Hugo (La invención de Hugo)

Hugo. Martin Scorsese, 2011. sensacine.com

En 1925, George Méliès -el director de cine francés que en 1902 nos  llevó a la Luna y trajo de vuelta en catorce imaginativos minutos-, totalmente hundido y sumido en la pobreza se reencontró con Jehanne d’Alcy, actriz de una de sus películas. Al poco tiempo se casaron y comenzaron a gestionar el pequeño puesto de juguetes que ella regentaba en la estación de París Montparnasse. 

Un año después, el director de la revista Ciné-Journal, Léon Druhot, reconoció por casualidad a Méliès en la mencionada tienda. Fue el primer paso para reivindicar la figura del creador del espectáculo cinematográfico, tal como lo definió Louis Lumière en un banquete ante ochocientos invitados en el hotel Claridge de París el 22 de octubre de 1931, durante la ceremonia en la que le fue otorgada la máxima condecoración de Francia, la Legión de Honor. 

En un claro homenaje a Méliès, el director norteamericano Martin Scorsese adapta la novela de Brian Selznick La invención de Hugo Cabret y realiza su primera película dirigida al público infantil. Se trata de la historia de un niño huérfano, el propio Hugo Cabret (Asa Butterfield), que, en la década de 1930, para no ser enviado al hospicio, vive escondido en la estación de Montparnasse, donde se encarga del mantenimiento de sus relojes. Su habilidad para las máquinas le llevará a reconstruir, con la ayuda del propio George Méliès (Ben Kingsley) y su nieta (Chloë Grace Moretz), un autómata que dejó incompleto su padre, lo cual les introducirá en un mundo repleto de fantasía.

Y es ese mundo de fantasía el que le otorga a la película la licencia para  permitirse el  anacronismo de incorporar a la trama el accidente ocurrido en Montparnasse el 22 de octubre de 1895, cuando el Expreso  Granville-París, debido a un exceso de velocidad y a un defecto en los frenos de la locomotora, superó el dispositivo de protección y frenado de la estación, se estrelló contra la pared exterior y cayó en la plaza de Rennes, situada 10 metros por debajo del nivel de la vía.

Expreso Granville-París, 22/10/1895. wikipedia.org

Candidata a once Oscar y ganadora de cinco, La invención de Hugo es un canto de amor al cine, rodado en 3D. Un tributo a sus pioneros y la consecuencia de una de las serendipias más felices de la historia del cine y el ferrocarril, la que une a George Méliès, Léon Druhot y la estación de Montparnasse.  

FICHA TÉCNICA

  • Título original: Hugo (La invención de Hugo)
  • Director: Martin Scorsese
  • Guión: John Logan
  • Música: Howard Shore 
  • Fotografía: Robert Richardson
  • Reparto: Asa Butterfield, Chloë Grace Moretz, Ben Kingsley, Sacha Baron Cohen, Jude Law, Emily Mortimer, Christopher Lee, Michael Stuhlbarg, Ray Winstone, Richard Griffiths, Helen McCrory, Frances de la Tour
  • País: Estados Unidos
  • Productoras: GK Films / Infinitum Nihil / Warner Bros. Pictures
  • Año: 2011
  • Duración: 127 min.
  • Género: fantasía, drama, familia

Tren con destino a la gloria: espiritualidad ferroviaria

Una gran parte de las canciones relacionadas con el ferrocarril proviene de Estados Unidos, país donde fueron compuestas durante la construcción de los primeros caminos de hierro, en los que los afroamericanos laboraban en condiciones extremas y con salarios miserables, que a menudo se veían obligados a gastar en los abusivos economatos de las propias compañías para las que trabajaban. En semejante tesitura no es extraño que dichas personas encontraran en la música una forma de evadirse de sus penurias, afianzar su orgullo de raza y elevar sus oraciones, en las que el tren jugaba un papel importante como símbolo de salvación. 

Un claro ejemplo de lo anterior es el góspel Life’s Railway to Heaven, que Patsy Cline convirtió en una exitosa canción country en 1959. En ella, nos dice que la vida es como un ferrocaril de montaña, en la que debemos actuar como un maquinista valiente que no vacila ni falla, y con la ayuda de Dios alcanzar el cielo.

Patsy Cline – Country (2003): «Life’s Railway to Heaven». Discogs.com

Otro góspel tradicional americano es This Train Is Bound For Glory, el tren con destino a la gloria que solo transporta justos y santos. Esta canción ha cautivado a numerosos artistas a lo largo del tiempo, desde legendarios cantantes folk como Woody Guthrie, hasta bandas contemporáneas como Mumford & Sons, o gigantes del country como Randy Travis, que lo incluyó en su disco Songs of Faith, Worship, and Praise (Canciones de fe, adoración y alabanza), con el título This Train.

