Country ferroviario: carácter americano

Johnny Cash. Come Along and Ride This Train. Discogs.com

Inicialmente  asociado a los ambientes rurales, proletarios y blancos de los Estados Sureños, el country es un estilo musical heredero de la música europea. Los diferentes ritmos y melodías que llevaron consigo los emigrantes, al fusionarse, dieron lugar a un estilo homogéneo, en el que el ferrocarril desempeñó un papel decisivo en su constitución y expansión. Se popularizó en la década de 1930 y en la década de 1940 comenzó a interactuar con el blues y el góspel, hasta dar origen, una  década después, al rock and roll.

Si el blues nació en una estación, al country le cabe el honor de tener como figura fundacional al guardafrenos Jimmie Rodgers, a quien el Country Music Hall of Fame se refiere como «el hombre con el que comenzó todo”. Su repertorio incluye numerosas canciones sobre el ferrocarril, muchas de ellas de carácter autobiográfico, entre las que destaca Waiting for a Train. La canción cuenta la historia de un “hobo” (trabajador temporal o vagabundo que suele viajar sin autorización en trenes de mercancías), que al ser expulsado de un tren en su camino hacia Frisco, reflexiona sobre su vida mientras espera otro.

Otra referencia inevitable de la música country es Johnny Cash, quien en la década de 1960 ofreció su versión de Casey Jones, un clásico de 1902. La canción versa sobre el maquinista del Ferrocarril Central de Illinois, elevado a héroe por su valentía durante un choque en la estación de Vaughan el 30 de abril de 1900. Jones trataba de recuperar el retraso con el que circulaba el Cannonball Expres, era de noche, había niebla e incomprensiblemente entró en una vía ocupada por un tren de mercancías. Intuyendo el peligro, logró salvar la vida de todos los pasajeros, también la de su fogonero, Sim Webb, pero pereció en el acto.

Hasta la llegada de los westerns crepusculares y de películas como Brokeback Mountain, los cowboys solían ser de una pieza, pura testosterona, como los protagonistas de Desperados Waiting for a Train, composición en la que se cuenta la historia de un discípulo que repasa la vida de su viejo amigo y mentor que acaba de morir. La versión aquí elegida es la de la banda Highwaymen, compuesta por Johnny Cash, Waylon Jennings, Kris Kristofferson y Willie Nelson, cuya imagen está muy en línea con la de los cowboys clásicos, de ahí su militancia en el “Movimiento Outlaw” (los fuera de la ley), por su oposición al sonido Nashville, demasiado suave y pop para su concepción.

Seguramente para el «Movimiento Otutlaw» el grupo Eagles no sea su mejor embajador. Abanderado del country-rock californiano, ha logrado mantener una presencia constante gracias a discos tan emblemáticos como Their Greatest Hits (1971-1975), uno de los más vendidos de la historia, o su celebérrimo Hotel California. Esta banda destaca por sus magníficos compositores, cantantes e instrumentistas que, con anterioridad a las guerras de egos y cambios en la formación, grabó This Train Leaves Here This Morning, una reflexión sobre una relación de pareja que aspiraba a ser para toda la vida, pero que terminó en divorcio.  

Pero el country no se limita solo a EE. UU., como demuestra el grupo canadiense The Band. Registró excelentes discos, con canciones tan significativas como The Night They Drove Old Dixie Down (La noche en la que los Estados Sureños fueron derrotados). En ella relata los últimos días de la Guerra Civil Americana a través de la rabia y el dolor de Virgil Caine, un soldado de los Estados del Sur que servía en el Richmond-Danville Railroad. Este ferrocarril, estratégico para los Estados Confederados, era regularmente atacado por los Estados de la Unión, porque unía su capital, Richmond, con Danville y otros Estados del Sur, y facilitaba suministro de personas y materiales para el frente.

Un siglo después de su nacimiento, el country está considerado uno de los estilos más relevantes de la música popular contemporánea de Occidente, algo de lo que puede enorgullecerse el ferrocarril, porque al igual que en el caso del blues y del jazz, contribuyó, como medio de transporte, a su propagación y, con su temática, a su configuración.

El legado ferroviario de Bob Dylan

Bob Dylan. http://www.flaggingdown.com

Definir la obra de Bob Dylan es una tarea titánica y no exenta de riesgos, pero afirmar que su música es «Americana» –una amalgama que surge de la fusión de folk, country, blues, rhythm and blues y rock and roll, entre otros géneros- parece razonable. Su obra está repleta de influencias y referencias, que van desde Woody Guthrie hasta los textos bíblicos, pasando por los simbolistas franceses, la Generación Beat, los clásicos del blues e incluso Frank Sinatra. Es la obra de un artista que lleva más de cinco décadas reinventándose.

