Rock instrumental ferroviario: esencia e influencia

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En los albores del rock, tres bandas instrumentales de sonido cristalino y enorme influencia posterior, que respondían a los nombres de The Ventures, The Shadows y The Spotniks, representaron la esencia del estilo recién nacido. Integradas por dos guitarras (solista y rítmica), un bajo eléctrico y una batería, entre 1960 y 1965 coparon las listas de éxitos con composiciones propias o versiones de temas ajenos, en las que el ferrocarril también tuvo su cuota de protagonismo.  

Hegemónicos en Norteamérica y Japón, los americanos The Ventures son los más exitosos, si nos atenemos al número de discos vendidos. En «Night Train”, tema incluido en su disco “Walk Don’t Run” de 1960, y buen ejemplo de su sonido y saber hacer, la guitarra solista superpone sus «riffs» (su frases musicales), sobre la base rítmica que simula el movimiento del tren.

Por su parte, los Shadows fueron los grandes triunfadores en Europa, bien por sí mismos o como banda de acompañamiento de Cliff Richard. Su interés por el ferrocarril quedó patente en el nombre de la banda de Newcastle, The Railroaders (Los Ferroviarios), donde militaron sus guitarristas Hank Marvin y Chris Welch entre 1956 y 1957. Lograron un gran éxito con la versión de “Chattanooga Choo Choo”, una canción que versa sobre un viaje desde Nueva York hasta la ciudad de Chattanooga en el Estado de Tennesse.

El éxito de los suecos Spotniks fue más comedido. Con todo, lograron entrar en las listas con varias composiciones, entre las que destaca “Orange Blossom Special”, tema que toma su nombre del lujoso “Tren Especial de los Naranjos en Flor”, que circuló desde Nueva York a Miami durante los inviernos comprendidos entre 1921 y 1953.

Tuvieron que pasar más de 20 años para que una composición instrumental interpretada con guitarra, bajo y batería volviera a las listas de éxitos, lo cual ocurrió en 1987 con el disco “Surfing with the Alien”, del guitarrista de rock duro estadounidense y maestro de maestros Joe Satriani. En 1998 lanzó “Crystal Planet”, disco nominado al Grammy al mejor disco de rock instrumental, que incluye “Train of Angels”, una composición paradigmática de un artista que no se ha dejado cegar por el virtuosismo y sigue componiendo melodías capaces de encandilar al gran público.

El lado opuesto al sonido cristalino de todos los artistas anteriores lo representa la banda vanguardista californiana Primus. Su “Hamburger Train” (El tren de la hamburguesa), extraído de su oscuro y pesimista disco de 1993 “Pork Soda”, es un ejemplo de funk metal, en el que el protagonismo del bajo desplaza a una agonizante guitarra eléctrica y la angustia a la alegría de vivir de las composiciones precedentes.  

Independientemente de la década que elijamos, el formato guitarra, bajo y batería, quintaesencia  del rock, sigue encontrando en el tren un símbolo del movimiento, el ritmo, la alegría o angustia de vivir.

El ferrocarril subterráneo

Colson Whitehead. El ferrocarril subterráneo. elcorteinglés.es

Durante el siglo XIX, una red clandestina de caminos y refugios secretos ayudó a huir a unos 100.000 esclavos de las plantaciones del sur de los Estados Unidos. Con la colaboración de abolicionistas blancos que actuaban al margen de la ley y ponían en riesgo sus propias vidas, este entramado recibió el nombre de ferrocarril subterráneo. Su funcionamiento se apoyaba en una terminología ferroviaria: los revisores y maquinistas eran quienes guiaban o auxiliaban a los fugitivos; las estaciones, los lugares seguros donde podían ocultarse durante el día; los pasajeros, los propios esclavos; los carriles, las rutas de escape; y el destino, los estados del Norte o Canadá. El ferrocarril subterráneo operó hasta el estallido de la Guerra de Secesión (1861–1865) y es considerado el primer gran movimiento organizado contra la esclavitud y en defensa de los derechos humanos en Estados Unidos.

