Jazz ferroviario: ritmo y significado (I/III)

Poco podían imaginar los esclavos de África Occidental que sus “hollers”, sus gritos de campo, se transformarían, una vez en Estados Unidos, en canciones de trabajo que darían origen al blues y al jazz. En los Estados del Sur, las primeras cuadrillas ferroviarias recibían las instrucciones de sus capataces a través de canciones de llamada y respuesta. El capataz cantaba las órdenes y la cuadrilla respondía cantando, lo que no solo confirmaba la comprensión de las instrucciones, sino que también aseguraba la coordinación de movimientos y reducía el riesgo de accidentes.

Una de las influencias iniciales en el desarrollo del jazz es el ragtime, un estilo que alcanzó su apogeo a finales del siglo XIX y volvió a disfrutar de otro momento de gloria gracias a las composiciones de Scott Joplin incluidas en la banda sonora de The Sting (El golpe), film dirigido por George Roy Hill en 1973. Y es precisamente un ragtime, The Great Crush Collision March, el tema que compuso Joplin en 1896 para un espectáculo basado en la colisión de dos trenes, una atracción muy popular a finales del siglo XIX y principios del XX en algunas partes de Estados Unidos.

Scott Joplin. The Great Crush Collision March, 1896. The King of Ragtime. Discogs.com

Cuarenta años después, el cine se había convertido en un espectáculo de masas y en una fábrica de sueños, capaz de atraer al público sin la necesidad de aparatosos choques. Dicha atracción se potenció con la unión de estrellas cinematográficas y grandes orquestas de jazz, las big bands, con su característico ritmo, el swing. Así surgíeron películas como Sun Valley Serenade (Tú serás mi marido), que incluye Chattanooga Choo Choo, una de las composiciones más emblemáticas de la “railway music” de todos los tiempos. Compuesta por Harry Warren, Glenn Miller la llevó al número 1 en Estados Unidos en 1941 y logró también el primer disco de oro del país. Con un título que se inspira en la ciudad del Estado de Tennesse y en dos onomatopeyas que imitan el silbato de un tren, la canción es la historia de un viaje desde Nueva York.

Glenn Miller. Chattanooga Choo Choo. Sun Valley Serenade, 1941. Amazom.com

Harry Warren es también el compositor de la música de On the Atchison, Topeka & the Santa Fe, canción cuyo título coincide con el del ferrocarril de homónimo nombre (AT&SF, por sus siglas en inglés), creado en 1859 para unir Chicago con el sur de California. Durante años fue considerado el más importante de los EE. UU. El tema forma parte de la banda sonora de The Harvey Girls (Las chicas de Harvey), la película en la que George Sidney homenajeba a las camareras de la antigua cadena de hoteles Harvey y con la que Judy Garland ganó el Oscar a la mejor canción original en 1946.

Judy Garland. On the Atchison, Topeka & the Santa Fe. The Harvey Girls, 1946. Discogs.com

Otro ejemplo de la importancia del ferrocarril en la vida y música americanas lo tenemos en “El tren de la libertad”, que recorrió Estados Unidos entre 1947 y 1949, poco después de la Segunda Guerra Mundial, para reafirmar el patriotismo. Pintado con los colores de la bandera y custodiado por los mejores marines, llevaba a bordo documentos tan significativos como la Constitución, la Declaración de Derechos con las primeras Diez Enmiendas a la Constitución, la Declaración de Independencia, la Doctrina Truman… Un tren con tanta carga simbólica requería una canción oficial y el resultado fue The Freedom Train, compuesta por Irving Berlin e interpretada por Bing Crosby y The Andrews Sisters.

Bing Crosby and The Adrews Sisters. The Freedom Train, 1947. Their Complete Recordins Together. Discogs.com

Suele decirse que la palabra “jazz” tiene su origen en la expresión “jass it up, boys”, pronunciada en el Schiller’s Cafe de Chicago en 1916, durante la actuación de la Johnny Stein’s Band, embrión de la futura Original Dixieland Jazz Band, que tuvo el honor de publicar el primer disco de jazz un año después.  Al igual que la expresión “rock & roll”, «jazz» también tiene connotaciones de naturaleza sexual. Comenzó a utilizarse de forma peyorativa para denominar a la nueva música; sin embargo, debido a su constante evolución, ha acabado convirtiéndose en uno de los estilos más eclécticos y exigentes, así como el que mejor ha interiorizado los sonidos del ferrocarril.  

La mirada ferroviaria de Giorgio de Chirico

Autorretrato. 1911. WikiArt.org

Giorgio de Chirico figura en los anales de la historia del arte como el creador de la pintura metafísica, un estilo que cultiva entre 1909 y 1919, y que se caracteriza por tratar de ir más allá del mundo físico y mostrar la realidad subjetiva del artista tal como la imagina, interpreta o descubre en su inconsciente. Una pintura que parece estar representando sueños, en la que los elementos simbólicos son elegidos concienzudamente y que ejercerá gran influencia sobre los surrealistas.

