Gigantes del soul ferroviario

Aunque está comúnmente aceptado que el primer tema soul fue I Got a Woman, grabado por Ray Charles en 1954, lo cierto es que quien ha pasado a la historia como el gran arquitecto del género es Sam Cooke. En 1964, año de su fallecimiento, y antes de que sellos discográficos como Motown, en Detroit, y Stax, en Memphis, se consolidaran como auténticos embajadores del estilo, Cooke ya era una estrella consagrada. Procedente del góspel, supo trasladar la espiritualidad y la emoción del canto religioso al terreno profano, sentando las bases del soul moderno. En Cool Train, canción que narra la historia de un hombre que ruega al tren que traiga a su amada de vuelta con cuidado —y que silbe alto y fuerte para que todo el mundo sepa que ha regresado—, Cooke ofreció un ejemplo perfecto de su elegancia interpretativa y de su habilidad para dotar de emoción a un tema de inequívoco acento ferroviario.    

    Sam CookeFrankie and Johnny + Cool Train (1963). Discogs.com

Si Sam Cooke vivió apenas 33 años, la vida de Otis Redding fue todavía más breve: falleció con solo 26. Aun así, su legado es tan inmenso que la revista Rolling Stone lo considera el cantante de soul más importante de la historia. En 1967 grabó junto a Carla Thomas el icónico álbum del soul de Memphis King & Queen, un disco fundamental que reúne doce clásicos del género. Entre ellos destaca Are You Lonely For Me, una canción que retrata a un joven triste y solitario que regresa en tren a Jacksonville y se pregunta si su chica le estará esperando, condensando en pocos minutos anhelo, vulnerabilidad y esperanza.

Otis Redding, Carla Thomas – King & Queen (1967): «Are You Lonely for Me». Wikipedia.org

De la influencia de Sam Cooke y Otis Redding da fe Al Green, el gran artista soul de los primeros años de la década de 1970, que fusionó la intensidad de Memphis con la suavidad de Filadelfia. Su estilo es una síntesis de elementos góspel,  gemidos, voz en falsete, coros sexys y exuberantes arreglos cuerda, que lo han convertido en un artista constantemente imitado y genuino representante de la llamada quiet storm (subgénero que se caracteriza por ser suave, relajado y romántico). Su primer disco de larga duración fue Back up Train, título que también da nombre al tema que abre el disco. En él, el protagonista, sumido en la soledad, implora al maquinista que dé marcha atrás y lo lleve de regreso a casa para reunirse con su amada, reforzando una vez más la figura del tren como metáfora del deseo, la espera y el retorno.

Al Green – Back up Train (1967): «Back up Train». Wikipedia.org

A la hora de analizar la evolución del soul es de justicia mencionar a The Temptations. Además de crear auténticas suites de casi 12 minutos, como la memorable Papa Was A Rolling Stone, introdujeron la psicodelia en el soul. Un claro ejemplo de esto es Friendship Train, una canción con gran carga social que editaron en 1970. En ella, el tren simboliza la justicia, la libertad, la armonía, la paz y el amor, en un momento en el que la sociedad americana se hallaba en una situación muy convulsa tras el asesinato de Martin Luther King y la Guerra de Vietnam.  

The Temptations – Psychedelic Shack (1970): «Friendship Train». Discogs.com

También es de justicia mencionar el Sonido Filadelfia, a la hora de analizar la evolución del soul, porque al acentuar la base rítmica y sentar las bases de la fiebre del sábado noche que estaba a punto de estallar, propició su declive en la segunda mitad de la década de 1970. Fue creado por los productores Kenny Gamble y Leon Huff, quienes, en 1974, lograron uno de sus numerosos éxitos con TSOP (The Sound Of Philadelphia), un cuasi instrumental  con lujosos arreglos de viento y cuerda, que definió el subgénero y fue la sintonía del programa televisivo Soul Train. Interpretada por MFSB (Mother, Father, Sister, Brother), y las voces del trío femenino The Three Degrees, fue la primera canción discotequera en alcanzar el número uno en el Billboard americano.

MFSB – Love Is the Message (1973): «TSOP (The Sound Of Philadelphia)». Wikipedia.org

El soul surgió en los Estados Unidos en la década de 1950 y, con el tiempo, se consolidó como un género de gran popularidad, con el ferrocarril como uno de sus símbolos más recurrentes. Inicialmente, se presentó como un vehículo perfecto para la expresión de emociones intensas. Sin embargo, en la década siguiente su espectro se amplió a la lucha por la igualdad y la justicia, en el contexto del movimiento por los derechos civiles. Y en la década de 1970 se expandió a través del funk y la música disco, en una evolución constante que alcanza hasta nuestros días.

