La mirada ferroviaria de Vincent Van Gogh

WikiArt.org. Autorretrato con sombrero de fieltro gris. 1887

Considerado uno de los artistas más influyentes del arte contemporáneo, el atormentado e hipersensible Vincent Willen Van Gogh (Holanda, 1853 – Francia, 1890), es también uno de los más admirados por el gran público. Su pintura, emocionalmente expresiva, en la que se intuye su necesidad perentoria de pintar, tuvo en las  infraestructuras ferroviarias y en los humeantes trenes de vapor en movimiento, símbolo de progreso y fugacidad del tiempo, un motivo recurrente.

Su obra estuvo muy marcada por los lugares en los que vivió. Después de trabajar como comerciante de arte, estudiar teología, ser misionero en una mina belga y haber estudiado en la Academia de Bellas Artes de Bruselas, en 1881 se instala en La Haya, donde dibuja con tinta y lápiz una pormenorizada vista de su estación en un día invernal.

WikiArt.org. Estación de La Haya. 1882

Entre 1883 y 1885 reside en Neuen (Holanda) y Amberes (Bélgica). Alentado por su hermano Theo, marchante de arte y gran apoyo a lo largo de toda su vida, comienza su carrera artística con sus predecesores holandeses como referencia. La paleta es apagada y poco variada, tal como se puede observar en La vieja estación de Eindhoven, un cuadro en el cual importa más la impresión del invierno que los detalles y en el que se adivina una pasión que le acompañará toda vida: el plenairismo o pintar al aire libre.

WikiArt.org. La vieja estación de Eindhoven. 1885

Desde 1886 a 1888 se instala en París y entra en contacto con los impresionistas. No comparte todos sus postulados, pero su pincelada se vuelve más corta y su paleta más luminosa. Un buen ejemplo de esta etapa es Puentes sobre el Sena en Asnières, en el que un tren de vapor corona una obra bañada por la bella luz de un atardecer estival en la que el agua es una explosión de reflejos.

WikiArt.org. Puentes sobre el Sena en Asnières. 1887

Atraído por la cálida luz meridional y el color del Mediterráneo, en 1888 deja París y se va a vivir a la Provenza. Es su etapa postimpresionista, las más prolífica y conocida de su carrera. Representa la vida cotidiana con colores mucho más intensos que la realidad, algo apreciable en Viaducto de Arlés, en el cual, en otro soleado atardecer, observamos un parque que había cerca de su casa, con plátanos de sombra en primer plano y un tren al fondo.

WikiArt.org. Viaducto de Arlés. 1888

Otro ejemplo de la intensidad cromática lo encontramos en Vagones de ferrocarril, cuadro en el que utiliza la realidad para plasmar su imaginación no para reproducirla. El deslumbramiento producido por la luz de la Provenza unido a su temperamento exaltado y a los conocimientos que los impresionistas le habían enseñado sobre los colores básicos y sus complementarios, dio como resultado una obra en la que destacan el verde esmeralda del cielo y el tono rojizo de los vagones.

WikiArt.org. Vagones de ferrocarril. 1888

Los puentes, una construcción  arquitectónica presente en numerosas de sus obras, siguieron reclamando su atención en la Provenza, como se evidencia en Puente de ferrocarril sobre la Avenida Montmajou, un cuadro de luz otoñal y gran profundidad, gracias a sus marcadas diagonales que guían la mirada en diferentes direcciones.

WikiArt.org. Puente de ferrocarril sobre la Avenida Montmajour. 1888

Su frenética actividad le provocará tal fatiga mental que, unida a la sífilis y al consumo de absenta, le harán ingresar voluntariamente en un hospital psiquiátrico durante casi un año. A su salida y de acuerdo con su hermano Theo se establece en Auvers-sur-Oise, al norte de París. De esta última etapa procede Paisaje con carro y tren, que representa una vuelta a la luz septentrional. En una perspectiva panorámica con disposición en horizontal, vemos los cultivos en vertical, lo cual proporciona sensación de gran profundidad, con la carreta y el tren como puntos de referencia. A los colores fríos como los verdes, azules y grises, contrapone el color rojo de las casas y la carreta. 

WikiArt. Paisaje con carro y tren. 1890

Van Gogh –Loving Vincent para alguno de sus allegados y El Loco del pelo rojo para sus vecinos de la Provenza-, fue un pintor en constante evolución, que interiorizó las enseñanzas de sus predecesores holandeses y las de los impresionistas franceses. Ha pasado a la historia como el postimpresionista de referencia y precursor del expresionismo y del fauvismo. Se suicidó a los 37 años tras legarnos 900 cuadros y 1.600 dibujos. Y aunque a la hora de pensar en su obra, seguramente lo primero que se nos viene a la cabeza son girasoles, noches estrelladas y campos de trigo, el ferrocarril fue una constante a lo largo de todas sus etapas. 

