El vagón del armisticio: el coche restaurante 2419-D de Wagons-Lits

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Después de 52 meses de guerra, en los que fallecieron 9 millones de soldados, 21 millones resultaron heridos y 5 millones de civiles murieron por diversas causas, el día 11 del 11 a las 11.00 de 1918, entraba en vigor el armisticio de la I Guerra Mundial, un alto el fuego que con el tiempo daría lugar al Tratado de Paz de Versalles de 1919. Había sido firmado seis horas antes, durante las que se produjeron unas 3.000 bajas, por el mariscal francés Foch y el secretario de Estado alemán Ezberger en el interior del «vagón del armisticio», el coche restaurante 2419-D de la Compagnie Internationale des Wagons-Lits (CIWL).

A principios del mes de octubre, el Ministerio de Guerra francés había solicitado diversos coches a la CIWL para formar un tren especial destinado al Estado Mayor, uno de los cuales debía estar adaptado como oficina y sala de reuniones para el mariscal Foch. Se prepararon los coches restaurante 2418 y 2419, el coche cama 1888 y el coche salón número 2343, así como dos furgones. El coche restaurante 2419-D se transformó en una sala de conferencias, a la que se dotó de mobiliario, dispositivos de comunicaciones, mapas geográficos y otros elementos propios de una estancia militar.

De forma secreta, a finales de octubre, el tren especial se dirigió a Compiègne (a unos 80 kilómetros de París), para situarse en el bosque de Rethondes. El 8 de noviembre, llegó la delegación alemana, que dispuso de tres días para aceptar y firmar las condiciones de una rendición total. Firmado el armisticio, el coche restaurante 2419-D fue convertido en monumento histórico y donado al Museo del Ejército, que lo ubicó en Les Invalides, en París.

Sin embargo, años después Alemania y Francia volvieron a enfrentarse con ocasión de la II Guerra Mundial. Tras un aplastante avance del ejército alemán, el Gobierno francés se vio obligado a solicitar la paz en 1940. Acto seguido, los alemanes se desplazaron a Rethondes y procedieron a colocar el coche restaurante 2419-D en el punto exacto en el que se encontraba el 11 de noviembre de 1918. Hitler quería resarcirse de la humillación sufrida 22 años antes. Así, en la mañana del 22 de junio de 1940, la delegación alemana, con el propio Hitler, Goering y Hess al frente, obligó a la delegación francesa a firmar un armisticio muy favorable para Alemania.

Imagen: apnews.com

Después de la firma, Alemania tomó posesión del coche 2419-D y lo instaló en Berlín, con el original del Tratado de Paz de Versalles, el mismo que puso fin al conflicto más cruento de la historia y sentó las bases de la II Guerra Mundial. Sin embargo, en febrero de 1945, debido al avance de las tropas estadounidenses, las SS recibieron la orden de destruir el coche. Bajo ningún concepto podía servir de marco para la firma de un nuevo armisticio.

Al finalizar la guerra, el Gobierno francés solicitó a la CIWL un coche de la misma serie. Tras una intensa búsqueda por diversos continentes, apareció el WR 2439, el cual, tomando como referencia los planos originales, fue objeto de un minucioso trabajo de reconstrucción. El renovado 2419-D fue entregado a las autoridades francesas, que lo instaló en la explanada de Compiègne el 11 de noviembre de 1950, donde puede ser contemplado hoy en día.

La mirada ferroviaria Camille Pissarro

Autorretrato, 1873. Wikiart.org

Jacob Abraham Camille Pisarro (Isla de Santo Tomás, Islas Vírgenes, 1830 – París, 1903), fue uno de los miembros fundadores del movimiento impresionista. Además, participó en las ocho exposiciones de la Societé Anonyme Coopérative des Artistes, Peintres, Sculptures et Graveurs, una cooperativa en la que los impresionistas podían exponer y vender obras al margen de los dictados de la Academia Francesa. Generoso y amable, humilde y curioso, debido a su carácter tranquilo, a su edad -unos diez años mayor que el resto de sus compañeros-, y a su larga y canosa barba, fue considerado el patriarca, la persona a la que se podía pedir consejo, “le bon dieu”, como dejó escrito Cezanne, de quien fue mentor, al igual que de Gaugin. Estudió arte en París, donde descubrió a Millet y su mundo rural, y fue alumno de Corot, quien le recomendó pintar al aire libre, además de inculcarle la pasión por el paisaje.

En 1870, con motivo de la Guerra Franco-Prusiana, se desplaza a Inglaterra, donde conoce las obras de Turner y Constable. Se instala en Norwood y pinta cuadros como Lordship Lane Station, Dulwich, en el que contemplamos la línea a Crystal Palace High Level -que llegaba hasta el Palacio de Cristal construido para la Gran Exposición Mundial de 1851-, y estuvo en funcionamiento hasta 1954.

Lordship Lane Station, Dulwich, 1871. Wikiart.org

Casi treinta años después, Londres seguía creciendo hacia el sur, a lo cual contribuyó la rápida evolución del transporte por ferrocarril. Su cuadro Le train, Bedford Park, en el que de nuevo pinta el balasto de color amelado como en Lordship Lane Station, Dulwich, es representativo de dicha expansión.

