Cantautores ferroviarios: belleza y armonía

Crosby, Still & Nash. Marrakesh Express. wikipedia.com

Los primeros años de la década de 1970 marcaron el momento estelar de los cantautores. Su intimismo, que surgió por oposición al rock duro imperante entre 1969 y 1972, se caracterizó por la belleza de las canciones, las voces puras, las guitarras acústicas y la armonía entre la letra y la música. Un ejemplo paradigmático fue el trío Crosby, Still & Nash, que ocasionalmente se convertiría en cuarteto con la incorporación del canadiense Neil Young. En su pegadiza y exitosa Marrakesh Express narraron sus experiencias viajeras en el mencionado tren marroquí, en un momento en el que muchos artistas occidentales comenzaban a explorar nuevos horizontes en otros continentes, singularmente en el norte de África y Asia.

Para el segundo disco de Crosby, Still & Nash, Graham Nash aportó la bellísima Our House, canción dedicada a la que fue su pareja durante un tiempo, la cantautora canadiense Joni Mitchell, considerada la más brillante de su generación. Logró su primer gran éxito comercial en 1974 con Court and Spark, su trabajo más vendido. Se trata de un disco conceptual  sobre las relaciones humanas y la honestidad emocional, que incluye Just Like This Train, una canción de desamor ambientada en un contexto ferroviario, con versos tan desgarradores como «Solía contar amantes como vagones de tren«, que puede tener un matiz autobiográfico. Es sabido que, junto a su fama de artista audaz, culta e independiente, siempre le ha perseguido la etiqueta de ‘devorahombres’, algo de lo que siempre se ha quejado, especialmente por el diferente doble rasero aplicado a ella y a Picasso: «De la misma forma que sus mujeres marcaron sus diferentes etapas, yo me emparejo con hombres, generalmente músicos, que amplían mis horizontes creativos. ¿Qué hay de malo?»

El desamor también es el motivo central de My Opening Farewell, de Jackson Brown. El tema, grabado en un estudio del sello discográfico Elektra en el norte de California, se vio influenciado por el paso constante de trenes cercanos. Su letra describe el doloroso momento en que se descubre que la persona amada desea estar en cualquier otro lugar, porque quiere irse y seguir adelante. De ahí la imagen elocuente: «Hay un tren todos los días, yendo en cualquier dirección».

Otro ejemplo de sensibilidad, belleza y voces cristalinas lo ofrece el dúo Simon and Garfunkel. Su celebérrima  Homeward Bound relata la espera solitaria de un músico que aguarda la llegada del tren que le llevará a su próximo destino durante una gira, y su anhelo de regresar al hogar. Todo indica que el tema fue compuesto por Paul Simon en las estaciones británicas de Ditton y Widnes, aunque solo esta última exhibe una placa conmemorativa. 

La misma sensibilidad caracteriza a James Taylor, artista bostoniano que ha ayudado a elevar a los cantautores a lo más alto de la música popular. Sus canciones mezclan reflexiones, confesiones y tristezas en un tono íntimo y sereno. En Riding On A Railroad nos invita a escuchar la voz interior y a salirse de las vías férreas trazadas, a perder el control y dejarse llevar por los sentimientos y emociones; en definitiva, a vivir de forma más auténtica.

Así como muchos artistas folk electrificaron su sonido, algunos cantautores adoptaron una producción más elaborada sin renunciar a la profundidad de sus letras. Es el caso del siciliano Franco Battiato, un artista de  amplias miras musicales que combinó melodías envolventes con letras crípticas y poéticas. En Los trenes de Tozeur nos traslada también al norte de África para expresar su deseo de vivir a un ritmo diferente, más lento, como el de los trenes tunecinos del desierto, como los nómadas que buscan los ángulos de la tranquilidad.

Con sus canciones introspectivas y confesionales, en las que a menudo desnudan el alma y lo revelan todo, los cantautores han enriquecido  la dimensión poética de la música que toma al ferrocarril como fuente de inspiración cultural, emocional o simbólica.

Folk ferrovario: tradición y compromiso

Imagen: House of Anansi Press

Un análisis medianamente riguroso del impacto del ferrocarril en la música popular contemporánea exige una aproximación a las aportaciones de los artistas folk. Este género, que vivió su época dorada gracias al «revival» de las décadas de 1950 y 1960, tuvo en la lucha por los derechos civiles de la población negra de los Estados Unidos de América y contra la intervención en la guerra de Vietnam sus principales banderas. Sin embargo, la llegada de los hippies más preocupados por el pacifismo y las flores, el amor y las drogas, les relegó a un segundo plano.

