La mirada ferroviaria de Paul Delvaux

Soledad. 1956. WahooArt.com

Siendo un niño, el pintor belga Paul Delvaux (Antheit, 1897 – Veurne, 1994), vio los primeros tranvías eléctricos en Bruselas y le parecieron tan maravillosos que desde entonces el ferrocarril, juntamente con las mujeres, la arquitectura greco-romana y los esqueletos, serían un motivo recurrente a lo largo de su obra, en la cual desarrolló un universo propio, entre el sueño y la realidad, calificado como realismo mágico.

Tranvía nocturno (or Champs Perdu). 1950. ar.Pinterest.com

Considerado un artista surrealista, aunque nunca lo fue de manera oficial, compartió con dicho movimiento su interés por explorar las profundiades de la mente, crear atmósferas misteriosas y revivir la poesía en el arte. Sin embargo, sus inicios artísticos estuvieron influenciados por el impresionismo. Un ejemplo representativo de dicha época es el cuadro La estación de Luxemburgo, que se caracteriza por los tonos marrones, grises y oxidados, con toques blancos, en el que representa la actividad de la terminal.

Estación de Luxemburgo. 1922. WahooArt.com

En su evolución hacia el realismo mágico, destacan tres momentos clave ocurridos entre 1926 y 1934. En 1926-1927, conoce al pintor metafísico Giorgio de Chirico, con quien compartirá su interés por los espacios vacíos, intrigantes y angustiosos. A principios de la década de 1930, visita el Museo Spitzner de Anatomía e Higiene, donde ve La venus dormida, una figura de cera que será el origen de muchas mujeres desnudas que aparecen en sus cuadros. Y en 1934, participa en la exposición Minotauro de Bruselas, junto a otros artistas como René Magritte, de quien tomará su mundo onírico, la inexpresividad y las yuxtaposiciones más sorprendentes.

Si bien La venus dormida influyó de forma determinante en la representación de la mujer, su relación con ellas también desempeñó un papel importante. Obligado a casarse en 1937 con Suzanne Purnal, una mujer a la que no amaba, el matrimonio fue un fracaso anunciado. Y aunque en 1947 se reencontró con el amor de su vida, Anne Marie Martelaere, a quien había conocido en 1920, la frustración amorosa de su juventud fue una fuente constante de inspiración que le llevó a colocar a las mujeres en un pedestal. Sus mujeres son jóvenes, hieráticas, ensimismadas, ubicadas en ambientes sin vinculación aparente con la escena, como es el caso de La edad de hierro.  

La edad de hierro. 1951. elasombrario.com

El mundo onírico y el natural se mezclan de nuevo en Las sombras y crean una atmósfera donde parece que no existe el tiempo y la realidad. Todo es quietud y silencio: una mujer absorta en su pensamiento mira fijamente el suelo; un tren está detenido en una vía que comienza su recorrido en el mar. La escena transcurre en los inicios de la hora azul, cuando el cielo oscurece antes de anochecer.

Las sombras. 1965. WikiArt.org

Lector empedernido de Homero y Julio Verne, escritores «viajeros» por antonomasia, Delvaux utilizó las estaciones y los trenes como elementos que despiertan la imaginación y sugieren un viaje a lo desconocido. Para garantizar la fidelidad de los detalles ferroviarios en sus obras, en su estudio tenía maquetas de trenes y tranvías, lo que le permitía obtener obras tan genuinas como La Estación Forestière. Dicho óleo es uno de sus trabajos más famosos de la década de 1960 y ejemplo de atmósferas misteriosas, en la que dos niñas completamente estáticas observan la actividad ferroviaria.

Estación Forestière. 1960. WikiArt.org

El mismo clima, la misma atmósfera se aprecian en El viaducto. Todo está paralizado, no hay señales de vida, las calles están vacías y, como en muchos otros cuadros, hay una lámpara encendida, en esta ocasión bajo la marquesina, así como un sorprendente espejo en la acera. En el fondo un tren cruza un viaducto. Un cuadro que semeja una escena teatral, en el que todo es real, pero el conjunto no lo parece.

El viaducto. 1963. museothyssen.org

En 1984, en un acto de justicia poética, Paul Delvaux, cuya obra hunde sus raíces en la memoria, el recuerdo y la infancia, fue nombrado jefe de estación honorario de la estación de Louvain-La-Neuve, en reconocimiento a su amor por el ferrocarril.

Imagen: ardenneweb.eu

La mirada ferroviaria de Hans Baluschek

Autorretrato. 1918. Wikipedia.org

Hans Baluschek (Breslau, 1870 – Berlín, 1935), fue miembro fundador del movimiento Secesión de Berlín, considerado parte del Modernismo, además de un relevante pintor del realismo crítico alemán. Con un lenguaje sencillo, que en ocasiones puede parecer ingenuo, dedicó gran atención a los asuntos sociales y laborales de la clase obrera berlinesa, los cuales presentaba con un aire de melancolía y desde una perspectiva de denuncia, algo en lo que seguro influyó su condición de miltante del Partido Socialdemócrata.

Hijo de un ferroviario, desde niño sintió gran fascinación por el ferrocarril, motivo recurrente a lo largo de toda su carrera, el cual representó como medio de transporte público, dinamizador de la actividad industrial y transporte estratégico durante la I Guerra Mundial.     