Rock adulto ferroviario: AOR adictivo

De amplia difusión en las emisoras de FM estadounidenses, el rock orientado al público adulto (AOR, por sus siglas en inglés) se presenta como un género concebido para oyentes poco proclives al riesgo, en el que la balada rock, con estribillos irresistibles y una producción exquisitamente cuidada, reina como auténtica protagonista. Suele estar compuesto e interpretado por músicos de impecable solvencia profesional —artistas que rara vez ocupan portadas—, y resulta ideal para las deslumbrantes giras por grandes estadios.

Aunque los Doobie Brothers (los Hermanos Canuto, en el argot californiano), comenzaron siendo una banda con cierta querencia por el rock sureño, lo cierto es que su discografía transita por el rock, el rhythm blues, el soul y, especialmente en la segunda mitad de la década de 1970, el AOR. De la primera época destaca Long Train Runnin’, una canción impulsada por una guitarra de acento funky en la que se repite la pregunta retórica, «sin amor,  ¿dónde estarías ahora?», que sugiere que el amor es esencial para superar las adversidades de la vida, de la misma forma que el movimiento lo es para que los trenes cumplan su función.

The Doobie Brothers: Long Train Runnin’. The Captain and Me, 1973. Discogs.com

De un espectro estilístico casi tan variado como los Doobie Brothers es Styx, grupo de Chicago cuyo sonido se ha movido con soltura entre el hard rock, el rock progresivo y el AOR. En 1979, logró su único número uno con la balada Babe, una sentida declaración de amor de su teclista, Dennis  DeYoung, a su esposa momentos antes de subirse a un tren. En ella expresa, sin ambages, lo que siente, lo que ella representa para él y cómo se va a sentir en la distancia.   

Styx: Babe. Cornerstone, 1979. Discogs.com

Dos años después, en 1981, el AOR vivió uno de sus momentos culminantes, porque cuatro de las bandas de referencia, Foreigner, Journey, Reo Speedwagon y Toto, publicaron algunos de sus mejores discos de su trayectoria. En concreto, Journey, banda de San Francisco formada por exmiembros de relevantes grupos, editó Escape, álbum que incluye uno de los himnos del estilo, Don’t Stop Believin’. La canción, verdadero canto a la fe en uno mismo y al esfuerzo -encarnado por una chica de pueblo y un chico de ciudad que se encuentran en un tren de medianoche rumbo a cualquier destino en busca de un futuro mejor-, ha transcendido generaciones. La pandemia de coronavirus demostró la vigencia de su mensaje cuando numerosos hospitales estadounidenses la adoptaron como himno de resistencia y esperanza cuarenta años después de su lanzamiento.

Journey: Don’t Stop Believin’. Escape, 1981. Discogs.com

Si todas las bandas anteriores llegaron al AOR como consecuencia de su evolución artística, Toto se erigió en la quintaesencia del estilo desde su primer disco publicado en 1978,  que incluye su éxito, Hold on the Line. Formada en Los Ángeles por músicos de sesión, los mismos que dan lustre a las grabaciones o arropan en estudio a otros artistas, en 1992 endureció su sonido y lanzó el disco Kingdom of Desire, que abre con el potente Gypsy Train, el tren gitano lleno de gente brillante y feliz, donde la satisfacción está garantizada, porque los placeres están al alcance de la mano.

Toto: Gypsy Train. Kingdom of Desire, 1992. Discogs.com

Denostado por los críticos, por considerar que es un estilo que trata la música como un producto de consumo para las radiofórmulas, uniforme y sin aristas, el AOR alcanzó su punto culminante en 1983, cuando el LP era el rey y sus campañas de lanzamiento se realizaban con precisión militar. Si bien es cierto que como en todos los estilos se publicaron muchas trivialidades, es de justicia reconocer que hubo grandes obras trufadas de canciones adictivas. Con el ferrocarril como leitmotiv, algunas de dichas canciones alcanzaron el número uno (Babe), siguen de rabiosa actualidad (Don’t Stop Believin’), o conocen nuevas versiones y remezclas periódicamente (Long Train Runnin’). Y aunque el videoclip no mató a la estrella de la radio, la fuerza con la que irrumpió la cadena estadounidense de televisión MTV a mediados de la década de 1980 cambió por completo el panorama musical americano y restó mucha fuerza a las FM.

Hard rock ferroviario: detonación sonora

Imagen: amazon.com

Es un lugar común afirmar que “You Really Got Me”, grabada por el grupo británico The Kinks en 1964, es la primera canción de hard rock o rock duro de la historia. Y también que son Deep Purple y Led Zeppelin las bandas que realmente consolidan un estilo cuyas señas de identidad suelen ser una guitarra espectacular, una voz portentosa, un bajo contundente y una batería vigoréxica. 

Paradigma de lo anterior fue el grupo de Michigan Grand Funk Railroad, que tomó su nombre de un ferrocarril que operaba en EE. UU. y Canadá, el Grand Trunk Railway. Frecuentaron las listas de ventas americanas desde 1969 hasta 1974, gracias a una música más resultona que técnica y a una imagen que emanaba furia y virilidad. Sin embargo, su último número uno fue una canción de corte infantil sobre un nuevo baile en línea, “The Loco-Motion”, que simulaba la conducción y formación de un tren.

