La mirada ferroviaria de David Tutwiler

Gracias a su técnica accesible y a una sensibilidad inconfundible, que se manifiesta en la precisión histórica de cada una de sus obras, el pintor estadounidense David Tutwiler (1952) se ha consolidado como una de las grandes referencias mundiales de la pintura ferroviaria. Su producción destaca por un equilibrio singular entre el romanticismo industrial y el rigor técnico.

Chase with the Iron Horse. artrenewal.org

Aunque en su repertorio figuran paisajes tradicionales, escenas lacustres y marinas, desnudos y otros géneros pictóricos, su pasión son los trenes, especialmente los de la era del vapor, a los que nunca representa como simples objetos aislados. Por el contrario, siempre los sitúa en contextos que los humanizan: envueltos en la niebla, detenidos en estaciones o avanzando entre montañas y bosques. Estos escenarios confieren a sus composiciones una dimensión emocional más profunda.

Silverton Arrival. tuttartpitturasculturapoesiamusica.com

Una característica recurrente de su trabajo es el uso de la perspectiva aérea para reforzar la sensación de distancia y profundidad. Lejos de caer en la repetición visual, Tutwiler logra que cada obra resulte fresca, vibrante y llena de energía, como si cada lienzo fuera una nueva exploración estética del mundo ferroviario.

Waiting for Departure. tuttartpitturasculturapoesiamusica.com

A pesar de su minuciosa atención al detalle, su técnica no aspira a la reproducción fotográfica. Prefiere preservar una libertad expresiva que se hace especialmente evidente en el tratamiento de los cielos, el humo y el vapor. Más que representar un tren, Tutwiler busca capturar su alma, fusionando un realismo cuidadosamente documentado con una poética visual que envuelve cada escena en una atmósfera única.

Heavy Metal Thunder. Railfan.com

Domina con maestría el juego de la luz y la sombra, y recurre al claroscuro no solo como recurso técnico, sino como instrumento expresivo. Gracias a él, acentúa la presencia casi monumental de las locomotoras, la densidad envolvente del humo y la firme geometría de la arquitectura ferroviaria. En obras como Twilight of an Era, la paleta de tonos oscuros, matizada por una luz tenue, construye una atmósfera cargada de melancolía y profunda nostalgia.

Twilight of an Era. tuttartpitturasculturapoesiamusica.com

Su obra le erige en un auténtico cronista visual del universo ferroviario clásico, capaz de conectar tanto con el público especializado como con aficionados, coleccionistas e historiadores del transporte. Esta faceta se aprecia especialmente en su libro A Fine Art Career Powered by Steam: The Railroad Paintings of David Tutwiler, una monografía retrospectiva publicada en 2023 que reúne más de 130 obras e incluye comentarios técnicos, bocetos y el contexto de los trenes representados.

Homeward Bound. tuttartpitturasculturapoesiamusica.com

A través de sus pinturas, Tutwiler no solo evoca la memoria histórica del ferrocarril, sino que también transmite una visión profundamente romántica y un sutil sentimiento de melancolía por una época en la que el tren simbolizaba el pulso del progreso. Sus obras trascienden la ilustración documental para convertirse en testimonios emocionales que capturan la esencia de un mundo que se ha desvanecido, pero que revive con fuerza en cada uno de sus lienzos.

La mirada ferroviaria de Norman Rockwell

Triple Autorretrato, 1960. Wikiart.org

Por sus retratos vívidos y afectuosos de la vida en los Estados Unidos, Norman Percevel Rockwell (Nueva York, 1894 – Massachusetts, 1978), fue galardonado por el presidente Gerald Ford con la Medalla Presidencial de la Libertad en 1977. Sus más de 4.000 obras oscilan entre lo satírico y lo inocente, lo cursi y lo virtuoso, el patriotismo exacerbado y la crítica social, como es el caso de El problema con el que vivimos, en el que aborda la integración racial en las escuelas, o Hobo y perro, en el que retrata a un vagabundo o trabajador temporal que recorre Estados Unidos sin billete, viajando en trenes de mercancías.

Hobo y perro, 1924. Wikiart.org

De formación clásica, sus ilustraciones aparecieron en diversas revistas, entre ellas Boys’ Life, de los Boys Scouts of America, con los que colaboró durante 64 años, y The Saturday Evening Post, donde publicó 323 portadas a lo largo de 47 años. Un ejemplo de su trabajo para esta última revista es Niña observando a una pareja en un tren. En esta obra, una niña pequeña, de rodillas junto a su madre en un abarrotado coche de viajeros del Rutland Railway, observa con cara de circunstancias a un militar y su novia, sentados detrás de ella. Los dos jóvenes, con las cabezas juntas y las piernas entrelazadas sobre una maleta, muestran una actitud cariñosa, mientras el interventor revisa los billetes.

