The Girl on the Train (La chica del tren)

The Girl on the Train. Filmaffinity.com

En La ventana indiscreta, Alfred Hitchcock nos presentó una de las historias de voyerismo más conocidas del cine. La de un fotógrafo interpretado por James Stewart que, postrado en una silla de ruedas con una pierna escayolada y dotado de una cámara y unos prismáticos, observa a los vecinos con los que comparte patio interior, lo que a la postre le llevaba a ser testigo de un crimen. Sesenta años después, en 2015, con un punto de partida muy similar, la británica Paula Hawkins alcanzó un gran éxito de ventas con la novela La chica del tren, con la que, solo en los primeros meses, vendió más de cinco millones de copias.

Rachel Watson (Emily Blunt) es una chica que viaja todos los días en el mismo tren y plaza, desde Ardsley-on-Hudson hasta la Gran Terminal Central de Manhattan. Desde su “ventanilla indiscreta”, observa el paisaje urbano, su antigua casa -donde vive su exmarido (Justin Theroux) con su nueva esposa (Rebecca Ferguson)-. También, una casa casi contigua donde reside la pareja formada por Scott (Luke Evans) y Megan (Haley Bennett), cuya vida imagina perfecta, al contrario de la suya, divorciada atormentada, alcohólica y con graves problemas de memoria. Sin embargo, un día presencia algo impactante en el jardín de la idílica pareja, hecho que le obsesionará hasta el extremo de verse implicada en una trama en la que acabará descubriendo un misterio criminal.

Aunque en la novela la acción transcurre en Londres, en la película ha sido trasladada a Nueva York. El ferrocarril elegido es el Metro North Commuter Railroad, que parte de la Grand Central Terminal de Manhattan, cruza Harlem, el Bronx y acaba discurriendo junto a los barrios residenciales del  río Hudson. Este cambio de ubicación añade un magnetismo cinematográfico, ya visto en otras películas como Falling in Love (Enamorarse) o Unfaithful (Infiel). Mención especial merece también la Grand Central Terminal, en la que se puede ver un cameo de la propia Paula Hawkins, y su famoso Oyster Bar Restaurant, donde tiene lugar una escena clave de la película.

La adaptación de la novela a la gran pantalla ha sido dirigida por Tate Taylor, director especialmente dotado para el retrato psicológico femenino, como evidenció en Criadas y señoras y vuelve a demostrar en este thriller psicológico de soledad y adición, pasión y voyerismo. En él comprobamos cómo los mayores horrores pueden esconderse hasta en las impolutas urbanizaciones residenciales, porque en ocasiones el infierno reside dentro de nosotros.

 FICHA TÉCNICA:

  • Título: The Girl on the Train (La chica del tren)
  • Director: Tate Taylor
  • Guión: Erin Cressida Wilson
  • Música: Danny Elfman
  • Fotografía: Charlotte Bruus Christensen
  • Reparto: Emily Blunt, Allison Janney, Haley Bennett, Rebecca Ferguson, Justin Theroux, Luke Evans, Édgar Ramírez
  • País: Estados Unidos   
  • Año: 2016
  • Duración: 111  minutos  
  • Género: Thriller psicológico

Le temps de l’aventure (El tiempo de los amantes)

El tiempo de losa amantes. Jérome Bonnell, 2013. SensaCine.com

Un intercambio sostenido de miradas entre dos desconocidos, Alix (Emmanuelle Devos) y Douglas (Gabriel Byrne), durante un viaje en TGV desde Calais hasta París Gare du Nord, desencadena una atracción tan inesperada como intensa. Ese gesto mínimo, casi imperceptible, abre la puerta a una jornada apasionada en la que ambos deberán debatirse entre aprovechar la oportunidad que el azar les ofrece o relegarla al terreno de una simple aventura y resignarse a continuar con sus respectivas vidas.

Alix es una actriz de teatro de cuarenta y tres años que se encuentra en Calais representando una obra de Ibsen y se dirige a París para realizar una audición. A lo largo del día, el espectador va descubriendo una existencia marcada por la incertidumbre: una relación sentimental con un novio que le genera más dudas que certezas en un momento crucial de su vida, una situación laboral inestable que no le garantiza seguridad económica y unos vínculos familiares deteriorados. Todo ello contribuye a acentuar su fragilidad emocional y su necesidad de cambio.