Partiendo de este dramático episodio histórico, Colson Whitehead escribió El ferrocarril subterráneo, novela con la que obtuvo el National Book Award en 2016 y el Premio Pulitzer en 2017, un doble reconocimiento reservado a unos pocos autores, como William Faulkner o John Updike, y que además cosechó un notable éxito de crítica y público. En esta obra, Whitehead rinde homenaje a sus ancestros y reafirma su interés por el ferrocarril, ya presente en John Henry Days, (2002), novela inspirada en el legendario obrero negro que perdió la vida compitiendo contra la máquina destinada a sustituirlo en la construcción de una vía férrea.

Aunque la expresión ferrocarril subterráneo nació como una metáfora, Whitehead la transforma en una realidad tangible. De este modo, el lector recorre sus túneles de la mano de Cora, una joven nacida en una plantación de algodón de Georgia, nieta de Ajarry —capturada en África— e hija de Mabel, que logró escapar respetando los dos principios básicos de toda huida: una noche sin luna y el seguimiento de la estrella Polar. Cora no es una heroína clásica: tiene miedo, duda, se equivoca y sobrevive más por resistencia que por épica. Esta caracterización refuerza la idea de que, en un sistema deshumanizador, la mera supervivencia ya constituye un acto de heroísmo. Su lucha no consiste solo en huir, sino en afirmar su dignidad como persona.

El contrapunto lo encarna Arnold Ridgeway, un implacable cazador de esclavos que la persigue con saña por no haber logrado capturar a su madre. Ridgeway representa la ideología del destino manifiesto, la creencia en el progreso blanco como ley natural y la violencia entendida como orden moral. No es únicamente un villano individual, sino la personificación de un sistema que persigue, captura y legitima la esclavitud.

Novela de gran carga moral, que desmitifica la supuesta sumisión de los cuatro millones de norteamericanos esclavizados, en la cual las dantescas atrocidades no son inventadas por el autor, sino fiel reflejo de la realidad, por lo que es tanto una bajada a los infiernos de la condición humana, como una reivindicación de la fuerza interior para cambiar el destino, por muy trágico que sea este. Su adaptación televisiva, en once episodios, ha sido realizada por el director de la multioscarizada Moonlight, Barry Jenkins.

DATOS BIBLIOGRÁFICOS

  • Autor: Colson Whitehead
  • Título: El ferrocarril subterráneo
  • Editorial: Literatura Random House
  • Año de publicación: 2016
  • Páginas: 320

The Girl on the Train (La chica del tren)

The Girl on the Train. Filmaffinity.com

En La ventana indiscreta, Alfred Hitchcock nos presentó una de las historias de voyerismo más conocidas del cine. La de un fotógrafo interpretado por James Stewart que, postrado en una silla de ruedas con una pierna escayolada y dotado de una cámara y unos prismáticos, observa a los vecinos con los que comparte patio interior, lo que a la postre le llevaba a ser testigo de un crimen. Sesenta años después, en 2015, con un punto de partida muy similar, la británica Paula Hawkins alcanzó un gran éxito de ventas con la novela La chica del tren, con la que, solo en los primeros meses, vendió más de cinco millones de copias.

Rachel Watson (Emily Blunt) es una chica que viaja todos los días en el mismo tren y plaza, desde Ardsley-on-Hudson hasta la Gran Terminal Central de Manhattan. Desde su “ventanilla indiscreta”, observa el paisaje urbano, su antigua casa -donde vive su exmarido (Justin Theroux) con su nueva esposa (Rebecca Ferguson)-. También, una casa casi contigua donde reside la pareja formada por Scott (Luke Evans) y Megan (Haley Bennett), cuya vida imagina perfecta, al contrario de la suya, divorciada atormentada, alcohólica y con graves problemas de memoria. Sin embargo, un día presencia algo impactante en el jardín de la idílica pareja, hecho que le obsesionará hasta el extremo de verse implicada en una trama en la que acabará descubriendo un misterio criminal.

Aunque en la novela la acción transcurre en Londres, en la película ha sido trasladada a Nueva York. El ferrocarril elegido es el Metro North Commuter Railroad, que parte de la Grand Central Terminal de Manhattan, cruza Harlem, el Bronx y acaba discurriendo junto a los barrios residenciales del  río Hudson. Este cambio de ubicación añade un magnetismo cinematográfico, ya visto en otras películas como Falling in Love (Enamorarse) o Unfaithful (Infiel). Mención especial merece también la Grand Central Terminal, en la que se puede ver un cameo de la propia Paula Hawkins, y su famoso Oyster Bar Restaurant, donde tiene lugar una escena clave de la película.

