El legado ferroviario de ABBA

Londres. Waterloo Station. dreamstime.com

Con motivo del 175 aniversario de la estación londinense de Waterloo (1848-2023), un grupo de empleados de las compañías Network Rail y South Western Railway interpretó para los clientes Waterloo, la canción con la que ABBA ganó el Festival de Eurovisión en 1974. La elección no fue casual, ya que la estación y el tema comparten más que el nombre. La estación está dedicada a los ferroviarios que perdieron la vida en la guerra, mientras que la canción utiliza la histórica batalla de Waterloo, en la que Napoleón fue derrotado por los ejércitos prusiano y británico. En ella se establece un paralelismo entre esa derrota militar y la rendición de una mujer ante un hombre al que ha intentado resistirse, pues el amor es una fuerza contra la que es muy difícil luchar.

ABBA- Waterloo (1974): «Waterloo». Discogs.com

Mas allá de homenajes y casualidades, explorar el legado ferroviario de ABBA nos obliga a comenzar en 1973, año en el que el cuarteto sueco publica su primer disco, titulado Ring Ring, pero firmado con sus nombres de pila. El álbum incluye la canción Another Town, Another Train, que narra la historia de una persona que abandona a su pareja al amanecer, porque su vida es ir de ciudad en ciudad, las estaciones son su habitáculo natural y, aunque le pide ayuda a Dios para que le dé un poco de paciencia a su inquieta alma, el compromiso no forma parte de sus valores.

Björn, Benny & Agnetha, Frida – Ring  Ring (1973): «Another Town, Another Train». Discogs.com

Entre 1974 y 1981, las composiciones de Bjorn y Benny, interpretadas por las voces de Agnetha y Ann-Frida, dominan las listas de éxitos, hasta el extremo que ocho discos y diez singles llegan al número uno. Sin embargo, como las armonías musicales no siempre van parejas con las conyugales, en 1978 Bjorn y Agnetha anuncian su divorcio y dos años después Benny y Ann-Frida hacen lo propio. En este contexto, sale al mercado Super Trouper, su disco más vendido después de Arrival. Dicho trabajo supone el abandono del sonido disco de Voulez Vous y el regreso al pop-rock, así como la introducción de sintetizadores y el tratamiento de asuntos más profundos. Como “bonus track”, incluye Elaine, un tema sobre una chica atrapada en una relación sin futuro, en un tren a ninguna parte.  

ABBA – Super Trouper (1980): «Elaine». Discogs.com

Los divorcios, las tensiones en el grupo y las dificultades a salir de gira por la fobia de Agnetha a volar, entre otras razones, abocan a ABBA a la ruptura, pero antes publica The Visitors, su disco más original y también el más amargo y oscuro de su carrera. Entre sus composiciones encontramos The Day Before You Came, una de las mejores de su exitosa discografía y sin duda la más ferroviaria, tal como se puede comprobar en el videoclip. Interpretada por Agnetha, con los coros de Ann-Frida y una melodía construida con sintetizadores, la canción nos cuenta cómo era la vida sin propósito de una mujer hasta el día anterior a conocer al amor de su vida en un tren.   

ABBA – The Visitors (1981): «The Day Before You Came». Discogs.com

Con unas ventas estimadas en torno a los cuatrocientos millones de discos, ABBA ha dejado una huella imborrable en la historia de la música, brindando felicidad a millones de personas en todo el mundo. Además de sus grabaciones, su legado ha perdurado en musicales basados en canciones escritas para la ocasión o de su repertorio (Chess o Mamma Mia); películas en las que sus composiciones son parte fundamental de la trama (La boda de Muriel, Las aventuras de Priscilla, reina del desierto, Mamma Mia o Mamma Mia, una y otra vez), o gracias a su disco Voyage, publicado 40 años después de su separación. Todo lo cual le permite mantener vivo el interés por su obra, en la que el ferrocarril también está presente, unas veces en sentido metafórico y otras como elemento esencial de sus temas.

Europa Express

Andrea Maceiras. Europa Express (2015). casadellibro.com

“Europa se hizo peregrinando a Compostela” dijo el escritor romántico alemán Johann Wolfgang Goethe. Y parece plausible pensar que las personas que crearon el pase ferroviario Interrail y el programa Erasmus tuvieron presente dicha afirmación, porque viajar por el Viejo Continente es también una manera de hacer Europa.

Interrail permite a las personas residentes en Europa viajar durante un mes por 33 países del continente. Creado en 1972 y dirigido inicialmente a menores de 21 años, hoy está disponible para personas de cualquier edad. Además de los desplazamientos en tren, el pase incluye trayectos en ferry. Por su parte, el programa Erasmus inició su andadura en 1987 con el objetivo de apoyar la educación, la formación, la juventud y el deporte en Europa mediante el intercambio internacional.