Tren expreso. 1909. Wikipedia.org

En sus obras se refleja la humildad, la pobreza y el contraste entre una sociedad anclada en el pasado deslumbrante del Imperio alemán y el vertiginoso desarrollo consecuencia de la acelerada industrialización del país. La industrialización provocó que muchas personas trabajaran en condiciones penosas y deviniesen en víctimas inocentes, como se aprecia en Los emigrantes, en el cual una familia, en la que solo se atisba preocupación por un futuro que se intuye difícil, espera en el andén de una localidad donde diferentes fábricas producen a todo ritmo. 

Los emigrantes. 1924. Arthur.io

Su interés por retratar la vida común sin artificios es igualmente tangible en A la mina. En primer plano, vemos un tren, elemento clave para la producción industrial, y, un poco más alejado, un numeroso grupo de personas que se dirige casi de noche al trabajo en un entorno helado, al objeto de extraer un mineral que luego alimentará unas fábricas cuyas chimeneas son indicadoras de su frenética actividad.

A la mina. 1914. Espina-roja.blogspot.com

Si las condiciones de trabajo de las personas menos cualificadas distaban mucho de ser idílicas, las sociales de los lugares donde vivían tampoco lo eran. De ello nos ofreció abundantes ejemplos, siendo Über Dächern una de sus obras más conocidas. En ella, las vías férreas, además de dividir bloques de apartamentos en las afueras de Berlín, se ubican por encima de ellos, con todos los problemas de ruidos, vibraciones y seguridad fácilmente imaginables.

Úber Dächern. 1934. Karlundfaber.de

Además de ser un elemento básico para la industria, el ferrocarril también lo era como medio de transporte de la ciudadanía en general y de la clase trabajadora en particular, como da fe el cuadro En la estación. En un andén abarrotado, percibimos un tren de llegada y otro de salida, así como una muy detallada representación de la marquesina y varios apuntes de la señalética de la terminal, lo cual proporciona gran verismo a la obra.

En la estación.1929 commons.wikimedia.org

Para un artista con tanta sensibilidad social, la Primera Guerra Mundial no podía pasar desapercibida. Contó inicialmente con su fervor patriótico, de hecho se ofreció voluntario con 40 años, pero su desenlace le afectó mucho, lo que le llevó a distanciarse del régimen político que imperó en Alemania entre 1918 y 1933, es decir, la República de Weimar. Del periodo de la contienda nos legó numerosos  cuadros del campo de batalla y de entornos civiles, un ejemplo de estos últimos es Invierno de guerra.

Invierno de guerra. 1917. Wikipedia.org

Aunque sus ilustraciones para el popular libro infantil Viaje a la luna de Pedro (Peterchens Mondfahrt), hicieron de Baluschek un pintor muy conocido, con la llegada de los nazis al poder en 1933 fue declarado artista marxista. Además, sus cuadros fueron catalogados como arte degenerado (entartete kunst), al igual que los de los cubistas, dadaístas, expresionistas o surrealistas, por ser culpable de un atentado contra la germanidad y la cultura del pueblo alemán. Consecuentemente, fue despojado de todos sus cargos, despedido de todos sus puestos y se le prohibió exponer. Falleció dos años después y hasta el último momento siguió demostrado su interés por el ferrocarril y la clase trabajadora berlinesa, tal como advertimos en Acerías de Berlín, pintado el año de su muerte.

Acerías de Berlín. 1935. Arteyferrocarril.blogspot.com

Divas del jazz ferroviario

En un género predominantemente masculino, un grupo de artistas, que en algunos casos vivieron auténticas tragedias y sufrieron una doble discriminación por su condición de mujeres y negras, lograron alcanzar fama y reconocimiento, además de convertirse en un referente para futuras generaciones.

Bessie Smith, considerada la cantante de blues más grande de todos los tiempos y la primera gran dama del jazz, podría haber dicho mucho sobre discriminación. Su trágica muerte, desangrada a las puertas de un hospital que se negó a admitirla por el color de su piel, resalta la brutalidad del racismo. Destacaba por su entrega absoluta y por relatar sus intensas experiencias en las canciones. A finales de la década de 1920 nos brindó Dixie Flyer Blues, una composición que toma su título del tren de lujo que circuló desde Chicago a Florida entre 1892 y 1965. La canción narra la historia de una mujer que se dirige a Dixieland, es decir, a los estados sureños de Estados Unidos.

Bessie Smith – The Complete Recordings Vol. 2 (1991): «Dixie Flyer Blues». Discogs.com

Si la vida de Bessie Smith fue muy trágica, la de Billie Holiday no lo fue menos. Sufrió una infancia violenta, ejerció la prostitución, estuvo en prisión, consumió drogas, vivió en primera persona la discriminación racial y dejó para la historia uno de los mayores alegatos antirracistas: Strange Fruit. En 1956, tres años antes de su muerte por cirrosis hepática y con una voz en la que se aprecian los efectos del alcohol, recreó I Thought about You, un tema compuesto por Johnny Mercer que describe las cosas que observó durante un viaje en un tren nocturno a Chicago, cada una de las cuales le remitía a la persona amada.

Billie Holiday – Lady Sings the Blues (1956): «I Thought about You». Discogs.com

Con Billie Holiday y Sarah Vaugan, Ella Fitzgerald, hija de un maquinista, conforma el trío de voces femenino más influyente del jazz. Además, se suele afirmar que es la mejor intérprete femenina del cancionero estadounidense, el famoso The Great American Songbook. Entre sus interpretaciones más memorables se encuentra These Foolish Things, una de las composiciones más románticas de la historia, en la que enumera todas las cosas que le recuerdan a un amor perdido, como “el suspiro de los trenes de medianoche / en estaciones vacías”.