La adaptación de la novela a la gran pantalla ha sido dirigida por Tate Taylor, director especialmente dotado para el retrato psicológico femenino, como evidenció en Criadas y señoras y vuelve a demostrar en este thriller psicológico de soledad y adición, pasión y voyerismo. En él comprobamos cómo los mayores horrores pueden esconderse hasta en las impolutas urbanizaciones residenciales, porque en ocasiones el infierno reside dentro de nosotros.

 FICHA TÉCNICA:

  • Título: The Girl on the Train (La chica del tren)
  • Director: Tate Taylor
  • Guión: Erin Cressida Wilson
  • Música: Danny Elfman
  • Fotografía: Charlotte Bruus Christensen
  • Reparto: Emily Blunt, Allison Janney, Haley Bennett, Rebecca Ferguson, Justin Theroux, Luke Evans, Édgar Ramírez
  • País: Estados Unidos   
  • Año: 2016
  • Duración: 111  minutos  
  • Género: Thriller psicológico

Le temps de l’aventure (El tiempo de los amantes)

El tiempo de losa amantes. Jérome Bonnell, 2013. SensaCine.com

Un intercambio sostenido de miradas entre dos desconocidos, Alix (Emmanuelle Devos) y Douglas (Gabriel Byrne), durante un viaje en TGV desde Calais hasta París Gare du Nord, desencadena una atracción tan inesperada como intensa. Ese gesto mínimo, casi imperceptible, abre la puerta a una jornada apasionada en la que ambos deberán debatirse entre aprovechar la oportunidad que el azar les ofrece o relegarla al terreno de una simple aventura y resignarse a continuar con sus respectivas vidas.

Alix es una actriz de teatro de cuarenta y tres años que se encuentra en Calais representando una obra de Ibsen y se dirige a París para realizar una audición. A lo largo del día, el espectador va descubriendo una existencia marcada por la incertidumbre: una relación sentimental con un novio que le genera más dudas que certezas en un momento crucial de su vida, una situación laboral inestable que no le garantiza seguridad económica y unos vínculos familiares deteriorados. Todo ello contribuye a acentuar su fragilidad emocional y su necesidad de cambio.

Douglas, por su parte, es un profesor de literatura residente en Londres y ferviente admirador de Ibsen. Viaja a París para asistir al entierro de una antigua amiga, una figura idealizada que marcó a toda su generación. Con más de sesenta años y padre de cuatro hijos ya adultos, el encuentro con Alix irrumpe en su rutina como una ráfaga de aire fresco, quizá como la última oportunidad real de volver a enamorarse.

Sostenida por la química y la credibilidad de sus dos intérpretes principales, y con claras resonancias de Antes del amanecer de Richard Linklater —donde los personajes de Ethan Hawke y Julie Delpy se conocían en un tren y compartían una noche intensa en Viena—, El tiempo de los amantes se configura como un drama romántico sobre lo fugaz y lo fortuito. Un instante suspendido en el tiempo que despierta dudas y temores, pero también ilusión y esperanza, y que permite al director Jérôme Bonnell reflexionar sobre la complejidad del amor en la edad adulta y sus conflictos: aquello que se está dispuesto a ofrecer, lo que se teme perder y lo que ya no se desea repetir. Todo ello se articula en una película donde, una vez más, un viaje en tren se convierte en el punto de partida de una relación sentimental.

FICHA TÉCNICA:

  • Título: Le temps de l’aventure (El tiempo de los amantes)
  • Director: Jérome Bonnell
  • Guión: Jérome Bonnell
  • Música: Raf Keunen
  • Fotografía: Pascal Lagriffoul
  • Reparto: Emmanuelle Devos, Gabriel  Byrne, Gilles Privat, Aurélia Petit, Laurent Capelluto, Olivier Broche
  • País: Francia
  • Año: 2013
  • Duración: 105 minutos
  • Género: Drama romántico

Minimalismo ferroviario: sonido hipnótico

Steve Reich. Different Trains. amazon.es

El ferrocarril ha sido siempre un motivo recurrente para los músicos minimalistas, compositores vanguardistas de formación clásica que utilizan la repetición como fuerza generadora, buscan la reducción extrema de los recursos musicales y rechazan todo lo innecesario. Aunque el término «minimalismo» nace en EE. UU. a principios de la década de 1960, es una técnica conocida desde el Renacimiento, que ha tenido precedentes en Europa tan famosos como el Bolero de Maurice Ravel.