Desde sus inicios, Interrail ha cautivado especialmente a la juventud. Un claro ejemplo de ello es Andrea Maceiras (A Coruña, 1987), quien, inspirada por sus propias experiencias como usuaria del pase durante tres veranos consecutivos, escribió Europa Express, una novela coral que narra la historia de siete adolescentes: Aroa, Beatriz, Mía, Nico, Óscar, Piero y Xacobe, quienes al finalizar el bachillerato, deciden recorrer Europa durante el mes de agosto utilizando un billete Interrail. En su viaje, visitan países como Suecia, Noruega, Dinamarca, Alemania, la República Checa, Hungría, Italia y Francia. Aunque esta experiencia se perfila como un recuerdo inolvidable, un trágico suceso marcará sus vidas de manera decisiva.

Diez años después, Nico se encuentra en Bergen (Noruega) con una postal que muestra a los siete amigos durante ese mismo viaje. Un detalle en la imagen le provoca una inquietante sensación y pone en duda su relación con Aroa. Este hallazgo, junto a la necesidad de esclarecer ciertos aspectos de la tragedia que ocurrió tras el viaje, lo impulsa a organizar una fiesta de reencuentro con el fin de resolver sus dudas.

Dividida en 27 capítulos, la novela alterna distintos tiempos narrativos, profundizando en los perfiles psicológicos de los personajes y en sus vivencias en las ciudades que visitan. A través de sus páginas, Maceiras aborda las preocupaciones propias del final de la adolescencia, tales como la amistad, los primeros amores, las expectativas y las incertidumbres del futuro. Además, la obra refleja el paso del tiempo y la evolución personal de los protagonistas, simbolizada en los diez años que transcurren entre el viaje y el reencuentro propuesto por Nico.

Premio Jules Verne de Literatura Juvenil 2015, Europa Express es tanto un libro de viajes como una novela de intriga psicológica, amor y amistad, centrada en un momento crucial de la vida: la transición de la adolescencia a la juventud, cuando comenzamos a tomar decisiones trascendentales. Toda una invitación a que adolescentes y jóvenes contribuyan a la construcción de Europa a través de experiencias de viaje, como los programas Erasmus, representados en la narración por el italiano Piero, o el pase Interrail, porque viajar es esencial para ampliar nuestra perspectiva, pensar de manera diferente y explorar nuevas posibilidades.

DATOS BIBLIOGRÁFICOS:

  • Autora: Andrea Maceiras
  • Título: Europa Express
  • Editorial: Xerais
  • Año de publicación: 2015

La mirada ferroviaria de Louis Stettner

Autorretrato, circa 1950. © Louis Stettner Estate

Louis Stettner (Nueva York, 1922 – París, 2016) fue un fotógrafo con una sensibilidad única para capturar tanto la belleza como la sencillez de la gente corriente y la clase obrera. Influenciado por Platón, Karl Marx y Walt Whitman, cuyo libro de poemas Hojas de hierba le acompañó siempre, fue un hombre comprometido con la izquierda polítíca toda su vida, que incluso sufrió la «caza de brujas» liderada por el general McCarthy. Vivió entre Nueva York y Francia, y su obra aúna la escuela neoyorkina de la Photo League, que promovía la fotografía como una forma de denuncia social, con el humanismo de la tradición francesa, de autores como su maestro Brassaï, con el que compartió una estrecha relación.

Con 13 años consigue su primera cámara y a los 18 se traslada al Pacífico, para cubrir la Segunda Guerra Mundial y luchar contra el fascismo. Finalizada la contienda, se instala en EE. UU. y en 1946 realiza una serie de fotografías en el Metro de Nueva York, que unidas a las que tomó de la estación de Pennsylvania en 1958, constituyen sus más destacados trabajos relacionados con el entorno ferroviario.  

Mujer sujetando un periódico. Nueva York, 1946. diariosur.es

Mientras simulaba ajustar su cámara Rolleiflex, tomaba instantáneas discretamente en el interior de los trenes. Extraía rostros de la multitud, captaba sus emociones y personalidad. Son fotografías en las que, además de destacar la dignidad y singularidad de las personas retratadas, invita a imaginar sus historias.

Metro de Nueva York, 1946. centrepompidou.fr.

En 1958 comienza su serie sobre la Pennsylvania Station, la cual aparece recogida en el fotolibro Penn Station, New York. A diferencia de las fotografías del Metro de Nueva York, las imágenes están tomadas desde el exterior de los trenes. Al asomarse a un espacio íntimo, logra capturar momentos privados de soledad e introspección en un entorno público, que en ocasiones nos recuerda al estilo de Edward Hopper.