Aunque de nacionalidad italiana, nace en Grecia en 1888. Hijo de un ingeniero ferroviario que participó en la construcción del trazado entre Atenas y Tesalónica, los trenes serán un elemento habitual en sus cuadros, lo cual puede ser considerado tanto un homenaje a su progenitor como un guiño al futurismo. A los 18 se traslada con su familia a Alemania. En Múnich, ingresa en la Academia de Bellas Artes y se sumerge en la obra de los pintores simbolistas Max Klinger y Arnold Böcklin, así como de los filósofos Nietzsche y Schopenhauer. Estos hechos tendrán un claro reflejo en su obra, tal como se puede observar en La conquista del filósofo, cuadro que muestra una plaza desierta con una yuxtaposición de objetos: un cañón, un reloj, la chimenea de una fábrica, una torre monumental, un tren de vapor, las sombras de dos personas que están fuera del cuadro y unos elementos extraños que transmiten la sensación de estar viendo algo absurdo, como son las dos alcachofas situadas en primer plano. La luz es suave, propia del atardecer. Un enrevesado rompecabezas de vacío, soledad y melancolía.

La conquista del filósofo. 1914. WikiArt.org

En el otoño de 1909 llega a Turín, donde observa sus grandes plazas con arcos y pasillos interiores, estatuas y fuentes que, con la luz de la tarde, generan sombras muy largas. Esta visión le inspirará paisajes urbanos que pintará en repetidas ocasiones, como Plaza de Italia, donde las altas arcadas generan sensación de vacío. En el horizonte apreciamos una torre con dos templos clásicos superpuestos y sus banderas desplegadas por un viento que no sopla, así como un tren en la lejanía. En la mitad del cuadro, dos hombres, cuales maniquíes, se saludan detrás de una estatua de Ariadna acostada. En primer plano, observamos un misterioso cubo en la sombra, al que no alcanza directamente la luz amarillenta que caracteriza el cuadro. Es difícil descifrar el mensaje, porque aunque todos los objetos son reconocibles, parece que estamos ante una pesadilla silenciosa.

Plaza de Italia. 1913. WikiArt.org

Tras Turín se va a París, donde se relaciona con los grupos vanguardistas, pero sin integrarse en ellos. A dicha época pertenece Gare de Montparnasse (La melancolía de la partida), una pintura figurativa que no representa un lugar real. Se trata de un espacio abierto, vacío, con presencia humana testimonial, sombras alargadas y colores sencillos, todo lo cual sugiere una sensación enigmática e inquietante. En el ángulo inferior derecho unos plátanos, que se prestan a múltiples interpretaciones, dan a la obra un toque surrealista.

Gare de Montparnasse (La melancolía de la partida). 1914. WikiArt.org

En 1914, diez años antes de la aparición del surrealismo, pinta La canción de amor, una obra onírica en la que mezcla objetos modernos y antiguos. En ella contemplamos la cabeza del Apolo de Beldevere, un guante rojo, una bola verde y una locomotora al fondo; un cuadro que de nuevo rezuma melancolía y pretende ir más allá del mundo físico. Está considerado el precedente del surrealismo, estilo que en las décadas de 1920 y 1930 tratará de plasmar los sueños e imágenes del subconsciente a través del automatismo psíquico.

La canción de amor. 1914. Wikipedia.org

Un año después es llamado a filas para combatir en la I Guerra Mundial, de donde regresa herido en 1917. Progresivamente abandona su nihilista y enigmática etapa metafísica de arquitecturas vacías, paisajes sombríos, naturalezas muertas, soledad, silencio y tristeza, para centrarse en un arte más académico y neoclasicista. Aunque los surrealistas no le perdonarán su deserción, el “Pictor Optimus”, tal como figura en su tumba, muere en 1978 admirado y respetado. Su influencia es claramente observable en Salvador Dalí, Edward Hopper o René Magritte, que se adhirió al movimiento surrealista tras contemplar La canción de amor.

El legado ferroviario de Bruce Springsteen

Clarence Clemons & Bruce Springsteen. viajesrockyfotos.com

En 1974, la CBS seguía presentando a Bruce Springsteen como el nuevo Dylan, pero todo cambió a raíz de un recital en el Harvard Square Theater de Boston, al que asistió el prestigioso periodista de rock Jon Landau. Tras el espectáculo, Landau escribió: “vi el futuro del rock and roll y su nombre es Bruce Springsteen”. Acto seguido, la CBS modificó su estrategia, publicó Born to Run y nada volvió a ser igual. Con el paso de los años, hemos comprobado que sus palabras han resultado proféticas, ya que hoy en día sigue siendo el mejor embajador del rock, al que ha dotado de épica y resiliencia. Y lo ha conseguido gracias a su vitalidad y creatividad; con canciones pobladas de personas que viajan en busca de un futuro, huyen de la realidad o intentan curar sus heridas internas, en las que el tren, en sentido literal o figurado, desempeña un papel relevante.

Con más de cinco décadas de trayectoria, Springsteen ha demostrado su talento en múltiples facetas. Como poeta urbano y cronista del reverso del sueño americano, es imposible pasar por alto New York City Serenade. La composición relata la historia de un joven adicto a la heroína y su novia, quien lucha por no ser arrastrada al abismo. A lo largo de la composición, el tren simboliza la droga y las vías, las venas, tejiendo una poderosa metáfora de desesperación y redención en el paisaje nocturno de la ciudad.

