Rock alternativo ferroviario: heterogeneidad estilística

Hablar de rock alternativo es hablar de cualquier estilo de rock que se aleje de la música más comercial y que no necesariamente aspire a alcanzar al gran público, por preferir la libertad creativa a plegarse a las exigencias mercantilistas. Su origen se remonta a mediados de la década de 1980, cuando numerosos artistas fichaban por sellos independientes o incluso, tras el triunfo de Nirvana, por grandes sellos, pero sin perder su personalidad, y que han dado forma a un estilo netamente anglosajón que destaca por su heterogeneidad. Música en la que elementos del ferrocarril son el eje sobre el que gravitan diversas composiciones emblemáticas y de gran repercusión social en algunos casos.

Paradigma de la transcendencia social es Runaway Train (Tren fuera de control), una bella balada acústica sobre la depresión incluida en el disco Grave Dancers Union, con el que la banda norteamericana Soul Asylum logró un gran éxito comercial y artístico en 1992. A su repercusión contribuyó un videoclip en el que se veían imágenes de niños desaparecidos de cuya gestión se estaba encargando el National Center for Missing and Exploited Children, porque fue todo un aldabonazo para muchas conciencias. Gracias al videoclip, 21 niños volvieron a casa, hecho que ayudó a que experiencias similares se llevaran a cabo en otros países.

Soul Asylum – Grave Dancers Union (1992): «Runaway Train». Discogs.com

Compatriota de Soul Asylum es R.E.M., que gozó del favor del público y la crítica desde el primer disco, además de ser la primera banda de rock alternativo en alcanzar el éxito comercial. En 1985 editaba Fables of the Reconstruction, su tercer álbum que incluye Driver 8, una canción que transmite la sensación de un tren en marcha. Versa sobre un maquinista que trabaja demasiado y debe tomarse un descanso, porque lleva muchas horas de turno y el destino está todavía demasiado lejos, lo cual puede ser entendido como una invitación a vivir con más sosiego.

REM – Fables of the Reconstruction (1985): «Driver 8». Discogs.com

La sensación de un tren en marcha es también apreciable en Zoo Station, composición de otra banda que siendo alternativa ha acabado llenando grandes aforos, como es el caso de la dublinesa U2, que en 1991 publicaba su disco más alternativo, industrial y bailable, Achtung Baby. Dicha canción toma su nombre de la Bahnhof Berlin Zoologischer Garten (Estación del Jardín Zoológico de Berlín), en la que, entre otras, opera la línea U2. En ella nos habla de los cambios, por lo que no parece casual que la estación elegida sea de una de las ciudades que más intensamente los ha vivido durante el siglo XX.

U2 – Achtung Baby (1991): «Zoo Station». Discogs.com

Abandonamos Dublín para acercarnos a Manchester, porque de ahí procede The Smiths, otra banda señera del rock alternativo. Liderada por su carismático cantante Morrisey, un defensor a ultranza de los animales hasta el extremo de que el segundo álbum de la banda respondía al título de Meat Is Murder (La carne es muerte). En 1988 lanzaba al mercado el disco en directo “Rank”, en el que destaca el instrumental Draize Train, título que evoca al test de productos destinados al consumo humano que son probados en los ojos o piel de los conejos.  

The Smiths – «Rank» (1988): «Draize Train». Wikipedia.org

Más hedonista es la propuesta de la banda escocesa Primal Scream, que en 1997 vivía un momento dulce. Su fusión de techno, música de baile y rock gozaba de gran aceptación, hasta el extremo de ser la autora del tema central de la banda sonora de la película Trainspotting, título de claras reminiscencias ferroviarias. Las mismas que se aprecian en Last Train, un dub instrumental perfecto para ambientar cócteles.

Primal Sream – Echo Dek (1997): «Last Train». Discogs.com

Gracias a su calidad, creatividad y sobre todo al éxito del disco de Nirvana Nevermind, el rock alternativo se ha ido haciendo un hueco en el mercado, hecho que alcanza a nuestros días. Un estilo muy heterogéneo, con numerosos ejemplos de composiciones de inspiración ferroviaria, en el que muchos artistas han encontrado su sitio para que sin claudicar a las exigencias del mercado poder ser fieles a sus principios musicales.  

Antes del amanecer (Before Sunrise)

Richard Linklater (1995). «Before Sunrise». screentology.com

Si examinamos la historia del cine, será difícil encontrar una trilogía tan original, romántica e inteligente como la que forman Antes del amanecer, Antes del atardecer y Antes del anochecer. Una trilogía que el director Richard Linklater y sus dos actores principales, Ethan Hawke (Jesse) y Julie Delpy (Céline), escribieron y rodaron cada 9 años, por lo que reparto y audiencia envejecimos al unísono, a la vez que descubríamos en qué punto se encontraban sus vidas y relación. Y como en otras muchas historias románticas, el tren fue la “celestina” que unió a la pareja protagonista, tal vez porque durante los viajes existe cierta propensión a abrirse a personas desconocidas y la libido puede alborotarse.

En 1995 se estrenó Antes del amanecer (Before Sunrise). Jesse es un norteamericano que viaja a Madrid para ver a su novia, pero en la capital de España descubre que la relación ha llegado a su fin. En dicha tesitura, decide regresar a Estados Unidos vía Viena, razón por la que compra un Eurail Pass (pase ferroviario que permite viajar por redes europeas a no residentes), de manera que pueda explorar parte de Europa antes de cruzar el Atlántico. Y es precisamente en un viaje entre Budapest y Viena donde coincide con Céline, una universitaria que regresa a París tras visitar a su abuela en la capital húngara. Tras una animada charla, Jesse propone a Céline bajarse en Viena y pasar la noche juntos, porque tal vez dentro de veinte años no sea feliz en su matrimonio y se pregunte cómo habría sido su vida si hubiese elegido a otro hombre.