Randy Travis – Glory Train. Songs of Faith, Worship, and Praise (2005): «This Train». Wikipedia.org

Lleno de feligreses hacia el perdón y la vida eterna circula también el tren de People Get Ready, góspel versionado por numerosos artistas. Su autor, el afroamericano Curtis Mayfield, basándose en los sermones de su iglesia, usa la imagen alegórica de un convoy con destino Jordania. La fe es clave para acceder a bordo y no hay lugar para los pecadores, porque quedan vagando por la tierra, yendo de un lado a otro sin encontrarle sentido a la vida. 

The Impressions – People Get Ready (1965): «People Get Ready». Wikipedia.org

Aunque el góspel es el género de música religiosa por antonomasia, la espiritualidad también está presente en ritmos tan diversos como el reggae, la música disco o la música «indie». Así, por ejemplo, el jamaicano Bob Marley ofrece una visión similar a la de People Get Ready en el reggae Zion Train, en el que nos exhorta a ser sabios, no perder nuestras almas por ganar el mundo, y a montarnos en el tren que nos conducirá a Sión, es decir, a la tierra prometida, que para un rastafari es Etiopía.   

Bob Marley & The Wailers – Uprising (1980): «Zion Train». Discogs.com

El camaleónico David Bowie nos traslada a las pistas de baile con Station to Station, un tema que comienza con un minuto de efectos de sonido en los que se aprecia cómo se aproxima un tren. Y lo que podría ser una hedonista canción discotequera al uso, resulta ser casi un tratado de religiones, dado que hay menciones al cristianismo (el título alude al Vía Crucis); al judaísmo, (el verso “From Kether to Malkuth” cita dos lugares místicos de la Cábala); y al ocultismo (el verso “Making sure white stains” es una referencia al libro de poemas White Saints de Aleister Crowley).

David Bowie – Station to Station (1976): «Station to Station». Discogs.com

Por su parte, la banda «indie» Undrop, formada por dos suecos y un abulense pertenecientes al grupo religioso Hare Krishna, nos proponen en su gran éxito Train un viaje a un destino superior, mientras alabamos y damos gracias al Supremo.

Undrop – The Crossing (1998): «Train». Discogs.com

La relación entre dos realidades aparentemente tan dispares como el ferrocarril y la religión la intuyó la familia Oriol a finales de la década de 1940, cuando tras la fabricación de los primeros Talgos en Estados Unidos, hubo de transportarlos en barco a España. Como el precio del seguro era de tal magnitud que no podía pagarlo, se encomendó a la protección de la Virgen María. El transporte se realizó sin contratiempos y en justa reciprocidad las dos primeras locomotoras recibieron los nombres de Virgen del Pilar y Virgen de Aránzazu, respectivamente, iniciando así una larga tradición que alcanza a nuestros días. Una relación que también han entendido numerosos artistas que utilizan el tren en sus composiciones como medio de transporte de personas o almas a un mundo mejor, lo que, según algunos autores, no es más que es un trasunto del carro bíblico de Elías y su ascenso celestial con todos los que se salven.

Child 44 (El niño 44)

Imagen: periodistas-es.com

Entre 1978 y 1990, Andréi Chikatilo, conocido como el “Carnicero de Rostov”, asesinó a 21 niños, 14 niñas y 17 mujeres en Rusia, Ucrania y Uzbekistán. Inspirado por estos hechos, el escritor Tom Rob Smith escribió El niño 44, pero trasladó la acción a los últimos días de Stalin, durante la Guerra Fría. Esta novela es la base de la película del mismo título, donde un asesino en serie va dejando un reguero de cadáveres de niños en las proximidades de las vías del tren entre Moscú, Rostov y Volsk, trayecto que a la postre se convierte en el hilo conductor de las diferentes tramas del guion.

Desde el principio, el filme deja claro su carácter crítico hacia el régimen estalinista al comenzar con el Holodomor, la hambruna a la que sometió Stalin a Ucrania entre 1932 y 1933, para acabar con su nacionalismo, y que provocó la muerte de alrededor de cinco millones de personas. Una de las personas que sufrió las consecuencias de dicho genocidio es Leo Demidov (Tom Hardy), un adolescente crecido en un orfanato ucraniano del que se fugó  para acabar siendo, unos años después, el héroe del Ejército Rojo que colocó la bandera de la URSS en la cúpula del Parlamento alemán, cuando los soviéticos tomaron Berlín en 1945.

Terminada la II Guerra Mundial, Leo Demidov, fervoroso creyente de la propaganda oficial sobre las bondades del régimen, pasará a formar parte de los servicios de seguridad soviéticos. Con todo, su fe comenzará a debilitarse por las trabas que encontrará en la investigación de la muerte de su ahijado, aparecido muerto y desnudo cerca de las vías, tras ser supuestamente arrollado por un tren. Su dilema se intesificará cuando deba investigar por comportamiento antipatriótico a su propia esposa, la maestra Raisa Demidov (Noomi Rapace).