Divas del soul ferroviario

La plasticidad del ferrocarril como metáfora de la vida, su movimiento constante y su capacidad para condensar emociones humanas hacen que, no por casualidad, sea uno de los símbolos más recurrentes del soul. Lento o vertiginoso, pero siempre bailable, este género es heredero directo del rhythm and blues y del fervor espiritual del gospel. Sus intérpretes se distinguen por la maestría con la que dramatizan dilemas amorosos y los convierten en relatos universales. Pueden hacerlo desde la contención o desde el desgarro, pero lo esencial es la credibilidad: transformar los sentimientos en interpretaciones profundas que conmuevan desde la primera nota.

Cuando hablamos de soul, resulta inevitable comenzar por su reina indiscutible, Aretha Franklin. Cantante, pianista y activista, deslumbró al mundo en 1961, con solo dieciocho años, al alcanzar el número siete de las listas de rhythm and blues con Won’t Be Long. En esta canción, un himno al poder del amor, la esperanza y la fidelidad, la protagonista aguarda con anhelo el regreso de su chico y ruega al maquinista del tren 503 que no retrase la llegada. Sin él —dice— la vida pierde todo sentido.

Aretha Franklin – Aretha (1961): «Won’t Be Long». Wikipedia.org

Otra gran dama del soul es Dionne Warwick, sobrina de Cissy Houston —madre de Whitney— y musa del mítico tándem formado por Burt Bacharach y Hal David. Entre 1963 y 1971 logró colarse treinta y tres veces en las listas de éxitos estadounidenses, un hito al alcance de muy pocas personas. Entre esas canciones figura Trains and Boats and Planes, inspirada en la historia personal del propio Bacharach y la actriz Angie Dickinson durante sus primeros años de matrimonio. Sus constantes viajes separados convertían trenes, barcos y aviones en responsables de la distancia, pero también en vehículos de esperanza para el reencuentro.

Dionne Warwick – Here Where There Is Love (1966): «Trains and Boats and Planes». Wikipedia.org

Diana Ross, leyenda del soul por derecho propio, también forma parte de esta constelación. Con The Supremes consiguió doce números uno, a los que sumó seis más en su carrera en solitario. Dotada de una voz de soprano y una imagen glamourosa que definió la estética Motown, ha vendido más de cien millones de discos a lo largo de seis décadas. En 1968, junto a The Supremes, grabó How Long Has That Evening Train Been Gone, una pieza en la que una mujer se pregunta cuánto tiempo ha pasado desde que el tren nocturno se llevó al chico que representaba todos sus planes y esperanzas.

Diana Ross and The Supremes – Love Child (1968): «How Long Has That Evening Train Been Gone». Wikipedia.org

Conocida como la Emperatriz del Soul, Gladys Knight es otra de las figuras esenciales. Alcanzó uno de sus mayores éxitos junto a The Pips en 1973 con la que muchos consideran la versión definitiva de Midnight Train to Georgia. El tema, originalmente titulado Midnight Plane to Houston, fue transformado por Cissy Houston —quien lo había grabado antes— para dotarlo de un aire más próximo al rhythm and blues: cambió el avión por el tren y Houston por Georgia. La canción narra el regreso de un hombre a su tierra natal después de fracasar en su sueño de triunfar en Los Ángeles. En ese viaje nocturno lo acompaña su pareja, que renuncia a su vida estable en California para seguir juntos, porque a veces el amor pesa más que cualquier ambición.

Gladys Knight & The Pips – Imagination (1973): «Night Train to Georgia». Wikipedia.org

El soul y el ferrocarril conforman, uno de los binomios más potentes e icónicos de la historia de la música popular. No es extraño que tantas composiciones recurran al tren como símbolo de tránsito, despedida y renacimiento. Canciones que abarcan una paleta emocional amplísima —amor y esperanza, pérdida y reencuentro, dolor y anhelo— y exigen intérpretes con una enorme capacidad vocal, capaces de transmitir toda la intensidad llevan dentro.

Rock instrumental ferroviario: esencia e influencia

En los albores del rock, tres bandas instrumentales de sonido cristalino y enorme influencia posterior, que respondían a los nombres de The Ventures, The Shadows y The Spotniks, representaron la esencia del estilo recién nacido. Integradas por dos guitarras (solista y rítmica), un bajo eléctrico y una batería, entre 1960 y 1965 coparon las listas de éxitos con composiciones propias o versiones de temas ajenos, en las que el ferrocarril también tuvo su cuota de protagonismo.  