Ella Fitzgerald and Louis Amstrong – Ella And Louis Again (1957): «These Foolish Things». Discogs.com

Al igual que Ella Fitzgerald y Frank Sinatra, la cantante, compositora y actriz Peggy Lee inició su carrera como vocalista de una big band, para más tarde alcanzar el estrellato como solista. Su preciosismo vocal le permitía enfrentarse a cualquier tema. En 1945, grabó Waiting for the Train to Come In, una de sus canciones más representativas con el sello Capitol, donde narra la espera de su novio militar que está en el frente.  

Peggy Lee – The Best of (1998): «Waiting for the Train to Come in». Discogs.com

Y si Peggy Lee nos trasladaba a la II Guerra Mundial, Cassandra Wilson nos acerca a la Guerra de Vietnam con su versión del tema de los Monkees Last Train to Clarksville, en la que un hombre le pide a su chica que acuda urgentemente a la estación, porque debe partir para el país asiático. Considerada una de las cantantes más versátiles del jazz contemporáneo y admiradora rendida de Billie Holliday, a quien dedicó en 2015 el disco Coming Forth by Day, destaca tanto por sus personalísimas versiones de los estándares del jazz como por sus reinvenciones de composiciones folk, country o rock.

Cassandra Wilson – New Moon Daughter (1996): «Last Train to Clarksville». Discogs.com

El mundo del jazz no se puede entender sin las aportaciones de todas estas artistas atemporales, combativas, talentosas, que algún momento de su carrera incorporaron a su repertorio canciones articuladas alrededor del ferrocarril. Su legado es inconmensurable y objeto de análisis profundos, que transcienden a lo musical.  

Jazz ferroviario: swing, bebop y hard bop

En la primera mitad del siglo XX, el ferrocarril fue uno de los medios de transporte predilectos de los músicos de jazz durante sus giras por Estados Unidos. Con semejante antecedente, resulta plausible pensar que los sonidos de locomotoras, vagones y silbatos influyeran en muchas de sus composiciones, no solo por familiaridad, sino también porque ofrecían un material sonoro idóneo para el lucimiento de las secciones de metal de las grandes orquestas.

Ecos de esa influencia aparecen en la composición 9:20 Special, registrada por Count Basie, el otro gran líder de las big bands de las décadas de 1930 y 1940 junto a Duke Ellington, tras un viaje nocturno en tren desde Chicago. El título, al igual que su célebre One O’Clock Jump, alude a la hora en que se completó la grabación. Se trata de un swing instrumental que evoca un tren de pasajeros atravesando la noche a toda velocidad: los instrumentos de viento sugieren silbatos, válvulas y pistones de una locomotora de vapor, mientras la percusión recrea el traqueteo rítmico de los vagones sobre los raíles.

Count Basie – The Essential Count Basie Volume 3 (1941): «9:20 Special». Discogs.com

Casi al filo de la segunda mitad del siglo XX, y una vez concluida la Segunda Guerra Mundial, entre 1947 y 1949, otro tren recorría Estados Unidos con un propósito simbólico: reforzar el patriotismo nacional. Fue bautizado como el Tren de la libertad. Pintado con los colores de la bandera y custodiado por marines, transportaba documentos fundamentales como la Constitución, la Declaración de Independencia o la Carta de Derechos. Un convoy con semejante carga histórica requería una canción oficial, y así nació The Freedom Train, un swing vocal compuesto por Irving Berlin e interpretado por Bing Crosby junto a The Andrews Sisters.

Bing Crosby and The Adrews Sisters – Their Complete Recordings Together (1947): «The Freedom Train».  Discogs.com

Mientras tanto, el siglo avanzaba y una nueva figura emergía con fuerza: Thelonious Monk. Dotado de un talento extraordinario para la composición y la improvisación, su estilo resultaba menos accesible para el gran público que el de Duke Ellington o Count Basie, quizá por su inclinación hacia armonías angulosas y estructuras imprevisible. No obstante, su importancia es incuestionable: está considerado una figura clave en la consolidación del bebop, una música intelectual, concebida principalmente para la escucha y con un rechazo explícito al baile, tan característico del swing. Es, además, autor de estándares como Round Midnight, una de las piezas más versionadas en la historia del jazz. En 1954, publicaba Blue Monk Vol 2 que incluye el nostálgico Locomotive, el cual reproduce rítmica y melódicamente el movimiento de las locomotoras.  

Thelonious Monk – Blue Monk. Vol 2 (1954): «Locomotive». Discogs.com

Inspirándose en parte en las enseñanzas de Thelonious Monk, el saxo tenor John Coltrane editaba en 1958 su segundo disco como líder, Blue Train, considerado uno de los grandes clásicos del hard bop. Este estilo, más cargado de sentimiento y menos abstracto que el bebop, muestra una conexión más directa con la cultura afroamericana urbana e incorpora influencias del blues, el gospel y el rhythm and blues. El disco se abre con el vibrante y conmovedor blues de homónimo título, que juega con dos conceptos muy queridos por la música estadounidense: el tren y la tristeza del blues. Sin embargo, en este caso, al ser su primer disco para Blue Note, también pudiera ser un homenaje al mencionado sello discográfico, que toma su nombre de la nota azul, la misma que distingue al jazz de otras músicas.

