
Considerado uno de los artistas más influyentes del arte contemporáneo, el atormentado e hipersensible Vincent Willen Van Gogh (Holanda, 1853 – Francia, 1890), es también uno de los más admirados por el gran público. Su pintura, emocionalmente expresiva, en la que se intuye su necesidad perentoria de pintar, tuvo en las infraestructuras ferroviarias y en los humeantes trenes de vapor en movimiento, símbolo de progreso y fugacidad del tiempo, un motivo recurrente.
Su obra estuvo muy marcada por los lugares en los que vivió. Después de trabajar como comerciante de arte, estudiar teología, ser misionero en una mina belga y haber estudiado en la Academia de Bellas Artes de Bruselas, en 1881 se instala en La Haya, donde dibuja con tinta y lápiz una pormenorizada vista de su estación en un día invernal.

Entre 1883 y 1885 reside en Neuen (Holanda) y Amberes (Bélgica). Alentado por su hermano Theo, marchante de arte y gran apoyo a lo largo de toda su vida, comienza su carrera artística con sus predecesores holandeses como referencia. La paleta es apagada y poco variada, tal como se puede observar en La vieja estación de Eindhoven, un cuadro en el cual importa más la impresión del invierno que los detalles y en el que se adivina una pasión que le acompañará toda vida: el plenairismo o pintar al aire libre.

Desde 1886 a 1888 se instala en París y entra en contacto con los impresionistas. No comparte todos sus postulados, pero su pincelada se vuelve más corta y su paleta más luminosa. Un buen ejemplo de esta etapa es Puentes sobre el Sena en Asnières, en el que un tren de vapor corona una obra bañada por la bella luz de un atardecer estival en la que el agua es una explosión de reflejos.

Atraído por la cálida luz meridional y el color del Mediterráneo, en 1888 deja París y se va a vivir a la Provenza. Es su etapa postimpresionista, las más prolífica y conocida de su carrera. Representa la vida cotidiana con colores mucho más intensos que la realidad, algo apreciable en Viaducto de Arlés, en el cual, en otro soleado atardecer, observamos un parque que había cerca de su casa, con plátanos de sombra en primer plano y un tren al fondo.

Otro ejemplo de la intensidad cromática lo encontramos en Vagones de ferrocarril, cuadro en el que utiliza la realidad para plasmar su imaginación no para reproducirla. El deslumbramiento producido por la luz de la Provenza unido a su temperamento exaltado y a los conocimientos que los impresionistas le habían enseñado sobre los colores básicos y sus complementarios, dio como resultado una obra en la que destacan el verde esmeralda del cielo y el tono rojizo de los vagones.

Los puentes, una construcción arquitectónica presente en numerosas de sus obras, siguieron reclamando su atención en la Provenza, como se evidencia en Puente de ferrocarril sobre la Avenida Montmajou, un cuadro de luz otoñal y gran profundidad, gracias a sus marcadas diagonales que guían la mirada en diferentes direcciones.

Su frenética actividad le provocará tal fatiga mental que, unida a la sífilis y al consumo de absenta, le harán ingresar voluntariamente en un hospital psiquiátrico durante casi un año. A su salida y de acuerdo con su hermano Theo se establece en Auvers-sur-Oise, al norte de París. De esta última etapa procede Paisaje con carro y tren, que representa una vuelta a la luz septentrional. En una perspectiva panorámica con disposición en horizontal, vemos los cultivos en vertical, lo cual proporciona sensación de gran profundidad, con la carreta y el tren como puntos de referencia. A los colores fríos como los verdes, azules y grises, contrapone el color rojo de las casas y la carreta.

Van Gogh –Loving Vincent para alguno de sus allegados y El Loco del pelo rojo para sus vecinos de la Provenza-, fue un pintor en constante evolución, que interiorizó las enseñanzas de sus predecesores holandeses y las de los impresionistas franceses. Ha pasado a la historia como el postimpresionista de referencia y precursor del expresionismo y del fauvismo. Se suicidó a los 37 años tras legarnos 900 cuadros y 1.600 dibujos. Y aunque a la hora de pensar en su obra, seguramente lo primero que se nos viene a la cabeza son girasoles, noches estrelladas y campos de trigo, el ferrocarril fue una constante a lo largo de todas sus etapas.
































