El legado ferroviario de la Electric Light Orchestra

ELO. Last Train to London, 1979. Guioteca.com

Gracias a canciones llenas de ganchos musicales y cautivadoras melodías, inconfundibles voces y deslumbrantes producciones, la Electric Light Orchestra (ELO), vivió su época dorada entre 1975 y 1983. Originaria de Birmingham, la banda nació con la intención de fusionar el rock con instrumentos clásicos de cuerda. Durante años, con el fin acudir a las emisoras de radio y televisión de Londres, fue cliente habitual de los trenes que conectaban ambas ciudades, viajes que seguramente contribuyeron a configurar su legado ferroviario.  

Es sabido que la ELO proclamó que su carrera musical comenzaba donde los Beatles lo habían dejado con I Am the Walrus. En este sentido cabe señalar que en 1974 John Lennon fue invitado a una emisora de radio neoyorquina y a la hora de escoger una canción se decantó por Showdown. Afirmó que sonaba como lo haría su antiguo grupo de no haberse disuelto, además de declarar a la ELO «hijo de los Beatles». Incluida en su álbum On The Third Day, la canción aborda el momento decisivo de una dolorosa ruptura sentimental, donde se enfrentan sentimientos contradictorios que viajan en el mismo tren. Y, así mientras la protagonista lanza su lamento al viento del sur, el corazón del protagonista se ha endurecido como una piedra.

On the Third Day (1973): «Showdown». Discogs.com

Si On the Third Day contribuyó a sentar las bases del sonido de la ELO, la apoteosis llegó en 1977 con el disco Out of the Blue, cuya portada era una gran nave espacial, imagen icónica del grupo desde el disco A New World Record. En poco menos de tres semanas Jeff Lynne, el cantante, guitarrista, teclista, compositor y productor escribió las dieciocho canciones de un disco doble que ha vendido más de 10 millones de copias. Entre dichas canciones se encontraba Across the Border, que relata la historia de un joven que debe tomar un tren hacia el sur para cruzar la frontera y reunirse con su novia. Las trompetas de inspiración mariachi sugieren que la frontera es la mejicana.

Out of the Blue (1977): «Across the Border». Discogs.com

A Out of the Blue le sucedió, dos años después, Discovery, disco que alcanzó directamente el número 1. Contribuyeron a este éxito cuatro singles, entre los que destacaba Last Train to London, la historia de un chico que renuncia a tomar el último tren a la capital británica cuando ve a la chica de sus sueños. La canción refleja la evolución musical de la banda, del rock progresivo al coqueteo con la música disco de finales de la década de 1970.  

Discovery (1979): «Last Train to London». Discogs.com

Con Discovery, la ELO experimentó un profundo cambio, porque además de la nueva orientación musical que la alejó de los Beatles, perdió la sección de cuerda formada por dos violonchelos y un violín, dejó de ser un septeto para convertirse en un cuarteto y los sintetizadores adquirieron gran protagonismo. En sintonía esta nueva orientación, llegaron, en 1981, Time y, en 1983, Secret Messages, disco este último cuyo título respondía irónicamente a las acusaciones que Jeff Lynne recibía por incluir mensajes secretos, incluso satánicos, en sus canciones. En él encontramos Train of Gold, un tema sobre el riesgo de enamorarse de la persona equivocada, en este caso una mujer que solo salía de noche y un buen día se fue en un tren dorado para no volver.

Secret Messages (1983): «Train of Gold». Discogs.com

En un país tan apegado a su cultura, historia y valores, parece razonable pensar que el London and Birmingham Railway (L&BR), el ferrocarril que operó desde 1833 hasta 1846 y fue la primera línea interurbana construida desde Londres, puede haber dejado su huella en los artistas de Birmigham. Si a esto le sumamos el uso del tren como medio de transporte habitual durante una etapa de su carrera artística, es evidente que la ELO, al igual que sus admirados Beatles, también fue subyugada por la magia del ferrocarril.

Bullet Train (Tren Bala)

Bullet Train. David Leitch, 2022. FilmAffinity.com

Seguramente, los hermanos Lumière intuyeron que el cinematógrafo y los ferrocarriles acabarían formando una estrecha relación de convivencia. Por ello, en 1895 estrenaron La llegada del tren, la primera película de la historia con el ferrocarril como protagonista. Con el tiempo, este medio de transporte se ha convertido en uno de los iconos del cine, algo natural si tenemos en cuenta que tanto la proyección de fotogramas como la circulación de los trenes son metáforas del movimiento.