Niña observando a una pareja en un tren, 1944. Wikiart.org

Un caso paradigmático de los retratos vívidos y afectuosos que le valieron su reconocimiento es Union Train Station Chicago, Navidad, cuadro en el que aborda varios de sus motivos favoritos: la Navidad, el regreso a casa, los reencuentros y el amor. Para crearla, Rockwell visitó varias estaciones de tren antes de decidirse por una. Al preguntarle a sus responsables cómo iban a decorarla, le respondieron que aún no lo habían decidido, animándole a pintar para luego adaptar la estación al cuadro. Rockwell seleccionó a militares reales y reclutó a mujeres para posar, entre ellas la pelirroja que aparece en primer plano. Cuando le agradeció por su participación, la mujer le confesó que lamentaba que la sesión no se hubiera prolongado más.

Union Train Station, Chicago, Navidad, 1944. Saturdayeveningpost.com

Su perfeccionismo era tal que para pintar Chico en un coche restaurante, solicitó uno del Lake Shore Limited de la compañía New York Central. El que le fue ofrecido inicialmente le pareció demasiado moderno, por lo que, una semana después, la compañía le proporcionó uno más antiguo, junto con un camarero con 28 años de experiencia, quien en el óleo observa a Peter, el hijo de Rockwell, de 10 años, mientras calcula la propina.

Niño en un coche restaurante, 1947. Wikiart.org

Sus cuadros son una fuente de inspiración para escenas cinematográficas. Así, por ejemplo, el film El imperio del Sol recrea Libertad de vivir sin miedo, en el momento que Christian Bale es arropado por sus padres, o Forrest Gump rinde homenaje a La chica del ojo morado, cuando Sally Field visita la escuela de su hijo. También es el punto de partida de la película Breaking Home Ties, basada en una de sus obras más emotivas. En ella, un padre y su hijo, sentados junto a las vías en el exterior de una furgoneta, esperan la llegada de un tren en una estación rural dotada de un banderín rojo y un farol. El joven, que se va a la universidad, mira esperanzado hacia el horizonte, mientras su padre, encorvado y triste, observa en dirección contraria. Las piernas de ambos, que se tocan, simbolizan los fuertes lazos familiares que los unen.

Rompiendo lazos con el hogar, 1954. Wikipedia.org

Rockwell, cuyas ilustraciones ferroviarias coparon varias portadas de la revista The Saturday Evening Post, es un artista paradójico: capaz de pintar la felicidad como pocos, mientras lidiaba con profundas depresiones. Para la crítica es un mero ilustrador que transita entre el idealismo y el realismo; para el gran público, un pintor muy conocido y querido por su capacidad para transmitir optimismo y humor. Y aunque su humildad le llevó a afirmar que nunca pintaría una obra maestra, y en su triple autorretrato se muestra con gafas para subrayar que no se consideraba un visionario, su obra se revaloriza constantemente.

La mirada ferroviaria de Pierre Fix-Masseau

Pierre Fix-Masseau. de.wikipedia.org

El diseñador francés Pierre Fix-Masseau (París, 1905 – París, 1994) es uno de los creadores más destacados de carteles ferroviarios del período Art Decó. Su inconfundible estilo se caracteriza por ser sencillo, directo y utilizar un lenguaje universal. En 1928, se une al estudio de A. M. Cassandre y durante seis meses aprende composición, precisión y rigor. Muy influenciado por su mentor, en 1929 crea su primer cartel ferroviario, que tiene por objeto el Côte d’Azur Pullman-Express, un tren de lujo diurno que unía París y Ventimiglia, y estaba gestionado por las compañías Wagons-Lits y PLM (París-Lyon-Méditerranée), cuyos nombres aparecen mencionados en los bordes del cartel.

Fix-Masseau. Côte d’Azur Pullman-Express, 1929. retours.eu

Su obra más conocida es Exactitude, un cartel de 1932 creado para ETAT, los Chemins de Fer de l’État. En él se puede ver un tren de vapor en la topera, con el maquinista que se asoma desde la locomotora. El geometrismo del cartel resalta la potencia de la locomotora mientras que el reloj de la estación al fondo sugiere que el tren ha llegado puntual. Todo ello enfatiza la fiabilidad del transporte ferroviario operado por el Estado francés. En la década de 1930, ETAT adoptó como lema Exactitude, Vitesse, Confort, que tuvo su traslación en otros tantos carteles: el mencionado de Fix-Masseau, Vitesse, de Adolf Hildenbrand, y Confort, de André Nivault.