Mujer en un tren. (Seis luces). Penn Station, 1958. Azurebumble.wordpress.com

Retrata fragmentos de vida cotidiana, de rutina diaria, como el regreso a casa de personas que, tras trabajar todo el día en la oficina, viajan cada noche en trenes atestados que les conducen a los suburbios. Y de esta manera convierte al ser humano y a su entorno en los protagonistas.  

Volviendo del trabajo en el tren de la tarde. Penn Station, 1958. diariosur.es

Con los años, las fotografías que Stettner tomó de la Penn Station se han convertido en un valioso registro de la estética Beaux-Arts del edificio original. Dicha estación sufrió una controvertida remodelación en 1963, consecuencia de la cual fue incluida en el laberinto subterráneo dentro del complejo de Maddison Square Gardens. La polémica causó protestas públicas e indirectamente fomentó la protección de otro icónico monumento ferroviario como es la Grand Central Station.

Penn Station, 1958. architecturaldigest.com

En 1951, se desplaza a España. A dicho viaje corresponde una fotografía tomada en el interior de un tren en la provincia de Málaga. La imagen muestra a dos personas, enmarcadas por la puerta de un coche de viajeros, que están de pie en el andén delante del despacho de billetes y vestíbulo. Una vez más, su empatía con la sencillez de la gente común y la dignidad de la clase obrera queda patente.

Estación cerca de Málaga, 1951. masdearte.com

A lo largo de su vida, Stettner logró numerosos hitos, como convertirse en el profesor más joven de la Photo League a los 22 años; colaborar con revistas de renombre como Life, Paris-Match o Time en la década de 1950; impartir clases en el Brooklyn College en la década de 1960; o ser nombrado Caballero de las Artes y las Letras por el Gobierno de Francia en 2001. Sin embargo, como su obra no ha sido adscrita a un estilo determinado, su nombre no ha alcanzado el mismo reconocimiento que sus compañeros de la Photo League, como Sid Grossman o Weegee, interpretado por Joe Pecsi en la excelente película de Howard Franklin The Public Eye  (El ojo público).

Compartimento Nº 6

Compartimento Nº 6. Juho Kuosmanen, 2021. filmaffinity.com

Los viajes pueden ser físicos o introspectivos, implicar desplazamiento o autoconocimiento. En su viaje al Círculo Polar Ártico, a lo largo de más de 1.600 kilómetros durante cuatro días en un departamento de literas, Laura y Lyokha, los protagonistas de la película  Compartimento Nº 6, descubrirán que ambas dimensiones del viaje pueden ser complementarias.

Laura (Seidi Haarla) es una universitaria finlandesa que estudia arqueología y vive en Moscú con su amante, Irina, una profesora de literatura. Ambas habían planeado un viaje juntas a Múrmansk, en pleno invierno, para visitar los petroglifos descubiertos en el lago Kanozero en 1997. Sin embargo, a última hora Irina decide cancelar el viaje, ya que la relación no resulta ser tan profunda como Laura había imaginado. Mientras tanto, Lyokha (Yuriy Borisov), un minero ruso de carácter áspero, bebedor y a menudo insolente, también se dirige a Múrmansk para trabajar en una mina a cielo abierto. Es un hombre íntegro, marcado por un pasado difícil y profundas heridas sin cicatrizar.

Si bien Laura busca reinventarse y comprender el pasado para entender el presente, Lyokha solo aspira a ganar algo de dinero para abrir su propio negocio en Moscú. Son dos personas antagónicas que, desde el principio, destilan una mutua antipatía, pero que, con el paso de los días, aprenderán a convivir en un espacio reducido y carente de comodidades. Esta convivencia forzada les llevará a un conocimiento y una complicidad inesperados. La parada del tren durante toda una noche en la localidad de Petrozavodsk será clave para ello. En ese tiempo, Laura descubrirá facetas ignotas de Lyokha y conocerá a su abuela, quien, tras una conversación regada con abundante alcohol, revelará la cara más amable y humana de su nieto.

El film fue rodado, según la disponibilidad horaria, en trenes reales en movimiento por los alrededores de San Petersburgo. Para centrar la atención en el interior y en los personajes, y dotar al film de una mirada más humana e intimista, nunca se ve el tren entero o la locomotora y numerosos primeros planos fueron rodados cámara en mano en el interior del coche literas, siguiendo la estela de El submarino (Das Boot), película tomada como referencia, porque el director Wolfgang Petersen respetó las divisiones interiores de la nave para intensificar la sensación de claustrofobia y cercanía.

Galardonada con el Gran Premio del Jurado en el Festival de Cannes en 2021, ex aequo con Un héroe, de Asghar Farhadi, Compartimento Nº 6 es una película dirigida por el finlandés Juho Kuosmanen, que está basada en la novela homónima de Rosa Liksom. Se trata de una road movie ártica, de marcado carácter ferroviario, ambientada en la Rusia de finales de la década de 1990, un país que, como Laura y Lyokha, se encontraba en plena reinvención tras la desintegración de la Unión Soviética, en la que el viaje -tanto exterior como interior- de la pareja protagonista transformará sus vidas de manera irreversible.

