Dark of the Sun (Último tren a Katanga)

Dark of the Sun. Jack Cardiff, 1968. Filmaffinity.com

Tras décadas de cruento y brutal colonialismo, Bélgica concedió la independencia a la República Democrática del Congo en 1960. Sin embargo, pocos días después dos de sus regiones más ricas, Kasai del Sur y Katanga, se sublevaron contra el gobierno central, iniciando la llamada Crisis del Congo. Dicha Crisis, que provocó  la muerte de unas 100.000 personas, fue el marco elegido por el director Jack Cardiff para rodar Último tren a Katanga (Dark of the Sun), una película de violencia extrema para la época, basada en la novela El lado oscuro del Sol de Wilbur Smith.

Último tren a Katanga es un viaje al corazón de las tinieblas, en el que un grupo de militares privados, en una misión de vida o muerte, dispone de tres días para rescatar a 300 civiles atrapados en Port Reprieve, una zona controlada por la tribu Simba, y recuperar unos diamantes de una mina belga valorados en 50 millones de dólares, los cuales resultan indispensables para que el gobierno congoleño consiga ayuda internacional. Para esta misión, que es tanto la última esperanza para el gobierno como para los civiles atrapados, el presidente del Congo recurre al capitán Curry (Rod Taylor), un mercenario violento, cínico y con un peculiar sentido del honor. En su viaje en un tren de los Chemins de Fer du Congo, le acompaña su mano derecha, el sargento Ruffo (Jim Brown), un congoleño educado en Estados Unidos, que lucha por la libertad de su país y su lugar en el mundo; además de un médico y un grupo de 40 soldados de fortuna dirigidos por un antiguo oficial nazi.

Durante las 300 millas que el tren debe recorrer hasta Port Reprieve, la película muestra el polvorín en el que se había convertido la República Democrática del Congo tras su independencia. En el corazón de África convergían una guerra de secesión, luchas anticoloniales, enfrentamientos tribales, la intervención de las Naciones Unidas y las tensiones de la Guerra Fría entre Estados Unidos y la Unión Soviética. Esta compleja realidad geopolítica queda patente en un comentario del capitán Curry tras el asesinato del médico de la expedición: “El rifle es chino, pagado con rublos rusos. El acero con el que se ha fabricado es de la Alemania del Este y se compró con francos franceses. Ha viajado hasta aquí en una línea aérea sudafricana subvencionada por una empresa estadounidense”.

Rodada en Jamaica, en la línea férrea que une Frankfield con Albany, Último tren a Katanga es una película de culto que goza de la admiración de personalidades tan relevantes como Arturo Pérez Reverte, quien la incluye entre las 10 mejores películas de la historia, o Martin Scorsese, que la considera un placer culpable. Por su parte, Quentin Tarantino la homenajeó explícitamente en Malditos bastados (Inglourious Basterds), al otorgar el papel de Winston Churchill a Rod Taylor o utilizar parte de su banda sonora. Desde una perspectiva actual, el film se revela como una obra premonitoria, porque en 1968 reclamaba ya la atención sobre la situación de un país en el que, tras su independencia, se han sucedido varias guerras que han cobrado la vida de millones de personas

FICHA TÉCNICA:

  • Título: Dark of the Sun (Último tren a Katanga)
  • Director: Jack Cardiff
  • Guion: Ranald MacDougall, Adrian Spies
  • Música: Jacques Loussier
  • Fotografía: Edward Scaife
  • Reparto: Rod Taylor, Jim Brown, Yvette Mimieux, Peter Carsen, Andrè Morell, Olivier Despax, Bloke Modisane, Kenneth More
  • País: Reino Unido y Estados Unidos
  • Año: 1968
  • Duración: 100 minutos
  • Género: Bélico

El legado ferroviario de Cat Stevens

Cat Stevens, 1971. Wikipedia.com

Con sus composiciones introspectivas sobre el amor y la espiritualidad, la paz y la búsqueda de un mundo más justo, Cat Stevens, el esteta de la sensibilidad, ha cautivado a millones de personas en todo el mundo. Nacido como Steven Demetre Georgiou, comenzó su carrera artística como Steven Adams, pero una novia le dijo que tenía ojos de gato, lo que le indujo a adoptar el nombre con el finalmente que se haría famoso.  