Fix-Masseau. Exactitude. 1932. retours.eu

Tras cuarenta años trabajando para promocionar algunas de las más conocidas marcas europeas, en 1973 recibe el encargo de diseñar los carteles para la reactivación del prestigioso Simplon Orient-Express, que el empresario angloamericano James Sherwood lleva a cabo mediante la restauración de vagones de lujo anteriores a la guerra. El nuevo tren pasa a denominarse Venice Simplon Orient-Express (VSOE). Comienza a circular en 1982 y conecta Londres, París y Venecia. Sin embargo, por razones prácticas, en su camino hacia Venecia circula por Zúrich y Austria, pero no cruza el túnel suizo de Simplon.

Fix-Masseau. The Alps. VSOE, 1979. retours.eu

En los quince carteles que diseña para el VSOE, resalta algunos de los lugares más emblemáticos del recorrido y crea una serie de elegantes escenas interiores con pasajeros y personal de servicio en los coches restaurante y coches cama. El más popular de ellos muestra a una mujer en negligé dentro del compartimento de un coche cama, conocido como La Madonna, en honor a la heroína de la novela de Maurice Dekobra La Madona de los coches cama, adaptada al cine por Marco de Gastayne y Maurice Gleize en 1928.

Fix-Masseau. Madonna. VSOE, 1981. retours.eu

Tras los carteles del VSOE, elabora el de la conmemoración del centenario del Orient-Express (1883-1993). La obra resultante presenta una imagen borrosa de un coche de Wagons-Lits, que acentúa la sensación de velocidad, en el que destaca el incónico escudo de bronce de la compañía fundadora y operadora del Orient-Express, tren de lujo que conectó París y Estambul desde 1883 hasta 2009. En 1919, se puso en servicio la variante del Simplon Orient-Express, que circuló hasta 1977, con sus característicos vagones de acero azul marino, utilizados más tarde por el VSOE.

Fix-Masseau. Centenaire de L’Orient-Express. VSOE, 1983. retours.eu

A diferencia de A.M. Cassandre, Fix-Masseau nunca abandonó el cartelismo y mantuvo un ritmo constante de creación durante seis décadas. El éxito de la serie del VSOE renovó el interés por su obra ferroviaria, en la que la emoción de viajar, el glamur y la velocidad ocuparon un lugar preponderante. Así, en 1986, diseñó un nuevo cartel ferroviario, en esta ocasión para la revista francesa La Vie du Rail, que es todo un homenaje a la tecnología. En primer plano, destaca un TGV de color naranja y unas vías brillantes, mientras que de fondo asoma una locomotora de vapor, lo cual crea una clara síntesis entre el presente y el pasado.

Fix-Masseau. La Vie du Rail, 1986. retours.eu

La mirada ferroviaria de Alfred Sisley

Station at Sèvres, 1879. Wikiart.org

En pleno corazón de París, el 15 de abril de 1874, la Sociedad Anónima de Artistas, Pintores, Escultores, Grabadores, etc., organizó la primera exposición de los impresionistas, artistas más preocupados por la percepción subjetiva que por la sensación de realismo. En aquel entonces eran vistos como parias; sin embargo, transformaron el insulto que les identificaba en el movimiento más admirado y famoso de la historia del arte. La exposición contó con la participación, entre otros, de Cézanne, Degas, Monet, Morisot, Pissarro, Renoir o Sisley. Todos ellos habían sido rechazados, en algún momento, por el jurado del Salón de París, controlado por la Academia de Bellas Artes Francesa, la cual miraba al pasado y se ceñía a una pintura histórica o religiosa.

Railroad Embankment at Sèvres, 1879. Wikiart.org

Alfred Sisley (París, 1839 – Moret-sur-Loing, 1899), encontró en los paisajes y la luz natural sus mayores fuentes de inspiración. Esta pasión le llevó a recluirse en pequeñas localidades e incluso vivir en la más absoluta de las miserias para dedicarse por completo a la pintura. Provenía de una familia rica de comerciantes británica que con 18 años le envía a estudiar comercio a Londres. Sin embargo, en Inglaterra descubre las obras de Constable y Turner, y el arte se convierte en su razón de ser. A su regreso a Francia, declina continuar la actividad familiar y comienza a relacionarse con los impresionistas, así como a pintar al aire libre, para capturar la naturaleza y la vida cotidiana.

The Station at Sèvres, 1879. Wikiart.org

Como consecuencia de la Guerra Franco-Prusiana, en 1871 su familia se arruina y deja de pasarle la pensión que le permitía vivir desahogadamente. La penuria económica, así como el precio de los alquileres le llevan a instalarse en Sèvres en 1877, donde pinta su estación y alrededores desde varias perspectivas, lo que le permite plasmar mejor las variaciones de la atmósfera, el cielo, los colores, la luz o las sombras proyectadas.