FICHA TÉCNICA:

  • Título original:  Hytti nro 6
  • Director: Juho Kuosmanen
  • Guion: Andris Feldmanis, Juho Kuosmanen, Livia Ulman
  • Fotografía: Jani-Petteri Passi
  • Reparto: Seidi Haarla, Yuriy Borisov, Yuliya Aug, Dinara Drukarova  
  • País: Finlandia
  • Año: 2021
  • Duración: 107 min
  • Género: Drama romántico

Lion

Lion. Garth Davis, 2016. FilmAffinity.com

La red ferroviaria india, una de las más extensas del mundo, es el principio y fin, alfa y omega, de una de las películas más conmovedoras que nos ha proporcionado el cine en los últimos años, Lion, la historia de un joven que siendo niño se perdió en una de sus estaciones y necesitó veinticinco años para reunirse con su familia biológica.

En 1986, Saroo, un niño de cinco años que no había ido nunca al colegio y que conocía poco más que su barrio en la localidad india de Ganesh Talai, acude una noche a la estación de Khandwa a buscar trabajo con Guddu, su hermano mayor. Sin embargo, debido a un cúmulo de circunstancias, se separaran momentáneamente y Saroo acaba montado en un tren de viajeros sin servicio en el que, tras recorrer 1.600 kilómetros, llega a Calcuta. Todos sus intentos de volver resultarán infructuosos, entre otras razones por diferencias idiomáticas y también porque no pronuncia correctamente el nombre de su localidad. En esta tesitura y durante un tiempo, engrosará el numeroso grupo de “niños ferroviarios de Calcuta”, los mismos que han hecho de la estación de Sealdah su hogar, niños abandonados, fugados o perdidos expuestos a los estragos de la pobreza, los abusos sexuales, la violencia y las drogas.

Pasados unos meses y ante la imposibilidad de las autoridades de encontrar a su familia, Saroo es internado en un orfanato donde acaba siendo adoptado por el matrimonio australiano formado por John Brierley (David Wenham) y Sue Brierley (Nicole Kidman), residente en Hobart, en la isla de Tasmania, donde vivirá feliz. Sin embargo, cuando a los veinticinco años se desplace a Melbourne para estudiar dirección de hoteles, tras una cena con unos compatriotas, se despertará en él la imperiosa necesidad de saber quién es y de dónde procede, lo que le llevará a buscar a su familia biológica y, por extensión, su tierra natal. Comenzará entonces una etapa, que le ocupará varios años, en la que, para determinar la estación donde inició el viaje que le llevó a Calcuta, tomará como punto de partida sus recuerdos familiares y ferroviarios, y como herramienta de apoyo la aplicación Google Earth. Sus investigaciones sobre las líneas ferroviarias y el territorio indios serán tan pormenorizadas y absorbentes, que afectarán incluso a sus relaciones con sus padres adoptivos y con su novia (Rooney Mara).

Basada en la novela Un largo camino a casa de Saroo Brierley, personaje interpretado en la edad adulta por Dev Patel, Lion es un fiel reflejo de la determinación inquebrantable del propio Saroo -deformación del nombre Sheru, que significa León-, a la hora de buscar a su familia india y su tierra de origen. Un filme emotivo, éxito de crítica y público, que aspiró a seis Oscar, en el que el ferrocarril es el hilo conductor.

 FICHA TÉCNICA:

  • Título: Lion
  • Director: Garth Davis
  • Guion: Luke Davis
  • Música: Volker Bertelmann, Dustin O’Halloran
  • Fotografía: Greig Fraser
  • Reparto: Dev Patel, Rooney Mara, David Wenham, Nicole Kidman, Sunny Pawar
  • País: Australia
  • Año: 2016
  • Duración: 114 min
  • Género: drama

El camino estrecho al norte profundo

Richard Flanagan. El camino estrecho al norte profundo, 2016. casadellibro.com

Las guerras dejan heridas que tardan décadas, cuando no siglos, en cicatrizar. La batalla de Gallipoli, por ejemplo, continúa muy presente en la memoria colectiva de las sociedades australiana y neozelandesa, hasta el punto de que, setenta y cinco años después de las más de 10.000 bajas que ambos países sufrieron en suelo turco, se institucionalizó el Anzac Day (Australian and New Zealand Army Corps Day). Esta jornada conmemora a todos los soldados que perdieron la vida en aquella batalla de la Primera Guerra Mundial. Con el paso del tiempo, la celebración se ha ampliado para recordar también a quienes sirvieron y murieron en guerras posteriores, conflictos armados y misiones de paz, como ocurrió en la batalla de Singapur durante la Segunda Guerra Mundial.

