Hard rock ferroviario: detonación sonora

Es un lugar común afirmar que You Really Got Me, grabada por el grupo británico The Kinks en 1964, es la primera canción de hard rock de la historia. Sin embargo, serían grupos como Deep Purple y Led Zeppelin quienes terminarían de consolidar ese estilo a finales de la década de 1960 y principios de la de 1970.

En 1971, Deep Purple, con su formación más célebre, publicaba el álbum Fireball. Este disco, junto con su predecesor Deep Purple in Rock y su continuación Machine Head, nutriría una de las obras cumbres del hard rock, el celebérrimo Made in Japan. En Fireball encontramos una canción inicialmente descartada, pero que más tarde fue recuperada, Slow Train, un tren lento que es la imagen de una situación que tarda en resolverse, una relación tóxica en la que conviven, de forma tensa y contradictoria, el amor y la frustración.

Deep Purple – Fireball 25th Anniversary Edition (1971): «Slow Train» (Album out-take). Discogs.com

Producida en sus primeros años por Roger Glover, bajista de Deep Purple, la banda escocesa Nazareth, sentó las bases de la balada rock con su memorable versión del clásico country Love Hurts. Sin embargo, sus méritos no terminaron ahí, porque también está considerada una de las bandas que ayudó a definir el hard rock durante la década de 1970. En 1977 publicó el álbum Expect No Mercy, del que se extrajo como sencillo Gone Dead Train, una canción en el que el “tren muerto” es una alegoría de una fuerza imposible de detener, un deseo sexual que avanza con la potencia de una locomotora desbocada.

Narareth – Expect No Mercy (1977): «Gone Dead Train». Discogs.com

Otro tren desbocado, imposible de detener, protagoniza Rock and Roll Traincanción del decimosexto álbum de estudio de AC/DC, Black Ice, que habla de libertad y de una energía incontenible que surge al vivir sin límites. A la banda se le ha acusado a menudo de repetitiva, pero su calidad y su férrea fidelidad al hard rock  le ha permitido colocar su disco Back in Black en el segundo lugar de los más vendidos de la historia, solo superado por Thriller de Michael Jackson.

AC/DC – Black Ice (2008): «Rock and Roll Train». Wikipedia.org

La misma energía y virilidad que caracteriza a los australianos AC/DC se refleja también en la banda de Michigan Grand Funk Railroad, cuyo nombre hace referencia a la compañía ferroviaria Grand Trunk Railroad, que operaba entre Estados Unidos y Canadá. Con una propuesta más directa y efectiva que técnica, el grupo alcanzó una notable popularidad y frecuentó las listas de ventas entre 1969 y 1974. Su último número uno fue The Loco-Motion, una canción de aire infantil que proponía un nuevo baile en línea: una coreografía que imitaba la conducción y la formación de un tren.

Grand Funk – Shinin’ On (1974): «The Loco-Motion». Discogs.com

Mucho más sofisticada es la propuesta de la esotérica y críptica banda neoyorkina del culto a la ostra azul, es decir, la Blue Öyster Cult, que llamó la atención desde el primer momento por sus apabullantes directos. Su segundo disco, Tyranny and Mutation, incluía el clásico Hot Rails to Hell, cuyo Expreso 1277 atrapaba en su hechizo al protagonista. Y éste no era otro que su bajista (Joe Bouchard), que contaba sus experiencias en la atmósfera peligrosa y caótica del Metro de Nueva York, tras un concierto de un saxofonista experimental. En ese viaje nocturno viajaba acompañado del artista Bill Gawlik, autor de las dos primeras e icónicas portadas de los discos del grupo y su famoso logo, una cruz ganchuda que en realidad es una modificación del símbolo de Cronos.

The Blue Öyster Cult – Tyranny and Mutation (1973): «Hot Rails to Hell». Discogs.com

Desde finales de la década de 1960 hasta la irrupción del punk a mediados de los setenta, el hard rock —evolución natural del blues-rock y precursor tanto del heavy metal como del AOR— vivió su etapa de mayor esplendor. En ese contexto, la metáfora del tren se convirtió en un motivo recurrente: símbolo de libertad, de deseo desbocado, de impulso imparable o de destino inevitable. Una imagen perfecta para un viaje sonoro generoso en determinación y actitud, intensidad musical, y decibelios.

El legado ferroviario de Bob Dylan

Bob Dylan. http://www.flaggingdown.com

Definir la obra de Bob Dylan es una tarea titánica y no exenta de riesgos, pero afirmar que su música es «Americana» –una amalgama que surge de la fusión de folk, country, blues, rhythm and blues y rock and roll, entre otros géneros- parece razonable. Su obra está repleta de influencias y referencias, que van desde Woody Guthrie hasta los textos bíblicos, pasando por los simbolistas franceses, la Generación Beat, los clásicos del blues e incluso Frank Sinatra. Es la obra de un artista que lleva más de cinco décadas reinventándose.

Como la radio, los trenes y las campanas formaron la banda sonora de su adolescencia, no es extraño que en su primer disco figure Freight Train Blues (Tren de mercancías), un tema que parece tener tintes autobiográficos, aunque en realidad lo había compuesto John Laird, inspirado en un viaje que había realizado en su juventud en un tren rumbo al sur de los Estados Unidos.