El «folk revival» sacó del anomimato a artistas tan relevantes como Elizabeth «Libba» Cotten, una cantante y guitarrista zurda nacida en Carolina del Norte en 1895, quien, con 11 años, compuso Freight Train, Freight Train inspirada en los trenes de mercancías que veía desde su casa cuando se detenían en la estación de Carrboro. Su importancia en la historia de la música es tal que su forma de tocar la guitarra ha sido bautizada como “Cotten picking” y gracias a un feliz encuentro con la familia de Pete Seeger, su vida musical dio un cambio radical hasta el extremo que sus composiciones comenzaron a ser grabadas a finales de la década de 1950 y en 1984 recibió un Grammy en reconocimiento a su legado.

Nacido en el seno de una familia con gran tradición musical, Pete Seeger es el modelo de artista de canción protesta. Ha grabado un sinfín de canciones propias y ajenas. Entre las de tenor ferroviario cabe señalar “John Henry”, el esclavo negro dotado de un físico excepcional, que desafió a la máquina y venció al precio de perecer en el intento. La leyenda dice que Henry trabajó en la instalación de vías en túneles y protagonizó un duelo contra un martillo a vapor para demostrar que con su martillo convencional podía colocar mayor número de clavos en las traviesas. Su hazaña, objeto de diferentes interpretaciones, suele ser considerada como una alegoría del ser humano contra la máquina, también el ejercicio de liderazgo de una persona que lucha por mantener el empleo que la máquina quiere eliminar y, por extensión, los derechos de los trabajadores.

Otra figura estelar de la música folk americana de la década de 1960 es Joan Báez, ejemplo de cantante comprometida. Una muestra de dicho compromiso es Railroad Bill”, canción inspirada en una persona afroamericana que causó estragos en la línea férrea  de Louiseville a Nashville a finales del siglo XIX, una suerte de Robin Hood abatido el 7 de marzo de 1896. Cuando su cadáver fue expuesto al público en Brewton (Alabama), fue identificado como Morris Slater.  Denostado por los supremacistas blancos, ensalzado por la comunidad negra, Railroad Bill fue un símbolo de la división racial y económica en el sur después de la Reconstrucción.

La pasión anglosajona por documentar y analizar su pasado también se pone de manifiesto en “Canadian Railroad Trilogy”, una canción solicitada expresamente a Gordon Lightfoot con motivo del primer centenario de Canadá (1867-1967). Para su grabación, Lightfoot se desplazó a Nashville, la capital del country, y el resultado fue una de las composiciones más emblemáticas sobre el ferrocarril. En poco más de seis minutos nos cuenta la construcción del Canadian Pacific Railway, la línea que une el Atlántico con el Pacífico, y cómo trabajaban y vivían las personas que lo hicieron posible, los “navvies”.

La tragedia cede el paso al lamento y la vergüenza en “500 Miles”, también conocida como “500 Miles Away From Home” o “Railroader’s Lament”, donde un ferroviario describe la impresión que le produce estar a 500 millas de casa sin dinero y lo que significa regresar en tales circunstancias. Entre las numerosas versiones que existen de la canción, destaca la de Peter, Paul & Mary, trío que logró grandes éxitos con sus exquisitas versiones arropadas por sus bellas armonías vocales.

Con sus canciones basadas o inspiradas en el ferrocarril, los artistas folk no solo trasmiten sus reflexiones sobre su manera de ver e interpretar el mundo, sino que también contribuyen a consolidar la “railway music”, una categoría recogida en el Diccionario Oxford de la Música. Su obra certifica así la profunda huella que el ferrocarril ha dejado en la música popular contemporánea.

El legado ferroviario de Bob Dylan

Bob Dylan. http://www.flaggingdown.com

Definir la obra de Bob Dylan es una tarea titánica y no exenta de riesgos, pero afirmar que su música es «Americana» –una amalgama que surge de la fusión de folk, country, blues, rhythm and blues y rock and roll, entre otros géneros- parece razonable. Su obra está repleta de influencias y referencias, que van desde Woody Guthrie hasta los textos bíblicos, pasando por los simbolistas franceses, la Generación Beat, los clásicos del blues e incluso Frank Sinatra. Es la obra de un artista que lleva más de cinco décadas reinventándose.

Como la radio, los trenes y las campanas formaron la banda sonora de su adolescencia, no es extraño que en su primer disco figure Freight Train Blues (Tren de mercancías), un tema que parece tener tintes autobiográficos, aunque en realidad lo había compuesto John Laird, inspirado en un viaje que había realizado en su juventud en un tren rumbo al sur de los Estados Unidos.