Mucho más sofisticada fue la propuesta de la esotérica y críptica banda neoyorkina del culto a la ostra azul, es decir, la Blue Öyster Cult, que llamó la atención desde el primer momento por sus apabullantes directos. Su segundo disco, “Tyranny and Mutation”, editado en 1973, incluye el clásico “Hot Rails to Hell, cuyo Expreso 1277 atrapa en su hechizo al protagonista. Y éste no es otro que su bajista (Joe Bouchard), que cuenta sus experiencias en el Metro de Nueva York, tras un concierto de un saxofonista experimental, en el cual viaja acompañado del artista Bill Gawlik, autor de las dos primeras e icónicas portadas de los discos del grupo y su famoso logo, una cruz ganchuda que en realidad es una modificación del símbolo de Cronos.

Dejamos EE. UU. y nos acercamos a Escocia, donde encontramos a Nazareth, el grupo que sentó las bases de la balada rock con su memorable versión del clásico del country “Love Hurts”. Afortunadamente sus méritos no terminan ahí, porque está considerado como uno de los grupos que contribuyó a definir el hard rock en los años setenta. En 1977 publicaba “Expect No Mercy”, disco del cual se extrajo como sencillo “Gone Dead Train”, un tren muerto que es el vehículo para una historia de calenturas y frustraciones.

Pero para calenturas, Bon Jovi, una banda a medio camino entre el heavy metal y el rock orientado al público adulto (AOR). En 1988 editaba el álbum que suele considerarse el más representativo de su carrera, “New Jersey”, cuyo título coincide con la ciudad de la que procede. En dicho disco aparece “Homebound Train”, canción ambigua que tanto puede ser entendida como puro sexo («no tomes el avión, toma el tren, porque me gusta despacio», sugiere una mujer), o la historia de un hombre que tras simpatizar con el diablo y haber vivido numerosas historias de amor, decide regresar a casa y sentar la cabeza con la mujer antes citada.

Dada su carga erótica, la temperatura se mantiene igual de alta en “Rock and Roll Train”,  canción que los eléctricos AC/DC publicaban en 2008 como primer sencillo de su decimosexto disco de estudio, “Black Ice”. Se les ha acusado de repetitivos, pero lo que para unas personas es inmovilismo para otras es fidelidad a unos principios, algo que les permite presumir de contar con el segundo disco más vendido de la historia, “Back in Black”, solo superado por el “Thriller” de Michael Jackson.

Desde finales de los años 60 del siglo pasado hasta la llegada del punk, en la segunda mitad de los años 70, el hard rock, evolución natural del blues-rock, vivió su momento de gloria. El ferrocarril estuvo presente en canciones que fueron número 1, el primer sencillo editado cuando el LP era el formato de referencia o en composiciones que hoy constituyen parte del acervo ferroviario. Posteriormente, y en líneas generales, se puede afirmar que unos artistas permanecieron fieles al estilo, otros optaron por el AOR y el resto por el heavy metal.

La mirada ferroviaria de Joaquín Sorolla

Wikipedia.org. Autorretrato. 1909

Junto a Velázquez, Goya y Picasso, Joaquín Sorolla y Bastida (Valencia, 1863 – Madrid, 1923), es el pintor español más  apreciado en el mundo y uno de los grandes artistas del siglo XX. Conocido especialmente por sus cuadros de la España luminosa y mediterránea, que transmiten la alegría de vivir, su mirada ferroviaria incorpora también la del realismo social, que tantas ampollas levantó en su momento por reflejar aspectos desagradables presentes en la  vida de las clases menos favorecidas.  

Sorolla no aborda el realismo desde un punto de vista edulcorado y costumbrista, sino con una perspectiva crítica y una paleta de colores oscuros, entre los que destaca el negro, que asocia con el mal y la muerte. Algo evidente en Otra Margarita, cuadro que recibió la Medalla de Honor en la Exposición Universal de Chicago en 1883. El título alude al personaje de la novela Fausto de Goethe, que ahoga a su hijo y es encarcelada por dicho motivo. En un vagón de tercera, que transmite la idea de celda, vemos a una joven, seguramente pobre, esposada y abatida, que es custodiada por una pareja de la Guardia Civil, porque está acusada de haber cometido un infanticidio.

Wikipedia.org. Otra Margarita. 1892

No menos dramática resulta Trata de blancas, porque en otro vagón de tercera una anciana de expresión dura y vestida de negro, que en realidad es una alcahueta, vigila cómo duermen, agotadas por su infortunio y ausencia de futuro, cuatro chicas vestidas como pobres campesinas, que son transportadas de un lupanar a otro, para que sigan siendo explotadas sexualmente.   

Wikipedia.org. Trata de blancas. 1895

De tenor totalmente distinto es Paisaje con figura, un cuadro impresionista de colores suaves que muestra a un hombre caminando sobre un carril. Dado lo inusual del camino elegido, parece lógico pensar que se trata de un ferroviario que va verificando el estado de la vía. Como la obra fue pintada entre 1889 y 1890, la inclusión del ferrocarril puede ser entendida como una referencia a la modernización española, que llegaba incluso a los pueblos.