Su carrera se puede dividir en tres etapas. La primera comprende desde sus inicios adolescentes hasta 1970 y está jalonada por dos hitos, su álbum de debut y una enfermedad. El primer hito tiene lugar en 1967, año en el que edita su exitoso primer disco Matthew and Son. La composición más destacada es la canción de pop-rock, con arreglos de cuerda y metal, que da título al disco. Está inspirada en una novia que tenía que soportar una gran carga de trabajo en su empresa y es una crítica a la explotación laboral, en este caso representada por una persona cuya jornada comienza a primera hora de la mañana esperando un tren en el andén. El segundo hito ocurre a principios de 1968, momento en el que contrae una tuberculosis, la cual le mantiene alejado de la música durante todo el año, acentúa su espiritualidad y le impulsa a dar un giro a su carrera.

Matthew and Son (1967): «Matthew and Son». Discogs.com

Con la publicación del disco Mona Bone Jakon comienza su segunda etapa, que abarca hasta finales de 1977. Es la más brillante, la que le consagra como uno de los cantautores más destacados de la décadaosde 1970. El cambio es radical, tanto en el diseño gráfico de las portadas de los discos, como en el carácter intimista y personal de las composiciones, así como en la preciosista y liviana producción de Paul Samwell-Smith.

Asentado su nuevo sonido, edita también el disco Tea for the Tillerman, cuyo primer corte es Where Do the Children Play?, una crítica a la tecnología y al progreso sin freno, representada por aviones gigantes, trenes cósmicos, camiones con consumos desorbitados o rascacielos cada vez más altos que destruyen la naturaleza. Todo lo cual le lleva a poner en duda estos avances y preguntar ¿dónde juegan los niños?

Tea for the Tillerman (1970): «Where Do the Children Play». Discogs.com

Al rotundo éxito de Tea for the Tillerman, le sucede el no menos exitoso Teaser and the Firecat, que incluye el celebérrimo Peace Train, escrito durante un viaje en tren mientras evocaba los que veía en las películas de Alfred Hitchcock. Se trata de un himno pacifista en plena Guerra de Vietnam, que es toda una invitación a subirse al tren de la paz al objeto de estimular un sentimiento de unión.

Teaser and the Firecat (1971): «Peace Train». Discogs.com

El 23 de diciembre de 1977, Cat Stevens se convierte al Islam y adopta el nombre de Yusuf Islam, hecho que marca el inicio de su tercera etapa, la cual llega hasta el presente. En esta fase protagoniza una intensa polémica por sus controvertidas palabras sobre Salman Rusdhie, tras la publicación de la novela Los versos satánicos; edita discos infantiles y religiosos, así como  trabajos más orientados al rock; y su nombre es incluido en el Salón de la Fama del Rock & Roll. En 2023, publica King of a Land, un álbum muy meditado y de fuerte contenido social, en el que colabora de nuevo con Paul Samwell-Smith y retoma las portadas coloristas de corte infantil. Como en discos precedentes, el primer tema es de inspiración ferroviaria. Lleva por título Train on a Hill y versa sobre un tren encadenado e inmóvil que simboliza la injusticia en el mundo.

King of a Land (2023): «Train on a Hill». Discogs.com

Dentro de un repertorio plagado de canciones  atemporales y llenas de significado, algunas de las cuales han sido grandes éxitos en las voces de artistas tan diversos como Sheryl Crow, Rod Stewart o The Tremeloes, Cat Stevens se ha valido del ferrocarril para abordar asuntos como los abusos laborales, la ecología, la búsqueda de la paz o la lucha contra las injusticias.

La asombrosa tienda de la señora Yeom

La asombrosa tienda de la señora Yeom. Kim Ho-yeon. txalaparta.eus

Tras un error en el quirófano que le cuesta la vida a un paciente, la vida de un exitoso cirujano plástico se derrumba. Cae en el alcoholismo y lo pierde todo: familia, identidad, memoria, y acaba convertido en uno de los numerosos indigentes que moran en la Estación Central de Seúl. Sin embargo, su existencia da un vuelco tras recuperar, en dicha terminal, una cartera robada a la señora Yeom, una profesora de historia jubilada y propietaria de la tienda de 24 horas Always, a la que la demencia está llamando a su puerta.

La devolución de la cartera marca un punto de inflexión en la vida del indigente, de nombre Dokgo, porque en agradecimiento la señora Yeom le ofrece comer gratis en su establecimiento cuantas veces quiera. Además, como gracias a su dilatada experiencia en el trato con el alumnado la señora Yeom percibe en Dokgo inteligencia, sensatez y empatía, acaba ofreciéndole el turno de noche.

Con el tiempo la tienda de conveniencia Always deviene en un lugar en el que Dokgo, cuyo nombre significa soledad o vida solitaria, interactúa con sus compañeros y clientes que, en algunos casos, también buscan su lugar en el mundo. Esto propicia la recuperación de su autoestima y las ganas de vivir. Además, una tienda de conveniencia poco conveniente, por su escasa variedad de productos y descuentos, acaba convirtiéndose en un establecimiento mucho más atractivo.