Freight Train Blues. Bob Dylan, 1962. Discogs.com

En 1963, el que sería considerado el guía espiritual de la canción protesta, graba Train A-Travelin’ (Tren en marcha), donde el tren del título es una metáfora del racismo. La pista la proporciona la última estrofa de la canción, que remite a los hechos ocurridos en Anniston, Alabama, el 14 de mayo de 1961, cuando militantes del Ku Klux Klan incendiaron un autobús con un grupo de «Viajeros de la libertad» (Freedom Riders). A pesar de que en 1947 el Tribunal Supremo había declarado inconstitucional la segregación racial en los autobuses de rutas interestatales, y de que desde entonces las organizaciones proderechos civiles promovían los viajes de la libertad, la iniciativa no cobró gran relevancia hasta que se difundió la imagen del autobús calcinado.

Train A-Travelin’. Broadside Show & Sessions, 1989. Discogs.com

A mediados de la década de 1960, Dylan, que gozaba de gran admiración en los círculos folk, toma una decisión que genera una gran controversia: electrificar su sonido. Su giro hacia el rock es percibido como una traición por muchos puristas, hasta el punto de que, durante un recital en el Free Trade Hall de Manchester en 1966, le gritan «¡Judas!» Sin embargo, el cambio queda marcado por el lanzamiento de Highway 61 Revisited, un disco que es considerado unánimemente como una de sus obras más destacadas.

El álbum incluye It Takes a Lot to Laugh, It Takes a Train to Cry (Se necesita mucho para reír, basta un tren para llorar), un blues melancólico al estilo de Luisiana, con un característico piano honky-tonk. Aunque inicialmente iba a titularse Phantom Engineer (Maquinista Fantasma), tal vez por sus numerosas referencias a trenes correo, dobles tracciones e incluso a un guardafrenos (lo que podría ser un guiño a Jimmy Rodgers, «The Singing Brakeman»), la canción puede ser entendida como una reflexión sobre el amor, las oportunidades perdidas y la búsqueda de significado en el viaje de la vida.

It Takes a Lot to Laugh, It Takes a Train to Cry. Highway 61 Revisited, 1965. Discogs.com

Seguramente por su experiencia como «hobo» –vagabundo o trabajador temporal que recorre Estados Unidos sin billete, viajando en trenes de mercancías, símbolo de libertad y rechazo a las convenciones–, en al menos tres canciones se refiere a ellos. La primera es Only a Hobo (Solo un vagabundo); la segunda, Walkin’ Down the Line (Siguiendo mi camino), un estándar del country que, en la voz de Arlo Guthrie, se convirtió en uno de los himnos del Festival de Woodstock de 1969; y la tercera, I Am a Lonesome Hobo (Soy un vagabundo solitario), un blues eléctrico compuesto por tres estrofas muy diferenciadas: en la primera, hace inventario de sus delitos; en la segunda, remite a la historia bíblica de Caín y Abel; y en la tercera, recomienda vivir según los propios códigos.

I Am a Lonesome Hobo. John Wesley Harding, 1968. Discogs.com

La polémica, algo habitual en su carrera, resurgió con renovados bríos tras su conversión al cristianismo y los tres discos consecutivos que grabó por dicha razón. El primero de los cuales es Slow Train Coming, cuya portada muestra a un ferroviario sosteniendo un pico que parece una cruz. En su listado de canciones aparece Slow Train, otra canción protesta que, en este caso critica, entre otros aspectos, la explotación de América y el liberalismo económico sin fronteras, representado por hombres de negocios sin escrúpulos. En este contexto, el tren que avanza lentamente puede interpretarse como el inevitable ajuste de cuentas que se aproxima.

Slow Train. Slow Train Coming, 1979. Discogs.com

Dada la reticencia de Dylan a explicarse, los exégetas han jugado un papel fundamental en el análisis de su obra, aunque no siempre se han puesto de acuerdo, como sucede con Duquesne Whistle (El silbato del Duquesne). Para unos, la canción hace referencia al tornado que azotó Duquesne, Missouri, en mayo de 2011; para otros, al tren que pasa por Du Quoin, Illinois, cuya pronunciación es similar a Duquesne, en la línea de Chicago a Nueva Orleans. Se trata de una canción con mucho swing en la que Dylan realiza un viaje introspectivo y evoca su juventud en el Medio Oeste.

Duquesne Whistle. Tempest, 2012. Discogs.com

El 13 de octubre de 2016, a la edad de 75 años, Robert Allen Zimmerman, nacido en Duluth, Minnesota, fue galardonado, no sin controversia, con el Premio Nobel de Literatura, ante el escepticismo de aquellas personas que consideran inapropiado que un cantante reciba tal galardón. Las mismas que parecen olvidar que la música y la poesía siempre han estado unidas; de hecho, la palabra «lírica» proviene del nombre de un instrumento, la lira. Por tanto, bienvenido sea el máximo galardón literario para quien, con su enorme creatividad, sensibilidad ferroviaria y constante reinvención artística, sigue demostrando que son buenos tiempos para la lírica.