Otro ejemplo de dicha simbiosis nos la ofrece Bullet Train (Tren Bala), dirigida por David Leitch, doble de las escenas de acción de Brad Pitt en el pasado. En su estilo se aprecian algunas influencias de Guy Ritchie y Quentin Tarantino. Basada en la novela Maria Beetle, de Kotaro Isaka, la película narra la historia de cinco sicarios (Aguijón, Limón, Lobo, Mandarina y Mariquita), que viajan de Tokio a Kioto en un tren bala, sin ser conscientes que todos están a bordo porque de forma directa o indirecta participaron en la muerte de la esposa del letal jefe de un clan mafioso llamado La Peste Blanca (Michael Shannon), que los ha hecho coincidir para que, como venganza, se enfrenten y maten entre ellos. Y como la carrera criminal de La Peste Blanca, que espera con su ejército de asesinos la llegada del tren en la estación de Kioto, está llena de cadáveres, otros tres criminales (El Anciano, Kimura y Príncipe), viajan en el mismo tren para saldar las cuentas que tienen pendientes con él.   

El protagonismo recae en Mariquita (Brat Pitt), un asesino de legendaria mala suerte que aspira a ejecutar sus futuros trabajos de forma pacífica. No es la única excentricidad de una película en la que los hermanos gemelos Limón (Brian Tyree Henry) y Mandarina (Aaron Taylor-Johnson) son de distinto color. Limón, además, es un asesino que interpreta el mundo según las personalidades de los trenes y vagones antropomórficos de la serie infantil de animación británica Thomas and Friends (Thomas y sus amigos).

A excepción de algunos flashbacks, casi toda la película transcurre en tiempo real a bordo de un Shinkansen de la serie N700S, un convoy que puede circular comercialmente a 360 km/h y que no se ve afectado por cortes de tensión gracias a sus baterías de ion de litio. Por lo que, los limitados espacios del tren se transforman en un sorprendente escenario para un imaginativo despliegue de artes marciales y luchas cuerpo a cuerpo, así como espectaculares acrobacias y explosiones varias.

Con un elenco compuesto por actores anglosajones y asiáticos, que incluye la participación simbólica de Channing Tantum, Ryan Reynolds y Sandra Bullock, como Maria Beetle, la jefa de Mariquita, Bullet Train es una comedia de acción, humor negro y ritmo frenético, en sintonía con la velocidad del tren en el que transcurre la trama. Pensada para disfrutar, sus títulos de crédito finales son de visión obligada para entender el desenlace.

FICHA TÉCNICA:

  • Título: Bullet Train (Tren Bala)
  • Director: David Leitch
  • Guión: Zak Olkewicz
  • Música: Dominic Lewis
  • Fotografía: Jonathan Sela
  • Reparto: Brad Pitt, Joey King, Aaron Taylor-Johnson, Brian Tyree Henry, Andrew Koji, Hiroyuki Sanada, Michael Shannon, Channing Tantum, Bad Bunny, Sandra Bullock, Ryan Reynolds
  • País: Estados Unidos       
  • Año: 2022
  • Duración: 126 minutos  
  • Género: Comedia negra de acción   

El viejo Expreso de la Patagonia

El viejo Expreso de la Patagonia. Paul Theroux. casadellibro.com

Con el fin de escribir El viejo Expreso de la Patagonia, libro de viajes que es un retrato del contiente americano hasta antes de comenzar el Mundial de Fútbol de Argentina 1978, el escritor norteamericano Paul Theroux se desplazó en tren desde la ciudad de Medford, en Boston, hasta Esquel, en la Patagonia. Desde un principio, sabía que no quería escribir sobre el hecho de llegar a un lugar. Le interesaba el trayecto en sí, no el destino. Con este propósito, provisto de un libro de Horarios Cook, un diario, diversas novelas de trama estructurada -para dotar de orden lo fortuito del viaje-, adoptando el rol de profesor de geografía y valiéndose de veintidós ferrocarriles, los mismos que dan nombre a cada uno de los capítulos en los que se divide el libro, realizó un periplo de más de 25.000 km durante seis meses.

Theroux afirma que viajar carece de sentido si no implica ciertos riesgos, de ahí que anhele un poco de peligro, un acontecimiento adverso, un intenso malestar y la experiencia de su propia soledad. La necesidad de buscar el magnetismo de lo exótico, sentir la emoción del explorador que ha dejado atrás a todo el mundo y está embarcado en una solitaria misión de descubrimiento en un lugar apartado. Incluso si todo ello conllevaba tantas satisfacciones como miedos, siendo el miedo a la muerte el más constante y aterrador.

Todo lo anterior resulta coherente, porque en el libro se dice que el hecho viajar en ferrocarril por Latinoamérica nunca es una tarea sencilla. A la impuntualidad de los trenes, sus averías, la ubicación de las estaciones, a menudo en los arrabales de pueblos y ciudades, la compleja orografía de los países…, hay que añadir el estigma de clase que observa asociado a los trenes. Solo los indigentes, los descalzos, los indios y los montañeses chiflados se aventuran a tomar trenes o saben algo de ellos.

Las dotes de observación y causticidad de Theroux son evidentes en todo momento. Así, al referirse al jazz, dice que su era fue también la del ferrocarril, porque sus músicos viajaban en tren o no viajaban, de modo que su bombeante tempo, su traqueteo y su solitario silbido se deslizaron en las composiciones musicales.