Considerado el más puro exponente del minimalismo, el norteamericano Steve Reich ganó el Grammy en 1989 a la Mejor Composición Clásica Contemporánea con Different Trains, una obra en tres movimientos para cuarteto de cuerda, inspirada en los viajes que durante la II Guerra Mundial realizó entre Nueva York y Los Ángeles para visitar a sus padres, que estaban separados. En ella se plantea que, de haber estado en Europa en aquella época y dada su condición de judío, podría haber viajado en los trenes de la muerte cuyos destinos eran los campos de concentración nazis.

Otro referente clave de la música de la segunda mitad del siglo XX, aunque más popular y heterodoxo que Reich, es su compatriota Philip Glass. El ferrocarril también está presente en su obra, como en la ópera vanguardista Einstein on the Beach o en la banda sonora del documental sin diálogos Powaqqatsi: Life in Transformation, que incluye el tema Train to Sao Paulo.

En Gran Bretaña, uno de los nombres más representativos del minimalismo es, por razones obvias, Michael Nyman, creador del concepto «música minimal», y autor de célebres bandas sonoras como El Piano. Con motivo de la inauguración del TGV que cubre la línea París-Lille fue comisionado por el Festival de Lille para componer una obra. El resultado fue Musique à Grande Vitesse, una obertura musical concebida como cinco viajes abstractos e imaginarios interconectados, cada uno de los cuales termina con una melodía lenta, que solo se escucha en su forma «genuina» cuando la pieza alcanza su destino.

En la Europa continental, los alemanes Kraftwert representan una de las versiones más influyentes del minimalismo electrónico. Su disco conceptual Trans-Europ Express, considerado uno de los más importantes de la historia del rock, incluye el corte de homónimo título, que evoca un viaje de dicho tren. Durante su recorrido, apreciamos desde su paso por las agujas de las vías hasta el anuncio de varias estaciones.

La música minimalista resulta controvertida para muchas personas, por considerarla demasiado repetitiva y vacía. Sin embargo, gracias a su sonido hipnótico, ha dejado una huella profunda tanto en la música culta (con compositores como Górecki, Ligeti, Pärt o Penderecki), como en la música popular (David Bowie, Robert Fripp, Mike Oldfield o Pink Floyd). Y, sin lugar a dudas, tiene en el ferrocarril un firme aliado, porque ¿acaso existe algo más minimalista que un haz de vías que descansa sobre una serie interminable de traviesas o el ritmo monocorde de un tren que circula a velocidad constante?

Unstoppable (Imparable)

Imparable. SensaCine.com

El 15 de mayo de 2001, un tren de la compañía CSX Transportation, formado por 47 vagones, algunos de ellos cargados con material explosivo, que pesaba 2.898 toneladas brutas, sin control ni tripulación a bordo, recorrió 106 kilómetros en menos de dos horas en el Estado de Ohio, hecho que ha pasado a los anales ferroviarios como el “Incidente CSX 8888”.

Partiendo de este gravísimo incidente, Tony Scott y Denzel Washington unieron sus fuerzas por quinta y última vez en 2010 para rodar Imparable, una película de acción con grandes dosis de tensión y suspense, razonablemente fiel a los hechos reales, que siguió la estela del cine de catástrofes de la década de 1970.

Todo comienza cuando Frank Barnes (Denzel Washington), un veterano maquinista al que le restan menos de 30 días para abandonar la empresa por mor de una suerte de ERE, y Will Colson, (Chris Pine), un inexperto jefe de tren, deben conducir uno de mercancias. Sin embargo, al poco de iniciar su recorrido, desde el Puesto de Mando, Connie (Rosario Dawson), les comunica que por su misma vía circula un tren descontrolado, el AWR 777, que transporta en algunos de sus vagones fenol fundido, un ácido fácilmente inflamable y corrosivo.