Hegemónicos en Norteamérica y Japón, los americanos The Ventures son los más exitosos, si nos atenemos al número de discos vendidos. En Night Train, tema incluido en su disco Walk Don’t Run de 1960, y buen ejemplo de su sonido y saber hacer, la guitarra solista superpone sus riffs (su frases musicales), sobre la base rítmica que simula el movimiento del tren.

The Ventures – Walk, Don’t Run (1960): «Night Train». Wikipedia.org

Por su parte, los Shadows fueron los grandes triunfadores en Europa, bien por sí mismos o como banda de acompañamiento de Cliff Richard. Su interés por el ferrocarril quedó patente en el nombre de la banda de Newcastle, The Railroaders (Los Ferroviarios), donde militaron sus guitarristas Hank Marvin y Chris Welch entre 1956 y 1957. Lograron un gran éxito con la versión de Chattanooga Choo Choo, una canción que versa sobre un viaje desde Nueva York hasta la ciudad de Chattanooga en el Estado de Tennesse.

The Shadows – Dance with The Shadows (1964): «Chattanooga Choo Choo». Wikipedia.org

El éxito de los suecos Spotniks fue más comedido. Con todo, lograron entrar en las listas con varias composiciones, entre las que destaca Orange Blossom Special, tema que toma su nombre del lujoso Tren Especial de los Naranjos en Flor, que circuló desde Nueva York a Miami durante los inviernos comprendidos entre 1921 y 1953.

The Spotnicks – Out-A Space. The Spotnicks in London (1962): «Orange Blossom Special». Discogs.com

Tuvieron que pasar más de 20 años para que una composición instrumental interpretada con guitarra, bajo y batería volviera a las listas de éxitos, lo cual ocurrió en 1987 con el disco Surfing with the Alien, del guitarrista de rock duro estadounidense y maestro de maestros Joe Satriani. En 1998 lanzó Crystal Planet, disco nominado al Grammy al mejor disco de rock instrumental, que incluye Train of Angels, una composición paradigmática de un artista que no se ha dejado cegar por el virtuosismo y sigue componiendo melodías capaces de encandilar al gran público.

Joe Satriani – Crystal Planet (1998): «Train of Angels». Discogs.com

El lado opuesto al sonido cristalino de todos los artistas anteriores lo representa la banda vanguardista californiana Primus. Su Hamburger Train (El tren de la hamburguesa), extraído de su oscuro y pesimista disco de 1993 Pork Soda, es un ejemplo de funk metal, en el que el protagonismo del bajo desplaza a una agonizante guitarra eléctrica y la angustia a la alegría de vivir de las composiciones precedentes.  

Primus – Pork Soda (1993): «Hamburger Train». Discogs.com

Independientemente de la década que elijamos, el formato guitarra, bajo y batería, quintaesencia  del rock, sigue encontrando en el tren un símbolo del movimiento, el ritmo, la alegría o angustia de vivir.

El ferrocarril subterráneo

Colson Whitehead. El ferrocarril subterráneo. elcorteinglés.es

Durante el siglo XIX, una red clandestina de caminos y refugios secretos ayudó a huir a unos 100.000 esclavos de las plantaciones del sur de los Estados Unidos. Con la colaboración de abolicionistas blancos que actuaban al margen de la ley y ponían en riesgo sus propias vidas, este entramado recibió el nombre de ferrocarril subterráneo. Su funcionamiento se apoyaba en una terminología ferroviaria: los revisores y maquinistas eran quienes guiaban o auxiliaban a los fugitivos; las estaciones, los lugares seguros donde podían ocultarse durante el día; los pasajeros, los propios esclavos; los carriles, las rutas de escape; y el destino, los estados del Norte o Canadá. El ferrocarril subterráneo operó hasta el estallido de la Guerra de Secesión (1861–1865) y es considerado el primer gran movimiento organizado contra la esclavitud y en defensa de los derechos humanos en Estados Unidos.

Partiendo de este dramático episodio histórico, Colson Whitehead escribió El ferrocarril subterráneo, novela con la que obtuvo el National Book Award en 2016 y el Premio Pulitzer en 2017, un doble reconocimiento reservado a unos pocos autores, como William Faulkner o John Updike, y que además cosechó un notable éxito de crítica y público. En esta obra, Whitehead rinde homenaje a sus ancestros y reafirma su interés por el ferrocarril, ya presente en John Henry Days, (2002), novela inspirada en el legendario obrero negro que perdió la vida compitiendo contra la máquina destinada a sustituirlo en la construcción de una vía férrea.