Otro ejemplo de su capacidad de observación es el apunte sobre la Costa de los Mosquitos: “Estábamos en la costa y viajábamos a lo largo de una playa llena de palmeras. Era la Costa de los Mosquitos, que se extiende de Puerto Barrios en Guatemala hasta Colón en Panamá. Es salvaje y parece el escenario perfecto para una historia de náufragos”. Años después, en 1981, publicó la novela La Costa de los Mosquitos,  que Peter Weir convirtió en película, con Harrison Ford, River Phoenix y Hellen Mirren, en 1986.

La causticidad queda patente, entre otras, en sus reflexiones sobre el lobby de los agricultores norteamericanos, porque “se ha asegurado de que haya mexicanos que explotar, porque si no hubiera mexicanos que explotar ¿cómo recogerían sus cosechas esos negreros fondones?”. También cuando critica que “desde Guatemala a Argentina, casi todos los países están gobernados por tiranías esquilmadoras que solo sirven para convertir en inevitable la implacable venganza de la anarquía”.

Una de las grandes satisfacciones de su periplo fue reunirse con José Luis Borges en Buenos Aires. En las conversaciones compartió su admiración por dos referentes de la literatura de viajes: Robert Louis Stevenson y Rudyard Kipling, autores, respectivamente, de El emigrante aficionado y The King, obras de las cuales extrae las dos citas con las que comienza el libro.  

La apasionada visión romántica de Theroux le lleva a considerar que los mejores trenes reducen el placer de viajar, de ahí que apueste por lo peores, es decir, los que atraviesan los paisajes más interesantes. Dicha pasión es una constante en su obra. Antes de editar El viejo Expreso de la Patagonia, había publicado El gran bazar del ferrocarril en 1975. Luego vendrían En el gallo de hierro (1988), Tren fantasma a la Estrella de Oriente (2008) o El último tren a la zona verde (2013).

DATOS BIBLIOGRÁFICOS

  • Autor: Paul Theroux
  • Título original: The Old Patagonian Express
  • Año de publicación: 1979
  • Título: El viejo Expreso de la Patagonia  
  • Editorial: Santillana Ediciones Generales, S.L.
  • Año de edición: 2009
  • Páginas: 630

2046

2046. Wong Kar-wai, 2004. wikipedia.org

En el marco de la sección oficial del Festival de Cannes del año 2000, el director hongkonés Wong Kar-wai deslumbró al mundo con In the Mood for Love (Deseando amar), un poema visual, cargado de sensualidad, elegancia y estilo sobre el deseo de alcanzar el amor. La historia de dos personas casadas, pero no entre sí, que, en 1962, viven en la misma casa de huéspedes en Hong Kong. Ella, Su Li-zhen (Maggie Cheung), es secretaria de una empresa de exportación cuyo marido viaja constantemente; él, Chow Mo Wan (Tony Leung), es redactor jefe de un diario local, cuya mujer también pasa mucho tiempo fuera de casa. Como Su Li-zhen y Chow Mo Wan comparten cada vez más tiempo, un buen día descubren que sus respectivos cónyuges mantienen una relación secreta. Aunque no quieren ser como ellos, acaban enamorándose al tratar de ponerse en su lugar e imaginar cómo llegaron a dicha situación.

Cuatro años después, Wong Kar-wai estrenó 2046, la secuela de In the Mood for Love. La acción se traslada a 1963, Chow Mo Wan sigue siendo periodista y escritor. Se aloja en la habitación 2046 del Hotel Oriental, la misma donde no pudo consumar su amor con Su Li-zhen. Para superar su vacío existencial, mantiene relaciones esporádicas con mujeres muy bellas con las que nunca se compromete, juega y escribe una novela de ciencia ficción sobre un mundo en el que las personas que quieran recobrar sus recuerdos perdidos pueden tomar un tren futurista en dirección al año 2046. Sin embargo, ninguna persona que ha viajado en dicho tren ha vuelto, salvo el propio Chow Mo Wan, quien al no encontar allí a Su Li-zhen, regresó y ahora plasma en su obra todas sus relaciones sentimentales pasadas, presentes y futuras.

Tanto en la vida real como en la novela, Chow Mo Wan se muestra como un hombre incapaz de pasar página. Hace balance de su pasado, de las relaciones que quedaron atrás y llega a dolorosas conclusiones, como que no sirve de nada encontrar a la persona indicada si el momento no es el adecuado o que el amor es una cuestión de tiempo, antes o después del momento justo ya no sirve, lo que le impide salir de su bucle de soledad, infelicidad y hastío.