El escritor Kim Ho-yeon (Seúl, 1974), novelista, dramaturgo y escritor de cómics, nos proporciona una novela en la que nos relata cómo un acto caritativo puede cambiar una vida. Toda una apuesta por valores como la bondad, la solidaridad y las segundas oportunidades, en un país extremadamente competitivo y con uno de los índices de suicidios más altos del mundo, que progresa a gran velocidad, pero que, obviamente, no siempre es capaz de integrar a todas las personas que, por diferentes razones, han sufrido importantes reveses. De hecho, los indigentes de la Estación Central de Seúl, que pueden ser entendidos como el reverso de una sociedad exitosa, juegan también un papel muy relevante, en su condición de zombis, en la película de animación de terror Seoul Station, precuela de Train to Busan del director Yeon Sang-ho.

La asombrosa tienda de la señora Yeom ha sido traducida a más de veinte idiomas y superado el millón de ejemplares vendidos en su país de origen. Se inscribe dentro de la llamada healing fiction (ficción sanadora) coreana, caracterizada por ofrecer lecturas que actúan como refugios emocionales, en los que predomina la ternura, la delicadeza y los conflictos se resuelven con empatía y comprensión. Una historia esperanzadora y reconfortante que comienza con la señora Yeom viajando en un KTX (Korean Train eXpress) de Seúl a Busan, y concluye con Dokgo en otro tren rumbo a Daegu, en el que mientras cruza el puente sobre el río Han, concluye que los puentes están hechos para atravesarlos, no para saltar desde ellos.

DATOS BIBLIOGRÁFICOS

  • Autor: Kim Ho-yeon
  • Título: La asombrosa tienda de la señora Yeom
  • Editorial: Duomo Ediciones
  • Año de publicación: 2023
  • Páginas: 256

kobo.com

Train to Busan

Train to Busan. Yeon Sang-ho, 2016. sensacine.com

El estreno mundial de la hipnótica Train to Busan en el Festival de Cannes de 2016 supuso un soplo de aire fresco para el subgénero de las películas de zombis. Una de sus singularidades radica en que la mayoría de la acción transcurre a bordo de un tren bala del Korea Railroad (Korail), que cubre el trayecto entre Seúl y Busan.

Todo comienza con la fuga de un virus en la empresa YS Biotech que tiene efectos devastadores tanto en animales como en personas, a las cuales convierte en zombis extremadamente violentos, agresivos y ruidosos. Además de hacer que propaguen su condición a mordiscos y se muevan con gran rapidez a la luz del día. Una de las personas infectadas es una joven que accede al Korea Train eXpress (KTX) 101 en la estación de Seúl y provoca el contagio de una parte considerable del pasaje.

El protagonismo recae en Seok-Woo (Goon You), un arrogante gestor de fondos de inversión, cínico y adicto al trabajo, inmerso en un tenso divorcio y con poca conexión y empatía con su hija pequeña, a la que debe acompañar desde Seúl hasta Busan para entregársela a su exmujer.  Y lo que prometía ser un tranquilo viaje a lo largo de 453 km, se convierte en una lucha sin cuartel por la supervivencia en un convoy que no puede detenerse hasta destino, debido a que, como consecuencia de los violentos disturbios provocados por los zombis, se ha declarado el estado de emergencia.

En esta tesitura, el KTX 101 -un tren bala basado en el TGV francés-, se convierte en un microcosmos, muy en la línea del tren de Snowpiercer (Rompenieves), otro filme surcoreano distópico, que le permite al director Yeon Sang-ho realizar una reflexión sobre la condición humana en situaciones extremas. Así, vemos cómo personas normales y corrientes sacan a relucir lo mejor y lo peor de sí mismas, desde el altruismo más generoso al egoísmo más cerril. Todo tiene cabida a la hora de salvaguardar o destruir la integridad física propia o ajena, según sea el caso: heroísmo y egoísmo, solidaridad y mezquindad.

Train to Busan es una película de ritmo trepidante, que combina el drama familiar y social con la angustia del cine de terror y la espectacularidad de los filmes de catástrofes. Logró atraer a más de 11 millones de surcoreanos al cine y puede entenderse también como una crítica al capitalismo que se devora a sí mismo, porque tanto Seok-Woo como su ayudante son dos accionistas de YS Biotech, y, al igual que el resto de los inversores, deciden vender sus acciones cuando las primeras fugas ya se han producido y una potencial catástrofe está en ciernes.

