El viejo Expreso de la Patagonia

El viejo Expreso de la Patagonia. Paul Theroux. casadellibro.com

Con el fin de escribir El viejo Expreso de la Patagonia, libro de viajes que es un retrato del contiente americano hasta antes de comenzar el Mundial de Fútbol de Argentina 1978, el escritor norteamericano Paul Theroux se desplazó en tren desde la ciudad de Medford, en Boston, hasta Esquel, en la Patagonia. Desde un principio, sabía que no quería escribir sobre el hecho de llegar a un lugar. Le interesaba el trayecto en sí, no el destino. Con este propósito, provisto de un libro de Horarios Cook, un diario, diversas novelas de trama estructurada -para dotar de orden lo fortuito del viaje-, adoptando el rol de profesor de geografía y valiéndose de veintidós ferrocarriles, los mismos que dan nombre a cada uno de los capítulos en los que se divide el libro, realizó un periplo de más de 25.000 km durante seis meses.

Theroux afirma que viajar carece de sentido si no implica ciertos riesgos, de ahí que anhele un poco de peligro, un acontecimiento adverso, un intenso malestar y la experiencia de su propia soledad. La necesidad de buscar el magnetismo de lo exótico, sentir la emoción del explorador que ha dejado atrás a todo el mundo y está embarcado en una solitaria misión de descubrimiento en un lugar apartado. Incluso si todo ello conllevaba tantas satisfacciones como miedos, siendo el miedo a la muerte el más constante y aterrador.

Todo lo anterior resulta coherente, porque en el libro se dice que el hecho viajar en ferrocarril por Latinoamérica nunca es una tarea sencilla. A la impuntualidad de los trenes, sus averías, la ubicación de las estaciones, a menudo en los arrabales de pueblos y ciudades, la compleja orografía de los países…, hay que añadir el estigma de clase que observa asociado a los trenes. Solo los indigentes, los descalzos, los indios y los montañeses chiflados se aventuran a tomar trenes o saben algo de ellos.

Las dotes de observación y causticidad de Theroux son evidentes en todo momento. Así, al referirse al jazz, dice que su era fue también la del ferrocarril, porque sus músicos viajaban en tren o no viajaban, de modo que su bombeante tempo, su traqueteo y su solitario silbido se deslizaron en las composiciones musicales.

Otro ejemplo de su capacidad de observación es el apunte sobre la Costa de los Mosquitos: “Estábamos en la costa y viajábamos a lo largo de una playa llena de palmeras. Era la Costa de los Mosquitos, que se extiende de Puerto Barrios en Guatemala hasta Colón en Panamá. Es salvaje y parece el escenario perfecto para una historia de náufragos”. Años después, en 1981, publicó la novela La Costa de los Mosquitos,  que Peter Weir convirtió en película, con Harrison Ford, River Phoenix y Hellen Mirren, en 1986.

La causticidad queda patente, entre otras, en sus reflexiones sobre el lobby de los agricultores norteamericanos, porque “se ha asegurado de que haya mexicanos que explotar, porque si no hubiera mexicanos que explotar ¿cómo recogerían sus cosechas esos negreros fondones?”. También cuando critica que “desde Guatemala a Argentina, casi todos los países están gobernados por tiranías esquilmadoras que solo sirven para convertir en inevitable la implacable venganza de la anarquía”.

Una de las grandes satisfacciones de su periplo fue reunirse con José Luis Borges en Buenos Aires. En las conversaciones compartió su admiración por dos referentes de la literatura de viajes: Robert Louis Stevenson y Rudyard Kipling, autores, respectivamente, de El emigrante aficionado y The King, obras de las cuales extrae las dos citas con las que comienza el libro.  

La apasionada visión romántica de Theroux le lleva a considerar que los mejores trenes reducen el placer de viajar, de ahí que apueste por lo peores, es decir, los que atraviesan los paisajes más interesantes. Dicha pasión es una constante en su obra. Antes de editar El viejo Expreso de la Patagonia, había publicado El gran bazar del ferrocarril en 1975. Luego vendrían En el gallo de hierro (1988), Tren fantasma a la Estrella de Oriente (2008) o El último tren a la zona verde (2013).

DATOS BIBLIOGRÁFICOS

  • Autor: Paul Theroux
  • Título original: The Old Patagonian Express
  • Año de publicación: 1979
  • Título: El viejo Expreso de la Patagonia  
  • Editorial: Santillana Ediciones Generales, S.L.
  • Año de edición: 2009
  • Páginas: 630

2046

2046. Wong Kar-wai, 2004. wikipedia.org

En el marco de la sección oficial del Festival de Cannes del año 2000, el director hongkonés Wong Kar-wai deslumbró al mundo con In the Mood for Love (Deseando amar), un poema visual, cargado de sensualidad, elegancia y estilo sobre el deseo de alcanzar el amor. La historia de dos personas casadas, pero no entre sí, que, en 1962, viven en la misma casa de huéspedes en Hong Kong. Ella, Su Li-zhen (Maggie Cheung), es secretaria de una empresa de exportación cuyo marido viaja constantemente; él, Chow Mo Wan (Tony Leung), es redactor jefe de un diario local, cuya mujer también pasa mucho tiempo fuera de casa. Como Su Li-zhen y Chow Mo Wan comparten cada vez más tiempo, un buen día descubren que sus respectivos cónyuges mantienen una relación secreta. Aunque no quieren ser como ellos, acaban enamorándose al tratar de ponerse en su lugar e imaginar cómo llegaron a dicha situación.

