
A lo largo del siglo XX, el blues, género musical ligado al ferrocarril desde su nacimiento, fue ganando notoriedad y diversidad. En los años sesenta, ejemplo de dicha diversidad a ambos lados del Atlántico fue el blues-rock, un estilo ideal para el lucimiento de los grandes guitarristas, las largas improvisaciones, y que a la postre sentó las bases del hard rock y el heavy metal.
En Gran Bretaña, The Yardbirds, banda en la que militaron tres de los más insignes guitarristas ingleses, Eric Clapton, Jeff Beck y Jimmy Page, grabaron en 1965 su versión del clásico Train Kept A-Rollin’, que es la historia de un amor imposible a bordo de un tren nocturno. Compuesta por Tiny Bradshaw como un blues bailable (un jump blues), los Yardbirds lo convirtieron en un blues-rock. Dicha versión fue la referencia de otras tan celebradas como la de Aerosmith, la cual permite verificar la evolución del blues-rock al hard rock en sus dos partes perfectamente diferenciadas.
Tanto con Derek and The Dominos como en solitario, Eric Clapton ha versionado “Mean Old Frisco”, una composición del cantante y guitarrista de delta blues Arthur Crudup que habla de la separación de una pareja, en la que el St. Louis-San Francisco Railway, -el ferrocarril estadounidense popularmente conocido como Frisco, que operó desde 1876 a 1980-, es el medio de transporte que facilita la separación.
Al otro lado del Atlántico, Muddy Waters se valió también del St. Louis-San Francisco Railway, para contarnos en “All Aboard” una historia casi idéntica a “Mean Old Frisco”. La canción apareció inicialmente en el disco “Fathers and Sons”, cuyo título no es casual, porque el considerado el padre del blues de Chicago se rodeó, entre otros, de los jóvenes miembros de la Paul Butterfield Blues Band para su grabación.
Si en Gran Bretaña John Mayall & The Bluesbreakers fueron pioneros en el acercamiento del blues a la audiencia blanca, lo mismo se puede decir en EE. UU. de Paul Butterfield y su Blues Band. Un músico que con su inseparable armónica dio una nueva dimensión al estándar del blues “Mystery Train”, el tren de dieciséis coches que se lleva lejos a la persona amada.
El blues-rock entró en la senda psicodélica gracias a artistas como Jimi Hendrix. Su Hear My Train A Comin’, en el que el tren actúa como metáfora de salvación de todo tipo de personas, sin importar la raza o religión, es un buen ejemplo del saber hacer de un músico que llevó la guitarra a un nivel difícilmente superable.
No menos psicodélica fue Janis Joplin, artista que, como Robert Johnson, Jimi Hendrix, Jim Morrison, Cecilia o Amy Winehouse, pertenece al trágico y concurrido “Club de los 27”, integrado por músicos fallecidos a dicha edad. Uno de sus mayores éxitos fue la versión de “Me and Bobby McGee”, un tema de Kris Kristofferson que cuenta una desgarradora historia de amor que comienza mientras una chica sin dinero espera el tren en Baton Rouge, la capital del estado de Luisiana.
La mayoría de las composiciones anteriores corroboran lo que John Lee Hooker afirmaba sobre el blues: “Digan lo que digan, todo se reduce a una cosa: un hombre, una mujer, un corazón roto, un hogar roto”. Historias con las que estrellas del blues-rock consiguieron atraer al blues a personas inicialmente más interesadas por el rock, y consecuentemente darles a conocer los grandes clásicos del género, muchas veces a través de versiones de canciones de inspiración ferroviaria.