Antes de ver 2046 es aconsejable visionar primero In the Mood for Love. Ambas películas comparten una estética muy lograda de la década de 1960, caracterizada por rodajes en interiores, pasillos estrechos, iluminación sugerente, movimientos de cámara ralentizados y encuadres tan originales como expresivos. La música latina de esa época es otro de los elementos comunes, en el caso de In the Mood for Love destacan Aquellos ojos verdes y Quizás, quizás, quizás; en 2046, Siboney y Perfidia, que se funden armoniosamente con las imágenes y marcan el tempo de ambas películas.

2046 -que con Days of Being Wild (Días Salvajes), e In the Mood for Love conforma una trilogía-, puede ser entendida como una película sobre como superar los amores imposibles y afrontar los futuros, dada la naturaleza transitoria del amor. Cine hipnótico, visualmente impactante, con una estructrua narrativa compleja y no lineal, que representa una reinvención milimétricamente coreografiada del romanticismo clásico. En este contexto, el tren -además de aportar su innegable glamour-, se convierte en un medio de transporte hacia un futuro distópico y, al mismo tiempo, en una poderosa metáfora del pasado, la memoria y el deseo de detener el tiempo.

FICHA TÉCNICA:

  • Título: 2046
  • Director: Wong Kar-wai
  • Guion: Wong Kar-wai
  • Música: Shigeru Umebayashi, Peer Raben
  • Fotografía: Christopher Doyle, Kwan Pum-leung, Lai Yiu-fai
  • Reparto: Tony Leung, Zhang Ziyi, Faye Wong, Gong Li, Kimura Takuya, Carina Lau, Maggie Cheung, Chang Chen, Dong Jie,  
  • País: Hong Kong      
  • Año: 2004
  • Duración: 129 minutos  
  • Género: drama romántico    

La mirada ferroviaria de Isaak Levitán

Autorretrato. 1880. Wikipedia.org

Se suele afirmar que nadie ha podido captar el alma del paisaje ruso como el pintor Isaak Ilich Levitán (Lituania, 1860 – Rusia, 1900). Con 13 años ingresa en la Escuela de Pintura, Escultura y Arquitectura de Moscú, donde Alexey Savrasov le transmite la pasión por la naturaleza. Años después, el mecenas Pável Tretiakov le otorga una beca para estudiar en París. Allí conocerá las obras de los pintores de la Escuela de Barbizón, defensores de un paisaje natural exento del idealismo y dramatismo del romanticismo, y también de Camille Corot, cuyo profundo sentimiento del paisaje aplicará a la idiosincrasia y naturaleza rusas. Todo lo cual le llevará a convertirse en un abanderado del “paisaje del estado de ánimo”, con todas sus connotaciones espirituales y filosóficas.

Pionero en su país a la hora de plasmar el ferrocarril, su primer testimonio es el dibujo El andén, el tren se aproxima, que representa la llegada de un tren a una estación indeterminada. Como en la mayoría de sus cuadros, no hay presencia humana y nos traslada a una zona rural, otra de las características definitorias de su obra en la que no hay cabida para los paisajes urbanos.

El andén, el tren se aproxima. 1879. wikiart.org

Seis años después pinta El apeadero, claro deudor de El andén, el tren se aproxima. Al final de la tarde, el silencio y la tranquilidad de un modesto apeadero en mitad del bosque -que, por todo equipamiento cuenta con una vía, un andén de madera y una señal mecánica de disco-, están a punto de ser interrumpidos por un tren, cuyas luces ya brillan en la distancia. Con una infraestructura aparentemente anodina y desangelada, extrae belleza e invita a reflexionar sobre la conexión entre la naturaleza y el progreso humano.

El apeadero. 1885. wikiart.org

De tenor similar es el lienzo Atardecer después de la lluvia, porque la protagonista es otra vez una modesta infraestructura: una estación rural dotada con vía doble y un cruce de vías entre andenes. Acaba de llover, y tanto el andén del edificio de la estación, que está mojado, como el cielo, que presenta unas bellas tonalidades, le permiten demostrar su maestría en el uso del color a la hora de captar las diversas cualidades de la luz y los matices cromáticos de las sombras, razón por la cual se le compara con Claude Monet.

Atardecer después de la lluvia. 1879. wikiart.org

El tiempo y el ánimo cambian radicalmente en Un tren se aproxima. La tarde lluviosa ha sido sustituida por una mañana de primavera, donde el sol brilla y el cielo está despejado. La naturaleza se despliega con todo su colorido y la alegría de vivir se hace patente. No obstante, como la vida no es lineal, porque hay altos y bajos, luces y sombras, todo ello tiene su traslación en un cuadro que captura la esencia del paisaje y el dinamismo del tren.

Un tren se aproxima. 1895. wikiart.org

La correlación entre las condiciones climáticas y el estado de ánimo son de nuevo evidentes en el óleo Día gris. El lugar elegido es un paraje solitario, cuya atmósfera melancólica se acentúa por un cielo gris plomizo, una luz tenue y la ausencia de sombras. En él distinguimos los postes del telégrafo, las cabezas de algunas traviesas y una vía cubierta de nieve que, con todo, sigue siendo un camino de hierro expedito en pleno invierno.

