Cantautores ferroviarios: belleza y armonía

Crosby, Still & Nash. Marrakesh Express. wikipedia.com

Los primeros años de la década de 1970 marcaron el momento estelar de los cantautores. Su intimismo, que surgió por oposición al rock duro imperante entre 1969 y 1972, se caracterizó por la belleza de las canciones, las voces puras, las guitarras acústicas y la armonía entre la letra y la música. Un ejemplo paradigmático fue el trío Crosby, Still & Nash, que ocasionalmente se convertiría en cuarteto con la incorporación del canadiense Neil Young. En su pegadiza y exitosa Marrakesh Express narraron sus experiencias viajeras en el mencionado tren marroquí, en un momento en el que muchos artistas occidentales comenzaban a explorar nuevos horizontes en otros continentes, singularmente en el norte de África y Asia.

Para el segundo disco de Crosby, Still & Nash, Graham Nash aportó la bellísima Our House, canción dedicada a la que fue su pareja durante un tiempo, la cantautora canadiense Joni Mitchell, considerada la más brillante de su generación. Logró su primer gran éxito comercial en 1974 con Court and Spark, su trabajo más vendido. Se trata de un disco conceptual  sobre las relaciones humanas y la honestidad emocional, que incluye Just Like This Train, una canción de desamor ambientada en un contexto ferroviario, con versos tan desgarradores como «Solía contar amantes como vagones de tren«, que puede tener un matiz autobiográfico. Es sabido que, junto a su fama de artista audaz, culta e independiente, siempre le ha perseguido la etiqueta de ‘devorahombres’, algo de lo que siempre se ha quejado, especialmente por el diferente doble rasero aplicado a ella y a Picasso: «De la misma forma que sus mujeres marcaron sus diferentes etapas, yo me emparejo con hombres, generalmente músicos, que amplían mis horizontes creativos. ¿Qué hay de malo?»

El desamor también es el motivo central de My Opening Farewell, de Jackson Brown. El tema, grabado en un estudio del sello discográfico Elektra en el norte de California, se vio influenciado por el paso constante de trenes cercanos. Su letra describe el doloroso momento en que se descubre que la persona amada desea estar en cualquier otro lugar, porque quiere irse y seguir adelante. De ahí la imagen elocuente: «Hay un tren todos los días, yendo en cualquier dirección».

Otro ejemplo de sensibilidad, belleza y voces cristalinas lo ofrece el dúo Simon and Garfunkel. Su celebérrima  Homeward Bound relata la espera solitaria de un músico que aguarda la llegada del tren que le llevará a su próximo destino durante una gira, y su anhelo de regresar al hogar. Todo indica que el tema fue compuesto por Paul Simon en las estaciones británicas de Ditton y Widnes, aunque solo esta última exhibe una placa conmemorativa. 

La misma sensibilidad caracteriza a James Taylor, artista bostoniano que ha ayudado a elevar a los cantautores a lo más alto de la música popular. Sus canciones mezclan reflexiones, confesiones y tristezas en un tono íntimo y sereno. En Riding On A Railroad nos invita a escuchar la voz interior y a salirse de las vías férreas trazadas, a perder el control y dejarse llevar por los sentimientos y emociones; en definitiva, a vivir de forma más auténtica.

Así como muchos artistas folk electrificaron su sonido, algunos cantautores adoptaron una producción más elaborada sin renunciar a la profundidad de sus letras. Es el caso del siciliano Franco Battiato, un artista de  amplias miras musicales que combinó melodías envolventes con letras crípticas y poéticas. En Los trenes de Tozeur nos traslada también al norte de África para expresar su deseo de vivir a un ritmo diferente, más lento, como el de los trenes tunecinos del desierto, como los nómadas que buscan los ángulos de la tranquilidad.

Con sus canciones introspectivas y confesionales, en las que a menudo desnudan el alma y lo revelan todo, los cantautores han enriquecido  la dimensión poética de la música que toma al ferrocarril como fuente de inspiración cultural, emocional o simbólica.