Entre monólogos y conversaciones informales sobre el amor y la vida, la religión y la muerte, se conocen y aman, caminan y visitan algunos de los lugares más emblemáticos de Viena. Dichas conservaciones, que son la esencia de la película y de la trilogía, mantienen un interés constante a lo largo de todo el metraje y nos permiten saber, entre otros aspectos, que Jesse es un romántico que no viajó a Viena para tomar un vuelo económico, sino porque quería escapar de su vida. También, que Céline había decidido bajar del tren con Jesse antes de que se lo pidiera y que su último novio consideraba que lo amaba demasiado. A la mañana siguiente, se despiden en la estación con la promesa de volver a verse dentro de 6 meses en el mismo lugar, pero sin intercambiar información de contacto.

En 2004, llegó  Antes del atardecer (Before Sunset). Jesse está en París presentando This Time, el libro basado en la romántica y mágica noche que vivió con Céline en Viena. La presentación tiene lugar en la icónica librería Shakespeare and Company, entre cuyo público se encuentra Céline. Y aunque Jesse dispone de poco tiempo, porque debe tomar el avión de vuelta a los EE. UU., decide acompañarla hasta su casa.

Richard Linklater (2004). «Before Sunset». filmaffinity.com

Finalmente, en 2013 se estrenó Antes del anochecer (Before Midnight). Jesse y Céline son ahora pareja, están en Grecia con sus dos hijas gemelas y acaban de despedir en el aeropuerto al hijo de Jesse, fruto de una relación anterior. Son unas vacaciones de reflexiones, desencuentros y lucha por mantener el amor.

Richard Linklater (2013). «Before Midnight». filmaffinity.com

Antes del amanecer está basada en una experiencia personal del propio Linklater. En 1989, conoció a una joven de 20 años llamada Amy Lehrhaupt en una juguetería de Filadelfia, y pasaron la noche paseando y conversando por la ciudad. Nunca volvieron a verse, en parte porque vivían en ciudades distintas y perdieron el contacto. Desafortunadamente, Amy falleció en un accidente de moto a los 25 años, un hecho que Linklater no supo hasta casi dos décadas después. Durante años, el desconocimiento de la tragedia alimentó su anhelo de un reencuentro, especialmente en los pases especiales de la película a los que asistía, lo cual sirvió de inspiración para Antes del atardecer. Al conocer la trágica noticia, el impacto emocional de aquella noche en Filadelfia le llevó a incluir en los títulos de crédito finales de Antes del anochecer «En memoria de Amy Lehrhaupt».

Oso de Plata al mejor director en el Festival de Cine de Berlín en su edición de 1995, Antes del amanecer es un filme que comienza con un encuentro en un tren y termina con una despedida en una estación; que el periódico The Guardian considera una de las 25 mejores películas románticas de todos los tiempos. Consideración en la que seguro influyeron factores tales como su brillante dirección, sus atemporales reflexiones sobre el amor o la absoluta naturalidad de los actores protagonistas.

FICHA TÉCNICA:

  • Título: Antes del amanecer (Before Sunrise)
  • Director: Richard Linklater  
  • Guion: Richard Linklater y Kim Krizan
  • Música: Fred Frith
  • Fotografía: Lee Daniel
  • Reparto: Ethan Hawke, Julie Delpy
  • País: Estados Unidos, Austria y Suiza
  • Año: 1995
  • Duración: 101 minutos  
  • Género: Drama romántico

El legado ferroviario de Bob Seger

Bob Seger. http://www.futuro.cl

Bob Seger, uno de los más grandes artistas que ha dado el panorama musical norteamericano, fue un artista precoz. Con 17 años, ya actuaba en Detroit ante 50.000 personas, muchas de las cuales -trabajadoras en una ciudad que con el tiempo se convertiría en uno de los epicentros del rust belt (cinturón del óxido)-, acabarían siendo las protagonistas de sus canciones. Sin embargo, hubo de esperar a cumplir los 30 para dejar de ser un beautiful loser (un perdedor entrañable, auténtico y sensible, que se resisitía a aceptar la derrota). Cantante y compositor, pianista y guitarrista, brilla con intensidad en los temas rockeros y deslumbra con sus introspectivas baladas.

En 1968, al frente de la banda The Last Heard ficha por el sello Capitol, que la renombra como The Bob Seger System, y publica el disco Ramblin’ Gamblin’ Man, que  incluye la canción Train Man, una sui generis historia de amor entre una maestra y un ferroviario.

The Bob Seger System – Ramblin’ Gamblim’ Man (1968): «Train Man». Discogs.com

Tres años después, graba el álbum acústico Brand New Morning, donde destaca Railroad Days, una oda al pasado, a aquellos días de juventud y vigor en los que nada parecía interponerse en su camino. La canción refleja la nostalgia por los trenes de antaño que ahora desaparecen de la zona donde jugaba, porque la gente quiere unos más rápidos, lo que le lleva a reflexionar sobre su propia obsolescencia futura.

Bob Seger – Brand New Morning (1971): «Railroad Days». Discogs.com

Para su octavo álbum, forma The Silver Bullet Band, con la que durante las dos décadas siguientes grabará una decena de sus discos más representativos, y su carrera experimentará un cambio radical. Comercialmente, alcanza la cumbre con el disco Against the Wind, su primer número 1 en ventas, en el que encontramos Long Twin Silver Line, el orgulloso viaje de un tren de mercancías que se dirige a California.