John Coltraine – Blue Train (1958): «Blue Train». Wikipedia.org

Aunque en general el jazz exige una escucha activa, pianistas como el canadiense Oscar Peterson logran conectar con todo tipo de personas, porque su virtuosismo no es una barrera. De ascendencia ferroviaria, en 1963 grababa en formato trío Night Train, una composición que acabó dando nombre al disco que lo contenía, uno de los más exitosos de su muy prolífica carrera. En él confluyen el brillo técnico del bebop con la cercanía emocional del blues y el gospel, hasta el punto de que su compatriota Diana Krall ha afirmado que fue esta grabación la que despertó en ella la ambición de convertirse en pianista.

The Oscar Peterson Trio – Night Train (1963): «Night Train«. Wikipedia.org

Los sonidos, símbolos y metáforas del tren son omnipresentes en la música estadounidense, y muy especialmente en el jazz, un estilo en el que priman la libertad y la improvisación. Según el crítico musical Albert Murray, los trenes han aportado a esta música un énfasis percusivo decisivo. Su cadencia metálica, su impulso rítmico y su sensación de movimiento constante enriquecen el lenguaje jazzístico y refuerzan su identidad sonora, convirtiendo el ferrocarril no solo en motivo temático, sino en auténtico modelo expresivo.

Jazz ferroviario en el cine: ritmo, vapor y celuoide

Poco podían imaginar los esclavos de África Occidental que sus hollers, sus gritos de campo, acabarían transformándose, ya en Estados Unidos, en canciones de labor que darían origen al blues y al jazz. En los estados del Sur, las primeras cuadrillas ferroviarias recibían las órdenes de sus capataces mediante un sistema de llamada y respuesta: el capataz cantaba las instrucciones y los trabajadores respondían también cantando. No solo confirmaban así que habían comprendido el mensaje, sino que coordinaban los movimientos y reducían el riesgo de accidentes.

Entre las influencias tempranas del jazz destaca el ragtime, un estilo pianístico de raíz europea, pero de marcado ritmo africano. Alcanzó su apogeo a finales del siglo XIX gracias a músicos como Scott Joplin. A él debemos, entre otros, los rag The Entertainer, indisolublemente asociado la película The Sting (El golpe), y The Crush Collision March, compuesto en 1896 para un espectáculo basado en la colisión real de dos trenes. Este evento multitudinario es todo un precedente  del cine de catástrofes, un filón que Hollywood ha sabido explotar a lo largo de los años con películas que han trasladado a la gran pantalla  la misma fascinación por la espectacularidad del desastre.

The Deadly Train Crash at Crush, Texas (1896). Factschology.com

En la década de 1940, el cine era mucho más que un evento multitudinario, era un espectáculo de masas y una auténtica fábrica de sueños, capaz de atraer al público sin necesidad de aparatosos choques ferroviarios. Esa fascinación se vio reforzada por la unión de estrellas cinematográficas y grandes orquestas de jazz —las big bands— con su característico ritmo, el swing. Así surgieron películas como Sun Valley Serenade (Tú serás mi marido), que incluye Chattanooga Choo Choo, una de las composiciones más emblemáticas de la railway music. Escrita por Harry Warren e interpretada por Glenn Miller, la canción alcanzó el número uno en Estados Unidos en 1941 y obtuvo el primer disco de oro concedido en el país. Su título, inspirado en la ciudad de Chattanooga (Tennessee) y en dos onomatopeyas que evocan el silbato del tren, relata un viaje desde Nueva York.

Tú serás mi marido. H. Bruce Humberstone (1941). Filmaffinity.com

Si Chattanooga Choo Choo ocupa un lugar central en la historia del jazz, Take The ‘A’ Train no le va a la zaga. Considerada una de las cien mejores composiciones estadounidenses de todos los tiempos, se convirtió en pieza esencial del repertorio de la big band de Duke Ellington. Escrita en 1939 por Billy Strayhorn, su título alude a las indicaciones que el propio Ellington dio a Strayhorn para llegar a su casa en Harlem tras un viaje desde Pittsburgh: «Primero, tome el tren A». La obra fue incluida en la banda sonora de Reveille with Beverly (La canción del amanecer), una película de marcado acento patriótico centrada en una locutora de radio que difundía el swing cuando este era ya un fenómeno cultural de masas y la auténtica banda sonora de la Segunda Guerra Mundial. Su programa, emitido a las 05:30, marcaba el ritmo matutino de miles de oyentes.

La canción del amanecer. Charles Barton (1943). Filmaffinity.com

Al igual que en el caso de Chattanooga Choo Choo, Harry Warren fue también el compositor de On the Atchison, Topeka & the Santa Fe, cuyo título coincide con el del histórico ferrocarril Atchison, Topeka and Santa Fe Railway (AT&SF), fundado en 1859 para enlazar Chicago con el sur de California y considerado durante años el más importante de Estados Unidos. La canción forma parte de la banda sonora de The Harvey Girls (Las chicas de Harvey), película dirigida por George Sidney que rendía homenaje a las camareras de la cadena de hoteles Harvey. Gracias a este tema, Judy Garland ganó el Óscar a la mejor canción original en 1946.

The Harvey Girls. George Sidney (1946). Filmaffinity.com

Suele decirse que la palabra «jazz» procede de la expresión «jass it up, boys», pronunciada en el Schiller’s Café de Chicago en 1916 durante la actuación de la Johnny Stein’s Band, embrión de la futura Original Dixieland Jazz Band, que publicó el primer disco de jazz un año después. Al igual que «rock & roll», el término «jazz» tuvo inicialmente connotaciones de carácter sexual y se empleó de forma peyorativa para denominar la nueva música. Sin embargo, su constante evolución lo ha convertido en uno de los estilos más eclécticos y exigentes, quizá el que mejor ha sabido incorporar a su lenguaje los sonidos del ferrocarril, y uno de de los más presentes en las bandas sonoras cinematográficas.

