1970-1986, la historia de España al compás del tren

Ana Belén. Miguel Bosé. El trenecito. Museo del Ferrocarril de Madrid on Twitter

Los años setenta fueron una sucesión de acontecimientos históricos, que comenzaron con el Proceso de Burgos contra dieciséis etarras, varios de los cuales vieron conmutada su pena de muerte por prisión, en un claro indicio de la debilidad del régimen. Esta debilidad se hizo todavía más patente con el atentado contra Carrero Blanco. En 1975 moría Franco y comenzaba la Transición. Tras el regreso de la monarquía, vinieron las elecciones democráticas de 1977 y la aprobación de la Constitución de 1978. La llegada de la década de 1980 mantuvo el ritmo, porque al fallido golpe de Estado de Tejero le siguió el regreso del último exiliado, el Guernica de Picasso -signo de reconciliación entre los dos bandos y final de la Transición-, además de la entrada de España en la OTAN.

La novedad, magnitud y el vertiginoso ritmo de los cambios era tal, que no todo el mundo fue capaz de asimilarlos. Un ejemplo lo tenemos en la eclosión del consumo de drogas. En este contexto hay que situar El tren, tema incluido en el primer disco de Leño, publicado en 1979, toda una referencia del rock urbano, en el que el tren simboliza unos ácidos azules de moda en aquellos tiempos, razón por la cual la canción dice “súbete a mi tren azul / si controlas tu viaje, serás feliz”. 

Otro cambio notorio fue la masiva incorporación de las mujeres al mercado laboral. Después de casi cuatro décadas condenadas al ostracismo y a pesar de los techos de cristal, empezaban a dirigir sus vidas, porque es sabido que la independencia económica suele propiciar la independencia sentimental. El grupo Mocedades lo dio a entender en Has perdido tu tren, canción en la que una mujer le deja claro a su pareja que ha perdido su oportunidad y que es capaz de cerrar la última página sin dejarse arrastrar por sensiblerías.

La vertiginosa transformación de la sociedad también se manifestó  en la cultura, que vivió un momento de gran intensidad creativa, de lo cual es un buen ejemplo la Movida Madrileña. El 9 de febrero de 1980, en la Escuela de Caminos de Madrid se celebró el concierto de homenaje a Canito, el baterista del grupo Tos que había muerto atropellado la Nochevieja anterior. Este acontecimiento es considerado su acto fundacional. En el recital participó Mermelada, uno de los mejores grupos de rhythm & blues que ha dado este país y el único del evento con disco en el mercado. Gracias a temas tan enérgicos como Coge el tren sabía lo que era el éxito. Su imperioso mensaje para que tomemos el tren de la 3.10, además de ser una invitación a comenzar una nueva etapa, es un guiño al western 3:10 to Yuma (El tren de las 3:10 de Delmer Davies, protagonizado por Glenn Ford y Van Heflin.

En la Escuela de Caminos también actuó Mamá, grupo madrileño que un año después publicaría su primer disco de larga duración, el cual incluía Hora punta en el Metro, una canción que es el análisis de un amor adolescente diez años después, tras un cruce casual de los protagonistas en las escaleras del Metro de Madrid.

El mismo Metro vuelve a ser el escenario elegido en Transbordo en Sol, la adaptación al castellano que Patxi Andión hizo de L’Anno Che Verrà de Lucio Dalla. La canción, escrita como una carta a un amigo, es un canto a la resistencia en tiempos de dificultad e incertidumbre, pero también una expresión de esperanza ante la llegada de días mejores.

Para la historia también quedará que, coincidiendo con el inicio de la década de 1980, desde Méjico llegó El trenecito de los Hermanos Rincón, una divertida canción infantil que fue grabada por Ana Belén y Miguel Bosé. Fue tan popular que RENFE utilizó su música como jingle de su brillante campaña publicitaria sobre los Días Azules, paradigma de los usos y costumbres de los viajes en el ferrocarril de la época.

El periodo comprendido entre 1970 y 1986 es uno de los más intensos de la historia reciente de España. Coincide también con el final de la represión franquista sobre el personal ferroviario, que duró de 1936 a 1977. Dado el valor estratégico del ferrocarril, alrededor de 83.000 trabajadores fueron depurados; de ellos, 6.800 fueron encarcelados, con penas que oscilaban entre la privación de libertad durante meses a la cadena perpetua. Alrededor de un centenar fue condenado a muerte y, un número indeterminado, fusilado, como los 59 trabajadores de la Compañía de los Ferrocarriles de Madrid a Zaragoza y Alicante (MZA), sepultados en la Fosa de los Ferroviarios del Monte Costaján, en Aranda de Duero.