La negativa a denunciar a su esposa tendrá como resultado que ambos acaben desterrados y despojados de sus cargos en Volsk, a más de mil kilómetros de Moscú, donde también aparecen niños muertos cerca de las vías. Y será entonces cuando Leo Demidov -convencido de que las autoridades están más interesadas en ocultar los casos que en investigarlos, porque en el paraíso soviético el crimen no existe-, decida resolver el enigma, aunque ello suponga poner en peligro sus vidas.

Rodada en la República Checa, con una cuidada ambientación ferroviaria, El niño 44 comparte con la oscarizada La vida de los otros la evolución ideológica de sus respectivos protagonistas. Reproduce además el mismo ambiente asfixiante propio de las sociedades regidas por el lema “confía, pero vigila”, donde la desconfianza es la norma, y los matrimonios pueden ser más por temor que por amor.

Sin embargo, ambas películas fueron recibidas por crítica y público de forma muy distinta. En general, la crítica acogió a El niño 44 muy tibiamente y comercialmente no recaudó ni un tercio de lo que costó, a pesar de estar producida por Ridley Scott, contar con un magnífico reparto y estar soportada por un absorbente guion. Y sus desventuras no terminaron ahí, porque al igual que la multipremida Leviathan, una espeluznante visión de la Rusia actual estrenada el año anterior, acabó siendo prohibida por el Ministerio de Cultura de Rusia por el mismo motivo: tergiversación de hechos históricos.

FICHA TÉCNICA:

  • Título: Child 44 (El niño 44)
  • Director: Daniel Espinosa
  • Guion: Richard Price
  • Música: Jon Ekstrand
  • Fotografía: Oliver Wood
  • Reparto: Tom Hardy, Noomi Rapace, Gary Oldman, Vincent Cassel, Joel Kinnaman, Paddy Considine, Jason Clarke, Fares Fares, Josef Altin, Nikolaj Lie Kaas, Sam Spruell
  • País: Estados Unidos de América
  • Año: 2015
  • Duración: 137 minutos
  • Género: Thriller, drama histórico

Rock ferroviario europeo: bendita diversidad continental

Es impensable concebir el desarrollo económico de los siglos XIX y XX sin la presencia del ferrocarril, el medio de transporte más eficiente, seguro y sostenible para trasladar personas y mercancías por vía terrestre. Aunque nacido en Gran Bretaña -lo que posiblemente sea la causa de la copiosa producción de “railway music” anglosajona-, un recorrido por los países de la Europa continental demuestra que el leitmotiv ferroviario es omnipresente. 

Una de las canciones más celebradas del pop europeo se la debemos a la banda holandesa Shocking Blue, que logró el número uno en diversos países con su celebérrima Never Marry a Railroad Man (Nunca te cases con un ferroviario). Esta composición, en un sentido estricto, expone claramente las implicaciones de casarse con un ferroviario, pero en un sentido más amplio, es toda una advertencia de lo poco aconsejables que pueden ser algunos hombres como parejas estables.

Shocking Blue. Never Marry a Railroad Man. Discogs.com

Más interesados en viajes con encanto que en advertencias, el grupo italiano Pooh narra en Orient Express la historia de una pareja de desconocidos que coinciden en el mencionado tren. Tras una larga conversación, la chica desaparece entre la multitud en la estación de destino y deja perplejo a su interesado compañero de viaje. La canción aparece incluida en su disco Un po’ del nostro tempo migliore, publicado en 1975, el cual, debido a sus delicadas orquestaciones y bellas armonías vocales, coquetea con el rock sinfónico característico de la época.

Pooh. Un po’ del nostro tempo migliore. Discogs.com

Inspirándose también en el Orient Express, el francés Jean Michael Jarre ofrece su particular visión del mítico tren en un vibrante instrumental electrónico de pegadiza melodía. Un perfecto ejemplo de la obra de un artista que sigue encandilando a millones de personas con sus discos y sus espectaculares recitales masivos.

Jean-Michel Jarre. Orient Express. Discogs.com

De la misma forma que Jean Michael Jarre puede congregar a millones de personas, José “Zeca” Afonso movilizó a todo un país con su canción Grândola, Vila Morena, porque fue la señal que dio inicio a la Revolución de los Claveles en Portugal, el 25 de abril de 1974. En su amplio repertorio encontramos No comboio descendente, de su disco Eu vou ser como a toupeira, tema basado en un poema de Fernando Pessoa, que aborda la saudade derivada de la pérdida de la infancia. 