Aunque la expresión ferrocarril subterráneo nació como una metáfora, Whitehead la transforma en una realidad tangible. De este modo, el lector recorre sus túneles de la mano de Cora, una joven nacida en una plantación de algodón de Georgia, nieta de Ajarry —capturada en África— e hija de Mabel, que logró escapar respetando los dos principios básicos de toda huida: una noche sin luna y el seguimiento de la estrella Polar. Cora no es una heroína clásica: tiene miedo, duda, se equivoca y sobrevive más por resistencia que por épica. Esta caracterización refuerza la idea de que, en un sistema deshumanizador, la mera supervivencia ya constituye un acto de heroísmo. Su lucha no consiste solo en huir, sino en afirmar su dignidad como persona.

El contrapunto lo encarna Arnold Ridgeway, un implacable cazador de esclavos que la persigue con saña por no haber logrado capturar a su madre. Ridgeway representa la ideología del destino manifiesto, la creencia en el progreso blanco como ley natural y la violencia entendida como orden moral. No es únicamente un villano individual, sino la personificación de un sistema que persigue, captura y legitima la esclavitud.

Novela de gran carga moral, que desmitifica la supuesta sumisión de los cuatro millones de norteamericanos esclavizados, en la cual las dantescas atrocidades no son inventadas por el autor, sino fiel reflejo de la realidad, por lo que es tanto una bajada a los infiernos de la condición humana, como una reivindicación de la fuerza interior para cambiar el destino, por muy trágico que sea este. Su adaptación televisiva, en once episodios, ha sido realizada por el director de la multioscarizada Moonlight, Barry Jenkins.

DATOS BIBLIOGRÁFICOS

  • Autor: Colson Whitehead
  • Título: El ferrocarril subterráneo
  • Editorial: Literatura Random House
  • Año de publicación: 2016
  • Páginas: 320

The Girl on the Train (La chica del tren)

The Girl on the Train. Filmaffinity.com

En La ventana indiscreta, Alfred Hitchcock nos presentó una de las historias de voyerismo más conocidas del cine. La de un fotógrafo interpretado por James Stewart que, postrado en una silla de ruedas con una pierna escayolada y dotado de una cámara y unos prismáticos, observa a los vecinos con los que comparte patio interior, lo que a la postre le llevaba a ser testigo de un crimen. Sesenta años después, en 2015, con un punto de partida muy similar, la británica Paula Hawkins alcanzó un gran éxito de ventas con la novela La chica del tren, con la que, solo en los primeros meses, vendió más de cinco millones de copias.

Rachel Watson (Emily Blunt) es una chica que viaja todos los días en el mismo tren y plaza, desde Ardsley-on-Hudson hasta la Gran Terminal Central de Manhattan. Desde su “ventanilla indiscreta”, observa el paisaje urbano, su antigua casa -donde vive su exmarido (Justin Theroux) con su nueva esposa (Rebecca Ferguson)-. También, una casa casi contigua donde reside la pareja formada por Scott (Luke Evans) y Megan (Haley Bennett), cuya vida imagina perfecta, al contrario de la suya, divorciada atormentada, alcohólica y con graves problemas de memoria. Sin embargo, un día presencia algo impactante en el jardín de la idílica pareja, hecho que le obsesionará hasta el extremo de verse implicada en una trama en la que acabará descubriendo un misterio criminal.

Aunque en la novela la acción transcurre en Londres, en la película ha sido trasladada a Nueva York. El ferrocarril elegido es el Metro North Commuter Railroad, que parte de la Grand Central Terminal de Manhattan, cruza Harlem, el Bronx y acaba discurriendo junto a los barrios residenciales del  río Hudson. Este cambio de ubicación añade un magnetismo cinematográfico, ya visto en otras películas como Falling in Love (Enamorarse) o Unfaithful (Infiel). Mención especial merece también la Grand Central Terminal, en la que se puede ver un cameo de la propia Paula Hawkins, y su famoso Oyster Bar Restaurant, donde tiene lugar una escena clave de la película.

La adaptación de la novela a la gran pantalla ha sido dirigida por Tate Taylor, director especialmente dotado para el retrato psicológico femenino, como evidenció en Criadas y señoras y vuelve a demostrar en este thriller psicológico de soledad y adición, pasión y voyerismo. En él comprobamos cómo los mayores horrores pueden esconderse hasta en las impolutas urbanizaciones residenciales, porque en ocasiones el infierno reside dentro de nosotros.

