Rock ferroviario británico: poderío insular

Por mor del Stockton & Darlington Railway, inaugurado en el noreste de Inglaterra en 1825, sobre un ancho de 1.435 milímetros y pionero en el uso del vapor desde sus inicios, los británicos son considerados los padres del ferrocarril moderno. Aunque en sus primeros años estuvo destinado al transporte de mercancías, en 1833 comenzó a transportar viajeros. Dada la trascendencia del ferrocarril en la historia de la humanidad, parecía inevitable que los artistas en general, y los británicos en particular, lo incorporaran a sus obras.

Un claro ejemplo de esta incorporación lo encontramos en la banda londinense Dire Straits, cuya primera grabación fue un boogie rock titulado Eastbound Train. Una oda a una mujer anónima que Mark Knopfler solía ver en la estación de New Cross y cuyos trayectos en tren eran parcialmente coincidentes. 

Dire Straits. Eastbound Train. Discogs.com

De Londres es también el grupo Status Quo, abanderado de un boogie rock de energía contagiosa y letras directas que invitan a la audiencia a participar y sentirse identificada. Esto ha contribuido a que más de cien de sus canciones hayan entrado en las listas de éxitos británicas, como la icónica Whatever You Want, un tema sobre la libertad de elección y autonomía de personal, cuyo estribillo incluye la posibilidad de llevar a una persona de nuevo a casa en el tren de medianoche.

Status Quo. Whatever You Want. Discogs.com

Continuamos en la capital inglesa, porque de allí procede Madness, banda cuyas señas de identidad son el ska y la diversión. Sin embargo, en sus canciones no ha dudado en abordar cuestiones profundas, como el apartheid en Sudáfrica, tal como se puede comprobar en (Waiting for) The Ghost Train, en la que el tren que debería acabar con la segregación racial nunca llega.

Madness. (Waiting for) The Ghost Train. Discogs.com

Dejamos Inglaterra y nos acercamos a Escocia, donde Sheena Easton narra en Morning Train (Nine To Five), la relación de una pareja en la que, mientras él acude en tren a trabajar de 9 a 5, ella espera en casa su regreso para salir a divertirse. La canción vino acompañada de un videoclip, que era un auténtico tratado de cultura ferroviaria, rodado en el Bluebell Railway, ferrocarril inmortalizado, entre otros, en la premiada serie televisiva Downton Abbey o en la portada del disco Tumbleweed Connection, de Elton John.

Sheena Easton. Morning Train (Nine to Five). Discogs.com.

Continuamos en Escocia, y más específicamente en Edimburgo, ciudad natal del grupo The Waterboys, que alcanzó la gloria con Fisherman’s Blues, un disco que fusiona música irlandesa y rock. En el corte que da título al disco, el protagonismo lo comparten un pescador que se aleja mar adentro y el guardafreno de un tren fuera de control, dos personajes que representan la huida de la complejidad de la vida moderna, para buscar una existencia más tranquila en actividades tradicionales.

The Waterboys. Fisherman’s Blues. Discogs.com

De la mano del inconmensurable Tom Jones nos adentramos en Gales, la tierra del artista que afirma que todo el mundo ama a un tren (Every Body Loves a Train), y que en Green Green Grass of Home nos relata la aspiración de una persona que está en prisión, en la que solo espera la muerte, pero que sueña con regresar a su hogar en tren para encontrarse con su sus padres y la bella Mary.

Tom Jones. Green Green Grass of Home. Discogs.com

Finalizamos este breve recorrido por el pop y el rock de inspiración ferroviaria  de artistas de Gran Bretaña con la banda anglo-irlandesa de folk-punk The Pogues, la  cual rindió homenaje a los pioneros, a los primeros ferroviarios, en Navigator, una canción cuyo contenido es similar a Driving the Last Spike, de Genesis, y que ilustra cómo trabajaban y vivían tan esforzados trabajadores.

The Pogues. Rum Sodomy and The Lash. Discogs.com

Casi dos siglos después, en el país que inventó el ferrocarril tal como lo conocemos en la actualidad, seguimos verificando una y otra vez cómo su hechizo sigue presente en su música, cine, fotografía, literatura…, en la enésima confirmación del apego británico a su cultura, historia y valores.

Snowpiercer (Rompenieves)

Imagen: SensaCine.com

En el mes de julio de 2014, como consecuencia de un experimento fallido para solucionar el calentamiento global, la Tierra comenzó una era glacial que acabó con casi toda forma de vida. Desde entonces, las únicas personas supervivientes viajan en el último tren, el Snowpiercer, perteneciente al magnate y divino guardián de la máquina, Wilford (Ed Harris). Se trata de un tren autopropulsado de gran velocidad, con un ecosistema cerrado, que nunca se detiene. Su finalidad es recorrer constantemente los 438.000 kilómetros que forman la red ferroviaria que permanece en activo, resultado de unir diversos ferrocarriles de lujo repartidos por todo el mundo, para lo cual invierte un año.