Bob Seger & The Silver Bullet Band – Against the Wind (1980): «Long Twin Silver Line». Discogs.com

En 1994, después de catorce discos de estudio y dos en directo, publica su primer Greatest Hits, uno de los álbumes más exitosos de su trayectoria, con más de diez millones de copias vendidas. La portada, icónica y llena de simbolismo, lo muestra en una pose memorable, guitarra en mano, en medio de una vía.

Bob Seger & The Silver Bullet Band –  Greatest Hits (1994). Discogs.com

La iconografía ferroviaria se repite en el recopilatorio Ultimate Hits: Rock and Roll Never Forgets, en el que aparece sentado sobre el capó de su coche que está junto a las vías del tren y con la señal Railroad Crossing al fondo. El primer single de su segundo grandes éxitos es Downtown Train, del poeta y cronista urbano de la Gran Manzana Tom Waits, una canción en la que su protagonista fantasea con una de esas chicas de Brooklyn que llenan los trenes cada noche, mientras se esfuerzan por salir de su estrecho mundo, y con las que nunca podrá codearse.

Bob Seger & The Silver Bullet Band – Ultimate Hits: Rock and Roll Never Forgets, (2011): «Downtown Train». Discogs.com

Incombustible corredor de fondo, a los 72 años edita el disco I Knew You When, el cual presenta algunas versiones y varias canciones originalmente destinadas a otros discos, pero que, por distintas razones, no llegaron a ser incluidas, como es el caso  de Runaway Train. Un tren fuera de control que es una metáfora para expresar las inseguridades sobre el presente y futuro de una humanidad engatusada por la vanidad y olvidadiza de los valores. Además, de ser una reafirmación de su afinidad por el ferrocarril, al punto que dio nombre al Runaway Train Tour, gira que llevó a cabo con la Silver Bullet Band.   

Bob Seger – I Knew You When (2017): «Runaway Train». Discogs.com

A lo largo de sus 60 años de carrera, el ferrocarril ha mantenido una presencia constante tanto en el diseño gráfico de los discos como en las canciones de Bob Seger. Un artista que, juntamente con Bruce Springsteen y Tom Petty, es uno de los más destacados representantes del heartland rock, un estilo que refleja la vida de la clase trabajadora estadounidense y que, en el periodo comprendido entre 1975 y 1995, le proporcionó una colección de discos de platino difícil de igualar.  

Carrilanos, os túneles dun tempo

Rafael Cid (2003). «Carrilanos, os túneles dun tempo». YouTube.com

La construcción de los 140 kilómetros de vía que unen Puebla de Sanabria con Ourense ha pasado a la historia del ferrocarril español como una de las más trágicas. Representó la conexión definitiva entre Madrid y Vigo, y aunque en un principio estaba previsto que las obras duraran 5 años, las dificultades orográficas y las vicisitudes políticas las alargaron desde 1927 hasta 1957, entre otras razones porque la mitad del recorrido es soterrado y atraviesa la parte sur del Macizo Central Gallego. Contó con la participación de unos 15.000 carrilanos, incluidos niños de 12 y 13 años que trabajaban como pinches, de los cuales un porcentaje considerable perdió la vida.

En 2003, Rafael Cid documentó este hecho histórico mediante un vídeo digital en el que a través de una voz en off y con el testimonio de supervivientes, documentos históricos, filmaciones de la época, reconstrucciones…, conocemos cómo trabajaban, vivían y las enfermedades que padecieron los carrilanos, así como la influencia de los diferentes regímenes políticos vigentes durante las obras.

En una época en la que el uso de tuneladoras (TBM) era impensable y los equipos de protección individual eran casi inexistentes, los accidentes laborales eran una tragedia continua. Destacaron por su gravedad y magnitud los ocurridos en el túnel de Padornelo, en el que se estima perdieron la vida más de 4.000 personas durante los 25 años que fueron necesarios para la construcción de sus 6 kilómetros de longitud.

A las terribles consecuencias de los accidentes, hubo que añadir las enfermedades, especialmente la conocida como “el mal de la vía”, que no era otra que la silicosis. Una enfermedad que padecieron especialmente los barrenadores, que ganaban más, pero que en cambio eran las personas más expuestas a los efectos nocivos de la inhalación continuada de polvo de sílice. Uno de los casos más dramáticos fue el de la localidad zamorana de Requejo de Sanabria, donde murieron 60 hombres y acabó siendo conocida como Requejo de las Viudas. Posteriormente, y con el fin de que sus familiares directos recibieran una pensión, algunas de las personas fallecidas fueron desenterradas para que les practicaran la autopsia.

Mención especial merece el análisis de las diferentes etapas políticas y su repercusión en la construcción de la línea. Así, durante la dictadura de Primo de Rivera las obras cobraron gran impulso; sin embargo, tras la gran depresión económica de 1929 y la proclamación de la Segunda República, Indalecio Prieto no las consideró prioritarias. Su decisión originó intensas demandas sindicales y que grupos descontrolados irrumpieran en el campamento zamorano de Santa Bárbara, que llegó a albergar a 1.500 personas, y en la localidad orensana de Vilar de Barrio, lo que provocó una expresión que la gente decía con miedo: «que vienen los de la vía”. Finalmente, bajo la dictadura franquista, llegaron numerosos republicanos condenados a trabajos forzosos y en el primer Consejo de Guerra celebrado en Ourense, un carrilano fue condenado a muerte y otros siete, a cadena perpetua. Estas condenas, sumadas a la dura represión de la época, contribuyeron a desarticular el movimiento obrero en la línea.

