Jazz ferroviario en la historia del cine

Poco podían imaginar los esclavos de África Occidental que sus hollers, sus gritos de campo, acabarían transformándose, ya en Estados Unidos, en canciones de labor que darían origen al blues y al jazz. En los estados del Sur, las primeras cuadrillas ferroviarias recibían las órdenes de sus capataces mediante un sistema de llamada y respuesta: el capataz cantaba las instrucciones y los trabajadores respondían también cantando. No solo confirmaban así que habían comprendido el mensaje, sino que coordinaban los movimientos y reducían el riesgo de accidentes.

Entre las influencias tempranas del jazz destaca el ragtime, estilo que alcanzó su apogeo a finales del siglo XIX gracias a músicos como Scott Joplin. A él debemos The Great Crush Collision March, pieza compuesta en 1896 para un espectáculo basado en la colisión real de dos trenes, una atracción muy popular en Estados Unidos en aquella época. Este evento multitudinario es todo un precedente  del cine de catástrofes, un filón que Hollywood ha sabido explotar a lo largo de los años, con películas como Aeropuerto, Terremoto o El coloso en llamas, así como con TitanicArmageddonLa tormenta perfecta, que han trasladado a la gran pantalla  la misma fascinación por la espectacularidad del desastre.

En la década de 1940, el cine era mucho más que un evento multitudinario era un espectáculo de masas y en una auténtica fábrica de sueños, capaz de atraer al público sin necesidad de aparatosos choques ferroviarios. Esa fascinación se vio reforzada por la unión de estrellas cinematográficas y grandes orquestas de jazz —las big bands— con su característico ritmo, el swing. Así surgieron películas como Sun Valley Serenade (Tú serás mi marido), que incluye Chattanooga Choo Choo, una de las composiciones más emblemáticas de la railway music. Escrita por Harry Warren e interpretada por Glenn Miller, la canción alcanzó el número uno en Estados Unidos en 1941 y obtuvo el primer disco de oro concedido en el país. Su título, inspirado en la ciudad de Chattanooga (Tennessee) y en dos onomatopeyas que evocan el silbato del tren, relata un viaje que parte de Nueva York.

Tú serás mi marido. H. Bruce Humberstone (1941). Filmaffinity.com

Considerada una de las cien mejores composiciones estadounidenses de todos los tiempos y pieza fundamental en el repertorio de la big band de Duke Ellington —probablemente el compositor de jazz más influyente, elegante y refinado—, el swing Take The ‘A’ Train fue incluido en la banda sonora de Reveille with Beverly (La canción del amanecer), una película sobre una locutora de radio que pinchaba dicho estilo en un programa que comenzaba a las 05.30. El instrumental escrito en 1939 por Billy Strayhorn, alude a las indicaciones que el propio Ellington dio al músico para llegar a su casa en Harlem tras viajar desde Pittsburgh: «Primero, tome el tren A».

La canción del amanecer. Charles Barton (1943). Filmaffinity.com

Harry Warren es también el compositor de la música de On the Atchison, Topeka & the Santa Fe, canción cuyo título coincide con el del ferrocarril de homónimo nombre (AT&SF, por sus siglas en inglés), fundado en 1859 para unir Chicago con el sur de California. Durante años fue considerado el más importante de los EE. UU. La canción forma parte de la banda sonora de The Harvey Girls (Las chicas de Harvey), la película en la que George Sidney homenajeba a las camareras de la antigua cadena de hoteles Harvey y con la que Judy Garland ganó el Oscar a la mejor canción original en 1946.

The Harvey Girls. George Sidney (1946). Filmaffinity.com

Suele decirse que la palabra «jazz» procede de la expresión «jass it up, boys», pronunciada en el Schiller’s Café de Chicago en 1916 durante la actuación de la Johnny Stein’s Band, embrión de la futura Original Dixieland Jazz Band, que publicó el primer disco de jazz un año después. Al igual que «rock & roll», el término «jazz» tuvo inicialmente connotaciones de carácter sexual y se empleó de forma peyorativa para denominar aquella nueva música. Sin embargo, su constante evolución lo ha convertido en uno de los estilos más eclécticos y exigentes, quizá el que mejor ha sabido incorporar a su lenguaje los sonidos del ferrocarril, y uno de de los más presentes en las bandas sonoras cinematográficas.