FICHA TÉCNICA:

  • Título: Train to Busan
  • Director: Yeon Sang-ho   
  • Guion: Yeon Sang-ho, Park Joo-suk
  • Música: Young-gyu Jang
  • Fotografía: Lee Hyung-deok
  • Reparto: Gong Yoo, Ma Dong-seok, Ahn So-hee, Kim Soo-an, Jung Yu-mi, Kim Eui-sung, Choi Woo-sik, Shim Eun-kyung
  • País: Corea del Sur     
  • Año: 2016
  • Duración: 118 minutos  
  • Género: Drama, terror

La mirada ferroviaria de Alfred Sisley

Station at Sèvres, 1879. Wikiart.org

En pleno corazón de París, el 15 de abril de 1874, la Sociedad Anónima de Artistas, Pintores, Escultores, Grabadores, etc., organizó la primera exposición de los impresionistas, artistas más preocupados por la percepción subjetiva que por la sensación de realismo. En aquel entonces eran vistos como parias; sin embargo, transformaron el insulto que les identificaba en el movimiento más admirado y famoso de la historia del arte. La exposición contó con la participación, entre otros, de Cézanne, Degas, Monet, Morisot, Pissarro, Renoir o Sisley. Todos ellos habían sido rechazados, en algún momento, por el jurado del Salón de París, controlado por la Academia de Bellas Artes Francesa, la cual miraba al pasado y se ceñía a una pintura histórica o religiosa.

Railroad Embankment at Sèvres, 1879. Wikiart.org

Alfred Sisley (París, 1839 – Moret-sur-Loing, 1899), encontró en los paisajes y la luz natural sus mayores fuentes de inspiración. Esta pasión le llevó a recluirse en pequeñas localidades e incluso vivir en la más absoluta de las miserias para dedicarse por completo a la pintura. Provenía de una familia rica de comerciantes británica que con 18 años le envía a estudiar comercio a Londres. Sin embargo, en Inglaterra descubre las obras de Constable y Turner, y el arte se convierte en su razón de ser. A su regreso a Francia, declina continuar la actividad familiar y comienza a relacionarse con los impresionistas, así como a pintar al aire libre, para capturar la naturaleza y la vida cotidiana.

The Station at Sèvres, 1879. Wikiart.org

Como consecuencia de la Guerra Franco-Prusiana, en 1871 su familia se arruina y deja de pasarle la pensión que le permitía vivir desahogadamente. La penuria económica, así como el precio de los alquileres le llevan a instalarse en Sèvres en 1877, donde pinta su estación y alrededores desde varias perspectivas, lo que le permite plasmar mejor las variaciones de la atmósfera, el cielo, los colores, la luz o las sombras proyectadas.

Footbridge over the Railroad at Sèvres, 1879. Wikiart.org

Ante la escasa repercusión obtenida por sus cuadros en las tres primeras exposiciones impresionistas, en 1880 se retira a Moret-sur-Loing, una localidad con los alquileres todavía más económicos. Allí  permanecerá hasta el final de sus días. Está en su madurez y su paleta evoluciona hacia tonalidades más claras, algo observable en La gare de marchandises, una obra en la que, como suele ser habitual en su pintura, el cielo -con nubes en continuo movimiento- ocupa más de la mitad de la composición.

La gare de marchandises, 1880. Christies.com

Sus obras son una declaración de amor a la naturaleza, entendida esta como esencia de la vida, en las que la presencia humana es casi testimonial. Transmiten sosiego y tranquilidad gracias a su carácter intimista y poético, como es el caso de Approach to the Railway Station, en el que la nieve, uno de sus elementos favoritos junto con los puentes y las avenidas con árboles, acapara protagonismo.

La gare de Moret-sur-Loing sous la niege, 1888. Mutualart.com  

De personalidad discreta, retraído y tranquilo, a Sisley no le gustaba destacar por otra cosa que no fuera su arte. Dejó cerca de un millar de óleos y un centenar de pinturas al pastel. Junto con Monet ha pasado a la historia como uno de los pintores impresionistas más ortodoxos y puros. Y aunque en sus paisajes se detecta una cierta nostalgia por el mundo previo a la industrialización, el ferrocarril —símbolo del progreso moderno y transformación del paisaje— también encontró un lugar destacado en sus cuadros, integrándose con sensibilidad en sus escenas naturales y reflejando la compleja relación entre naturaleza y avance tecnológico.