Al igual que Luciano G. Egido rinde un sentido homenaje a los carrilanos que intervinieron en la construcción de los 19  kilómetros que conectan La Fregeneda (Salamanca) y Barca de Alba (Portugal) en la novela Los túneles del paraíso, Rafael Cid hace lo propio con todas las personas que participaron en la construcción de la conexión entre Zamora y Ourense en el documental Carrilanos, os túneles dun tempo. Además, de proporcionar un trabajo muy valioso para comprender en qué circunstancias y con qué coste humano se construyó el tramo más difícil de la red ferroviaria española de ancho convencional. Un tramo que inicialmente se veía innecesario, porque atravesaba comarcas despobladas y pobres, y que con la llegada del AVE a Ourense podría tener un uso residual.

FICHA TÉCNICA:

  • Título: Carrilanos, os túneles dun tempo
  • Director: Rafael Cid
  • Guion: Rafael Cid
  • Realizador: Alberto Lema
  • Música: Carlos Rodríguez
  • País: España
  • Año: 2003
  • Duración: 57 minutos 36 segundos
  • Género: Documental

Homenaje a los trabajadores del camino de hierro, 1927-1957. Campobecerros (Ourense)

Harriet: en busca de la libertad (Harriet)

Kasi Lemmons (2019). «Harriet». filmaffinity.com

Harriet Tubman ha pasado a la historia como una de las grandes heroínas de los Estados Unidos por su labor como liberadora de esclavos durante su etapa de “revisora” en El Ferrocarril Subterráneo; por su papel de exploradora, enfermera y espía durante la Guerra de Secesión; y por su actividad como defensora de los derechos de las mujeres y del voto femenino.

Tomando como referencia su actividad como “revisora”, en la que en 13 misiones de rescate liberó a 70 esclavos, la directora Kasi Lemmons estrenó en 2019 la película, con vocación de hagiografía, Harriet, en busca de la libertad (Harriet), por la que Cynthia Erivo fue nominada al Oscar a la Mejor Actriz.

La película se centra básicamente en los ocho años en los que trabajó en el Ferrocarril Subterráneo, es decir, la red clandestina que funcionó hasta la Guerra de Secesión (1861-1865) y ayudó a huir a unos 100.000 esclavos en los EE. UU. Considerada el primer movimiento de activistas contra la esclavitud y por los derechos humanos, utilizaba términos ferroviarios, así los «revisores» y «maquinistas» eran las personas que ayudaban o guiaban a los esclavos; las «estaciones» eran los lugares francos donde se podían esconder durante el día; los «pasajeros» eran los propios esclavos; los «carriles», las rutas de escape… Contó también con la colaboración de abolicionistas blancos que, poniendo en riesgo sus vidas, actuaron al margen de la ley y prestaron su ayuda a los esclavos para alcanzar los Estados del Norte o Canadá.

Nacida como Araminta Ross en Dorchester (Maryland) en 1822, a los 26 años, en su condición de esclava, decidió que la vida sólo le ofrecía dos alternativas, libertad o muerte. Guiada por la Estrella Polar, huyó a Filadelfia (Pensilvania), para lo cual caminó cerca de 160 km. Desde los 13 años, como consecuencia de una rotura de cráneo, sufría visiones y desmayos, que ella siempre entendió como mensajes divinos, los cuales fueron decisivos para liberar a otras personas. Su ingenio, coraje y éxito en los rescates eran tales que se ofrecieron hasta 40.000 dólares por su captura. Por su labor fue conocida como la Moisés de su pueblo, rol que se vería reforzado en la Guerra de Secesión, en la que liberó a 700 esclavos más.

Harriet: en busca de la libertad nos presenta a una luchadora por los derechos civiles y la libertad, con una misión -ayudar a huir al mayor número de personas posible-, y una visión -acabar con la esclavitud-. Su liderazgo fue fundamental para que cientos de personas consiguieran ser libres. El hecho de que fuera analfabeta, careciese casi de medios o la promulgación en 1850 de la Ley de Esclavos Fugitivos, que aumentó las penas contra los esclavos y las personas que les ayudaban, no amilanaron su determinación. Tal como manifestó con orgullo en una convención sufragista celebrada en 1896: “fui revisora del Ferrocarril Subterráneo durante 8 años y puedo decir lo que la mayoría de los revisores no pueden, mi tren nunca descarriló y nunca perdí a un pasajero”.

FICHA TÉCNICA:

  • Título: Harriet, en busca de la libertad (Harriet)
  • Directora: Kasi Lemmons 
  • Guion: Gregory Allen Howard y Kasi Lemmons
  • Música: Terence Blanchard
  • Fotografía: John Toll
  • Reparto: Cynthia Erivo, Leslie Odom Jr., Joe Alwyn, Janelle Monáe, Jennifer Nettles, Vanessa Bell Calloway
  • País: Estados Unidos   
  • Año: 2019
  • Duración: 125 minutos  
  • Género: película biográfica

La mirada ferroviaria de Paul Delvaux

Delvaux (1956). «Soledad». wahooart.com

Siendo un niño, el pintor belga Paul Delvaux (Antheit, 1897 – Veurne, 1994), vio los primeros tranvías eléctricos en Bruselas y le parecieron tan maravillosos que desde entonces el ferrocarril, juntamente con las mujeres, la arquitectura greco-romana y los esqueletos, serían un motivo recurrente a lo largo de su obra, en la cual desarrolló un universo propio, entre el sueño y la realidad, calificado como realismo mágico.