En febrero de 1942, unos 22.000 soldados australianos destinados en Singapur —que no llegaron a entrar en combate por razones estratégicas— se rindieron ante el ejército japonés. De ellos, alrededor de 9.000 fueron enviados a la construcción de los 450 kilómetros del Burma-Thailand Railway o “Death Railway”, concebido para unir Bangkok con Rangún a través de la jungla.

El 15 de febrero de 1942, Singapur, la principal base militar británica en el sudeste asiático, cayó en manos japonesas. Sin embargo, en 1943 Japón se encontraba al límite de sus fuerzas: padecía una severa escasez de recursos y comenzaba a perder la guerra. En ese contexto, la construcción de un ferrocarril se volvió imperiosa. Su objetivo era interrumpir el suministro de armamento aliado al ejército nacionalista chino, facilitar una eventual ofensiva sobre la India y reforzar el frente birmano mediante el traslado de tropas y material. Japón carecía de dinero, maquinaria y tiempo, pero confiaba en su espíritu indómito y en la disponibilidad de cerca de 300.000 esclavos asiáticos y occidentales.

Las autoridades japonesas concebían el ferrocarril como un hito histórico: pretendían levantarlo sin maquinaria europea y en poco más de un año, cuando los ingenieros británicos calculaban que serían necesarios al menos seis. La obra simbolizaría, a sus ojos, el triunfo de su visión del mundo y el advenimiento de un nuevo motor del progreso global. Para ello, llevaron a los trabajadores —que pronto quedaron reducidos a tres categorías: enfermos, muy enfermos y moribundos— al límite absoluto de su resistencia.

Desnudos, armados únicamente con cuerdas, estacas, martillos y barras, cestos de paja y azadas, aquellos hombres desbrozaron la selva, horadaron la roca y transportaron carriles y traviesas bajo condiciones extremas. Pasaron hambre, sufrieron palizas y trabajaron hasta el agotamiento total. Uno de cada tres perdió la vida durante las obras, víctimas de la extenuación, las enfermedades y la brutalidad sistemática.

A partir de estos hechos históricos, el novelista tasmano Richard Flanagan publicó en 2013 El camino estrecho al norte profundo. La novela se inspira en dos testigos directos de la construcción del Ferrocarril de la Muerte: su propio padre y Edward “Weary” Dunlop, médico australiano que, al igual que el protagonista de la novela, intentó proteger a sus hombres de la desnutrición, las enfermedades y las torturas, además de negociar mejores condiciones de trabajo con sus captores. La novela retrata con crudeza y realismo el horror de aquella empresa y aborda cuestiones universales como el sufrimiento humano o la dificultad de seguir viviendo después de haber sobrevivido.

Galardonada con el Premio Man Booker en 2014, la novela toma su título de un poemario de Matsuo Bashō, el gran escritor japonés del siglo XVII que tanto contribuyó a dignificar el haiku, una forma poética que aparece de manera recurrente a lo largo del relato.

Como símbolo trágico de aquella historia, queda el recuerdo de que el 25 de octubre de 1943 la locomotora de vapor C 5631 —hoy conservada en el Museo Yushukan de Tokio— remolcó tres coches con dignatarios japoneses y tailandeses y recorrió el trazado completo del Ferrocarril de la Muerte, parte del cual ha sido inmortalizado en películas como El puente sobre el río Kwai o Un largo viaje. Sin embargo, aquella infraestructura perdió de inmediato su razón de ser con la rendición de Japón. Los ingenieros y guardias fueron encarcelados o repatriados; los esclavos que permanecían para su mantenimiento, liberados. Pocas semanas después del final de la guerra, los tailandeses la abandonaron, los británicos la desmantelaron y las poblaciones locales la desguazaron y vendieron, borrando poco a poco las huellas materiales de una de las mayores tragedias del siglo XX.

DATOS BIBLIOGRÁFICOS

  • Autor: Richard Flanagan
  • Título: El camino estrecho al norte profundo
  • Editorial: Random House
  • Año de edición: 2016
  • Páginas: 445

La mirada ferroviaria de Gustave Caillebotte

Autorretrato, 1892. Arthive.com

Gustave Caillebotte (París, 1848 – Gennevilliers, 1894), es el gran olvidado del movimiento impresionista, porque su faceta de pintor ha quedado eclipsada por la de coleccionista, mecenas y organizador de exposiciones. Proveniente de una familia adinerada, en alguna medida su imagen responde al tópico de joven millonario dedicado al dolce far niente, con inquietudes artísticas y excelente gusto para coleccionar obras de sus compañeros de generación.