New York City Serenade. The Wilde, the Innocent & The E Street Shuffle, 1973. Discogs.com

Asimismo, es inevitable traer a colación Black Cowboys, porque la canción cuenta la historia de Rainey Williams, un joven de Mott Haven, uno de los barrios más empobrecidos del Bronx. Rainey mantiene una estrecha relación con su madre, quien se esfuerza por protegerlo de las pandillas y los peligros de la calle. Sin embargo, todo cambia cuando ella se enamora de la persona equivocada y cae en la adicción. Finalmente, Rainey toma las riendas de su destino: roba 500 dólares a su «padrastro», coge el tren y huye en busca de un futuro mejor.   

Black Cowboys. Devils & Dust, 2005. Discogs. com

El interés por las historias cotidianas es una constante en su obra. Un ejemplo emblemático es Downbound Train, del icónico Born in the U.S.A. En este tema, narra la derrota vital de Joe, un hombre que lo ha perdido todo: trabajo, amor, libertad y esperanza. Su desolación lo deja a la deriva, como un jinete atrapado en un tren que avanza sin rumbo, reflejando la fragilidad de los sueños y la crudeza de la realidad.

Downbound Train. Born in the USA, 1984. Discogs.com

La sensación de pérdida recorre igualmente Leavin’ Train, una canción grabada durante las sesiones de Human Touch pero finalmente incluida en Tracks, el recopilatorio de 66 descartes publicado en 1998. En esta canción conocemos a un joven que enfrenta el dolor de un amor no correspondido, porque cada vez que mira a los ojos de su chica, siente que la está perdiendo, como quien ve partir un tren sin poder detenerlo.

Leavin’ Train. Tracks, 1998. Discogs.com

Cabe destacar también su apego por la clase trabajadora, que lo ha convertido en uno de los principales exponentes del heartland rock, algo apreciable en Tucson Train. En ella, nos relata la historia de un hombre que trabaja en la construcción y que viaja desde San Francisco a Tucson, Arizona, con la ilusión de empezar una nueva vida. Aunque la relación con su novia en California no era muy sólida, espera con ilusión su llegada en el tren de las 5:15.

Tucson Train. Western Stars, 2019. Discogs.com

El compromiso y la emotividad, tan característicos en sus composiciones, se entrelazan en The Last Carnival, donde rinde un conmovedor homenaje a su teclista Danny Federici, fallecido en 2008. La canción se convierte en un tributo personal y colectivo, reflejado en versos como “tomaremos el tren sin ti esta noche”, una despedida cargada de melancolía que simboliza la ausencia irreparable de su amigo y compañero de banda.

The Last Carnival. Working on a Dream, 2009. Discogs. com

En ocasiones se erige en portavoz de la esperanza, como demostró con su disco The Rising, editado al año siguiente del ataque a las Torres Gemelas, o en canciones como Land of Hope and Dreams, que ha sido el punto final de numerosos recitales. En el tren de las grandes ruedas, los sueños no se verán frustrados y la fe será recompensada. Todo el mundo será bienvenido, santos y pecadores, ganadores y perdedores, prostitutas y jugadores, locos y reyes…, en su viaje a la tierra de esperanza y sueños, al sueño americano.

Land of Hope and Dreams. Wrecking Ball, 2012. Discogs.com

Springsteen, símbolo de honestidad y entrega inagotable en sus maratonianos recitales, es admirado e imitado en todo el mundo. Su música conecta profundamente con el público, que ve reflejadas sus propias vivencias y emociones en las canciones. Paradójicamente, esta cercanía lo ha convertido en uno de los artistas con mayor número de discos piratas, entre los que destaca el muy ferroviario Railroad Tracks.

Bruce Springsteen. Railroad Tracks, 1996. Discogs.com

El tren lunático

Charles Miller. El tren lunático. amazon.es

En un momento en el que las reivindicaciones se multiplican tanto en África como en Europa, para que Alemania gestione el fin de su herencia colonial en Namibia, Bélgica en el Congo y Gran Bretaña en Kenia, por sus políticas racistas que provocaron millones de muertos, la publicación en España de El tren lunático, de Charles Miller, cinco décadas después de su llegada al mercado anglosajón, resulta de lo más oportuna.

Tomando como referencia la construcción del ferrocarril que unió Mombasa, en el océano Índico, con Kisumu, en el lago Victoria, a principios del siglo XX, el autor analiza el inicio del imperialismo británico en el África Oriental. Un recorrido histórico que va desde la conquista de Zanzíbar por los portugueses en el siglo XVI, hasta los años posteriores a la Primera Guerra Mundial, con los colonos británicos asentados en las Tierras Altas de Kenia.

Entre 1896 y 1901, la empresa British East Africa Company construyó un ferrocarril de 930 kilómetros que recibió el nombre de Uganda Railway. Considerado como el  ferrocarril más audaz del mundo, discurría por un territorio en gran parte sin explorar, porque después de Mombasa había un desierto, seguido de una vasta área que ascendía hacia una región volcánica dividida por el Valle del Rift, para terminar con un lodazal de casi 200 kilómetros.