En el Snowpiercer, una suerte de Arca de Noé ferroviaria, los pasajeros ocupan un lugar determinado y predeterminado: en los vagones de cola se amontona la clase explotada, sufriendo hambre y frío, a la cual se manipula y controla mediante la ansiedad, el miedo, el caos y el horror; y en los de cabeza viaja la clase poderosa con todo tipo de privilegios y excesos. Semejante desigualdad social da lugar, en 2031, a la enésima rebelión, encabezada en esta ocasión por el líder revolucionario de la sección de cola (Chris Evans), durante la cual descubrirá todos los secretos del tren y de la propia condición humana.

El origen de la película es la novela gráfica francesa “Le Transperceneige”, del guionista Jacques Lob y del dibujante Jean-Marc Rochette, publicada en 1982. En España fue inicialmente editada por la revista Tótem bajo el título “El Transglacial” y posteriormente publicada por Bang Ediciones en dos volúmenes, con el título genérico de “Rompenieves”, el primero de los cuales incluía «El fugitivo», que es la base del largometraje.

Ganador de la Palma de Oro en Cannes con “Parásitos” en 2019, el coreano Bong Joon-ho nos presenta en «Snowpiercer» una sociedad ficticia indeseable, una distopía, que le permite reflexionar sobre el impacto del ser humano sobre el medioambiente, las desigualdades sociales y la conservación del poder. Una película de gran crudeza visual, ritmo trepidante y humor negro, que flirtea con la ciencia ficción apocalíptica y la crítica social, para lo cual contó con un generoso presupuesto, un reparto de lujo y acabó siendo seleccionada para la 64 edición del Festival de Berlín.

FICHA TÉCNICA:

  • Título: Snowpiercer (Rompenieves)
  • Director: Bong Joon-ho
  • Guion: Bong Joon-ho, Kelly Masterson
  • Música: Marco Beltrami
  • Fotografía: Kyung-Pyo Hong
  • Reparto: Chris Evans, Tilda Swinton, John Hurt, Ed Harris, Octavia Spencer, Song Kang-ho, Jamie Bell
  • País: Corea del Sur
  • Año: 2013
  • Duración: 126 min
  • Género: Acción, drama, ciencia ficción

2000-2012, la historia de España al compás del tren

Víctor Manuel. El hijo del ferroviario. Amazon.es

Es un tópico afirmar que el siglo XXI comenzó el 11 de septiembre de 2001, con los atentados de Al Qaeda contra las Torres Gemelas en Nueva York y otros lugares en EE. UU., que provocaron la muerte de más de 3.000 personas. Estos actos de terrorismo, de una intensidad desconocida en Occidente, cambiaron la precepción de la realidad y la sensibilidad de muchas personas, una crueldad que también sufrimos en España con el atentado del 11 de marzo de 2004 contra cuatro trenes de Cercanías en Madrid. Cinco años después, y como homenaje a las casi 200 personas que perdieron la vida, el grupo La Oreja de Van Gogh publicó una sentida balada que lleva por título Jueves, basada en la historia real de una víctima.

Lamentablemente, las  malas noticias fueron el sino de la primera década del siglo XXI. Solo en el año 2000, ETA, que no anunciaría el cese definitivo de su actividad terrorista hasta 2011, había matado a 23 personas; en el 2002 se hundió el Prestige, provocando uno de los mayores desastres ecológicos que ha conocido este país; en 2003 estalló la Guerra de Irak; y en 2008 comenzó la Gran Recesión, cuyos efectos siguieron siendo visibles durante años, Además, 60 años después de finalizada la Guerra Civil sus heridas seguían sin cicatrizar, algo imposible en el país que, después de Camboya, registra el mayor número de desapariciones forzadas del mundo, con 114.000 entre 1936 y 1951, según un informe de Naciones Unidas de 2014. De una de ellas habla Víctor Manuel, hijo de un factor de RENFE, en El hijo del ferroviario, una canción en la que confiesa que su padre fue un republicano vencido y humillado, a quien por Todos los Santos iba a dejar un ramo flores en la fosa común donde estaba enterrado.

El mundo estaba sufriendo una gran convulsión y la experiencia demuestra que el consumo de drogas duras aumenta en épocas de crisis. Algo que parece barruntarse en El tren que nunca cogimos, una composición de M-Clan con un inequívoco sabor «cajun», publicada a principios del año 2001, que versa sobre la oportunidad desaprovechada, la conversión del vino en vinagre, las uvas en pasas y el amor en dolor, como consecuencia de una drogodependencia que nunca iba a atrapar a su protagonista.

A pesar de tanta adversidad, Fito y Los Fitipaldis pretendían dar una oportunidad a la esperanza en Cerca de las vías, porque como canta su líder “he crecido cerca de las vías/ y por eso sé/ que la tristeza y la alegría/ viajan en el mismo tren”. Y dado que el mundo está bajo nuestros pies, queda claro que dotar a la vida de significado y propósito es una responsabilidad individual. 