Pintor de talento y sólida formación, con gran capacidad para el dibujo y habilidad para captar la perspectiva, sacrificó la emoción en aras del naturalismo. Comenzó militando en el realismo, pero la fascinación que le produjo el nuevo lenguaje de los impresionistas, lleno de luz, color y pinceladas rápidas al aire libre, le subyugó. Estos rasgos son apreciables en Paisaje con vía de ferrocarril, en el que también reconocemos otras  características de su obra, como los encuadres inusuales o el amor por las líneas fuertes, representadas en este caso por el pretil que divide el cuadro en dos.

Paisaje con vía del ferrocarril, 1872. Arthive.com

Convirtió a París en el motivo de muchos de sus cuadros, una ciudad en constante evolución de la que trató de reflejar su identidad, habitantes y arquitectura. Para ello se valió, entre otras localizaciones, del Puente Europa. Situado sobre la estación ferroviaria de San Lázaro, que tantas veces pintó Monet, fue un motivo recurrente en su obra, así por ejemplo en 1877 realizó una versión reducida de otro cuadro de igual título pintado el año anterior. En la versión de 1877 vemos a un caballero de la alta sociedad que pasa y a otros dos que observan la actividad de la estación. Una obra que, por su encuadre, demuestra que Caillebotte conocía la fotografía y posiblemente fue su punto de partida. En ella destacan su debilidad por la ingeniería y la minuciosidad, de lo cual son un buen ejemplo los roblones del puente.

Puente Europa, 1877. Arthive.com

El pesado y poderoso Puente Europa era uno de los lugares más modernos y fascinantes de París. Construido diez años antes, en 1876 lo pintó desde otra perspectiva y con una gran diagonal que nos guía la mirada. En una mañana de primavera, un hombre observa la actividad ferroviaria de la estación de San Lázaro, mientras otro hombre elegantemente vestido parece ser abordado por una mujer, posiblemente una prostituta. Un cuadro de escenas urbanas, modernas e inusuales para la época, difíciles de asimilar para los académicos del momento.  

Puente Europa, 1876. Arthive.com

Aunque en 1873 se matriculó en la Escuela de Bellas Artes, su paso por ella fue frustrante; sin embargo, un encuentro con Monet en Argenteuil, donde este último solía pintar al aire libre, reavivó su pasión por la pintura. Y al igual que a Monet, Argenteuil le inspiró diferentes cuadros, como por ejemplo Puente sobre el río Sena en Argenteuil, en el que en la lejanía observamos un tren que se aproxima y constatamos su debilidad por los colores azul y gris.

Puente sobre el río Sena en Argenteuil, 1885. Arthive.com

Caillebotte, que murió relativamente joven y rico, dio muestras de su generosidad hasta el último momento. Donó al Estado Francés su valiosísima colección de cuadros, en la que estaban representados casi todos los impresionistas (Cézanne, Monet, Pisarro, Renoir, Sisley…), muchos de las cuales pueden verse hoy en el parisino Museo D’Orsay -una antigua estación ferroviaria convertida en la mayor pinacoteca impresionista del mundo-, además de legarnos su brillante y ecléctica obra. Previamente había comprado materiales para que sus compañeros de generación pudieran pintar, pagado deudas de Monet, adquirido cuadros de Pissarro a un precio muy por encima del de mercado o financiado varias de las exposiciones independientes de los impresionistas, porque no tenían cabida en el Salón de París, la exposición de arte oficial de la Academia de Bellas Artes.

A lomos de La Bestia

A lomos de La Bestia. Jon Sistiaga, 2011. FilmAffinity.com

Afirma el director guipuzcoano Jon Sistiaga (Irún, 1967), que para alcanzar el sueño americano, es necesario sobrevivir primero a la pesadilla mejicana, porque el país azteca es la ruta obligada para las personas que quieren entrar ilegalmente en los EE. UU., lo que la convierte en el mayor corredor mundial de la inmigración. Muchas de estas personas viajan sin documentos, con lo puesto, con el objetivo de evitar la deportación. Son migrantes sin nombre, invisibles, desheredados que entran ilegalmente por Guatemala. Atraviesan 5.000 kilómetros en dirección norte subidos en trenes de mercancías, llamados La Bestia, que circulan entre la frontera guatemalteca y la estadounidense. En estos trenes, son asaltados, robados, torturados o secuestrados, y siete de cada diez mujeres son violadas. Nadie está a salvo y los carteles de la droga no tienen piedad a la hora de explotar los flujos migratorios.

Los migrantes, que viajan en grupos y proceden mayoritariamente de Guatemala, Honduras, Nicaragua y El Salvador, saben de antemano que van a arriesgar sus vidas, sus escasos ahorros y su dignidad. También que van a sufrir las consecuencias del dilema “plata o plomo” con el que los narcotraficantes, inmersos en una cruenta guerra por el territorio y los recursos, chantajean a sus víctimas.