Douglas, por su parte, es un profesor de literatura residente en Londres y ferviente admirador de Ibsen. Viaja a París para asistir al entierro de una antigua amiga, una figura idealizada que marcó a toda su generación. Con más de sesenta años y padre de cuatro hijos ya adultos, el encuentro con Alix irrumpe en su rutina como una ráfaga de aire fresco, quizá como la última oportunidad real de volver a enamorarse.

Sostenida por la química y la credibilidad de sus dos intérpretes principales, y con claras resonancias de Antes del amanecer de Richard Linklater —donde los personajes de Ethan Hawke y Julie Delpy se conocían en un tren y compartían una noche intensa en Viena—, El tiempo de los amantes se configura como un drama romántico sobre lo fugaz y lo fortuito. Un instante suspendido en el tiempo que despierta dudas y temores, pero también ilusión y esperanza, y que permite al director Jérôme Bonnell reflexionar sobre la complejidad del amor en la edad adulta y sus conflictos: aquello que se está dispuesto a ofrecer, lo que se teme perder y lo que ya no se desea repetir. Todo ello se articula en una película donde, una vez más, un viaje en tren se convierte en el punto de partida de una relación sentimental.

FICHA TÉCNICA:

  • Título: Le temps de l’aventure (El tiempo de los amantes)
  • Director: Jérome Bonnell
  • Guión: Jérome Bonnell
  • Música: Raf Keunen
  • Fotografía: Pascal Lagriffoul
  • Reparto: Emmanuelle Devos, Gabriel  Byrne, Gilles Privat, Aurélia Petit, Laurent Capelluto, Olivier Broche
  • País: Francia
  • Año: 2013
  • Duración: 105 minutos
  • Género: Drama romántico

Minimalismo ferroviario: sonido hipnótico

Steve Reich. Different Trains. amazon.es

El ferrocarril ha sido siempre un motivo recurrente para los músicos minimalistas, compositores vanguardistas de formación clásica que utilizan la repetición como fuerza generadora, buscan la reducción extrema de los recursos musicales y rechazan todo lo innecesario. Aunque el término «minimalismo» nace en EE. UU. a principios de la década de 1960, es una técnica conocida desde el Renacimiento, que ha tenido precedentes en Europa tan famosos como el Bolero de Maurice Ravel.

Considerado el más puro exponente del minimalismo, el norteamericano Steve Reich ganó el Grammy en 1989 a la Mejor Composición Clásica Contemporánea con Different Trains, una obra en tres movimientos para cuarteto de cuerda, inspirada en los viajes que durante la II Guerra Mundial realizó entre Nueva York y Los Ángeles para visitar a sus padres, que estaban separados. En ella se plantea que, de haber estado en Europa en aquella época y dada su condición de judío, podría haber viajado en los trenes de la muerte cuyos destinos eran los campos de concentración nazis.

Otro referente clave de la música de la segunda mitad del siglo XX, aunque más popular y heterodoxo que Reich, es su compatriota Philip Glass. El ferrocarril también está presente en su obra, como en la ópera vanguardista Einstein on the Beach o en la banda sonora del documental sin diálogos Powaqqatsi: Life in Transformation, que incluye el tema Train to Sao Paulo.

En Gran Bretaña, uno de los nombres más representativos del minimalismo es, por razones obvias, Michael Nyman, creador del concepto «música minimal», y autor de célebres bandas sonoras como El Piano. Con motivo de la inauguración del TGV que cubre la línea París-Lille fue comisionado por el Festival de Lille para componer una obra. El resultado fue Musique à Grande Vitesse, una obertura musical concebida como cinco viajes abstractos e imaginarios interconectados, cada uno de los cuales termina con una melodía lenta, que solo se escucha en su forma «genuina» cuando la pieza alcanza su destino.

En la Europa continental, los alemanes Kraftwert representan una de las versiones más influyentes del minimalismo electrónico. Su disco conceptual Trans-Europ Express, considerado uno de los más importantes de la historia del rock, incluye el corte de homónimo título, que evoca un viaje de dicho tren. Durante su recorrido, apreciamos desde su paso por las agujas de las vías hasta el anuncio de varias estaciones.