Cuatro años después, Wong Kar-wai estrenó 2046, la secuela de In the Mood for Love. La acción se traslada a 1963, Chow Mo Wan sigue siendo periodista y escritor. Se aloja en la habitación 2046 del Hotel Oriental, la misma donde no pudo consumar su amor con Su Li-zhen. Para superar su vacío existencial, mantiene relaciones esporádicas con mujeres muy bellas con las que nunca se compromete, juega y escribe una novela de ciencia ficción sobre un mundo en el que las personas que quieran recobrar sus recuerdos perdidos pueden tomar un tren futurista en dirección al año 2046. Sin embargo, ninguna persona que ha viajado en dicho tren ha vuelto, salvo el propio Chow Mo Wan, quien al no encontar allí a Su Li-zhen, regresó y ahora plasma en su obra todas sus relaciones sentimentales pasadas, presentes y futuras.

Tanto en la vida real como en la novela, Chow Mo Wan se muestra como un hombre incapaz de pasar página. Hace balance de su pasado, de las relaciones que quedaron atrás y llega a dolorosas conclusiones, como que no sirve de nada encontrar a la persona indicada si el momento no es el adecuado o que el amor es una cuestión de tiempo, antes o después del momento justo ya no sirve, lo que le impide salir de su bucle de soledad, infelicidad y hastío.

Antes de ver 2046 es aconsejable visionar primero In the Mood for Love. Ambas películas comparten una estética muy lograda de la década de 1960, caracterizada por rodajes en interiores, pasillos estrechos, iluminación sugerente, movimientos de cámara ralentizados y encuadres tan originales como expresivos. La música latina de esa época es otro de los elementos comunes, en el caso de In the Mood for Love destacan Aquellos ojos verdes y Quizás, quizás, quizás; en 2046, Siboney y Perfidia, que se funden armoniosamente con las imágenes y marcan el tempo de ambas películas.

2046 -que con Days of Being Wild (Días Salvajes), e In the Mood for Love conforma una trilogía-, puede ser entendida como una película sobre como superar los amores imposibles y afrontar los futuros, dada la naturaleza transitoria del amor. Cine hipnótico, visualmente impactante, con una estructrua narrativa compleja y no lineal, que representa una reinvención milimétricamente coreografiada del romanticismo clásico. En este contexto, el tren -además de aportar su innegable glamour-, se convierte en un medio de transporte hacia un futuro distópico y, al mismo tiempo, en una poderosa metáfora del pasado, la memoria y el deseo de detener el tiempo.

FICHA TÉCNICA:

  • Título: 2046
  • Director: Wong Kar-wai
  • Guion: Wong Kar-wai
  • Música: Shigeru Umebayashi, Peer Raben
  • Fotografía: Christopher Doyle, Kwan Pum-leung, Lai Yiu-fai
  • Reparto: Tony Leung, Zhang Ziyi, Faye Wong, Gong Li, Kimura Takuya, Carina Lau, Maggie Cheung, Chang Chen, Dong Jie,  
  • País: Hong Kong      
  • Año: 2004
  • Duración: 129 minutos  
  • Género: drama romántico    

La mirada ferroviaria de Isaak Levitán

Autorretrato. 1880. Wikipedia.org

Se suele afirmar que nadie ha podido captar el alma del paisaje ruso como el pintor Isaak Ilich Levitán (Lituania, 1860 – Rusia, 1900). Con 13 años ingresa en la Escuela de Pintura, Escultura y Arquitectura de Moscú, donde Alexey Savrasov le transmite la pasión por la naturaleza. Años después, el mecenas Pável Tretiakov le otorga una beca para estudiar en París. Allí conocerá las obras de los pintores de la Escuela de Barbizón, defensores de un paisaje natural exento del idealismo y dramatismo del romanticismo, y también de Camille Corot, cuyo profundo sentimiento del paisaje aplicará a la idiosincrasia y naturaleza rusas. Todo lo cual le llevará a convertirse en un abanderado del “paisaje del estado de ánimo”, con todas sus connotaciones espirituales y filosóficas.

Pionero en su país a la hora de plasmar el ferrocarril, su primer testimonio es el dibujo El andén, el tren se aproxima, que representa la llegada de un tren a una estación indeterminada. Como en la mayoría de sus cuadros, no hay presencia humana y nos traslada a una zona rural, otra de las características definitorias de su obra en la que no hay cabida para los paisajes urbanos.

El andén, el tren se aproxima. 1879. wikiart.org

Seis años después pinta El apeadero, claro deudor de El andén, el tren se aproxima. Al final de la tarde, el silencio y la tranquilidad de un modesto apeadero en mitad del bosque -que, por todo equipamiento cuenta con una vía, un andén de madera y una señal mecánica de disco-, están a punto de ser interrumpidos por un tren, cuyas luces ya brillan en la distancia. Con una infraestructura aparentemente anodina y desangelada, extrae belleza e invita a reflexionar sobre la conexión entre la naturaleza y el progreso humano.