Delvaux (1950). «Tranvía nocturno (or Champs Perdu)» ar.pinterest.com

Considerado un artista surrealista, aunque nunca lo fue de manera oficial, compartió con dicho movimiento su interés por explorar las profundiades de la mente, crear atmósferas misteriosas y revivir la poesía en el arte. Sin embargo, sus inicios artísticos estuvieron influenciados por el impresionismo. Un ejemplo representativo de dicha época es el cuadro La estación de Luxemburgo, que se caracteriza por los tonos marrones, grises y oxidados, con toques blancos, en el que representa la actividad de la terminal.

Delvaux (1922). «Estación de Luxemburgo». wahooart.com

En su evolución hacia el realismo mágico, destacan tres momentos clave ocurridos entre 1926 y 1934. En 1926-1927, conoce al pintor metafísico Giorgio de Chirico, con quien compartirá su interés por los espacios vacíos, intrigantes y angustiosos. A principios de la década de 1930, visita el Museo Spitzner de Anatomía e Higiene, donde ve La venus dormida, una figura de cera que será el origen de muchas mujeres desnudas que aparecen en sus cuadros. Y en 1934, participa en la exposición Minotauro de Bruselas, junto a otros artistas como René Magritte, de quien tomará su mundo onírico, la inexpresividad y las yuxtaposiciones más sorprendentes.

Si bien La venus dormida influyó de forma determinante en la representación de la mujer, su relación con ellas también desempeñó un papel importante. Obligado a casarse en 1937 con Suzanne Purnal, una mujer a la que no amaba, el matrimonio fue un fracaso anunciado. Y aunque en 1947 se reencontró con el amor de su vida, Anne Marie Martelaere, a quien había conocido en 1920, la frustración amorosa de su juventud fue una fuente constante de inspiración que le llevó a colocar a las mujeres en un pedestal. Sus mujeres son jóvenes, hieráticas, ensimismadas, ubicadas en ambientes sin vinculación aparente con la escena, como es el caso de La edad de hierro.  

Delvaux (1951). «La edad de hierro». elasombrario.com

El mundo onírico y el natural se mezclan de nuevo en Las sombras y crean una atmósfera donde parece que no existe el tiempo y la realidad. Todo es quietud y silencio: una mujer absorta en su pensamiento mira fijamente el suelo; un tren está detenido en una vía que comienza su recorrido en el mar. La escena transcurre en los inicios de la hora azul, cuando el cielo oscurece antes de anochecer.

Delvaux (1965). «Las sombras». wikiart.org

Lector empedernido de Homero y Julio Verne, escritores «viajeros» por antonomasia, Delvaux utilizó las estaciones y los trenes como elementos que despiertan la imaginación y sugieren un viaje a lo desconocido. Para garantizar la fidelidad de los detalles ferroviarios en sus obras, en su estudio tenía maquetas de trenes y tranvías, lo que le permitía obtener obras tan genuinas como La Estación Forestière. Dicho óleo es uno de sus trabajos más famosos de la década de 1960 y ejemplo de atmósferas misteriosas, en la que dos niñas completamente estáticas observan la actividad ferroviaria.

Delvaux (1960). «La Gare Forestière». wikiart.org

El mismo clima, la misma atmósfera se aprecian en El viaducto. Todo está paralizado, no hay señales de vida, las calles están vacías y, como en muchos otros cuadros, hay una lámpara encendida, en esta ocasión bajo la marquesina, así como un sorprendente espejo en la acera. En el fondo un tren cruza un viaducto. Un cuadro que semeja una escena teatral, en el que todo es real, pero el conjunto no lo parece.

Delvaux (1963). «El viaducto». museothyssen.org

En 1984, en un acto de justicia poética, Paul Delvaux, cuya obra hunde sus raíces en la memoria, el recuerdo y la infancia, fue nombrado jefe de estación honorario de la estación de Louvain-la-Neuve, en reconocimiento a su amor por el ferrocarril.

Delvaux con la gorra de jefe de estación. ardenneweb.eu

La mirada ferroviaria de Hans Baluschek

Baluschek (1918). «Autorretrato». wikipedia.org

Hans Baluschek (Breslau, 1870 – Berlín, 1935), fue miembro fundador del movimiento Secesión de Berlín, considerado parte del Modernismo, además de un relevante pintor del realismo crítico alemán. Con un lenguaje sencillo, que en ocasiones puede parecer ingenuo, dedicó gran atención a los asuntos sociales y laborales de la clase obrera berlinesa, los cuales presentaba con un aire de melancolía y desde una perspectiva de denuncia, algo en lo que seguro influyó su condición de miltante del Partido Socialdemócrata.

Hijo de un ferroviario, desde niño sintió gran fascinación por el ferrocarril, motivo recurrente a lo largo de toda su carrera, el cual representó como medio de transporte público, dinamizador de la actividad industrial y transporte estratégico durante la I Guerra Mundial.     

Baluschek (1909). «Tren expreso». wikipedia.org

En sus obras se refleja la humildad, la pobreza y el contraste entre una sociedad anclada en el pasado deslumbrante del Imperio alemán y el vertiginoso desarrollo consecuencia de la acelerada industrialización del país. La industrialización provocó que muchas personas trabajaran en condiciones penosas y deviniesen en víctimas inocentes, como se aprecia en Los emigrantes, en el cual una familia, en la que solo se atisba preocupación por un futuro que se intuye difícil, espera en el andén de una localidad donde diferentes fábricas producen a todo ritmo. 