Le train, Bedford Park, 1897. Wikiart.org

Del mismo tenor es The Railroad Bridge at Bedford Park 1, en el que algo tan prosaico como un puente de madera sobre las vías en un entorno rústico acapara el protagonismo. No idealiza el paisaje, lo presenta sin artificios ni arreglos, algo que horrorizaba a la Academia Francesa, como evidenciaban las obras que seleccionaba anualmente para el Salón de París.

The Railroad Bridge at Bedford Park 1, 1897. Wikiart.org

A la vuelta de Inglaterra, tras el fin la Guerra Franco-Prusiana (1870-1871), se instala en Pontoise, localidad cercana a París que acogía a relevantes artistas impresionistas. De allí procede Le pont du chemin de fer, Pontoise, una pintura abierta y clara con el río Oise como espejo del cielo, en la que queda patente su maestría a la hora de reflejar la luz en el agua o el movimiento de las nubes.

Le pont du chemin de fer, Pontoise, 1873, Wikiart.org

Considerado el pintor de la Francia rural -vivió en infinidad de pequeñas localidades-, lo que pudo ser tanto la influencia de sus maestros como de sus propias convicciones. Dicha circunstancia le permitió pintar cuadros como La barrière du chemin de fer aux Pâtis près  Pontoise, en el que vemos un paso a nivel cerca de Pontoise al mediodía. Se trata de una pintura luminosa y matizada, en la que predominan las tonalidades terrosas. En ella refleja la apacible vida en el campo y es un ejemplo del humanitarismo que se observará en sus cuadros a partir de 1880, cuando sus paisajes rurales tiendan a poblarse de campesinos.

La barrière du chemin de fer aux Pâtis près Pontoise, 1873. Wikiart.org

En 1883 cambia su enfoque y pinta Place de la Republique a Rouen (avec tramway), que captura la ajetreada vida urbana con un tranvía de tracción animal en primer plano. Esta obra anticipa una técnica a la que recurrirá en el último decenio de su vida como consecuencia de una enfermedad ocular: pintar a vista de pájaro perspectivas distantes y serenas de las calles y bulevares de París desde la ventana de la habitación de algún hotel.

Place de la Republique a Rouen (avec tramway), 1883. Wikiart.org

Tras conocer a los neoimpresionistas Signac y Seurat experimenta con el puntillismo, la técnica artística de pintar mediante diminutos puntos, de lo cual es un buen ejemplo Chemin de fer à Dieppe. Un cuadro con gran profundidad de campo, lleno de luz y color, en el que el ferrocarril figura como un elemento más de la realidad y aparece totalmente integrado en el paisaje.

Chemin de fer à Dieppe, 1886. Wikiart.org

Camille Pisarro fue un impresionista atípico, porque no encajaba en el estereotipo bohemio de sus colegas; no vivía las intensas noches parisinas, no coleccionaba amantes ni cohabitaba con sus modelos; tampoco procedía de una familia burguesa, no era era católico, sino judío, y se definía como anarquista. Debido a su sentido de la justicia se posicionó a favor de Zola en el caso Dreyfus y solicitó un nuevo juicio, lo que le costó el repudio de Degas, Guillaumin o Renoir. Aunque su obra es muy abundante y admirada, y en ella encontramos algunos de los mejores cuadros sobre el ferrocarril jamás pintados, pasó enormes penurias económicas con su mujer y ocho hijos hasta 1892.    

La mirada ferroviaria de Aleksandr Deineka

Autorretrato, 1948. elpais.com

Aleksandr Deineka (Kursk, 1899 – Moscú, 1969), es uno de los más destacados representantes del realismo socialista, una corriente artística al servicio de la utopía comunista surgida de la Revolución de Octubre de 1917. Su juventud, talento y fe en el naciente orden le convirtieron en el artista por antonomasia de la nueva era y, con el tiempo, en uno de los pilares de la propaganda estalinista. Su obra supuso el final de la vanguardia, por ser considerada elitista y hermética, y, al mismo tiempo, significó la llegada del realismo socialista, en un momento en el que las autoridades consideraban que era necesario enaltecer los logros de la clase trabajadora, los éxitos del ejército y las conquistas del Partido Comunista a través de las artes.

Como ilustrador, destacó por sus carteles. En este sentido cabe mencionar el titulado En el Donbás, que representa la extracción del carbón en la región minera del mismo nombre, situada en la actual Ucrania. En él se evidencia una de las claves de sus primeras obras: la exaltación del trabajo como actividad que dignifica a las personas y no como un castigo.

En sus cuadros, las mujeres desempeñan roles similares a los hombres y realizan las mismas funciones, algo constatable en Construcción de los nuevos talleres. Tras siglos de dominación zarista, la URSS experimentaba una industrialización a marchas forzadas, lo que era motivo de satisfacción, tal como se observa en la mujer de la izquierda. Este enfoque se repite en varias obras, donde la clase trabajadora se muestra entregada a sus labores y feliz con los resultados.

Construcción de los nuevos talleres, 1926. boumbang.com

Veintiún años después de Construcción de los nuevos talleres, pinta En la cuenca del Donbás. La temática es similar; no obstante, algunas diferencias son notorias. La calidad artística ha experimentado un gran salto cualitativo y la industrialización del país también, porque sus bases ya están asentadas y ahora se trata de consolidar la condición de superpotencia surgida tras la finalización de la Segunda Guerra Mundial.