El apeadero. 1885. wikiart.org

De tenor similar es el lienzo Atardecer después de la lluvia, porque la protagonista es otra vez una modesta infraestructura: una estación rural dotada con vía doble y un cruce de vías entre andenes. Acaba de llover, y tanto el andén del edificio de la estación, que está mojado, como el cielo, que presenta unas bellas tonalidades, le permiten demostrar su maestría en el uso del color a la hora de captar las diversas cualidades de la luz y los matices cromáticos de las sombras, razón por la cual se le compara con Claude Monet.

Atardecer después de la lluvia. 1879. wikiart.org

El tiempo y el ánimo cambian radicalmente en Un tren se aproxima. La tarde lluviosa ha sido sustituida por una mañana de primavera, donde el sol brilla y el cielo está despejado. La naturaleza se despliega con todo su colorido y la alegría de vivir se hace patente. No obstante, como la vida no es lineal, porque hay altos y bajos, luces y sombras, todo ello tiene su traslación en un cuadro que captura la esencia del paisaje y el dinamismo del tren.

Un tren se aproxima. 1895. wikiart.org

La correlación entre las condiciones climáticas y el estado de ánimo son de nuevo evidentes en el óleo Día gris. El lugar elegido es un paraje solitario, cuya atmósfera melancólica se acentúa por un cielo gris plomizo, una luz tenue y la ausencia de sombras. En él distinguimos los postes del telégrafo, las cabezas de algunas traviesas y una vía cubierta de nieve que, con todo, sigue siendo un camino de hierro expedito en pleno invierno.

Día gris. 1895. wikiart.org

En 1891, su febril actividad le lleva a unirse a la sociedad cooperativa de pintores de realismo crítico denominada Peredvízhniki (Vagabundos o Itinerantes), que aspiran a pintar la realidad de manera accesible y auténtica. Seis años después, es elegido para la Academia Imperial de Artes y en 1898 es nombrado responsable de Estudio de Paisaje. Sin embargo, su vida se acaba y como seguramente es conscinte de ello, al año siguiente nos brinda Vía férrea, un cuadro de paleta opaca y colores fríos, que transmite gelidez, desolación y tristeza, así como una sensación de calma y soledad.

Vía férrea. 1899. wikiart.org

Aunque fallece a los 39 años, su legado lo componen más de mil obras, la inmensa mayoría paisajes. Considerado el pintor-poeta, su estrella sigue brillando tanto en la Tierra, donde es reconocido como uno de los más grandes artistas rusos, como en el espacio, porque desde 1979 un asteroide, el planeta menor 3566, lleva su nombre.

Memorias de una madame americana

Nell Kimball. Memorias de una madame americana. amazon.es

El grupo holandés Shocking Blue ha pasado a la historia gracias a composiciones como Never Marry a Railroad Man (Nunca te cases con un ferroviario), con la que logró ser número 1 en diversos países. Dado que editó la canción en 1967, difícilmente podía conocer el contenido del libro de Nell Kimball Memorias de una madame americana, porque fue publicado tres años después, pero, de haberlo conocido, seguro que habría encontrado más argumentos para sustentar su consejo.

En 1869, por recomendación de una tía suya, prostituta de profesión, Nell Kimball (Illinois, 1854 – Florida, 1936), comienza a trabajar en uno de los prostíbulos más lujosos de Saint Louis. Hecho que supone huir del mundo rural, de la brutalidad de su padre y también de la posibilidad de verse rodeada de una docena de hijos con solo 30 años. Su gran profesionalidad y determinación hace que a los 24 dirija uno de los mejores burdeles de Nueva Orleans, actividad en la que permanecerá hasta que la prostitución  sea prohibida en dicho Estado, lo cual ocurre en 1917.

Entre 1918 y 1922 escribe Memorias de una madame americana, la narración de su vida, primero como prostituta de un burdel de lujo y más tarde como propietaria de diversos locales de igual suntuosidad. Aunque carece de formación, su contacto con relevantes personalidades políticas, empresariales, judiciales, policiales…, unido a su inteligencia natural, convierten sus memorias en una sorprendente y sagaz mirada de los EE. UU. a finales del XIX y principios del XX. En ellas revela el lado íntimo y en ocasiones oscuro de importantes personalidades, analiza los entramados sociales que permiten mantener la apariencia de respetabilidad y describe la prostitución con objetividad y detallismo profesional; con distancia y sin sentimentalismos.  