 FICHA TÉCNICA:

  • Título: The Girl on the Train (La chica del tren)
  • Director: Tate Taylor
  • Guión: Erin Cressida Wilson
  • Música: Danny Elfman
  • Fotografía: Charlotte Bruus Christensen
  • Reparto: Emily Blunt, Allison Janney, Haley Bennett, Rebecca Ferguson, Justin Theroux, Luke Evans, Édgar Ramírez
  • País: Estados Unidos   
  • Año: 2016
  • Duración: 111  minutos  
  • Género: Thriller psicológico

Le temps de l’aventure (El tiempo de los amantes)

El tiempo de losa amantes. Jérome Bonnell, 2013. SensaCine.com

Un intercambio sostenido de miradas entre dos desconocidos, Alix (Emmanuelle Devos) y Douglas (Gabriel Byrne), durante un viaje en TGV desde Calais hasta París Gare du Nord, desencadena una atracción tan inesperada como intensa. Ese gesto mínimo, casi imperceptible, abre la puerta a una jornada apasionada en la que ambos deberán debatirse entre aprovechar la oportunidad que el azar les ofrece o relegarla al terreno de una simple aventura y resignarse a continuar con sus respectivas vidas.

Alix es una actriz de teatro de cuarenta y tres años que se encuentra en Calais representando una obra de Ibsen y se dirige a París para realizar una audición. A lo largo del día, el espectador va descubriendo una existencia marcada por la incertidumbre: una relación sentimental con un novio que le genera más dudas que certezas en un momento crucial de su vida, una situación laboral inestable que no le garantiza seguridad económica y unos vínculos familiares deteriorados. Todo ello contribuye a acentuar su fragilidad emocional y su necesidad de cambio.

Douglas, por su parte, es un profesor de literatura residente en Londres y ferviente admirador de Ibsen. Viaja a París para asistir al entierro de una antigua amiga, una figura idealizada que marcó a toda su generación. Con más de sesenta años y padre de cuatro hijos ya adultos, el encuentro con Alix irrumpe en su rutina como una ráfaga de aire fresco, quizá como la última oportunidad real de volver a enamorarse.

Sostenida por la química y la credibilidad de sus dos intérpretes principales, y con claras resonancias de Antes del amanecer de Richard Linklater —donde los personajes de Ethan Hawke y Julie Delpy se conocían en un tren y compartían una noche intensa en Viena—, El tiempo de los amantes se configura como un drama romántico sobre lo fugaz y lo fortuito. Un instante suspendido en el tiempo que despierta dudas y temores, pero también ilusión y esperanza, y que permite al director Jérôme Bonnell reflexionar sobre la complejidad del amor en la edad adulta y sus conflictos: aquello que se está dispuesto a ofrecer, lo que se teme perder y lo que ya no se desea repetir. Todo ello se articula en una película donde, una vez más, un viaje en tren se convierte en el punto de partida de una relación sentimental.

FICHA TÉCNICA:

  • Título: Le temps de l’aventure (El tiempo de los amantes)
  • Director: Jérome Bonnell
  • Guión: Jérome Bonnell
  • Música: Raf Keunen
  • Fotografía: Pascal Lagriffoul
  • Reparto: Emmanuelle Devos, Gabriel  Byrne, Gilles Privat, Aurélia Petit, Laurent Capelluto, Olivier Broche
  • País: Francia
  • Año: 2013
  • Duración: 105 minutos
  • Género: Drama romántico

Minimalismo ferroviario: sonido hipnótico

Steve Reich. Different Trains. amazon.es

El ferrocarril ha sido siempre un motivo recurrente para los músicos minimalistas, compositores vanguardistas de formación clásica que utilizan la repetición como fuerza generadora, buscan la reducción extrema de los recursos musicales y rechazan todo lo innecesario. Aunque el término «minimalismo» nace en EE. UU. a principios de la década de 1960, es una técnica conocida desde el Renacimiento, que ha tenido precedentes en Europa tan famosos como el Bolero de Maurice Ravel.

Considerado el más puro exponente del minimalismo, el norteamericano Steve Reich ganó el Grammy en 1989 a la Mejor Composición Clásica Contemporánea con Different Trains, una obra en tres movimientos para cuarteto de cuerda, inspirada en los viajes que durante la II Guerra Mundial realizó entre Nueva York y Los Ángeles para visitar a sus padres, que estaban separados. En ella se plantea que, de haber estado en Europa en aquella época y dada su condición de judío, podría haber viajado en los trenes de la muerte cuyos destinos eran los campos de concentración nazis.

Otro referente clave de la música de la segunda mitad del siglo XX, aunque más popular y heterodoxo que Reich, es su compatriota Philip Glass. El ferrocarril también está presente en su obra, como en la ópera vanguardista Einstein on the Beach o en la banda sonora del documental sin diálogos Powaqqatsi: Life in Transformation, que incluye el tema Train to Sao Paulo.

En Gran Bretaña, uno de los nombres más representativos del minimalismo es, por razones obvias, Michael Nyman, creador del concepto «música minimal», y autor de célebres bandas sonoras como El Piano. Con motivo de la inauguración del TGV que cubre la línea París-Lille fue comisionado por el Festival de Lille para componer una obra. El resultado fue Musique à Grande Vitesse, una obertura musical concebida como cinco viajes abstractos e imaginarios interconectados, cada uno de los cuales termina con una melodía lenta, que solo se escucha en su forma «genuina» cuando la pieza alcanza su destino.