En tiempo casi real somos testigos de los diferentes intentos de parar o hacer descarrilar el tren AWR 777; de un sistema de gestión del tráfico ferroviario en el que la compañía que gestiona el tren tiene más autoridad que el propio regulador del tráfico; de cómo la previsible devaluación del valor de las acciones, como consecuencia de la solución a adoptar, es la luz que guía al gabinete de crisis; o de que la experiencia y orgullo ferroviarios son intangibles que no siempre aparecen recogidos en las cuentas de resultados.

En un ejercicio de pura adrenalina, Tony Scott recurre a la heroica lucha del ser humano contra la bestia y consigue atrapar la atención desde el primer fotograma y mantenerla hasta el desenlace. Todo gracias a un trío protagonista dotado de un gran magnetismo, un ritmo trepidante y unas espectaculares secuencias, entre las que destaca la de la locomotora del AWR 777 en la peligrosa curva de la ficticia ciudad de Stanton, en Pensilvania, que la  toma con la mitad de las ruedas en el aire por exceso de velocidad.

FICHA TÉCNICA:

  • Título: Unstoppable
    (Imparable)
  • Director: Tony Scott   
  • Guión: Mark Bomback
  • Música: Harry Gregson-Williams
  • Fotografía: Ben Seresin
  • Reparto: Denzel Washington, Chris Pine,
    Rosario Dawson, Ethan Suplee, Elizabeth Mathis
  • País: Estados Unidos   
  • Año: 2010
  • Duración: 101  minutos  
  • Género: Acción. Catástrofe

Blues-rock ferroviario: sentimiento y virtuosismo

Imagen: en.wikipedia.org

A lo largo del siglo XX, el blues, género musical ligado al ferrocarril desde su nacimiento, fue ganando notoriedad y diversidad. En los años sesenta, ejemplo de dicha diversidad a ambos lados del Atlántico fue el blues-rock, un estilo ideal para el lucimiento de los grandes guitarristas, las largas improvisaciones, y que a la postre sentó las bases del hard rock y el heavy metal.

En Gran Bretaña, The Yardbirds, banda en la que militaron tres de los más insignes guitarristas ingleses, Eric Clapton, Jeff Beck y Jimmy Page, grabaron en 1965 su versión del clásico Train Kept A-Rollin’, que es la historia de un amor imposible a bordo de un tren nocturno. Compuesta por Tiny Bradshaw como un blues bailable (un jump blues), los Yardbirds lo convirtieron en un blues-rock. Dicha versión fue la referencia de otras tan celebradas como la de Aerosmith, la cual permite verificar la evolución del blues-rock al hard rock en sus dos partes perfectamente diferenciadas.   

Tanto con Derek and The Dominos como en solitario, Eric Clapton ha versionado “Mean Old Frisco”, una composición del cantante y guitarrista de delta blues Arthur Crudup que habla de la separación de una pareja, en la que el St. Louis-San Francisco Railway, -el ferrocarril estadounidense popularmente conocido como Frisco, que operó desde 1876 a 1980-, es el medio de transporte que facilita la separación.

Al otro lado del Atlántico, Muddy Waters se valió también del St. Louis-San Francisco Railway, para contarnos en “All Aboard” una historia casi idéntica a “Mean Old Frisco”. La canción apareció inicialmente en el disco “Fathers and Sons”, cuyo título no es casual, porque el considerado el padre del blues de Chicago se rodeó, entre otros, de los jóvenes miembros de la Paul Butterfield Blues Band para su grabación.

Si en Gran Bretaña John Mayall & The Bluesbreakers fueron pioneros en el acercamiento del blues a la audiencia blanca, lo mismo se puede decir en EE. UU. de Paul Butterfield y su Blues Band. Un músico que con su inseparable armónica dio una nueva dimensión al estándar del blues “Mystery Train”, el tren de dieciséis coches que se lleva lejos a la persona amada.

El blues-rock entró en la senda psicodélica gracias a artistas como Jimi Hendrix. Su Hear My  Train A Comin’, en el que el tren actúa como metáfora de salvación de todo tipo de personas, sin importar la raza o religión, es un buen ejemplo del saber hacer de un músico que llevó la guitarra a un nivel difícilmente superable.