Uno de los aspectos más llamativos del libro son sus continuas referencias al mundo ferroviario. Desde sus inversiones en acciones de compañías ferroviarias, hasta las disputas y coaliciones de los cuatro grandes magnates ferroviarios de la época: James Hill, Edward Harriman, Jason Gould y Collis Huntington; pasando por el origen de los barrios rojos. Según Kimball, la historia se remonta a los primeros días del ferrocarril en Kansas City donde los trenes de mercancías se detenían en los depósitos de trenes toda la noche. Los guardafrenos, que llevaban faroles rojos para hacer señas, solían visitar a menudo los prostíbulos que estaban cerca del depósito de Kaycee, y colgaban sus faroles fuera de la casa que elegían. Era trabajo de los gestores ferroviarios mandar a los avisadores a dondequiera que hubiera una luz roja para advertir a los guardafrenos de que los trenes estaban listos para partir.

Debido a su estrecha relación con el ferrocarril y a su condición de usuaria habitual en desplazamientos de larga distancia, no sorprende que Nell Kimball eligiera el tren para dirigirse a su retiro en Florida. Falleció a los ochenta años sin llegar a ver publicadas sus memorias, consideradas demasiado atrevidas para la época. Estas constituyen un testimonio pionero sobre el trabajo sexual, la autonomía femenina y las tensiones entre moralidad pública y experiencia privada. Su narrativa rompe con los tabúes de su tiempo y ofrece una visión compleja y matizada de la prostitución en la sociedad estadounidense decimonónica.

DATOS BIBLIOGRÁFICOS

  • Autora: Nell Kimball
  • Título: Memorias de una madame americana   
  • Editorial: Sexto Piso
  • Año de edición: 2007
  • Páginas: 376

Un viaje de novios

Emilia Pardo Bazán. Un viaje de novios. alianzaeditorial.es

El ferrocarril fue un motivo recurrente en la obra de Emilia Pardo Bazán (A Coruña, 1851–Madrid, 1921). Aparece en la colección de cuentos Sud-Express, en los libros de viajes Por Francia y Alemania, Al pie de la Torre Eiffel y Por la España pintoresca, así como en su segunda novela, Un viaje de novios, una obra que cuestiona la institución matrimonial tradicional del siglo XIX cuando esta se apoya en intereses económicos o sociales más que en el afecto.

Parcialmente inspirada en las estancias de la autora en el balneario francés de Vichy, adonde acudió para tratar dolencias hepáticas, Un viaje de novios combina elementos del libro de viajes y de la novela romántica. En ella se manifiestan el cosmopolitismo de Pardo Bazán, su conocimiento de la red ferroviaria europea y su contribución decisiva a la introducción del naturalismo en España, un movimiento literario surgido en Francia a mediados del siglo XIX que aspiraba a representar la realidad mediante un análisis social, psicológico e histórico riguroso. Estos análisis le permiten retratar tanto la realidad exterior como la interior de sus personajes.

La obra se articula en catorce capítulos claramente bipartitos. Los siete primeros relatan el trayecto en tren desde León hasta Bayona y Biarritz, con un tono cercano a la literatura de viajes: descripciones paisajísticas, apuntes históricos y observaciones sobre la experiencia ferroviaria en el último tercio del siglo XIX. Este recorrido no es solo geográfico, sino también narrativo, pues sirve para presentar a los personajes y anticipar los conflictos morales y emocionales que vertebran la novela.

En el centro del relato se sitúa Lucía González, una joven de dieciocho años, profundamente religiosa e ingenua, que acepta un matrimonio de conveniencia impulsado por su padre. Pardo Bazán construye en Lucía uno de los personajes femeninos más complejos de la narrativa del siglo XIX, atrapada entre sus aspiraciones personales y las exigencias sociales. Frente a ella se alza Aurelio Miranda, marido cuarentón y oportunista, que ve en el enlace una tabla de salvación económica y vital. Completa el triángulo Ignacio Artegui, médico carlista de temperamento pesimista, cuya influencia intelectual y emocional sobre Lucía se intensifica a lo largo del viaje.

Los siete capítulos finales, ambientados en Vichy y París, abandonan el tono viajero para adentrarse de lleno en la novela romántica y psicológica. La evolución interior de Lucía —de la alegría inicial a una melancolía introspectiva— corre paralela al progresivo desenmascaramiento de Aurelio, cuyo interés real reside en el juego y el ocio nocturno. La tensión culmina en un episodio de violencia machista que la autora presenta con crudeza naturalista, denunciando una concepción de la autoridad marital que, por desgracia, conserva resonancias contemporáneas.

A finales del siglo XIX, el viaje de novios era en España una costumbre poco frecuente y considerada extranjerizante, más aún si implicaba desplazarse en tren hasta París. Sin embargo, Emilia Pardo Bazán fue siempre una mujer adelantada a su tiempo. Con apenas veinte años recorrió Europa junto a su marido, José Quiroga, y frecuentó museos y bibliotecas. En viajes posteriores trató personalmente a figuras como Victor Hugo y Émile Zola. En 1883, ya con tres hijos, se separó, y fueron muy comentadas sus relaciones con José Lázaro Galdiano y Benito Pérez Galdós. Firme defensora de los derechos de la mujer, ejerció como catedrática de Lenguas Neolatinas en la Universidad Complutense de Madrid, aunque en hasta tres ocasiones se le negó el ingreso en la Real Academia Española.