La mirada ferroviaria de Giorgio de Chirico

Autorretrato. 1911. WikiArt.org

Giorgio de Chirico figura en los anales de la historia del arte como el creador de la pintura metafísica, un estilo que cultiva entre 1909 y 1919, y que se caracteriza por tratar de ir más allá del mundo físico y mostrar la realidad subjetiva del artista tal como la imagina, interpreta o descubre en su inconsciente. Una pintura que parece estar representando sueños, en la que los elementos simbólicos son elegidos concienzudamente y que ejercerá gran influencia sobre los surrealistas.

Aunque de nacionalidad italiana, nace en Grecia en 1888. Hijo de un ingeniero ferroviario que participó en la construcción del trazado entre Atenas y Tesalónica, los trenes serán un elemento habitual en sus cuadros, lo cual puede ser considerado tanto un homenaje a su progenitor como un guiño al futurismo. A los 18 se traslada con su familia a Alemania. En Múnich, ingresa en la Academia de Bellas Artes y se sumerge en la obra de los pintores simbolistas Max Klinger y Arnold Böcklin, así como de los filósofos Nietzsche y Schopenhauer. Estos hechos tendrán un claro reflejo en su obra, tal como se puede observar en La conquista del filósofo, cuadro que muestra una plaza desierta con una yuxtaposición de objetos: un cañón, un reloj, la chimenea de una fábrica, una torre monumental, un tren de vapor, las sombras de dos personas que están fuera del cuadro y unos elementos extraños que transmiten la sensación de estar viendo algo absurdo, como son las dos alcachofas situadas en primer plano. La luz es suave, propia del atardecer. Un enrevesado rompecabezas de vacío, soledad y melancolía.

La conquista del filósofo. 1914. WikiArt.org

En el otoño de 1909 llega a Turín, donde observa sus grandes plazas con arcos y pasillos interiores, estatuas y fuentes que, con la luz de la tarde, generan sombras muy largas. Esta visión le inspirará paisajes urbanos que pintará en repetidas ocasiones, como Plaza de Italia, donde las altas arcadas generan sensación de vacío. En el horizonte apreciamos una torre con dos templos clásicos superpuestos y sus banderas desplegadas por un viento que no sopla, así como un tren en la lejanía. En la mitad del cuadro, dos hombres, cuales maniquíes, se saludan detrás de una estatua de Ariadna acostada. En primer plano, observamos un misterioso cubo en la sombra, al que no alcanza directamente la luz amarillenta que caracteriza el cuadro. Es difícil descifrar el mensaje, porque aunque todos los objetos son reconocibles, parece que estamos ante una pesadilla silenciosa.

Plaza de Italia. 1913. WikiArt.org

Tras Turín se va a París, donde se relaciona con los grupos vanguardistas, pero sin integrarse en ellos. A dicha época pertenece Gare de Montparnasse (La melancolía de la partida), una pintura figurativa que no representa un lugar real. Se trata de un espacio abierto, vacío, con presencia humana testimonial, sombras alargadas y colores sencillos, todo lo cual sugiere una sensación enigmática e inquietante. En el ángulo inferior derecho unos plátanos, que se prestan a múltiples interpretaciones, dan a la obra un toque surrealista.

Gare de Montparnasse (La melancolía de la partida). 1914. WikiArt.org

En 1914, diez años antes de la aparición del surrealismo, pinta La canción de amor, una obra onírica en la que mezcla objetos modernos y antiguos. En ella contemplamos la cabeza del Apolo de Beldevere, un guante rojo, una bola verde y una locomotora al fondo; un cuadro que de nuevo rezuma melancolía y pretende ir más allá del mundo físico. Está considerado el precedente del surrealismo, estilo que en las décadas de 1920 y 1930 tratará de plasmar los sueños e imágenes del subconsciente a través del automatismo psíquico.

La canción de amor. 1914. Wikipedia.org

Un año después es llamado a filas para combatir en la I Guerra Mundial, de donde regresa herido en 1917. Progresivamente abandona su nihilista y enigmática etapa metafísica de arquitecturas vacías, paisajes sombríos, naturalezas muertas, soledad, silencio y tristeza, para centrarse en un arte más académico y neoclasicista. Aunque los surrealistas no le perdonarán su deserción, el “Pictor Optimus”, tal como figura en su tumba, muere en 1978 admirado y respetado. Su influencia es claramente observable en Salvador Dalí, Edward Hopper o René Magritte, que se adhirió al movimiento surrealista tras contemplar La canción de amor.

El legado ferroviario de Bruce Springsteen

Clarence Clemons & Bruce Springsteen. viajesrockyfotos.com

En 1974, la CBS seguía presentando a Bruce Springsteen como el nuevo Dylan, pero todo cambió a raíz de un recital en el Harvard Square Theater de Boston, al que asistió el prestigioso periodista de rock Jon Landau. Tras el espectáculo, Landau escribió: “vi el futuro del rock and roll y su nombre es Bruce Springsteen”. Acto seguido, la CBS modificó su estrategia, publicó Born to Run y nada volvió a ser igual. Con el paso de los años, hemos comprobado que sus palabras han resultado proféticas, ya que hoy en día sigue siendo el mejor embajador del rock, al que ha dotado de épica y resiliencia. Y lo ha conseguido gracias a su vitalidad y creatividad; con canciones pobladas de personas que viajan en busca de un futuro, huyen de la realidad o intentan curar sus heridas internas, en las que el tren, en sentido literal o figurado, desempeña un papel relevante.