En un mundo de cambios radicales, el sector ferroviario también experimentó transformaciones significativas. En 2005, RENFE se disolvió y se crearon Adif y Renfe Operadora, lo que dio lugar a la separación de la administración de la infraestructura ferroviaria de la gestión del transporte, un primer paso para la liberalización del sector. Ocho años después, se completó otro hito con la integración de todas las direcciones de FEVE, según su actividad, en una de las dos Entidades Públicas Empresariales citadas.

No obstante, es de justicia señalar que los primeros años del siglo XXI también nos proporcionaron tres grandes alegrías, especialmente en el ámbito deportivo, porque la Selección Española de Fútbol ganó la Eurocopa 2008, el Mundial 2010 y la Eurocopa 2012. Sin embargo, estos triunfos no parecieron impactar en Los Secretos, la banda más longeva de la Movida Madrileña, que en 2011 seguían apostando por sus característicos temas intimistas y melancólicos como Trenes perdidos, sobre el vacío que produce la soledad, y las heridas que el tiempo no logra curar y acompañan a una persona durante toda la vida.

La evolución de la realidad española desde la Constitución de 1812 hasta la ratificación en 2012 de la constitucionalidad de los matrimonios entre personas del mismo sexo por parte del Tribunal Constitucional, que colocó a España en la vanguardia de los derechos humanos, también se puede realizar al compás de las canciones que tienen como leitmotiv el ferrocarril, porque ha sido motor y metáfora de muchos de los cambios más significativos de los dos últimos siglos. Durante este tiempo, España ha consolidado su posición en el G20 y su liderazgo mundial en la construcción de grandes infraestructuras ferroviarias, así como en la protección sanitaria universal gratuita, lo cual contribuye a que el país sea considerado uno de los mejores lugares para nacer y con la segunda mayor esperanza de vida, entre otros muchos aspectos. 

1986-1999, la historia de España al compás del tren

La Frontera. Tren de Medianoche. Discogs.com

En 1986, España acabó definitivamente con su aislacionismo internacional y se alineó con los países más influyentes de Occidente, al adherirse a la Comunidad Económica Europea y votar mayoritariamente “sí” en el referéndum sobre su permanencia en la OTAN. Estos acontecimientos marcaron un punto de inflexión, que culminaron con la organización de los Juegos Olímpicos de Barcelona y la Exposición Universal de Sevilla en 1992, además de consolidar la nueva imagen del país en el escenario mundial.

El fin del aislacionismo impregnaba todos los aspectos de la sociedad española, que pasó de ser un país pacato a ser uno de los más avanzados del mundo en libertades, derechos y tendencias. Así, por ejemplo, el machismo atávico comenzaba a ceder terreno ante una incipiente metrosexualidad, ejemplificada en el doliente protagonista de la canción Tren de medianoche del grupo La Frontera. Simultáneamente, se fortalecía la autoafirmación de la mujer, como lo demuestran las canciones No me importa nada y El tren de Luz Casal, incluidas en su disco Luz V, que le granjearon el favor de las feministas. Mientras que No me importa nada aborda la indiferencia femenina ante una antigua pareja, El tren destaca la proactividad de una mujer que asume su liderazgo en las relaciones personales e invita a una potencial pareja a subirse a su tren, a compartir vida y experiencias.

No cabe duda que los Juegos Olímpicos de Barcelona y la Exposición Universal de Sevilla fueron dos hitos de relevancia mundial, pero el primer viaje comercial del AVE entre Madrid y Sevilla, el 20 de abril de 1992, por una vía de 471 kilómetros de 1.435 mm, diseñada para velocidades de hasta 300 kilómetros por hora, no lo fue menos, porque desde ese día España es un país de referencia en líneas de gran velocidad.  

Con todo, mientras se inauguraba comercialmente el AVE, la situación de algunos sectores, como el naval, era dramática y algunas poblaciones sufrían tal impacto del que todavía no se ha recuperado. Caso paradigmático es Ferrol, ciudad que da título a unas de las canciones más representativas de Los Limones. En una localidad donde perder era lo normal, donde las fábricas cerraban y el tren Estrella Rías Altas se llevaba  los sueños y la realidad, la banda apostaba por mantenerse con la cabeza alta y quedarse donde estaba su hogar, donde se acaba el mar.

La apertura de España al mundo trajo consigo muchas ayudas económicas, pero también implicó sacrificios significativos, tanto en forma de crisis industriales como personales. Este tiempo de lucha y esperanza se refleja en Esperando mi tren de Revólver. La canción, en clara sintonía con Bruce Springsteen, habla de las derrotas que la vida inflige y la necesidad de seguir adelante, porque siempre queda un resquicio para la esperanza, en este caso simbolizada por un tren.

A pesar de los grandes avances y celebraciones entre la entrada de España en la Comunidad Económica Europea y la llegada del Euro a los mercados financieros en 1999, el camino no fue siempre fácil, ni a nivel económico ni individual. Este periodo de transformación estuvo lleno de desafíos y contradicciones, reflejo de una evolución compleja en la historia reciente de España.

