Jazz ferroviario, ritmo y significado (II/III)

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En la primera mitad del siglo XX, el ferrocarril fue uno de los medios de transporte favoritos de los músicos de jazz durante sus giras por Estados Unidos, por lo que parece plausible pensar que los sonidos de locomotoras, vagones y silbatos influyeran en muchas de sus composiciones, porque además resultaban ideales para el lucimiento de las secciones de metal de las grandes orquestas.

Ecos de esa influencia los encontramos en el conocidísimo swing Take The ‘A’ Train, una de las cien mejores composiciones americanas de todos los tiempos y pieza básica en el repertorio de la big band de Duke Ellington, posiblemente el compositor jazzístico más influyente, elegante y refinado. Escrita por Billy Strayhorn en 1939, su título tiene su origen en las instrucciones que le dio el propio Ellington para que, tras su viaje desde Pittsburg, llegase a su casa en Harlem: “Primero, tome el Tren A”.

Junto con Duke Ellington, el pianista Count Basie es el otro gran líder de las grandes bandas de jazz de los años 30 y 40. Nos legó su memorable versión del estándar 9:20 Special, composición que fue registrada tras una noche en tren desde Chicago y cuyo título incluye, como su famoso “One O’Clock Jump”, una referencia a la hora en que terminó la grabación. Se trata de un instrumental que evoca a un tren de viajeros que atraviesa la noche a toda velocidad, en la cual los instrumentos de viento representan los silbatos, válvulas y pistones de una locomotora de vapor y los instrumentos de percusión el traqueteo de los coches.

Aunque su gran talento para la composición y la improvisación son indiscutibles, el pianista Thelonious Monk no resulta tan accesible para el público medio como Duke Ellington o Count Basie, seguramente por la inflexibilidad de sus principios y por su inclinación hacia la armonía compleja. No obstante, su importancia es manifiesta, porque está considerado el fundador del estilo bebop y es el autor, entre otros, de estándares como “Round Midnight”, uno de los más versionados de la historia del jazz. En 1954, publicaba “Blue Monk Vol 2” que incluye el nostálgico Locomotive, el cual reproduce rítmica y melódicamente el movimiento de las locomotoras.  

Inspirándose en parte en las enseñanzas de Thelonious Monk, el musculoso saxo tenor John Coltrane editaba en 1957 su segundo disco como líder, Blue Train, considerado uno de los grandes clásicos del hard bop. El disco se abre con el vibrante y conmovedor blues de homónimo título, que juega con dos conceptos muy queridos por la música estadounidense, el tren y la tristeza del blues. Sin embargo, en este caso, al ser su primer disco para Blue Note, también pudiera ser un homenaje al mencionado sello discográfico, que toma su nombre de la nota azul, la misma que distingue el jazz de otras músicas.

Aunque en general el jazz exige una escucha activa, pianistas como el canadiense Oscar Peterson son capaces de llegar a personas de toda condición sin que su virtuosismo sea una barrera. De ascendencia ferroviaria, en 1962 grabó en formato trío Night Train, una composición que acabó dando nombre al disco que lo contenía, uno de los más exitosos de su muy prolífica carrera, hasta el extremo que su compatriota Diana Krall afirma que es la grabación que despertó su ambición de ser pianista.

Los sonidos, símbolos y metáforas del tren son omnipresentes en la música estadounidense, especialmente en el jazz, un estilo en el que priman la libertad y la improvisación, y al que los trenes han aportado su énfasis percusivo definitivo, según el crítico musical Albert Murray.

Heavy metal ferroviario, sonidos extremos (I/II)

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Indagar en la etimología de la expresión heavy metal nos lleva a dos novelas escritas por William Burroughs a principios de los años 60 del siglo pasado, que responden a los títulos “The Soft Machine” -porque uno de sus personajes tiene por  nombre de Uranian Willy: The Heavy Metal Kid-, y “Nova Express” -por el tipo de música que escucha la gente insecto-. Pero si queremos indagar sobre su vinculación con el  ferrocarril, tenemos que dirigirnos a Gran Bretaña, porque es allí donde nace como estilo musical a finales de la misma década, como un paso más en la evolución del hard rock.

