
Junto a Velázquez, Goya y Picasso, Joaquín Sorolla y Bastida (Valencia, 1863 – Madrid, 1923), es el pintor español más apreciado en el mundo y uno de los grandes artistas del siglo XX. Conocido especialmente por sus cuadros de la España luminosa y mediterránea, que transmiten la alegría de vivir, su mirada ferroviaria incorpora también la del realismo social, que tantas ampollas levantó en su momento por reflejar aspectos desagradables presentes en la vida de las clases menos favorecidas.
Sorolla no aborda el realismo desde un punto de vista edulcorado y costumbrista, sino con una perspectiva crítica y una paleta de colores oscuros, entre los que destaca el negro, que asocia con el mal y la muerte. Algo evidente en Otra Margarita, cuadro que recibió la Medalla de Honor en la Exposición Universal de Chicago en 1883. El título alude al personaje de la novela Fausto de Goethe, que ahoga a su hijo y es encarcelada por dicho motivo. En un vagón de tercera, que transmite la idea de celda, vemos a una joven, seguramente pobre, esposada y abatida, que es custodiada por una pareja de la Guardia Civil, porque está acusada de haber cometido un infanticidio.

No menos dramática resulta Trata de blancas, porque en otro vagón de tercera una anciana de expresión dura y vestida de negro, que en realidad es una alcahueta, vigila cómo duermen, agotadas por su infortunio y ausencia de futuro, cuatro chicas vestidas como pobres campesinas, que son transportadas de un lupanar a otro, para que sigan siendo explotadas sexualmente.

De tenor totalmente distinto es Paisaje con figura, un cuadro impresionista de colores suaves que muestra a un hombre caminando sobre un carril. Dado lo inusual del camino elegido, parece lógico pensar que se trata de un ferroviario que va verificando el estado de la vía. Como la obra fue pintada entre 1889 y 1890, la inclusión del ferrocarril puede ser entendida como una referencia a la modernización española, que llegaba incluso a los pueblos.

Dos décadas después, en 1911, en el apogeo de su carrera, Sorolla firma un encargo para la Hispanic Society of America, cuyo objeto es pintar catorce murales que titula Visión de España, por lo que tiene que viajar por todo el país buscando escenas características, encargo que no puede terminar como consecuencia de la hemiplejía que sufre en 1920 y le deja inválido del lado izquierdo.
A dicho encargo pertenece Andalucía. El encierro, una obra donde se puede apreciar su estilo característico, el luminismo, es decir, la pasión por la luz, su poder y efectos cambiantes, lo que le obliga a una pincelada fluida para capturar el momento. El cuadro retrata a cinco mayorales, entre los que destacan la gallardía y temple de los dos primeros, que trasladan a unas reses bravas desde el cortijo que se ve al fondo hasta un pueblo en fiestas, en el que se van a celebrar un encierro matinal y una corrida vespertina. Uno de los momentos críticos del traslado es el cruce de un paso a nivel sin barreras en mitad del campo, porque los jinetes no saben de cuánto tiempo disponen para atravesarlo.

Sorolla, el maestro de la luz que eligió vagones oscuros y claustrofóbicos como escenario para algunos de sus cuadros de realismo social, falleció a los 60 años, tras dejar catalogadas 2.200 obras y haber alcanzado el reconocimiento de crítica y público. Al igual que Goya, sufrió mareos y dolores de cabeza en sus últimos tiempos, en los cuales pudo influir su exposición a componentes tóxicos, como el mercurio o el arsénico, presentes en tres de sus colores fetiche, el bermellón, el blanco plomo y el verde de Scheele.