José Afonso. Eu vou ser como a toupeira. Discogs.com

Una revolución mucho más tranquila fue la que lideró el trío A-HA que, a mediados de la década de 1980, proporcionó a Noruega un protagonismo musical hasta entonces desconocido. Su disco de debut, editado en 1985, incluye Train of Thought, un tren de pensamientos basados en textos de Fyodor Dostoevsky, Knut Hamsum y Gunvor Hofmo. A pesar de su complejidad, la canción alcanzó el número 8 en las listas británicas.

A-HA. Train of Thought. Discogs.com

Se suele considerar The Carrollton March, de Arthur Clifton, escrita con motivo de la inauguración de la línea ferroviaria entre Baltimore y Ohio el 4 de julio de 1828, como la composición más antigua de la “railway music”. Es decir, 150 años más antigua que cualquiera de los temas anteriormente analizados, lo que viene a demostrar que el magnetismo del ferrocarril traspasa tiempos, modas y fronteras.

Rock ferroviario británico: poderío insular

Por mor del Stockton & Darlington Railway, inaugurado en el noreste de Inglaterra en 1825, sobre un ancho de 1.435 milímetros y pionero en el uso del vapor desde sus inicios, los británicos son considerados los padres del ferrocarril moderno. Aunque en sus primeros años estuvo destinado al transporte de mercancías, en 1833 comenzó a transportar viajeros. Dada la trascendencia del ferrocarril en la historia de la humanidad, parecía inevitable que los artistas en general, y los británicos en particular, lo incorporaran a sus obras.

Ejemplo de lo anterior es Madness, banda londinense cuyas señas de identidad son el ska y la diversión. Sin embargo, en sus canciones no ha dudado en abordar cuestiones profundas, como el apartheid en Sudáfrica, tal como se puede comprobar en (Waiting for) The Ghost Train, en la que el tren que debería acabar con la segregación racial nunca llega.

Madness – «(Waiting for) The Ghost Train» (1986). Discogs.com

Dejamos Inglaterra y nos acercamos a Escocia, donde Sheena Easton narra en Morning Train (Nine To Five), la relación de una pareja en la que, mientras él acude en tren a trabajar de 9 a 5, ella espera en casa su regreso para salir a divertirse. La canción vino acompañada de un videoclip, que era un auténtico tratado de cultura ferroviaria, rodado en el Bluebell Railway, ferrocarril inmortalizado, entre otros, en la premiada serie televisiva Downton Abbey o en la portada del disco Tumbleweed Connection, de Elton John.

Sheena Easton – Take my Time (1981): «Morning Train (Nine to Five)». wikipedia.org

Edimburgo es la ciudad natal del grupo The Waterboys, que alcanzó la gloria con Fisherman’s Blues, un disco que fusiona música irlandesa y rock. En el corte que da título al disco, el protagonismo lo comparten un pescador que se aleja mar adentro y el guardafreno de un tren fuera de control, dos personajes que representan la huida de la complejidad de la vida moderna, para buscar una existencia más tranquila en actividades tradicionales.

The Waterboys – Fisherman’s Blues (1988): «Fisherman’s Blues». Discogs.com

De la mano del inconmensurable Tom Jones nos adentramos en Gales, la tierra del artista que afirma que todo el mundo ama a un tren (Every Body Loves a Train), y que en Green Green Grass of Home nos relata la aspiración de una persona que está en prisión, en la que solo espera la muerte, pero que sueña con regresar a su hogar en tren para encontrarse con su sus padres y la bella Mary.

Tom Jones – Green Green Grass of Home (1967): «Green Green Grass of Home». Discogs.com

Finalizamos este breve recorrido por el pop y el rock de inspiración ferroviaria  de artistas de Gran Bretaña con la banda anglo-irlandesa de folk-punk The Pogues, la  cual rindió homenaje a los pioneros, a los primeros ferroviarios, en Navigator, una canción cuyo contenido es similar a Driving the Last Spike, de Genesis, y que ilustra cómo trabajaban y vivían tan esforzados trabajadores.

The Pogues – Rum, Sodomy and The Lash (1985): «Navigator». Discogs.com

Casi dos siglos después, en el país que inventó el ferrocarril tal como lo conocemos en la actualidad, seguimos verificando una y otra vez cómo su hechizo sigue presente en su música, cine, fotografía, literatura…, en la enésima confirmación del apego británico a su cultura, historia y valores.