Baluschek (1924). «Los emigrantes». arthur.io

Su interés por retratar la vida común sin artificios es igualmente tangible en A la mina. En primer plano, vemos un tren, elemento clave para la producción industrial, y, un poco más alejado, un numeroso grupo de personas que se dirige casi de noche al trabajo en un entorno helado, al objeto de extraer un mineral que luego alimentará unas fábricas cuyas chimeneas son indicadoras de su frenética actividad.

Baluschek (1914). «A la mina». espina-roja.blogspot.com

Si las condiciones de trabajo de las personas menos cualificadas distaban mucho de ser idílicas, las sociales de los lugares donde vivían tampoco lo eran. De ello nos ofreció abundantes ejemplos, siendo Über Dächern una de sus obras más conocidas. En ella, las vías férreas, además de dividir bloques de apartamentos en las afueras de Berlín, se ubican por encima de ellos, con todos los problemas de ruidos, vibraciones y seguridad fácilmente imaginables.

Baluschek (1934). «Úber Dächern». karlundfaber.de

Además de ser un elemento básico para la industria, el ferrocarril también lo era como medio de transporte de la ciudadanía en general y de la clase trabajadora en particular, como da fe el cuadro En la estación. En un andén abarrotado, percibimos un tren de llegada y otro de salida, así como una muy detallada representación de la marquesina y varios apuntes de la señalética de la terminal, lo cual proporciona gran verismo a la obra.

Baluschek (1929). «En la estación». commons.wikimedia.org

Artista de profunda sensibilidad social, Hans Baluschek no permaneció ajeno al impacto de la Primera Guerra Mundial. En 1914, movido inicialmente por el fervor patriótico que también alcanzó a parte de la comunidad artística alemana, se presentó voluntario para el servicio militar a los 44 años. Sin embargo, la experiencia bélica y la derrota alemana de 1918 le afectaron profundamente. Aunque al principio se mantuvo al margen de la revolución que dio origen a la República de Weimar, posteriormente se comprometió con la vida política y cultural de la nueva Alemania y se afilió al Partido Socialdemócrata en 1920. De aquellos años de guerra dejó numerosas ilustraciones y obras que reflejan tanto la crudeza del conflicto como sus repercusiones en la población civil. Entre estas últimas destaca Invierno de guerra (1917), una pintura que retrata el duelo de una familia en un entorno marcado por la industria, el ferrocarril y las dificultades de la retaguardia.

Baluschek (1917). «Invierno de guerra». wikipedia.org

Aunque sus ilustraciones para el popular libro infantil Viaje a la luna de Pedro (Peterchens Mondfahrt), hicieron de Baluschek un pintor muy conocido, con la llegada de los nazis al poder en 1933 fue declarado artista marxista. Además, sus cuadros fueron catalogados como arte degenerado (entartete kunst), al igual que los de los cubistas, dadaístas, expresionistas o surrealistas, por ser culpable de un atentado contra la germanidad y la cultura del pueblo alemán. Consecuentemente, fue despojado de todos sus cargos, despedido de todos sus puestos y se le prohibió exponer. Falleció dos años después y hasta el último momento siguió demostrado su interés por el ferrocarril y la clase trabajadora berlinesa, tal como advertimos en Acerías de Berlín, pintado el año de su muerte.

Baluschek (1935). «Acerías de Berlín». arteyferrocarril.blogspot.com

Divas del jazz ferroviario

En un género predominantemente masculino, un grupo de artistas, que en algunos casos vivieron auténticas tragedias y sufrieron una doble discriminación por su condición de mujeres y negras, lograron alcanzar fama y reconocimiento, además de convertirse en un referente para futuras generaciones.

Bessie Smith, considerada la cantante de blues más grande de todos los tiempos y la primera gran dama del jazz, podría haber dicho mucho sobre discriminación. Su trágica muerte, desangrada a las puertas de un hospital que se negó a admitirla por el color de su piel, resalta la brutalidad del racismo. Destacaba por su entrega absoluta y por relatar sus intensas experiencias en las canciones. A finales de la década de 1920 nos brindó Dixie Flyer Blues, una composición que toma su título del tren de lujo que circuló desde Chicago a Florida entre 1892 y 1965. La canción narra la historia de una mujer que se dirige a Dixieland, es decir, a los estados sureños de Estados Unidos.

Bessie Smith – The Complete Recordings Vol. 2 (1991): «Dixie Flyer Blues». Discogs.com

Si la vida de Bessie Smith fue muy trágica, la de Billie Holiday no lo fue menos. Sufrió una infancia violenta, ejerció la prostitución, estuvo en prisión, consumió drogas, vivió en primera persona la discriminación racial y dejó para la historia uno de los mayores alegatos antirracistas: Strange Fruit. En 1956, tres años antes de su muerte por cirrosis hepática y con una voz en la que se aprecian los efectos del alcohol, recreó I Thought about You, un tema compuesto por Johnny Mercer que describe las cosas que observó durante un viaje en un tren nocturno a Chicago, cada una de las cuales le remitía a la persona amada.

Billie Holiday – Lady Sings the Blues (1956): «I Thought about You». Discogs.com

Con Billie Holiday y Sarah Vaugan, Ella Fitzgerald, hija de un maquinista, conforma el trío de voces femenino más influyente del jazz. Además, se suele afirmar que es la mejor intérprete femenina del cancionero estadounidense, el famoso The Great American Songbook. Entre sus interpretaciones más memorables se encuentra These Foolish Things, una de las composiciones más románticas de la historia, en la que enumera todas las cosas que le recuerdan a un amor perdido, como “el suspiro de los trenes de medianoche / en estaciones vacías”.

