Los túneles del paraíso

Luciano G. Egido. Los túneles del paraíso. amazon.es

Entre 1883 y 1887, miles de carrilanos, provistos de picos, palas, barrenos y más voluntad que conocimiento, construyeron los 29 túneles y 9 puentes que se distribuyen a lo largo de los 19 kilómetros de la vía férrea que separan La Fregeneda (Salamanca) y Barca de Alba (Portugal), uno de los más impresionantes ejemplos de ingeniería ferroviaria a escala mundial.

Pero ¿quiénes eran los carrilanos que protagonizan la novela histórica de Luciano G. Egido Los túneles del paraíso? Si recurrimos al Diccionario de la Real Academia Española encontramos dos acepciones. La primera nos dice que en España son las personas que viven en la calle por carecer de hogar y de medios para mantenerse; mientras que en Bolivia, Chile y Perú son los operarios del ferrocarril. Dos definiciones complementarias que Egido redondea al describirlos como seres endurecidos por la experiencia, que huían de la miseria, se escondían de algún crimen o que simplemente querían salir del pozo, empezar de nuevo o comer caliente todos los días. Hombres sometidos a tal esfuerzo que superados los treinta y cinco años estaban viejos, arrugados, desnutridos, feos y ligeramente encorvados. Personas de fortuna esquiva, cuya evasión eran las peleas, el alcohol y la prostitución.

Mención especial merece la recreación que Egido hace de las circunstancias inhumanas en las que trabajaban, en un clima continental de temperaturas extremas, basadas en la injusticia, la brutalidad y el desprecio por la vida, por lo que las bajas por accidentes laborales eran constantes. También destaca la descripción de las insalubres condiciones en las que vivían, que, a modo de ejemplo, originaron una epidemia de cólera. Unas y otras, unidas a las reyertas y catástrofes naturales, como un desbordamiento del río Águeda que provocó más de 30 muertos, dieron lugar a constantes incumplimientos de los planes de trabajo, con sus consecuentes retrasos y rectificaciones.

En dicha tesitura no es sorprendente que afloraran conflictos políticos, consecuencia de los brotes revolucionarios; de seguridad y orden público, debidos a las peleas y asesinatos; y sociales, por la gestión epidemiológica o como resultado de los enfrentamientos entre carrilanos y lugareños.

Novela coral, muy bien documentada, de gran riqueza expresiva, que mezcla diferentes técnicas narrativas para reflexionar sobre la vida en condiciones extremas. Una metáfora de la condición humana de signo fatalista, que se vale de la construcción de una infraestructura que aspiraba a propiciar un fuerte desarrollo económico a ambos lados de la raya húmeda que forman los ríos Duero y Águeda, y ser una conexión directa y estable entre Salamanca y Oporto. Sin embargo, los hercúleos trabajos de los carrilanos no se vieron recompensados con el éxito comercial, porque la línea generó déficits continuos y fue cerrada al tráfico el 1 de enero de 1985, cuando un Real Decreto puso fin al servicio entre La Fregeneda y La Fuente de San Esteban.

DATOS BIBLIOGRÁFICOS:

La mirada ferroviaria de Claude Monet

Imagen: wikipedia.org Autorretrato con boina. 1886

El ferrocarril permitió a los pintores asentados en las márgenes del río Sena abandonar sus estudios y acercarse hasta Normandía, aproximarse a la naturaleza y pintar de manera más realista el mundo que los rodeaba. Y es en Le Havre donde Claude Monet (París, 1840 – Giverny, 1926), pinta en 1872 Impresión, sol naciente, el cuadro que dará nombre a una nueva corriente pictórica.

Entre 1850 y 1870, Francia vive una intensa etapa constructiva de grandes infraestructuras y los pintores impresionistas serán los primeros en fijar su vista en el ferrocarril como elemento artístico y también como una forma de mostrar la modernidad. Monet no será una excepción, porque encontrará en él un motivo de inspiración recurrente. La primera vez que el ferrocarril protagoniza una de sus obras es en Tren en el campo, en la que se constata su deseo de integrar el progreso en la naturaleza de forma armoniosa. A la luz del atardecer, varias personas pasean por una pradera, mientras al fondo una intensa humareda permite identificar la posición que ocupa la  locomotora de un convoy de viajeros parcialmente oculto detrás de una arboleda.

Imagen: wikiart.org. Tren en el campo. 1871

A medida que su pintura evoluciona, desaparecen los contornos y su interés por el realismo de los detalles es sustituido por la captura de las impresiones, como puede verse en La estación de ferrocarril de Argenteuil, que destaca por una  sorprendente tonalidad lila y anticipa lo que Edward Hopper hará unas décadas después al otro lado del Atlántico.

Imagen: wikiart.org. La estación de ferrocarril de Argenteuil. 1872

La tonalidad cambia sustancialmente en Tren en la nieve, cuadro en el que imperan los tonos grises de un cielo plomizo y los diferentes tonos blanquecinos de la nieve. Solo los faros de la locomotora aportan un toque de calor y color en una obra que capta perfectamente el ambiente de una mañana invernal.