No menos psicodélica fue Janis Joplin, artista que, como Robert Johnson, Jimi Hendrix, Jim Morrison, Cecilia o Amy Winehouse, pertenece al trágico y concurrido “Club de los 27”,  integrado por músicos fallecidos a dicha edad. Uno de sus mayores éxitos fue la versión de “Me and Bobby McGee, un tema de Kris Kristofferson que cuenta una desgarradora historia de amor que comienza mientras una chica sin dinero espera el tren en Baton Rouge, la capital del estado de Luisiana.

La mayoría de las composiciones anteriores corroboran lo que John Lee Hooker afirmaba sobre el blues: “Digan lo que digan, todo se reduce a una cosa: un hombre, una mujer, un corazón roto, un hogar roto”. Historias con las que estrellas del blues-rock consiguieron atraer al blues a personas inicialmente más interesadas por el rock, y consecuentemente darles a conocer los grandes clásicos del género, muchas veces a través de versiones de canciones de inspiración ferroviaria.

Blues ferroviario: melancolía infinita

Íntimamente ligado al ferrocarril, el blues es la música afroamericana por antonomasia. Un género musical que es la base de los estilos más populares del siglo XX y también un vehículo ideal para la transmisión de un estado de ánimo caracterizado por la melancolía y la tristeza.

Sus raíces se encuentran en los espirituales afroamericanos y en las canciones de trabajo que los esclavos de África occidental llevaron al sur de los EE. UU., especialmente al delta del río Misisipi, en el estado de Luisiana. Mientras los espirituales tenían una dimensión religiosa, las canciones de trabajo eran laicas, porque servían tanto para hacer más livianas las duras condiciones laborales como para marcar el ritmo de la actividad, algo que los capataces que participaron en la construcción de los primeros ferrocarriles sabían muy bien.

Aunque los musicólogos suelen fijar el nacimiento del blues alrededor de 1890, el Congreso de EE. UU., declaró el año 2003 como el de su centenario, en honor a W. C. Handy, “The Father of the Blues”. En 1903, mientras esperaba un tren en Tutwiler, en el delta del río Misisipi, escuchó a un joven negro que tocaba la guitarra deslizando un cuchillo sobre sus cuerdas, creando el característico efecto «slide», a la vez que cantaba que su destino era donde el Southern Railroad se cruza con el Yazoo Delta Railroad (Yellow Dog, en argot).

«Where the Southern Crosses the Yellow Dog». wjtv.com

A W. C. Handy, que escribía las canciones que escuchaba y sus notaciones musicales, le cabe el honor de haber sido el autor del primer blues registrado en una partitura. Algunas de dichas notaciones las utilizaría posteriormente en sus propias obras, como es el caso de The Yellow Dog Rag, publicado en 1914 y basado en la canción que escuchó en Tutwiler once años antes.

W. C. Handy – The Yellow Dog Rag (1914). library.duke.edu

Si The Yellow Dog Rag es considerado un blues seminal, lo mismo  puede decirse de Midnight Special, un tema que cuenta una  leyenda que circulaba por las prisiones del sur de los EE. UU., según la cual quien fuera iluminado por la luz del expreso de medianoche sería el próximo en ser liberado. La canción ha sido grabada infinidad de veces, desde la histórica grabación de Lead Belly en 1934, hasta la de Paul McCartney, pasando por la de Creedence Clearwater Revival, posiblemente la más popular.

Creedence Clearwater Revival – Willy and the Poor Boys (1969): «Midnight Special». Wikipedia.org

La historia del blues no sería la misma sin el mítico Robert Johnson. Cuenta la leyenda que vendió su alma al diablo en un cruce de caminos a cambio de ser el mejor intérprete. Su legado es tal que, con motivo del 40.° aniversario del Museo del Blues del Delta, se aprobó una resolución según la cual dicha transacción comercial se produjo en la ciudad de Clarksdale (Misisipi), en la intersección de las Autopistas 49 y 61. Las 29 canciones que compuso han sido versionadas innumerables veces. En 1936 nos brindó el clásico Ramblin’ On My Mind, un tema que ha conocido numerosas interpretaciones, entre las que cabe destacar la de John Mayall & The Bluesbreakers with Eric Clapton, auténticos precursores del blues-rock británico de los años sesenta. La canción narra la historia de un hombre que, incapaz de soportar la confusión mental que le produce un amor no correspondido, se ve obligado a abandonar a su chica y a su hijo, y tomar el tren más rápido para alejarse.