La que pretendía ser una obra de referencia comenzó siendo un fiasco económico, de ahí su nombre de tren lunático, porque costó 5 millones de libras esterlinas, el doble de lo presupuestado. Para la obras fueron contratados 32.000 indios, de los cuales 2.600 murieron y 6.000 quedaron incapacitados. Su construcción fue cruenta debido a los enfrentamientos con las tribus kikuyu, masai y nandi, que provocaron el derramamiento de mucha sangre; dramática, por el centenar largo de personas que fueron devoradas por los leones de Tsavo, así como las bajas mortales sufridas por malaria y las  picaduras de las moscas tsé-tsé; y muy dolorosa, por las heridas causadas por los durísimos espinos de las bomas y los efectos de la altas temperaturas en los elementos metálicos, como los carriles, que abrasaban las manos de los trabajadores.

Entró en funcionamiento en 1903 y sigue en activo, aunque con algunas modificaciones en su trazado y trenes chinos entre Mombasa y Nairobi. Su construcción se debió a un cúmulo de razones, desde la  necesidad del Imperio Británico de controlar Egipto, las fuentes del Nilo y el Canal de Suez, hasta abrir nuevas rutas comerciales y acabar con la esclavitud, pasando por el complejo del salvador blanco y la obligación moral de llevar la Pax Britannica a unos nativos sin civilizar.

Considerado un clásico de la literatura de viajes, El tren lunático se inscribe en el contexto del Reparto de África, es decir, la rivalidad entre las potencias europeas por el dominio territorial del continente, el control estratégico de rutas y cuencas fluviales, así como la explotación de sus recursos. En él, Miller reconoce que los intrusos blancos, movidos a la vez por el coraje y la avaricia, impusieron su presencia a pueblos que nunca la reclamaron. Y, pese a admitir ciertos excesos, termina por justificarla al considerarla beneficiosa para todas las partes implicadas.

DATOS BIBLIOGRÁFICOS

  • Autor: Charles Miller
  • Título: El tren lunático (The Lunatic Express)
  • Editorial: Ediciones del Viento
  • Año de publicación: 2019
  • Páginas: 768

Jazz-rock ferroviario: vibrante fusión

Manhattan Transfer. The Best of. Amazon.com

A finales de la década de 1960, el jazz, el género musical que mejor ha interiorizado los sonidos del ferrocarril, se unió al rock. Nació así un estilo ideal para el lucimiento de músicos superdotados que, con sus instrumentos eléctricos o electrónicos, compusieron e interpretaron temas complejos, llenos de filigranas e improvisaciones. Sin embargo, dada la deriva megalómana y egocéntrica que comenzaba a dominar el género, en la siguiente década surgió una corriente más comercial conocida como fusión.

Uno de los representantes más destacados de esta fusión es el francés Jean-Luc Ponty. Gracias a su destreza con el violín eléctrico y a los efectos que incorpora en sus composiciones, ha dejado una huella significativa, tanto en su carrera en solitario como en sus colaboraciones con artistas del rock (Elton John, Frank Zappa) y del jazz-rock (Mahavishnu Orchestra, Return To Forever). En su prolífica carrera, encontramos vibrantes instrumentales como Trans-Love Express, el expreso del amor de un músico con querencia por el misticismo, los viajes imaginarios y los mensajeros cósmicos.  

Otra referencia europea imprescindible es la banda de Canterbury Soft Machine. En 1975, nos regalaba The Man Who Waved at Trains (El hombre que saludaba a los trenes), cuyo título evoca la novela de George Simenon L’Homme Qui Regardait Passer Les Trains. Esta gema instrumental, de casi dos minutos, es representativa de un grupo con mayor influencia que repercusión comercial.

Si Soft Machine toma su nombre del título de una conocida novela de William Burroughs, el cuarteto neoyorkino Manhattan Transfer hace lo propio con otra no menos conocida novela de John dos Passos. Como dice una de sus integrantes, el cuarteto interpreta todo tipo de música, pero prefiere poner voz a los grandes instrumentales del jazz. Un ejemplo de esto es Tuxedo Junction, una de sus canciones más emblemáticas, que comienza con la imitación vocal del sonido del tren y cuyo origen se encuentra en el intercambiador de Tuxedo, en Birmingham, Alabama. Cerca de dicho intercambiador, que era un centro neurálgico para el ocio y el baile, había una tienda de alquiler de esmóquines (tuxedo, en inglés americano).

Sin duda el músico que mejor ha fusionado el jazz con otros estilos es el virtuoso guitarrista norteamericano Pat Metheny. Esto queda patente por enésima vez en su disco Still Life (Talking), que incluye la electrizante mezcla de jazz y ritmos brasileños de Last Train Home (Último tren a casa), una composición que refleja la añoranza de un profesional que llega a ofrecer hasta 240 conciertos al año.

Los especialistas suelen señalar Bitches Brew, el disco publicado por Miles Davis en 1970, como la puesta de largo del jazz-rock, un estilo muy contestado por los puristas, pero que ha logrado incorporar al jazz a personas más proclives a estilos menos exigentes como el pop o el rock, en el que el ferrocarril está presente en algunas de sus composiciones más bellas.