La música minimalista resulta controvertida para muchas personas, por considerarla demasiado repetitiva y vacía. Sin embargo, gracias a su sonido hipnótico, ha dejado una huella profunda tanto en la música culta (con compositores como Górecki, Ligeti, Pärt o Penderecki), como en la música popular (David Bowie, Robert Fripp, Mike Oldfield o Pink Floyd). Y, sin lugar a dudas, tiene en el ferrocarril un firme aliado, porque ¿acaso existe algo más minimalista que un haz de vías que descansa sobre una serie interminable de traviesas o el ritmo monocorde de un tren que circula a velocidad constante?

Unstoppable (Imparable)

Imparable. SensaCine.com

El 15 de mayo de 2001, un tren de la compañía CSX Transportation, formado por 47 vagones, algunos de ellos cargados con material explosivo, que pesaba 2.898 toneladas brutas, sin control ni tripulación a bordo, recorrió 106 kilómetros en menos de dos horas en el Estado de Ohio, hecho que ha pasado a los anales ferroviarios como el “Incidente CSX 8888”.

Partiendo de este gravísimo incidente, Tony Scott y Denzel Washington unieron sus fuerzas por quinta y última vez en 2010 para rodar Imparable, una película de acción con grandes dosis de tensión y suspense, razonablemente fiel a los hechos reales, que siguió la estela del cine de catástrofes de la década de 1970.

Todo comienza cuando Frank Barnes (Denzel Washington), un veterano maquinista al que le restan menos de 30 días para abandonar la empresa por mor de una suerte de ERE, y Will Colson, (Chris Pine), un inexperto jefe de tren, deben conducir uno de mercancias. Sin embargo, al poco de iniciar su recorrido, desde el Puesto de Mando, Connie (Rosario Dawson), les comunica que por su misma vía circula un tren descontrolado, el AWR 777, que transporta en algunos de sus vagones fenol fundido, un ácido fácilmente inflamable y corrosivo.

En tiempo casi real somos testigos de los diferentes intentos de parar o hacer descarrilar el tren AWR 777; de un sistema de gestión del tráfico ferroviario en el que la compañía que gestiona el tren tiene más autoridad que el propio regulador del tráfico; de cómo la previsible devaluación del valor de las acciones, como consecuencia de la solución a adoptar, es la luz que guía al gabinete de crisis; o de que la experiencia y orgullo ferroviarios son intangibles que no siempre aparecen recogidos en las cuentas de resultados.

En un ejercicio de pura adrenalina, Tony Scott recurre a la heroica lucha del ser humano contra la bestia y consigue atrapar la atención desde el primer fotograma y mantenerla hasta el desenlace. Todo gracias a un trío protagonista dotado de un gran magnetismo, un ritmo trepidante y unas espectaculares secuencias, entre las que destaca la de la locomotora del AWR 777 en la peligrosa curva de la ficticia ciudad de Stanton, en Pensilvania, que la  toma con la mitad de las ruedas en el aire por exceso de velocidad.

FICHA TÉCNICA:

  • Título: Unstoppable
    (Imparable)
  • Director: Tony Scott   
  • Guión: Mark Bomback
  • Música: Harry Gregson-Williams
  • Fotografía: Ben Seresin
  • Reparto: Denzel Washington, Chris Pine,
    Rosario Dawson, Ethan Suplee, Elizabeth Mathis
  • País: Estados Unidos   
  • Año: 2010
  • Duración: 101  minutos  
  • Género: Acción. Catástrofe

Blues-rock ferroviario: sentimiento y virtuosismo

Imagen: en.wikipedia.org

A lo largo del siglo XX, el blues, género musical ligado al ferrocarril desde su nacimiento, fue ganando notoriedad y diversidad. En los años sesenta, ejemplo de dicha diversidad a ambos lados del Atlántico fue el blues-rock, un estilo ideal para el lucimiento de los grandes guitarristas, las largas improvisaciones, y que a la postre sentó las bases del hard rock y el heavy metal.

En Gran Bretaña, The Yardbirds, banda en la que militaron tres de los más insignes guitarristas ingleses, Eric Clapton, Jeff Beck y Jimmy Page, grabaron en 1965 su versión del clásico Train Kept A-Rollin’, que es la historia de un amor imposible a bordo de un tren nocturno. Compuesta por Tiny Bradshaw como un blues bailable (un jump blues), los Yardbirds lo convirtieron en un blues-rock. Dicha versión fue la referencia de otras tan celebradas como la de Aerosmith, la cual permite verificar la evolución del blues-rock al hard rock en sus dos partes perfectamente diferenciadas.   