En la Europa continental, los alemanes Kraftwert representan una de las versiones más influyentes del minimalismo electrónico. Su disco conceptual Trans-Europ Express, considerado uno de los más importantes de la historia del rock, incluye el corte de homónimo título, que evoca un viaje de dicho tren. Durante su recorrido, apreciamos desde su paso por las agujas de las vías hasta el anuncio de varias estaciones.

La música minimalista resulta controvertida para muchas personas, por considerarla demasiado repetitiva y vacía. Sin embargo, gracias a su sonido hipnótico, ha dejado una huella profunda tanto en la música culta (con compositores como Górecki, Ligeti, Pärt o Penderecki), como en la música popular (David Bowie, Robert Fripp, Mike Oldfield o Pink Floyd). Y, sin lugar a dudas, tiene en el ferrocarril un firme aliado, porque ¿acaso existe algo más minimalista que un haz de vías que descansa sobre una serie interminable de traviesas o el ritmo monocorde de un tren que circula a velocidad constante?

Unstoppable (Imparable)

Imparable. SensaCine.com

El 15 de mayo de 2001, un tren de la compañía CSX Transportation, formado por 47 vagones, algunos de ellos cargados con material explosivo, que pesaba 2.898 toneladas brutas, sin control ni tripulación a bordo, recorrió 106 kilómetros en menos de dos horas en el Estado de Ohio, hecho que ha pasado a los anales ferroviarios como el “Incidente CSX 8888”.

Partiendo de este gravísimo incidente, Tony Scott y Denzel Washington unieron sus fuerzas por quinta y última vez en 2010 para rodar Imparable, una película de acción con grandes dosis de tensión y suspense, razonablemente fiel a los hechos reales, que siguió la estela del cine de catástrofes de la década de 1970.

Todo comienza cuando Frank Barnes (Denzel Washington), un veterano maquinista al que le restan menos de 30 días para abandonar la empresa por mor de una suerte de ERE, y Will Colson, (Chris Pine), un inexperto jefe de tren, deben conducir uno de mercancias. Sin embargo, al poco de iniciar su recorrido, desde el Puesto de Mando, Connie (Rosario Dawson), les comunica que por su misma vía circula un tren descontrolado, el AWR 777, que transporta en algunos de sus vagones fenol fundido, un ácido fácilmente inflamable y corrosivo.

En tiempo casi real somos testigos de los diferentes intentos de parar o hacer descarrilar el tren AWR 777; de un sistema de gestión del tráfico ferroviario en el que la compañía que gestiona el tren tiene más autoridad que el propio regulador del tráfico; de cómo la previsible devaluación del valor de las acciones, como consecuencia de la solución a adoptar, es la luz que guía al gabinete de crisis; o de que la experiencia y orgullo ferroviarios son intangibles que no siempre aparecen recogidos en las cuentas de resultados.

En un ejercicio de pura adrenalina, Tony Scott recurre a la heroica lucha del ser humano contra la bestia y consigue atrapar la atención desde el primer fotograma y mantenerla hasta el desenlace. Todo gracias a un trío protagonista dotado de un gran magnetismo, un ritmo trepidante y unas espectaculares secuencias, entre las que destaca la de la locomotora del AWR 777 en la peligrosa curva de la ficticia ciudad de Stanton, en Pensilvania, que la  toma con la mitad de las ruedas en el aire por exceso de velocidad.

FICHA TÉCNICA:

  • Título: Unstoppable
    (Imparable)
  • Director: Tony Scott   
  • Guión: Mark Bomback
  • Música: Harry Gregson-Williams
  • Fotografía: Ben Seresin
  • Reparto: Denzel Washington, Chris Pine,
    Rosario Dawson, Ethan Suplee, Elizabeth Mathis
  • País: Estados Unidos   
  • Año: 2010
  • Duración: 101  minutos  
  • Género: Acción. Catástrofe

Blues-rock ferroviario: sentimiento y virtuosismo

A lo largo del siglo XX, el blues, género musical ligado al ferrocarril desde su nacimiento, fue ganando notoriedad y diversidad. En la década de 1960, ejemplo de dicha diversidad a ambos lados del Atlántico fue el blues-rock, un estilo ideal para el lucimiento de los grandes guitarristas, las largas improvisaciones, y que a la postre sentó las bases del hard rock y el heavy metal.

