
Tony Scott (2010). «Unstoppable». filmaffinity.com
El 15 de mayo de 2001, un tren de la compañía CSX Transportation, compuesto por 47 vagones —algunos de ellos cargados con material explosivo— y con un peso bruto de 2.898 toneladas, recorrió sin maquinista y completamente fuera de control 106 kilómetros en menos de dos horas por el estado de Ohio. Aquel episodio, tan insólito como aterrador, pasó a los anales de la historia ferroviaria con el nombre de «Incidente CSX 8888».
Nueve años después, Tony Scott encontró en aquel suceso el punto de partida idóneo para volver a explorar una de las constantes de su cine: la fascinación por la velocidad, la tecnología llevada al límite y las personas corrientes obligadas a enfrentarse a situaciones extraordinarias. En su quinta y última colaboración con Denzel Washington, el director británico alumbró Imparable (Unstoppable), un trepidante thriller de acción que, sin renunciar a las licencias dramáticas, conserva una apreciable fidelidad al incidente real y reivindica el legado del cine de catástrofes de la década de 1970.
La premisa no puede ser más sencilla ni más eficaz. Frank Barnes (Denzel Washington), un veterano maquinista al que apenas le resta un mes antes de abandonar la compañía a consecuencia de un proceso de reestructuración, y Will Colson (Chris Pine), un joven jefe de tren con más voluntad que experiencia, inician una jornada de trabajo aparentemente rutinaria. La normalidad se rompe cuando Connie Hooper (Rosario Dawson), desde el Puesto de Mando, les alerta de que un convoy sin control, el AWR 777, avanza por la misma línea transportando, entre otras mercancías peligrosas, varios vagones de fenol fundido, una sustancia tan inflamable como corrosiva.
A partir de ese momento, Scott construye un relato de implacable progresión dramática. La narración, desarrollada casi en tiempo real, encadena los sucesivos intentos por detener un tren convertido en una fuerza ciega e indiferente a cualquier cálculo humano. En ese recorrido aflora también una mirada crítica hacia un modelo de gestión del tráfico ferroviario en el que la empresa operadora parece ejercer más influencia que el propio regulador; retrata cómo el temor a una caída del valor de las acciones condiciona las decisiones del gabinete de crisis; y reivindica el valor de la experiencia, el oficio y el orgullo ferroviario, activos intangibles que rara vez figuran en un balance, pero que pueden marcar la diferencia entre el desastre y la salvación.
En un ejercicio de adrenalina sostenida, Scott recurre al eterno enfrentamiento entre el ser humano y una fuerza desbocada de la naturaleza —aquí encarnada por un tren convertido en una auténtica bestia de acero— y consigue atrapar al espectador desde el primer fotograma. Lo logra gracias al magnetismo de su trío protagonista, a un ritmo narrativo implacable y a un despliegue de espectaculares secuencias de acción, entre las que sobresale la de la locomotora del AWR 777 afrontando a toda velocidad la peligrosa curva de la ficticia ciudad de Stanton (Pensilvania), con la mitad de sus ruedas suspendidas en el aire mientras desafía las leyes de la física. Pero, más allá del espectáculo, la película también nos recuerda que el mundo es un sistema inmenso, a menudo al borde del descontrol, que sigue dependiendo de personas anónimas capaces de actuar con un excepcional sentido de la responsabilidad y de tomar decisiones valientes en el momento preciso.
FICHA TÉCNICA:
- Título: Imparable (Unstoppable)
- Director: Tony Scott
- Guión: Mark Bomback
- Música: Harry Gregson-Williams
- Fotografía: Ben Seresin
- Reparto: Denzel Washington, Chris Pine,
Rosario Dawson, Ethan Suplee, Elizabeth Mathis - País: Estados Unidos
- Año: 2010
- Duración: 101 minutos
- Género: Acción. Catástrofe