The Ghost and the Darkness (Los demonios de la noche)

Imagen: filmaffinity.com

El Lunatic Express ha pasado a la historia como uno de los proyectos ferroviarios más audaces del mundo. Bautizado así por los británicos, porque los 930 kilómetros que unen los puertos de Mombasa, en el océano Índico, y Port Florence, en el lago Victoria, costaron el doble de lo presupuestado y su rentabilidad inicial generó muchas dudas. Se concibió por la necesidad del Imperio Británico de controlar el África Oriental, en particular Egipto, las fuentes del Nilo y el Canal de Suez, además de abrir nuevas rutas comerciales y combatir la esclavitud. Contó con la participación de 32.000 trabajadores indios, de los cuales 2.600 murieron y 6.000 quedaron incapacitados. El proyecto también derramó mucha sangre, porque los enfrentamientos con las poblaciones nativas fueron brutalmente reprimidos y dos leones machos, Ghost (Fantasma) y Darkness (Oscuridad), devoraron entre treinta y cinco personas -según estudios recientes-, y más de un centenar -tal como afirma Charles Miller en su libro El tren lunático-. desde marzo a diciembre de 1899.

Avalado por su experiencia en la India, el teniente coronel británico John Henry Patterson fue contratado en 1898 por el Ferrocarril de Uganda para construir un puente sobre el río Tsavo (masacre) en el plazo de cinco meses. Sin embargo, no pudo cumplir el plazo debido a una serie de contratiempos, que incluyeron dificultades en el terreno, conflictos con etnias locales, especialmente con los masai, falta de mano de obra y enfermedades como la disentería o la malaria. Además, la construcción se vio afectada porque nada más llegar, una noche dos culíes (trabajadores indios) fueron arrastrados de sus tiendas y devorados. Serían los primeros de una serie que provocó un miedo generalizado, hasta el extremo de que se produjo un motín y los trabajadores abandonaron las obras durante tres semanas.

Aunque los nativos y culíes vieron en los dos leones la encarnación del espíritu del mal y el rechazo de la naturaleza al hombre blanco que alteraba la geografía africana, porque no temían a las armas, el fuego, las bomas (recintos de ramas espinosas), o las trampas, la realidad resultó más prosaica. Investigaciones recientes han demostrado que los ataques fueron debidos a un cúmulo de circunstancias que van desde una enfermedad en los dientes que les impedía cazar presas más duras, hasta una sequía que duraba dos años, pasando por una peste bovina que había diezmado la fauna local. Inicialmente, los leones encontraron una alternativa en las personas que no habían sido enterradas, como los propios trabajadores o esclavos, dado que parte del trazado del ferrocarril coincidía con las rutas que los árabes utilizaban para trasladar los esclavos a Zanzíbar.

La historia de los leones de Tsavo ha inspirado películas como: Men against the Sun, Bwana Devil (Bwana, el diablo de la selva), Killers of Kilimanjaro (Los asesinos del Kilimanjaro), y, la más conocida, The Ghost and the Darkness (Los demonios de la noche), filme con Val Kilmer en el papel del teniente coronel Patterson y Michael Douglas en el de Charles Remington, cazador ficticio que tiene por apellido el nombre de una marca de rifles usual en los safaris de la época. Arropados por un conocido elenco de actores y un guión muy fiel a la realidad del autor de Dos hombres y un destino, fue recibida con tibieza por la crítica, pero funcionó razonablemente bien en taquilla.

Al igual que Moby Dick o Tiburón, Los demonios de la noche es de nuevo la representación de la lucha épica del hombre contra la bestia. La singularidad en este caso radica en que la bestia era real; de hecho, los leones pueden verse disecados en el Museo Field de Historia Natural de Chicago. Y contra ella luchó el teniente coronel Patterson, para proteger a sus trabajadores y llevar el Lunatic Express, es decir, la civilización y el orden, a un mundo casi sin inexplorado.

 FICHA TÉCNICA:

  • Título: The Ghost and the Darkness (Los demonios de la noche)
  • Director: Stephen Hopkins
  • Guión: William Goldman
  • Música: Jerry Goldsmith
  • Fotografía: Vilmos Zsigmond
  • Reparto: Michael Douglas, Val Kilmer, Tom Wilkinson, Emily Mortimer, Om Puri, Bernard Hill, John Kani, Brian McCardie, Henry Cele, Nick Lorentz
  • País: Estados Unidos   
  • Año: 1996
  • Duración: 110  minutos  
  • Género: Aventuras

Los túneles del paraíso

Luciano G. Egido. Los túneles del paraíso. amazon.es

Entre 1883 y 1887, miles de carrilanos, provistos de picos, palas, barrenos y más voluntad que conocimiento, construyeron los 29 túneles y 9 puentes que se distribuyen a lo largo de los 19 kilómetros de la vía férrea que separan La Fregeneda (Salamanca) y Barca de Alba (Portugal), uno de los más impresionantes ejemplos de ingeniería ferroviaria a escala mundial.