The Yardbirds – Having a Rave Up (1965): «Train Kept A-Rollin'». Wikipedia.org

En Gran Bretaña, The Yardbirds, banda en la que militaron tres de los más insignes guitarristas ingleses, Eric Clapton, Jeff Beck y Jimmy Page, grabaron en 1965 su versión del clásico Train Kept a Rollin’, que es la historia de un amor imposible a bordo de un tren nocturno. Compuesta por Tiny Bradshaw como un blues bailable (un jump blues), The Yardbirds la convirtió en un blues-rock. Dicha versión fue la referencia de otras tan celebradas como la de Aerosmith, la cual permite verificar la evolución del blues-rock al hard rock en sus dos partes perfectamente diferenciadas.   

Aerosmith – Get Your Wings (1974): «Train Kept A-Rollin'». Discogs.com

Tras abandonar The Yardbirds, Eric Clapton se unió a John Mayall & The Bluesbreakers, formación clave en la consolidación del blues-rock británico. Más tarde formaría parte de Cream, Blind Faith, Delaney & Bonnie and Friends y Derek and The Dominos, antes de emprender definitivamente su carrera en solitario. Tanto con Derek and The Dominos como en su etapa en solitario versionó Mean Old Frisco, composición del bluesman Arthur Crudup. La canción, centrada en la ruptura de una pareja, toma como símbolo de la separación al St. Louis–San Francisco Railway —popularmente conocido como “Frisco”—, la histórica línea ferroviaria estadounidense que operó entre 1876 y 1980 y que, en la letra, se convierte en el medio que aleja a los amantes.

Eric Clapton – Slowhand (1977): «Mean Old Frisco». Discogs.com

Si en Gran Bretaña John Mayall & The Bluesbreakers fue una formación decisiva en la aproximación del blues al público blanco, en Estados Unidos ese papel lo desempeñó Paul Butterfield al frente de su propia banda. Con su inseparable armónica, Butterfield dio una nueva dimensión a Mystery Train, el clásico del blues y el rockabilly cuyo tren de dieciséis vagones primero se lleva lejos a la persona amada para, tiempo después, devolverla de regreso.

The Paul Butterfield Blues Band – The Paul Butterfield Blues Band (1965): «Mystery Train». Wikipedia.org

El magisterio de la The Paul Butterfield Blues Band no pasó desapercibido para Muddy Waters, considerado el padre del blues de Chicago. Waters reunió a varios de los jóvenes integrantes de aquella banda para grabar el disco de explícito título Fathers and Sons. El álbum incluye All Aboard, una historia muy cercana a la de Mean Old Frisco, nuevamente con el St. Louis–San Francisco Railway como telón de fondo y vehículo de la separación amorosa.

Muddy Waters – Fathers and Sons (1969): «All Aboard». Discogs.com

El blues-rock entró en la senda psicodélica gracias a artistas como Jimi Hendrix. Su Hear My  Train A Comin’, en el que el tren actúa como metáfora de salvación de todo tipo de personas, sin importar la raza o religión, es un buen ejemplo del saber hacer de un músico que llevó la guitarra a un nivel difícilmente superable.

Jimi Hendrix – People, Hell and Angels (2013): «Hear My Train A Comin'». Wikipedia.org

No menos psicodélica fue Janis Joplin, artista que, al igual que Jimi Hendrix, Cecilia, Jim Morrison, Amy Winehouse o Robert Johnson, forma parte del trágico y concurrido “Club de los 27”, integrado por músicos fallecidos a esa edad. Uno de sus mayores éxitos fue su versión de Me and Bobby McGee, tema compuesto por Kris Kristofferson que narra la historia de dos vagabundos —un hombre y una mujer— que recorren en tren el trayecto entre Baton Rouge y New Orleans. La canción reflexiona sobre la libertad como experiencia liberadora, pero también como desarraigo: cuando no existen posesiones ni vínculos estables, la independencia puede convertirse en soledad. De ahí que la protagonista al final de la canción llegue a afirmar que cambiaría todas sus mañanas por volver a tener el cuerpo de Bobby junto al suyo.

Janis Joplin – Pearl (1971): «Me and Bobby McGee». Wikipedia.org

La mayoría de las composiciones mencionadas corroboran lo que afirmaba John Lee Hooker sobre el blues: “Digan lo que digan, todo se reduce a una sola cosa: un hombre, una mujer, un corazón roto, un hogar destruido”. Historias con las que las estrellas del blues-rock lograron atraer hacia el blues a personas inicialmente más interesados en el rock y, al mismo tiempo, acercarlas a los grandes clásicos del género, muchas veces mediante versiones de canciones inspiradas en el universo ferroviario de un tiempo en el tren simbolizaba tanto el cambio y la modernidad como la distancia, las despedidas y las separaciones.