Imagen. wikiart.org. Tren en la nieve. 1875

Uno de los rasgos característicos de Monet son las series, obras con el mismo motivo que le obligan a apresurarse para captar lo instantáneo y, en numerosas ocasiones, a terminar sus cuadros en el estudio. Al ser una mezcla de observación directa y memoria visual, dan lugar a una nueva concepción de la realidad. Y si en un primer momento las representaciones a diferentes horas tienen como motivo la investigación sobre cómo cambian las cosas dependiendo de la luz y del momento, con el paso de los años se convertirán en una obsesión, reflejo de su dolor y soledad.

Entre las series destacan la catedral de Ruan, los nenúfares, los almiares o las obras que tienen por objeto la estación de Saint-Lazare y algunos puentes ferroviarios, singularmente uno sobre el Sena y el de Charing Cross. El puente metálico sobre el Sena a la altura de Argenteuil, soportado por unas sólidas pilastras  que, además de crear un ritmo, contraponen su  verticalidad a la horizontalidad del propio puente, será representado por Monet hasta en cuatro ocasiones.

Imagen: wikiart.org. El puente de ferrocarril cerca de Argenteuil. 1874

La más conocida de sus series ferroviarias es la de la Estación de Saint-Lazare, la puerta a Normandía, de la cual pinta doce lienzos. En 1887, su prestigio es tal que los responsables de la estación retrasan la salida de los trenes o simplemente los mueven para que pueda captar diferentes enfoques. Entre los elementos comunes a todos ellos, cabe destacar el humo de las locomotoras, que representa de azul cobalto con blanco de cerusa.

Imagen. wikipedia.org. Estación de Saint-Lazare. 1887

Persona de espíritu viajero, entre 1899 y 1904 vuelve a Londres. En su primera visita, había conocido en profundidad la pintura de William Turner, que tanto influiría en su representación de la luz y el color, algo observable en los treinta y siete cuadros en los que plasmará el puente de Charing Cross, con el palacio de Westminster y el Big Ben de fondo. La luz solar se amalgama con la bruma, creando unas bellas tonalidades cromáticas, las cuales pueden verse en el Támesis, que se convierte en un espejo del cielo.

Imagen. wikiart.org. El puente de Charing Cross. 1902

Claude Monet ha pasado a la historia como el impresionista por excelencia, punto de partida del abstraccionismo y fervoroso admirador del ferrocarril, sobre el cual pintó numerosos cuadros. Murió rico y famoso, pero experimentó la hambruna, la pobreza extrema y un intento de suicidio. Y tras la muerte de su segunda esposa en 1911, sufrió un intenso dolor emocional.

Trash metal y glam metal ferroviarios: heavy norteamericano

De la misma forma que del heavy metal tradicional surgió, en la década de 1970, la Nueva Ola del Heavy Metal Británico, ésta fue el detonante del trash metal en la década de 1980. Y si los dos primeros géneros nacieron en Gran Bretaña, el tercero vio la luz en el área de la Bahía de San Francisco. Es como si al heavy metal le hubieran aplicado los tres principios de los Juegos Olímpicos: más rápido, más alto, más fuerte, porque se trata de un género más veloz, más agresivo y más pesado, con guitarras distorsionadas, querencia por las voces guturales y frecuentes cambios de ritmo. Su popularidad vino de la mano de los Big Four, es decir, Anthrax, Megadeth, Metallica y Slayer

Dentro de los Cuatro Grandes, Metallica es la banda de mayor influencia y éxito, tanto de público como de crítica. Incluso ha llegado a grabar junto a la Sinfónica de San Francisco, como puede apreciarse en No Leaf Clover. Se trata de un tema que reflexiona sobre la idea de que hacer las cosas “correctas”, no siempre garantiza una recompensa final y que, en ocasiones, la luz que se divisa al final del túnel resulta ser un tren de mercancías cargado de problemas, un trébol sin hojas.

Metallica – S&M (1999): “No Leaf Clover”. Pasionporlosvinilos.cl

De la expulsión del guitarrista original de Metallica, Dave Mustaine, nace Megadeth, otro exitoso cuarteto del thrash metal del Bay Area. En Train of Consequences aborda el problema de las decisiones imprudentes y de la avaricia, encarnadas en una persona deshonesta que se apropia del dinero ajeno sin consentimiento. En este sentido, el “tren de las consecuencias” representa un viaje, que puede no ser fácil de interrumpir o revertir, debido a los propios errores en la vida.

Megadeth – Youthanasia (1994): “Train of Consequences”. Discogs.com

Pero no todo el heavy metal es agresivo ni de difícil asimilación. El glam metal o hair metal —la versión más comercial del género, nacida en Los Ángeles— demostró que, con una imagen cuidadosamente trabajada de desaliño controlado, videoclips diseñados para su emisión en la poderosa MTV y baladas rock pensadas para las emisoras de FM, era posible llegar al gran público.

Paradigma de este estilo es Bon Jovi, una banda a medio camino entre el glam metal y el rock orientado al público adulto (AOR). En 1988 editaba el álbum que suele considerarse el más representativo de su carrera, New Jersey. En dicho disco aparece Homebound Train, la historia de un hombre que tras una larga ausencia, en la que ha estado en todas partes y ha conocido a muchas personas y tentaciones, decide regresar al hogar en tren para reconectar con lo auténtico, la mujer amada, la felicidad y la paz.

