La mirada ferroviaria de Paul Delvaux

Soledad. 1956. WahooArt.com

Siendo un niño, el pintor belga Paul Delvaux (Antheit, 1897 – Veurne, 1994), vio los primeros tranvías eléctricos en Bruselas y le parecieron tan maravillosos que desde entonces el ferrocarril, juntamente con las mujeres, la arquitectura greco-romana y los esqueletos, serían un motivo recurrente a lo largo de su obra, en la cual desarrolló un universo propio, entre el sueño y la realidad, calificado como realismo mágico.

Tranvía nocturno (or Champs Perdu). 1950. ar.Pinterest.com

Considerado un artista surrealista, aunque nunca lo fue de manera oficial, compartió con dicho movimiento su interés por explorar las profundiades de la mente, crear atmósferas misteriosas y revivir la poesía en el arte. Sin embargo, sus inicios artísticos estuvieron influenciados por el impresionismo. Un ejemplo representativo de dicha época es el cuadro La estación de Luxemburgo, que se caracteriza por los tonos marrones, grises y oxidados, con toques blancos, en el que representa la actividad de la terminal.

Estación de Luxemburgo. 1922. WahooArt.com

En su evolución hacia el realismo mágico, destacan tres momentos clave ocurridos entre 1926 y 1934. En 1926-1927, conoce al pintor metafísico Giorgio de Chirico, con quien compartirá su interés por los espacios vacíos, intrigantes y angustiosos. A principios de la década de 1930, visita el Museo Spitzner de Anatomía e Higiene, donde ve La venus dormida, una figura de cera que será el origen de muchas mujeres desnudas que aparecen en sus cuadros. Y en 1934, participa en la exposición Minotauro de Bruselas, junto a otros artistas como René Magritte, de quien tomará su mundo onírico, la inexpresividad y las yuxtaposiciones más sorprendentes.

Si bien La venus dormida influyó de forma determinante en la representación de la mujer, su relación con ellas también desempeñó un papel importante. Obligado a casarse en 1937 con Suzanne Purnal, una mujer a la que no amaba, el matrimonio fue un fracaso anunciado. Y aunque en 1947 se reencontró con el amor de su vida, Anne Marie Martelaere, a quien había conocido en 1920, la frustración amorosa de su juventud fue una fuente constante de inspiración que le llevó a colocar a las mujeres en un pedestal. Sus mujeres son jóvenes, hieráticas, ensimismadas, ubicadas en ambientes sin vinculación aparente con la escena, como es el caso de La edad de hierro.  

La edad de hierro. 1951. elasombrario.com

El mundo onírico y el natural se mezclan de nuevo en Las sombras y crean una atmósfera donde parece que no existe el tiempo y la realidad. Todo es quietud y silencio: una mujer absorta en su pensamiento mira fijamente el suelo; un tren está detenido en una vía que comienza su recorrido en el mar. La escena transcurre en los inicios de la hora azul, cuando el cielo oscurece antes de anochecer.

Las sombras. 1965. WikiArt.org

Lector empedernido de Homero y Julio Verne, escritores «viajeros» por antonomasia, Delvaux utilizó las estaciones y los trenes como elementos que despiertan la imaginación y sugieren un viaje a lo desconocido. Para garantizar la fidelidad de los detalles ferroviarios en sus obras, en su estudio tenía maquetas de trenes y tranvías, lo que le permitía obtener obras tan genuinas como La Estación Forestière. Dicho óleo es uno de sus trabajos más famosos de la década de 1960 y ejemplo de atmósferas misteriosas, en la que dos niñas completamente estáticas observan la actividad ferroviaria.

Estación Forestière. 1960. WikiArt.org

El mismo clima, la misma atmósfera se aprecian en El viaducto. Todo está paralizado, no hay señales de vida, las calles están vacías y, como en muchos otros cuadros, hay una lámpara encendida, en esta ocasión bajo la marquesina, así como un sorprendente espejo en la acera. En el fondo un tren cruza un viaducto. Un cuadro que semeja una escena teatral, en el que todo es real, pero el conjunto no lo parece.

El viaducto. 1963. museothyssen.org

En 1984, en un acto de justicia poética, Paul Delvaux, cuya obra hunde sus raíces en la memoria, el recuerdo y la infancia, fue nombrado jefe de estación honorario de la estación de Louvain-La-Neuve, en reconocimiento a su amor por el ferrocarril.

Imagen: ardenneweb.eu