En la cuenca del Donbás, 1947. wahooart.com

Además de trabajadores entusiastas, en su obra abundan los militares orgullosos de su condición y los jóvenes alegres, vigorosos, saludables, de cuerpos perfectos. En Al mediodía vemos a cinco chicas que corren completamente desnudas por el agua, como alegoría de la libertad, y un tren de fondo, símbolo del desarrollo del país. Este motivo, que repitió en varias ocasiones con jóvenes de ambos sexos, alaba los beneficios del deporte y vincula el futuro del país a la juventud.  

Al mediodía, 1932. artsdot.com

Los jóvenes son de nuevo los protagonistas de Los Versos de Mayakovsky, un óleo que representa el viaje de seis de ellos en tren, entre un variopinto grupo de personas. Acaban de comenzar sus vacaciones y en una atmósfera relajada y distendida hablan animadamente de los versos del más destacado poeta de la Revolución de Octubre.

Los versos de Mayakovsky, 1955. izi.travel

Tras la muerte de Stalin, Aleksander Deineka fue denostado tanto por buena parte de sus compatriotas como por Occidente, obviando que, a pesar de los rígidos esquemas en los que tuvo que moverse, fue un magnífico pintor, de hecho parte de la crítica le considera el Edward Hopper soviético. Un artista que transcendió a la mera exaltación de la cultura, el deporte, la industria y el trabajo en el «paraíso» socialista soviético, y encontró en el ferrocarril un símbolo de la industrialización y el progreso de su país.   

La mirada ferroviaria de Castelao

Autocaricatura, 1914. descubrirelarte.es.

De Curros Enríquez a Olga Novo, pasando por Castelao, parte de la intelectualidad gallega ha considerado históricamente el ferrocarril como símbolo de luz y progreso. En 1881, Curros Enríquez escribía el poema “Na chegada a Ourense da primeira locomotora” (En la llegada a Ourense de la primera locomotora), que provocó la irritación del clero y de otros estamentos sociales. Cincuenta años después, el 23 de mayo de 1933, Castelao criticaba en el Congreso al ministro de Obras Públicas, Indalecio Prieto, por la situación del ferrocarril en Galicia, en especial por la demora acumulada en la construcción del tramo Zamora-Ourense y por la deficiente conexión ferroviaria de los puertos gallegos. Más recientemente, Olga Novo, Premio Nacional de Poesía 2020 por “Feliz idade” (Feliz edad), evocaba en ese poemario la figura de su bisabuelo paterno, que trabajó en el túnel de A Frieria, en A Pobra do Brollón.

Con todo, los dardos de Castelao (Rianxo, 1886 – Buenos Aires, 1950), no solo iban dirigidos a los responsables políticos del Estado, sino también a sus propios colegas gallegos, a quienes reprochaba no hacer lo suficiente para mejorar la situación del ferrocarril en Galicia. Su viñeta en la que dos hombres conversan sobre este medio de transporte, la habilidad de los políticos catalanes para atraerlo a sus territorios y la dejadez de algunos dirigentes gallegos resulta de una claridad meridiana.

-Si nuestros diputados fuesen catalanes, conseguían el ferrocarril. -Bastaba con que se sintiesen gallegos. Cousas da vida, 1922-1924. acalexandreboveda.gal

En 1919 firma el texto Arte y galleguismo, en el que defiende la necesidad de crear un arte que pudiera definirse como gallego y que estuviera al servicio de Galicia. Durante la década de 1920 viaja por Alemania, Bélgica y Francia, donde entra en contacto con las vanguardias y queda fascinado por el expresionismo, sus fuertes contrastes de luz y la importancia concedida a la visión interior del artista y al mensaje. A raíz de estas experiencias, elimina lo superficial y anecdótico del regionalismo presente en su obra anterior y apuesta por un lenguaje de trazos precisos, limpios y firmes, en el que la fisonomía prevalece sobre la anatomía. Surge así la caricatura como medio de expresión privilegiado. Con humor corrosivo, retranca y una profunda tristeza, Castelao transmite su compromiso ético, político y social, y busca una identidad gallega en la que la denuncia de las injusticias ocupa un lugar central, como se aprecia en la viñeta donde dos personas dialogan sobre el precio de los billetes en el compartimento de un tren.

Mucha justicia, pero usted y yo pagamos lo mismo, 1920. afundacion.org.

En sus viñetas captura la esencia de las diferentes capas sociales de su tiempo: una burguesía ensimismada, un clero ajeno a los problemas de la ciudadanía, un campesinado humilde y muchas veces famélico… Y de nuevo el departamento de un tren, representado con una serie de líneas verticales, horizontales y un par de diagonales, es el marco escogido para situar a dos personas de diferentes mundos, un carterista de la ciudad y un señor del campo; el pillabán urbano frente al inocente hombre del mundo rural que no es consciente de lo que está pasando. Estamos ante una viñeta con un doble mensaje, por un lado advertir a la gente del campo para que no se deje engañar y por otra parte despertarla de su ingenuidad en todos los ámbitos de la vida.