Snowpiercer (Rompenieves)

Imagen: SensaCine.com

En el mes de julio de 2014, como consecuencia de un experimento fallido para solucionar el calentamiento global, la Tierra comenzó una era glacial que acabó con casi toda forma de vida. Desde entonces, las únicas personas supervivientes viajan en el último tren, el Snowpiercer, perteneciente al magnate y divino guardián de la máquina, Wilford (Ed Harris). Se trata de un tren autopropulsado de gran velocidad, con un ecosistema cerrado, que nunca se detiene. Su finalidad es recorrer constantemente los 438.000 kilómetros que forman la red ferroviaria que permanece en activo, resultado de unir diversos ferrocarriles de lujo repartidos por todo el mundo, para lo cual invierte un año.

En el Snowpiercer, una suerte de Arca de Noé ferroviaria, los pasajeros ocupan un lugar determinado y predeterminado: en los vagones de cola se amontona la clase explotada, sufriendo hambre y frío, a la cual se manipula y controla mediante la ansiedad, el miedo, el caos y el horror; y en los de cabeza viaja la clase poderosa con todo tipo de privilegios y excesos. Semejante desigualdad social da lugar, en 2031, a la enésima rebelión, encabezada en esta ocasión por el líder revolucionario de la sección de cola (Chris Evans), durante la cual descubrirá todos los secretos del tren y de la propia condición humana.

El origen de la película es la novela gráfica francesa “Le Transperceneige”, del guionista Jacques Lob y del dibujante Jean-Marc Rochette, publicada en 1982. En España fue inicialmente editada por la revista Tótem bajo el título “El Transglacial” y posteriormente publicada por Bang Ediciones en dos volúmenes, con el título genérico de “Rompenieves”, el primero de los cuales incluía «El fugitivo», que es la base del largometraje.

Ganador de la Palma de Oro en Cannes con “Parásitos” en 2019, el coreano Bong Joon-ho nos presenta en «Snowpiercer» una sociedad ficticia indeseable, una distopía, que le permite reflexionar sobre el impacto del ser humano sobre el medioambiente, las desigualdades sociales y la conservación del poder. Una película de gran crudeza visual, ritmo trepidante y humor negro, que flirtea con la ciencia ficción apocalíptica y la crítica social, para lo cual contó con un generoso presupuesto, un reparto de lujo y acabó siendo seleccionada para la 64 edición del Festival de Berlín.

FICHA TÉCNICA:

  • Título: Snowpiercer (Rompenieves)
  • Director: Bong Joon-ho
  • Guion: Bong Joon-ho, Kelly Masterson
  • Música: Marco Beltrami
  • Fotografía: Kyung-Pyo Hong
  • Reparto: Chris Evans, Tilda Swinton, John Hurt, Ed Harris, Octavia Spencer, Song Kang-ho, Jamie Bell
  • País: Corea del Sur
  • Año: 2013
  • Duración: 126 min
  • Género: Acción, drama, ciencia ficción

2000-2012, la historia de España al compás del tren

Víctor Manuel. El hijo del ferroviario. Amazon.es

Es un tópico afirmar que el siglo XXI comenzó el 11 de septiembre de 2001, con los atentados de Al Qaeda contra las Torres Gemelas en Nueva York y otros lugares en EE. UU., que provocaron la muerte de más de 3.000 personas. Estos actos de terrorismo, de una intensidad desconocida en Occidente, cambiaron la precepción de la realidad y la sensibilidad de muchas personas, una crueldad que también sufrimos en España con el atentado del 11 de marzo de 2004 contra cuatro trenes de Cercanías en Madrid. Cinco años después, y como homenaje a las casi 200 personas que perdieron la vida, el grupo La Oreja de Van Gogh publicó una sentida balada que lleva por título Jueves, basada en la historia real de una víctima.

Lamentablemente, las  malas noticias fueron el sino de la primera década del siglo XXI. Solo en el año 2000, ETA, que no anunciaría el cese definitivo de su actividad terrorista hasta 2011, había matado a 23 personas; en el 2002 se hundió el Prestige, provocando uno de los mayores desastres ecológicos que ha conocido este país; en 2003 estalló la Guerra de Irak; y en 2008 comenzó la Gran Recesión, cuyos efectos siguieron siendo visibles durante años, Además, 60 años después de finalizada la Guerra Civil sus heridas seguían sin cicatrizar, algo imposible en el país que, después de Camboya, registra el mayor número de desapariciones forzadas del mundo, con 114.000 entre 1936 y 1951, según un informe de Naciones Unidas de 2014. De una de ellas habla Víctor Manuel, hijo de un factor de RENFE, en El hijo del ferroviario, una canción en la que confiesa que su padre fue un republicano vencido y humillado, a quien por Todos los Santos iba a dejar un ramo flores en la fosa común donde estaba enterrado.

El mundo estaba sufriendo una gran convulsión y la experiencia demuestra que el consumo de drogas duras aumenta en épocas de crisis. Algo que parece barruntarse en El tren que nunca cogimos, una composición de M-Clan con un inequívoco sabor «cajun», publicada a principios del año 2001, que versa sobre la oportunidad desaprovechada, la conversión del vino en vinagre, las uvas en pasas y el amor en dolor, como consecuencia de una drogodependencia que nunca iba a atrapar a su protagonista.