1970-1986, la historia de España al compás del tren

Ana Belén. Miguel Bosé. El trenecito. Museo del Ferrocarril de Madrid on Twitter

Los años setenta fueron una sucesión de acontecimientos históricos, que comenzaron con el Proceso de Burgos contra dieciséis etarras, varios de los cuales vieron conmutada su pena de muerte por prisión, en un claro indicio de la debilidad del régimen. Esta debilidad se hizo todavía más patente con el atentado contra Carrero Blanco. En 1975 moría Franco y comenzaba la Transición. Tras el regreso de la monarquía, vinieron las elecciones democráticas de 1977 y la aprobación de la Constitución de 1978. La llegada de la década de 1980 mantuvo el ritmo, porque al fallido golpe de Estado de Tejero le siguió el regreso del último exiliado, el Guernica de Picasso -signo de reconciliación entre los dos bandos y final de la Transición-, además de la entrada de España en la OTAN.

La novedad, magnitud y el vertiginoso ritmo de los cambios era tal, que no todo el mundo fue capaz de asimilarlos. Un ejemplo lo tenemos en la eclosión del consumo de drogas. En este contexto hay que situar El tren, tema incluido en el primer disco de Leño, publicado en 1979, toda una referencia del rock urbano, en el que el tren simboliza unos ácidos azules de moda en aquellos tiempos, razón por la cual la canción dice “súbete a mi tren azul / si controlas tu viaje, serás feliz”. 

Otro cambio notorio fue la masiva incorporación de las mujeres al mercado laboral. Después de casi cuatro décadas condenadas al ostracismo y a pesar de los techos de cristal, empezaban a dirigir sus vidas, porque es sabido que la independencia económica suele propiciar la independencia sentimental. El grupo Mocedades lo dio a entender en Has perdido tu tren, canción en la que una mujer le deja claro a su pareja que ha perdido su oportunidad y que es capaz de cerrar la última página sin dejarse arrastrar por sensiblerías.

La vertiginosa transformación de la sociedad también se manifestó  en la cultura, que vivió un momento de gran intensidad creativa, de lo cual es un buen ejemplo la Movida Madrileña. El 9 de febrero de 1980, en la Escuela de Caminos de Madrid se celebró el concierto de homenaje a Canito, el baterista del grupo Tos que había muerto atropellado la Nochevieja anterior. Este acontecimiento es considerado su acto fundacional. En el recital participó Mermelada, uno de los mejores grupos de rhythm & blues que ha dado este país y el único del evento con disco en el mercado. Gracias a temas tan enérgicos como Coge el tren sabía lo que era el éxito. Su imperioso mensaje para que tomemos el tren de la 3.10, además de ser una invitación a comenzar una nueva etapa, es un guiño al western 3:10 to Yuma (El tren de las 3:10 de Delmer Davies, protagonizado por Glenn Ford y Van Heflin.

En la Escuela de Caminos también actuó Mamá, grupo madrileño que un año después publicaría su primer disco de larga duración, el cual incluía Hora punta en el Metro, una canción que es el análisis de un amor adolescente diez años después, tras un cruce casual de los protagonistas en las escaleras del Metro de Madrid.

El mismo Metro vuelve a ser el escenario elegido en Transbordo en Sol, la adaptación al castellano que Patxi Andión hizo de L’Anno Che Verrà de Lucio Dalla. La canción, escrita como una carta a un amigo, es un canto a la resistencia en tiempos de dificultad e incertidumbre, pero también una expresión de esperanza ante la llegada de días mejores.

Para la historia también quedará que, coincidiendo con el inicio de la década de 1980, desde Méjico llegó El trenecito de los Hermanos Rincón, una divertida canción infantil que fue grabada por Ana Belén y Miguel Bosé. Fue tan popular que RENFE utilizó su música como jingle de su brillante campaña publicitaria sobre los Días Azules, paradigma de los usos y costumbres de los viajes en el ferrocarril de la época.

El periodo comprendido entre 1970 y 1986 es uno de los más intensos de la historia reciente de España. Coincide también con el final de la represión franquista sobre el personal ferroviario, que duró de 1936 a 1977. Dado el valor estratégico del ferrocarril, alrededor de 83.000 trabajadores fueron depurados; de ellos, 6.800 fueron encarcelados, con penas que oscilaban entre la privación de libertad durante meses a la cadena perpetua. Alrededor de un centenar fue condenado a muerte y, un número indeterminado, fusilado, como los 59 trabajadores de la Compañía de los Ferrocarriles de Madrid a Zaragoza y Alicante (MZA), sepultados en la Fosa de los Ferroviarios del Monte Costaján, en Aranda de Duero. 