Footbridge over the Railroad at Sèvres, 1879. Wikiart.org

Ante la escasa repercusión obtenida por sus cuadros en las tres primeras exposiciones impresionistas, en 1880 se retira a Moret-sur-Loing, una localidad con los alquileres todavía más económicos. Allí  permanecerá hasta el final de sus días. Está en su madurez y su paleta evoluciona hacia tonalidades más claras, algo observable en La gare de marchandises, una obra en la que, como suele ser habitual en su pintura, el cielo -con nubes en continuo movimiento- ocupa más de la mitad de la composición.

La gare de marchandises, 1880. Christies.com

Sus obras son una declaración de amor a la naturaleza, entendida esta como esencia de la vida, en las que la presencia humana es casi testimonial. Transmiten sosiego y tranquilidad gracias a su carácter intimista y poético, como es el caso de Approach to the Railway Station, en el que la nieve, uno de sus elementos favoritos junto con los puentes y las avenidas con árboles, acapara protagonismo.

La gare de Moret-sur-Loing sous la niege, 1888. Mutualart.com  

De personalidad discreta, retraído y tranquilo, a Sisley no le gustaba destacar por otra cosa que no fuera su arte. Dejó cerca de un millar de óleos y un centenar de pinturas al pastel. Junto con Monet ha pasado a la historia como uno de los pintores impresionistas más ortodoxos y puros. Y aunque en sus paisajes se detecta una cierta nostalgia por el mundo previo a la industrialización, el ferrocarril —símbolo del progreso moderno y transformación del paisaje— también encontró un lugar destacado en sus cuadros, integrándose con sensibilidad en sus escenas naturales y reflejando la compleja relación entre naturaleza y avance tecnológico.

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La mirada ferroviaria de José Miguel Palacio

Estación de Príncipe Pío, andén de Metro. 2003. vegap.es

Tras la invención de la fotografía, muchos pintores comenzaron a distanciarse de la representación fidedigna de la realidad, adentrándose en la abstracción y otras manifestaciones de gran complejidad intelectual. Sin embargo, a finales de la década de 1960, surge en Estados Unidos un grupo de artistas que opta por pintar con gran realismo objetos y escenas de la vida cotidiana, utilizando la fotografía como punto de partida.

Salida de un Avant de la Estación Madrid Puerta de Atocha. 2008. vegap.es

En España, desde 2003, José Miguel Palacio Giménez (Zaragoza, 1950) destaca como uno de los pintores fotorrealistas más prominentes, que ha encontrado en Madrid su ciudad predilecta. En sus cuadros predominan los paisajes urbanos, los aeropuertos, las calles y las estaciones ferroviarias, en especial las de Madrid Puerta de Atocha y Madrid Príncipe Pío, que le sirven de marco e inspiración para algunas de sus obras más representativas. Gracias a su definición y detallismo, nitidez y precisión, se erige como un cronista de su tiempo, un referente del presente para la posteridad, en las que podemos ver, por ejemplo, cómo evoluciona el parque ferroviario de Renfe Operadora.

Altaria entrando en la estación de Madrid Puerta de Atocha. 2008. descubrirelarte.es

Su proceso de trabajo es lento y metódico. Primero pasea por la ciudad, luego toma fotografías de aquello que le interesa. Posteriormente, dibuja en el lienzo los detalles y finalmente pinta al óleo la escena con toda su complejidad. Este enfoque meticuloso se observa claramente en cuadros como Altaria entrando en la estación Madrid Puerta de Atocha, donde el maremágnum de estructuras metálicas que soporta la catenaria y otros elementos necesarios para la circulación de los trenes está concienzudamente representado.

Trenes Alstom Serie 100. Madrid Puerta de Atocha. 2012. moovemag.com

La perfección técnica de sus obras pone a prueba nuestra percepción, hasta el extremo que lleva a preguntarnos si estamos ante cuadros o fotografías; si estamos ante un fiel reflejo de la realidad o ante una idealización de dicha realidad, porque aparece más brillante, más limpia, más luminosa y, por tanto, más bella. Con todo, tanta perfección puede generar la idea de deshumanización, la cual se ve acentuada muchas veces por la falta de personas en sus composiciones.

Tren Talgo T-350 en la estación Madrid Puerta de  Atocha. 2013. josemiguelpalacioshop.es

Aunque al hiperrealismo se le suele criticar su falta de rigor intelectual, Palacio lo presenta desde un punto de vista suave y tangible. Con él crea la ilusión de una realidad que, como consecuencia de los efectos de iluminación, sombras y reflejos, incorpora matices que pasan desapercibidos en la fotografía.

Tren Talgo T-350 en la estación Madrid Puerta de  Atocha. moovemag.com

Considerado el “pintor de Madrid”, ciudad que le fascina  tanto por su cosmopolitismo como por su casticismo, Palacio manifiesta gran interés por su desarrollo socioeconómico, cultural y por sus medios de transporte, en especial por el AVE (Alta Velocidad Española). Aspectos que presenta mediante unas imágenes neutras y estáticas, auténticos retratos compulsivos y minuciosos de lo cotidiano, que destacan por su gran dominio de la perspectiva.