A pesar de tanta adversidad, Fito y Los Fitipaldis pretendían dar una oportunidad a la esperanza en Cerca de las vías, porque como canta su líder “he crecido cerca de las vías/ y por eso sé/ que la tristeza y la alegría/ viajan en el mismo tren”. Y dado que el mundo está bajo nuestros pies, queda claro que dotar a la vida de significado y propósito es una responsabilidad individual. 

En un mundo de cambios radicales, el sector ferroviario también experimentó transformaciones significativas. En 2005, RENFE se disolvió y se crearon Adif y Renfe Operadora, lo que dio lugar a la separación de la administración de la infraestructura ferroviaria de la gestión del transporte, un primer paso para la liberalización del sector. Ocho años después, se completó otro hito con la integración de todas las direcciones de FEVE, según su actividad, en una de las dos Entidades Públicas Empresariales citadas.

No obstante, es de justicia señalar que los primeros años del siglo XXI también nos proporcionaron tres grandes alegrías, especialmente en el ámbito deportivo, porque la Selección Española de Fútbol ganó la Eurocopa 2008, el Mundial 2010 y la Eurocopa 2012. Sin embargo, estos triunfos no parecieron impactar en Los Secretos, la banda más longeva de la Movida Madrileña, que en 2011 seguían apostando por sus característicos temas intimistas y melancólicos como Trenes perdidos, sobre el vacío que produce la soledad, y las heridas que el tiempo no logra curar y acompañan a una persona durante toda la vida.

La evolución de la realidad española desde la Constitución de 1812 hasta la ratificación en 2012 de la constitucionalidad de los matrimonios entre personas del mismo sexo por parte del Tribunal Constitucional, que colocó a España en la vanguardia de los derechos humanos, también se puede realizar al compás de las canciones que tienen como leitmotiv el ferrocarril, porque ha sido motor y metáfora de muchos de los cambios más significativos de los dos últimos siglos. Durante este tiempo, España ha consolidado su posición en el G20 y su liderazgo mundial en la construcción de grandes infraestructuras ferroviarias, así como en la protección sanitaria universal gratuita, lo cual contribuye a que el país sea considerado uno de los mejores lugares para nacer y con la segunda mayor esperanza de vida, entre otros muchos aspectos. 

1986-1999, la historia de España al compás del tren

La Frontera. Tren de Medianoche. Discogs.com

En 1986, España acabó definitivamente con su aislacionismo internacional y se alineó con los países más influyentes de Occidente, al adherirse a la Comunidad Económica Europea y votar mayoritariamente “sí” en el referéndum sobre su permanencia en la OTAN. Estos acontecimientos marcaron un punto de inflexión, que culminaron con la organización de los Juegos Olímpicos de Barcelona y la Exposición Universal de Sevilla en 1992, además de consolidar la nueva imagen del país en el escenario mundial.

El fin del aislacionismo impregnaba todos los aspectos de la sociedad española, que pasó de ser un país pacato a ser uno de los más avanzados del mundo en libertades, derechos y tendencias. Así, por ejemplo, el machismo atávico comenzaba a ceder terreno ante una incipiente metrosexualidad, ejemplificada en el doliente protagonista de la canción Tren de medianoche del grupo La Frontera. Simultáneamente, se fortalecía la autoafirmación de la mujer, como lo demuestran las canciones No me importa nada y El tren de Luz Casal, incluidas en su disco Luz V, que le granjearon el favor de las feministas. Mientras que No me importa nada aborda la indiferencia femenina ante una antigua pareja, El tren destaca la proactividad de una mujer que asume su liderazgo en las relaciones personales e invita a una potencial pareja a subirse a su tren, a compartir vida y experiencias.

No cabe duda que los Juegos Olímpicos de Barcelona y la Exposición Universal de Sevilla fueron dos hitos de relevancia mundial, pero el primer viaje comercial del AVE entre Madrid y Sevilla, el 20 de abril de 1992, por una vía de 471 kilómetros de 1.435 mm, diseñada para velocidades de hasta 300 kilómetros por hora, no lo fue menos, porque desde ese día España es un país de referencia en líneas de gran velocidad.  

Con todo, mientras se inauguraba comercialmente el AVE, la situación de algunos sectores, como el naval, era dramática y algunas poblaciones sufrían tal impacto del que todavía no se ha recuperado. Caso paradigmático es Ferrol, ciudad que da título a unas de las canciones más representativas de Los Limones. En una localidad donde perder era lo normal, donde las fábricas cerraban y el tren Estrella Rías Altas se llevaba  los sueños y la realidad, la banda apostaba por mantenerse con la cabeza alta y quedarse donde estaba su hogar, donde se acaba el mar.