Bon Jovi – New Jersey (1988): «Homebound Train». Discogs.com

En la misma onda se sitúa Guns N’ Roses, responsable del que muchas personas consideran el mejor álbum debut de la historia, Appetite for Destruction, que incluye Nightrain. Esta canción alude a los efectos de un vino barato muy consumido por la banda en sus inicios, el Night Train Express, convertido en metáfora de una vida descontrolada y sin frenos, especialmente cuando se va tan “cargado” como un tren de mercancías. Debido a problemas legales con el nombre, el título fue abreviado, pasando de Night Train a Nightrain.

Guns N’ Roses – Appetite for Destruction (1987): “Nightrain”. Discogs.com

Al igual que Guns N’ Roses, Cinderella fue una banda especialmente relevante durante las décadas de 1980 y 1990. Sin embargo, la irrupción del grunge, con grupos como Nirvana —más centrados en el descontento social y la sencillez estética—, supuso un punto de inflexión en su carrera del que no logró recuperarse. Uno de sus mejores discos es el titulado Heartbreak Station, nombre que comparte con una balada rock incluida en el álbum. En ella, el protagonista se encuentra en una estación de ferrocarril, sumido en el dolor y la soledad tras una relación fallida: su chica se ha marchado llevándose consigo la última esperanza. Y es que los sueños, como los deseos, pueden desvanecerse del mismo modo que los trenes van y vienen.

Cinderella – Heartbreak Station (1990): “Heartbreak Station”. Discogs.com

El recorrido por los distintos subgéneros del heavy metal norteamericano permite comprender no solo su evolución estética y sonora, sino también su capacidad para generar discursos simbólicos complejos. Desde la intensificación técnica y agresiva del thrash metal, definido como la experiencia de ser arrollado por un tren bala, hasta la vertiente más accesible y comercial del glam metal, el género ha sabido adaptarse a contextos culturales cambiantes sin perder su identidad esencial y siempre con el uso recurrente de imágenes asociadas al ferrocarril y al viaje como elementos metafóricos.

Heavy metal ferroviario: transgresión existencial

Indagar en la etimología de la expresión heavy metal nos lleva a dos novelas escritas por William Burroughs a principios de la década de 1960, que responden a los títulos The Soft Machine -porque uno de sus personajes tiene por nombre Uranian Willy: The Heavy Metal Kid-, y Nova Express -por el tipo de música que escuchan las personas insecto-.

Si atendemos al uso del término dentro del ámbito musical, conviene remitirse al sociólogo alemán Hartmut Rosa, quien señala en su libro Cantan los ángeles, rugen los monstruos que su primera aparición en la letra de una canción se encuentra en Born to Be Wild, de Steppenwolf: «I like smoke and lightning / Heavy metal thunder” (Me gustan el humo y los relámpagos / los truenos del heavy metal).

El heavy metal, una evolución del hard rock, es un género musical transgresor que busca ofrecer una experiencia única, intensa y sensorial. En él abundan las referencias a la fantasía épica y la mitología, la muerte y el oscurantismo, así como a la rebeldía y la crítica social. Como señala Andrew O’Neill en La historia del Heavy Metal, el género surge a finales de la década de 1960 gracias a dos bandas originarias de Birmingham (Inglaterra): Black Sabbath y Judas Priest.

Judas Priest, cuyo nombre proviene de una canción de Bob Dylan (The Ballad of Frankie Lee and Judas Priest), ha sido siempre estandarte de la contundencia del British Steel, la descarga de adrenalina y la celebración de la fuerza sonora. Con estos antecedentes, resulta fácil comprender por qué en su discografía encontramos temas como Bullet Train, cuyos versos describen un avance sin frenos, ignorando el peligro, mientras una fuerza imparable (el tren bala) arrasa con todo a su paso, incluidos la mente y los sentidos.

Judas Priest – Jugulator (1997): «Bullet Train». Discogs.com

Sentadas las bases del heavy metal, comienzan las desavenencias internas en Black Sabbath, hasta el extremo de que su carismático líder, Ozzy Osbourne, decide abandonar la banda en 1979 para iniciar su carrera en solitario. Su debut, el mítico Blizzard of Ozz, incluye Crazy Train, una llamada de atención para que los herederos de la Guerra Fría dejemos de vivir como enemigos y no nos comportemos como trenes descontrolados, porque la consecuencia inevitable será la destrucción.

Ozzy Osbourne – Blizzard of Ozz (1981): «Crazy Train». Discogs.com

A finales de la década de 1970, el sonido del heavy metal tradicional, unido a la agresividad punk y al rock que se toca en los pubs, da lugar a la Nueva Ola del Heavy Metal Británico. Su reinado se extenderá hasta mediados de la década de 1980, momento en el que será eclipsado por el trash metal y el glam metal. 

Son muchas las bandas que integran la Nueva Ola del Heavy Metal Británico, pero por su influencia es obligado comenzar con Motörhead. Su pasión por el ferrocarril queda patente en Locomotive, canción que se puede entender como una declaración de principios: Motörhead es una locomotora, poder y gloria quemando las vías, y aplastará cualquier cosa en su camino. Pero tal vez sea Ridin’ with the Driver, que incluso menciona a Casey Jones, The Brave Engineer, su composición ferroviaria señera. La canción habla de aceptar el viaje, aunque sea peligroso. No importa si el final es malo: lo importante es ir a toda velocidad, fiel a uno mismo. Es una celebración del riesgo y de la vida intensa.

