En la primera mitad del siglo XX, el ferrocarril fue uno de los medios de transporte predilectos de los músicos de jazz durante sus giras por Estados Unidos. Con semejante antecedente, resulta plausible pensar que los sonidos de locomotoras, vagones y silbatos influyeran en muchas de sus composiciones, no solo por familiaridad, sino también porque ofrecían un material sonoro idóneo para el lucimiento de las secciones de metal de las grandes orquestas.
Ecos de esa influencia aparecen en el swing 9:20 Special, registrado por Count Basie, el otro gran líder de las big bands de las décadas de 1930 y 1940 junto a Duke Ellington, tras un viaje nocturno en tren desde Chicago. El título, al igual que su célebre One O’Clock Jump, alude a la hora en que se completó la grabación. Se trata de un instrumental que evoca un tren de pasajeros atravesando la noche a toda velocidad: los instrumentos de viento sugieren silbatos, válvulas y pistones de una locomotora de vapor, mientras la percusión recrea el traqueteo rítmico de los vagones sobre los raíles.

Count Basie – The Essential Count Basie Volume 3 (1941): «9:20 Special». Discogs.com
Casi al filo de la segunda mitad del siglo XX, y una vez concluida la Segunda Guerra Mundial, entre 1947 y 1949, otro tren recorría Estados Unidos con un propósito simbólico: reforzar el patriotismo nacional. Fue bautizado como el Tren de la libertad. Pintado con los colores de la bandera y custodiado por marines, transportaba documentos fundamentales como la Constitución, la Declaración de Independencia o la Carta de Derechos. Un convoy con semejante carga histórica requería una canción oficial, y así nació The Freedom Train, un swing vocal compuesto por Irving Berlin e interpretado por Bing Crosby junto a The Andrews Sisters.

Bing Crosby and The Adrews Sisters – Their Complete Recordings Together (1947): «The Freedom Train». Discogs.com
Mientras tanto, el siglo avanzaba y una nueva figura emergía con fuerza: Thelonious Monk. Dotado de un talento extraordinario para la composición y la improvisación, su estilo resultaba menos accesible para el gran público que el de Ellington o Basie, quizá por su inclinación hacia armonías angulosas y estructuras imprevisibles. No obstante, su importancia es innegable, porque está considerado el fundador del estilo bebop, una música para escuchar y con rechazo explícito al baile, y es el autor, entre otros, de estándares como Round Midnight, uno de los más versionados de la historia del jazz. En 1954, publicaba Blue Monk Vol 2 que incluye el nostálgico Locomotive, el cual reproduce rítmica y melódicamente el movimiento de las locomotoras.

Thelonious Monk – Blue Monk. Vol 2 (1954): «Locomotive». Discogs.com
Inspirándose en parte en las enseñanzas de Thelonious Monk, el saxo tenor John Coltrane editaba en 1958 su segundo disco como líder, Blue Train, considerado uno de los grandes clásicos del hard bop, un estilo que muestra mayor conexión con la cultura afroamericana urbana e incorpora influencias del blues, el gospel y el rhythm and blues. El disco se abre con el vibrante y conmovedor blues de homónimo título, que juega con dos conceptos muy queridos por la música estadounidense: el tren y la tristeza del blues. Sin embargo, en este caso, al ser su primer disco para Blue Note, también pudiera ser un homenaje al mencionado sello discográfico, que toma su nombre de la nota azul, la misma que distingue al jazz de otras músicas.

John Coltraine – Blue Train (1958): «Blue Train». Wikipedia.org
Aunque en general el jazz exige una escucha activa, pianistas como el canadiense Oscar Peterson logran conectar con todo tipo de personas, porque su virtuosismo no es una barrera. De ascendencia ferroviaria, en 1963 grababa en formato trío Night Train, una composición que acabó dando nombre al disco que lo contenía, uno de los más exitosos de su muy prolífica carrera. Hasta el extremo que su compatriota Diana Krall afirma que es la grabación que despertó su ambición de ser pianista.

The Oscar Peterson Trio – Night Train (1963): «Night Train«. Wikipedia.org
Los sonidos, símbolos y metáforas del tren son omnipresentes en la música estadounidense, y muy especialmente en el jazz, un estilo en el que priman la libertad y la improvisación. Según el crítico musical Albert Murray, los trenes han aportado a esta música un énfasis percusivo decisivo. Su cadencia metálica, su impulso rítmico y su sensación de movimiento constante enriquecen el lenguaje jazzístico y refuerzan su identidad sonora, convirtiendo el ferrocarril no solo en motivo temático, sino en auténtico modelo expresivo.