Tanto con Derek and The Dominos como en solitario, Eric Clapton ha versionado “Mean Old Frisco”, una composición del cantante y guitarrista de delta blues Arthur Crudup que habla de la separación de una pareja, en la que el St. Louis-San Francisco Railway, -el ferrocarril estadounidense popularmente conocido como Frisco, que operó desde 1876 a 1980-, es el medio de transporte que facilita la separación.

Al otro lado del Atlántico, Muddy Waters se valió también del St. Louis-San Francisco Railway, para contarnos en “All Aboard” una historia casi idéntica a “Mean Old Frisco”. La canción apareció inicialmente en el disco “Fathers and Sons”, cuyo título no es casual, porque el considerado el padre del blues de Chicago se rodeó, entre otros, de los jóvenes miembros de la Paul Butterfield Blues Band para su grabación.

Si en Gran Bretaña John Mayall & The Bluesbreakers fueron pioneros en el acercamiento del blues a la audiencia blanca, lo mismo se puede decir en EE. UU. de Paul Butterfield y su Blues Band. Un músico que con su inseparable armónica dio una nueva dimensión al estándar del blues “Mystery Train”, el tren de dieciséis coches que se lleva lejos a la persona amada.

El blues-rock entró en la senda psicodélica gracias a artistas como Jimi Hendrix. Su Hear My  Train A Comin’, en el que el tren actúa como metáfora de salvación de todo tipo de personas, sin importar la raza o religión, es un buen ejemplo del saber hacer de un músico que llevó la guitarra a un nivel difícilmente superable.

No menos psicodélica fue Janis Joplin, artista que, como Robert Johnson, Jimi Hendrix, Jim Morrison, Cecilia o Amy Winehouse, pertenece al trágico y concurrido “Club de los 27”,  integrado por músicos fallecidos a dicha edad. Uno de sus mayores éxitos fue la versión de “Me and Bobby McGee, un tema de Kris Kristofferson que cuenta una desgarradora historia de amor que comienza mientras una chica sin dinero espera el tren en Baton Rouge, la capital del estado de Luisiana.

La mayoría de las composiciones anteriores corroboran lo que John Lee Hooker afirmaba sobre el blues: “Digan lo que digan, todo se reduce a una cosa: un hombre, una mujer, un corazón roto, un hogar roto”. Historias con las que estrellas del blues-rock consiguieron atraer al blues a personas inicialmente más interesadas por el rock, y consecuentemente darles a conocer los grandes clásicos del género, muchas veces a través de versiones de canciones de inspiración ferroviaria.

Blues ferroviario: melancolía infinita

Íntimamente ligado al ferrocarril, el blues es la música afroamericana por antonomasia. Un género musical que es la base de los estilos más populares del siglo XX y también un vehículo ideal para la transmisión de un estado de ánimo caracterizado por la melancolía y la tristeza.

Sus raíces se encuentran en los espirituales afroamericanos y en las canciones de trabajo que los esclavos de África occidental llevaron al sur de los EE. UU., especialmente al delta del río Misisipi, en el estado de Luisiana. Mientras los espirituales tenían una dimensión religiosa, las canciones de trabajo eran laicas, porque servían tanto para hacer más livianas las duras condiciones laborales como para marcar el ritmo de la actividad, algo que los capataces que participaron en la construcción de los primeros ferrocarriles sabían muy bien.

Aunque los musicólogos suelen fijar el nacimiento del blues alrededor de 1890, el Congreso de EE. UU., declaró el año 2003 como el de su centenario, en honor a W. C. Handy, “The Father of the Blues”. En 1903, mientras esperaba un tren en Tutwiler, en el delta del río Misisipi, escuchó a un joven negro que tocaba la guitarra deslizando un cuchillo sobre sus cuerdas, creando el característico efecto «slide», a la vez que cantaba que su destino era donde el Southern Railroad se cruza con el Yazoo Delta Railroad (Yellow Dog, en argot).

«Where the Southern Crosses the Yellow Dog». wjtv.com

A W. C. Handy, que escribía las canciones que escuchaba y sus notaciones musicales, le cabe el honor de haber sido el autor del primer blues registrado en una partitura. Algunas de dichas notaciones las utilizaría posteriormente en sus propias obras, como es el caso de The Yellow Dog Rag, publicado en 1914 y basado en la canción que escuchó en Tutwiler once años antes.