Con más de cinco décadas de trayectoria, Springsteen ha demostrado su talento en múltiples facetas. Como poeta urbano y cronista del reverso del sueño americano, es imposible pasar por alto New York City Serenade. La composición relata la historia de un joven adicto a la heroína y su novia, quien lucha por no ser arrastrada al abismo. A lo largo de la composición, el tren simboliza la droga y las vías, las venas, tejiendo una poderosa metáfora de desesperación y redención en el paisaje nocturno de la ciudad.

New York City Serenade. The Wilde, the Innocent & The E Street Shuffle, 1973. Discogs.com

Asimismo, es inevitable traer a colación Black Cowboys, porque la canción cuenta la historia de Rainey Williams, un joven de Mott Haven, uno de los barrios más empobrecidos del Bronx. Rainey mantiene una estrecha relación con su madre, quien se esfuerza por protegerlo de las pandillas y los peligros de la calle. Sin embargo, todo cambia cuando ella se enamora de la persona equivocada y cae en la adicción. Finalmente, Rainey toma las riendas de su destino: roba 500 dólares a su «padrastro», coge el tren y huye en busca de un futuro mejor.   

Black Cowboys. Devils & Dust, 2005. Discogs. com

El interés por las historias cotidianas es una constante en su obra. Un ejemplo emblemático es Downbound Train, del icónico Born in the U.S.A. En este tema, narra la derrota vital de Joe, un hombre que lo ha perdido todo: trabajo, amor, libertad y esperanza. Su desolación lo deja a la deriva, como un jinete atrapado en un tren que avanza sin rumbo, reflejando la fragilidad de los sueños y la crudeza de la realidad.

Downbound Train. Born in the USA, 1984. Discogs.com

La sensación de pérdida recorre igualmente Leavin’ Train, una canción grabada durante las sesiones de Human Touch pero finalmente incluida en Tracks, el recopilatorio de 66 descartes publicado en 1998. En esta canción conocemos a un joven que enfrenta el dolor de un amor no correspondido, porque cada vez que mira a los ojos de su chica, siente que la está perdiendo, como quien ve partir un tren sin poder detenerlo.

Leavin’ Train. Tracks, 1998. Discogs.com

Cabe destacar también su apego por la clase trabajadora, que lo ha convertido en uno de los principales exponentes del heartland rock, algo apreciable en Tucson Train. En ella, nos relata la historia de un hombre que trabaja en la construcción y que viaja desde San Francisco a Tucson, Arizona, con la ilusión de empezar una nueva vida. Aunque la relación con su novia en California no era muy sólida, espera con ilusión su llegada en el tren de las 5:15.

Tucson Train. Western Stars, 2019. Discogs.com

El compromiso y la emotividad, tan característicos en sus composiciones, se entrelazan en The Last Carnival, donde rinde un conmovedor homenaje a su teclista Danny Federici, fallecido en 2008. La canción se convierte en un tributo personal y colectivo, reflejado en versos como “tomaremos el tren sin ti esta noche”, una despedida cargada de melancolía que simboliza la ausencia irreparable de su amigo y compañero de banda.

The Last Carnival. Working on a Dream, 2009. Discogs. com

En ocasiones se erige en portavoz de la esperanza, como demostró con su disco The Rising, editado al año siguiente del ataque a las Torres Gemelas, o en canciones como Land of Hope and Dreams, que ha sido el punto final de numerosos recitales. En el tren de las grandes ruedas, los sueños no se verán frustrados y la fe será recompensada. Todo el mundo será bienvenido, santos y pecadores, ganadores y perdedores, prostitutas y jugadores, locos y reyes…, en su viaje a la tierra de esperanza y sueños, al sueño americano.

Land of Hope and Dreams. Wrecking Ball, 2012. Discogs.com

Springsteen, símbolo de honestidad y entrega inagotable en sus maratonianos recitales, es admirado e imitado en todo el mundo. Su música conecta profundamente con el público, que ve reflejadas sus propias vivencias y emociones en las canciones. Paradójicamente, esta cercanía lo ha convertido en uno de los artistas con mayor número de discos piratas, entre los que destaca el muy ferroviario Railroad Tracks.

Bruce Springsteen. Railroad Tracks, 1996. Discogs.com

El tren lunático

Charles Miller. El tren lunático. amazon.es

En un momento en el que las reivindicaciones se multiplican tanto en África como en Europa, para que Alemania gestione el fin de su herencia colonial en Namibia, Bélgica en el Congo y Gran Bretaña en Kenia, por sus políticas racistas que provocaron millones de muertos, la publicación en España de El tren lunático, de Charles Miller, cinco décadas después de su llegada al mercado anglosajón, resulta de lo más oportuna.

Tomando como referencia la construcción del ferrocarril que unió Mombasa, en el océano Índico, con Kisumu, en el lago Victoria, a principios del siglo XX, el autor analiza el inicio del imperialismo británico en el África Oriental. Un recorrido histórico que va desde la conquista de Zanzíbar por los portugueses en el siglo XVI, hasta los años posteriores a la Primera Guerra Mundial, con los colonos británicos asentados en las Tierras Altas de Kenia.

Entre 1896 y 1901, la empresa British East Africa Company construyó un ferrocarril de 930 kilómetros que recibió el nombre de Uganda Railway. Considerado como el  ferrocarril más audaz del mundo, discurría por un territorio en gran parte sin explorar, porque después de Mombasa había un desierto, seguido de una vasta área que ascendía hacia una región volcánica dividida por el Valle del Rift, para terminar con un lodazal de casi 200 kilómetros.