El viajero despertando. ¿Qué me estás metiendo en el bolsillo, querido? Cousas do tren, 1922-1924. coleccion.abanca.com.

Se cuenta que, con motivo de la presentación del álbum Nós (Nosotros) en A Coruña, alguien se acercó a Castelao para preguntarle por qué en sus viñetas aparecía siempre una Galicia oprimida y llena de dramas. Él respondió que no tenía vocación de estupefaciente, lo que explica la presencia recurrente en su obra de aspectos como la emigración, la corrupción y, sobre todo, el caciquismo, denunciado por sus abusos y frivolidades.

-¿Por qué mi amo no pagaba el tren ni el tranvía ni el teatro? -Porque era muy simpático. Cousas da vida, 1922-1924. caciques.pressbooks.com.

Caricaturista, pintor, teórico del arte, dramaturgo, ensayista y etnógrafo, Alfonso Daniel Manuel Rodríguez Castelao es el símbolo del nacionalismo gallego y, posiblemente, la figura cultural y política más destacada de la Galicia del siglo XX. Culto e inquieto, tanto con el lápiz como con la pluma, aspiró a ser un intérprete fiel de los dolores y las esperanzas de su pueblo. Hoy se le percibe como una personalidad atemporal, incluso visionaria, pues algunas de sus reivindicaciones —como las relacionadas con el ferrocarril— siguen plenamente vigentes más de un siglo después.

Estación Intermodal Santiago de Compostela-Daniel Castelao

La mirada ferroviaria de Ernst Ludwig Kirchner

Autorretrato como soldado, 1915. Wikiart.org

En 1905 surge en Dresde el grupo artístico El Puente (Die Brücke), que liderará el expresionismo en el siglo XX. Si el impresionismo plasma la realidad exterior, el expresionismo refleja la visión interior del artista, sus sentimientos y emociones. Una visión generalmente deformada, subjetiva, con tendencia hacia la amargura existencial y la fealdad, lo prohibido y lo morboso, que toma prestado del fauvismo el uso radical del color.

Miembro destacado de El Puente es Ernst Ludwig Kirchner (Alemania, 1880 – Suiza, 1938), pintor autodidacta, graduado en arquitectura en Dresde, apasionado del arte primitivo, la xilografía y la obra de Van Gogh. En sus cuadros reinterpreta la belleza y las formas clásicas, que pierden su protagonismo frente al mensaje. Huye de la belleza superficial y, especialmente en su primera etapa, puede parecer incluso que en ocasiones rinde culto al feísmo.

Tranvía en Dresde, 1909. Wikiart.org

Al no tener mucho éxito en Dresde, en 1911 se traslada a Berlín. Allí, entre 1913 y 1915, pinta sus famosas Escenas callejeras, en las cuales retrata la animada vida nocturna de la ciudad, como se puede apreciar en el óleo Leipziger Strasse con tren eléctrico. En un pasaje estrecho y agobiante, vemos, en primer plano, a dos señoras elegantemente vestidas -casi con toda seguridad dos “cocottes” (prostitutas de alto nivel)-, y dos hombres con sombreros de copas siguiéndolas; en el centro, un tranvía abarrotado; y en los laterales, las arcadas atestadas de paseantes. Todo ello iluminado por unas luces blancas que parecen sombrillas y un neón rojo al fondo.

Leipziger Strasse con tren eléctrico, 1914. Wikiart.org

Atento observador de la realidad, en Berlín trata de captar también tanto los aspectos positivos del urbanismo (la sociedad moderna, la energía propia de cualquier ciudad o la industria), como los negativos (el alineamiento, la soledad o el desasosiego del ser humano), evidentes en Hallesches Tor, Berlín.

Hallesches Tor, Berlín, 1913. Wikiart.org

La soledad y el desasosiego aparecen de nuevo en Tranvía y tren, obra de formas simplificadas, con un uso arbitrario del color, en clara deuda con el fauvismo, en la que los medios de transporte aparecen superpuestos, y que, como en el caso anterior, no se ven personas.

Tanvía y tren, 1914. Wikiart.org

En 1914 se alista voluntario para la I Guerra Mundial, pero antes de un año sufre un colapso nervioso que le obliga a ingresar en un sanatorio para curar su adicción a los barbitúricos y al alcohol. Es en este momento cuando su carrera artística comienza una nueva etapa. Se desvincula del grupo artístico El Puente y las escenas callejeras berlinesas dan paso a la búsqueda de un equilibrio entre el ser humano y la naturaleza. Es una pintura llena de simbolismo y misticismo. Sus pensamientos convulsos tienen su reflejo en la distorsión de las formas y el potente uso que hace del color, como es el caso de Ferrocarriles en el Taunus, cuadro en el que representa el tren que circula por la cadena de montañas bajas cerca de Frankfurt del Meno.

Ferrocarriles en el Taunus, 1916. Wikiart.org

Debido a su estado de salud, en 1917 se muda a Davos, Alpes suizos, donde vive aislado el resto de su vida. Allí pinta Rhaetian Railway, un cuadro dedicado a uno de los ferrocarriles más bellos del mundo, el mismo que conecta Italia con Suiza gracias a unas espectaculares obras de ingeniería que atraviesan montañas y valles. De nuevo fuerza las perspectivas y utiliza los colores de forma emocional sin tener en cuenta la realidad.