Los datos oficiales dicen que 400.000 migrantes, de los que unos 20.000 son secuestrados, viajan cada año en La Bestia. Un viaje “gratuito” que se realiza en condiciones extremas, a la intemperie, a oscuras, pasando frío, hambre e intentando por todos los medios no ser vencidos por el sueño para no caerse de los vagones, porque son trenes que mutilan, matan y olvidan en fosas comunes. Esto se debe a que otros medios de transporte, como el autobús, resultan inalcanzables por el precio de sus billetes y les exponen a un mayor número de controles, con el consiguiente riesgo de deportación.

En medio de tanta desgracia, es de justicia destacar que hay personas y organizaciones altruistas que brindan su apoyo, como la Iglesia Católica, que proporciona albergues; los Grupos Beta, que se encuentran a lo largo de las vías para ayudar y asesorar; o Las Patronas, mujeres que se dedican a preparar bolsas de comida y agua a diario para distribuirlas al paso de los trenes a unas personas que en muchos casos acabarán sufriendo el “síndrome de Ulises”, es decir, la pérdida de familia, cultura y tierra. 

Tras el visionado de A lomos de La Bestia se infiere que no hay muro lo suficientemente alto, ni valle lo suficientemente profundo, ni río Bravo lo suficiente ancho que pueda frenar las ansias de huir del hambre, la miseria y la violencia estructural de algunos países. En esta tesitura, La Bestia, un auténtico tren de la muerte, representa la única esperanza de miles de migrantes para alcanzar un futuro mejor en el norte.

FICHA TÉCNICA:

  • Título: A lomos de La Bestia
  • Director: Jon Sistiaga
  • Guion: Jon Sistiaga
  • Música: Daniel Rodrigo
  • Fotografía: Mario Lastra
  • País: España
  • Año: 2011
  • Duración: 52 minutos  
  • Género: documental     

La mirada ferroviaria de José Antonio de Bran

Visualmente atractivas y llenas de vida, las acuarelas de José Antonio de Bran (Valladolid, 1956), nos ofrecen una mirada poética del ferrocarril. En ellas destacan el gusto por el detalle y la composición, la profundidad y el realismo, todo lo cual nos permite trasladarnos a los lugares pintados, imaginar su historia y comprender mejor su arquitectura.

Afincado en Bizkaia, amante de las ciudades y los pueblos, de sus habitantes y sus rincones, con su obra visitamos la misma margen de la Ría de Bilbao donde se alza La Concordia, uno de los edificios más representativos de la Belle Époque y estación término de la línea férrea de ancho métrico que conecta Santander con Bilbao, tal como reza en su fachada orientada a la Ría. Una pintura de una luminosidad especial y hermoso colorido, que aprovecha las ventajas de la acuarela para representar el agua y sus reflejos.

© de Bran. Diciembre, 2025

La Concordia es también estación término del Ferrocarril de La Robla, la línea de ancho métrico que une León con Bilbao y que, con sus 335 kilómetros de recorrido, es la más larga de Europa Occidental. De marcado estilo modernista, su privilegiada ubicación —a modo de balcón sobre la Ría— permite contemplar otro de los grandes edificios de referencia del Arenal, el Teatro Arriaga.

© de Bran. Marzo, 2023

Su profundo conocimiento de la estación de Bilbao Abando, unido a su habilidad para el dibujo, le permiten enfrentarse a desafíos tan complejos como plasmar con gran fidelidad uno de los elementos más singulares de la terminal: su magnífica bóveda de 192 metros de largo y 45 de ancho, soportada por 12 arcos metálicos separados 16 metros entre sí. Una acuarela en la que las notas de color las aportan las ropas, maletas y trenes de Cercanías de Renfe-Operadora.  

© de Bran. Febrero, 2016

Para un viajero incansable y amigo de los entornos naturales era inevitable que su mirada se detuviera en el jardín tropical de la estación de Madrid-Puerta de Atocha Almudena Grandes. Un verdadero oasis en una estación en la que bulle la actividad cultural, económica y social. De nuevo, una enorme marquesina que descansa sobre unos muros de ladrillo caravista, corona una obra que nos revela cómo era el edificio original de una estación que hoy es todo un nodo estratégico de la red ferroviaria española.      

© de Bran. Agosto, 2017

Si el jardín tropical es la parte histórica de Madrid-Puerta de Atocha Almudena Grandes, los andenes de los trenes de gran velocidad constituyen la zona moderna. En su representación se evidencia una vez más su entendimiento arquitectónico. Al igual que en el caso de Bilbao Abando, son las personas -entre las cuales podemos distinguir al propio autor a punto de iniciar un viaje-, y un AVE, los que aportan color a una aguada que nos ayuda a comprender la complejidad de las infraestructuras ferroviarias.