La que pretendía ser una obra de referencia comenzó siendo un fiasco económico, de ahí su nombre de tren lunático, porque costó 5 millones de libras esterlinas, el doble de lo presupuestado. Para la obras fueron contratados 32.000 indios, de los cuales 2.600 murieron y 6.000 quedaron incapacitados. Su construcción fue cruenta debido a los enfrentamientos con las tribus kikuyu, masai y nandi, que provocaron el derramamiento de mucha sangre; dramática, por el centenar largo de personas que fueron devoradas por los leones de Tsavo, así como las bajas mortales sufridas por malaria y las  picaduras de las moscas tsé-tsé; y muy dolorosa, por las heridas causadas por los durísimos espinos de las bomas y los efectos de la altas temperaturas en los elementos metálicos, como los carriles, que abrasaban las manos de los trabajadores.

Entró en funcionamiento en 1903 y sigue en activo, aunque con algunas modificaciones en su trazado y trenes chinos entre Mombasa y Nairobi. Su construcción se debió a un cúmulo de razones, desde la  necesidad del Imperio Británico de controlar Egipto, las fuentes del Nilo y el Canal de Suez, hasta abrir nuevas rutas comerciales y acabar con la esclavitud, pasando por el complejo del salvador blanco y la obligación moral de llevar la Pax Britannica a unos nativos sin civilizar.

Considerado un clásico de la literatura de viajes, El tren lunático se inscribe en el contexto del Reparto de África, es decir, la rivalidad entre las potencias europeas por el dominio territorial del continente, el control estratégico de rutas y cuencas fluviales, así como la explotación de sus recursos. En él, Miller reconoce que los intrusos blancos, movidos a la vez por el coraje y la avaricia, impusieron su presencia a pueblos que nunca la reclamaron. Y, pese a admitir ciertos excesos, termina por justificarla al considerarla beneficiosa para todas las partes implicadas.

DATOS BIBLIOGRÁFICOS

  • Autor: Charles Miller
  • Título: El tren lunático (The Lunatic Express)
  • Editorial: Ediciones del Viento
  • Año de publicación: 2019
  • Páginas: 768

Jazz-rock ferroviario: vibrante fusión

A finales de la década de 1960, el jazz —el género musical que quizá mejor ha sabido interiorizar los sonidos del ferrocarril— se fundió con el rock y el funk. De ese encuentro surgió un estilo nuevo y deslumbrante, terreno propicio para el virtuosismo de músicos superdotados que, apoyados en instrumentos eléctricos y electrónicos, dieron forma a composiciones complejas, ricas en filigranas técnicas y amplios espacios para la improvisación. Sin embargo, cuando el exhibicionismo instrumental y cierta tendencia megalómana comenzaron a eclipsar la frescura creativa, en la década siguiente emergió una vertiente más accesible y orientada al gran público: la llamada fusión, que suavizó las aristas del género sin renunciar del todo a su complejidad sonora.

Entre los representantes más destacados de esta vertiente se encuentra el violinista francés Jean-Luc Ponty. Maestro indiscutible del violín eléctrico, Ponty ha sabido ampliar el vocabulario del instrumento mediante recursos electrónicos y una imaginación melódica inconfundible. Su huella es profunda tanto en su carrera en solitario como en sus colaboraciones con figuras del rock —Elton John, Frank Zappa— y del jazz-rock —Mahavishnu Orchestra, Return To Forever—. En su prolífica discografía brilla Trans-Love Express, un vibrante instrumental que evoca un viaje ferroviario convertido en metáfora espiritual, fiel reflejo de un músico fascinado por el misticismo, los periplos imaginarios y los mensajes cósmicos.

Jean-Luc Ponty – Enigmatic Ocean (1977): «Trans-Love Express». Discogs.com

Otra referencia europea imprescindible es la banda de Canterbury Soft Machine, formación clave aunque de repercusión comercial más discreta que su influencia artística. En 1975 publica Bundles, disco que incluye la delicada pieza instrumental The Man Who Waved at Trains (El hombre que saludaba a los trenes). El título remite a la novela de Georges Simenon L’Homme qui regardait passer les trains, y en apenas dos minutos condensa la sensibilidad experimental y la elegancia melódica de un grupo fundamental para entender la evolución del jazz-rock británico.

Soft Machine – Bundles (1975): «The Man Who Waved at Trains». Discogs.com

Si Soft Machine toma su nombre de la célebre novela de William S. Burroughs, el cuarteto neoyorquino The Manhattan Transfer hace lo propio con otra obra emblemática de John Dos Passos. Especializado en armonías vocales, sus integrantes han reivindicado siempre su vocación ecléctica, aunque sienten predilección por poner letra —o voz— a grandes instrumentales del jazz. Uno de sus temas más emblemáticos es Tuxedo Junction, que se abre con una sugerente imitación vocal del sonido de un tren. El título alude al intercambiador ferroviario de Tuxedo, en Birmingham (Alabama), antiguo núcleo de ocio y baile donde, curiosamente, había una tienda de alquiler de esmóquines (tuxedos, en inglés americano), detalle que terminó dando nombre al lugar y a la canción.