Pero ¿quiénes eran los carrilanos que protagonizan la novela histórica de Luciano G. Egido Los túneles del paraíso? Si recurrimos al Diccionario de la Real Academia Española encontramos dos acepciones. La primera nos dice que en España son las personas que viven en la calle por carecer de hogar y de medios para mantenerse; mientras que en Bolivia, Chile y Perú son los operarios del ferrocarril. Dos definiciones complementarias que Egido redondea al describirlos como seres endurecidos por la experiencia, que huían de la miseria, se escondían de algún crimen o que simplemente querían salir del pozo, empezar de nuevo o comer caliente todos los días. Hombres sometidos a tal esfuerzo que superados los treinta y cinco años estaban viejos, arrugados, desnutridos, feos y ligeramente encorvados. Personas de fortuna esquiva, cuya evasión eran las peleas, el alcohol y la prostitución.

Mención especial merece la recreación que Egido hace de las circunstancias inhumanas en las que trabajaban, en un clima continental de temperaturas extremas, basadas en la injusticia, la brutalidad y el desprecio por la vida, por lo que las bajas por accidentes laborales eran constantes. También destaca la descripción de las insalubres condiciones en las que vivían, que, a modo de ejemplo, originaron una epidemia de cólera. Unas y otras, unidas a las reyertas y catástrofes naturales, como un desbordamiento del río Águeda que provocó más de 30 muertos, dieron lugar a constantes incumplimientos de los planes de trabajo, con sus consecuentes retrasos y rectificaciones.

En dicha tesitura no es sorprendente que afloraran conflictos políticos, consecuencia de los brotes revolucionarios; de seguridad y orden público, debidos a las peleas y asesinatos; y sociales, por la gestión epidemiológica o como resultado de los enfrentamientos entre carrilanos y lugareños.

Novela coral, muy bien documentada, de gran riqueza expresiva, que mezcla diferentes técnicas narrativas para reflexionar sobre la vida en condiciones extremas. Una metáfora de la condición humana de signo fatalista, que se vale de la construcción de una infraestructura que aspiraba a propiciar un fuerte desarrollo económico a ambos lados de la raya húmeda que forman los ríos Duero y Águeda, y ser una conexión directa y estable entre Salamanca y Oporto. Sin embargo, los hercúleos trabajos de los carrilanos no se vieron recompensados con el éxito comercial, porque la línea generó déficits continuos y fue cerrada al tráfico el 1 de enero de 1985, cuando un Real Decreto puso fin al servicio entre La Fregeneda y La Fuente de San Esteban.

DATOS BIBLIOGRÁFICOS:

La mirada ferroviaria de Claude Monet

Imagen: wikipedia.org Autorretrato con boina. 1886

El ferrocarril permitió a los pintores asentados en las márgenes del río Sena acercarse hasta Normandía, abandonar sus estudios, aproximarse a la naturaleza y pintar de manera más realista el mundo que los rodeaba. Y es en Le Havre donde Claude Monet (París, 1840 – Giverny, 1926), pinta en 1872 Impresión, sol naciente, el cuadro que dará nombre a una nueva corriente pictórica.

Entre 1850 y 1870, Francia vive una intensa etapa constructiva de grandes infraestructuras y los pintores impresionistas serán los primeros en fijar su vista en el ferrocarril como elemento artístico y también como una forma de mostrar la modernidad. Monet no será una excepción, porque encontrará en él un motivo de inspiración recurrente. La primera vez que el ferrocarril protagoniza una de sus obras es en Tren en el campo, en la que se constata su deseo de integrar el progreso en la naturaleza de forma armoniosa. A la luz del atardecer, varias personas pasean por una pradera, mientras al fondo una intensa humareda permite identificar la posición que ocupa la  locomotora de un convoy de viajeros parcialmente oculto detrás de una arboleda.

Imagen: wikiart.org. Tren en el campo. 1871

A medida que su pintura evoluciona, desaparecen los contornos y su interés por el realismo de los detalles es sustituido por la captura de las impresiones, como puede verse en La estación de ferrocarril de Argenteuil, que destaca por una  sorprendente tonalidad lila y anticipa lo que Edward Hopper hará unas décadas después al otro lado del Atlántico.

Imagen: wikiart.org. La estación de ferrocarril de Argenteuil. 1872

La tonalidad cambia sustancialmente en Tren en la nieve, cuadro en el que imperan los tonos grises de un cielo plomizo y los diferentes tonos blanquecinos de la nieve. Solo los faros de la locomotora aportan un toque de calor y color en una obra que capta perfectamente el ambiente de una mañana invernal.

Imagen. wikiart.org. Tren en la nieve. 1875

Uno de los rasgos característicos de Monet son las series, obras con el mismo motivo que le obligan a apresurarse para captar lo instantáneo y, en numerosas ocasiones, a terminar sus cuadros en el estudio. Al ser una mezcla de observación directa y memoria visual, dan lugar a una nueva concepción de la realidad. Y si en un primer momento las representaciones a diferentes horas tienen como motivo la investigación sobre cómo cambian las cosas dependiendo de la luz y del momento, con el paso de los años se convertirán en una obsesión, reflejo de su dolor y soledad.