Freight Train Blues. Bob Dylan, 1962. Discogs.com

En 1963, el que sería considerado el guía espiritual de la canción protesta, graba Train A-Travelin’ (Tren en marcha), donde el tren del título es una metáfora del racismo. La pista la proporciona la última estrofa de la canción, que remite a los hechos ocurridos en Anniston, Alabama, el 14 de mayo de 1961, cuando militantes del Ku Klux Klan incendiaron un autobús con un grupo de «Viajeros de la libertad» (Freedom Riders). A pesar de que en 1947 el Tribunal Supremo había declarado inconstitucional la segregación racial en los autobuses de rutas interestatales, y de que desde entonces las organizaciones proderechos civiles promovían los viajes de la libertad, la iniciativa no cobró gran relevancia hasta que se difundió la imagen del autobús calcinado.

Train A-Travelin’. Broadside Show & Sessions, 1989. Discogs.com

A mediados de la década de 1960, Dylan, que gozaba de gran admiración en los círculos folk, toma una decisión que genera una gran controversia: electrificar su sonido. Su giro hacia el rock es percibido como una traición por muchos puristas, hasta el punto de que, durante un recital en el Free Trade Hall de Manchester en 1966, le gritan «¡Judas!» Sin embargo, el cambio queda marcado por el lanzamiento de Highway 61 Revisited, un disco que es considerado unánimemente como una de sus obras más destacadas.

El álbum incluye It Takes a Lot to Laugh, It Takes a Train to Cry (Se necesita mucho para reír, basta un tren para llorar), un blues melancólico al estilo de Luisiana, con un característico piano honky-tonk. Aunque inicialmente iba a titularse Phantom Engineer (Maquinista Fantasma), tal vez por sus numerosas referencias a trenes correo, dobles tracciones e incluso a un guardafrenos (lo que podría ser un guiño a Jimmy Rodgers, «The Singing Brakeman»), la canción puede ser entendida como una reflexión sobre el amor, las oportunidades perdidas y la búsqueda de significado en el viaje de la vida.

It Takes a Lot to Laugh, It Takes a Train to Cry. Highway 61 Revisited, 1965. Discogs.com

Seguramente por su experiencia como «hobo» –vagabundo o trabajador temporal que recorre Estados Unidos sin billete, viajando en trenes de mercancías, símbolo de libertad y rechazo a las convenciones–, en al menos tres canciones se refiere a ellos. La primera es Only a Hobo (Solo un vagabundo); la segunda, Walkin’ Down the Line (Siguiendo mi camino), un estándar del country que, en la voz de Arlo Guthrie, se convirtió en uno de los himnos del Festival de Woodstock de 1969; y la tercera, I Am a Lonesome Hobo (Soy un vagabundo solitario), un blues eléctrico compuesto por tres estrofas muy diferenciadas: en la primera, hace inventario de sus delitos; en la segunda, remite a la historia bíblica de Caín y Abel; y en la tercera, recomienda vivir según los propios códigos.

I Am a Lonesome Hobo. John Wesley Harding, 1968. Discogs.com

La polémica, algo habitual en su carrera, resurgió con renovados bríos tras su conversión al cristianismo y los tres discos consecutivos que grabó por dicha razón. El primero de los cuales es Slow Train Coming, cuya portada muestra a un ferroviario sosteniendo un pico que parece una cruz. En su listado de canciones aparece Slow Train, otra canción protesta que, en este caso critica, entre otros aspectos, la explotación de América y el liberalismo económico sin fronteras, representado por hombres de negocios sin escrúpulos. En este contexto, el tren que avanza lentamente puede interpretarse como el inevitable ajuste de cuentas que se aproxima.

Slow Train. Slow Train Coming, 1979. Discogs.com

Dada la reticencia de Dylan a explicarse, los exégetas han jugado un papel fundamental en el análisis de su obra, aunque no siempre se han puesto de acuerdo, como sucede con Duquesne Whistle (El silbato del Duquesne). Para unos, la canción hace referencia al tornado que azotó Duquesne, Missouri, en mayo de 2011; para otros, al tren que pasa por Du Quoin, Illinois, cuya pronunciación es similar a Duquesne, en la línea de Chicago a Nueva Orleans. Se trata de una canción con mucho swing en la que Dylan realiza un viaje introspectivo y evoca su juventud en el Medio Oeste.

Duquesne Whistle. Tempest, 2012. Discogs.com

El 13 de octubre de 2016, a la edad de 75 años, Robert Allen Zimmerman, nacido en Duluth, Minnesota, fue galardonado, no sin controversia, con el Premio Nobel de Literatura, ante el escepticismo de aquellas personas que consideran inapropiado que un cantante reciba tal galardón. Las mismas que parecen olvidar que la música y la poesía siempre han estado unidas; de hecho, la palabra «lírica» proviene del nombre de un instrumento, la lira. Por tanto, bienvenido sea el máximo galardón literario para quien, con su enorme creatividad, sensibilidad ferroviaria y constante reinvención artística, sigue demostrando que son buenos tiempos para la lírica.