Día gris. 1895. wikiart.org

En 1891, su febril actividad le lleva a unirse a la sociedad cooperativa de pintores de realismo crítico denominada Peredvízhniki (Vagabundos o Itinerantes), que aspiran a pintar la realidad de manera accesible y auténtica. Seis años después, es elegido para la Academia Imperial de Artes y en 1898 es nombrado responsable de Estudio de Paisaje. Sin embargo, su vida se acaba y como seguramente es conscinte de ello, al año siguiente nos brinda Vía férrea, un cuadro de paleta opaca y colores fríos, que transmite gelidez, desolación y tristeza, así como una sensación de calma y soledad.

Vía férrea. 1899. wikiart.org

Aunque fallece a los 39 años, su legado lo componen más de mil obras, la inmensa mayoría paisajes. Considerado el pintor-poeta, su estrella sigue brillando tanto en la Tierra, donde es reconocido como uno de los más grandes artistas rusos, como en el espacio, porque desde 1979 un asteroide, el planeta menor 3566, lleva su nombre.

Memorias de una madame americana

Nell Kimball. Memorias de una madame americana. amazon.es

El grupo holandés Shocking Blue ha pasado a la historia gracias a composiciones como Never Marry a Railroad Man (Nunca te cases con un ferroviario), con la que logró ser número 1 en diversos países. Dado que editó la canción en 1967, difícilmente podía conocer el contenido del libro de Nell Kimball Memorias de una madame americana, porque fue publicado tres años después, pero, de haberlo conocido, seguro que habría encontrado más argumentos para sustentar su consejo.

En 1869, por recomendación de una tía suya, prostituta de profesión, Nell Kimball (Illinois, 1854 – Florida, 1936), comienza a trabajar en uno de los prostíbulos más lujosos de Saint Louis. Hecho que supone huir del mundo rural, de la brutalidad de su padre y también de la posibilidad de verse rodeada de una docena de hijos con solo 30 años. Su gran profesionalidad y determinación hace que a los 24 dirija uno de los mejores burdeles de Nueva Orleans, actividad en la que permanecerá hasta que la prostitución  sea prohibida en dicho Estado, lo cual ocurre en 1917.

Entre 1918 y 1922 escribe Memorias de una madame americana, la narración de su vida, primero como prostituta de un burdel de lujo y más tarde como propietaria de diversos locales de igual suntuosidad. Aunque carece de formación, su contacto con relevantes personalidades políticas, empresariales, judiciales, policiales…, unido a su inteligencia natural, convierten sus memorias en una sorprendente y sagaz mirada de los EE. UU. a finales del XIX y principios del XX. En ellas revela el lado íntimo y en ocasiones oscuro de importantes personalidades, analiza los entramados sociales que permiten mantener la apariencia de respetabilidad y describe la prostitución con objetividad y detallismo profesional; con distancia y sin sentimentalismos.  

Uno de los aspectos más llamativos del libro son sus continuas referencias al mundo ferroviario. Desde sus inversiones en acciones de compañías ferroviarias, hasta las disputas y coaliciones de los cuatro grandes magnates ferroviarios de la época: James Hill, Edward Harriman, Jason Gould y Collis Huntington; pasando por el origen de los barrios rojos. Según Kimball, la historia se remonta a los primeros días del ferrocarril en Kansas City donde los trenes de mercancías se detenían en los depósitos de trenes toda la noche. Los guardafrenos, que llevaban faroles rojos para hacer señas, solían visitar a menudo los prostíbulos que estaban cerca del depósito de Kaycee, y colgaban sus faroles fuera de la casa que elegían. Era trabajo de los gestores ferroviarios mandar a los avisadores a dondequiera que hubiera una luz roja para advertir a los guardafrenos de que los trenes estaban listos para partir.

Debido a su estrecha relación con el ferrocarril y a su condición de usuaria habitual en desplazamientos de larga distancia, no sorprende que Nell Kimball eligiera el tren para dirigirse a su retiro en Florida. Falleció a los ochenta años sin llegar a ver publicadas sus memorias, consideradas demasiado atrevidas para la época. Estas constituyen un testimonio pionero sobre el trabajo sexual, la autonomía femenina y las tensiones entre moralidad pública y experiencia privada. Su narrativa rompe con los tabúes de su tiempo y ofrece una visión compleja y matizada de la prostitución en la sociedad estadounidense decimonónica.

DATOS BIBLIOGRÁFICOS

  • Autora: Nell Kimball
  • Título: Memorias de una madame americana   
  • Editorial: Sexto Piso
  • Año de edición: 2007
  • Páginas: 376

Un viaje de novios

Emilia Pardo Bazán. Un viaje de novios. alianzaeditorial.es

El ferrocarril fue un motivo recurrente en la obra de Emilia Pardo Bazán (A Coruña, 1851–Madrid, 1921). Aparece en la colección de cuentos Sud-Express, en los libros de viajes Por Francia y Alemania, Al pie de la Torre Eiffel y Por la España pintoresca, así como en su segunda novela, Un viaje de novios, una obra que cuestiona la institución matrimonial tradicional del siglo XIX cuando esta se apoya en intereses económicos o sociales más que en el afecto.