Motörhead – Orgasmatron (2015): «Ridin’ with the Driver». Discogs.com

Coetánea de Motörhead es Saxon, banda que en Denim and Leather, uno de sus discos más representativos y a la vez definitorios de la estética heavy, incluye toda una declaración de amor a una locomotora. Dicha canción es Princess of the Night, sobre la locomotora de vapor LMS Princess Royal Class, que prestó servicio en diferentes operadores británicos hasta 1962 y que encarna la época dorada del acero, el trabajo y la velocidad.

Saxon – Denin and Leather (1982): «Princess of the Night». Discogs.com

El heavy metal es una transgresión existencial, de actitud desafiante y aura antisistema, que aborda cuestiones oscuras y profundas. Su energía imparable también se encapsula en metáforas ferroviarias, que representan la velocidad, el poder y el desafío de un género que celebra la autenticidad y la pasión sin límites.

La mirada ferroviaria de Vincent Van Gogh

WikiArt.org. Autorretrato con sombrero de fieltro gris. 1887

Considerado uno de los artistas más influyentes del arte contemporáneo, el atormentado e hipersensible Vincent Willen Van Gogh (Holanda, 1853 – Francia, 1890), es también uno de los más admirados por el gran público. Su pintura, emocionalmente expresiva, en la que se intuye su necesidad perentoria de pintar, tuvo en las  infraestructuras ferroviarias y en los humeantes trenes de vapor en movimiento, símbolo de progreso y fugacidad del tiempo, un motivo recurrente.

Su obra estuvo muy marcada por los lugares en los que vivió. Después de trabajar como comerciante de arte, estudiar teología, ser misionero en una mina belga y haber estudiado en la Academia de Bellas Artes de Bruselas, en 1881 se instala en La Haya, donde dibuja con tinta y lápiz una pormenorizada vista de su estación en un día invernal.

WikiArt.org. Estación de La Haya. 1882

Entre 1883 y 1885 reside en Neuen (Holanda) y Amberes (Bélgica). Alentado por su hermano Theo, marchante de arte y gran apoyo a lo largo de toda su vida, comienza su carrera artística con sus predecesores holandeses como referencia. La paleta es apagada y poco variada, tal como se puede observar en La vieja estación de Eindhoven, un cuadro en el cual importa más la impresión del invierno que los detalles y en el que se adivina una pasión que le acompañará toda vida: el plenairismo o pintar al aire libre.

WikiArt.org. La vieja estación de Eindhoven. 1885

Desde 1886 a 1888 se instala en París y entra en contacto con los impresionistas. No comparte todos sus postulados, pero su pincelada se vuelve más corta y su paleta más luminosa. Un buen ejemplo de esta etapa es Puentes sobre el Sena en Asnières, en el que un tren de vapor corona una obra bañada por la bella luz de un atardecer estival en la que el agua es una explosión de reflejos.

WikiArt.org. Puentes sobre el Sena en Asnières. 1887

Atraído por la cálida luz meridional y el color del Mediterráneo, en 1888 deja París y se va a vivir a la Provenza. Es su etapa postimpresionista, las más prolífica y conocida de su carrera. Representa la vida cotidiana con colores mucho más intensos que la realidad, algo apreciable en Viaducto de Arlés, en el cual, en otro soleado atardecer, observamos un parque que había cerca de su casa, con plátanos de sombra en primer plano y un tren al fondo.

WikiArt.org. Viaducto de Arlés. 1888

Otro ejemplo de la intensidad cromática lo encontramos en Vagones de ferrocarril, cuadro en el que utiliza la realidad para plasmar su imaginación no para reproducirla. El deslumbramiento producido por la luz de la Provenza unido a su temperamento exaltado y a los conocimientos que los impresionistas le habían enseñado sobre los colores básicos y sus complementarios, dio como resultado una obra en la que destacan el verde esmeralda del cielo y el tono rojizo de los vagones.

WikiArt.org. Vagones de ferrocarril. 1888

Los puentes, una construcción  arquitectónica presente en numerosas de sus obras, siguieron reclamando su atención en la Provenza, como se evidencia en Puente de ferrocarril sobre la Avenida Montmajou, un cuadro de luz otoñal y gran profundidad, gracias a sus marcadas diagonales que guían la mirada en diferentes direcciones.

WikiArt.org. Puente de ferrocarril sobre la Avenida Montmajour. 1888

Su frenética actividad le provocará tal fatiga mental que, unida a la sífilis y al consumo de absenta, le harán ingresar voluntariamente en un hospital psiquiátrico durante casi un año. A su salida y de acuerdo con su hermano Theo se establece en Auvers-sur-Oise, al norte de París. De esta última etapa procede Paisaje con carro y tren, que representa una vuelta a la luz septentrional. En una perspectiva panorámica con disposición en horizontal, vemos los cultivos en vertical, lo cual proporciona sensación de gran profundidad, con la carreta y el tren como puntos de referencia. A los colores fríos como los verdes, azules y grises, contrapone el color rojo de las casas y la carreta. 

WikiArt. Paisaje con carro y tren. 1890

Van Gogh –Loving Vincent para alguno de sus allegados y El Loco del pelo rojo para sus vecinos de la Provenza-, fue un pintor en constante evolución, que interiorizó las enseñanzas de sus predecesores holandeses y las de los impresionistas franceses. Ha pasado a la historia como el postimpresionista de referencia y precursor del expresionismo y del fauvismo. Se suicidó a los 37 años tras legarnos 900 cuadros y 1.600 dibujos. Y aunque a la hora de pensar en su obra, seguramente lo primero que se nos viene a la cabeza son girasoles, noches estrelladas y campos de trigo, el ferrocarril fue una constante a lo largo de todas sus etapas. 