La mirada ferroviaria de William Turner

Autorretrato. Circa 1799. tate.org.uk

En 1844, a la edad de 69 años, Joseph Mallord William Turner, uno de los pintores románticos británicos más admirados, sufría una acusada presbicia, lo que le obligaba a utilizar lentes gruesas. A pesar de ello, su capacidad visionaria permanecía intacta, como se evidencia en su óleo Lluvia, vapor y velocidad. El Gran Ferrocarril del Oeste, pintado cuatro años antes de la inauguración del Barcelona – Mataró, el primer ferrocarril público de la Península Ibérica. No fue, por tanto, ni un homenaje al ferrocarril ni a la revolución industrial.

Lluvia, vapor y velocidad. El Gran Ferrocarril del Oeste. 1844. educacion.ufm.edu

A diferencia de muchos de sus colegas, Turner mostraba especial interés en los avances científicos y tecnológicos de la época, algo apreciable en el mencionado óleo. En él vemos la primera representación de un tren en la historia del arte, una locomotora de vapor del ferrocarril privado The Great Western Railway, que conectaba el puerto de Bristol con Londres, y el vanguardista puente de Maidenhead sobre el río Támesis, diseñado por Isambard Kingdom Brunel, el ingeniero que en la actualidad da nombre a unos de los más importantes premios internacionales de arquitectura ferroviaria.

Para Turner, el tren es un recurso para representar un objeto en movimiento a gran velocidad, en un paisaje difuminado. Además, recurre a una luz intensa que transmite una impresión más que una realidad, de ahí que, junto a su compatriota y coetáneo John Constable, sea considerado precursor del impresionismo. Aunque durante años se creyó que era una obra inacabada, hoy sabemos que la confusión vino de quienes no comprendieron y criticaron sus técnicas revolucionarias, las cuales ejercieron gran influencia en otros artistas, desde Claude Monet hasta Jackson Pollock.

Las vistas casi abstractas de la última etapa de Mr. Turner (1775-1851), pintor de la luz y maestro del paisajismo, en cuadros tan significativos como Lluvia, vapor y velocidad. El Gran Ferrocarril del Oeste no son producto de la locura o la senilidad. Estos cambios radicales son la consecuencia de su infatigable espíritu rompedor y viajero. No es la obra de un anciano demente, sino la de un genio en su plenitud, lleno de energía y creatividad, que experimenta más y se atreve con nuevas técnicas, porque no tiene nada que demostrar ni plegarse a las indicaciones de los mecenas.

Rock progresivo ferroviario: grandiosidad artística

Rush. 2112. YouTube.com

Cuando el ingeniero inglés Isambard Kingdom Brunel creó la línea de ferrocarril Great Western, difícilmente podía imaginar que, 120 años después de su inauguración, una de sus infraestructuras, la estación término de Paddington, aparecería en uno de los discos de referencia del rock progresivo: Crime of the Century de la banda británica Supertramp.

En 1974, Supertramp atravesaba un periodo convulso; sus dos primeros discos habían fracasado y su mecenas había puesto fin al patrocinio. Lejos de amilanarse, los dos miembros fundadores reformaron el grupo y editaron Crime of the Century (El crimen del siglo), que les granjeó el reconocimiento de crítica y público. Visto en perspectiva, es como si se hubieran aplicado la famosa sentencia de Guerra y paz en la que Leon Tolstoi afirma «Todo llega cuando tiene que llegar para quien sabe esperar«. Dicha frase también aparece en un verso de la canción Rudy, en la que se escucha la megafonía de la estación de Paddington. La canción narra la historia de un hombre escéptico y desilusionado que no está seguro de haber adoptado las decisiones correctas en su vida, y viaja en un tren con destino a ninguna parte.

Indagar en los orígenes del rock progresivo nos lleva a Pink Floyd, una banda pionera de rock espacial que actuó en la inauguración del mítico The Roundhouse, un antiguo depósito ferroviario londinense convertido en recinto para conciertos y espectáculos. En 1975, publicaba Wish You Were Here (Ojalá estuvieras aquí), dedicada a su miembro fundador Syd Barret. El disco incluye una despiadada crítica a la industria discográfica, personalizada en el hipócrita y avaricioso ejecutivo de Have a Cigar (Fuma un cigarro), en cuyo estribillo podemos oír el modismo americano “riding the gravy train”, que alude a la habilidad para ganar mucho dinero con la mínima inversión de esfuerzo, tiempo o recursos.

Otro grupo que ha coqueteado con el rock espacial es Tangerine Dream, la influyente banda alemana con más de 50 años de carrera artística y más de 70 discos en el mercado. Sus grabaciones abarcan también ambient, new age y, como pioneros en el uso de sintetizadores, música electrónica. Un ejemplo notable es el hipnótico instrumental Love on a Real Train, compuesto para la banda sonora de la película Risky Business.