WikiArt.org. Paisaje con figura. 1889-1890

Dos décadas después, en 1911, en el apogeo de su carrera, Sorolla firma un encargo para la Hispanic Society of America, cuyo objeto es pintar catorce murales que titula Visión de España, por lo que tiene  que viajar por todo el país buscando escenas características, encargo que no puede terminar como consecuencia de la hemiplejía que sufre en 1920 y le deja inválido del lado izquierdo.

A dicho encargo pertenece Andalucía. El encierro, una obra donde se puede apreciar su estilo característico, el luminismo, es decir, la pasión por la luz, su poder y efectos cambiantes, lo que le obliga a una pincelada fluida para capturar el momento. El cuadro retrata a cinco mayorales, entre los que destacan la gallardía y temple de los dos primeros, que trasladan a unas reses bravas desde el cortijo que se ve al fondo hasta un pueblo en fiestas, en el que se van a celebrar un encierro matinal y una corrida vespertina. Uno de los momentos críticos del traslado es el cruce de un paso a nivel sin barreras en mitad del campo, porque los jinetes no saben de cuánto tiempo disponen para atravesarlo.

Imagen: Wikipedia.org. Andalucía. El encierro. 1914

Sorolla, el maestro de la luz que eligió vagones oscuros y claustrofóbicos como escenario para algunos de sus cuadros de realismo social, falleció a los 60 años, tras dejar catalogadas 2.200 obras y haber alcanzado el reconocimiento de crítica y público. Al igual que Goya, sufrió mareos y dolores de cabeza en sus últimos tiempos, en los cuales pudo influir su exposición a componentes tóxicos, como el mercurio o el arsénico, presentes en tres de sus colores fetiche, el bermellón, el blanco plomo y el verde de Scheele. 

La mirada ferroviaria de Darío de Regoyos (II/II)

Autorretrato. 1895. museobbaa.com.

Darío de Regoyos y Valdés (Ribadesella, 1857), el más destacado representante español del impresionismo, amaba los cambiantes cromatismos de la luz del Cantábrico, lo que unido al hecho de establecer su residencia en el País Vasco durante treinta años, explica su vasta obra ubicada en diferentes localidades de Gipuzkoa y Bizkaia.

Instalado en Gipuzkoa desde 1884, en 1896 pintó el viaducto de Ormaiztegui, una de las infraestructuras más emblemáticas de la línea férrea Madrid-Hendaya. Dicho viaducto aparece en uno de sus cuadros más conocidos, donde fusiona el estatismo del entorno, representado en tonos azules, verdes y ocres, y el dinamismo del tren negro con su colorida estela de humo.

El viaducto de Ormaiztegui. 1896. Clasica2.com.

La capital donostiarra y su barrios fueron una inspiración continua para Darío de Regoyos. En El tren de las 16 horas, noviembre, San Sebastián captura el momento fugaz del paso de un convoy por un paraje natural con el monte Adarra al fondo. La suave luz otoñal de la tarde crea unas sombras poco pronunciadas y la quietud del paisaje se contrapone al movimiento del tren, con su característica, generosa y cromática estela de humo.

El tren de las 16.00, noviembre, San Sebastián. 1900. reproarte.com.

El hoy populoso barrio donostiarra de Ategorrieta era a principios del siglo XX un ejemplo de la tranquila vida en el campo, ocasionalmente interrumpida por un tren. La observación de uno por parte de dos mujeres a las que vemos de espalda -un rasgo muy característico de su estilo, porque la presencia de las personas cuando no están en grupo es escasa y siempre de espaldas o perfil, sin que podamos reconocer sus caras-, es el motivo de El paso del tren.  

El paso del tren. 1902. reproarte.com.

Pocos cientos de metros antes de la desembocadura del Urumea en el mar Cantábrico, fue el lugar elegido para una obra cuyo título es precisamente el nombre de dicho río. En ella, contemplamos la actual estación de Donostia-San Sebastián y una desaparecida plaza de toros circular. El día es triste, llueve y las personas caminan con los paraguas abiertos hacia la estación, donde los coches de caballos esperan. Aunque no brilla el sol, el agua refleja las tenues sombras generadas por el puente. El tono general es grisáceo y contrasta con el verde del campo, el ocre de la orilla, el color rojizo del puente o las franjas malvas del edificio, todo lo cual aporta al cuadro una equilibrada variedad cromática.  

El Urumea. 1904. museobilbao.com.

Si Donostia-San Sebastián y sus alrededores fueron un motivo recurrente en sus obras, qué decir del puerto de Pasajes, el cual pintó en numerosas ocasiones y por diferentes motivos. En uno de sus cuadros de 1903, contrapone la estética industrial de una grúa, la vía férrea y el humo de un tren que acaba de pasar por Pasajes Ancho, con la belleza natural de la entrada del puerto y las casas de Pasajes San Juan iluminadas por la cálida luz de la tarde, cuyo reflejo se puede apreciar en el agua.

El puerto de Pasajes. 1903. reproarte.com.