Rhaetian Railway, Davos, 1917. Wikiart.org

Aunque sigue luchando contra sus dolencias físicas (una enfermedad intestinal aguda), y psicológicas (visiones terribles y premoniciones de muerte), la atmósfera de sus obras es más alegre, recuerda a la estética de los libros infantiles y evoca en ocasiones a Picasso.

Estación de Davos, 1925. Wikiart.org

Sin embargo, el ascenso de Hitler al poder es un duro golpe para un hombre de salud mental muy frágil. Al igual que su compatriota Hans Baluscheck, sus obras son calificadas de amenaza contra la pureza germana, arte degenerado (entartete kunst), razón por la cual los nazis destruyen o hacen desaparecer unas 600. Y aunque se salva una muestra representativa, que incluye un buen número de dibujos y cuadros de inspiración ferroviaria, incapaz de soportar tanto sufrimiento y angustia, en 1938 se suicida.

La vida en un minuto

José Antonio Lucero. La vida en un minuto, 2021. casadellibro.com

La historia siempre vuelve. No importa cuántos años transcurran, algunos acontecimientos dejan una huella tan profunda que resulta imposible relegarlos al olvido. Así sucede con la expulsión de los sefardíes decretada por los Reyes Católicos en 1492, con la Guerra Civil española o con el accidente ferroviario de Torre del Bierzo, ocurrido en 1944 y considerado el más grave de la historia de la Península Ibérica. A partir de estos tres episodios, José Antonio Lucero debuta en la narrativa con La vida en un minuto, una novela histórica de lectura ágil y ritmo sostenido, atravesada por un delicado trasfondo romántico.

Al igual que en la película Titanic de James Cameron, dos personas pertenecientes a clases sociales distintas coinciden en un medio de transporte destinado a protagonizar una tragedia que ocupará un lugar destacado en la memoria colectiva y transformará sus vidas para siempre. Los protagonistas son Daniel Nahman Levi, un joven de origen sefardí que, tras el final de la Guerra Civil, se oculta bajo una identidad falsa en una casamata del Parque del Oeste de Madrid, y Julia María Schmidt, una universitaria del acomodado barrio de Salamanca.

Por razones muy diferentes, ambos huyen de la capital y coinciden en el Expreso Correo n.º 421, que cubre la línea Madrid–A Coruña. Daniel regresa al Bierzo, convencido de que la Brigada Político-Social estrecha el cerco sobre él debido a su pasado como maquis. Julia, por su parte, decide refugiarse en Galicia tras un violento episodio con su novio y en abierta rebeldía frente al futuro que su familia ha trazado para ella.

A través de la figura de Daniel, nos adentramos en la historia de los maquis que combatieron en los montes bercianos y en la cultura sefardí, de la que se revelan incluso palabras en ladino o la tradición de transmitir, de generación en generación, las llaves de las antiguas propiedades familiares en España. Asimismo, sabremos cómo era la vida en algunos de los barrios más humildes de Madrid finalizada la Guerra Civil. Con Julia como hilo conductor, descubriremos la vida en los barrios acomodados, los usos y costumbres de la época, y el papel de la mujer en los primeros años de la dictadura franquista.

El verdadero eje de la novela, no obstante, es el accidente sufrido por el Expreso Correo n.º 421 en el Túnel N.º 20 de Torre del Bierzo el 3 de enero de 1944, a las 13.20. Según las investigaciones recogidas por el historiador Vicente Fernández Vázquez en La verdad sobre el accidente de Torre del Bierzo (1944), el siniestro causó la muerte de 100 personas y dejó 111 heridas. El propio José Antonio Lucero reconoce que descubrió este episodio durante una investigación realizada en 2012. La profunda impresión que le causó, unida a su condición de historiador, hace que todo ello tenga su traslación en la novela. Así, los datos que aporta son rigurosos y exhaustivos: desde los nombres y circunstancias de los maquinistas y locomotoras, hasta las causas del accidente, pasando por la reproducción de la noticia que publicó la agencia de noticias CIFRA, o la nota de prensa de RENFE de 9 de enero de 1944, que no evitó la destitución de su presidente.

La vida en un minuto nos recuerda que nuestra existencia puede cambiar en un minuto y que el amor y la esperanza pueden surgir incluso en las circunstancias más adversas. Para ilustrarlo, la novela se apoya en un accidente ferroviario que el franquismo intentó ocultar durante décadas, atribuyéndolo sin éxito a un sabotaje de los maquis que operaban en la zona, así como a los tres maquinistas implicados.