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El legado ferroviario de Elton John

Para conmemorar las bodas de oro del disco Tumbleweed Connection, el Bluebell Railway anunció que había restaurado Sheffield Park, la estación victoriana construida en 1882 por el London Brighton and South Coast Railway, en Sussex, a unos 50 km de Londres. En esta estación, el fotógrafo Ian Digby Ovens capturó, en una imagen de tonos sepia, al letrista Bernie Taupin, de pie a la izquierda, y a Elton John, sentado a la derecha, en lo que sería la contraportada y portada, respectivamente, de un álbum inspirado en lo que estilísticamente se define como “Americana”, una amalgama de country, blues, rhythm and blues, góspel y rock and roll, que siempre ha atraído a ambos músicos.

Tumbleweed Connection (1970). weareclassicsrockers.com

Se suele afirmar que la época clásica de Elton John es la comprendida entre 1970 y 1976, en la que publica la asombrosa cantidad de 10 discos de estudio, de los cuales 6 alcanzan el número 1 en EE. UU. A dicha época corresponde Goodbye Yellow Brick Road, trabajo que toma su título del camino que Dorothy y sus amigos recorren en la película El mago de Oz para alcanzar la Ciudad Esmeralda. Con este álbum pretende llegar a todos los públicos y a buena fe que lo consigue gracias a su calidad y variedad estilística. Un buen ejemplo es Saturday Night’s Alright (For Fighting) un rock and roll clásico inspirado en las vigoréxicas peleas a puñetazos que Bernie Taupin veía siendo adolescente en un pub local de Market Rasen, en la que tanta energía tiene su traslación en el tren diésel que transita por el estribillo.

Saturday Night’s Alright (For Fighting) (1973): «Goodbye Yellow Brick Road». Discogs.com

Si Goodbye Yellow Brick Road representa el éxito comercial, Captain Fantastic and the Dirty Brown Cowboy, en el que el cantante, compositor y pianista es el «captain« y el letrista el «cowboy«, supone la cumbre de su colaboración artística. Con una carátula que es un homenaje al cuadro El Jardín de las delicias de El Bosco, se trata de un disco autobiográfico en el que Elton John le declara su amor a su pequeño hermano del alma, Bernie Taupin, en We All Fall in Love Sometimes. Una canción en la cual la lluvia cae monótonamente sobre los adormilados trenes de metro, lo cual sugiere cansancio y rutina, pero el mensaje que subyace es que amar merece la pena, porque todos nos enamoramos alguna vez.

Captain Fantastic and the Dirty Brown Cowboy (1975): «We All Fall in Love Sometimes». Discogs.com

Superada la etapa clásica, Elton John, con frecuencia apoyado por Bernie Taupin, sigue publicando discos con periodicidad casi anual. Si bien en la década de 1970 es un artista de álbumes, en la década de 1980 destaca más por sus grandes singles, como Passengers, composición que aborda la situación de las personas marginadas o rechazadas, a quienes se les niega la oportunidad de subir al tren de la vida. Y dado que la canción esta basada en una melodía folclórica sudafricana, puede interpretarse también como una crítica al apartheid.

Breaking Hearts (1984): «Passengers» Discogs.com

En la década de 1990, mantiene su ritmo constante de publicación, aunque con una frecuencia más relajada. Uno de los discos más destacados es The One, cuyo diseño de portada corresponde a Gianni Versace. Entre sus canciones incluye Runaway Train, interpretada junto a Eric Clapton. El tren sin control al que alude el título es el reflejo de la vida de dos artistas que en algunos momentos estuvieron dominados por sus adicciones al alcohol y las drogas.  

The One (1992): «Runaway Train». Discogs.com

El nuevo siglo parece revitalizarlo y publica toda una serie de grandes discos, como el excelente Songs from The West Coast, que le hace merecedor de excelentes críticas y ventas. En él destacan composiciones como This Train Don’t Stop There Anymore, sobre un artista desilusionado que, habiendo sido como la caldera de una locomotora de vapor, todo pasión, reconoce ahora que es incapaz de sentir lo que expresó en sus canciones. 

Songs from the West Coast (2001): «This Train Don’t Stop There Anymore». Discogs.com

Reginald Kenneth Dwight, conocido artísticamente como Elton John, en honor al saxofonista Elton Dean y al vocalista Long John Baldry, y el letrista Bernie Taupin han salpicado de referencias ferroviarias unas veinte composiciones, lo que da idea de la importancia del ferrocarril para una de las parejas artísticas más exitosas de la historia de la música. Algo que también queda patente en algunas carátulas de sus discos, como es el caso del mencionado Tumbleweed Connection o del Peachtree Road, trabajo ilustrado con una fotografía tomada por la directora de cine Sam Taylor-Wood de una vía en los suburbios de Atlanta.