Blues ferroviario: melancolía infinita

Íntimamente ligado al ferrocarril, el blues es la música afroamericana por antonomasia. Un género musical que es la base de los estilos más populares del siglo XX y también un vehículo ideal para la transmisión de un estado de ánimo caracterizado por la melancolía y la tristeza.

Sus raíces se encuentran en los espirituales afroamericanos y en las canciones de trabajo que los esclavos de África occidental llevaron al sur de los EE. UU., especialmente al delta del río Misisipi, en el estado de Luisiana. Mientras los espirituales tenían una dimensión religiosa, las canciones de trabajo eran laicas, porque servían tanto para hacer más livianas las duras condiciones laborales como para marcar el ritmo de la actividad, algo que los capataces que participaron en la construcción de los primeros ferrocarriles sabían muy bien.

Aunque los musicólogos suelen fijar el nacimiento del blues alrededor de 1890, el Congreso de EE. UU., declaró el año 2003 como el de su centenario, en honor a W. C. Handy, “The Father of the Blues”. En 1903, mientras esperaba un tren en Tutwiler, en el delta del río Misisipi, escuchó a un joven negro que tocaba la guitarra deslizando un cuchillo sobre sus cuerdas, creando el característico efecto «slide», a la vez que cantaba que su destino era donde el Southern Railroad se cruza con el Yazoo Delta Railroad (Yellow Dog, en argot).

«Where the Southern Crosses the Yellow Dog». wjtv.com

A W. C. Handy, que escribía las canciones que escuchaba y sus notaciones musicales, le cabe el honor de haber sido el autor del primer blues registrado en una partitura. Algunas de dichas notaciones las utilizaría posteriormente en sus propias obras, como es el caso de The Yellow Dog Rag, publicado en 1914 y basado en la canción que escuchó en Tutwiler once años antes.

W. C. Handy – The Yellow Dog Rag (1914). library.duke.edu

Si The Yellow Dog Rag es considerado un blues seminal, lo mismo  puede decirse de Midnight Special, un tema que cuenta una  leyenda que circulaba por las prisiones del sur de los EE. UU., según la cual quien fuera iluminado por la luz del expreso de medianoche sería el próximo en ser liberado. La canción ha sido grabada infinidad de veces, desde la histórica grabación de Lead Belly en 1934, hasta la de Paul McCartney, pasando por la de Creedence Clearwater Revival, posiblemente la más popular.

Creedence Clearwater Revival – Willy and the Poor Boys (1969): «Midnight Special». Wikipedia.org

La historia del blues no sería la misma sin el mítico Robert Johnson. Cuenta la leyenda que vendió su alma al diablo en un cruce de caminos a cambio de ser el mejor intérprete. Su legado es tal que, con motivo del 40.° aniversario del Museo del Blues del Delta, se aprobó una resolución según la cual dicha transacción comercial se produjo en la ciudad de Clarksdale (Misisipi), en la intersección de las Autopistas 49 y 61. Las 29 canciones que compuso han sido versionadas innumerables veces. En 1936 nos brindó el clásico Ramblin’ On My Mind, un tema que ha conocido numerosas interpretaciones, entre las que cabe destacar la de John Mayall & The Bluesbreakers with Eric Clapton, auténticos precursores del blues-rock británico de los años sesenta. La canción narra la historia de un hombre que, incapaz de soportar la confusión mental que le produce un amor no correspondido, se ve obligado a abandonar a su chica y a su hijo, y tomar el tren más rápido para alejarse.

John Mayall & The Bluesbreakers with Eric Clapton  – Blues Breakers (1966): «Ramblin’ on My Mind». Wikipedia.org

Pero no todo el blues es triste y melancólico, como nos demuestra el boogie-woogie, un estilo enérgico, divertido, concebido para bailar, cuyo instrumento de referencia es el piano. Según algunos autores toma su nombre de la palabra inglesa “bogie”, la estructura en la que van montadas la rodadura y los ejes de los trenes. En 1927, el pianista de Chicago Meade Lux Lewis grabó uno de los más conocidos: Honky Tonk Train Blues, que 50 años después seguía siendo versionado por artistas como Emerson Lake & Palmer.

Emerson Lake & Palmer – Works Volume 2 (1977) «Honky Tonk Train». Wikipedia.org

La relación del blues y el ferrocarril es tan estrecha que gracias a lo que presenció W. C. Handy en la estación de Tutwiler, hoy en día dicha localidad es considerada el lugar donde nació uno de los géneros musicales más influyentes de la historia. Dicha relación se ve reforzada por la afirmación según la cual todo músico de blues que se precie ha grabado una composición sobre el ferrocarril, algo que también tuvieron muy presente los grandes clásicos del género.