La mirada ferroviaria de Sally Storch

Pentimento. tuttartpitturasculturapoesiamusica.com

Sally Storch (1952) es una pintora estadounidense que, aunque creció influenciada por sus dos tías artistas, Bertha Rihani -que vivió y pintó en París en la década de 1920, junto a Henri Mattisse y Kees Van Dongen-, y Stephanie Stockon -que estudió en The Art Students League en Nueva York en la década de 1930-, considera a Edward Hopper como su mayor fuente de inspiración.

Sus obras, que nos transportan a la década de 1950, suelen estar impregnadas de una luz cálida que les confiere un aire nostálgico y romántico. En ellas vemos a menudo a mujeres independientes, dueñas de su tiempo, concentradas en sus actividades e integradas en el entorno. Por ejemplo, en Northeast Train at Dusk una mujer lee con atención en el compartimento de un tren nocturno. Y aunque en apariencia es la única pasajera, carece del tono sombrío tan característico de las obras de Hopper.

Northeast Train at Dusk. tuttartpitturasculturapoesiamusica.com

Algo similar ocurre  en Lost Pocketbook, Night Train, donde otra mujer está inmersa en la lectura sin percatarse que en el asiento de enfrente alguien olvidó un libro de bolsillo. La luz que entra por la derecha crea toda una serie de sombras que añaden profundidad a una obra rica en detalles, que de nuevo transmite sensación de serenidad y silencio.  

Lost Pocketbook, Night Train. tuttartpitturasculturapoesiamusica.com

Con una ubicación parecida y una paleta de colores que incluye tonos dorados, rojos y verdes grisáceos, pero con la luz proveniente de la izquierda, en The Black Bag contemplamos a una mujer de pie que observa detenidamente un bolso negro abandonado en el suelo. En el ambiente se respira quietud, como si el tiempo se hubiese detenido, reflexión y misterio.  

The Black Bag. americanpulps.com

El escenario cambia radicalmente en Gran Central Café, Girl in a Blue Skirt, porque Storch nos traslada a la cafetería de una estación. Se trata de un cuadro de realismo urbano, con su característica estética años 50, en el que una mujer con una falda azul, su color preferido para las prendas que visten las protagonistas de sus viajes en tren, está concentrada en la lectura mientras el camarero le sirve una consumición. Provista de una maleta, parece estar a punto de iniciar un viaje.

Gran Central Café, Girl in a Blue Skirt. tuttartpitturasculturapoesiamusica.com

Los cuadros de inspiración ferroviaria de Sally Storch, al igual que el resto de su obra, son con frecuencia ventanas a momentos íntimos. Una invitación, en un mundo apresurado, a detenernos, observar y apreciar la riqueza de nuestras experiencias cotidianas. Retratos sin sentimentalismo de gente común, en la que se intuye una gran vida interior. Obras en las que se presta gran atención a los detalles, de manera que las personas que observamos sus lienzos podamos imaginar la historia que encierran.

La mirada ferroviaria de Gustave Caillebotte

Autorretrato, 1892. Arthive.com

Gustave Caillebotte (París, 1848 – Gennevilliers, 1894), es el gran olvidado del movimiento impresionista, porque su faceta de pintor ha quedado eclipsada por la de coleccionista, mecenas y organizador de exposiciones. Proveniente de una familia adinerada, en alguna medida su imagen responde al tópico de joven millonario dedicado al dolce far niente, con inquietudes artísticas y excelente gusto para coleccionar obras de sus compañeros de generación.

Pintor de talento y sólida formación, con gran capacidad para el dibujo y habilidad para captar la perspectiva, sacrificó la emoción en aras del naturalismo. Comenzó militando en el realismo, pero la fascinación que le produjo el nuevo lenguaje de los impresionistas, lleno de luz, color y pinceladas rápidas al aire libre, le subyugó. Estos rasgos son apreciables en Paisaje con vía de ferrocarril, en el que también reconocemos otras  características de su obra, como los encuadres inusuales o el amor por las líneas fuertes, representadas en este caso por el pretil que divide el cuadro en dos.

Paisaje con vía del ferrocarril, 1872. Arthive.com

Convirtió a París en el motivo de muchos de sus cuadros, una ciudad en constante evolución de la que trató de reflejar su identidad, habitantes y arquitectura. Para ello se valió, entre otras localizaciones, del Puente Europa. Situado sobre la estación ferroviaria de San Lázaro, que tantas veces pintó Monet, fue un motivo recurrente en su obra, así por ejemplo en 1877 realizó una versión reducida de otro cuadro de igual título pintado el año anterior. En la versión de 1877 vemos a un caballero de la alta sociedad que pasa y a otros dos que observan la actividad de la estación. Una obra que, por su encuadre, demuestra que Caillebotte conocía la fotografía y posiblemente fue su punto de partida. En ella destacan su debilidad por la ingeniería y la minuciosidad, de lo cual son un buen ejemplo los roblones del puente.