DATOS BIBLIOGRÁFICOS

  • Autor: José Antonio Lucero
  • Título: La vida en un minuto  
  • Editorial: Penguin Random House
  • Año de publicación: 2021
  • Páginas: 413

Brief Encounter (Breve encuentro)

filmaffinity.com

En un momento dado de Breve encuentro -cuarto largometraje de David Lean, que el tiempo ha convertido en uno de los grandes clásicos del cine romántico y modelo de referencia de numerosas películas-, escuchamos: “Que insensata he sido. Me he enamorado. No sabía que a alguien corriente pudiera pasarle algo tan intenso”. Un enamoramiento que comienza cuando a Laura Jesson (Celia Johnson), que está en el andén de la estación de Mildford Junction, se le mete una carbonilla en el ojo al paso de un tren, razón por la que acude a la cantina a solicitar un vaso de agua para limpiárselo, momento en el que se le acerca el médico Alec Harvey (Trevor Howard). Y lo que empieza como una mera casualidad, con el paso de las semanas, tras diversas citas en la cantina de la estación mientras esperan a los trenes que les llevarán a sus respectivos destinos, comidas en un restaurante, visionado de varias películas en el cine y alguna que otra escapada al campo, se convierte en amistad y posteriormente en un amor apasionado.

La película está basada en una obra de teatro del dramaturgo Nöel Coward titulada “Still Life” (Naturaleza muerta), lo que explica en parte la gran importancia que el guion otorga a la ficticia estación de Milford Junction, hasta el extremo de que se puede afirmar objetivamente que es el tercer personaje de una obra en la que dos personas de clase media, ambas casadas y con dos hijos, se ven arrolladas por un amor que les impulsa a vivir un breve, secreto y socialmente inaceptable romance durante siete semanas. Situación que les obligará a elegir entre su felicidad, con el consiguiente dolor para sus familias, o dejar de verse para siempre. Dicha obra de teatro dio lugar a una adaptación televisiva de homónimo título con Sophia Loren y Richard Burton en 1974, y a la película Falling in Love (Enamorarse), una nueva versión, nunca reconocida como tal, protagonizada por Meryl Streep y Robert De Niro en 1984.  

Aunque la acción se sitúa antes de la Segunda Guerra Mundial, la película fue rodada durante la misma, razón por la que se eligió una estación que estuviera alejada del frente y consecuentemente con menores posibilidades de sufrir ataques aéreos. La elegida fue Carnforth, en Lancashire, hoy convertida en lugar de peregrinación para cinéfilos, algo que tanto la ciudad como la estación lucen con orgullo.

Imagen: carnforth.co.uk

Contada como un flashback en la que la voz en off de Laura Jensson, como si de su conciencia se tratara, le explica imaginariamente a su marido lo acontecido durante las siete semanas, Breve encuentro, Palma de Oro en el Festival de Cannes de 1946, ha pasado a la historia del cine como una de las más delicadas y elegantes historias de amor imposible, y tensión sexual no resuelta. Toda una alegoría del amor prohibido con la que puede identificarse cualquier persona, independientemente de su orientación o identidad sexual. En este sentido, señalar que el propio Nöel Coward (cuya voz se escucha por la megafonía de la estación), era un homosexual en una época en la que la homosexualidad era delito. Baste recordar que, siete años después del estreno de la película, Alan Turing, padre de la computación y uno de los artífices de la derrota de la Alemania Nazi, fue condenado a castración química por dicho motivo.

FICHA TÉCNICA:

  • Título: Brief Encounter (Breve encuentro)
  • Director: David Lean
  • Guión: David Lean, Anthony Havelock-Allan, Ronald Neame
  • Música: Sergei Rachmaninoff
  • Fotografía: Robert Krasker (B&W)
  • Reparto: Celia Johnson, Trevor Howard, Stanley Holloway, Joyce Carey
  • País: Reino Unido       
  • Año: 1945
  • Duración: 85 minutos  
  • Género: drama romántico   

Falling in Love (Enamorarse)

Imagen: amazon.es

La tríada formada por un hombre, una mujer y el ferrocarril es un clásico del mundo cinematográfico, que tiene en Falling in Love (Enamorarse), del director belga Ulu Grosbard, uno de sus ejemplos señeros. Su punto de partida lo enuncia Robert De Niro en los primeros minutos de la película cuando le dice a su íntimo amigo Harvey Keitel: “He conocido a una mujer en el tren”.

Molly Gilmore (Meryl Streep) y Frank Raftis (Robert De Niro) son dos desconocidos que viajan con regularidad en el Metro North Commuter Railroad hasta la Grand Central Terminal en Manhattan. Toman el tren en dos estaciones colaterales, ella en Ardsley-on-Hudson y él en Dobbs Ferry. Molly es una diseñadora casada y sin hijos; Frank, un arquitecto casado y con dos hijos, en cuyos matrimonios la magia desapareció hace tiempo y el compromiso ha sustituido al amor. Un día de Nochebuena coinciden en la famosa librería Rizzoli. Mientras compran los últimos regalos, chocan, los paquetes caen al suelo y al recogerlos dos de ellos cambien de manos. Tres meses después, coinciden de nuevo en el tren. Al bajarse, se reconocen y cuentan divertidos la sorpresa de sus respectivas parejas al abrir los regalos equivocados. Y lo que comienza con un breve encuentro, poco a poco deviene en amistad y, posteriormente, en pasión. Una pasión de dos personas en la treintena que no quieren hacer daño a sus respectivas familias.