The Manhattan Transfer – The Manhattan Transfer (1975): «Tuxedo Junction». Discogs.com

Si hay un músico que ha sabido integrar el jazz con otros lenguajes sin perder exigencia ni calidez, ese es el guitarrista estadounidense Pat Metheny. Su capacidad para fundir lirismo, virtuosismo y apertura estilística se manifiesta de manera ejemplar en Still Life (Talking), donde figura la electrizante Last Train Home (Último tren a casa). En esta pieza, la cadencia del tren —evocada rítmicamente— se entrelaza con aires brasileños, generando una atmósfera de viaje y nostalgia. La composición parece condensar la vida itinerante de un músico capaz de ofrecer hasta 240 conciertos al año.

Pat Metheny Group – Still Life (Talking) (1987): «Last Train Home». Discogs.com

Los especialistas suelen señalar Bitches Brew, el álbum que Miles Davis publicó en 1970, como la verdadera puesta de largo del jazz-rock y el antecedente directo de la fusión. Polémico y revolucionario, el disco dividió a la crítica y a los puristas, pero abrió definitivamente las puertas del jazz a nuevas audiencias más próximas al pop y al rock. Y, en esa confluencia de estilos, el imaginario ferroviario encontró también un nuevo cauce expresivo.

The Ghost and the Darkness (Los demonios de la noche)

Imagen: filmaffinity.com

El Lunatic Express ha pasado a la historia como uno de los proyectos ferroviarios más audaces del mundo. Bautizado así por los británicos, porque los 930 kilómetros que unen los puertos de Mombasa, en el océano Índico, y Port Florence, en el lago Victoria, costaron el doble de lo presupuestado y su rentabilidad inicial generó muchas dudas. Se concibió por la necesidad del Imperio Británico de controlar el África Oriental, en particular Egipto, las fuentes del Nilo y el Canal de Suez, además de abrir nuevas rutas comerciales y combatir la esclavitud. Contó con la participación de 32.000 trabajadores indios, de los cuales 2.600 murieron y 6.000 quedaron incapacitados. El proyecto también derramó mucha sangre, porque los enfrentamientos con las poblaciones nativas fueron brutalmente reprimidos y dos leones machos, Ghost (Fantasma) y Darkness (Oscuridad), devoraron entre treinta y cinco personas -según estudios recientes-, y más de un centenar -tal como afirma Charles Miller en su libro El tren lunático-. desde marzo a diciembre de 1899.

Avalado por su experiencia en la India, el teniente coronel británico John Henry Patterson fue contratado en 1898 por el Ferrocarril de Uganda para construir un puente sobre el río Tsavo (masacre) en el plazo de cinco meses. Sin embargo, no pudo cumplir el plazo debido a una serie de contratiempos, que incluyeron dificultades en el terreno, conflictos con etnias locales, especialmente con los masai, falta de mano de obra y enfermedades como la disentería o la malaria. Además, la construcción se vio afectada porque nada más llegar, una noche dos culíes (trabajadores indios) fueron arrastrados de sus tiendas y devorados. Serían los primeros de una serie que provocó un miedo generalizado, hasta el extremo de que se produjo un motín y los trabajadores abandonaron las obras durante tres semanas.

Aunque los nativos y culíes vieron en los dos leones la encarnación del espíritu del mal y el rechazo de la naturaleza al hombre blanco que alteraba la geografía africana, porque no temían a las armas, el fuego, las bomas (recintos de ramas espinosas), o las trampas, la realidad resultó más prosaica. Investigaciones recientes han demostrado que los ataques fueron debidos a un cúmulo de circunstancias que van desde una enfermedad en los dientes que les impedía cazar presas más duras, hasta una sequía que duraba dos años, pasando por una peste bovina que había diezmado la fauna local. Inicialmente, los leones encontraron una alternativa en las personas que no habían sido enterradas, como los propios trabajadores o esclavos, dado que parte del trazado del ferrocarril coincidía con las rutas que los árabes utilizaban para trasladar los esclavos a Zanzíbar.

La historia de los leones de Tsavo ha inspirado películas como: Men against the Sun, Bwana Devil (Bwana, el diablo de la selva), Killers of Kilimanjaro (Los asesinos del Kilimanjaro), y, la más conocida, The Ghost and the Darkness (Los demonios de la noche), filme con Val Kilmer en el papel del teniente coronel Patterson y Michael Douglas en el de Charles Remington, cazador ficticio que tiene por apellido el nombre de una marca de rifles usual en los safaris de la época. Arropados por un conocido elenco de actores y un guión muy fiel a la realidad del autor de Dos hombres y un destino, fue recibida con tibieza por la crítica, pero funcionó razonablemente bien en taquilla.

Al igual que Moby Dick o Tiburón, Los demonios de la noche es de nuevo la representación de la lucha épica del hombre contra la bestia. La singularidad en este caso radica en que la bestia era real; de hecho, los leones pueden verse disecados en el Museo Field de Historia Natural de Chicago. Y contra ella luchó el teniente coronel Patterson, para proteger a sus trabajadores y llevar el Lunatic Express, es decir, la civilización y el orden, a un mundo casi sin inexplorado.

 FICHA TÉCNICA:

  • Título: The Ghost and the Darkness (Los demonios de la noche)
  • Director: Stephen Hopkins
  • Guión: William Goldman
  • Música: Jerry Goldsmith
  • Fotografía: Vilmos Zsigmond
  • Reparto: Michael Douglas, Val Kilmer, Tom Wilkinson, Emily Mortimer, Om Puri, Bernard Hill, John Kani, Brian McCardie, Henry Cele, Nick Lorentz
  • País: Estados Unidos   
  • Año: 1996
  • Duración: 110  minutos  
  • Género: Aventuras