Placa en honor a Emilia Pardo Bazán en la estación de A Coruña

DATOS BIBLIOGRÁFICOS

  • Autora: Emilia Pardo Bazán
  • Título: Un viaje de novios   
  • Editorial: Alianza Editorial
  • Año de edición: 2003
  • Páginas: 332

The Titfield Thunderbolt (Los apuros de un pequeño tren)

The Titfield Thunderolt. Charles Critchton, 1953. SensaCine.com

En 1951, el Talyllyn Railway, un ferrocarril de 11,76 km de longitud y 686 mm de ancho de vía, que llevaba operando en Gales desde 1866, se convirtió en el primero del mundo en ser conservado como patrimonio ferroviario por voluntarios. Comenzó transportando pizarra y acabó siendo también el primer ferrocarril británico de vía estrecha en ser autorizado por el Parlamento para transportar personas con tracción de vapor.

Partiendo de este hecho histórico, Charles Crichton, el director de la inolvidable “A Fish Called Wanda” (Un pez llamado Wanda), rodó en 1953 la entrañable y costumbrista comedia coral, llena de personajes peculiares, The Titfield Thunderbolt (Los apuros de un pequeño tren), la primera película en color de los históricos Ealing Studios, que evoca el positivismo de las comedias de Frank Capra y por momentos recuerda a “The Quiet Man” (El hombre tranquilo), de John Ford, estrenada un año antes.

Todo comienza cuando British Railways decide cerrar, por deficitaria, “la línea ferroviaria más antigua del mundo”, el ficticio pequeño ramal que discurre por la campiña británica entre Titfield Station y Mallingford Junction.

En dicha tesitura, los habitantes de Titfield, haciendo alarde de unión e inquebrantable fe ante las adversidades, deciden comprar la línea y seguir con el servicio. Por dicho motivo, serán ellos mismos los que encarnarán los diversos roles ferroviarios. Así, entre otros, el vicario será el maquinista de la única locomotora con la que cuenta el ferrocarril; su asistenta, la factora que vende los billetes; un ferroviario jubilado que vive en un coche de viajeros en el bosque, el fogonero; y un bisnieto del fundador del ferrocarril, el revisor. Todo ello con el objetivo de superar la inspección final y obtener, en el plazo de un mes, la licencia definitiva que les exige el Ministerio.

No obstante, la compañía de autobuses Pearce & Crump Limited, cuyos intereses son diametralmente opuestos y excluyentes, porque aspira a prestar el servicio sustitutorio, tratará de aprovechar el período de prueba para boicotear, por todos los medios, la obtención de la mencionada licencia.

Concebida como una declaración de amor al ferrocarril y con una visión romántica del mismo, 70 años después de su estreno la película también puede ser vista como una reflexión sobre los cambios en los servicios públicos cuya motivación es exclusivamente económica. Asimismo, sobre cómo dar respuesta a las necesidades de transporte de pequeños municipios, generalmente con poblaciones menguantes y envejecidas, cuyas líneas férreas son deficitarias.  

FICHA TÉCNICA:

  • Título: The Titfield Thunderolt (Los apuros de un pequeño tren)
  • Director: Charles Critchton
  • Guión: T. E. B. Clarke
  • Música: Georges Auric
  • Fotografía: Douglas Slocombe
  • Reparto: Stanley Holloway, Naunton Wayne, Godfrey Tearle, John Gregson, George Relph, Gabrielle Brune, Hugh Griffith, Sidney James
  • País: Gran Bretaña  
  • Año: 1953
  • Duración: 84 minutos  
  • Género: Comedia costumbrista  

El legado ferroviario de Gerry Rafferty

Gerry Rafferty. Rollingstone.com. David Redfern/Redferns/Getty

Es posible que Gerry Rafferty sea recordado exclusivamente por dos grandes éxitos de la década de 1970, Stuck in the Middle with You y Baker Street, lo cual sería injusto. Es cierto que era reacio a actuar en público, que no se sentía cómodo con la fama y que tuvo diversos desencuentros con la industria musical. Sin embargo, también lo es que era un consumado compositor, que siempre encontraba el tono perfecto a la hora de cantar y que grabó tres discos con el grupo The Humblebums, otros tres con el grupo Stealers Wheel y once en solitario, con los que logró el respeto del mundo del folk y del rock.

The Humblebums era una banda de folk-rock de la zona de Glasgow, en la que también militaba el actor y músico Billy Collonny. Para su segundo disco grabaron Rick Rack, una canción sobre los sueños de una persona, el primero de los cuales es ser maquinista, tal vez como una forma de escapar del opresivo ambiente familiar creado por su violento padre. Una canción firmada por Rafferty de tenor sospechosamente autobiográfico, porque era el hijo no deseado de un minero alcohólico y propenso a levantar la mano.