El heavy metal rechaza lo convencional. Sus letras suelen ser muy viriles, de hecho son contadas las artistas femeninas, y con numerosas referencias al oscurantismo. El sonido se caracteriza por su volumen brutal, guitarras distorsionadas, bajos galopantes y baterías demoledoras. Y como se trata de un estilo tan físico como sonoro, son prácticas habituales el moshing (bailar saltando y empujándose), el stage diving (lanzarse sobre el público desde el escenario), y el headbanging (mover la cabeza rítmicamente luciendo la melena).

Si tomamos como referencia “La historia del Heavy Metal” de Andrew O’Neill, el estilo nace de la mano de dos bandas naturales de Birmingham, Judas Priest y Black Sabbath.  Judas Priest, que toma su nombre de una canción de Bob Dylan (The Ballad of Frankie Lee and Judas Priest), ha dejado siempre claras algunas de sus pasiones en las portadas de sus discos, como la pesadez del “British Steel”, el oscurantismo o la velocidad. Con estos antecedentes es fácil entender por qué su discografía incluye un tema que responde al título de Bullet Train, el tren bala japonés o Shinkansen que perfora el cerebro del protagonista en un momento crítico, hasta el extremo de implorar a las puertas de la muerte.

Sentadas las bases del heavy metal, comenzaron las desavenencias internas en Black Sabbath, hasta el extremo de que su carismático líder, Ozzy Osbourne, decide  abandonar la banda en 1979 para continuar su carrera en solitario. Su debut es el mítico “Blizzard of Ozz”, disco que contiene Crazy Train, una llamada de atención para que los herederos de la Guerra Fría dejemos de vivir como enemigos y no nos comportemos como trenes descontrolados, porque la consecuencia será la destrucción.

A finales de los años 70, el sonido del heavy metal tradicional, unido a la agresividad punk y al rock que se toca en los pubs, da lugar a la Nueva Ola del Heavy Metal Británico. Su reinado alcanzará hasta mediados de los 80, momento en el que será eclipsado por el trash metal y el glam metal. 

Son muchas las bandas que integran la Nueva Ola del Heavy Metal Británico, pero por su influencia es obligado comenzar con Motörhead. La pasión de Motörhead por el ferrocarril queda patente en Locomotive, canción que se puede entender como una declaración de principios, Motörhead es una locomotora, poder y gloria quemando las vías, y aplastará cualquier cosa en su camino. Pero tal vez sea Ridin’ with the Driver su composición señera ferroviaria, que incluso iba a ser el título de su disco “Orgasmatron”. En la portada puede verse un tren de una fiereza extrema cuyas ruedas y faros echan chispas, fiel reflejo del viaje enloquecido del que nos habla una canción que incluso menciona a Casey Jones, the Brave Engineer.

Banda coetánea de Motörhead es Saxon, que en “Denim and Leather”, uno de sus discos más representativos y a la vez definitorios de la estética heavy, incluye toda una declaración de amor a una locomotora. Dicha canción es Princess of the Night, sobre la locomotora de vapor LMS Princess Royal Class, que prestó servicio en diferentes operadores británicos hasta 1962.

Antes de analizar el trash metal y el glam metal del otro lado del Atlántico, es de justicia finalizar el recorrido por la Nueva Ola del Heavy Metal Británico con una de las bandas más exitosas, Def Leppard. Su disco “Slang” contiene el corte “Gift of Flesh”, inicialmente titulado Black Train, que  los propios miembros de la banda definen como una versión actualizada de la canción los Rolling Stones “Sympathy for the Devil”, en la que un hombre que se quita la vida.