W. C. Handy. The Yellow Dog Rag, 1914. library.duke.edu

Si The Yellow Dog Rag es considerado un blues seminal, lo mismo  puede decirse de Midnight Special, un tema que cuenta una  leyenda que circulaba por las prisiones del sur de los EE. UU., según la cual quien fuera iluminado por la luz del expreso de medianoche sería el próximo en ser liberado. La canción ha sido grabada infinidad de veces, desde la histórica grabación de Lead Belly en 1934, hasta la de Paul McCartney, pasando por la de Creedence Clearwater Revival, posiblemente la más popular.

Creedence Clearwater. Revival. Midnight Special. Willy and the Poor Boys, 1969. Wikipedia.org

La historia del blues no sería la misma sin el mítico Robert Johnson. Cuenta la leyenda que vendió su alma al diablo en un cruce de caminos a cambio de ser el mejor intérprete. Su legado es tal que, con motivo del 40.° aniversario del Museo del Blues del Delta, se aprobó una resolución según la cual dicha transacción comercial se produjo en la ciudad de Clarksdale (Misisipi), en la intersección de las Autopistas 49 y 61. Las 29 canciones que compuso han sido versionadas innumerables veces. En 1936 nos brindó el clásico Ramblin’ On My Mind, un tema que ha conocido numerosas interpretaciones, entre las que cabe destacar la de John Mayall & The Bluesbreakers with Eric Clapton, auténticos precursores del blues-rock británico de los años sesenta. La canción narra la historia de un hombre que, incapaz de soportar la confusión mental que le produce un amor no correspondido, se ve obligado a abandonar a su chica y a su hijo, y tomar el tren más rápido para alejarse.

John Mayall & The Bluesbreakers with Eric Clapton. Ramblin’ on My Mind, 1966. Wikipedia.org

Pero no todo el blues es triste y melancólico, como nos demuestra el boogie-woogie, un estilo enérgico, divertido, concebido para bailar, cuyo instrumento de referencia es el piano. Según algunos autores toma su nombre de la palabra inglesa “bogie”, el carretón de ruedas sobre el se asientan los vehículos ferroviarios. En 1927, el pianista de Chicago Meade Lux Lewis grabó uno de los más conocidos: Honky Tonk Train Blues, que 50 años después seguía siendo versionado por artistas como Emerson Lake & Palmer.

Emerson Lake & Palmer. Honky Tonk Train Blues. Works Volume 2, 1977. Wikipedia.org

La relación del blues y el ferrocarril es tan estrecha que gracias a lo que presenció W. C. Handy en la estación de Tutwiler, hoy en día dicha localidad es considerada el lugar donde nació uno de los géneros musicales más influyentes de la historia. Dicha relación se ve reforzada por la afirmación según la cual todo músico de blues que se precie ha grabado una composición sobre el ferrocarril, algo que también tuvieron muy presente los grandes clásicos del género.

Hugo (La invención de Hugo)

Hugo. Martin Scorsese, 2011. sensacine.com

En 1925, George Méliès -el director de cine francés que en 1902 nos  llevó a la Luna y trajo de vuelta en catorce imaginativos minutos-, totalmente hundido y sumido en la pobreza se reencontró con Jehanne d’Alcy, actriz de una de sus películas. Al poco tiempo se casaron y comenzaron a gestionar el pequeño puesto de juguetes que ella regentaba en la estación de París Montparnasse. 

Un año después, el director de la revista Ciné-Journal, Léon Druhot, reconoció por casualidad a Méliès en la mencionada tienda. Fue el primer paso para reivindicar la figura del creador del espectáculo cinematográfico, tal como lo definió Louis Lumière en un banquete ante ochocientos invitados en el hotel Claridge de París el 22 de octubre de 1931, durante la ceremonia en la que le fue otorgada la máxima condecoración de Francia, la Legión de Honor. 

En un claro homenaje a Méliès, el director norteamericano Martin Scorsese adapta la novela de Brian Selznick La invención de Hugo Cabret y realiza su primera película dirigida al público infantil. Se trata de la historia de un niño huérfano, el propio Hugo Cabret (Asa Butterfield), que, en la década de 1930, para no ser enviado al hospicio, vive escondido en la estación de Montparnasse, donde se encarga del mantenimiento de sus relojes. Su habilidad para las máquinas le llevará a reconstruir, con la ayuda del propio George Méliès (Ben Kingsley) y su nieta (Chloë Grace Moretz), un autómata que dejó incompleto su padre, lo cual les introducirá en un mundo repleto de fantasía.