Peachtree Road (2004). wikipedia.org

The Navigators (La cuadrilla)

The Navigators. Ken Loach, 2001. FilmAffinity.com

La compañía estatal British Rail administró la red ferroviaria del Reino Unido desde 1948 hasta 1997. Fue privatizada durante el mandato del primer ministro conservador John Major, entre 1994 y 1997. A partir de dicho momento, la responsabilidad de la infraestructura ferroviaria fue transferida a Railtrack. Dicha privatización impulsó a Ken Loach a rodar una película, cuya acción se desarrolla en South Yorkshire en 1995, titulada The Navigators, literalmente los ferroviarios, que en España se estrenó como  “La cuadrilla”.

La cuadrilla a la que alude el título en castellano la integran cinco ferroviarios de British Rail cuyo cometido es el mantenimiento de la infraestructura. Un día son informados que, como consecuencia de la privatización de su empresa, deben aceptar el despido, con la indemnización correspondiente, o trabajar para Eats Middlands Infraestructure, compitiendo con otras compañías por contratos de Railtrack, que gestiona un total de 18.500 kilómetros de vía.

Aunque la nueva etapa parece comenzar con unos atractivos valores culturales, en los que se prioriza al cliente, la calidad, la eficiencia y la mejora continua, a las pocas semanas todo se revela una pantomima y, de hecho, la empresa pasa a llamarse Gilchrist Engineering. En esta tesitura, algunos miembros de la cuadrilla comenzarán su peregrinaje por las empresas de trabajo temporal, donde les ofrecerán unas condiciones laborales y de seguridad más precarias, retribución según trabajo realizado o vacaciones no pagadas. Inevitablemente, la inseguridad, la incertidumbre y la angustia de no llegar a final de mes se harán presentes en sus vidas.

Ken Loach es un cineasta cuyas películas se caracterizan por su marcado compromiso con las clases más desfavorecidas y en muchas ocasiones son un aldabonazo contra las injusticias laborales y sociales. La película The Navigators no es una excepción, porque es una durísima crítica al desmantelamiento de una empresa estatal en favor de una empresa privada que, en general, empeoró todos los indicadores de gestión.   

Más allá de las filias y fobias que su filmografía suele generar, lo cierto es que The Navigators tuvo algo de premonición sobre el desastre al que se abocaba la administración de la infraestructura ferroviaria británica con su privatización. En 2001, se creó Network Rail, una entidad sin ánimo de lucro, con el objetivo de absorber a la insolvente Railtrack, que operó entre 1994 y 2002. Sin embargo, Network Rail fue muy criticada por su mal funcionamiento y accidentes. Acabó siendo nacionalizada en 2014 y en diez años acumuló el triple de la deuda que habría tenido British Rail.

FICHA TÉCNICA

  • Título original: The Navigators (La cuadrilla)
  • Director: Ken Loach
  • Guión: Rob Dawber
  • Música: George Fenton
  • Fotografía:  Mike Eley, Barry Ackroyd
  • Reparto: Den Andrews, Thomas Craig, Joe Duttine, Steve Huison, Venn Tracey
  • País: Reino Unido
  • Año: 2001
  • Duración: 93 minutos.
  • Género: Drama social

La mirada ferroviaria de José Miguel Palacio

Estación de Príncipe Pío, andén de Metro. 2003. vegap.es

Tras la invención de la fotografía, muchos pintores comenzaron a distanciarse de la representación fidedigna de la realidad, adentrándose en la abstracción y otras manifestaciones de gran complejidad intelectual. Sin embargo, a finales de la década de 1960, surge en Estados Unidos un grupo de artistas que opta por pintar con gran realismo objetos y escenas de la vida cotidiana, utilizando la fotografía como punto de partida.

Salida de un Avant de la Estación Madrid Puerta de Atocha. 2008. vegap.es

En España, desde 2003, José Miguel Palacio Giménez (Zaragoza, 1950) destaca como uno de los pintores fotorrealistas más prominentes, que ha encontrado en Madrid su ciudad predilecta. En sus cuadros predominan los paisajes urbanos, los aeropuertos, las calles y las estaciones ferroviarias, en especial las de Madrid Puerta de Atocha y Madrid Príncipe Pío, que le sirven de marco e inspiración para algunas de sus obras más representativas. Gracias a su definición y detallismo, nitidez y precisión, se erige como un cronista de su tiempo, un referente del presente para la posteridad, en las que podemos ver, por ejemplo, cómo evoluciona el parque ferroviario de Renfe Operadora.