Rock adulto ferroviario: AOR adictivo

De amplia difusión en las emisoras de FM estadounidenses, el rock orientado al público adulto (AOR, por sus siglas en inglés), vivió su mejor momento en las décadas de 1970 y 1980. Se presentó como un género concebido para oyentes poco proclives al riesgo, en el que la balada rock, con estribillos irresistibles y una producción exquisitamente cuidada, era la auténtica reina. Generalmente, compuesto e interpretado por músicos de impecable solvencia profesional —artistas que rara vez ocupaban portadas—, resultaba ideal para las deslumbrantes giras por grandes estadios.

Aunque los Doobie Brothers (los Hermanos Canuto, en el argot californiano), comenzaron siendo una banda con cierta querencia por el rock sureño, lo cierto es que su discografía transita por el rock, el rhythm blues, el soul y, especialmente en la segunda mitad de la década de 1970, el AOR. De la primera época destaca Long Train Runnin’, una canción impulsada por una guitarra de acento funky en la que se repite la pregunta retórica, «sin amor,  ¿dónde estarías ahora?», que sugiere que el amor es esencial para superar las adversidades de la vida, de la misma forma que el movimiento lo es para que los trenes cumplan su función.

The Doobie Brothers – The Captain and Me (1973): «Long Train Runnin'». Discogs.com

De un espectro estilístico casi tan variado como Doobie Brothers es Styx, grupo de Chicago cuyo sonido se ha movido con soltura entre el hard rock, el rock progresivo y el AOR. En 1979, logró su único número uno con la balada Babe, una sentida declaración de amor de su teclista, Dennis  DeYoung, a su esposa momentos antes de subirse a un tren. En ella expresa, sin ambages, lo que siente, lo que ella representa para él y cómo se va a sentir en la distancia.   

Styx – Cornerstone (1979): «Babe». Discogs.com

Dos años después, en 1981, el AOR vivió uno de sus momentos culminantes, porque cuatro de las bandas de referencia, Foreigner, Journey, Reo Speedwagon y Toto, publicaron algunos de sus mejores discos de su trayectoria. En concreto, Journey, banda de San Francisco formada por exmiembros de relevantes grupos, editó Escape, álbum que incluye uno de los himnos del estilo, Don’t Stop Believin’. La canción, verdadero canto a la fe en uno mismo y al esfuerzo -encarnado por una chica de pueblo y un chico de ciudad que se encuentran en un tren de medianoche rumbo a cualquier destino en busca de un futuro mejor-, ha transcendido generaciones. La pandemia de coronavirus demostró la vigencia de su mensaje cuando numerosos hospitales estadounidenses la adoptaron como himno de resistencia y esperanza cuarenta años después de su lanzamiento.

Journey – Escape (1981): «Don’t Stop Believin'». Discogs.com

Si todas las bandas anteriores llegaron al AOR como consecuencia de su evolución artística, Toto se erigió en la quintaesencia del estilo desde su primer disco publicado en 1978, que incluye su éxito Hold on the Line. Formada en Los Ángeles por músicos de sesión, los mismos que dan lustre a las grabaciones o arropan en estudio a otros artistas, en 1992 endureció su sonido y lanzó el álbum Kingdom of Desire, que abre con el potente Gypsy Train, el tren gitano lleno de gente brillante y feliz, donde la satisfacción está garantizada, porque los placeres están al alcance de la mano.

Toto – Kingdom of Desire (1992): «Gypsy Train». Discogs.com

Denostado por los críticos, por considerar que es un estilo que trata la música como un producto de consumo para las radiofórmulas, uniforme y sin aristas, el esplendor del AOR coincidió con el esplendor del LP y sus campañas de lanzamiento milimétricas. Si bien es cierto que como en todos los estilos se publicaron muchas trivialidades, es de justicia reconocer que hubo grandes obras trufadas de canciones adictivas. Con el ferrocarril como leitmotiv, algunas de dichas canciones alcanzaron el número uno (Babe), siguen de rabiosa actualidad (Don’t Stop Believin’), o conocen nuevas versiones y remezclas periódicamente (Long Train Runnin’). Y aunque el videoclip no mató a la estrella de la radio, la fuerza con la que irrumpió la cadena estadounidense de televisión MTV a mediados de la década de 1980 cambió por completo el panorama musical americano y restó mucha fuerza a las FM.

Hard rock ferroviario: detonación sonora

Es un lugar común afirmar que You Really Got Me, grabada por el grupo británico The Kinks en 1964, es la primera canción de hard rock de la historia. Sin embargo, serían grupos como Deep Purple y Led Zeppelin quienes terminarían de consolidar ese estilo a finales de la década de 1960 y principios de la de 1970.

En 1971, Deep Purple, con su formación más célebre, publicaba el álbum Fireball. Este disco, junto con su predecesor Deep Purple in Rock y su continuación Machine Head, nutriría una de las obras cumbres del hard rock, el celebérrimo Made in Japan. En Fireball encontramos una canción inicialmente descartada, pero que más tarde fue recuperada, Slow Train, un tren lento que es la imagen de una situación que tarda en resolverse, una relación tóxica en la que conviven, de forma tensa y contradictoria, el amor y la frustración.