Y es ese mundo de fantasía el que le otorga a la película la licencia para  permitirse el  anacronismo de incorporar a la trama el accidente ocurrido en Montparnasse el 22 de octubre de 1895, cuando el Expreso  Granville-París, debido a un exceso de velocidad y a un defecto en los frenos de la locomotora, superó el dispositivo de protección y frenado de la estación, se estrelló contra la pared exterior y cayó en la plaza de Rennes, situada 10 metros por debajo del nivel de la vía.

Expreso Granville-París, 22/10/1895. wikipedia.org

Candidata a once Oscar y ganadora de cinco, La invención de Hugo es un canto de amor al cine, rodado en 3D. Un tributo a sus pioneros y la consecuencia de una de las serendipias más felices de la historia del cine y el ferrocarril, la que une a George Méliès, Léon Druhot y la estación de Montparnasse.  

FICHA TÉCNICA

  • Título original: Hugo (La invención de Hugo)
  • Director: Martin Scorsese
  • Guión: John Logan
  • Música: Howard Shore 
  • Fotografía: Robert Richardson
  • Reparto: Asa Butterfield, Chloë Grace Moretz, Ben Kingsley, Sacha Baron Cohen, Jude Law, Emily Mortimer, Christopher Lee, Michael Stuhlbarg, Ray Winstone, Richard Griffiths, Helen McCrory, Frances de la Tour
  • País: Estados Unidos
  • Productoras: GK Films / Infinitum Nihil / Warner Bros. Pictures
  • Año: 2011
  • Duración: 127 min.
  • Género: fantasía, drama, familia

Tren con destino a la gloria: espiritualidad ferroviaria

Randy Travis. Glory Train. Amazon.com

Una gran parte de las canciones relacionadas con el ferrocarril proviene de Estados Unidos, país donde fueron compuestas durante la construcción de los primeros caminos de hierro, en los que los afroamericanos laboraban en condiciones extremas y con salarios miserables, que a menudo se veían obligados a gastar en los abusivos economatos de las propias compañías para las que trabajaban. En semejante tesitura no es extraño que dichas personas encontraran en la música una forma de evadirse de sus penurias, afianzar su orgullo de raza y elevar sus oraciones, en las que el tren jugaba un papel importante como símbolo de salvación. 

Un claro ejemplo de lo anterior es el góspel Life’s Railway to Heaven, que Patsy Cline convirtió en una exitosa canción country en 1959. En ella, nos dice que la vida es como un ferrocaril de montaña, en la que debemos actuar como un maquinista valiente que no vacila ni falla, y con la ayuda de Dios alcanzar el cielo.

Otro góspel tradicional americano es This Train Is Bound For Glory, el tren con destino a la gloria que solo transporta justos y santos. Esta canción ha cautivado a numerosos artistas a lo largo del tiempo, desde legendarios cantantes folk como Woody Guthrie, hasta bandas contemporáneas como Mumford & Sons, o gigantes del country como Randy Travis, que lo incluyó en su disco Songs of Faith, Worship, and Praise (Canciones de fe, adoración y alabanza), con el título This Train.

Lleno de feligreses hacia el perdón y la vida eterna circula también el tren de People Get Ready, góspel versionado por numerosos artistas. Su autor, el afroamericano Curtis Mayfield, basándose en los sermones de su iglesia, usa la imagen alegórica de un convoy con destino Jordania. La fe es clave para acceder a bordo y no hay lugar para los pecadores, porque quedan vagando por la tierra, yendo de un lado a otro sin encontrarle sentido a la vida. 

Aunque el góspel es el género de música religiosa por antonomasia, la espiritualidad también está presente en ritmos tan diversos como el reggae, la música disco o la música «indie». Así, por ejemplo, el jamaicano Bob Marley ofrece una visión similar a la de People Get Ready en el reggae Zion Train, en el que nos exhorta a ser sabios, no perder nuestras almas por ganar el mundo, y a montarnos en el tren que nos conducirá a Sión, es decir, a la tierra prometida, que para un rastafari es Etiopía.   