1955-1970, la historia de España al compás del tren

Andrés do Barro. O tren. Amazon.es

En 1955, con la entrada de España en la ONU, el franquismo se vio obligado a abrirse gradualmente al mundo. Los primeros ecos de esta tímida apertura se pueden apreciar en El chacachá del tren, donde las Hermanas Fleta narran las pasiones contenidas de una mujer que emprende un viaje de ida y vuelta a Lisboa en el Lusitania Expreso, en el cual tanto un galán como un interventor portugueses le colman de atenciones.

Cuatro años después de la entrada en la ONU, Franco se reunía con el presidente Einsenhower en Torrejón de Ardoz, acto considerado como la consolidación del régimen franquista y el fin del aislacionismo español. Este hito se vería confirmado con el Plan de Estabilización de 1959, que acabó con la política autárquica, marcó el inicio del boom turístico y propició la puesta en servicio del Talgo Madrid-París en 1968, entre otros muchos ejemplos. 

Quien decidió no tomar el Talgo Madrid-París fue Miguel Ríos, quien, consciente de que «debajo de los adoquines no había playa» -contrariamente a lo que proclamaban los manifestantes de las revueltas parisinas de Mayo del 68-, o por cualquier otra razón, optó por «regresar» a su tierra. Tal como cuenta en Vuelvo a Granada, retornaba a casa en tren, sin prisa, seguro de encontrar la felicidad entre su gente y las cosas que para siempre le retendrían. Sin embargo, en un país con un sistema de infraestructuras terrestres radiales, triunfar era sinónimo de hacerlo en Madrid, por lo que su «regreso» a la capital no se hizo esperar.

Al igual que Miguel Ríos, Andrés do Barro, impulsado por la saudade, también apostaba por tomar el tren y volver a su hogar en un tema titulado precisamente O tren. En un momento en el que los idiomas cooficiales eran inimaginables, su apuesta por cantar en gallego fue un acto valiente en favor de la libertad de expresión y la dignificación de su idioma materno.

Estación de Pontedeume. Placa con motivo del Centenario de la Línea Betanzos Infesta-Ferrol, 1913-2013

Otro artista que también apostaba por las lenguas cooficiales era Joan Manuel Serrat. Su exigencia de cantar La, La, La en catalán le costó su participación en el Festival de Eurovisión de 1968. Sin embargo, al año siguiente, como si de un acto de justicia poética se tratara, logró uno de sus mayores éxitos con Penélope. La canción habla de una mujer que acude a la estación para tomar el primer tren e ir en busca del hombre que le robó el corazón. Aunque en realidad solo necesita un billete de andén, porque se trata de una mujer trastornada por el dolor, y como diría Maná, sola en el olvido y con su espíritu. Esta canción guarda cierto paralelismo con La niña de la estación de Concha Piquer, lo cual no sorprende, porque Serrat es un artista que ha destacado en sus esfuerzos por desvincular la copla del franquismo.

Coincidiendo con el cambio de década y el vigésimo aniversario del retorno de los embajadores americanos a Madrid, Los Pekenikes, nuestra mejor banda de rock instrumental, nos brindó Tren transoceánico a Bucaramanga. Esta composición, que toma como referencia la mencionada ciudad colombina, puede interpretarse como una sugerencia para reforzar nuestros vínculos con Latinoamérica.

El periodo comprendido entre 1955 y 1970 es el fiel reflejo del lento declinar del franquismo, porque abarca desde su punto culminante, la entrada de España en la ONU, hasta uno de sus momentos más críticos, la condena a muerte de seis etarras en el Proceso de Burgos. Una etapa que también conoció la irrupción masiva de los movimientos democráticos estudiantiles y obreros, así como el afloramiento de las primeras reivindicaciones nacionalistas y la creación, en 1965, de los Ferrocarriles Españoles de Vía Estrecha (FEVE).

1812-1955, la historia de España al compás del tren

Concha Piquer. La niña de la estación. erredeele.blogspot.com

Aunque se suele afirmar que el primer tren español circuló entre La Habana y Güines, el 19 de noviembre de 1837, con el objetivo de resolver el problema del transporte de azúcar desde los ingenios del interior hasta el puerto, especialmente en época de lluvias, es de justicia señalar que en 1834 la Real Compañía Asturiana de Minas ya usaba un ferrocarril con tracción animal en sus minas de la localidad de Arnao.

El Camino de Hierro de La Habana a Güines. ffe.es

El primer tren con tracción de vapor que circuló oficialmente por la Península Ibérica lo hizo el 28 de octubre de 1848 entre Barcelona y Mataró. Tres años después se inauguraba la línea que unía Madrid y Aranjuez. La realeza española, siguiendo el ejemplo de la francesa que viajaba en ferrocarril de París a su residencia en Versalles, decidió hacer lo mismo y viajar a su residencia de Aranjuez. Sin embargo, el retraso en la ejecución de las obras fue tal que comenzó a circular el dicho que el tren solo serviría para ir a recoger fresa.