En 1907 traslada su residencia a Bizkaia. A dicha etapa corresponde El puente del Arenal, una imagen muy representativa del Bilbao de la época, en la que mezcla lo tradicional -las sardineras y la carreta-, con lo industrial -el tren, las gabarras y los tranvías-, y lo cultural -el Teatro Arriaga-. La luz vespertina y los colores apagados transmiten cierta tristeza. Es posible que el doloroso cáncer lingual que sufría y que acabó con su vida tuvieran reflejo en la obra.

El puente del Arenal. 1910. treneando.com.

Darío de Regoyos, el artista que capturaba rápidamente la fugacidad de las impresiones de la luz y la atmósfera en las cosas; el pintor que nunca traicionó sus principios artísticos; el impresionista ajeno a críticas académicas y dictados del mercado; el hombre que encontró en el ferrocarril un símbolo de la libertad de movimiento y progreso, falleció en Barcelona en 1913 a los 56 años, tras una intensa, prolífica y viajera vida. 

Blue-eyed soul ferroviario

El sello discográfico Motown definió el soul como «el sonido de la joven América», y difícilmente pudo estar más acertado. El nuevo estilo, surgido de la tradición del rhythm and blues y el góspel, logró seducir tanto a la comunidad negra como a la blanca, convirtiéndose en un lenguaje musical compartido. Fue tal su impacto que, pocos años después de su nacimiento, apareció el llamado blue-eyed soul o soul de ojos azules, por parte de artistas blancos profundamente influenciados por aquel sonido.

En algunos casos, el mimetismo llegó a tal extremo que estos músicos fueron fichados por sellos especializados en soul. Un ejemplo paradigmático es el del grupo de Detroit Rare Earth, cuyo disco de debut para Motown incluye una imponente versión de veintiún minutos de Get Ready, del grupo The Temptations, además de Train to Nowhere, un tema de clara inspiración ferroviaria que plantea la idea de que viajar en un tren hacia ninguna parte equivale a vivir sin propósito, dejándose arrastrar por la vida en lugar de conducirla.

Rare Earth. Get Ready. Train to Nowhere, 1969. Wikipedia.org

De otro tren que tampoco conduce a destino alguno nos habla Van Morrison en Fast Train, aunque en este caso la metáfora remite al desmoronamiento emocional provocado por una ruptura sentimental. La canción cierra Down the Road, el álbum que publicó en 2002, cuya portada —dedicada a la memorabilia— refleja fielmente su contenido: una mirada nostálgica a la música de las décadas de 1950 y 1960, reinterpretada por un artista de voz profunda que, a lo largo de una carrera prolífica, ha transitado con naturalidad por el folk, el blues, el jazz, el rock, el country y, por supuesto, el soul.

Van Morrison. Down the Road. Fast Train, 2002. Discogs.com

Y si para Van Morrison el tren avanza demasiado rápido, para el protagonista de The Letter no lo hace con la suficiente velocidad. Tras recibir una carta de su primer amor, decide tomar un avión y regresar junto a ella, porque la emoción, no la reflexión, manda. La canción alcanzó el número uno en Estados Unidos con la banda de Memphis The Box Tops y ha conocido versiones tan destacadas como la de Joe Cocker, un artista de voz rasgada y aguardentosa, cargada de emoción soul, que se hizo célebre por sus reinterpretaciones desde su debut en 1968 con With a Little Help from My Friends.

The Box Tops. The Letter/Neon Rainbow. The Letter, 1967. Wikipedia.org

Seguramente la afinidad musical tuvo mucho que ver con la participación de Steve Winwood en el primer disco de Joe Cocker. Winwood, cantante de vocación soul, multiinstrumentista e integrante de varias superbandas, publicó en 1980 Arc of a Diver, uno de los trabajos más representativos de su carrera en solitario. El álbum incluye Night Train, un largo y melancólico viaje interior, en el que la soledad aparece como algo casi necesario para comprenderse mejor, no como un castigo.

Steve Winwood. Arc of a Driver. Night Train, 1980. Wikipedia.org

En este breve periplo por el blue-eyed soul no podía faltar Simply Red y, en particular, su vocalista Mike Hucknall, reconocido tanto por su característica melena pelirroja como por su voz prodigiosa. Toda su trayectoria ha sido una declaración de amor al soul, ya sea a través de composiciones propias o de versiones memorables. Por si quedaba alguna duda, en 2019 editó el álbum Blue Eyed Soul, que incluye Riding on a Train, una canción sobre el regreso a casa tras una larga ausencia.

Simply Red. Blue Eyed Soul. Riding on a Train, 2019. Wikipedia.org

El soul, nacido como una evolución más sofisticada del rhythm and blues, otorgó a la comunidad negra una visibilidad musical que hasta entonces le había sido esquiva, gracias en gran medida a sellos como Motown, Atlantic o Stax. Además, reforzó el orgullo racial, algo que James Brown dejó grabado para la historia en Say It Loud – I’m Black and I’m Proud (Dilo alto, soy negro y estoy orgulloso). Sin embargo, el soul no ha quedado restringido a la comunidad negra: muchos artistas de ojos azules lo han hecho suyo con respeto y autenticidad. Y entre unos y otros, nos han legado composiciones memorables —con el ferrocarril como metáfora recurrente— que hoy forman parte indiscutible de la historia de la música popular.

