Trash metal y glam metal ferroviarios: heavy norteamericano

De la misma forma que del heavy metal tradicional surgió, en la década de 1970, la Nueva Ola del Heavy Metal Británico, ésta fue el detonante del trash metal en la década de 1980. Y si los dos primeros géneros nacieron en Gran Bretaña, el tercero vio la luz en el área de la Bahía de San Francisco. Es como si al heavy metal le hubieran aplicado los tres principios de los Juegos Olímpicos: más rápido, más alto, más fuerte, porque se trata de un género más veloz, más agresivo y más pesado, con guitarras distorsionadas, querencia por las voces guturales y frecuentes cambios de ritmo. Su popularidad vino de la mano de los Big Four, es decir, Anthrax, Megadeth, Metallica y Slayer

Dentro de los Cuatro Grandes, Metallica es la banda de mayor influencia y éxito, tanto de público como de crítica. Incluso ha llegado a grabar junto a la Sinfónica de San Francisco, como puede apreciarse en No Leaf Clover. Se trata de un tema que reflexiona sobre la idea de que hacer las cosas “correctas”, no siempre garantiza una recompensa final y que, en ocasiones, la luz que se divisa al final del túnel resulta ser un tren de mercancías cargado de problemas, un trébol sin hojas.

Metallica – S&M (1999): “No Leaf Clover”. Discogs.com

De la expulsión del guitarrista original de Metallica, Dave Mustaine, nace Megadeth, otro exitoso cuarteto del thrash metal del Bay Area. En Train of Consequences aborda el problema de las decisiones imprudentes y de la avaricia, encarnadas en una persona deshonesta que se apropia del dinero ajeno sin consentimiento. En este sentido, el “tren de las consecuencias” representa un viaje, que puede no ser fácil de interrumpir o revertir, como consecuencia de los propios errores en la vida.

Megadeth – Youthanasia (1994): “Train of Consequences”. Discogs.com

Pero no todo el heavy metal es agresivo ni de difícil asimilación. El glam metal o hair metal —la versión más comercial del género, nacida en Los Ángeles— demostró que, con una imagen cuidadosamente trabajada de desaliño controlado, videoclips diseñados para su emisión en la poderosa MTV y baladas rock pensadas para las emisoras de FM, era posible llegar al gran público.

Paradigma de este estilo es Guns N’ Roses, responsable del que muchas personas consideran el mejor álbum debut de la historia, Appetite for Destruction, que incluye Nightrain. Esta canción alude a los efectos de un vino barato muy consumido por la banda en sus inicios, el Night Train Express, convertido en metáfora de una vida descontrolada y sin frenos, especialmente cuando se va tan “cargado” como un tren de mercancías. Debido a problemas legales con el nombre, el título fue abreviado, pasando de Night Train a Nightrain.

Guns N’ Roses – Appetite for Destruction (1987): “Nightrain”. Discogs.com

Al igual que Guns N’ Roses, Cinderella fue una banda especialmente relevante durante las décadas de 1980 y 1990. Sin embargo, la irrupción del grunge, con grupos como Nirvana —más centrados en el descontento social y la sencillez estética—, supuso un punto de inflexión en su carrera del que no logró recuperarse. Uno de sus mejores discos es el titulado Heartbreak Station, nombre que comparte con una balada rock incluida en el álbum. En ella, el protagonista se encuentra en una estación de ferrocarril, sumido en el dolor y la soledad tras una relación fallida: su chica se ha marchado llevándose consigo la última esperanza. Y es que los sueños, como los deseos, pueden desvanecerse del mismo modo que los trenes van y vienen.

Cinderella – Heartbreak Station (1990): “Heartbreak Station”. Discogs.com

El recorrido por los distintos subgéneros del heavy metal norteamericano permite comprender no solo su evolución estética y sonora, sino también su capacidad para generar discursos simbólicos complejos. Desde la intensificación técnica y agresiva del thrash metal, definido como la experiencia de ser arrollado por un tren bala, hasta la vertiente más accesible y comercial del glam metal, el género ha sabido adaptarse a contextos culturales cambiantes sin perder su identidad esencial y siempre con el uso recurrente de imágenes asociadas al ferrocarril y al viaje como elementos metafóricos.