John Mayall & The Bluesbreakers with Eric Clapton  – Blues Breakers (1966): «Ramblin’ on My Mind». Wikipedia.org

Pero no todo el blues es triste y melancólico, como nos demuestra el boogie-woogie, un estilo enérgico, divertido, concebido para bailar, cuyo instrumento de referencia es el piano. Según algunos autores toma su nombre de la palabra inglesa “bogie”, la estructura en la que van montadas la rodadura y los ejes de los trenes. En 1927, el pianista de Chicago Meade Lux Lewis grabó uno de los más conocidos: Honky Tonk Train Blues, que 50 años después seguía siendo versionado por artistas como Emerson Lake & Palmer.

Emerson Lake & Palmer – Works Volume 2 (1977) «Honky Tonk Train». Wikipedia.org

La relación del blues y el ferrocarril es tan estrecha que gracias a lo que presenció W. C. Handy en la estación de Tutwiler, hoy en día dicha localidad es considerada el lugar donde nació uno de los géneros musicales más influyentes de la historia. Dicha relación se ve reforzada por la afirmación según la cual todo músico de blues que se precie ha grabado una composición sobre el ferrocarril, algo que también tuvieron muy presente los grandes clásicos del género.

Hugo (La invención de Hugo)

Hugo. Martin Scorsese, 2011. sensacine.com

En 1925, George Méliès -el director de cine francés que en 1902 nos  llevó a la Luna y trajo de vuelta en catorce imaginativos minutos-, totalmente hundido y sumido en la pobreza se reencontró con Jehanne d’Alcy, actriz de una de sus películas. Al poco tiempo se casaron y comenzaron a gestionar el pequeño puesto de juguetes que ella regentaba en la estación de París Montparnasse. 

Un año después, el director de la revista Ciné-Journal, Léon Druhot, reconoció por casualidad a Méliès en la mencionada tienda. Fue el primer paso para reivindicar la figura del creador del espectáculo cinematográfico, tal como lo definió Louis Lumière en un banquete ante ochocientos invitados en el hotel Claridge de París el 22 de octubre de 1931, durante la ceremonia en la que le fue otorgada la máxima condecoración de Francia, la Legión de Honor. 

En un claro homenaje a Méliès, el director norteamericano Martin Scorsese adapta la novela de Brian Selznick La invención de Hugo Cabret y realiza su primera película dirigida al público infantil. Se trata de la historia de un niño huérfano, el propio Hugo Cabret (Asa Butterfield), que, en la década de 1930, para no ser enviado al hospicio, vive escondido en la estación de Montparnasse, donde se encarga del mantenimiento de sus relojes. Su habilidad para las máquinas le llevará a reconstruir, con la ayuda del propio George Méliès (Ben Kingsley) y su nieta (Chloë Grace Moretz), un autómata que dejó incompleto su padre, lo cual les introducirá en un mundo repleto de fantasía.

Y es ese mundo de fantasía el que le otorga a la película la licencia para  permitirse el  anacronismo de incorporar a la trama el accidente ocurrido en Montparnasse el 22 de octubre de 1895, cuando el Expreso  Granville-París, debido a un exceso de velocidad y a un defecto en los frenos de la locomotora, superó el dispositivo de protección y frenado de la estación, se estrelló contra la pared exterior y cayó en la plaza de Rennes, situada 10 metros por debajo del nivel de la vía.

Expreso Granville-París, 22/10/1895. wikipedia.org

Candidata a once Oscar y ganadora de cinco, La invención de Hugo es un canto de amor al cine, rodado en 3D. Un tributo a sus pioneros y la consecuencia de una de las serendipias más felices de la historia del cine y el ferrocarril, la que une a George Méliès, Léon Druhot y la estación de Montparnasse.  