Ferrocarril Barcelona-Mataró, 1848. ffe.es

No obstante, en 1829 se había publicado una Real Orden por la que se aprobaba el primer proyecto de ferrocarril para unir Jerez de la Frontera con un muelle sobre el río Guadalete, proyecto que nunca se materializó. Este hecho, junto con las numerosas peticiones para construir ferrocarriles y el Informe de 1844 en el que los ingenieros Subercase y Santa Cruz propusieron el ancho de seis pies castellanos o ancho ibérico (1.668 milímetros), llevó a la promulgación de la Ley General de Caminos de Hierro de 1855. Esta Ley fue el detonante de las primeras grandes empresas ferroviarias, como la Compañía de los Ferrocarriles de Madrid a Zaragoza y Alicante (MZA), la Compañía de Caminos de Hierro del Norte o la Compañía del Ferrocarril de Medina a Zamora y de Orense a Vigo (MZOV).

En 1864 la Compañía de Caminos de Hierro del Norte inauguró la línea Madrid-Irún. Dada la dificultad orográfica del trayecto entre Olazagutia y Beasain fueron contratados “navvies” (peones especializados en la construcción de ferrocarriles) piamonteses, por estar familiarizados con la construcción de ferrocarriles en los Alpes. Esto supuso la introducción en el País Vasco de uno de sus instrumentos más representativos, la trikitixa o acordeón diatónico. Aunque en sus inicios el clero vió en ella un instrumento diabólico que echaba a las mujeres en brazos de los hombres, hoy, gracias a músicos como Kepa Junkera, el trikitilari que ha logrado registros inéditos y un Grammy Latino al Mejor Álbum Folk en 2004 por su disco “K”, la trikitrixa ha pasado de las romerías a los mejores auditorios. Un artista que catorce años antes nos ofrecía el instrumental Erdiko Geltokia (Estación Centro), con Zabaleta e Imanol.

Finalizada la Guerra Civil, todas las grandes compañías de ancho ibérico fueron integradas en la Red Nacional de los Ferrocarriles Españoles (RENFE), creada en 1941. Este afán unificador también tuvo su reflejo en la música, porque el régimen franquista quiso convertir a la copla en uno de los símbolos de identidad nacional. Gracias al triunvirato formado por el compositor Antonio Quintero, el poeta de la Generación del 27 Rafael de León y el pianista Manuel Quiroga, que compusieron más de una veintena de éxitos, la copla gozó de gran reconocimiento durante las décadas de los años 1940, 1950 y 1960.

En 1943, con letra de Rafael de León y música de Manuel Quiroga, Concha Piquer lograba uno de sus grandes éxitos con la canción de vis cómica La niña de la estación, en la cual su protagonista, la desventurada Adelina, cuya pasión era contemplar los trenes, veía afectada hasta su salud mental por vivir amores imposibles con un doncel y un jefe de estación.

El periodo comprendido entre la promulgación de la primera Constitución Española en 1812 y la entrada de España en la ONU en 1955 abarca los reinados de Fernando VII e Isabel II, la Primera República, los reinados de Alfonso XII y Alfonso XIII (quien inauguró el Metro de Madrid en 1919), la Segunda República y los primeros años de la dictadura franquista. Fue una época de grandes transformaciones, a las que el ferrocarril contribuyó, por ejemplo, con la unificación horaria del país. Sin embargo, también fue un periodo marcado por tragedias, como el accidente ferroviario de Torre del Bierzo de 1944, el mayor en la historia de España, ocurrido en plena posguerra cuando las infraestructuras estaban muy deterioradas.

Túnel número 20

Túnel número 20. FilmAffinity.com

El 3 de enero de 1944, en la localidad leonesa de Torre del Bierzo, tuvo lugar el accidente ferroviario más trágico de la historia de España y, por extensión, uno de los más importantes a nivel mundial. Dada la fecha en la que se produjo, en los primeros años del franquismo, tuvieron que pasar décadas hasta que se pudieron desentrañar las causas y conocer el número e identidad de las personas heridas y fallecidas.

Aquel día, el Expreso Correo 421, procedente de Madrid con destino A Coruña, que había descendido sin control la rampa de Brañuelas con unas 980 personas a bordo, colisionó con un tren de maniobras en el interior del Túnel número 20 e inutilizó el sistema de señales. Minutos después, el Mercancías 7442, procedente de Bembibre y cargado con 750 toneladas de carbón, que circulaba en sentido contrario arrastrado por una locomotora Santa Fe, creyendo que tenía vía libre, chocó con el tren de maniobras que había salido despedido del túnel, al cual introdujo de nuevo. Este segundo choque provocó a su vez un tercero, que involucró a los tres trenes en el interior del túnel y originó un incendio que tardó tres días en extinguirse.

Aunque la sentencia de la causa 24/44, dictada en consejo de guerra el 4 de mayo de 1944 desde el Juzgado especial de accidentes ferroviarios de Valladolid, estableció un balance final de 83 muertos y 64 heridos, el historiador ferroviario John Marshall elevó dicho número a entre 500 y 800 en The Guinness Book of Railway Facts and Feats, que el historiador berciano Vicente Fernández Vázquez redujo a 100 muertos y 111 heridos, en La verdad sobre el accidente de Torre del Bierzo (1944).