El camaleónico David Bowie nos traslada a las pistas de baile con Station to Station, un tema que comienza con un minuto de efectos de sonido en los que se aprecia cómo se aproxima un tren. Y lo que podría ser una hedonista canción discotequera al uso, resulta ser casi un tratado de religiones, dado que hay menciones al cristianismo (el título alude al Vía Crucis); al judaísmo, (el verso “From Kether to Malkuth” cita dos lugares místicos de la Cábala); y al ocultismo (el verso “Making sure white stains” es una referencia al libro de poemas White Saints de Aleister Crowley).

Por su parte, la banda «indie» Undrop, formada por dos suecos y un abulense pertenecientes al grupo religioso Hare Krishna, nos proponen en su gran éxito Train un viaje a un destino superior, mientras alabamos y damos gracias al Supremo.

La relación entre dos realidades aparentemente tan dispares como el ferrocarril y la religión la intuyó la familia Oriol a finales de la década de 1940, cuando tras la fabricación de los primeros Talgos en Estados Unidos, hubo de transportarlos en barco a España. Como el precio del seguro era de tal magnitud que no podía pagarlo, se encomendó a la protección de la Virgen María. El transporte se realizó sin contratiempos y en justa reciprocidad las dos primeras locomotoras recibieron los nombres de Virgen del Pilar y Virgen de Aránzazu, respectivamente, iniciando así una larga tradición que alcanza a nuestros días. Una relación que también han entendido numerosos artistas que utilizan el tren en sus composiciones como medio de transporte de personas o almas a un mundo mejor, lo que, según algunos autores, no es más que es un trasunto del carro bíblico de Elías y su ascenso celestial con todos los que se salven.

Child 44 (El niño 44)

Imagen: periodistas-es.com

Entre 1978 y 1990, Andréi Chikatilo, conocido como el “Carnicero de Rostov”, asesinó a 21 niños, 14 niñas y 17 mujeres en Rusia, Ucrania y Uzbekistán. Inspirado por estos hechos, el escritor Tom Rob Smith escribió El niño 44, pero trasladó la acción a los últimos días de Stalin, durante la Guerra Fría. Esta novela es la base de la película del mismo título, donde un asesino en serie va dejando un reguero de cadáveres de niños en las proximidades de las vías del tren entre Moscú, Rostov y Volsk, trayecto que a la postre se convierte en el hilo conductor de las diferentes tramas del guion.

Desde el principio, el filme deja claro su carácter crítico hacia el régimen estalinista al comenzar con el Holodomor, la hambruna a la que sometió Stalin a Ucrania entre 1932 y 1933, para acabar con su nacionalismo, y que provocó la muerte de alrededor de cinco millones de personas. Una de las personas que sufrió las consecuencias de dicho genocidio es Leo Demidov (Tom Hardy), un adolescente crecido en un orfanato ucraniano del que se fugó  para acabar siendo, unos años después, el héroe del Ejército Rojo que colocó la bandera de la URSS en la cúpula del Parlamento alemán, cuando los soviéticos tomaron Berlín en 1945.

Terminada la II Guerra Mundial, Leo Demidov, fervoroso creyente de la propaganda oficial sobre las bondades del régimen, pasará a formar parte de los servicios de seguridad soviéticos. Con todo, su fe comenzará a debilitarse por las trabas que encontrará en la investigación de la muerte de su ahijado, aparecido muerto y desnudo cerca de las vías, tras ser supuestamente arrollado por un tren. Su dilema se intesificará cuando deba investigar por comportamiento antipatriótico a su propia esposa, la maestra Raisa Demidov (Noomi Rapace).

La negativa a denunciar a su esposa tendrá como resultado que ambos acaben desterrados y despojados de sus cargos en Volsk, a más de mil kilómetros de Moscú, donde también aparecen niños muertos cerca de las vías. Y será entonces cuando Leo Demidov -convencido de que las autoridades están más interesadas en ocultar los casos que en investigarlos, porque en el paraíso soviético el crimen no existe-, decida resolver el enigma, aunque ello suponga poner en peligro sus vidas.

Rodada en la República Checa, con una cuidada ambientación ferroviaria, El niño 44 comparte con la oscarizada La vida de los otros la evolución ideológica de sus respectivos protagonistas. Reproduce además el mismo ambiente asfixiante propio de las sociedades regidas por el lema “confía, pero vigila”, donde la desconfianza es la norma, y los matrimonios pueden ser más por temor que por amor.