The Humblebums – The New Humblebums  (1969): «Rick Rack». Discogs.com

Disueltos los Humblebums, forma con Joe Egan Stealers Wheel, un grupo de soft-rock promocionado como los Crosby, Still, Nash and Young escoceses. Sus dos primeros discos son producidos por Leiber y Stoller. El éxito les sonríe desde el primer momento gracias, sobre todo, al impulso proporcionado por el sencillo Stuck in the Middle with You, que Quentin Tarantino utilizará años más tarde en una de las escenas más recordadas de la película Reservoir Dogs. Tras su espectacular debut, llega el segundo disco, Ferguslie Park, en el que encontramos Everything Will Turn Out Fine, sobre una persona que a bordo de un Metro observa a sus silentes compañeros de viaje y describe los efectos del consumo excesivo de whisky, lo que le lleva a concluir irónicamente que todo saldrá bien. Toda una premonición.

Stealers Wheel – Ferguslie Park (1973): «Everything Will Turn Out Fine». Discogs.com

Tras su tormentosa relación con Joe Egan, en 1975 Stealers Wheel llega a su fin, pero Rafferty tendrá que superar diferentes problemas contractuales para reiniciar su carrera en solitario, lo cual hace en 1977 con el disco City to City, que contiene la celebérrima Baker Street y el inconfundible solo de saxo de Raphael Ravenscroft, así como Right Down the Line o City to City. La primera nos habla de una mujer a la que ama intensamente y con la que quiere compartir su vida, porque es su refugio y apoyo, razón por la cual la ubica metafóricamente al final de la línea. La segunda es su composición ferroviaria por antonomasia. Mientras está en un tren nocturno que le devolverá a casa, un artista medita acerca de lo difícil que puede resultar la vida en pareja cuando se va de ciudad en ciudad.

Gerry Rafferty – City to City (1978): «Right Down the Line» + «City to City». Discogs.com

Su prestigio es enorme entre sus colegas hasta el extremo que tanto Eric Clapton como Paul McCartney quieren trabajar con él, pero rechaza sus ofertas y sigue grabando en solitario. En 1988 publica el disco North and South que incluye la canción de homónimo título, en la que el Rock Island Line, el ferrocarril de Chicago a Rock Island, figura en el estribillo de un tema sobre los altibajos profesionales de la vida de un artista, que de nuevo parece autobiográfica.  

Gerry Rafferty – North And South (1988): «North and South». Discogs.com

En buena lógica, Gerry Rafferty debería pasar a la historia como prototipo de artista total, porque componía, cantaba, tocaba diversos instrumentos y producía discos propios y ajenos. Especialmente celebrada fue su participación en el primer disco de los Proclaimers. Falleció a los 63 años de una enfermedad hepática provocada por el consumo de alcohol. Su rock suave, melódico, lleno de confesiones íntimas, en el que se colaban maquinistas y línea férreas, trenes y tranvías, se vio arropado por la sutil producción de Hugh Murphy en numerosos discos y por las inconfundibles portadas de John “Patrick” Byrne en todas las etapas de su carrera. La admiración recíproca con los Dire Straits hizo que Mark Knopfler le reclamara para cantar a dúo la canción The Way It Always Starts, de la banda sonora original de la película Local Hero, o que el propio Knopfler y otros músicos de la banda participarán en diferentes discos suyos.   

La mirada ferroviaria de Lionel Walden

Famoso por sus paisajes, marinas y escenas volcánicas, Lionel Walden (1862-1933), es un pintor postimpresionista norteamericano que está considerado el “intérprete supremo de los mares de Hawái”. En 1911, tras ser invitado por el artista local James Austin «Kimo» Wilder, viaja por primera vez al archipiélago, donde cae rendido ante sus colores, su luz, la espectacularidad de los volcanes y la belleza del océano.

Sin embargo, su obra más conocida es probablemente un óleo titulado Los muelles de Cardiff, que es representativo del impulso que los ferrocarriles, los puertos y las minas aportaron a la Revolución Industrial. La pintura muestra un amanecer en la zona portuaria de la capital galesa, cuyo puerto desempeñó un papel fundamental en la exportación de carbón a finales del siglo XIX. En la composición se aprecian unas vías que conducen la mirada hacia los trenes que transportan el mineral procedente de las ciudades mineras, diversas instalaciones fabriles y los mástiles de los barcos atracados, listos para abastecerse.

Los muelles de Cardiff, 1896. Meisterdrucke.es

Nace en Connecticut y se forma como artista en Europa. En su juventud se traslada a París -en aquel momento la capital del arte-, estudia con Carolus-Duran y conoce en profundidad la pintura impresionista y el emergente movimiento postimpresionista. Entre 1893 y 1897 vive en Cornualles y pasa una temporada en Gales, donde pinta grandes vistas marítimas e industriales, como Acerías, Cardiff de noche. De nuevo unas vías en curva guían la mirada hacia un tren que se aproxima y a las acerías, cuyas chimeneas indican que están a pleno rendimiento, en una muestra del proceso de industrialización británico.

Acerías, Cardiff de noche, 1893-1897. Meisterdrucke.es

En este proceso, el ferrocarril de tracción a vapor desempeñó un papel esencial, pues revolucionó el transporte, generó riqueza y contribuyó a vertebrar los territorios. Estos avances no pasaron desapercibidos para Wilden, quien volvió a otorgar al ferrocarril el protagonismo en Tren de la noche. En esta obra representa una instalación ferroviaria con varias vías e itinerarios y un puesto de agujas —un edificio técnico desde el cual se modifica la posición de los espadines o carriles móviles para que los trenes circulen por una vía u otra—, donde una persona verifica que el itinerario esté correctamente establecido para un convoy que se aproxima.