Parcialmente inspirada en las estancias de la autora en el balneario francés de Vichy, adonde acudió para tratar dolencias hepáticas, Un viaje de novios combina elementos del libro de viajes y de la novela romántica. En ella se manifiestan el cosmopolitismo de Pardo Bazán, su conocimiento de la red ferroviaria europea y su contribución decisiva a la introducción del naturalismo en España, un movimiento literario surgido en Francia a mediados del siglo XIX que aspiraba a representar la realidad mediante un análisis social, psicológico e histórico riguroso. Estos análisis le permiten retratar tanto la realidad exterior como la interior de sus personajes.

La obra se articula en catorce capítulos claramente bipartitos. Los siete primeros relatan el trayecto en tren desde León hasta Bayona y Biarritz, con un tono cercano a la literatura de viajes: descripciones paisajísticas, apuntes históricos y observaciones sobre la experiencia ferroviaria en el último tercio del siglo XIX. Este recorrido no es solo geográfico, sino también narrativo, pues sirve para presentar a los personajes y anticipar los conflictos morales y emocionales que vertebran la novela.

En el centro del relato se sitúa Lucía González, una joven de dieciocho años, profundamente religiosa e ingenua, que acepta un matrimonio de conveniencia impulsado por su padre. Pardo Bazán construye en Lucía uno de los personajes femeninos más complejos de la narrativa del siglo XIX, atrapada entre sus aspiraciones personales y las exigencias sociales. Frente a ella se alza Aurelio Miranda, marido cuarentón y oportunista, que ve en el enlace una tabla de salvación económica y vital. Completa el triángulo Ignacio Artegui, médico carlista de temperamento pesimista, cuya influencia intelectual y emocional sobre Lucía se intensifica a lo largo del viaje.

Los siete capítulos finales, ambientados en Vichy y París, abandonan el tono viajero para adentrarse de lleno en la novela romántica y psicológica. La evolución interior de Lucía —de la alegría inicial a una melancolía introspectiva— corre paralela al progresivo desenmascaramiento de Aurelio, cuyo interés real reside en el juego y el ocio nocturno. La tensión culmina en un episodio de violencia machista que la autora presenta con crudeza naturalista, denunciando una concepción de la autoridad marital que, por desgracia, conserva resonancias contemporáneas.

A finales del siglo XIX, el viaje de novios era en España una costumbre poco frecuente y considerada extranjerizante, más aún si implicaba desplazarse en tren hasta París. Sin embargo, Emilia Pardo Bazán fue siempre una mujer adelantada a su tiempo. Con apenas veinte años recorrió Europa junto a su marido, José Quiroga, y frecuentó museos y bibliotecas. En viajes posteriores trató personalmente a figuras como Victor Hugo y Émile Zola. En 1883, ya con tres hijos, se separó, y fueron muy comentadas sus relaciones con José Lázaro Galdiano y Benito Pérez Galdós. Firme defensora de los derechos de la mujer, ejerció como catedrática de Lenguas Neolatinas en la Universidad Complutense de Madrid y en hasta tres ocasiones se le negó el ingreso en la Real Academia Española.

Placa en honor a Emilia Pardo Bazán en la estación de A Coruña

DATOS BIBLIOGRÁFICOS

  • Autora: Emilia Pardo Bazán
  • Título: Un viaje de novios   
  • Editorial: Alianza Editorial
  • Año de edición: 2003
  • Páginas: 332

The Titfield Thunderbolt (Los apuros de un pequeño tren)

The Titfield Thunderolt. Charles Critchton, 1953. SensaCine.com

En 1951, el Talyllyn Railway, un ferrocarril de 11,76 km de longitud y 686 mm de ancho de vía, que llevaba operando en Gales desde 1866, se convirtió en el primero del mundo en ser conservado como patrimonio ferroviario por voluntarios. Comenzó transportando pizarra y acabó siendo también el primer ferrocarril británico de vía estrecha en ser autorizado por el Parlamento para transportar personas con tracción de vapor.

Partiendo de este hecho histórico, Charles Crichton, el director de la inolvidable “A Fish Called Wanda” (Un pez llamado Wanda), rodó en 1953 la entrañable y costumbrista comedia coral, llena de personajes peculiares, The Titfield Thunderbolt (Los apuros de un pequeño tren), la primera película en color de los históricos Ealing Studios, que evoca el positivismo de las comedias de Frank Capra y por momentos recuerda a “The Quiet Man” (El hombre tranquilo), de John Ford, estrenada un año antes.