Sin embargo, ambas películas fueron recibidas por crítica y público de forma muy distinta. En general, la crítica acogió a El niño 44 muy tibiamente y comercialmente no recaudó ni un tercio de lo que costó, a pesar de estar producida por Ridley Scott, contar con un magnífico reparto y estar soportada por un absorbente guion. Y sus desventuras no terminaron ahí, porque al igual que la multipremida Leviathan, una espeluznante visión de la Rusia actual estrenada el año anterior, acabó siendo prohibida por el Ministerio de Cultura de Rusia por el mismo motivo: tergiversación de hechos históricos.

FICHA TÉCNICA:

  • Título: Child 44 (El niño 44)
  • Director: Daniel Espinosa
  • Guion: Richard Price
  • Música: Jon Ekstrand
  • Fotografía: Oliver Wood
  • Reparto: Tom Hardy, Noomi Rapace, Gary Oldman, Vincent Cassel, Joel Kinnaman, Paddy Considine, Jason Clarke, Fares Fares, Josef Altin, Nikolaj Lie Kaas, Sam Spruell
  • País: Estados Unidos de América
  • Año: 2015
  • Duración: 137 minutos
  • Género: Thriller, drama histórico

Rock ferroviario europeo: bendita diversidad continental

Es impensable concebir el desarrollo económico de los siglos XIX y XX sin la presencia del ferrocarril, el medio de transporte más eficiente y ecológico para trasladar personas y mercancías por vía terrestre. Aunque nacido en Gran Bretaña -lo que posiblemente sea la causa de la copiosa producción de “railway music” anglosajona-, un recorrido por los países de la Europa continental demuestra que el leitmotiv ferroviario es omnipresente. 

Una de las canciones más celebradas del pop europeo se la debemos a la banda holandesa Shocking Blue, que logró el número uno en diversos países con su celebérrima Never Marry a Railroad Man (Nunca te cases con un ferroviario). Esta composición, en un sentido estricto, expone claramente las implicaciones de casarse con un ferroviario, pero en un sentido más amplio, es toda una advertencia de lo poco aconsejables que pueden ser algunos hombres como parejas estables.

Shocking Blue. Never Marry a Railroad Man. Discogs.com

Más interesados en viajes con encanto que en advertencias, el grupo italiano Pooh narra en Orient Express la historia de una pareja de desconocidos que coinciden en el mencionado tren. Tras una larga conversación, la chica desaparece entre la multitud en la estación de destino y deja perplejo a su interesado compañero de viaje. La canción aparece incluida en su disco Un po’ del nostro tempo migliore, publicado en 1975, el cual, debido a sus delicadas orquestaciones y bellas armonías vocales, coquetea con el rock sinfónico característico de la época.

Pooh. Un po’ del nostro tempo migliore. Discogs.com

Inspirándose también en el Orient Express, el francés Jean Michael Jarre ofrece su particular visión del mítico tren en un vibrante instrumental electrónico de pegadiza melodía. Un perfecto ejemplo de la obra de un artista que sigue encandilando a millones de personas con sus discos y sus espectaculares recitales masivos.

Jean-Michel Jarre. Orient Express. Discogs.com

De la misma forma que Jean Michael Jarre puede congregar a millones de personas, José “Zeca” Afonso movilizó a todo un país con su canción Grândola, Vila Morena, porque fue la señal que dio inicio a la Revolución de los Claveles en Portugal, el 25 de abril de 1974. En su amplio repertorio encontramos No comboio descendente, de su disco Eu vou ser como a toupeira, tema basado en un poema de Fernando Pessoa, que aborda la saudade derivada de la pérdida de la infancia. 

José Afonso. Eu vou ser como a toupeira. Discogs.com

Una revolución mucho más tranquila fue la que lideró el trío A-HA que, a mediados de la década de 1980, proporcionó a Noruega un protagonismo musical hasta entonces desconocido. Su disco de debut, editado en 1985, incluye Train of Thought, un tren de pensamientos basados en textos de Fyodor Dostoevsky, Knut Hamsum y Gunvor Hofmo. A pesar de su complejidad, la canción alcanzó el número 8 en las listas británicas.

A-HA. Train of Thought. Discogs.com

Se suele considerar The Carrollton March, de Arthur Clifton, escrita con motivo de la inauguración de la línea ferroviaria entre Baltimore y Ohio el 4 de julio de 1828, como la composición más antigua de la “railway music”. Es decir, 150 años más antigua que cualquiera de los temas anteriormente analizados, lo que viene a demostrar que el magnetismo del ferrocarril traspasa tiempos, modas y fronteras.