El rock progresivo, además de inspirarse en el rock espacial, bebe de muchas fuentes, como demuestra, con su mezcla de rock, folk, blues y jazz, Jethro Tull, el grupo escocés que en 1971 editaba su disco más celebrado, Aqualung, que incorpora una de sus composiciones más representativas, Locomotive Breath (El aliento de la locomotora). En ella, su protagonista, Charlie, un hombre al borde del suicidio que reprocha a Dios su suerte, es comparado con una locomotora sin frenos, porque su esposa le engaña con su mejor amigo y sus hijos le han abandonado.

Más ejemplos de la diversidad del rock progresivo los encontramos en el grupo canadiense Rush, que alcanzó la fama al fusionarlo con el rock duro. En su disco 2112, publicado en 1976, aparece A Passage to Bangkok, que habla de algunos de los lugares más famosos del mundo por el cultivo de drogas, de ahí la necesidad de un billete a Bangkok en el Thailand Express.  

Aunque el rock progresivo vivió su momento de gloria entre 1970 y 1975, en 1991 Genesis seguía incluyendo en sus discos composiciones memorables como Driving the Last Spike. Esta canción, que toma su título del acto ceremonioso de colocar el último tirafondo que ponía fin a la construcción de una infraestructura ferroviaria, es un ejemplo del altísimo coste humano que supuso la construcción de los primeros ferrocarriles británicos y las penosas condiciones en las que trabajaban los “navvies”, los zapadores de pico y pala.

El rock progresivo nació como un intento de dotar al rock mayor calidad artística, razón por la cual las bandas, generalmente integradas por brillantes instrumentistas de sólida formación musical, optaron por la experimentación a través de largos y complejos desarrollos instrumentales. Dado que las composiciones resultantes superaban ampliamente los tres minutos de rigor, hasta el extremo de que muchas eran auténticas suites, el LP desplazó al single. Y aunque en muchas ocasiones fijó su atención en enrevesadas historias de ciencia ficción, mundos fantásticos o leyendas medievales, el ferrocarril también logró hacerse un hueco.

El legado ferroviario de los Rolling Stones

The Rolling Stones. Deia.eus

La mañana del 17 de octubre de 1961, Mick Jagger y Keith Richards, dos jóvenes que habían perdido el contacto, se reencontraron por casualidad en el andén número 2 de la estación de Dartford, una ciudad dormitorio de Londres. A raíz de ese encuentro, decidieron tocar juntos en la banda liderada por Jagger, la Little Boy Blue and The Blue Boys, que un año después se convertiría en los Rolling Stones. Con tales precedentes y dada la presencia del ferrocarril en la música anglosajona, era inevitable que dejara poso en su obra, lo cual ha ocurrido a través de versiones de temas de Robert Johnson y Chuck Berry, así como de composiciones propias.

Toda la obra de Robert Johnson se resume en 29 canciones grabadas entre 1936 y 1937, pero tan relevantes para la historia de la música, que han sido versionadas innumerables veces. Por ejemplo, sus «Satánicas Majestades» se atrevieron con su Love in Vain y la incluyeron en su disco Let It Bleed, el primero con Mick Taylor como guitarrista. La canción narra la historia de un hombre que acompaña a su pareja a la estación, consciente de que la relación se ha terminado y ella está a punto de  tomar un tren sin ánimo de volver. Expresa, además, lo doloroso que resulta admitir que todo el amor que sintió por ella fue en vano.

Let It Bleed (1969): «Love in Vain». Discogs.com

Si Robert Johnson se refería a un tren que partía, Chuck Berry, que grabó Let It Rock en 1960 y que los Rolling Stones la incluyeron en diferentes ediciones de su disco Sticky Fingers -en España, por ejemplo, porque Sister Morphine no superó la censura franquista-, evoca uno no programado que se  aproxima. La canción cuenta una historia que transcurre en Mobile, Alabama. Preocupado por la integridad física de sus trabajadores, alojados en sus tipis y listos para salir a divertirse después de haber cobrado, el capataz les advierte que un tren especial se encuentra a solo dos millas.

Sticky Fingers (1971): «Let It Rock». Discogs.com

En una banda con un liderazgo tan férreo, las composiciones propias suelen llevar casi siempre la firma del dúo Jagger-Richards. Tal es el caso de All Down The Line, canción que aparece en Exile on Main St, el disco que muchas personas consideran el mejor de los Stones. El tren que menciona la canción puede ser considerado una metáfora de una vida, con su luces, sombras y altibajos, reflejo del momento que vive el protagonista, porque busca la ayuda de una chica virtuosa en un periodo de excesos. Todo ello enmarcado con una serie de referencias ferroviarias: silbatos de locomotoras, líneas férreas, cables telegráficos o motores diesel.