Deep Purple – Fireball 25th Anniversary Edition (1971): «Slow Train» (Album out-take). Discogs.com

Producida en sus primeros años por Roger Glover, bajista de Deep Purple, la banda escocesa Nazareth, sentó las bases de la balada rock con su memorable versión del clásico country Love Hurts. Sin embargo, sus méritos no terminaron ahí, porque también está considerada una de las bandas que ayudó a definir el hard rock durante la década de 1970. En 1977 publicó el álbum Expect No Mercy, del que se extrajo como sencillo Gone Dead Train, una canción en el que el “tren muerto” es una alegoría de una fuerza imposible de detener, un deseo sexual que avanza con la potencia de una locomotora desbocada.

Narareth – Expect No Mercy (1977): «Gone Dead Train». Discogs.com

Otro tren desbocado, imposible de detener, protagoniza Rock and Roll Traincanción del decimosexto álbum de estudio de AC/DC, Black Ice, que habla de libertad y de una energía incontenible que surge al vivir sin límites. A la banda se le ha acusado a menudo de repetitiva, pero su calidad y su férrea fidelidad al hard rock  le ha permitido colocar su disco Back in Black en el segundo lugar de los más vendidos de la historia, solo superado por Thriller de Michael Jackson.

AC/DC – Black Ice (2008): «Rock and Roll Train». Wikipedia.org

La misma energía y virilidad que caracteriza a los australianos AC/DC se refleja también en la banda de Michigan Grand Funk Railroad, cuyo nombre hace referencia a la compañía ferroviaria Grand Trunk Railroad, que operaba entre Estados Unidos y Canadá. Con una propuesta más directa y efectiva que técnica, el grupo alcanzó una notable popularidad y frecuentó las listas de ventas entre 1969 y 1974. Su último número uno fue The Loco-Motion, una canción de aire infantil que proponía un nuevo baile en línea: una coreografía que imitaba la conducción y la formación de un tren.

Grand Funk – Shinin’ On (1974): «The Loco-Motion». Discogs.com

Mucho más sofisticada es la propuesta de la esotérica y críptica banda neoyorkina del culto a la ostra azul, es decir, la Blue Öyster Cult, que llamó la atención desde el primer momento por sus apabullantes directos. Su segundo disco, Tyranny and Mutation, incluía el clásico Hot Rails to Hell, cuyo Expreso 1277 atrapaba en su hechizo al protagonista. Y éste no era otro que su bajista (Joe Bouchard), que contaba sus experiencias en la atmósfera peligrosa y caótica del Metro de Nueva York, tras un concierto de un saxofonista experimental. En ese viaje nocturno viajaba acompañado del artista Bill Gawlik, autor de las dos primeras e icónicas portadas de los discos del grupo y su famoso logo, una cruz ganchuda que en realidad es una modificación del símbolo de Cronos.

The Blue Öyster Cult – Tyranny and Mutation (1973): «Hot Rails to Hell». Discogs.com

Desde finales de la década de 1960 hasta la irrupción del punk a mediados de los setenta, el hard rock —evolución natural del blues-rock y precursor tanto del heavy metal como del AOR— vivió su etapa de mayor esplendor. En ese contexto, la metáfora del tren se convirtió en un motivo recurrente: símbolo de libertad, de deseo desbocado, de impulso imparable o de destino inevitable. Una imagen perfecta para un viaje sonoro generoso en determinación y actitud, intensidad musical, y decibelios.

La mirada ferroviaria de Joaquín Sorolla

Wikipedia.org. Autorretrato. 1909

Junto a Velázquez, Goya y Picasso, Joaquín Sorolla y Bastida (Valencia, 1863 – Madrid, 1923), es el pintor español más  apreciado en el mundo y uno de los grandes artistas del siglo XX. Conocido especialmente por sus cuadros de la España luminosa y mediterránea, que transmiten la alegría de vivir, su mirada ferroviaria incorpora también la del realismo social, que tantas ampollas levantó en su momento por reflejar aspectos desagradables presentes en la  vida de las clases menos favorecidas.  

Sorolla no aborda el realismo desde un punto de vista edulcorado y costumbrista, sino con una perspectiva crítica y una paleta de colores oscuros, entre los que destaca el negro, que asocia con el mal y la muerte. Algo evidente en Otra Margarita, cuadro que recibió la Medalla de Honor en la Exposición Universal de Chicago en 1883. El título alude al personaje de la novela Fausto de Goethe, que ahoga a su hijo y es encarcelada por dicho motivo. En un vagón de tercera, que transmite la idea de celda, vemos a una joven, seguramente pobre, esposada y abatida, que es custodiada por una pareja de la Guardia Civil, porque está acusada de haber cometido un infanticidio.

Wikipedia.org. Otra Margarita. 1892

No menos dramática resulta Trata de blancas, porque en otro vagón de tercera una anciana de expresión dura y vestida de negro, que en realidad es una alcahueta, vigila cómo duermen, agotadas por su infortunio y ausencia de futuro, cuatro chicas vestidas como pobres campesinas, que son transportadas de un lupanar a otro, para que sigan siendo explotadas sexualmente.   

Wikipedia.org. Trata de blancas. 1895

De tenor totalmente distinto es Paisaje con figura, un cuadro impresionista de colores suaves que muestra a un hombre caminando sobre un carril. Dado lo inusual del camino elegido, parece lógico pensar que se trata de un ferroviario que va verificando el estado de la vía. Como la obra fue pintada entre 1889 y 1890, la inclusión del ferrocarril puede ser entendida como una referencia a la modernización española, que llegaba incluso a los pueblos.

