Jazz-rock ferroviario: vibrante fusión

A finales de la década de 1960, el jazz —el género musical que quizá mejor ha sabido interiorizar los sonidos del ferrocarril— se fundió con el rock y el funk. De ese encuentro surgió un estilo nuevo y deslumbrante, terreno propicio para el virtuosismo de músicos superdotados que, apoyados en instrumentos eléctricos y electrónicos, dieron forma a composiciones complejas, ricas en filigranas técnicas y amplios espacios para la improvisación. Sin embargo, cuando el exhibicionismo instrumental y cierta tendencia megalómana comenzaron a eclipsar la frescura creativa, en la década siguiente emergió una vertiente más accesible y orientada al gran público: la llamada fusión, que suavizó las aristas del género sin renunciar del todo a su complejidad sonora.

Entre los representantes más destacados de esta vertiente se encuentra el violinista francés Jean-Luc Ponty. Maestro indiscutible del violín eléctrico, Ponty ha sabido ampliar el vocabulario del instrumento mediante recursos electrónicos y una imaginación melódica inconfundible. Su huella es profunda tanto en su carrera en solitario como en sus colaboraciones con figuras del rock —Elton John, Frank Zappa— y del jazz-rock —Mahavishnu Orchestra, Return To Forever—. En su prolífica discografía brilla Trans-Love Express, un vibrante instrumental que evoca un viaje ferroviario convertido en metáfora espiritual, fiel reflejo de un músico fascinado por el misticismo, los periplos imaginarios y los mensajes cósmicos.

Jean-Luc Ponty – Enigmatic Ocean (1977): «Trans-Love Express». Discogs.com

Otra referencia europea imprescindible es la banda de Canterbury Soft Machine, formación clave aunque de repercusión comercial más discreta que su influencia artística. En 1975 publica Bundles, disco que incluye la delicada pieza instrumental The Man Who Waved at Trains (El hombre que saludaba a los trenes). El título remite a la novela de Georges Simenon L’Homme qui regardait passer les trains, y en apenas dos minutos condensa la sensibilidad experimental y la elegancia melódica de un grupo fundamental para entender la evolución del jazz-rock británico.

Soft Machine – Bundles (1975): «The Man Who Waved at Trains». Discogs.com

Si Soft Machine toma su nombre de la célebre novela de William S. Burroughs, el cuarteto neoyorquino The Manhattan Transfer hace lo propio con otra obra emblemática de John Dos Passos. Especializado en armonías vocales, sus integrantes han reivindicado siempre su vocación ecléctica, aunque sienten predilección por poner letra —o voz— a grandes instrumentales del jazz. Uno de sus temas más emblemáticos es Tuxedo Junction, que se abre con una sugerente imitación vocal del sonido de un tren. El título alude al intercambiador ferroviario de Tuxedo, en Birmingham (Alabama), antiguo núcleo de ocio y baile donde, curiosamente, había una tienda de alquiler de esmóquines (tuxedos, en inglés americano), detalle que terminó dando nombre al lugar y a la canción.

The Manhattan Transfer – The Manhattan Transfer (1975): «Tuxedo Junction». Discogs.com

Si hay un músico que ha sabido integrar el jazz con otros lenguajes sin perder exigencia ni calidez, ese es el guitarrista estadounidense Pat Metheny. Su capacidad para fundir lirismo, virtuosismo y apertura estilística se manifiesta de manera ejemplar en Still Life (Talking), donde figura la electrizante Last Train Home (Último tren a casa). En esta pieza, la cadencia del tren —evocada rítmicamente— se entrelaza con aires brasileños, generando una atmósfera de viaje y nostalgia. La composición parece condensar la vida itinerante de un músico capaz de ofrecer hasta 240 conciertos al año.

Pat Metheny Group – Still Life (Talking) (1987): «Last Train Home». Discogs.com

Los especialistas suelen señalar Bitches Brew, el álbum que Miles Davis publicó en 1970, como la verdadera puesta de largo del jazz-rock y el antecedente directo de la fusión. Polémico y revolucionario, el disco dividió a la crítica y a los puristas, pero abrió definitivamente las puertas del jazz a nuevas audiencias más próximas al pop y al rock. Y, en esa confluencia de estilos, el imaginario ferroviario encontró también un nuevo cauce expresivo.

