
Patatas suflé. directoalpaladar.com
Todo ocurrió de manera inopinada en la inauguración de una línea ferroviaria, porque el retraso del tren obligó al chef encargado del banquete conmemorativo a improvisar y el resultado fue uno de los bocados más exquisitos que se pueden elaborar con tubérculos: las patatas suflé.
En 1830, el Estado francés aprobó la construcción de una línea ferroviaria entre París Saint-Lazare y Saint-Germain-en-Laye, un popular lugar de paseo a unos 20 kilómetros de la capital. Todo un hito en la modernización del Estado, ya que se trataba del primer trayecto francés dedicado exclusivamente al transporte de pasajeros. Además, representaba un gran paso hacia la creación de la futura Gran Línea Occidental, que conectaría París con Ruán. Así, el 24 de agosto de 1837, con la presencia de la reina Marie-Amélie (aunque no del rey Luis Felipe I de Orleans), se inauguró la línea, 12 años después de que Inglaterra pusiera en servicio su primer transporte de viajeros por ferrocarril entre Stockon y Darlington.
Como colofón del viaje, se había programado un banquete organizado por el célebre chef e innovador de la gastronomía francesa Jean Louis François Collinet, en el Pabellón Henri IV, el restaurante más prestigioso de Saint-Germain. A la hora señalada, comenzó a freír las patatas finamente cortadas que acompañarían a un entrecot. Sin embargo, una parada inesperada del tren en una estación cercana obligó a interrumpir la fritura.
Cuando Collinet, a quien se le atribuye la difusión de la salsa bearnesa, fue informado de que el tren había reanudado la marcha, decidió volver a calentar el aceite e incorporar las patatas que habían quedado a medio hacer. De pronto, ocurrió algo sorprendente: las patatas comenzaron a inflarse. El resultado fue una deliciosa textura ligera, crujiente y dorada por fuera, pero tierna por dentro.
El banquete fue merecedor de los más encendidos elogios y hasta el propio rey Luis Felipe I de Orleans, que no había viajado en el trayecto inaugural por recomendación de sus asesores -preocupados por el impacto de la velocidad de las máquinas de vapor en el cuerpo humano, porque parte del recorrido se realizaba en túnel–, pero sí asistió al ágape, felicitó a Collinet. Este gesto propició que la noticia se difundiera por París en cuestión de horas.
El éxito de la línea fue tal que, en su primer viaje comercial, transportó a 18.000 personas. Sin embargo, la notoriedad de las patatas fue aún mayor. A los pocos días, los mejores restaurantes parisinos ya ofrecían las patatas suflé que había descubierto Collinet, fruto de una de las serendipias ferroviarias más felices de la historia de la gastronomía.


