Tren de la noche, circa 1890. Meisterdrucke.es

A los 71 años Lionel Walden fallece en Chantilly, en su querida Francia, admirado y respetado, tras haber obtenido medallas en los Salones de París de 1900 y 1903, y ser nombrado Caballero de la Legión de Honor Francesa en 1910. Hoy en día su legado perdura en pinacotecas tan diversas como el Museo de Brooklyn, el Museo Nacional de Cardiff o el Museo de Arte de Honolulu. También se pueden admirar sus cuadros en el Museo del Louvre de Abu Dabi o en el Museo de Orsay, una antigua estación ferroviaria parisina convertida en el templo del impresionismo, de cuya colección permanente forma parte Los muelles de Cardiff.

3:10 to Yuma (El tren de las 3:10)

Delmer Daves. 3:10 to Yuma. Amazon.com

Western y ferrocarril constituyen uno de los grandes clásicos de la historia del cine. Un ejemplo representativo es la película 3:10 to Yuma (El tren de las 3:10), dirigida Delmer Daves en 1957 y versionada por James Mangold en 2007. El argumento es casi idéntico en ambas: un campesino de nombre Dan Evans, en una posición económica desesperada, se encuentra ante la posibilidad de ganar un dinero extra si logra custodiar al jefe de una peligrosa banda de forajidos llamado Ben Wade, hasta la llegada del tren de las 3:10 a la estación de Contention City (Arizona), para su posterior traslado a la prisión de Yuma. Sin embargo, a medida que pasa el tiempo la situación de Dan Evans se complica, porque ante la presión cada vez más intensa de la banda de Ben Wade, todas las personas que le acompañaban en la custodia le abandonan. Situación que acaba propiciando la empatía y lealtad de ambos personajes.

Con su versión, Delmer Daves anticipa algunas claves del western crepuscular. Dan Evans (Van Heflin) no es el típico protagonista al uso; es un perdedor, una persona atormentada que debe hacer frente a circunstancias muy adversas como la violencia, tierras hostiles y deudas. La supervivencia, junto con el dinero como medio para alcanzarla, son sus principales preocupaciones. Además, los espacios abiertos, aunque presentes, ceden protagonismo a lugares cerrados como la cantina de Bisbee (Arizona), la casa de Dan Evans o el hotel de Contention City, donde Ben Wade (Glenn Ford) pone a prueba la solidez ética de su custodio con tentadoras ofertas de liberación. En esencia, un western psicológico, en la línea de ”Shane” (Raíces profundas), -en el cual también participaba Van Heflin-, rodado en un blanco y negro muy influenciado por el expresionismo, cuyo leitmotiv es el estudio y motivación de los personajes. 

James Mangold. 3:10 to Yuma. Filmaffinity.com

Si la versión original está considerada uno de los grandes films del cine del oeste ¿qué aporta el remake de James Mangold? En primer lugar, supone la actualización de un clásico, al cual mejora el final (tal vez la única debilidad del original). En segundo lugar, puede interpretarse como un análisis de los problemas contemporáneos de las personas con las hipotecas y en riesgo de desahucio. Y, en tercer lugar, se trata de una película con más acción, dramatismo, fuerza y vitalidad, que recupera los espacios abiertos, incluye a los indios en la trama y saca a colación la participación de los chinos en la construcción de los ferrocarriles norteamericanos.  

Además, Mangold acentúa  los rasgos más característicos de los personajes. Así, por ejemplo, Dan Evans (Christian Bale) es todavía más humilde que en la versión de Daves. Perdió parte de un pie en la retaguardia de la Guerra de Sucesión; su hijo mayor le desprecia por falta de valor; su hijo menor está permanente enfermo; y su mujer está perdiendo su fe en él. Empobrecido, física y psicológicamente, lucha desesperadamente por conservar el rancho que su arrendador quiere vender al ferrocarril. Por su parte, Ben Wade (Russell Crowe), es más carismático, inteligente, irónico y sangriento. Cabe destacar también que Mangold concede mucha más importancia a los actores de reparto, entre los que destacan Peter Fonda y, sobre todo, Ben Foster.

Basadas en un relato corto de Elmore Leonard de homónimo título, ambas películas son dos hitos: la versión de 1957, porque supone una evolución de las películas del oeste, un claro antecedente del western crepuscular de la década de 1960; y la versión de 2007, porque significa una revitalización y actualización de un género que  algunas personas se empeñan en enterrar, pero que periódicamente nos sorprende con joyas que enriquecen su legado y reafirman la relevancia del binomio western-ferrocarril.  