Heavy metal ferroviario: transgresión existencial

Indagar en la etimología de la expresión heavy metal nos lleva a dos novelas escritas por William Burroughs a principios de la década de 1960, que responden a los títulos The Soft Machine -porque uno de sus personajes tiene por nombre Uranian Willy: The Heavy Metal Kid-, y Nova Express -por el tipo de música que escuchan las personas insecto-.

Si atendemos al uso del término dentro del ámbito musical, conviene remitirse al sociólogo alemán Hartmut Rosa, quien señala en su libro Cantan los ángeles, rugen los monstruos que su primera aparición en la letra de una canción se encuentra en Born to Be Wild, de Steppenwolf: «I like smoke and lightning / Heavy metal thunder” (Me gustan el humo y los relámpagos / los truenos del heavy metal).

El heavy metal, una evolución del hard rock, es un género musical transgresor que busca ofrecer una experiencia única, intensa y sensorial. En él abundan las referencias a la fantasía épica y la mitología, la muerte y el oscurantismo, así como a la rebeldía y la crítica social. Como señala Andrew O’Neill en La historia del Heavy Metal, el género surge a finales de la década de 1960 gracias a dos bandas originarias de Birmingham (Inglaterra): Black Sabbath y Judas Priest.

Judas Priest, cuyo nombre proviene de una canción de Bob Dylan (The Ballad of Frankie Lee and Judas Priest), ha sido siempre estandarte de la contundencia del British Steel, la descarga de adrenalina y la celebración de la fuerza sonora. Con estos antecedentes, resulta fácil comprender por qué en su discografía encontramos temas como Bullet Train, cuyos versos describen un avance sin frenos, ignorando el peligro, mientras una fuerza imparable (el tren bala) arrasa con todo a su paso, incluidos la mente y los sentidos.

Judas Priest – Jugulator (1997): «Bullet Train». Discogs.com

Sentadas las bases del heavy metal, comienzan las desavenencias internas en Black Sabbath, hasta el extremo de que su carismático líder, Ozzy Osbourne, decide abandonar la banda en 1979 para iniciar su carrera en solitario. Su debut, el mítico Blizzard of Ozz, incluye Crazy Train, una llamada de atención para que los herederos de la Guerra Fría dejemos de vivir como enemigos y no nos comportemos como trenes descontrolados, porque la consecuencia inevitable será la destrucción.

Ozzy Osbourne – Blizzard of Ozz (1981): «Crazy Train». Discogs.com

A finales de la década de 1970, el sonido del heavy metal tradicional, unido a la agresividad punk y al rock que se toca en los pubs, da lugar a la Nueva Ola del Heavy Metal Británico. Su reinado se extenderá hasta mediados de la década de 1980, momento en el que será eclipsado por el trash metal y el glam metal. 

Son muchas las bandas que integran la Nueva Ola del Heavy Metal Británico, pero por su influencia es obligado comenzar con Motörhead. Su pasión por el ferrocarril queda patente en Locomotive, canción que se puede entender como una declaración de principios: Motörhead es una locomotora, poder y gloria quemando las vías, y aplastará cualquier cosa en su camino. Pero tal vez sea Ridin’ with the Driver, que incluso menciona a Casey Jones, The Brave Engineer, su composición ferroviaria señera. La canción habla de aceptar el viaje, aunque sea peligroso. No importa si el final es malo: lo importante es ir a toda velocidad, fiel a uno mismo. Es una celebración del riesgo y de la vida intensa.

Motörhead – Orgasmatron (2015): «Ridin’ with the Driver». Discogs.com

Coetánea de Motörhead es Saxon, banda que en Denim and Leather, uno de sus discos más representativos y a la vez definitorios de la estética heavy, incluye toda una declaración de amor a una locomotora. Dicha canción es Princess of the Night, sobre la locomotora de vapor LMS Princess Royal Class, que prestó servicio en diferentes operadores británicos hasta 1962 y que encarna la época dorada del acero, el trabajo y la velocidad.

Saxon – Denin and Leather (1982): «Princess of the Night». Discogs.com

El heavy metal es una transgresión existencial, de actitud desafiante y aura antisistema, que aborda cuestiones oscuras y profundas. Su energía imparable también se encapsula en metáforas ferroviarias, que representan la velocidad, el poder y el desafío de un género que celebra la autenticidad y la pasión sin límites.