© de Bran. Julio, 2017

José Antonio de Bran es un artista cuyas obras transmiten reflexión, paciencia y una profunda pasión por el mundo ferroviario. Su destreza con los pinceles se evidencia en cada obra, ya que la acuarela, a diferencia del óleo, no es una técnica pictórica aditiva. Esta singularidad eleva el nivel de exigencia y la convierte en un desafío adicional, al no ofrecer segundas oportunidades.

Volver a Canfranc

Rosario Raro. Volver a Canfranc, 2015. IberLibro.com

«Solo nos ha sido dada una vida, pero con esta podemos salvar muchas otras». Esta frase, que Laurent Just repite como un principio moral irrenunciable, atraviesa Volver a Canfranc, la novela de Rosario Raro (Castellón, 1971). Just es su personaje central, aunque comparte protagonismo con un escenario de peso propio: la estación internacional de Canfranc, cuyo papel durante la Segunda Guerra Mundial resultó decisivo, especialmente a partir del invierno de 1942, cuando el ejército alemán tomó el control del enclave tras la firma de un acuerdo con el régimen franquista para su gestión.

De marcado estilo modernista, la estación de Canfranc (Huesca), con más de doscientos metros de longitud —una de las mayores de Europa—, fue inaugurada en 1928 con el ambicioso propósito de unir España y Francia a través de los Pirineos mediante el túnel de Somport. Al acto acudieron el rey Alfonso XIII y el presidente de la República Francesa, Gaston Doumergue. Al tratarse de una estación de jurisdicción compartida, española y francesa, todas sus dependencias estaban duplicadas: unas pertenecían a la compañía Ferrocarriles del Norte y otras a la francesa Chemins de Fer du Midi.

Durante la contienda mundial, los trenes de mercancías atravesaban la frontera hacia el norte cargados de wolframio y pirita, minerales esenciales para la industria armamentística nazi, mientras que los convoyes de regreso transportaban oro y joyas. Este intenso trasiego, unido al constante flujo de trenes de viajeros, propició la aparición de una compleja red de espionaje y de tráfico clandestino de personas.

En Canfranc se establecieron agentes de las SS, miembros de la Gestapo y una brigada de Alta Montaña de Baviera. Sin embargo, su presencia no impidió que aquitanos, aragoneses y bretones colaboraran en la huida de miles de personas a través de los Pirineos. Entre ellas se encontraban figuras tan destacadas como Josephine Baker y su marido, Marc Chagall, Max Ernst, Alma Mahler o Heinrich Mann. Del mismo modo, estas redes mantuvieron activo el flujo de información entre la Francia ocupada e Inglaterra a través de la ruta Zaragoza–San Sebastián–Londres.

Ambientada entre 1943 y 1944, la novela entrelaza personajes y acontecimientos reales con otros ficticios. Gracias a esta cuidadosa mixtura, descubrimos cómo los refugiados eran ayudados a cruzar la frontera; cómo recibían asistencia y documentación para continuar su viaje hacia otros destinos —principalmente Lisboa y, en menor medida, Bilbao, desde donde las navieras Companhia Colonial de Navegação e Ybarra realizaban travesías transatlánticas—; o cómo la búsqueda de un prisionero húngaro conduce a conocer las condiciones infrahumanas del campo de concentración de Miranda de Ebro.

Este campo, construido durante la Guerra Civil española junto a las vías férreas para que los prisioneros republicanos actuaran como escudos humanos y evitar así el bombardeo del nudo ferroviario, era conocido como el «Depósito». Fue el último campo de concentración activo en España y por él pasaron, entre 1937 y 1947, cerca de 65.000 prisioneros de 58 nacionalidades.

La vuelta a Canfranc a la que alude el título de Rosario Raro encierra, en realidad, dos retornos tras la derrota alemana: el del jefe de la aduana francesa, Laurent Just —alter ego de Albert Le Lay—, y el de muchas personas anónimas que, desde distintos lugares del mundo, regresan a la estación para mostrar a sus familiares el punto exacto por el que lograron escapar del régimen nazi y salvar sus vidas.

Volver a Canfranc es una novela histórica rigurosamente documentada que reivindica la dignidad y el compromiso de personas aragonesas, occitanas y, de manera especial, del bretón Alber le Lay, quien se negó a reconocer al gobierno colaboracionista de Pétain y luchó sin descanso por la victoria aliada. Por su labor fue condecorado por Estados Unidos, Francia e Israel y, por el número de vidas que salvó, su gesta ha sido comparada con la de Oskar Schindler en Cracovia, la del diplomático zaragozano Ángel Sanz Briz en Budapest, la del japonés Chiune Sugihara en Lituania o la de las Hermanas Touza en la estación de Ribadavia.

DATOS BIBLIOGRÁFICOS

  • Autora: Rosario Raro
  • Título: Volver a Canfranc
  • Editorial: Planeta
  • Año de publicación: 2015
  • Páginas: 512
  • Género: Novela histórica