Gigantes del soul ferroviario

Aunque está comúnmente aceptado que el primer tema soul fue I Got a Woman, grabado por Ray Charles en 1954, lo cierto es que quien ha pasado a la historia como el gran arquitecto del género es Sam Cooke. En 1964, año de su fallecimiento, y antes de que sellos discográficos como Motown, en Detroit, y Stax, en Memphis, se consolidaran como auténticos embajadores del estilo, Cooke ya era una estrella consagrada. Procedente del góspel, supo trasladar la espiritualidad y la emoción del canto religioso al terreno profano, sentando las bases del soul moderno. En Cool Train, canción que narra la historia de un hombre que ruega al tren que traiga a su amada de vuelta con cuidado —y que silbe alto y fuerte para que todo el mundo sepa que ha regresado—, Cooke ofreció un ejemplo perfecto de su elegancia interpretativa y de su habilidad para dotar de emoción a un tema de inequívoco acento ferroviario.    

    Sam Cooke. Frankie and Johnny + Cool Train, 1963. Discogs.com

Si Sam Cooke vivió apenas 33 años, la vida de Otis Redding fue todavía más breve: falleció con solo 26. Aun así, su legado es tan inmenso que la revista Rolling Stone lo considera el cantante de soul más importante de la historia. En 1967 grabó junto a Carla Thomas el icónico álbum del soul de Memphis King & Queen, un disco fundamental que reúne doce clásicos del género. Entre ellos destaca Are You Lonely For Me, una canción que retrata a un joven triste y solitario que regresa en tren a Jacksonville y se pregunta si su chica le estará esperando, condensando en pocos minutos anhelo, vulnerabilidad y esperanza.

Otis Redding, Carla Thomas. King & Queen. Are You Lonely for Me, 1967. Wikipedia.org

De la influencia de Sam Cooke y Otis Redding da fe Al Green, el gran artista soul de los primeros años de la década de 1970, que fusionó la intensidad de Memphis con la suavidad de Filadelfia. Su estilo es una síntesis de elementos góspel,  gemidos, voz en falsete, coros sexys y exuberantes arreglos cuerda, que lo han convertido en un artista constantemente imitado y genuino representante de la llamada quiet storm (subgénero que se caracteriza por ser suave, relajado y romántico). Su primer disco de larga duración fue Back up Train, título que también da nombre al tema que abre el disco. En él, el protagonista, sumido en la soledad, implora al maquinista que dé marcha atrás y lo lleve de regreso a casa para reunirse con su amada, reforzando una vez más la figura del tren como metáfora del deseo, la espera y el retorno.

Al Green. Back up Train. Back up Train, 1967. Wikipedia.org

A la hora de analizar la evolución del soul es de justicia mencionar a The Temptations. Además de crear auténticas suites de casi 12 minutos, como la memorable Papa Was A Rolling Stone, introdujeron la psicodelia en el soul. Un claro ejemplo de esto es Friendship Train, una canción con gran carga social que editaron en 1970. En ella, el tren simboliza la justicia, la libertad, la armonía, la paz y el amor, en un momento en el que la sociedad americana se hallaba en una situación muy convulsa tras el asesinato de Martin Luther King y la Guerra de Vietnam.  

The Temptations. Psychedelic Shack. Friendship Train, 1970. Discogs.com

También es de justicia mencionar el Sonido Filadelfia, a la hora de analizar la evolución del soul, porque al acentuar la base rítmica y sentar las bases de la fiebre del sábado noche que estaba a punto de estallar, propició su declive en la segunda mitad de la década de 1970. Fue creado por los productores Kenny Gamble y Leon Huff, quienes, en 1974, lograron uno de sus numerosos éxitos con TSOP (The Sound Of Philadelphia), un cuasi instrumental  con lujosos arreglos de viento y cuerda, que definió el subgénero y fue la sintonía del programa televisivo Soul Train. Interpretada por MFSB (Mother, Father, Sister, Brother), y las voces del trío femenino The Three Degrees, fue la primera canción discotequera en alcanzar el número uno en el Billboard americano.

MFSB. Love Is the Message. TSOP (The Sound Of Philadelphia), 1973. Wikipedia.org

El soul surgió en los Estados Unidos en la década de 1950 y, con el tiempo, se consolidó como un género de gran popularidad, con el ferrocarril como uno de sus símbolos más recurrentes. Inicialmente, se presentó como un vehículo perfecto para la expresión de emociones intensas. Sin embargo, en la década siguiente su espectro se amplió a la lucha por la igualdad y la justicia, en el contexto del movimiento por los derechos civiles. Y en la década de 1970 se expandió a través del funk y la música disco, en una evolución constante que alcanza hasta nuestros días.