Las investigaciones cocluyeron que las principales causas del accidente fueron el mal estado de las infraestructuras ferroviarias en la posguerra; un mantenimiento deficiente y la decisión de continuar el viaje, en uno de los momentos más críticos de la orografía, con solo la locomotora titular (una Mikado), tras la segregación de la locomotora acoplada (una Mastodonte), en la estación de La Granja de San Vicente, por un problema de cajas calientes.

Debido a las características geológicas, los daños sufridos por el accidente y su antigüedad, el Túnel número 20, de 158 metros de longitud, conocido con el nombre de Peña Callada, fue desmantelado en 1987. Para ello, se eliminó el terraplén que se encontraba sobre él, convirtiéndolo en una trinchera.

En un ejercicio de memoria histórica de casi catorce minutos, Túnel número 20, con el que Ramón de Fontecha ganó el Premio Goya al mejor cortometraje documental en 2002, revive el accidente a través de los testimonios de supervivientes, familiares y personal ferroviario. Un documental que, entre el homenaje a las víctimas y la denuncia social, aborda una catástrofe ferroviaria de la que el NODO nunca informó, que las autoridades de la época trataron de presentar como un sabotaje y que no originó ayudas ni a víctimas ni a familiares.

FICHA TÉCNICA:

  • Título: Túnel número 20
  • Director: Ramón de Fontecha
  • Guion: Ramón de Fontecha, Mamen Briz, Laly Zambrano
  • Música: Francis García
  • Fotografía: Javier Durá
  • Testimonios: Ana Arellano Ana de Fontecha, Pepe Esteban, Gonzalo García, Antonio Chinchón, Evodio Santos…
  • País: España
  • Duración: 14 minutos
  • Año: 2002
  • Género: documental

COPLA “Túnel N.º 20” Cortesía del Ayuntamiento de Torre del Bierzo

75 Aniversario catástrofe ferroviaria. Torre del Bierzo

Rock sureño ferroviario: orgullo confederado

Gregg Allman, uno de los dos hermanos fundadores de la Allman Brothers Band, solía afirmar que hablar de rock sureño es casi una redundancia, pues el rock, en esencia, nació en el sur de Estados Unidos. Y no le faltaba razón: se trata de un género fácil de reconocer, un cruce vibrante de blues y rock aderezado con country, boogie y una actitud desenfadada que lo hace inmediato y contagioso. Alcanzó su apogeo en la década de 1970, pero comenzó a desdibujarse en la de 1980, lastrado por la derrota del georgiano Jimmy Carter frente a Ronald Reagan, la bancarrota de Capricorn Records—el sello que más lo impulsó—y, sobre todo, por la evolución natural de muchas bandas que empezaron a explorar nuevos horizontes sonoros.

Para recorrer la historia del rock sureño es imprescindible empezar por quienes cimentaron el estilo y lo elevaron a la categoría de mito: The Allman Brothers Band. En 1994 publicaron Where It All Begins, disco que incluye All Night Train, una canción en la que Gregg Allman convierte el tren del título en metáfora de la pesadilla que supuso su larga lucha contra las drogas.

The Allman Brothers Band – Where It All Begins (1994): «All Night Train». Discogs.com

A su lado en el altar sureño se encuentra Lynyrd Skynyrd, grupo que encarna como pocos la identidad del Sur. Mientras The Allman Brothers Band incorpora al rock elementos jazzísticos y largas improvisaciones, Skynyrd apuesta por un sonido más crudo y poderoso. Ícono del orgullo sureño —y a menudo objeto de polémica—, el grupo protagonizó un célebre intercambio musical con Neil Young: a la crítica del canadiense en Southern Man respondió con el ya inmortal Sweet Home Alabama. Su álbum debut llevaba por título cómo pronunciar su nombre: Pronounced ‘Lĕh-‘nérd ‘Skin-‘nerd. Entre sus canciones destaca Tuesday’s Gone, una de las piezas imprescindibles del género, que narra la partida de una mujer llamada Tuesday y el deseo del protagonista de tomar un tren que lo aleje de todo.

Lynyrd Skynyrd –  Pronounced ‘Lĕh-‘nérd ‘Skin-‘nerd (1973): «Tuesday’s Gone». Discogs.com

Otra formación capital es The Marshall Tucker Band, bautizada en honor al propietario del local donde ensayaba. En 1973 lanzó su primer disco el cual presentó durante una gira en la que actuaba como artista invitado de la Allman Brothers Band. De ese álbum surge Can’t You See, uno de esos temas capaces de poner a todo el mundo a mover la cabeza desde el primer compás y que invita a preguntarse qué puede haber hecho una mujer para que su hombre implore a Dios ser testigo de aquello que lo empuja a subir a un tren de mercancías rumbo a Georgia.