Puente Europa, 1877. Arthive.com

El pesado y poderoso Puente Europa era uno de los lugares más modernos y fascinantes de París. Construido diez años antes, en 1876 lo pintó desde otra perspectiva y con una gran diagonal que nos guía la mirada. En una mañana de primavera, un hombre observa la actividad ferroviaria de la estación de San Lázaro, mientras otro hombre elegantemente vestido parece ser abordado por una mujer, posiblemente una prostituta. Un cuadro de escenas urbanas, modernas e inusuales para la época, difíciles de asimilar para los académicos del momento.  

Puente Europa, 1876. Arthive.com

Aunque en 1873 se matriculó en la Escuela de Bellas Artes, su paso por ella fue frustrante; sin embargo, un encuentro con Monet en Argenteuil, donde este último solía pintar al aire libre, reavivó su pasión por la pintura. Y al igual que a Monet, Argenteuil le inspiró diferentes cuadros, como por ejemplo Puente sobre el río Sena en Argenteuil, en el que en la lejanía observamos un tren que se aproxima y constatamos su debilidad por los colores azul y gris.

Puente sobre el río Sena en Argenteuil, 1885. Arthive.com

Caillebotte, que murió relativamente joven y rico, dio muestras de su generosidad hasta el último momento. Donó al Estado Francés su valiosísima colección de cuadros, en la que estaban representados casi todos los impresionistas (Cézanne, Monet, Pisarro, Renoir, Sisley…), muchos de las cuales pueden verse hoy en el parisino Museo D’Orsay -una antigua estación ferroviaria convertida en la mayor pinacoteca impresionista del mundo-, además de legarnos su brillante y ecléctica obra. Previamente había comprado materiales para que sus compañeros de generación pudieran pintar, pagado deudas de Monet, adquirido cuadros de Pissarro a un precio muy por encima del de mercado o financiado varias de las exposiciones independientes de los impresionistas, porque no tenían cabida en el Salón de París, la exposición de arte oficial de la Academia de Bellas Artes.

La mirada ferroviaria de José Antonio de Bran

Visualmente atractivas y llenas de vida, las acuarelas de José Antonio de Bran (Valladolid, 1956), nos ofrecen una mirada poética del ferrocarril. En ellas destacan el gusto por el detalle y la composición, la profundidad y el realismo, todo lo cual nos permite trasladarnos a los lugares pintados, imaginar su historia y comprender mejor su arquitectura.

Afincado en Bizkaia, amante de las ciudades y los pueblos, de sus habitantes y sus rincones, con su obra visitamos la misma margen de la Ría de Bilbao donde se alza La Concordia, uno de los edificios más representativos de la Belle Époque y estación término de la línea férrea de ancho métrico que conecta Santander con Bilbao, tal como reza en su fachada orientada a la Ría. Una pintura de una luminosidad especial y hermoso colorido, que aprovecha las ventajas de la acuarela para representar el agua y sus reflejos.

© de Bran. Diciembre, 2025

La Concordia es también estación término del Ferrocarril de La Robla, la línea de ancho métrico que une León con Bilbao y que, con sus 335 kilómetros de recorrido, es la más larga de Europa Occidental. De marcado estilo modernista, su privilegiada ubicación —a modo de balcón sobre la Ría— permite contemplar otro de los grandes edificios de referencia del Arenal, el Teatro Arriaga.

© de Bran. Marzo, 2023

Su profundo conocimiento de la estación de Bilbao Abando, unido a su habilidad para el dibujo, le permiten enfrentarse a desafíos tan complejos como plasmar con gran fidelidad uno de los elementos más singulares de la terminal: su magnífica bóveda de 192 metros de largo y 45 de ancho, soportada por 12 arcos metálicos separados 16 metros entre sí. Una acuarela en la que las notas de color las aportan las ropas, maletas y trenes de Cercanías de Renfe-Operadora.  

© de Bran. Febrero, 2016

Para un viajero incansable y amigo de los entornos naturales era inevitable que su mirada se detuviera en el jardín tropical de la estación de Madrid-Puerta de Atocha Almudena Grandes. Un verdadero oasis en una estación en la que bulle la actividad cultural, económica y social. De nuevo, una enorme marquesina que descansa sobre unos muros de ladrillo caravista, corona una obra que nos revela cómo era el edificio original de una estación que hoy es todo un nodo estratégico de la red ferroviaria española.      