Entre las series destacan la catedral de Ruan, los nenúfares, los almiares o las obras que tienen por objeto la estación de Saint-Lazare y algunos puentes ferroviarios, singularmente uno sobre el Sena y el de Charing Cross. El puente metálico sobre el Sena a la altura de Argenteuil, soportado por unas sólidas pilastras  que, además de crear un ritmo, contraponen su  verticalidad a la horizontalidad del propio puente, será representado por Monet hasta en cuatro ocasiones.

Imagen: wikiart.org. El puente de ferrocarril cerca de Argenteuil. 1874

La más conocida de sus series ferroviarias es la de la Estación de Saint-Lazare, la puerta a Normandía, de la cual pinta doce lienzos. En 1887, su prestigio es tal que los responsables de la estación retrasan la salida de los trenes o simplemente los mueven para que pueda captar diferentes enfoques. Entre los elementos comunes a todos ellos, cabe destacar el humo de las locomotoras, que representa de azul cobalto con blanco de cerusa.

Imagen. wikipedia.org. Estación de Saint-Lazare. 1887

Persona de espíritu viajero, entre 1899 y 1904 vuelve a Londres. En su primera visita, había conocido en profundidad la pintura de William Turner, que tanto influiría en su representación de la luz y el color, algo observable en los treinta y siete cuadros en los que plasmará el puente de Charing Cross, con el palacio de Westminster y el Big Ben de fondo. La luz solar se amalgama con la bruma, creando unas bellas tonalidades cromáticas, las cuales pueden verse en el Támesis, que se convierte en un espejo del cielo.

Imagen. wikiart.org. El puente de Charing Cross. 1902

Claude Monet ha pasado a la historia como el impresionista por excelencia, punto de partida del abstraccionismo y fervoroso admirador del ferrocarril, sobre el cual pintó numerosos cuadros. Murió rico y famoso, experimentó la hambruna, la pobreza extrema y un intento de suicidio. Y tras la muerte de su segunda esposa en 1911, sufrió un intenso dolor emocional.

Trash metal y glam metal ferroviarios: heavy norteamericano

De la misma forma que del heavy metal tradicional surgió, en la década de 1970, la Nueva Ola del Heavy Metal Británico, ésta fue el detonante del trash metal en la década de 1980. Y si los dos primeros géneros nacieron en Gran Bretaña, el tercero vio la luz en el área de la Bahía de San Francisco. Es como si al heavy metal le hubieran aplicado los tres principios de los Juegos Olímpicos: más rápido, más alto, más fuerte, porque se trata de un género más veloz, más agresivo y más pesado, con guitarras distorsionadas, querencia por las voces guturales y frecuentes cambios de ritmo. Su popularidad vino de la mano de los Big Four, es decir, Anthrax, Megadeth, Metallica y Slayer

Dentro de los Cuatro Grandes, Metallica es la banda de mayor influencia y éxito, tanto de público como de crítica. Incluso ha llegado a grabar junto a la Sinfónica de San Francisco, como puede apreciarse en No Leaf Clover. Se trata de un tema que reflexiona sobre la idea de que hacer las cosas “correctas”, no siempre garantiza una recompensa final y que, en ocasiones, la luz que se divisa al final del túnel resulta ser un tren de mercancías cargado de problemas, un trébol sin hojas.

Metallica – S&M (1999): “No Leaf Clover”. Discogs.com

De la expulsión del guitarrista original de Metallica, Dave Mustaine, nace Megadeth, otro exitoso cuarteto del thrash metal del Bay Area. En Train of Consequences aborda el problema de las decisiones imprudentes y de la avaricia, encarnadas en una persona deshonesta que se apropia del dinero ajeno sin consentimiento. En este sentido, el “tren de las consecuencias” representa un viaje, que puede no ser fácil de interrumpir o revertir, como consecuencia de los propios errores en la vida.

Megadeth – Youthanasia (1994): “Train of Consequences”. Discogs.com

Pero no todo el heavy metal es agresivo ni de difícil asimilación. El glam metal o hair metal —la versión más comercial del género, nacida en Los Ángeles— demostró que, con una imagen cuidadosamente trabajada de desaliño controlado, videoclips diseñados para su emisión en la poderosa MTV y baladas rock pensadas para las emisoras de FM, era posible llegar al gran público.

Paradigma de este estilo es Guns N’ Roses, responsable del que muchas personas consideran el mejor álbum debut de la historia, Appetite for Destruction, que incluye Nightrain. Esta canción alude a los efectos de un vino barato muy consumido por la banda en sus inicios, el Night Train Express, convertido en metáfora de una vida descontrolada y sin frenos, especialmente cuando se va tan “cargado” como un tren de mercancías. Debido a problemas legales con el nombre, el título fue abreviado, pasando de Night Train a Nightrain.

Guns N’ Roses – Appetite for Destruction (1987): “Nightrain”. Discogs.com

Al igual que Guns N’ Roses, Cinderella fue una banda especialmente relevante durante las décadas de 1980 y 1990. Sin embargo, la irrupción del grunge, con grupos como Nirvana —más centrados en el descontento social y la sencillez estética—, supuso un punto de inflexión en su carrera del que no logró recuperarse. Uno de sus mejores discos es el titulado Heartbreak Station, nombre que comparte con una balada rock incluida en el álbum. En ella, el protagonista se encuentra en una estación de ferrocarril, sumido en el dolor y la soledad tras una relación fallida: su chica se ha marchado llevándose consigo la última esperanza. Y es que los sueños, como los deseos, pueden desvanecerse del mismo modo que los trenes van y vienen.