Todo comienza cuando British Railways decide cerrar, por deficitaria, “la línea ferroviaria más antigua del mundo”, el ficticio pequeño ramal que discurre por la campiña británica entre Titfield Station y Mallingford Junction.

En dicha tesitura, los habitantes de Titfield, haciendo alarde de unión e inquebrantable fe ante las adversidades, deciden comprar la línea y seguir con el servicio. Por dicho motivo, serán ellos mismos los que encarnarán los diversos roles ferroviarios. Así, entre otros, el vicario será el maquinista de la única locomotora con la que cuenta el ferrocarril; su asistenta, la factora que vende los billetes; un ferroviario jubilado que vive en un coche de viajeros en el bosque, el fogonero; y un bisnieto del fundador del ferrocarril, el revisor. Todo ello con el objetivo de superar la inspección final y obtener, en el plazo de un mes, la licencia definitiva que les exige el Ministerio.

No obstante, la compañía de autobuses Pearce & Crump Limited, cuyos intereses son diametralmente opuestos y excluyentes, porque aspira a prestar el servicio sustitutorio, tratará de aprovechar el período de prueba para boicotear, por todos los medios, la obtención de la mencionada licencia.

Concebida como una declaración de amor al ferrocarril y con una visión romántica del mismo, 70 años después de su estreno la película también puede ser vista como una reflexión sobre los cambios en los servicios públicos cuya motivación es exclusivamente económica. Asimismo, sobre cómo dar respuesta a las necesidades de transporte de pequeños municipios, generalmente con poblaciones menguantes y envejecidas, cuyas líneas férreas son deficitarias.  

FICHA TÉCNICA:

  • Título: The Titfield Thunderolt (Los apuros de un pequeño tren)
  • Director: Charles Critchton
  • Guión: T. E. B. Clarke
  • Música: Georges Auric
  • Fotografía: Douglas Slocombe
  • Reparto: Stanley Holloway, Naunton Wayne, Godfrey Tearle, John Gregson, George Relph, Gabrielle Brune, Hugh Griffith, Sidney James
  • País: Gran Bretaña  
  • Año: 1953
  • Duración: 84 minutos  
  • Género: Comedia costumbrista  

El legado ferroviario de Gerry Rafferty

Gerry Rafferty. Rollingstone.com. David Redfern/Redferns/Getty

Es posible que Gerry Rafferty sea recordado exclusivamente por dos grandes éxitos de la década de 1970, Stuck in the Middle with You y Baker Street, lo cual sería injusto. Es cierto que era reacio a actuar en público, que no se sentía cómodo con la fama y que tuvo diversos desencuentros con la industria musical. Sin embargo, también lo es que era un consumado compositor, que siempre encontraba el tono perfecto a la hora de cantar y que grabó tres discos con el grupo The Humblebums, otros tres con el grupo Stealers Wheel y once en solitario, con los que logró el respeto del mundo del folk y del rock.

The Humblebums era una banda de folk-rock de la zona de Glasgow, en la que también militaba el actor y músico Billy Collonny. Para su segundo disco grabaron Rick Rack, una canción sobre los sueños de una persona, el primero de los cuales es ser maquinista, tal vez como una forma de escapar del opresivo ambiente familiar creado por su violento padre. Una canción firmada por Rafferty de tenor sospechosamente autobiográfico, porque era el hijo no deseado de un minero alcohólico y propenso a levantar la mano.

The Humblebums – The New Humblebums  (1969): «Rick Rack». Discogs.com

Disueltos los Humblebums, forma con Joe Egan Stealers Wheel, un grupo de soft-rock promocionado como los Crosby, Still, Nash and Young escoceses. Sus dos primeros discos son producidos por Leiber y Stoller. El éxito les sonríe desde el primer momento gracias, sobre todo, al impulso proporcionado por el sencillo Stuck in the Middle with You, que Quentin Tarantino utilizará años más tarde en una de las escenas más recordadas de la película Reservoir Dogs. Tras su espectacular debut, llega el segundo disco, Ferguslie Park, en el que encontramos Everything Will Turn Out Fine, sobre una persona que a bordo de un Metro observa a sus silentes compañeros de viaje y describe los efectos del consumo excesivo de whisky, lo que le lleva a concluir irónicamente que todo saldrá bien. Toda una premonición.

Stealers Wheel – Ferguslie Park (1973): «Everything Will Turn Out Fine». Discogs.com

Tras su tormentosa relación con Joe Egan, en 1975 Stealers Wheel llega a su fin, pero Rafferty tendrá que superar diferentes problemas contractuales para reiniciar su carrera en solitario, lo cual hace en 1977 con el disco City to City, que contiene la celebérrima Baker Street y el inconfundible solo de saxo de Raphael Ravenscroft, así como Right Down the Line o City to City. La primera nos habla de una mujer a la que ama intensamente y con la que quiere compartir su vida, porque es su refugio y apoyo, razón por la cual la ubica metafóricamente al final de la línea. La segunda es su composición ferroviaria por antonomasia. Mientras está en un tren nocturno que le devolverá a casa, un artista medita acerca de lo difícil que puede resultar la vida en pareja cuando se va de ciudad en ciudad.