The Marshall Tucker Band – The Marshall Tucker Band (1973): «Can’t You See». Discogs.com

Paradigma de la evolución del género es Blackfoot, banda que se orientó hacia el rock duro y encontró ahí sus mayores éxitos. Su álbum Strikes incluye Train, Train y Highway Song. La primera se abre con su célebre solo de armónica que imita el sonido de una locomotora de vapor, y cuenta la historia de un hombre decidido a seguir a la mujer que toma el tren de medianoche hacia Memphis.

Blackfoot – Strikes (1979): «Train, Train». Discogs.com

Derrotados en la Guerra de Secesión y marginados por la industria del rock, los Estados del Sur experimentaron su renacimiento musical gracias a una serie de bandas que hicieron bandera de la devoción a ultranza por su tierra, la conciencia de su pasado, el orgullo de su origen y un fuerte sentimiento de hermandad; bandas que encontraron en el ferrocarril la inspiración para algunas de sus composiciones más representativas.

Country ferroviario: carácter americano

Johnny Cash. Come Along and Ride This Train. Discogs.com

Inicialmente  asociado a los ambientes rurales, proletarios y blancos de los Estados Sureños, el country es un estilo musical heredero de la música europea. Los diferentes ritmos y melodías que llevaron consigo los emigrantes, al fusionarse, dieron lugar a un estilo homogéneo, en el que el ferrocarril desempeñó un papel decisivo en su constitución y expansión. Se popularizó en la década de 1930 y en la década de 1940 comenzó a interactuar con el blues y el góspel, hasta dar origen, una  década después, al rock and roll.

Si el blues nació en una estación, al country le cabe el honor de tener como figura fundacional al guardafrenos Jimmie Rodgers, a quien el Country Music Hall of Fame se refiere como «el hombre con el que comenzó todo”. Su repertorio incluye numerosas canciones sobre el ferrocarril, muchas de ellas de carácter autobiográfico, entre las que destaca Waiting for a Train. La canción cuenta la historia de un “hobo” (trabajador temporal o vagabundo que suele viajar sin autorización en trenes de mercancías), que al ser expulsado de un tren en su camino hacia Frisco, reflexiona sobre su vida mientras espera otro.

Otra referencia inevitable de la música country es Johnny Cash, quien en la década de 1960 ofreció su versión de Casey Jones, un clásico de 1902. La canción versa sobre el maquinista del Ferrocarril Central de Illinois, elevado a héroe por su valentía durante un choque en la estación de Vaughan el 30 de abril de 1900. Jones trataba de recuperar el retraso con el que circulaba el Cannonball Expres, era de noche, había niebla e incomprensiblemente entró en una vía ocupada por un tren de mercancías. Intuyendo el peligro, logró salvar la vida de todos los pasajeros, también la de su fogonero, Sim Webb, pero pereció en el acto.

Hasta la llegada de los westerns crepusculares y de películas como Brokeback Mountain, los cowboys solían ser de una pieza, pura testosterona, como los protagonistas de Desperados Waiting for a Train, composición en la que se cuenta la historia de un discípulo que repasa la vida de su viejo amigo y mentor que acaba de morir. La versión aquí elegida es la de la banda Highwaymen, compuesta por Johnny Cash, Waylon Jennings, Kris Kristofferson y Willie Nelson, cuya imagen está muy en línea con la de los cowboys clásicos, de ahí su militancia en el “Movimiento Outlaw” (los fuera de la ley), por su oposición al sonido Nashville, demasiado suave y pop para su concepción.

Seguramente para el «Movimiento Otutlaw» el grupo Eagles no sea su mejor embajador. Abanderado del country-rock californiano, ha logrado mantener una presencia constante gracias a discos tan emblemáticos como Their Greatest Hits (1971-1975), uno de los más vendidos de la historia, o su celebérrimo Hotel California. Esta banda destaca por sus magníficos compositores, cantantes e instrumentistas que, con anterioridad a las guerras de egos y cambios en la formación, grabó This Train Leaves Here This Morning, una reflexión sobre una relación de pareja que aspiraba a ser para toda la vida, pero que terminó en divorcio.  

Pero el country no se limita solo a EE. UU., como demuestra el grupo canadiense The Band. Registró excelentes discos, con canciones tan significativas como The Night They Drove Old Dixie Down (La noche en la que los Estados Sureños fueron derrotados). En ella relata los últimos días de la Guerra Civil Americana a través de la rabia y el dolor de Virgil Caine, un soldado de los Estados del Sur que servía en el Richmond-Danville Railroad. Este ferrocarril, estratégico para los Estados Confederados, era regularmente atacado por los Estados de la Unión, porque unía su capital, Richmond, con Danville y otros Estados del Sur, y facilitaba suministro de personas y materiales para el frente.

Un siglo después de su nacimiento, el country está considerado uno de los estilos más relevantes de la música popular contemporánea de Occidente, algo de lo que puede enorgullecerse el ferrocarril, porque al igual que en el caso del blues y del jazz, contribuyó, como medio de transporte, a su propagación y, con su temática, a su configuración.