Altaria entrando en la estación de Madrid Puerta de Atocha. 2008. descubrirelarte.es

Su proceso de trabajo es lento y metódico. Primero pasea por la ciudad, luego toma fotografías de aquello que le interesa. Posteriormente, dibuja en el lienzo los detalles y finalmente pinta al óleo la escena con toda su complejidad. Este enfoque meticuloso se observa claramente en cuadros como Altaria entrando en la estación Madrid Puerta de Atocha, donde el maremágnum de estructuras metálicas que soporta la catenaria y otros elementos necesarios para la circulación de los trenes está concienzudamente representado.

Trenes Alstom Serie 100. Madrid Puerta de Atocha. 2012. moovemag.com

La perfección técnica de sus obras pone a prueba nuestra percepción, hasta el extremo que lleva a preguntarnos si estamos ante cuadros o fotografías; si estamos ante un fiel reflejo de la realidad o ante una idealización de dicha realidad, porque aparece más brillante, más limpia, más luminosa y, por tanto, más bella. Con todo, tanta perfección puede generar la idea de deshumanización, la cual se ve acentuada muchas veces por la falta de personas en sus composiciones.

Tren Talgo T-350 en la estación Madrid Puerta de  Atocha. 2013. josemiguelpalacioshop.es

Aunque al hiperrealismo se le suele criticar su falta de rigor intelectual, Palacio lo presenta desde un punto de vista suave y tangible. Con él crea la ilusión de una realidad que, como consecuencia de los efectos de iluminación, sombras y reflejos, incorpora matices que pasan desapercibidos en la fotografía.

Tren Talgo T-350 en la estación Madrid Puerta de  Atocha. moovemag.com

Considerado el “pintor de Madrid”, ciudad que le fascina  tanto por su cosmopolitismo como por su casticismo, Palacio manifiesta gran interés por su desarrollo socioeconómico, cultural y por sus medios de transporte, en especial por el AVE (Alta Velocidad Española). Aspectos que presenta mediante unas imágenes neutras y estáticas, auténticos retratos compulsivos y minuciosos de lo cotidiano, que destacan por su gran dominio de la perspectiva.

The Polar Express

The Polar Express. Robert Zemeckis, 2004. FilmAffinity.com

Tras las exitosas colaboraciones en Forrest Gump y Náufrago, el director Robert Zemeckis y el actor Tom Hanks volvieron a unir sus fuerzas en The Polar Express, un largometraje realizado mediante tecnología de captura de movimiento, que transforma a los actores en personajes animados conservando gran parte de los matices de la imagen real. Basado en el libro infantil The Polar Express, escrito e ilustrado por Chris Van Allsburg, la película narra la historia de un niño de nueve años que atraviesa una crisis de fe motivada por los rumores que ponen en duda la existencia de Papá Noel. Esa incertidumbre le impulsa a emprender un viaje extraordinario a bordo del mágico Polar Express, para descubrir la verdad por sí mismo.

En su papel de interventor y guía del viaje, Tom Hanks recoge a los niños que participarán en este trayecto de ida y vuelta que el Polar Express realiza en Nochebuena. El recorrido se convierte en una sucesión de aventuras y situaciones fantásticas; en una auténtica montaña rusa emocional que funciona, al mismo tiempo, como un viaje de iniciación y autodescubrimiento, con una clara dimensión espiritual. Esta idea queda bien resumida en las palabras del propio Hanks: «Los trenes son maravillosos. Es importante saber a dónde van, pero lo más importante es decidirse a subir a ellos», una metáfora que trasciende el relato para aludir a las decisiones vitales y a la apertura a lo desconocido.

Sería simplista afirmar que la película está dirigida únicamente a niños preadolescentes que comienzan a dejar de creer en Papá Noel y en el espíritu navideño, o que trata exclusivamente sobre la pérdida de la inocencia infantil y la aparición de la duda. En realidad, The Polar Express va mucho más allá: es, esencialmente, una reflexión sobre el acto de creer. Así, a lo largo del metraje se suceden referencias al escepticismo de los incrédulos, a la idea de que las cosas más reales son, en ocasiones, las que no pueden verse, y a la necesidad de creer sin pruebas visibles.