 FICHA TÉCNICA (Versión de 1957):

  • Título: 3:10 to Yuma (El tren de las 3:10)
  • Director: Dalmer Daves
  • Guión:  Halsted Wells
  • Música: George Duning
  • Fotografía: Charles Lawton Jr.
  • Reparto: Glenn Ford, Van Heflin, Felicia Farr, Leora Dana, Henry Jones, Richard Jaeckel, Robert Emhardt
  • País: EE. UU.   
  • Año: 1957
  • Duración: 92 minutos  
  • Género: western  

FICHA TÉCNICA (Versión de 2007):

  • Título: 3:10 to Yuma (El tren de las 3:10)
  • Director: James Mangold  
  • Guión: Halsted Welles, Michael Brandt, Derek Haas
  • Música: Marco Beltrami
  • Fotografía: Phedon Papamichael
  • Reparto: Russell Crowe, Christian Bale, Peter Fonda, Ben Foster, Logan Lerman, Gretchen Mol, Vinessa Shaw
  • País: EE. UU.   
  • Año: 2007
  • Duración: 117 minutos  
  • Género: western  

Der letzte Zug (El último tren a Auschwitz)

El último tren a Auschwitz. SensaCine.com

El 20 de enero de 1942, en Wannsee, al suroeste de Berlín, se celebró La conferencia en la que se abordó la “Solución Final de la cuestión judía”, y adoptaron los acuerdos que condujeron al holocausto, es decir, al exterminio sistemático de personas judías y otros grupos humanos llevado a cabo por el régimen nazi. Durante las diversas fases del holocausto, los trenes fueron utilizados inicialmente para concentrar a los judíos en los guetos y, posteriormente, para transportarlos a los campos de exterminio, lo cual fue presentado a la opinión pública como un “reasentamiento masivo hacia el este”. Uno de los destinos del reasentamiento fue Auschwitz, el complejo de campos de concentración, trabajos forzados y exterminio, ubicado en Oswiecim, Polonia, entre otras razones por ser un importante nudo ferroviario. Permaneció activo entre el 20 de mayo de 1940 y el 27 de enero de 1945, periodo durante el cual murieron aproximadamente 1,1 millones de las 1,3 millones de personas que llegaron allí.

Un ejemplo de este reasentamiento lo vemos en El último tren a Auschwitz, una ficción con base real, que narra cómo, en 1943, los últimos 688 judíos de Berlín fueron transportados desde la estación de Grunewald a Auschwitz como parte de los actos celebratorios por el cumpleaños del Führer. Durante el traslado, que duró seis días, la película presenta, con gran realismo, las condiciones de hacinamiento, las tensiones a bordo, las diversas formas de afrontar la situación y el comportamiento de los nazis. Exceptuando algunos flashbacks que muestran la vida de los protagonistas antes del Pogromo de Noviembre (la Noche de los Cristales Rotos), y algunas escenas rodadas en exteriores, la mayor parte del film transcurre dentro del vagón, lo que intensifica la sensación de angustia y claustrofobia.

Tal como refleja la película, los trenes estaban formados por un vagón de tercera clase, ocupado por los nazis, y numerosos vagones de ganado, en los que inicialmente se había previsto que viajaran 50 personas. En la realidad, sin embargo, esta cifra se duplicaba o incluso triplicaba, sin que a los prisioneros se les suministrara comida ni agua. Los vagones carecían de cualquier tipo de comodidad: no había luz, el aire escaseaba, y el único sanitario disponible era un cubo. Las condiciones eran tan extremas que muchas personas morían antes de llegar a su destino. Además, los viajes solían durar más de lo previsto, ya que los trenes no tenían preferencia en las rutas ferroviarias y a menudo debían detenerse para dar paso a otros trenes, lo que incrementaba la tragedia.

La logística del transporte estaba coordinada, tanto en Alemania como en los países ocupados por los nazis, por la Deutsche Reichsbahn, antecesora de la actual Deutsche Bahn (DB), que gestionó el traslado de unos 4 millones de personas en más de 1.600 trenes formados por una media de 50 vagones.

Dirigida por el director alemán Joseph Vilsmaier y la realizadora checa Dana Vávrová, la película termina en Berlín, con un recorrido por los laberintos del Monumento  los judíos asesinados en Europa, diseñado por Peter Eisenman e inaugurado en 2005. El lugar y el momento elegidos pueden ser interpretados tanto como un homenaje a las víctimas como una invitación a la reflexión, porque ¿es suficiente con este tipo de monumentos para honrar y no olvidar a los muertos o hay que exigir responsabilidades, por ejemplo, a las empresas que gestionaron los trenes del Holocausto? Sabemos que dichas empresas facturaron los transportes a los Estados y hoy se asume que los traslados masivos fueron determinantes para la “Solución final”.

Entrada de Auschwitz II (Birkenau). Wikipedia.org

FICHA TÉCNICA:

  • Título: Der letzte Zug (El último tren a Auschwitz)
  • Director: Joseph Vilsmaier y Dana Vávrová
  • Guion: Stephan Glantz
  • Música: Christian Heyne
  • Fotografía: Joseph Vilsmaier
  • Reparto: Gedeon Burkhard, Lale Yavas, Lena Beyerling, Juraj Kukura, Sibel Kekilli, Roman Roth, Brigitte Grothum, Hans Jürgen Silbermann, Ludwig Blochberger
  • País: Alemania        
  • Año: 2006
  • Duración: 122 minutos  
  • Género: drama