Exile on Main St (1972): «All Down the Line». Discogs.com

Tras Exile on Main St, los Stones publican Goats Head Soup, un álbum con otra de sus controvertidas portadas. Entre sus composiciones se encuentra Silver Train. La canción cuenta la historia de una prostituta que seduce a un cliente con su sonrisa y palabras encantadoras. Tras una experiencia efímera pero inolvidable, el protagonista regresa a casa en un tren plateado, llevando consigo una marca imborrable del encuentro.

Goats Head Soup (1973): «Silver Train». Discogs.com

Las contribuciones de los Stones a la música ferroviaria reflejan la influencia americana en su obra y, en cierta medida, reafirman su célebre (I Can’t Get No) Satisfaction, ya que en ninguna de estas canciones se percibe rastro de amor correspondido. A primera vista, Let It Rock podría parecer una excepción; sin embargo, los versos “Tryin’ to find somebody to take away these blues / She don’t love me…” (Buscando a alguien que me libere de esta tristeza / ella no me quiere…) demuestran lo contrario.

El legado ferroviario de los Beatles

The Beatles. Race.es

Subyugados por la magia del ferrocarril, los Beatles también lo incluyeron en algunas de sus películas y canciones. Y todos o algunos de sus componentes, según el caso, versionaron dos clásicos del folklore norteamericano como son Rock Island Line, un tema sobre el ferrocarril de Chicago a Rock Island, y Midnight Special, el tren de medianoche cuya luz señalaba a los presos que iban a ser liberados.

Si analizamos por orden cronológico su carrera como banda, el primer hito ferroviario nos lleva a 1964, año del estreno de A Hard Day’s Night. En esta película, Ringo Starr sostiene un receptor de radio mientras suena un rock instrumental de 42 segundos de duración, cuya autoría sigue siendo un misterio, y que ha sido bautizado como The Train Song. El hecho de que ningún otro músico haya reclamado la titularidad de la grabación sugiere que podría habere sido interpretada por los propios Beatles.

A Hard Day’s Night, 1964. beatlesfansomethingnew.files.wordpress.com.

El segundo hito lo encontramos en su disco Help. Se trata de la celebérrima Ticket to Ride, composición que ha sido objeto de diferentes interpretaciones. Por ejemplo, Paul McCartney decía que el título era un juego de palabras con Ryde, la ciudad en la isla de Wight, conectada a Shanklin a través del Island Line Railway. La letra sugiere la posibilidad de adquirir un billete para viajar hasta allí al objeto de visitar a un familiar.  

Ticket to Ride. Help, 1965. Discogs.com

Dos años después los Beatles editan su obra cumbre, Sgt. Pepper’s Lonely Hearts Club Band, que incluye Lucy in the Sky with Diamonds, una canción tradicionalmente considerada un homenaje al LSD, aspecto siempre desmentido por los miembros de la banda, que afirmaban que la inspiración vino de un dibujo que con cuatro años Julian Lennon hizo de su compañera de clase Lucy O’Donnell. Sin embargo, las imágenes surrealistas que evocan versos como “Imagínate en un tren en una estación / con porteros de plastilina con corbatas de cristal”, pueden ser interpretadas como un viaje psicodélico.

Lucy in the Sky with Diamonds. Sgt. Pepper’s Lonely Hearts Club Band, 1967. Discogs.com

Su último disco, Let It Be, pretendía ser una vuelta a los orígenes y el rock One after 909 es un buen ejemplo. De hecho, es una canción de 1958 en la que de nuevo se pone de manifiesto la debilidad que sentía John Lennon por el número 9. Fue interpretada en la famosa actuación en la terraza de los Apple Studios el 30 de enero de 1969, y versa sobre un chico que suspira infructuosamente por una chica que viaja en el tren 909. Entre los musicólogos no hay unanimidad sobre cuál es dicho tren, para unos es el siguiente al número 909, para otros, es el posterior al de las 9.09. Parece más lógico pensar que los clientes prestan más atención a los horarios que a los números de los trenes.

One after 909. Let It Be, 1970. Discogs.com

Entre el 5 de octubre de 1962, día en que los Beatles publicaron su primer sencillo, Love Me Do, y el 8 de mayo de 1970, fecha en la que salió al mercado el disco Let It Be, transcurrieron casi ocho años en los que rodaron 5 películas y, si nos atenemos a la discografía oficial, grabaron 211 canciones. Tanto en unas como en otras, el ferrocarril fue un elemento esencial de unas obras que forman parte de la banda sonora de la vida de millones de personas.