Gerry Rafferty – City to City (1978): «Right Down the Line» + «City to City». Discogs.com

Su prestigio es enorme entre sus colegas hasta el extremo que tanto Eric Clapton como Paul McCartney quieren trabajar con él, pero rechaza sus ofertas y sigue grabando en solitario. En 1988 publica el disco North and South que incluye la canción de homónimo título, en la que el Rock Island Line, el ferrocarril de Chicago a Rock Island, figura en el estribillo de un tema sobre los altibajos profesionales de la vida de un artista, que de nuevo parece autobiográfica.  

Gerry Rafferty – North And South (1988): «North and South». Discogs.com

En buena lógica, Gerry Rafferty debería pasar a la historia como prototipo de artista total, porque componía, cantaba, tocaba diversos instrumentos y producía discos propios y ajenos. Especialmente celebrada fue su participación en el primer disco de los Proclaimers. Falleció a los 63 años de una enfermedad hepática provocada por el consumo de alcohol. Su rock suave, melódico, lleno de confesiones íntimas, en el que se colaban maquinistas y línea férreas, trenes y tranvías, se vio arropado por la sutil producción de Hugh Murphy en numerosos discos y por las inconfundibles portadas de John “Patrick” Byrne en todas las etapas de su carrera. La admiración recíproca con los Dire Straits hizo que Mark Knopfler le reclamara para cantar a dúo la canción The Way It Always Starts, de la banda sonora original de la película Local Hero, o que el propio Knopfler y otros músicos de la banda participarán en diferentes discos suyos.   

La mirada ferroviaria de Lionel Walden

Famoso por sus paisajes, marinas y escenas volcánicas, Lionel Walden (1862-1933), es un pintor postimpresionista norteamericano que está considerado el “intérprete supremo de los mares de Hawái”. En 1911, tras ser invitado por el artista local James Austin «Kimo» Wilder, viaja por primera vez al archipiélago, donde cae rendido ante sus colores, su luz, la espectacularidad de los volcanes y la belleza del océano.

Sin embargo, su obra más conocida es probablemente un óleo titulado Los muelles de Cardiff, que es representativo del impulso que los ferrocarriles, los puertos y las minas aportaron a la Revolución Industrial. La pintura muestra un amanecer en la zona portuaria de la capital galesa, cuyo puerto desempeñó un papel fundamental en la exportación de carbón a finales del siglo XIX. En la composición se aprecian unas vías que conducen la mirada hacia los trenes que transportan el mineral procedente de las ciudades mineras, diversas instalaciones fabriles y los mástiles de los barcos atracados, listos para abastecerse.

Los muelles de Cardiff, 1896. Meisterdrucke.es

Nace en Connecticut y se forma como artista en Europa. En su juventud se traslada a París -en aquel momento la capital del arte-, estudia con Carolus-Duran y conoce en profundidad la pintura impresionista y el emergente movimiento postimpresionista. Entre 1893 y 1897 vive en Cornualles y pasa una temporada en Gales, donde pinta grandes vistas marítimas e industriales, como Acerías, Cardiff de noche. De nuevo unas vías en curva guían la mirada hacia un tren que se aproxima y a las acerías, cuyas chimeneas indican que están a pleno rendimiento, en una muestra del proceso de industrialización británico.

Acerías, Cardiff de noche, 1893-1897. Meisterdrucke.es

En este proceso, el ferrocarril de tracción a vapor desempeñó un papel esencial, pues revolucionó el transporte, generó riqueza y contribuyó a vertebrar los territorios. Desempeño que no pasó desapercibido para Walden, quien volvió a otorgarle el protagonismo en Tren de la noche. La obra representa una instalación ferroviaria con varias vías e itinerarios y un puesto de agujas —un edificio técnico desde el cual se modifica la posición de los espadines o carriles móviles para que los trenes circulen por una vía u otra—, donde una persona verifica que el itinerario esté correctamente establecido para un convoy que se aproxima.

Tren de la noche, circa 1890. Meisterdrucke.es

A los 71 años Lionel Walden fallece en Chantilly, en su querida Francia, admirado y respetado, tras haber obtenido medallas en los Salones de París de 1900 y 1903, y ser nombrado Caballero de la Legión de Honor Francesa en 1910. Hoy en día su legado perdura en pinacotecas tan diversas como el Museo de Brooklyn, el Museo Nacional de Cardiff o el Museo de Arte de Honolulu. También se pueden admirar sus cuadros en el Museo del Louvre de Abu Dabi o en el Museo de Orsay, una antigua estación ferroviaria parisina convertida en el templo del impresionismo, de cuya colección permanente forma parte Los muelles de Cardiff.