Divas del soul ferroviario

La plasticidad del ferrocarril como metáfora de la vida, su movimiento constante y su capacidad para condensar emociones humanas hacen que, no por casualidad, sea uno de los símbolos más recurrentes del soul. Lento o vertiginoso, pero siempre bailable, este género es heredero directo del rhythm and blues y del fervor espiritual del gospel. Sus intérpretes se distinguen por la maestría con la que dramatizan dilemas amorosos y los convierten en relatos universales. Pueden hacerlo desde la contención o desde el desgarro, pero lo esencial es la credibilidad: transformar los sentimientos en interpretaciones profundas que conmuevan desde la primera nota.

Cuando hablamos de soul, resulta inevitable comenzar por su reina indiscutible, Aretha Franklin. Cantante, pianista y activista, deslumbró al mundo en 1961, con solo dieciocho años, al alcanzar el número siete de las listas de rhythm and blues con Won’t Be Long. En esta canción, un himno al poder del amor, la esperanza y la fidelidad, la protagonista aguarda con anhelo el regreso de su chico y ruega al maquinista del tren 503 que no retrase la llegada. Sin él —dice— la vida pierde todo sentido.

Aretha Franklin – Aretha (1961): «Won’t Be Long». Wikipedia.org

Otra gran dama del soul es Dionne Warwick, sobrina de Cissy Houston —madre de Whitney— y musa del mítico tándem formado por Burt Bacharach y Hal David. Entre 1963 y 1971 logró colarse treinta y tres veces en las listas de éxitos estadounidenses, un hito al alcance de muy pocas personas. Entre esas canciones figura Trains and Boats and Planes, inspirada en la historia personal del propio Bacharach y la actriz Angie Dickinson durante sus primeros años de matrimonio. Sus constantes viajes separados convertían trenes, barcos y aviones en responsables de la distancia, pero también en vehículos de esperanza para el reencuentro.

Dionne Warwick – Here Where There Is Love (1966): «Trains and Boats and Planes». Wikipedia.org

Diana Ross, leyenda del soul por derecho propio, también forma parte de esta constelación. Con The Supremes consiguió doce números uno, a los que sumó seis más en su carrera en solitario. Dotada de una voz de soprano y una imagen glamourosa que definió la estética Motown, ha vendido más de cien millones de discos a lo largo de seis décadas. En 1968, junto a The Supremes, grabó How Long Has That Evening Train Been Gone, una pieza en la que una mujer se pregunta cuánto tiempo ha pasado desde que el tren nocturno se llevó al chico que representaba todos sus planes y esperanzas.

Diana Ross and The Supremes – Love Child (1968): «How Long Has That Evening Train Been Gone». Wikipedia.org

Conocida como la Emperatriz del Soul, Gladys Knight es otra de las figuras esenciales. Alcanzó uno de sus mayores éxitos junto a The Pips en 1973 con la que muchos consideran la versión definitiva de Midnight Train to Georgia. El tema, originalmente titulado Midnight Plane to Houston, fue transformado por Cissy Houston —quien lo había grabado antes— para dotarlo de un aire más próximo al rhythm and blues: cambió el avión por el tren y Houston por Georgia. La canción narra el regreso de un hombre a su tierra natal después de fracasar en su sueño de triunfar en Los Ángeles. En ese viaje nocturno lo acompaña su pareja, que renuncia a su vida estable en California para seguir juntos, porque a veces el amor pesa más que cualquier ambición.

Gladys Knight & The Pips – Imagination (1973): «Night Train to Georgia». Wikipedia.org

El soul y el ferrocarril conforman, uno de los binomios más potentes e icónicos de la historia de la música popular. No es extraño que tantas composiciones recurran al tren como símbolo de tránsito, despedida y renacimiento. Canciones que abarcan una paleta emocional amplísima —amor y esperanza, pérdida y reencuentro, dolor y anhelo— y exigen intérpretes con una enorme capacidad vocal, capaces de transmitir toda la intensidad llevan dentro.

Rock instrumental ferroviario: esencia e influencia

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En los albores del rock, tres bandas instrumentales de sonido cristalino y enorme influencia posterior, que respondían a los nombres de The Ventures, The Shadows y The Spotniks, representaron la esencia del estilo recién nacido. Integradas por dos guitarras (solista y rítmica), un bajo eléctrico y una batería, entre 1960 y 1965 coparon las listas de éxitos con composiciones propias o versiones de temas ajenos, en las que el ferrocarril también tuvo su cuota de protagonismo.  

Hegemónicos en Norteamérica y Japón, los americanos The Ventures son los más exitosos, si nos atenemos al número de discos vendidos. En «Night Train”, tema incluido en su disco “Walk Don’t Run” de 1960, y buen ejemplo de su sonido y saber hacer, la guitarra solista superpone sus «riffs» (su frases musicales), sobre la base rítmica que simula el movimiento del tren.

Por su parte, los Shadows fueron los grandes triunfadores en Europa, bien por sí mismos o como banda de acompañamiento de Cliff Richard. Su interés por el ferrocarril quedó patente en el nombre de la banda de Newcastle, The Railroaders (Los Ferroviarios), donde militaron sus guitarristas Hank Marvin y Chris Welch entre 1956 y 1957. Lograron un gran éxito con la versión de “Chattanooga Choo Choo”, una canción que versa sobre un viaje desde Nueva York hasta la ciudad de Chattanooga en el Estado de Tennesse.