Se suele afirmar que “Enamorarse” es una nueva versión de Brief Encounter (Breve encuentro), la película que David Lean estrenó en 1945, en la que dos personas casadas se conocían en la británica estación de Milford Junction. Con el tiempo, su relación se convertía en una romántica historia de amor que les alejaba de sus vidas rutinarias y acababa obligándoles a tomar la decisión de dejar de verse o romper con sus cónyuges para seguir juntos. Pero las similitudes no acaban ahí, porque si en Breve Encuentro el protagonismo se lo repartían Celia Johnson, Trevor Howard y la estación de Milford Junction, en Enamorarse el protagonismo lo comparten Meryl Streep, Robert De Niro y el muy cinematográfico Metro North Commuter Railroad, omnipresente durante todo el metraje, al igual que la Grand Central Terminal, porque propician sus citas y les permiten vivir momentos intensos.

Es bien sabido que el amor no entiende de edades, estados civiles o convenciones sociales y Enamorarse lo corrobora por enésima vez. Una excelente película romántica en la que el poder taumatúrgico de estaciones y trenes contribuye a que dos personas casadas, con sus respectivas responsabilidades familiares, acaben rendidamente enamoradas la una de la otra y abocadas al eterno dilema de decidir si ponen fin a sus matrimonios o a su relación, porque terceras vías suelen ser profundamente insatisfactorias.

FICHA TÉCNICA:

  • Título: Falling in Love (Enamorarse)
  • Director: Ulu Grosbard
  • Guión: Michael Cristofer
  • Música: Dave Grusin
  • Fotografía: Peter Suschitzky
  • Reparto: Robert De Niro, Meryl Streep, Dianne West, Harvey Keitel, David Clennon, Jane Kaczmarek, George Martin
  • País: Estados Unidos     
  • Año: 1984
  • Duración: 102 minutos  
  • Género: drama romántico  

La mirada ferroviaria de René Magritte

René Magritte. WikiArt.org

“Mi pintura son imágenes visibles que no ocultan nada; evocan misterio y, de hecho, cuando una persona ve uno de mis cuadros se pregunta ¿qué significa esto? No significa nada, porque el misterio no significa nada, es indescifrable”. Así se refería a su obra en cierta ocasión René Magritte (Bélgica, 1898 – 1967), uno de los más grandes e influyentes pintores surrealistas del siglo XX, dotado de un estilo inconfundible por el uso de escenas similares y motivos recurrentes, en un sinfín de variaciones.   

En sus inicios, se decantó por el impresionismo, pero en 1919 se sintió atraído por el cubismo y el futurismo, los cuales tendrían un claro reflejo en sus obras de los años siguientes. En ellas renuncia a la perspectiva y al realismo. Todo se vuelve bidimensional y, por tanto, carente de profundidad.

Composition with Railway Signals, 1923. Artnet.com

Son cuadros en los que suprime la mayoría de los detalles de los objetos representados, por lo que éstos hay que intuirlos por algún rasgo. Un ejemplo, es la locomotora de Composition au train, reconocible por su silueta, en un conjunto en el que predominan los colores apagados: azul, verde, gris, negro, marrón…

Composition au train, 1922. Artnet.com

El color gana vivacidad en Locomotive, ejemplo de futurismo. Este lienzo elogia los avances tecnológicos y el progreso, pero resulta una pintura deshumanizaba, a la que se le puede aplicar lo que decía el crítico Thrall Soby de su obra: «todo parece apropiado, hasta que nos damos cuenta que está violando el sentido común a plena luz del día» .

Locomotive, 1922. Artnet.com

Gracias al cuadro La canción de amor, de Giorgio de Chirico, hacia 1922 descubre la pintura metafísica, lo que le llevará a decantarse por el surrealismo, estilo que liderará en Bélgica junto con Paul Delvaux. A diferencia de otros artistas, su surrealismo no tiene una base onírica. Influenciado por Sigmund Freud y tratando de superar las limitaciones de la razón, pinta con gran fidelidad asociaciones insólitas de objetos e imágenes cotidianas en contextos sorprendentes, con los que evoca el misterio y desafía la percepción.

La influencia de Giorgio de Chirico es especialmente notable en La Duree poignardee. Un cuadro en el que una locomotora de vapor que, como si de una daga se tratara, atraviesa una chimenea, sobre la cual hay un reloj y dos candelabros, uno de los cuales no se refleja en el espejo que está detrás. Todo indica que la habitación está vacía, porque no se intuyen ni personas ni muebles.

La Duree poignardee, 1938. WikiArt.org

La decisión de permanecer en Bélgica durante la Segunda Guerra Mundial, con el país ocupado por los alemanes, fue para Magritte un hecho traumático, porque provocó la ruptura con André Breton, fundador del surrealismo, y el abandono temporal de dicho movimiento artístico. Sin embargo, finalizada la contienda, regresó a él, para rara vez apartarse. Tal vez Le Rossignol pueda ser considerado una excepción. A través de un arco vemos a Dios sobre las nubes y en tierra un largo tren de vapor que cruza en diagonal, con lo que parece sugerir que fe y ciencia pueden convivir en armonía.

Le Rossignol, 1962. WikiArt.org

Aunque su vida estuvo muy marcada por el suicidio de su madre, la Segunda Guerra Mundial y la ruptura con los surrealistas franceses, desde 1950 René Magritte conoció el éxito. Considerado un precursor de la cultura pop¹, su influencia es fácilmente apreciable en la obra de grandes artistas del siglo XX debido a sus imágenes icónicas, resultado de aplicar la creatividad a algo tan ordinario como una manzana verde, una pipa, su propia figura o un tren y componer algo totalmente novedoso que cuestiona la realidad.