La apertura de España al mundo trajo consigo muchas ayudas económicas, pero también implicó sacrificios significativos, tanto en forma de crisis industriales como personales. Este tiempo de lucha y esperanza se refleja en Esperando mi tren de Revólver. La canción, en clara sintonía con Bruce Springsteen, habla de las derrotas que la vida inflige y la necesidad de seguir adelante, porque siempre queda un resquicio para la esperanza, en este caso simbolizada por un tren.

A pesar de los grandes avances y celebraciones entre la entrada de España en la Comunidad Económica Europea y la llegada del Euro a los mercados financieros en 1999, el camino no fue siempre fácil, ni a nivel económico ni individual. Este periodo de transformación estuvo lleno de desafíos y contradicciones, reflejo de una evolución compleja en la historia reciente de España.

1970-1986, la historia de España al compás del tren

Ana Belén. Miguel Bosé. El trenecito. Museo del Ferrocarril de Madrid on Twitter

La década de 1970 fue una sucesión de acontecimientos históricos, que comenzó con el Proceso de Burgos contra dieciséis etarras, varios de los cuales vieron conmutada su pena de muerte por prisión, en un claro indicio de la debilidad del régimen franquista. Esta debilidad se hizo todavía más patente con el atentado contra Carrero Blanco. En 1975 moría Franco y comenzaba la Transición. Tras el regreso de la monarquía, vinieron las elecciones democráticas de 1977 y la aprobación de la Constitución de 1978. La llegada de la década de 1980 mantuvo el ritmo, porque al fallido golpe de Estado de Tejero le siguió el regreso del último exiliado, el Guernica de Picasso -signo de reconciliación entre los dos bandos y final de la Transición-, además de la entrada de España en la OTAN.

La novedad, magnitud y el vertiginoso ritmo de los cambios era tal, que no todo el mundo fue capaz de asimilarlos. Un caso paradigmático lo tenemos en la eclosión del consumo de drogas. En este contexto hay que situar El tren, tema incluido en el primer disco de Leño, publicado en 1979, toda una referencia del rock urbano, en el que el tren simboliza unos ácidos azules de moda en aquellos tiempos, razón por la cual la canción dice “súbete a mi tren azul / si controlas tu viaje, serás feliz”. 

Otro cambio notorio fue la masiva incorporación de las mujeres al mercado laboral. Después de casi cuatro décadas condenadas al ostracismo y a pesar de los techos de cristal, empezaban a dirigir sus vidas, porque es sabido que la independencia económica suele propiciar la independencia sentimental. El grupo Mocedades lo dio a entender en Has perdido tu tren, canción en la que una mujer le deja claro a su pareja que ha perdido su oportunidad y que es capaz de cerrar la última página sin dejarse arrastrar por sensiblerías.

La vertiginosa transformación de la sociedad también se manifestó  en la cultura, que vivió un momento de gran intensidad creativa, de lo cual es un buen ejemplo la Movida Madrileña. El 9 de febrero de 1980, en la Escuela de Caminos de Madrid se celebró el concierto de homenaje a Canito, el baterista del grupo Tos que había muerto atropellado la Nochevieja anterior. Este acontecimiento es considerado su acto fundacional. En el recital participó Mermelada, uno de los mejores grupos de rhythm & blues que ha dado este país y el único del evento con disco en el mercado. Gracias a temas tan enérgicos como Coge el tren sabía lo que era el éxito. Su imperioso mensaje para que tomemos el tren de la 3.10, además de ser una invitación a comenzar una nueva etapa, es un guiño al western 3:10 to Yuma (El tren de las 3:10 de Delmer Davies, protagonizado por Glenn Ford y Van Heflin.

En la Escuela de Caminos también actuó Mamá, grupo madrileño que un año después publicaría su primer disco de larga duración, el cual incluía Hora punta en el Metro, una canción que es el análisis de un amor adolescente diez años después, tras un cruce casual de los protagonistas en las escaleras del Metro de Madrid.

El mismo Metro vuelve a ser el escenario elegido en Transbordo en Sol, la adaptación al castellano que Patxi Andión hizo de L’Anno Che Verrà de Lucio Dalla. La canción, escrita como una carta a un amigo, es un canto a la resistencia en tiempos de dificultad e incertidumbre, pero también una expresión de esperanza ante la llegada de días mejores.

Para la historia también quedará que, coincidiendo con el inicio de la década de 1980, desde Méjico llegó El trenecito de los Hermanos Rincón, una divertida canción infantil que fue grabada por Ana Belén y Miguel Bosé. Fue tan popular que RENFE utilizó su música como jingle de su brillante campaña publicitaria sobre los Días Azules, paradigma de los usos y costumbres de los viajes en el ferrocarril de la época.