Mención especial merece el riguroso tratamiento de los aspectos ferroviarios, supervisados por el Steam Railroading Institute. Destaca, en primer lugar, la fiel reproducción de la locomotora Pere Marquette 1255, que estuvo en funcionamiento durante las décadas de 1940 y 1950 y que actualmente realiza recorridos turísticos en la región de los Grandes Lagos. En segundo lugar, resulta notable el uso de una placa giratoria para reencaminar un vagón que se había desenganchado de la composición del Polar Express, así como la utilización de una dresina para reincorporarlo al tren. Finalmente, llama la atención la inclusión de una suerte de sistema similar al Hyperloop, concebido nueve años antes de su presentación pública por Elon Musk, que los protagonistas utilizan durante un vertiginoso trayecto dentro del Círculo Polar Ártico.

The Polar Express está considerada una de las películas navideñas más exitosas y emblemáticas de todos los tiempos. En 2005 obtuvo, entre otros reconocimientos, el premio BAFTA a la mejor película animada y el Grammy a la mejor canción escrita para una película, televisión u otro medio visual, gracias al tema Believe (Creer). En definitiva, se trata de una obra que apuesta decididamente por la magia de la Navidad, una magia que no se ve, sino que se siente en el corazón, y cuyo espíritu queda simbolizado en los cascabeles del trineo de Papá Noel: un sonido que solo pueden escuchar aquellas personas que, pese al paso del tiempo, conservan la capacidad de creer.

FICHA TÉCNICA:

  • Título: The Polar Express
  • Director: Robert Zemeckis
  • Guion: Robert Zemeckis, William Broyles Jr.
  • Música: Alan Silvestri
  • Fotografía: Don Burgess
  • Reparto: Tom Hanks, Daryl Sabara, Michael Jeter, Peter Scolari, Nona Gaye, Eddie Deezen, Charles Fleischer
  • País: Estados Unidos
  • Año: 2004
  • Duración: 100 minutos
  • Género: Animación, aventura

La mirada ferroviaria de Sally Storch

Pentimento. tuttartpitturasculturapoesiamusica.com

Sally Storch (1952) es una pintora estadounidense que, aunque creció influenciada por sus dos tías artistas, Bertha Rihani -que vivió y pintó en París en la década de 1920, junto a Henri Mattisse y Kees Van Dongen-, y Stephanie Stockon -que estudió en The Art Students League en Nueva York en la década de 1930-, considera a Edward Hopper como su mayor fuente de inspiración.

Sus obras, que nos transportan a la década de 1950, suelen estar impregnadas de una luz cálida que les confiere un aire nostálgico y romántico. En ellas vemos a menudo a mujeres independientes, dueñas de su tiempo, concentradas en sus actividades e integradas en el entorno. Por ejemplo, en Northeast Train at Dusk una mujer lee con atención en el compartimento de un tren nocturno. Y aunque en apariencia es la única pasajera, carece del tono sombrío tan característico de las obras de Hopper.

Northeast Train at Dusk. tuttartpitturasculturapoesiamusica.com

Algo similar ocurre  en Lost Pocketbook, Night Train, donde otra mujer está inmersa en la lectura sin percatarse que en el asiento de enfrente alguien olvidó un libro de bolsillo. La luz que entra por la derecha crea toda una serie de sombras que añaden profundidad a una obra rica en detalles, que de nuevo transmite sensación de serenidad y silencio.  

Lost Pocketbook, Night Train. tuttartpitturasculturapoesiamusica.com

Con una ubicación parecida y una paleta de colores que incluye tonos dorados, rojos y verdes grisáceos, pero con la luz proveniente de la izquierda, en The Black Bag contemplamos a una mujer de pie que observa detenidamente un bolso negro abandonado en el suelo. En el ambiente se respira quietud, como si el tiempo se hubiese detenido, reflexión y misterio.  

The Black Bag. americanpulps.com

El escenario cambia radicalmente en Gran Central Café, Girl in a Blue Skirt, porque Storch nos traslada a la cafetería de una estación. Se trata de un cuadro de realismo urbano, con su característica estética años 50, en el que una mujer con una falda azul, su color preferido para las prendas que visten las protagonistas de sus viajes en tren, está concentrada en la lectura mientras el camarero le sirve una consumición. Provista de una maleta, parece estar a punto de iniciar un viaje.

Gran Central Café, Girl in a Blue Skirt. tuttartpitturasculturapoesiamusica.com

Los cuadros de inspiración ferroviaria de Sally Storch, al igual que el resto de su obra, son con frecuencia ventanas a momentos íntimos. Una invitación, en un mundo apresurado, a detenernos, observar y apreciar la riqueza de nuestras experiencias cotidianas. Retratos sin sentimentalismo de gente común, en la que se intuye una gran vida interior. Obras en las que se presta gran atención a los detalles, de manera que las personas que observamos sus lienzos podamos imaginar la historia que encierran.