© de Bran. Agosto, 2017

Si el jardín tropical es la parte histórica de Madrid-Puerta de Atocha Almudena Grandes, los andenes de los trenes de gran velocidad constituyen la zona moderna. En su representación se evidencia una vez más su entendimiento arquitectónico. Al igual que en el caso de Bilbao Abando, son las personas -entre las cuales podemos distinguir al propio autor a punto de iniciar un viaje-, y un AVE, los que aportan color a una aguada que nos ayuda a comprender la complejidad de las infraestructuras ferroviarias.

© de Bran. Julio, 2017

José Antonio de Bran es un artista cuyas obras transmiten reflexión, paciencia y una profunda pasión por el mundo ferroviario. Su destreza con los pinceles se evidencia en cada obra, ya que la acuarela, a diferencia del óleo, no es una técnica pictórica aditiva. Esta singularidad eleva el nivel de exigencia y la convierte en un desafío adicional, al no ofrecer segundas oportunidades.

La mirada ferroviaria de Jack Vettriano

Self Portrait after Swannell. jackvettriano.com

Los cuadros de Jack Vettriano (Escocia, 1951) son tanto un punto de partida como una invitación a desarrollar historias. Protagonizadas habitualmente por personas adultas vestidas con la icónica elegancia del Hollywood clásico, sus escenas destilan un glamur que se ve enriquecido por el halo romántico del ferrocarril, representado a través de estaciones, trenes, tranvías o metros. Un buen ejemplo de ello es Back Where You Belong (De vuelta a donde perteneces), donde un reencuentro efusivo y profundamente cinematográfico tiene lugar en una estación.

Back Where You Belong. jackvettriano.com

La inspiración cinematográfica resulta igualmente evidente en Railway Station Blues, una obra con auténtica alma de fotograma. Su título, explícito en su intención, anticipa la tristeza y la melancolía que emanan de la escena. Una mujer, absorta en sus pensamientos, espera la llegada de un tren en el andén de una estación. A su lado, su acompañante le da la espalda y dirige la mirada hacia un punto indefinido, mientras que un hombre situado al fondo observa al frente, aportando un sutil pero inquietante toque de misterio al conjunto.

Railway Station Blues. Pinterest.com

El tranvía es un medio de transporte ferroviario que inspira especialmente al artista. En A Date with Fate, una mujer, a punto de enfrentarse a su destino, consulta el reloj ante un tranvía detenido. La paleta cromática y la estética de la obra evocan claramente a Edward Hopper, influencia que podría explicarse por el hecho de que, entre los 25 y los 39 años, Vettriano se dedicó a copiar obras de artistas consagrados antes de desarrollar su propio estilo, habitualmente definido como un nuevo realismo de fuerte carga narrativa.

A Date with Fate. Pinterest.com

Menos trascendental en apariencia es The Look of Love?, donde la insinuación y el deseo, el romance y la sofisticación se erigen como auténticos protagonistas. El lienzo captura el instante en que una pareja se entrega al juego de la seducción y el coqueteo dentro de un tranvía, cruzando miradas cargadas de complicidad.

The Look of Love? jackvettriano.com

El tranvía vuelve a desempeñar un papel destacado en The Last Great Romantics (Los últimos grandes románticos), una obra en la que una mujer abraza a un hombre, reflejando la intención de Vettriano de aprehender el momento exacto en que todo está a punto de suceder. Ambos mantienen los ojos cerrados, como si desearan aislarse del mundo pese a encontrarse de pie en un vagón. La cercanía de los cuerpos y la posición de las manos de la mujer sugieren una pasión contenida, un deseo a punto de estallar.

The Last Great.Romantics. jackvettriano.com

La influencia del cine negro —género caracterizado por atmósferas turbias, personajes complejos y tramas cargadas de suspense— resulta notoria en su obra en general, y en Angel en particular. En esta pintura se reconocen algunos de sus elementos icónicos: figuras enigmáticas, trajes elegantes, sombreros de ala ancha y ambientes nocturnos, todo ello realzado por una paleta de colores oscuros y fuertes contrastes en la estación de metro que da título al lienzo.

Angel. jackvettriano.com

Con un título que bien podría pertenecer a una película de cine negro y el marco de la estación de metro de Temple, The Runaways (Los fugados) nos presenta una composición en la que, como es habitual en Vettriano, destacan la elegancia, la serenidad y la quietud de los protagonistas. Un hombre, sentado y ensimismado, parece dispuesto a entregar algo a una mujer que lo observa con atención. La pintura invita a imaginar las historias y circunstancias que los han llevado a huir juntos, así como el incierto futuro que les aguarda.