Cinderella – Heartbreak Station (1990): “Heartbreak Station”. Discogs.com

El recorrido por los distintos subgéneros del heavy metal norteamericano permite comprender no solo su evolución estética y sonora, sino también su capacidad para generar discursos simbólicos complejos. Desde la intensificación técnica y agresiva del thrash metal, definido como la experiencia de ser arrollado por un tren bala, hasta la vertiente más accesible y comercial del glam metal, el género ha sabido adaptarse a contextos culturales cambiantes sin perder su identidad esencial y siempre con el uso recurrente de imágenes asociadas al ferrocarril y al viaje como elementos metafóricos.

Heavy metal ferroviario: transgresión existencial

Indagar en la etimología de la expresión heavy metal nos lleva a dos novelas escritas por William Burroughs a principios de la década de 1960, que responden a los títulos The Soft Machine -porque uno de sus personajes tiene por nombre Uranian Willy: The Heavy Metal Kid-, y Nova Express -por el tipo de música que escuchan las personas insecto-.

Si atendemos al uso del término dentro del ámbito musical, conviene remitirse al sociólogo alemán Hartmut Rosa, quien señala en su libro Cantan los ángeles, rugen los monstruos que su primera aparición en una letra de canción se encuentra en Born to Be Wild, de Steppenwolf: «I like smoke and lightning / Heavy metal thunder” (Me gustan el humo y los relámpagos / los truenos del heavy metal).

El heavy metal, una evolución del hard rock, es un género musical transgresor que busca ofrecer una experiencia única, intensa y sensorial. En él abundan las referencias a la fantasía épica y la mitología, la muerte y el oscurantismo, así como a la rebeldía, la libertad y la crítica social. Como señala Andrew O’Neill en La historia del Heavy Metal, el género surge a finales de la década de 1960 gracias a dos bandas originarias de Birmingham (Inglaterra): Black Sabbath y Judas Priest.

Judas Priest, cuyo nombre proviene de una canción de Bob Dylan (The Ballad of Frankie Lee and Judas Priest), ha sido siempre estandarte de la contundencia del British Steel, la descarga de adrenalina y la celebración de la fuerza sonora. Con estos antecedentes, resulta fácil comprender por qué en su discografía encontramos temas como Bullet Train, cuyos versos describen un avance sin frenos, ignorando el peligro, mientras una fuerza imparable (el tren bala) arrasa con todo a su paso, incluidos la mente y los sentidos.

Judas Priest – Jugulator (1997): «Bullet Train». Discogs.com

Sentadas las bases del heavy metal, comenzaron las desavenencias internas en Black Sabbath, hasta el extremo de que su carismático líder, Ozzy Osbourne, decidió abandonar la banda en 1979 para iniciar su carrera en solitario. Su debut, el mítico Blizzard of Ozz, incluye Crazy Train, una llamada de atención para que los herederos de la Guerra Fría dejemos de vivir como enemigos y no nos comportemos como trenes descontrolados, porque la consecuencia inevitable será la destrucción.

Ozzy Osbourne – Blizzard of Ozz (1981): «Crazy Train». Discogs.com

A finales de la década de 1970, el sonido del heavy metal tradicional, unido a la agresividad punk y al rock que se toca en los pubs, da lugar a la Nueva Ola del Heavy Metal Británico. Su reinado se extenderá hasta mediados de la década de 1980, momento en el que será eclipsado por el trash metal y el glam metal. 

Son muchas las bandas que integran la Nueva Ola del Heavy Metal Británico, pero por su influencia es obligado comenzar con Motörhead. Su pasión por el ferrocarril queda patente en Locomotive, canción que se puede entender como una declaración de principios: Motörhead es una locomotora, poder y gloria quemando las vías, y aplastará cualquier cosa en su camino. Pero tal vez sea Ridin’ with the Driver, que incluso menciona a Casey Jones, The Brave Engineer, su composición ferroviaria señera. La canción habla de aceptar el viaje, aunque sea peligroso. No importa si el final es malo: lo importante es ir a toda velocidad, fiel a uno mismo. Es una celebración del riesgo y de la vida intensa.

Motörhead – Orgasmatron (2015): «Ridin’ with the Driver». Discogs.com

Coetánea de Motörhead es Saxon, banda que en Denim and Leather, uno de sus discos más representativos y a la vez definitorios de la estética heavy, incluye toda una declaración de amor a una locomotora. Dicha canción es Princess of the Night, sobre la locomotora de vapor LMS Princess Royal Class, que prestó servicio en diferentes operadores británicos hasta 1962 y que encarna la época dorada del acero, el trabajo y la velocidad.

Saxon – Denin and Leather (1982): «Princess of the Night». Discogs.com

El heavy metal es una transgresión existencial, de actitud desafiante y aura antisistema, que aborda cuestiones oscuras y profundas. Su energía imparable también se encapsula en metáforas ferroviarias, que representan la velocidad, el poder y el desafío de un género que celebra la autenticidad y la pasión sin límites.