Ella Fitzgerald and Louis Armstrong – Ella And Louis Again (1957): «These Foolish Things». Discogs.com

Al igual que Ella Fitzgerald y Frank Sinatra, la cantante, compositora y actriz Peggy Lee inició su carrera como vocalista de una big band, para más tarde alcanzar el estrellato como solista. Su preciosismo vocal le permitía enfrentarse a cualquier tema. En 1945, grabó Waiting for the Train to Come In, una de sus canciones más representativas con el sello Capitol, donde narra la ansiosa espera de su novio militar que está en el frente.  

Peggy Lee – The Best of (1998): «Waiting for the Train to Come in». Discogs.com

Y si Peggy Lee nos trasladaba a la II Guerra Mundial, Cassandra Wilson nos acerca a la Guerra de Vietnam con su versión del tema de los Monkees Last Train to Clarksville, en la que un hombre le pide a su chica que acuda urgentemente a la estación, porque debe partir para el país asiático. Considerada una de las cantantes más versátiles del jazz contemporáneo y admiradora rendida de Billie Holiday, a quien dedicó en 2015 el disco Coming Forth by Day, destaca tanto por sus personalísimas versiones de los estándares del jazz como por sus reinvenciones de composiciones folk, country o rock.

Cassandra Wilson – New Moon Daughter (1996): «Last Train to Clarksville». Discogs.com

El mundo del jazz no se puede entender sin las aportaciones de todas estas artistas atemporales, combativas, talentosas, que algún momento de su carrera incorporaron a su repertorio canciones articuladas alrededor del ferrocarril. Su legado es inconmensurable y objeto de análisis profundos, que transcienden a lo musical.  

Jazz ferroviario: swing, bebop y hard bop

En la primera mitad del siglo XX, el ferrocarril fue uno de los medios de transporte predilectos de los músicos de jazz durante sus giras por Estados Unidos. Con semejante antecedente, resulta plausible pensar que los sonidos de locomotoras, vagones y silbatos influyeran en muchas de sus composiciones, no solo por familiaridad, sino también porque ofrecían un material sonoro idóneo para el lucimiento de las secciones de metal de las grandes orquestas.

Ecos de esa influencia aparecen en la composición 9:20 Special, registrada por Count Basie, el otro gran líder de las big bands de las décadas de 1930 y 1940 junto a Duke Ellington, tras un viaje nocturno en tren desde Chicago. El título, al igual que su célebre One O’Clock Jump, alude a la hora en que se completó la grabación. Se trata de un swing instrumental que evoca un tren de pasajeros atravesando la noche a toda velocidad: los instrumentos de viento sugieren silbatos, válvulas y pistones de una locomotora de vapor, mientras la percusión recrea el traqueteo rítmico de los vagones sobre los raíles.

Count Basie – The Essential Count Basie Volume 3 (1941): «9:20 Special». Discogs.com

Casi al filo de la segunda mitad del siglo XX, y una vez concluida la Segunda Guerra Mundial, entre 1947 y 1949, otro tren recorría Estados Unidos con un propósito simbólico: reforzar el patriotismo nacional. Fue bautizado como el Tren de la libertad. Pintado con los colores de la bandera y custodiado por marines, transportaba documentos fundamentales como la Constitución, la Declaración de Independencia o la Carta de Derechos. Un convoy con semejante carga histórica requería una canción oficial, y así nació The Freedom Train, un swing vocal compuesto por Irving Berlin e interpretado por Bing Crosby junto a The Andrews Sisters.

Bing Crosby and The Adrews Sisters – Their Complete Recordings Together (1947): «The Freedom Train».  Discogs.com

Mientras tanto, el siglo avanzaba y una nueva figura emergía con fuerza: Thelonious Monk. Dotado de un talento extraordinario para la composición y la improvisación, su estilo resultaba menos accesible para el gran público que el de Duke Ellington o Count Basie, quizá por su inclinación hacia armonías angulosas y estructuras imprevisibles. No obstante, su importancia es incuestionable: está considerado una figura clave en la consolidación del bebop, una música intelectual, concebida principalmente para la escucha y con un rechazo explícito al baile, tan característico del swing. Es, además, autor de estándares como Round Midnight, una de las piezas más versionadas en la historia del jazz. En 1954, publicaba Blue Monk Vol 2 que incluye el nostálgico Locomotive, el cual reproduce rítmica y melódicamente el movimiento de las locomotoras.  

Thelonious Monk – Blue Monk. Vol 2 (1954): «Locomotive». Discogs.com

Inspirándose en parte en las enseñanzas de Thelonious Monk, el saxo tenor John Coltrane editaba en 1958 su segundo disco como líder, Blue Train, considerado uno de los grandes clásicos del hard bop. Este estilo, más cargado de sentimiento y menos abstracto que el bebop, muestra una conexión más directa con la cultura afroamericana urbana e incorpora influencias del blues, el gospel y el rhythm and blues. El disco se abre con el vibrante y conmovedor blues de homónimo título, que juega con dos conceptos muy queridos por la música estadounidense: el tren y la tristeza del blues. Sin embargo, en este caso, al ser su primer disco para Blue Note, también pudiera ser un homenaje al mencionado sello discográfico, que toma su nombre de la nota azul, la misma que distingue al jazz de otras músicas.

John Coltrane – Blue Train (1958): «Blue Train». Wikipedia.org

Aunque en general el jazz exige una escucha activa, pianistas como el canadiense Oscar Peterson logran conectar con todo tipo de personas, porque su virtuosismo no es una barrera. Hijo de un maletero del Canadian Pacific Railway, en 1963 publicaba con su trío Night Train, una composición que acabó dando nombre al disco que lo contenía, uno de los más exitosos de su muy prolífica carrera. En él confluyen el brillo técnico del bebop con la cercanía emocional del blues y el gospel, hasta el punto de que su compatriota Diana Krall ha afirmado que fue esta grabación la que despertó en ella la ambición de convertirse en pianista.