The Runaways. jackvettriano.com

Jack Vettriano, mucho más apreciado por el gran público que por la crítica, es actualmente uno de los pintores más exitosos. Ha logrado crear un estilo inconfundible gracias a sus composiciones accesibles y equilibradas, en las que el ferrocarril es con frecuencia el escenario escogido para unos enigmáticos y nostálgicos cuadros de ambiente retro.

La mirada ferroviaria de Isaak Levitán

Autorretrato. 1880. Wikipedia.org

Se suele afirmar que nadie ha podido captar el alma del paisaje ruso como el pintor Isaak Ilich Levitán (Lituania, 1860 – Rusia, 1900). Con 13 años ingresa en la Escuela de Pintura, Escultura y Arquitectura de Moscú, donde Alexey Savrasov le transmite la pasión por la naturaleza. Años después, el mecenas Pável Tretiakov le otorga una beca para estudiar en París. Allí conocerá las obras de los pintores de la Escuela de Barbizón, defensores de un paisaje natural exento del idealismo y dramatismo del romanticismo, y también de Camille Corot, cuyo profundo sentimiento del paisaje aplicará a la idiosincrasia y naturaleza rusas. Todo lo cual le llevará a convertirse en un abanderado del “paisaje del estado de ánimo”, con todas sus connotaciones espirituales y filosóficas.

Pionero en su país a la hora de plasmar el ferrocarril, su primer testimonio es el dibujo El andén, el tren se aproxima, que representa la llegada de un tren a una estación indeterminada. Como en la mayoría de sus cuadros, no hay presencia humana y nos traslada a una zona rural, otra de las características definitorias de su obra en la que no hay cabida para los paisajes urbanos.

El andén, el tren se aproxima. 1879. wikiart.org

Seis años después pinta El apeadero, claro deudor de El andén, el tren se aproxima. Al final de la tarde, el silencio y la tranquilidad de un modesto apeadero en mitad del bosque -que, por todo equipamiento cuenta con una vía, un andén de madera y una señal mecánica de disco-, están a punto de ser interrumpidos por un tren, cuyas luces ya brillan en la distancia. Con una infraestructura aparentemente anodina y desangelada, extrae belleza e invita a reflexionar sobre la conexión entre la naturaleza y el progreso humano.

El apeadero. 1885. wikiart.org

De tenor similar es el lienzo Atardecer después de la lluvia, porque la protagonista es otra vez una modesta infraestructura: una estación rural dotada con vía doble y un cruce de vías entre andenes. Acaba de llover, y tanto el andén del edificio de la estación, que está mojado, como el cielo, que presenta unas bellas tonalidades, le permiten demostrar su maestría en el uso del color a la hora de captar las diversas cualidades de la luz y los matices cromáticos de las sombras, razón por la cual se le compara con Claude Monet.

Atardecer después de la lluvia. 1879. wikiart.org

El tiempo y el ánimo cambian radicalmente en Un tren se aproxima. La tarde lluviosa ha sido sustituida por una mañana de primavera, donde el sol brilla y el cielo está despejado. La naturaleza se despliega con todo su colorido y la alegría de vivir se hace patente. No obstante, como la vida no es lineal, porque hay altos y bajos, luces y sombras, todo ello tiene su traslación en un cuadro que captura la esencia del paisaje y el dinamismo del tren.

Un tren se aproxima. 1895. wikiart.org

La correlación entre las condiciones climáticas y el estado de ánimo son de nuevo evidentes en el óleo Día gris. El lugar elegido es un paraje solitario, cuya atmósfera melancólica se acentúa por un cielo gris plomizo, una luz tenue y la ausencia de sombras. En él distinguimos los postes del telégrafo, las cabezas de algunas traviesas y una vía cubierta de nieve que, con todo, sigue siendo un camino de hierro expedito en pleno invierno.

Día gris. 1895. wikiart.org

En 1891, su febril actividad le lleva a unirse a la sociedad cooperativa de pintores de realismo crítico denominada Peredvízhniki (Vagabundos o Itinerantes), que aspiran a pintar la realidad de manera accesible y auténtica. Seis años después, es elegido para la Academia Imperial de Artes y en 1898 es nombrado responsable de Estudio de Paisaje. Sin embargo, su vida se acaba y como seguramente es conscinte de ello, al año siguiente nos brinda Vía férrea, un cuadro de paleta opaca y colores fríos, que transmite gelidez, desolación y tristeza, así como una sensación de calma y soledad.

Vía férrea. 1899. wikiart.org

Aunque fallece a los 39 años, su legado lo componen más de mil obras, la inmensa mayoría paisajes. Considerado el pintor-poeta, su estrella sigue brillando tanto en la Tierra, donde es reconocido como uno de los más grandes artistas rusos, como en el espacio, porque desde 1979 un asteroide, el planeta menor 3566, lleva su nombre.