una infancia violenta, ejerció la prostitución, estuvo en prisión, consumió drogas, vivió en primera persona la discriminación racial y dejó para la historia uno de los mayores alegatos antirracistas: “Strange Fruit”. En 1954, cinco años antes de su muerte por cirrosis hepática y con una voz en la que se aprecian los efectos del alcohol, recreó I Thought about You, un tema compuesto por Johnny Mercer en el que describe las cosas que observó durante un viaje en un tren nocturno a Chicago, todas la cuales le remitían a la persona amada.

Hija de un maquinista, Ella Fitzgerald está considerada una de las tres voces femeninas más influyentes del jazz, conjuntamente con Billie Holiday y Sarah Vaugan. También la mejor intérprete femenina del cancionero estadounidense, el famoso “The Great American Songbook”, en la que no puede faltar These Foolish Things, una de las composiciones más románticas de la historia, en la que nos enumera todas las cosas que le recuerdan a un amor perdido, como “el suspiro de los trenes de medianoche / en estaciones vacías”.

Al igual que Ella Fitzgerald y Frank Sinatra, la cantante, compositora y actriz Peggy Lee inició su carrera como vocalista de una big band, para más tarde alcanzar el estrellato como solista. Su preciosismo vocal le permitía enfrentarse a cualquier canción. En 1945, grabó una de sus canciones más representativas con el sello Capitol, Waiting for the Train to Come In, en la que nos narra la espera del novio militar que está en el frente.  

Y si Peggy Lee nos trasladaba a la II Guerra Mundial, Cassandra Wilson nos acerca a la Guerra de Vietnam con su versión del tema de los Monkees Last Train to Clarksville, en la que un hombre le pide a su chica que acuda urgentemente a la estación, porque debe partir para el país asiático. Considerada una de las cantantes más versátiles del jazz contemporáneo, admiradora rendida de Billie Holliday, a quien dedicó en 2015 el disco “Coming Forth by Day”, destaca tanto por sus personalísimas versiones de los estándares del jazz como por sus reinvenciones de composiciones folk, country o rock.

El mundo del jazz no se puede entender sin las aportaciones de todas estas artistas atemporales, combativas, talentosas, que algún momento de su carrera incorporaron a su repertorio canciones articuladas alrededor del ferrocarril, cuyo legado es inconmensurable y objeto de sesudos análisis, que transcienden a lo musical.  

Jazz ferroviario, ritmo y significado (II/III)

Imagen: discogs.com

En la primera mitad del siglo XX, el ferrocarril fue uno de los medios de transporte favoritos de los músicos de jazz durante sus giras por Estados Unidos, por lo que parece plausible pensar que los sonidos de locomotoras, vagones y silbatos influyeran en muchas de sus composiciones, porque además resultaban ideales para el lucimiento de las secciones de metal de las grandes orquestas.

Ecos de esa influencia los encontramos en el conocidísimo swing Take The ‘A’ Train, una de las cien mejores composiciones americanas de todos los tiempos y pieza básica en el repertorio de la big band de Duke Ellington, posiblemente el compositor jazzístico más influyente, elegante y refinado. Escrita por Billy Strayhorn en 1939, su título tiene su origen en las instrucciones que le dio el propio Ellington para que, tras su viaje desde Pittsburg, llegase a su casa en Harlem: “Primero, tome el Tren A”.

Junto con Duke Ellington, el pianista Count Basie es el otro gran líder de las grandes bandas de jazz de los años 30 y 40. Nos legó su memorable versión del estándar 9:20 Special, composición que fue registrada tras una noche en tren desde Chicago y cuyo título incluye, como su famoso “One O’Clock Jump”, una referencia a la hora en que terminó la grabación. Se trata de un instrumental que evoca a un tren de viajeros que atraviesa la noche a toda velocidad, en la cual los instrumentos de viento representan los silbatos, válvulas y pistones de una locomotora de vapor y los instrumentos de percusión el traqueteo de los coches.

Aunque su gran talento para la composición y la improvisación son indiscutibles, el pianista Thelonious Monk no resulta tan accesible para el público medio como Duke Ellington o Count Basie, seguramente por la inflexibilidad de sus principios y por su inclinación hacia la armonía compleja. No obstante, su importancia es manifiesta, porque está considerado el fundador del estilo bebop y es el autor, entre otros, de estándares como “Round Midnight”, uno de los más versionados de la historia del jazz. En 1954, publicaba “Blue Monk Vol 2” que incluye el nostálgico Locomotive, el cual reproduce rítmica y melódicamente el movimiento de las locomotoras.  

Inspirándose en parte en las enseñanzas de Thelonious Monk, el musculoso saxo tenor John Coltrane editaba en 1957 su segundo disco como líder, Blue Train, considerado uno de los grandes clásicos del hard bop. El disco se abre con el vibrante y conmovedor blues de homónimo título, que juega con dos conceptos muy queridos por la música estadounidense, el tren y la tristeza del blues. Sin embargo, en este caso, al ser su primer disco para Blue Note, también pudiera ser un homenaje al mencionado sello discográfico, que toma su nombre de la nota azul, la misma que distingue el jazz de otras músicas.

Aunque en general el jazz exige una escucha activa, pianistas como el canadiense Oscar Peterson son capaces de llegar a personas de toda condición sin que su virtuosismo sea una barrera. De ascendencia ferroviaria, en 1962 grabó en formato trío Night Train, una composición que acabó dando nombre al disco que lo contenía, uno de los más exitosos de su muy prolífica carrera, hasta el extremo que su compatriota Diana Krall afirma que es la grabación que despertó su ambición de ser pianista.

Los sonidos, símbolos y metáforas del tren son omnipresentes en la música estadounidense, especialmente en el jazz, un estilo en el que priman la libertad y la improvisación, y al que los trenes han aportado su énfasis percusivo definitivo, según el crítico musical Albert Murray.