El éxito de los suecos Spotniks fue más comedido. Con todo, lograron entrar en las listas con varias composiciones, entre las que destaca “Orange Blossom Special”, tema que toma su nombre del lujoso “Tren Especial de los Naranjos en Flor”, que circuló desde Nueva York a Miami durante los inviernos comprendidos entre 1921 y 1953.

Tuvieron que pasar más de 20 años para que una composición instrumental interpretada con guitarra, bajo y batería volviera a las listas de éxitos, lo cual ocurrió en 1987 con el disco “Surfing with the Alien”, del guitarrista de rock duro estadounidense y maestro de maestros Joe Satriani. En 1998 lanzó “Crystal Planet”, disco nominado al Grammy al mejor disco de rock instrumental, que incluye “Train of Angels”, una composición paradigmática de un artista que no se ha dejado cegar por el virtuosismo y sigue componiendo melodías capaces de encandilar al gran público.

El lado opuesto al sonido cristalino de todos los artistas anteriores lo representa la banda vanguardista californiana Primus. Su “Hamburger Train” (El tren de la hamburguesa), extraído de su oscuro y pesimista disco de 1993 “Pork Soda”, es un ejemplo de funk metal, en el que el protagonismo del bajo desplaza a una agonizante guitarra eléctrica y la angustia a la alegría de vivir de las composiciones precedentes.  

Independientemente de la década que elijamos, el formato guitarra, bajo y batería, quintaesencia  del rock, sigue encontrando en el tren un símbolo del movimiento, el ritmo, la alegría o angustia de vivir.

El ferrocarril subterráneo

Colson Whitehead. El ferrocarril subterráneo. elcorteinglés.es

Durante el siglo XIX, una red clandestina de caminos y refugios secretos ayudó a huir a unos 100.000 esclavos de las plantaciones del sur de los Estados Unidos. Con la colaboración de abolicionistas blancos que actuaban al margen de la ley y ponían en riesgo sus propias vidas, este entramado recibió el nombre de ferrocarril subterráneo. Su funcionamiento se apoyaba en una terminología ferroviaria: los revisores y maquinistas eran quienes guiaban o auxiliaban a los fugitivos; las estaciones, los lugares seguros donde podían ocultarse durante el día; los pasajeros, los propios esclavos; los carriles, las rutas de escape; y el destino, los estados del Norte o Canadá. El ferrocarril subterráneo operó hasta el estallido de la Guerra de Secesión (1861–1865) y es considerado el primer gran movimiento organizado contra la esclavitud y en defensa de los derechos humanos en Estados Unidos.

Partiendo de este dramático episodio histórico, Colson Whitehead escribió El ferrocarril subterráneo, novela con la que obtuvo el National Book Award en 2016 y el Premio Pulitzer en 2017, un doble reconocimiento reservado a unos pocos autores, como William Faulkner o John Updike, y que además cosechó un notable éxito de crítica y público. En esta obra, Whitehead rinde homenaje a sus ancestros y reafirma su interés por el ferrocarril, ya presente en John Henry Days, (2002), novela inspirada en el legendario obrero negro que perdió la vida compitiendo contra la máquina destinada a sustituirlo en la construcción de una vía férrea.

Aunque la expresión ferrocarril subterráneo nació como una metáfora, Whitehead la transforma en una realidad tangible. De este modo, el lector recorre sus túneles de la mano de Cora, una joven nacida en una plantación de algodón de Georgia, nieta de Ajarry —capturada en África— e hija de Mabel, que logró escapar respetando los dos principios básicos de toda huida: una noche sin luna y el seguimiento de la estrella Polar. Cora no es una heroína clásica: tiene miedo, duda, se equivoca y sobrevive más por resistencia que por épica. Esta caracterización refuerza la idea de que, en un sistema deshumanizador, la mera supervivencia ya constituye un acto de heroísmo. Su lucha no consiste solo en huir, sino en afirmar su dignidad como persona.

El contrapunto lo encarna Arnold Ridgeway, un implacable cazador de esclavos que la persigue con saña por no haber logrado capturar a su madre. Ridgeway representa la ideología del destino manifiesto, la creencia en el progreso blanco como ley natural y la violencia entendida como orden moral. No es únicamente un villano individual, sino la personificación de un sistema que persigue, captura y legitima la esclavitud.

Novela de gran carga moral, que desmitifica la supuesta sumisión de los cuatro millones de norteamericanos esclavizados, en la cual las dantescas atrocidades no son inventadas por el autor, sino fiel reflejo de la realidad, por lo que es tanto una bajada a los infiernos de la condición humana, como una reivindicación de la fuerza interior para cambiar el destino, por muy trágico que sea este. Su adaptación televisiva, en once episodios, ha sido realizada por el director de la multioscarizada Moonlight, Barry Jenkins.

DATOS BIBLIOGRÁFICOS

  • Autor: Colson Whitehead
  • Título: El ferrocarril subterráneo
  • Editorial: Literatura Random House
  • Año de publicación: 2016
  • Páginas: 320