
Pentimento. tuttartpitturasculturapoesiamusica.com
Sally Storch (1952) es una pintora estadounidense que, aunque creció influenciada por sus dos tías artistas, Bertha Rihani -que vivió y pintó en París en la década de 1920, junto a Henri Mattisse y Kees Van Dongen-, y Stephanie Stockon -que estudió en The Art Students League en Nueva York en la década de 1930-, considera a Edward Hopper como su mayor fuente de inspiración.
Sus obras, que nos transportan a la década de 1950, suelen estar impregnadas de una luz cálida que les confiere un aire nostálgico y romántico. En ellas vemos a menudo a mujeres independientes, dueñas de su tiempo, concentradas en sus actividades e integradas en el entorno. Por ejemplo, en Northeast Train at Dusk una mujer lee con atención en el compartimento de un tren nocturno. Y aunque en apariencia es la única pasajera, carece del tono sombrío tan característico de las obras de Hopper.

Algo similar ocurre en Lost Pocketbook, Night Train, donde otra mujer está inmersa en la lectura sin percatarse que en el asiento de enfrente alguien olvidó un libro de bolsillo. La luz que entra por la derecha crea toda una serie de sombras que añaden profundidad a una obra rica en detalles, que de nuevo transmite sensación de serenidad y silencio.

Lost Pocketbook, Night Train. tuttartpitturasculturapoesiamusica.com
Con una ubicación parecida y una paleta de colores que incluye tonos dorados, rojos y verdes grisáceos, pero con la luz proveniente de la izquierda, en The Black Bag contemplamos a una mujer de pie que observa detenidamente un bolso negro abandonado en el suelo. En el ambiente se respira quietud, como si el tiempo se hubiese detenido, reflexión y misterio.

The Black Bag. americanpulps.com
El escenario cambia radicalmente en Gran Central Café, Girl in a Blue Skirt, porque Storch nos traslada a la cafetería de una estación. Se trata de un cuadro de realismo urbano, con su característica estética años 50, en el que una mujer con una falda azul, su color preferido para las prendas que visten las protagonistas de sus viajes en tren, está concentrada en la lectura mientras el camarero le sirve una consumición. Provista de una maleta, parece estar a punto de iniciar un viaje.

Los cuadros de inspiración ferroviaria de Sally Storch, al igual que el resto de su obra, son con frecuencia ventanas a momentos íntimos. Una invitación, en un mundo apresurado, a detenernos, observar y apreciar la riqueza de nuestras experiencias cotidianas. Retratos sin sentimentalismo de gente común, en la que se intuye una gran vida interior. Obras en las que se presta gran atención a los detalles, de manera que las personas que observamos sus lienzos podamos imaginar la historia que encierran.