FICHA TÉCNICA

  • Título original: Hugo (La invención de Hugo)
  • Director: Martin Scorsese
  • Guión: John Logan
  • Música: Howard Shore 
  • Fotografía: Robert Richardson
  • Reparto: Asa Butterfield, Chloë Grace Moretz, Ben Kingsley, Sacha Baron Cohen, Jude Law, Emily Mortimer, Christopher Lee, Michael Stuhlbarg, Ray Winstone, Richard Griffiths, Helen McCrory, Frances de la Tour
  • País: Estados Unidos
  • Productoras: GK Films / Infinitum Nihil / Warner Bros. Pictures
  • Año: 2011
  • Duración: 127 min.
  • Género: fantasía, drama, familia

Tren con destino a la gloria: espiritualidad ferroviaria

Randy Travis. Glory Train. Amazon.com

Una gran parte de las canciones relacionadas con el ferrocarril proviene de Estados Unidos, país donde fueron compuestas durante la construcción de los primeros caminos de hierro, en los que los afroamericanos laboraban en condiciones extremas y con salarios miserables, que a menudo se veían obligados a gastar en los abusivos economatos de las propias compañías para las que trabajaban. En semejante tesitura no es extraño que dichas personas encontraran en la música una forma de evadirse de sus penurias, afianzar su orgullo de raza y elevar sus oraciones, en las que el tren jugaba un papel importante como símbolo de salvación. 

Un claro ejemplo de lo anterior es el góspel Life’s Railway to Heaven, que Patsy Cline convirtió en una exitosa canción country en 1959. En ella, nos dice que la vida es como un ferrocaril de montaña, en la que debemos actuar como un maquinista valiente que no vacila ni falla, y con la ayuda de Dios alcanzar el cielo.

Otro góspel tradicional americano es This Train Is Bound For Glory, el tren con destino a la gloria que solo transporta justos y santos. Esta canción ha cautivado a numerosos artistas a lo largo del tiempo, desde legendarios cantantes folk como Woody Guthrie, hasta bandas contemporáneas como Mumford & Sons, o gigantes del country como Randy Travis, que lo incluyó en su disco Songs of Faith, Worship, and Praise (Canciones de fe, adoración y alabanza), con el título This Train.

Lleno de feligreses hacia el perdón y la vida eterna circula también el tren de People Get Ready, góspel versionado por numerosos artistas. Su autor, el afroamericano Curtis Mayfield, basándose en los sermones de su iglesia, usa la imagen alegórica de un convoy con destino Jordania. La fe es clave para acceder a bordo y no hay lugar para los pecadores, porque quedan vagando por la tierra, yendo de un lado a otro sin encontrarle sentido a la vida. 

Aunque el góspel es el género de música religiosa por antonomasia, la espiritualidad también está presente en ritmos tan diversos como el reggae, la música disco o la música «indie». Así, por ejemplo, el jamaicano Bob Marley ofrece una visión similar a la de People Get Ready en el reggae Zion Train, en el que nos exhorta a ser sabios, no perder nuestras almas por ganar el mundo, y a montarnos en el tren que nos conducirá a Sión, es decir, a la tierra prometida, que para un rastafari es Etiopía.   

El camaleónico David Bowie nos traslada a las pistas de baile con Station to Station, un tema que comienza con un minuto de efectos de sonido en los que se aprecia cómo se aproxima un tren. Y lo que podría ser una hedonista canción discotequera al uso, resulta ser casi un tratado de religiones, dado que hay menciones al cristianismo (el título alude al Vía Crucis); al judaísmo, (el verso “From Kether to Malkuth” cita dos lugares místicos de la Cábala); y al ocultismo (el verso “Making sure white stains” es una referencia al libro de poemas White Saints de Aleister Crowley).

Por su parte, la banda «indie» Undrop, formada por dos suecos y un abulense pertenecientes al grupo religioso Hare Krishna, nos proponen en su gran éxito Train un viaje a un destino superior, mientras alabamos y damos gracias al Supremo.

La relación entre dos realidades aparentemente tan dispares como el ferrocarril y la religión la intuyó la familia Oriol a finales de la década de 1940, cuando tras la fabricación de los primeros Talgos en Estados Unidos, hubo de transportarlos en barco a España. Como el precio del seguro era de tal magnitud que no podía pagarlo, se encomendó a la protección de la Virgen María. El transporte se realizó sin contratiempos y en justa reciprocidad las dos primeras locomotoras recibieron los nombres de Virgen del Pilar y Virgen de Aránzazu, respectivamente, iniciando así una larga tradición que alcanza a nuestros días. Una relación que también han entendido numerosos artistas que utilizan el tren en sus composiciones como medio de transporte de personas o almas a un mundo mejor, lo que, según algunos autores, no es más que es un trasunto del carro bíblico de Elías y su ascenso celestial con todos los que se salven.