El periodo comprendido entre 1970 y 1986 es uno de los más intensos de la historia reciente de España. Coincide también con el final de la represión franquista sobre el personal ferroviario, que duró de 1936 a 1977. Dado el valor estratégico del ferrocarril, alrededor de 83.000 trabajadores fueron depurados; de ellos, 6.800 fueron encarcelados, con penas que oscilaban entre la privación de libertad durante meses a la cadena perpetua. Alrededor de un centenar fue condenado a muerte y, un número indeterminado, fusilado, como los 59 trabajadores de la Compañía de los Ferrocarriles de Madrid a Zaragoza y Alicante (MZA), sepultados en la Fosa de los Ferroviarios del Monte Costaján, en Aranda de Duero. 

1955-1970, la historia de España al compás del tren

Andrés do Barro. O tren. Amazon.es

En 1955, con la entrada de España en la ONU, el franquismo se vio obligado a abrirse gradualmente al mundo. Los primeros ecos de esta tímida apertura se pueden apreciar en El chacachá del tren, donde las Hermanas Fleta narran las pasiones contenidas de una mujer que emprende un viaje de ida y vuelta a Lisboa en el Lusitania Expreso, en el cual tanto un galán como un interventor portugueses le colman de atenciones.

Cuatro años después de la entrada en la ONU, Franco se reunía con el presidente Einsenhower en Torrejón de Ardoz, acto considerado como la consolidación del régimen franquista y el fin del aislacionismo español. Este hito se vería confirmado con el Plan de Estabilización de 1959, que acabó con la política autárquica, marcó el inicio del boom turístico y propició la puesta en servicio del Talgo Madrid-París en 1968, entre otros muchos ejemplos. 

Quien decidió no tomar el Talgo Madrid-París fue Miguel Ríos, quien, consciente de que «debajo de los adoquines no había playa» -contrariamente a lo que proclamaban los manifestantes de las revueltas parisinas de Mayo del 68-, o por cualquier otra razón, optó por «regresar» a su tierra. Tal como cuenta en Vuelvo a Granada, retornaba a casa en tren, sin prisa, seguro de encontrar la felicidad entre su gente y las cosas que para siempre le retendrían. Sin embargo, en un país con un sistema de infraestructuras terrestres radiales, triunfar era sinónimo de hacerlo en Madrid, por lo que su «regreso» a la capital no se hizo esperar.

Al igual que Miguel Ríos, Andrés do Barro, impulsado por la saudade, también apostaba por tomar el tren y volver a su hogar en un tema titulado precisamente O tren. En un momento en el que los idiomas cooficiales eran inimaginables, su apuesta por cantar en gallego fue un acto valiente en favor de la libertad de expresión y la dignificación de su idioma materno.

Estación de Pontedeume. Placa con motivo del Centenario de la Línea Betanzos Infesta-Ferrol, 1913-2013

Otro artista que también apostaba por las lenguas cooficiales era Joan Manuel Serrat. Su exigencia de cantar La, La, La en catalán le costó su participación en el Festival de Eurovisión de 1968. Sin embargo, al año siguiente, como si de un acto de justicia poética se tratara, logró uno de sus mayores éxitos con Penélope. La canción habla de una mujer que acude a la estación para tomar el primer tren e ir en busca del hombre que le robó el corazón. Aunque en realidad solo necesita un billete de andén, porque se trata de una mujer trastornada por el dolor, y como diría Maná, sola en el olvido y con su espíritu. Esta canción guarda cierto paralelismo con La niña de la estación de Concha Piquer, lo cual no sorprende, porque Serrat es un artista que ha destacado en sus esfuerzos por desvincular la copla del franquismo.

Coincidiendo con el cambio de década y el vigésimo aniversario del retorno de los embajadores americanos a Madrid, Los Pekenikes, nuestra mejor banda de rock instrumental, nos brindó Tren transoceánico a Bucaramanga. Esta composición, que toma como referencia la mencionada ciudad colombina, puede interpretarse como una sugerencia para reforzar nuestros vínculos con Latinoamérica.

El periodo comprendido entre 1955 y 1970 es el fiel reflejo del lento declinar del franquismo, porque abarca desde su punto culminante, la entrada de España en la ONU, hasta uno de sus momentos más críticos, la condena a muerte de seis etarras en el Proceso de Burgos. Una etapa que también conoció la irrupción masiva de los movimientos democráticos estudiantiles y obreros, así como el afloramiento de las primeras reivindicaciones nacionalistas y la creación, en 1965, de los Ferrocarriles Españoles de Vía Estrecha (FEVE).