WikiArt.org. Paisaje con figura. 1889-1890

Dos décadas después, en 1911, en el apogeo de su carrera, Sorolla firma un encargo para la Hispanic Society of America, cuyo objeto es pintar catorce murales que titula Visión de España, por lo que tiene  que viajar por todo el país buscando escenas características, encargo que no puede terminar como consecuencia de la hemiplejía que sufre en 1920 y le deja inválido del lado izquierdo.

A dicho encargo pertenece Andalucía. El encierro, una obra donde se puede apreciar su estilo característico, el luminismo, es decir, la pasión por la luz, su poder y efectos cambiantes, lo que le obliga a una pincelada fluida para capturar el momento. El cuadro retrata a cinco mayorales, entre los que destacan la gallardía y temple de los dos primeros, que trasladan a unas reses bravas desde el cortijo que se ve al fondo hasta un pueblo en fiestas, en el que se van a celebrar un encierro matinal y una corrida vespertina. Uno de los momentos críticos del traslado es el cruce de un paso a nivel sin barreras en mitad del campo, porque los jinetes no saben de cuánto tiempo disponen para atravesarlo.

Imagen: Wikipedia.org. Andalucía. El encierro. 1914

Sorolla, el maestro de la luz que eligió vagones oscuros y claustrofóbicos como escenario para algunos de sus cuadros de realismo social, falleció a los 60 años, tras dejar catalogadas 2.200 obras y haber alcanzado el reconocimiento de crítica y público. Al igual que Goya, sufrió mareos y dolores de cabeza en sus últimos tiempos, en los cuales pudo influir su exposición a componentes tóxicos, como el mercurio o el arsénico, presentes en tres de sus colores fetiche, el bermellón, el blanco plomo y el verde de Scheele. 

La mirada ferroviaria de Darío de Regoyos en el País Vasco

Darío de Regoyos. Autorretrato, 1895. museobbaa.com.

Darío de Regoyos y Valdés (Ribadesella, 1857), el más destacado representante español del impresionismo, amaba los cambiantes cromatismos de la luz del Cantábrico, lo que unido al hecho de establecer su residencia en el País Vasco durante treinta años, explica su vasta obra ubicada en diferentes localidades de Gipuzkoa y Bizkaia.

Instalado en Gipuzkoa desde 1884, en 1896 pintó el viaducto de Ormaiztegui, una de las infraestructuras más emblemáticas de la línea férrea Madrid-Hendaya. Dicho viaducto aparece en uno de sus cuadros más conocidos, donde fusiona el estatismo del entorno, representado en tonos azules, verdes y ocres, y el dinamismo del tren negro con su colorida estela de humo.

Darío de Regoyos. El viaducto de Ormaiztegui, 1896. Clasica2.com.

La capital donostiarra y su barrios fueron una inspiración continua para Darío de Regoyos. En El tren de las 16 horas, noviembre, San Sebastián captura el momento fugaz del paso de un convoy por un paraje natural con el monte Adarra al fondo. La suave luz otoñal de la tarde crea unas sombras poco pronunciadas y la quietud del paisaje se contrapone al movimiento del tren, con su característica, generosa y cromática estela de humo.

Darío de Regoyos. El tren de las 16.00, noviembre, San Sebastián, 1900. reproarte.com.

El hoy populoso barrio donostiarra de Ategorrieta era a principios del siglo XX un ejemplo de la tranquila vida en el campo, ocasionalmente interrumpida por un tren. La observación de uno por parte de dos mujeres a las que vemos de espalda -un rasgo muy característico de su estilo, porque la presencia de las personas cuando no están en grupo es escasa y siempre de espaldas o perfil, sin que podamos reconocer sus caras-, es el motivo de El paso del tren.  

Darío de Regoyos. El paso del tren, 1902. reproarte.com.

Pocos cientos de metros antes de la desembocadura del Urumea en el mar Cantábrico, fue el lugar elegido para una obra cuyo título es precisamente el nombre de dicho río. En ella, contemplamos la actual estación de Donostia-San Sebastián y una desaparecida plaza de toros circular. El día es triste, llueve y las personas caminan con los paraguas abiertos hacia la estación, donde los coches de caballos esperan. Aunque no brilla el sol, el agua refleja las tenues sombras generadas por el puente. El tono general es grisáceo y contrasta con el verde del campo, el ocre de la orilla, el color rojizo del puente o las franjas malvas del edificio, todo lo cual aporta al cuadro una equilibrada variedad cromática.  

Darío de Regoyos. El Urumea, 1904. museobilbao.com.

Si Donostia-San Sebastián y sus alrededores fueron un motivo recurrente en sus obras, qué decir del puerto de Pasajes, el cual pintó en numerosas ocasiones y por diferentes motivos. En uno de sus cuadros de 1903, contrapone la estética industrial de una grúa, la vía férrea y el humo de un tren que acaba de pasar por Pasajes Ancho, con la belleza natural de la entrada del puerto y las casas de Pasajes San Juan iluminadas por la cálida luz de la tarde, cuyo reflejo se puede apreciar en el agua.

Darío de Regoyos. El puerto de Pasajes, 1903. reproarte.com.

