Jazz-rock ferroviario: vibrante fusión

Manhattan Transfer. The Best of. Amazon.com

A finales de la década de 1960, el jazz, el género musical que mejor ha interiorizado los sonidos del ferrocarril, se unió al rock. Nació así un estilo ideal para el lucimiento de músicos superdotados que, con sus instrumentos eléctricos o electrónicos, compusieron e interpretaron temas complejos, llenos de filigranas e improvisaciones. Sin embargo, dada la deriva megalómana y egocéntrica que comenzaba a dominar el género, en la siguiente década surgió una corriente más comercial conocida como fusión.

Uno de los representantes más destacados de esta fusión es el francés Jean-Luc Ponty. Gracias a su destreza con el violín eléctrico y a los efectos que incorpora en sus composiciones, ha dejado una huella significativa, tanto en su carrera en solitario como en sus colaboraciones con artistas del rock (Elton John, Frank Zappa) y del jazz-rock (Mahavishnu Orchestra, Return To Forever). En su prolífica carrera, encontramos vibrantes instrumentales como Trans-Love Express, el expreso del amor de un músico con querencia por el misticismo, los viajes imaginarios y los mensajeros cósmicos.  

Otra referencia europea imprescindible es la banda de Canterbury Soft Machine. En 1975, nos regalaba The Man Who Waved at Trains (El hombre que saludaba a los trenes), cuyo título evoca la novela de George Simenon L’Homme Qui Regardait Passer Les Trains. Esta gema instrumental, de casi dos minutos, es representativa de un grupo con mayor influencia que repercusión comercial.

Si Soft Machine toma su nombre del título de una conocida novela de William Burroughs, el cuarteto neoyorkino Manhattan Transfer hace lo propio con otra no menos conocida novela de John dos Passos. Como dice una de sus integrantes, el cuarteto interpreta todo tipo de música, pero prefiere poner voz a los grandes instrumentales del jazz. Un ejemplo de esto es Tuxedo Junction, una de sus canciones más emblemáticas, que comienza con la imitación vocal del sonido del tren y cuyo origen se encuentra en el intercambiador de Tuxedo, en Birmingham, Alabama. Cerca de dicho intercambiador, que era un centro neurálgico para el ocio y el baile, había una tienda de alquiler de esmóquines (tuxedo, en inglés americano).

Sin duda el músico que mejor ha fusionado el jazz con otros estilos es el virtuoso guitarrista norteamericano Pat Metheny. Esto queda patente por enésima vez en su disco Still Life (Talking), que incluye la electrizante mezcla de jazz y ritmos brasileños de Last Train Home (Último tren a casa), una composición que refleja la añoranza de un profesional que llega a ofrecer hasta 240 conciertos al año.

Los especialistas suelen señalar Bitches Brew, el disco publicado por Miles Davis en 1970, como la puesta de largo del jazz-rock, un estilo muy contestado por los puristas, pero que ha logrado incorporar al jazz a personas más proclives a estilos menos exigentes como el pop o el rock, en el que el ferrocarril está presente en algunas de sus composiciones más bellas.

Heavy metal ferroviario: transgresión existencial

Indagar en la etimología de la expresión heavy metal nos lleva a dos novelas escritas por William Burroughs a principios de la década de 1960, que responden a los títulos The Soft Machine -porque uno de sus personajes tiene por nombre Uranian Willy: The Heavy Metal Kid-, y Nova Express -por el tipo de música que escuchan las personas insecto-.

Si atendemos al uso del término dentro del ámbito musical, conviene remitirse al sociólogo alemán Hartmut Rosa, quien señala en su libro Cantan los ángeles, rugen los monstruos que su primera aparición en una letra de canción se encuentra en Born to Be Wild, de Steppenwolf: «I like smoke and lightning / Heavy metal thunder” (Me gustan el humo y los relámpagos / los truenos del heavy metal).

El heavy metal, una evolución del hard rock, es un género musical transgresor que busca ofrecer una experiencia única, intensa y sensorial. En él abundan las referencias a la fantasía épica y la mitología, la muerte y el oscurantismo, así como a la rebeldía, la libertad y la crítica social. Como señala Andrew O’Neill en La historia del Heavy Metal, el género surge a finales de la década de 1960 gracias a dos bandas originarias de Birmingham (Inglaterra): Black Sabbath y Judas Priest.

Judas Priest, cuyo nombre proviene de una canción de Bob Dylan (The Ballad of Frankie Lee and Judas Priest), ha sido siempre estandarte de la contundencia del British Steel, la descarga de adrenalina y la celebración de la fuerza sonora. Con estos antecedentes, resulta fácil comprender por qué en su discografía encontramos temas como Bullet Train, cuyos versos describen un avance sin frenos, ignorando el peligro, mientras una fuerza imparable (el tren bala) arrasa con todo a su paso, incluidos la mente y los sentidos.

Judas Priest – Jugulator (1997): «Bullet Train». Discogs.com

Sentadas las bases del heavy metal, comenzaron las desavenencias internas en Black Sabbath, hasta el extremo de que su carismático líder, Ozzy Osbourne, decidió abandonar la banda en 1979 para iniciar su carrera en solitario. Su debut, el mítico Blizzard of Ozz, incluye Crazy Train, una llamada de atención para que los herederos de la Guerra Fría dejemos de vivir como enemigos y no nos comportemos como trenes descontrolados, porque la consecuencia inevitable será la destrucción.

Ozzy Osbourne – Blizzard of Ozz (1981): «Crazy Train». Discogs.com

A finales de la década de 1970, el sonido del heavy metal tradicional, unido a la agresividad punk y al rock que se toca en los pubs, da lugar a la Nueva Ola del Heavy Metal Británico. Su reinado se extenderá hasta mediados de la década de 1980, momento en el que será eclipsado por el trash metal y el glam metal. 

Son muchas las bandas que integran la Nueva Ola del Heavy Metal Británico, pero por su influencia es obligado comenzar con Motörhead. Su pasión por el ferrocarril queda patente en Locomotive, canción que se puede entender como una declaración de principios: Motörhead es una locomotora, poder y gloria quemando las vías, y aplastará cualquier cosa en su camino. Pero tal vez sea Ridin’ with the Driver, que incluso menciona a Casey Jones, The Brave Engineer, su composición ferroviaria señera. La canción habla de aceptar el viaje, aunque sea peligroso. No importa si el final es malo: lo importante es ir a toda velocidad, fiel a uno mismo. Es una celebración del riesgo y de la vida intensa.

Motörhead – Orgasmatron (2015): «Ridin’ with the Driver». Discogs.com

Coetánea de Motörhead es Saxon, banda que en Denim and Leather, uno de sus discos más representativos y a la vez definitorios de la estética heavy, incluye toda una declaración de amor a una locomotora. Dicha canción es Princess of the Night, sobre la locomotora de vapor LMS Princess Royal Class, que prestó servicio en diferentes operadores británicos hasta 1962 y que encarna la época dorada del acero, el trabajo y la velocidad.

Saxon – Denin and Leather (1982): «Princess of the Night». Discogs.com

El heavy metal es una transgresión existencial, de actitud desafiante y aura antisistema, que aborda cuestiones oscuras y profundas. Su energía imparable también se encapsula en metáforas ferroviarias, que representan la velocidad, el poder y el desafío de un género que celebra la autenticidad y la pasión sin límites.