(1) Sus obras aparecen en las carátulas de los discos de los más variados artistas. Así, por ejemlo, encontramos “La Duree Poignarde” en la portada del disco Track One, del grupo belga Dream Express; La Chambre D’Ecoute en Beck-Ola, de Jeff Beck Group; Golconda en el primer disco de Dreams; Le Beau Monde en Finnegans Wake, de Tangerine Dream; Le Blanc-Seing en The Grand Illusion, de Styx;  Les Mémoires d’un saint en Visions, de Gladys Night & The Pips; L’empire des lumières en Late for Sky, de Jackson Browne.

También es homenajeado en la representación del hombre del traje negro con bombín en Wish You Were Here, de Pink Floyd, y en Hemispheres, de Rush, así como en la famosa manzana verde del logo de Apple Records, el sello discográfico de los Beatles.

The Train (El tren)

The Train. IMDb.com

El expolio de obras de arte durante las guerras es un hecho recurrente a lo largo de la historia. Los nazis, por ejemplo, planificaron una sustracción sistemática de colecciones públicas y privadas en Europa, que comenzó por las personas judías alemanas. Cuando ocuparon Francia en 1940, las obras saqueadas las depositaron en el Museo Jeu de Paume, en el centro de París, con la idea de trasladarlas al Museo del Führer, que Hitler pretendía crear en la ciudad austríaca de Linz. En el museo parisino trabajó durante toda la ocupación Rose Valland, ayudante de conservación y colaboradora de la Resistencia francesa de la que los nazis nunca sospecharon. Valland llevó un registro secreto de todas las entradas y salidas de obras de arte y en 1961 publicó Le front de l’art (El frente del arte). Dicho libro es la base del film The Train (El tren), dirigida por el estadounidense John Frankenheimer y estrenada en 1964, actualmente considerado uno de los grandes títulos del cine bélico.

La película nos traslada a agosto de 1944, dos meses después del desembarco de los aliados en las playas de Normandía. Los alemanes pretenden sacar de París el último tren cargado con cuadros de pintores «degenerados», tales como Braque, Cézanne, Degas, Gauguin, Lautrec, Matisse, Picasso, Renoir…, obras que, en palabras de la álter ego de Rose Valland (Suzzane Flon), son la gloria de Francia, dan sentido a la vida y pertenecen a la humanidad.

Comienza entonces una carrera frenética y sin cuartel entre Labiche (Burt Lancaster), responsable de circulación de la SNCF (la empresa estatal francesa encargada de la explotación de los ferrocarriles), y miembro de la Resistencia francesa, y el coronel alemán Van Waldheim (Paul Scofield). El primero para evitar que el tren salga de Francia, el segundo para lograr que llegue a Berlín. Todo ello soportado por un brillante guion que fue candidato al Oscar, en el que destaca la profundidad psicológica de los personajes y el debate de si las obras de arte son más importantes que las vidas de las personas.

Y como el hecho de que un film sea riguroso no está reñido con el sentido del espectáculo, asistimos a uno en blanco y negro, lo cual acentúa su fuerte carga dramática, en el que vemos todos los sabotajes imaginables en forma de descarrilamientos, choques de trenes, explosiones, bombardeos… filmados con gran verismo, algo que Frankenheimer consigue gracias a especialistas, porque en la medida de lo posible siempre huye de los efectos especiales.

En 2014, George Clooney presentó en la Berlinale The Monuments Men, película en la que aborda el mismo hecho casi en clave de comedia y desde un punto de vista diferente. Aunque conserva el personaje de Rose Valland, interpretada por Cate Blanchett, el protagonismo recae en un grupo de soldados norteamericanos del Programa de Monumentos, Arte y Archivos (Monuments, Fine Arts and Archives Program), que el ejército aliado implantó en 1943 para proteger del saqueo nazi las obras de arte en Europa.

Se suele afirmar que desde El maquinista de La General, de Buster Keaton, no se había visto en la pantalla grande una película tan ferroviaria como El tren. Para ello fue fundamental el apoyo de la SNCF, que brindó todo tipo de instalaciones, material motor y material rodante para este homenaje a los ferroviarios y la Resistencia francesa, que lucharon por conservar para el mundo uno de los mayores legados artísticos jamás expoliado. No obstante, tanto esfuerzo no logró evitar que de Francia salieran 29 convoyes cargados con unos 100.000 cuadros, dibujos y esculturas, muchos de los cuales terminaron almacenados en una mina de sal de Altaussee, en los Alpes Austriacos.

 FICHA TÉCNICA:

  • Título: The Train (El tren)
  • Director: John Frankenheimer
  • Guión: Franklin Coen, Frank Davis
  • Música: Maurice Jarre
  • Fotografía: Jean Tournier, Walter Wottitz
  • Reparto: Burt Lancaster, Paul Scofield, Jeanne Moreau, Michel Simon, Howard Vernon, Suzzane Flon, Charles Millot, Wolfrang Preiss, Albert Rémy
  • País: Estados Unidos     
  • Año: 1964
  • Duración: 135 minutos  
  • Género: drama bélico