Olla ferroviaria: gastronomía tradicional al ritmo del tren

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En 1894, para acercar el carbón leonés y palentino a los altos hornos de Bizkaia, se inauguró el Ferrocarril Hullero de La Robla a Balmaseda, que, con sus 340 kilómetros de recorrido, constituye una de las líneas de ancho métrico más largas de Europa. Las jornadas laborales de sus fogoneros, guardafrenos y maquinistas podían extenderse hasta dieciséis horas consecutivas, lo que dificultaba enormemente organizar las comidas durante el servicio. Para hacer frente a esta situación, el personal ferroviario ideó un sistema de cocinado aprovechando el calor del motor de la locomotora. Esta invención recibió el nombre de olla ferroviaria en Cantabria, León y Palencia, y de putxera en Bizkaia.

En sus inicios, el sistema consistía en un tubo que conectaba el serpentín de la locomotora a una vasija, permitiendo cocinar con vapor. Posteriormente, el vapor fue sustituido por leña o carbón vegetal, y la olla se trasladó al furgón de cola, donde además de servir para preparar la comida, también actuaba como estufa para calefacción.

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Dotada de tres patas y un asa, la olla ferroviaria comenzó siendo un artilugio cilíndrico de hojalata sin puchero. Con el tiempo, ha ido perfeccionándose hasta convertirse en un recipiente metálico con un compartimento inferior donde arde carbón vegetal o leña, cuya función es calentar un puchero independiente, generalmente de porcelana esmaltada o barro.

Mecanismo de una olla ferroviaria. La Cuchara del Camesa. elpais.com

Las primeras ollas de las que se tiene constancia proceden de Mataporquera —punto intermedio en el trayecto entre La Robla y Balmaseda, donde los trenes repostaban agua y carbón—, ya que allí se fabricaron, hacia 1915, las primeras unidades en los talleres del ferrocarril.

Monumento a la olla ferroviaria en Mataporquera. ollasdecantabria.com

Gracias a su capacidad para repartir el calor de forma uniforme y ligar las salsas, la olla ferroviaria es ideal para la cocina a fuego lento. Es especialmente adecuada para platos de cuchara, como guisos de patatas con carne o legumbres, recetas tradicionales de alto contenido calórico, perfectas para climas continentales caracterizados por inviernos rigurosos.

Actualmente, la olla ferroviaria se ha convertido en un símbolo de la identidad cultural y gastronómica de algunas zonas del norte de España. Numerosas fiestas populares, concursos culinarios y romerías mantienen viva esta tradición nacida de la necesidad y del ingenio del personal ferroviario. Su arraigo es particularmente fuerte en localidades con una rica historia ferroviaria, como es el caso de Cistierna, en León, Guardo, en Palencia, Mataporquera o Reinosa, en Cantabria, y Balmaseda, en Bizkaia. Además, como su uso ha transcendido a su función original, se está extendiendo a la cocina profesional, así, por ejemplo, en 2024, el restaurante La Cantina de Villalegre, ubicado en la estación de tren de Avilés, ganó el concurso a la Mejor Fabada del Mundo con unas fabes cocinadas precisamente en una olla ferroviaria.

VIII Concurso Ollas Ferroviarias de Guardo. guardo.org