The Oscar Peterson Trio – Night Train (1963): «Night Train«. Wikipedia.org

Los sonidos, símbolos y metáforas del tren son omnipresentes en la música estadounidense, y muy especialmente en el jazz, un estilo en el que priman la libertad y la improvisación. Según el crítico musical Albert Murray, los trenes han aportado a esta música un énfasis percusivo decisivo. Su cadencia metálica, su impulso rítmico y su sensación de movimiento constante enriquecen el lenguaje jazzístico y refuerzan su identidad sonora, convirtiendo el ferrocarril no solo en motivo temático, sino en auténtico modelo expresivo.

Jazz ferroviario en el cine: ritmo, vapor y celuoide

Poco podían imaginar los esclavos de África Occidental que sus hollers, sus gritos de campo, acabarían transformándose, ya en Estados Unidos, en canciones de labor que darían origen al blues y al jazz. En los estados del Sur, las primeras cuadrillas ferroviarias recibían las órdenes de sus capataces mediante un sistema de llamada y respuesta: el capataz cantaba las instrucciones y los trabajadores respondían también cantando. No solo confirmaban así que habían comprendido el mensaje, sino que coordinaban los movimientos y reducían el riesgo de accidentes.

Entre las influencias tempranas del jazz destaca el ragtime, un estilo pianístico de raíz europea, pero de marcado ritmo africano. Alcanzó su apogeo a finales del siglo XIX gracias a músicos como Scott Joplin. A él debemos, entre otros, los rag The Entertainer, indisolublemente asociado la película The Sting (El golpe), y The Crush Collision March, compuesto en 1896 para un espectáculo basado en la colisión real de dos trenes. Este evento multitudinario es todo un precedente  del cine de catástrofes, un filón que Hollywood ha sabido explotar a lo largo de los años con películas que han trasladado a la gran pantalla  la misma fascinación por la espectacularidad del desastre.

Texas (1896). The Deadly Train Crash at Crush. factschology.com

En la década de 1940, el cine era mucho más que un evento multitudinario, era un espectáculo de masas y una auténtica fábrica de sueños, capaz de atraer al público sin necesidad de aparatosos choques ferroviarios. Esa fascinación se vio reforzada por la unión de estrellas cinematográficas y grandes orquestas de jazz —las big bands— con su característico ritmo, el swing. Así surgieron películas como Sun Valley Serenade (Tú serás mi marido), que incluye Chattanooga Choo Choo, una de las composiciones más emblemáticas de la railway music. Escrita por Harry Warren e interpretada por Glenn Miller, la canción alcanzó el número uno en Estados Unidos en 1941 y obtuvo el primer disco de oro concedido en el país. Su título, inspirado en la ciudad de Chattanooga (Tennessee) y en dos onomatopeyas que evocan el silbato del tren, relata un viaje desde Nueva York.

H. Bruce Humberstone  (1941). «Sun Valley Serenade». filmaffinity.com

Si Chattanooga Choo Choo ocupa un lugar central en la historia del jazz, Take The ‘A’ Train no le va a la zaga. Considerada una de las cien mejores composiciones estadounidenses de todos los tiempos, se convirtió en pieza esencial del repertorio de la big band de Duke Ellington. Escrita en 1939 por Billy Strayhorn, su título alude a las indicaciones que el propio Ellington dio a Strayhorn para llegar a su casa en Harlem tras un viaje desde Pittsburgh: «Primero, tome el tren A». La obra fue incluida en la banda sonora de Reveille with Beverly (La canción del amanecer), una película de marcado acento patriótico centrada en una locutora de radio que difundía el swing cuando este era ya un fenómeno cultural de masas y la auténtica banda sonora de la Segunda Guerra Mundial. Su programa, emitido a las 05:30, marcaba el ritmo matutino de miles de oyentes.

Charles Barton (1943). «Reveille with Beverly». filmaffinity.com

Al igual que en el caso de Chattanooga Choo Choo, Harry Warren fue también el compositor de On the Atchison, Topeka & the Santa Fe, cuyo título coincide con el del histórico ferrocarril Atchison, Topeka and Santa Fe Railway (AT&SF), fundado en 1859 para enlazar Chicago con el sur de California y considerado durante años el más importante de Estados Unidos. La canción forma parte de la banda sonora de The Harvey Girls (Las chicas de Harvey), película dirigida por George Sidney que rendía homenaje a las camareras de la cadena de hoteles Harvey. Interpretada por Judy Garland, se alzó con el Óscar a la mejor canción original en 1947.

George Sidney (1946). «The Harvey Girls». filmaffinity.com

Suele decirse que la palabra «jazz» procede de la expresión «jass it up, boys», pronunciada en el Schiller’s Café de Chicago en 1916 durante la actuación de la Johnny Stein’s Band, embrión de la futura Original Dixieland Jazz Band, que publicó el primer disco de jazz un año después. Al igual que «rock & roll», el término «jazz» tuvo inicialmente connotaciones de carácter sexual y se empleó de forma peyorativa para denominar la nueva música. Sin embargo, su constante evolución lo ha convertido en uno de los estilos más eclécticos y exigentes, quizá el que mejor ha sabido incorporar a su lenguaje los sonidos del ferrocarril, y uno de de los más presentes en las bandas sonoras cinematográficas.