Volver a Canfranc

Rosario Raro. Volver a Canfranc, 2015. IberLibro.com

«Solo nos ha sido dada una vida, pero con esta podemos salvar muchas otras». Esta frase, que Laurent Just repite como un principio moral irrenunciable, atraviesa Volver a Canfranc, la novela de Rosario Raro (Castellón, 1971). Just es su personaje central, aunque comparte protagonismo con un escenario de peso propio: la estación internacional de Canfranc, cuyo papel durante la Segunda Guerra Mundial resultó decisivo, especialmente a partir del invierno de 1942, cuando el ejército alemán tomó el control del enclave tras la firma de un acuerdo con el régimen franquista para su gestión.

De marcado estilo modernista, la estación de Canfranc (Huesca), con más de doscientos metros de longitud —una de las mayores de Europa—, fue inaugurada en 1928 con el ambicioso propósito de unir España y Francia a través de los Pirineos mediante el túnel de Somport. Al acto acudieron el rey Alfonso XIII y el presidente de la República Francesa, Gaston Doumergue. Al tratarse de una estación de jurisdicción compartida, española y francesa, todas sus dependencias estaban duplicadas: unas pertenecían a la compañía Ferrocarriles del Norte y otras a la francesa Chemins de Fer du Midi.

Durante la contienda mundial, los trenes de mercancías atravesaban la frontera hacia el norte cargados de wolframio y pirita, minerales esenciales para la industria armamentística nazi, mientras que los convoyes de regreso transportaban oro y joyas. Este intenso trasiego, unido al constante flujo de trenes de viajeros, propició la aparición de una compleja red de espionaje y de tráfico clandestino de personas.

En Canfranc se establecieron agentes de las SS, miembros de la Gestapo y una brigada de Alta Montaña de Baviera. Sin embargo, su presencia no impidió que aquitanos, aragoneses y bretones colaboraran en la huida de miles de personas a través de los Pirineos. Entre ellas se encontraban figuras tan destacadas como Josephine Baker y su marido, Marc Chagall, Max Ernst, Alma Mahler o Heinrich Mann. Del mismo modo, estas redes mantuvieron activo el flujo de información entre la Francia ocupada e Inglaterra a través de la ruta Zaragoza–San Sebastián–Londres.

Ambientada entre 1943 y 1944, la novela entrelaza personajes y acontecimientos reales con otros ficticios. Gracias a esta cuidadosa mixtura, descubrimos cómo los refugiados eran ayudados a cruzar la frontera; cómo recibían asistencia y documentación para continuar su viaje hacia otros destinos —principalmente Lisboa y, en menor medida, Bilbao, desde donde las navieras Companhia Colonial de Navegação e Ybarra realizaban travesías transatlánticas—; o cómo la búsqueda de un prisionero húngaro conduce a conocer las condiciones infrahumanas del campo de concentración de Miranda de Ebro.

Este campo, construido durante la Guerra Civil española junto a las vías férreas para que los prisioneros republicanos actuaran como escudos humanos y evitar así el bombardeo del nudo ferroviario, era conocido como el «Depósito». Fue el último campo de concentración activo en España y por él pasaron, entre 1937 y 1947, cerca de 65.000 prisioneros de 58 nacionalidades.

La vuelta a Canfranc a la que alude el título de Rosario Raro encierra, en realidad, dos retornos tras la derrota alemana: el del jefe de la aduana francesa, Laurent Just —alter ego de Albert Le Lay—, y el de muchas personas anónimas que, desde distintos lugares del mundo, regresan a la estación para mostrar a sus familiares el punto exacto por el que lograron escapar del régimen nazi y salvar sus vidas.

Volver a Canfranc es una novela histórica rigurosamente documentada que reivindica la dignidad y el compromiso de personas aragonesas, occitanas y, de manera especial, del bretón Alber le Lay, quien se negó a reconocer al gobierno colaboracionista de Pétain y luchó sin descanso por la victoria aliada. Por su labor fue condecorado por Estados Unidos, Francia e Israel y, por el número de vidas que salvó, su gesta ha sido comparada con la de Oskar Schindler en Cracovia, la del diplomático zaragozano Ángel Sanz Briz en Budapest, la del japonés Chiune Sugihara en Lituania o la de las Hermanas Touza en la estación de Ribadavia.

