La mirada ferroviaria de Claude Monet

Imagen: wikipedia.org Autorretrato con boina. 1886

El ferrocarril permitió a los pintores asentados en las márgenes del río Sena acercarse hasta Normandía, abandonar sus estudios, aproximarse a la naturaleza y pintar de manera más realista el mundo que los rodeaba. Y es en Le Havre donde Claude Monet (París, 1840 – Giverny, 1926), pinta en 1872 Impresión, sol naciente, el cuadro que dará nombre a una nueva corriente pictórica.

Entre 1850 y 1870, Francia vive una intensa etapa constructiva de grandes infraestructuras y los pintores impresionistas serán los primeros en fijar su vista en el ferrocarril como elemento artístico y también como una forma de mostrar la modernidad. Monet no será una excepción, porque encontrará en él un motivo de inspiración recurrente. La primera vez que el ferrocarril protagoniza una de sus obras es en Tren en el campo, en la que se constata su deseo de integrar el progreso en la naturaleza de forma armoniosa. A la luz del atardecer, varias personas pasean por una pradera, mientras al fondo una intensa humareda permite identificar la posición que ocupa la  locomotora de un convoy de viajeros parcialmente oculto detrás de una arboleda.

Imagen: wikiart.org. Tren en el campo. 1871

A medida que su pintura evoluciona, desaparecen los contornos y su interés por el realismo de los detalles es sustituido por la captura de las impresiones, como puede verse en La estación de ferrocarril de Argenteuil, que destaca por una  sorprendente tonalidad lila y anticipa lo que Edward Hopper hará unas décadas después al otro lado del Atlántico.

Imagen: wikiart.org. La estación de ferrocarril de Argenteuil. 1872

La tonalidad cambia sustancialmente en Tren en la nieve, cuadro en el que imperan los tonos grises de un cielo plomizo y los diferentes tonos blanquecinos de la nieve. Solo los faros de la locomotora aportan un toque de calor y color en una obra que capta perfectamente el ambiente de una mañana invernal.

Imagen. wikiart.org. Tren en la nieve. 1875

Uno de los rasgos característicos de Monet son las series, obras con el mismo motivo que le obligan a apresurarse para captar lo instantáneo y, en numerosas ocasiones, a terminar sus cuadros en el estudio. Al ser una mezcla de observación directa y memoria visual, dan lugar a una nueva concepción de la realidad. Y si en un primer momento las representaciones a diferentes horas tienen como motivo la investigación sobre cómo cambian las cosas dependiendo de la luz y del momento, con el paso de los años se convertirán en una obsesión, reflejo de su dolor y soledad.

Entre las series destacan la catedral de Ruan, los nenúfares, los almiares o las obras que tienen por objeto la estación de Saint-Lazare y algunos puentes ferroviarios, singularmente uno sobre el Sena y el de Charing Cross. El puente metálico sobre el Sena a la altura de Argenteuil, soportado por unas sólidas pilastras  que, además de crear un ritmo, contraponen su  verticalidad a la horizontalidad del propio puente, será representado por Monet hasta en cuatro ocasiones.

Imagen: wikiart.org. El puente de ferrocarril cerca de Argenteuil. 1874

La más conocida de sus series ferroviarias es la de la Estación de Saint-Lazare, la puerta a Normandía, de la cual pinta doce lienzos. En 1887, su prestigio es tal que los responsables de la estación retrasan la salida de los trenes o simplemente los mueven para que pueda captar diferentes enfoques. Entre los elementos comunes a todos ellos, cabe destacar el humo de las locomotoras, que representa de azul cobalto con blanco de cerusa.

Imagen. wikipedia.org. Estación de Saint-Lazare. 1887

Persona de espíritu viajero, entre 1899 y 1904 vuelve a Londres. En su primera visita, había conocido en profundidad la pintura de William Turner, que tanto influiría en su representación de la luz y el color, algo observable en los treinta y siete cuadros en los que plasmará el puente de Charing Cross, con el palacio de Westminster y el Big Ben de fondo. La luz solar se amalgama con la bruma, creando unas bellas tonalidades cromáticas, las cuales pueden verse en el Támesis, que se convierte en un espejo del cielo.

Imagen. wikiart.org. El puente de Charing Cross. 1902

Claude Monet ha pasado a la historia como el impresionista por excelencia, punto de partida del abstraccionismo y fervoroso admirador del ferrocarril, sobre el cual pintó numerosos cuadros. Murió rico y famoso, experimentó la hambruna, la pobreza extrema y un intento de suicidio. Y tras la muerte de su segunda esposa en 1911, sufrió un intenso dolor emocional.