Night Train to Lisbon (Tren de noche a Lisboa)

Imagen: FilmAffinity

¿Puede una persona fascinada por la forma que tiene un libro de tratar el amor, la amistad, el coraje y la muerte, tomar inopinadamente un tren con destino a otro país para descubrir quién era su autor? ¿Es posible cuestionarse la propia vida hasta el extremo de abandonar de repente una existencia cómoda, pero triste y prosaica, para descubrirse a sí mismo? Partiendo de estas premisas, Bille August rodó “Tren de noche a Lisboa”, el thriller político basado en el superventas de Pascal Mercier de homónimo título.

Raimund Gregorius (Jeremy Irons) es un profesor de latín, divorciado desde hace cinco años e inmerso en una crisis existencial, que vive en Berna. Un día mientras se dirige a su trabajo salva a una chica portuguesa que está a punto de suicidarse, la cual desaparece casi de inmediato dejando tras de sí su abrigo rojo, el  libro “El orfebre de las palabras”, de Amadeu do Prado (Jack Huston), y unos billetes para el tren nocturno a Lisboa, los cuales aprovecha para viajar a la capital lusa.

En un continuo juego de flashbacks, en los que se alternan presente y pasado, como vías que acaban convergiendo, la película nos revela la evolución que sufre Raimund Gregorius tras conocer de cerca la vida de Amadeu de Prado, el médico y orfebre de las palabras comprometido con la Resistencia al régimen de Salazar, la de las personas a las que se unió en los días previos a la Revolución de los Claveles, así como sus amores, lealtades y traiciones. A dicha evolución contribuirá también la oftalmóloga encarnada por Martina Gedeck, que le hace ver el mundo de otra manera. Todo lo cual le aboca a concluir que a lo largo de su vida debería haberse arriesgado más.

Seleccionada para la sección oficial del Festival de Cine de Berlín de 2013, “Tren de noche a Lisboa” es una sosegada reflexión sobre la vida, el amor y influencia de la literatura, en la que el tren nocturno representa el viaje a lo desconocido para encontrase con uno mismo.

FICHA TÉCNICA:

  • Título original: Night Train to Lisbon
  • Director: Bille August
  • Guión: Ulrich Herrmann, Greg Latter
  • Música: Annette Focks
  • Fotografía: Filip Zumbrunn
  • Actores: Jeremy Irons, Jack Huston, Christopher Lee, Mélanie Laurent, Charlotte Rampling, Lena Olin, Tom Courtenay, Bruno Ganz, Martina Gedeck
  • País: Alemania
  • Año: 2013
  • Duración: 110 min.
  • Género: Intriga, romance, thriller



Estación Libertad

Emilio Ruiz Barachina. Estación Libertad, 2016. esferalibros.com

En 1964, Isaac Retzman, un judío de setenta años, residente en Nueva York y de salud frágil, supo que Amancio Vázquez, un inmigrante gallego afincado en Manhattan, planeaba pasar sus vacaciones en su tierra natal. Aquella noticia despertó en Retzman un recuerdo decisivo de su vida: durante la Segunda Guerra Mundial había logrado sobrevivir gracias a la ayuda de tres hermanas que regentaban un quiosco en la estación de ferrocarril de Ribadavia, en Ourense. Movido por la gratitud y la urgencia del tiempo, trató de hacerles llegar su testimonio.

Tiempo después, el propio Amancio Vázquez reveló este hecho a Antón Patiño, autor que en 2005 publicó Memoria de ferro, libro de relatos cortos que sacó a la luz la labor que desarrollaron las hermanas Touza Domínguez, Lola, Amparo y Xulia, en la década de 1940, gracias a la cual unos quinientos judíos y refugiados perseguidos por los nazis salvaron su vida, huyendo desde la estación de Ribadavia a América o África a través de Portugal.

En aquellos años, los trenes se detenían en Ribadavia entre veinte y treinta minutos, un tiempo suficiente para que la gente descendiera al andén, estirara las piernas o se acercara al quiosco a saborear melindres y rosquillas, acompañadas de ribeiro o licor café. Ese tiempo también permitía a las hermanas Touza subir a los convoyes para ofrecer sus productos, convirtiendo la estación en un observatorio privilegiado y una fuente de información de primera mano.

Quiosco y Estación de Ribadavia. unedourense.es

Los judíos y refugiados, que solían llegar solos o en grupos muy reducidos, eran escondidos por las hermanas en el propio quiosco o en su vivienda. Más tarde, con la colaboración discreta de dos taxistas —Xosé Rocha Freijedo y Javier Míguez Fernández—, de un tonelero —Ricardo Pérez Parada, antiguo emigrante en Estados Unidos y ocasional traductor— y de un barquero, Ramón Estévez, eran trasladados en la oscuridad de la noche hasta la frontera portuguesa, esquivando tanto a las autoridades franquistas como a los agentes de la Gestapo.