DATOS BIBLIOGRÁFICOS

  • Autora: Rosario Raro
  • Título: Volver a Canfranc
  • Editorial: Planeta
  • Año de publicación: 2015
  • Páginas: 512
  • Género: Novela histórica

Estación Libertad

Emilio Ruiz Barachina. Estación Libertad, 2016. esferalibros.com

En 1964, Isaac Retzman, un judío de setenta años, residente en Nueva York y de salud frágil, supo que Amancio Vázquez, un inmigrante gallego afincado en Manhattan, planeaba pasar sus vacaciones en su tierra natal. Aquella noticia despertó en Retzman un recuerdo decisivo de su vida: durante la Segunda Guerra Mundial había logrado sobrevivir gracias a la ayuda de tres hermanas que regentaban un quiosco en la estación de ferrocarril de Ribadavia, en Ourense. Movido por la gratitud y la urgencia del tiempo, trató de hacerles llegar su testimonio.

Tiempo después, el propio Amancio Vázquez reveló este hecho a Antón Patiño, autor que en 2005 publicó Memoria de ferro, libro de relatos cortos que sacó a la luz la labor que desarrollaron las hermanas Touza Domínguez, Lola, Amparo y Xulia, en la década de 1940, gracias a la cual unos quinientos judíos y refugiados perseguidos por los nazis salvaron su vida, huyendo desde la estación de Ribadavia a América o África a través de Portugal.

En aquellos años, los trenes se detenían en Ribadavia entre veinte y treinta minutos, un tiempo suficiente para que la gente descendiera al andén, estirara las piernas o se acercara al quiosco a saborear melindres y rosquillas, acompañadas de ribeiro o licor café. Ese tiempo también permitía a las hermanas Touza subir a los convoyes para ofrecer sus productos, convirtiendo la estación en un observatorio privilegiado y una fuente de información de primera mano.

Quiosco y Estación de Ribadavia. unedourense.es

Los judíos y refugiados, que solían llegar solos o en grupos muy reducidos, eran escondidos por las hermanas en el propio quiosco o en su vivienda. Más tarde, con la colaboración discreta de dos taxistas —Xosé Rocha Freijedo y Javier Míguez Fernández—, de un tonelero —Ricardo Pérez Parada, antiguo emigrante en Estados Unidos y ocasional traductor— y de un barquero, Ramón Estévez, eran trasladados en la oscuridad de la noche hasta la frontera portuguesa, esquivando tanto a las autoridades franquistas como a los agentes de la Gestapo.

La desinteresada labor de las hermanas Touza, a las cuales no movía interés político, económico o ideológico, ha sido comparada con la de Oscar Schindler, el industrial alemán que salvó la vida a más un millar de judíos. Dicha labor ha sido reconocida por Israel y gracias al Centro Peres por la Paz hay un árbol en su memoria plantado en las colinas de Jerusalén. Además, Lola, la de carácter más arrojado y organizadora de todo el entramado, ha sido propuesta para el título Justa de las Naciones, uno de los máximos reconocimientos para la comunidad judía.

El relato de Antón Patiño, Lola, Amparo e Xulia, as de Ribadavia, fue el detonante que impulsó a Emilio Ruiz Barrachina a escribir la novela histórica Estación libertad, un emotivo homenaje al sacrificio de tres mujeres que, de manera silenciosa y completamente desinteresada, hicieron posible que cientos de personas salvaran la vida. La obra constituye, además, una valiosa recopilación de testimonios e imágenes sobre un episodio de enorme relevancia histórica que permaneció oculto durante más de medio siglo.

DATOS BIBLIOGRÁFICOS

  • Autor: Emilio Ruiz Barrachina
  • Título: Estación Libertad
  • Editorial: La esfera de los libros
  • Año de publicación: 2016
  • Páginas: 211
  • Género: Novela histórica