En 1907 traslada su residencia a Bizkaia. A dicha etapa corresponde El puente del Arenal, una imagen muy representativa del Bilbao de la época, en la que mezcla lo tradicional -las sardineras y la carreta-, con lo industrial -el tren, las gabarras y los tranvías-, y lo cultural -el Teatro Arriaga-. La luz vespertina y los colores apagados transmiten cierta tristeza. Es posible que el doloroso cáncer lingual que sufría y que acabó con su vida tuvieran reflejo en la obra.

Darío de Regoyos. El puente del Arenal, 1910. treneando.com.

Darío de Regoyos, el artista que capturaba rápidamente la fugacidad de las impresiones de la luz y la atmósfera en las cosas; el pintor que nunca traicionó sus principios artísticos; el impresionista ajeno a críticas académicas y dictados del mercado; el hombre que encontró en el ferrocarril un símbolo de la libertad de movimiento y progreso, falleció en Barcelona en 1913 a los 56 años, tras una intensa, prolífica y viajera vida. 

Blue-eyed soul ferroviario

El sello discográfico Motown definió el soul como «el sonido de la joven América», y difícilmente pudo estar más acertado. El nuevo estilo, surgido de la tradición del rhythm and blues y el góspel, logró seducir tanto a la comunidad negra como a la blanca, convirtiéndose en un lenguaje musical compartido. Fue tal su impacto que, pocos años después de su nacimiento, apareció el llamado blue-eyed soul o soul de ojos azules, por parte de artistas blancos profundamente influenciados por aquel sonido.

En algunos casos, el mimetismo llegó a tal extremo que estos músicos fueron fichados por sellos especializados en soul. Un ejemplo paradigmático es el del grupo de Detroit Rare Earth, cuyo disco de debut para Motown incluye una imponente versión de veintiún minutos de Get Ready, del grupo The Temptations, además de Train to Nowhere, un tema de clara inspiración ferroviaria que plantea la idea de que viajar en un tren hacia ninguna parte equivale a vivir sin propósito, dejándose arrastrar por la vida en lugar de conducirla.

Rare Earth – Get Ready (1969): «Train to Nowhere». Wikipedia.org

De otro tren que tampoco conduce a destino alguno nos habla Van Morrison en Fast Train, aunque en este caso la metáfora remite al desmoronamiento emocional provocado por una ruptura sentimental. La canción cierra Down the Road, el álbum que publicó en 2002, cuya portada —dedicada a la memorabilia— refleja fielmente su contenido: una mirada nostálgica a la música de las décadas de 1950 y 1960, reinterpretada por un artista de voz profunda que, a lo largo de una carrera prolífica, ha transitado con naturalidad por el folk, el blues, el jazz, el rock, el country y, por supuesto, el soul.

Van Morrison – Down the Road (2002): «Fast Train». Discogs.com

Y si para Van Morrison el tren avanza demasiado rápido, para el protagonista de The Letter no lo hace con la suficiente velocidad. Tras recibir una carta de su primer amor, decide tomar un avión y regresar junto a ella, porque la emoción, no la reflexión, manda. La canción alcanzó el número uno en Estados Unidos con la banda de Memphis The Box Tops y ha conocido versiones tan destacadas como la de Joe Cocker, un artista de voz rasgada y aguardentosa, cargada de emoción soul, que se hizo célebre por sus reinterpretaciones desde su debut en 1968 con With a Little Help from My Friends.

The Box Tops – The Letter/Neon Rainbow (1967): «The Letter». Wikipedia.org

Seguramente la afinidad musical tuvo mucho que ver con la participación de Steve Winwood en el primer disco de Joe Cocker. Winwood, cantante de vocación soul, multiinstrumentista e integrante de varias superbandas, publicó en 1980 Arc of a Diver, uno de los trabajos más representativos de su carrera en solitario. El álbum incluye Night Train, un largo y melancólico viaje interior, en el que la soledad aparece como algo casi necesario para comprenderse mejor, no como un castigo.

Steve Winwood – Arc of a Driver (1980): «Night Train». Wikipedia.org

En este breve periplo por el blue-eyed soul no podía faltar Simply Red y, en particular, su vocalista Mike Hucknall, reconocido tanto por su característica melena pelirroja como por su voz prodigiosa. Toda su trayectoria ha sido una declaración de amor al soul, ya sea a través de composiciones propias o de versiones memorables. Por si quedaba alguna duda, en 2019 editó el álbum Blue Eyed Soul, que incluye Riding on a Train, una canción sobre el regreso a casa tras una larga ausencia.

Simply Red – Blue Eyed Soul (2019): «Riding on a Train». Wikipedia.org

El soul, nacido como una evolución más sofisticada del rhythm and blues, otorgó a la comunidad negra una visibilidad musical que hasta entonces le había sido esquiva, gracias en gran medida a sellos como Motown, Atlantic o Stax. Además, reforzó el orgullo racial, algo que James Brown dejó grabado para la historia en Say It Loud – I’m Black and I’m Proud (Dilo alto, soy negro y estoy orgulloso). Sin embargo, el soul no ha quedado restringido a la comunidad negra: muchos artistas de ojos azules lo han hecho suyo con respeto y autenticidad. Y entre unos y otros, nos han legado composiciones memorables —con el ferrocarril como metáfora recurrente— que hoy forman parte indiscutible de la historia de la música popular.