La desinteresada labor de las hermanas Touza, a las cuales no movía interés político, económico o ideológico, ha sido comparada con la de Oscar Schindler, el industrial alemán que salvó la vida a más un millar de judíos. Dicha labor ha sido reconocida por Israel y gracias al Centro Peres por la Paz hay un árbol en su memoria plantado en las colinas de Jerusalén. Además, Lola, la de carácter más arrojado y organizadora de todo el entramado, ha sido propuesta para el título Justa de las Naciones, uno de los máximos reconocimientos para la comunidad judía.

El relato de Antón Patiño, Lola, Amparo e Xulia, as de Ribadavia, fue el detonante que impulsó a Emilio Ruiz Barrachina a escribir la novela histórica Estación libertad, un emotivo homenaje al sacrificio de tres mujeres que, de manera silenciosa y completamente desinteresada, hicieron posible que cientos de personas salvaran la vida. La obra constituye, además, una valiosa recopilación de testimonios e imágenes sobre un episodio de enorme relevancia histórica que permaneció oculto durante más de medio siglo.

DATOS BIBLIOGRÁFICOS

  • Autor: Emilio Ruiz Barrachina
  • Título: Estación Libertad
  • Editorial: La esfera de los libros
  • Año de publicación: 2016
  • Páginas: 211
  • Género: Novela histórica

The Railway Man (Un largo viaje)

The Railway Man, 2013. FilmAffinity.com

Durante la Segunda Guerra Mundial, entre 1942 y 1943, Japón construyó el Burma-Thailand Railway o «Death Railway”, para unir Bangkok con Rangún y de esta forma apoyar a sus tropas en la Campaña de Birmania. En su construcción participaron más de 300.000 prisioneros de guerra, de los cuales un tercio perdió la vida como consecuencia del agotamiento, el cólera, la disentería o el hambre. Uno de los prisioneros que logró salvar la vida fue Eric Lomax, un irreductible oficial escocés y auténtico apasionado del ferrocarril que, a diferencia de la mayoría de sus compañeros, rompió el código de silencio y contó su experiencia en el libro The Railway Man, publicado en 1995.

Tomando como referencia dicho libro, ocho años después el director Jonathan Teplitzky rodó The Railway Man (Un largo viaje), un filme que simultanea el tiempo que Lomax (Jeremy Irvine, de joven, y Colin Firth, de adulto), pasó como prisionero y su vida tras conocer a su segunda esposa, la enfermera canadiense Patti Wallace (Nicole Kidman), con la que contrajo matrimonio en 1983. En ella nos muestra el doble calvario en el que se vio inmerso Lomax: el físico, al que le sometieron los japoneses tras descubrir tanto el detallado mapa que había dibujado del trazado de vía que estaban construyendo como la radio que había fabricado; y el psicológico, que sufrió como consecuencia de las torturas soportadas durante la guerra y seguía padeciendo cuatro décadas después.

Sin embargo, la vida de Lomax dio un vuelco cuando descubrió en el periódico Japan Times que el oficial que presidía sus interrogatorios y torturas, Takasi Nagase (Hiroyuki Sanada), era guía turístico de los lugares donde habían ocurrido los hechos causantes de sus ataques de pánico y pesadillas. Tras ponerse de acuerdo con Nagase, se reencontraron en el puente sobre el río Kwai, lo que acabó siendo un largo viaje para superar el horror vivido durante la construcción del “Ferrocarril de la muerte”, porque tras las repetidas disculpas de Nagase, Lomax dejó escrito en The Forgiveness Project: “Después de nuestro encuentro me sumí en un estado de paz y determinación. El perdón es posible cuando alguien está preparado para aceptar la disculpa”.

Seleccionada para la sección oficial del Festival Internacional de Cine de San Sebastián de 2013, al que acudió Patti Wallace, “The Railway Man” (Un largo viaje) es un drama sobre el poder del perdón y la reconciliación, que destaca por sus excelentes interpretaciones y la fidedigna recreación de los hechos. Una película que incluye también un sutil homenaje a David Lean, el director de Brief Encounter (Breve encuentro), cuando Lomax y Wallace pasan en tren por Carnforth, la estación en el condado de Lancashire donde se rodó.

FICHA TÉCNICA:

  • Título: The Railway Man   
  • Director: Jonathan Teplitzky
  • Guión: Frank Cottrell Boyce, Andy Paterson
  • Música: David Hirschfelder
  • Fotografía: Garry Phillips
  • Reparto: Colin Firth, Nicole Kidman, Jeremy Irvine, Stellan Skarsgård, Hiroyuki Sanada
  • País: Australia
  • Año: 2013
  • Duración: 116 minutos
  • Género: Drama, biografía, romance