Como la radio, los trenes y las campanas formaron la banda sonora de su adolescencia, no es extraño que en su primer disco figure Freight Train Blues (Tren de mercancías), un tema que parece tener tintes autobiográficos, aunque en realidad lo había compuesto John Laird, inspirado en un viaje que había realizado en su juventud en un tren rumbo al sur de los Estados Unidos.

Freight Train Blues. Bob Dylan, 1962. Discogs.com

En 1963, el que sería considerado el guía espiritual de la canción protesta, graba Train A-Travelin’ (Tren en marcha), donde el tren del título es una metáfora del racismo. La pista la proporciona la última estrofa de la canción, que remite a los hechos ocurridos en Anniston, Alabama, el 14 de mayo de 1961, cuando militantes del Ku Klux Klan incendiaron un autobús con un grupo de «Viajeros de la libertad» (Freedom Riders). A pesar de que en 1947 el Tribunal Supremo había declarado inconstitucional la segregación racial en los autobuses de rutas interestatales, y de que desde entonces las organizaciones proderechos civiles promovían los viajes de la libertad, la iniciativa no cobró gran relevancia hasta que se difundió la imagen del autobús calcinado.

Train A-Travelin’. Broadside Show & Sessions, 1989. Discogs.com

A mediados de la década de 1960, Dylan, que gozaba de gran admiración en los círculos folk, toma una decisión que genera una gran controversia: electrificar su sonido. Su giro hacia el rock es percibido como una traición por muchos puristas, hasta el punto de que, durante un recital en el Free Trade Hall de Manchester en 1966, le gritan «¡Judas!» Sin embargo, el cambio queda marcado por el lanzamiento de Highway 61 Revisited, un disco que es considerado unánimemente como una de sus obras más destacadas.

El álbum incluye It Takes a Lot to Laugh, It Takes a Train to Cry (Se necesita mucho para reír, basta un tren para llorar), un blues melancólico al estilo de Luisiana, con un característico piano honky-tonk. Aunque inicialmente iba a titularse Phantom Engineer (Maquinista Fantasma), tal vez por sus numerosas referencias a trenes correo, dobles tracciones e incluso a un guardafrenos (lo que podría ser un guiño a Jimmy Rodgers, «The Singing Brakeman»), la canción puede ser entendida como una reflexión sobre el amor, las oportunidades perdidas y la búsqueda de significado en el viaje de la vida.

It Takes a Lot to Laugh, It Takes a Train to Cry. Highway 61 Revisited, 1965. Discogs.com

Seguramente por su experiencia como «hobo» –vagabundo o trabajador temporal que recorre Estados Unidos sin billete, viajando en trenes de mercancías, símbolo de libertad y rechazo a las convenciones–, en al menos tres canciones se refiere a ellos. La primera es Only a Hobo (Solo un vagabundo); la segunda, Walkin’ Down the Line (Siguiendo mi camino), un estándar del country que, en la voz de Arlo Guthrie, se convirtió en uno de los himnos del Festival de Woodstock de 1969; y la tercera, I Am a Lonesome Hobo (Soy un vagabundo solitario), un blues eléctrico compuesto por tres estrofas muy diferenciadas: en la primera, hace inventario de sus delitos; en la segunda, remite a la historia bíblica de Caín y Abel; y en la tercera, recomienda vivir según los propios códigos.

I Am a Lonesome Hobo. John Wesley Harding, 1968. Discogs.com

La polémica, algo habitual en su carrera, resurgió con renovados bríos tras su conversión al cristianismo y los tres discos consecutivos que grabó por dicha razón. El primero de los cuales es Slow Train Coming, cuya portada muestra a un ferroviario sosteniendo un pico que parece una cruz. En su listado de canciones aparece Slow Train, otra canción protesta que, en este caso critica, entre otros aspectos, la explotación de América y el liberalismo económico sin fronteras, representado por hombres de negocios sin escrúpulos. En este contexto, el tren que avanza lentamente puede interpretarse como el inevitable ajuste de cuentas que se aproxima.

Slow Train. Slow Train Coming, 1979. Discogs.com

Dada la reticencia de Dylan a explicarse, los exégetas han jugado un papel fundamental en el análisis de su obra, aunque no siempre se han puesto de acuerdo, como sucede con Duquesne Whistle (El silbato del Duquesne). Para unos, la canción hace referencia al tornado que azotó Duquesne, Missouri, en mayo de 2011; para otros, al tren que pasa por Du Quoin, Illinois, cuya pronunciación es similar a Duquesne, en la línea de Chicago a Nueva Orleans. Se trata de una canción con mucho swing en la que Dylan realiza un viaje introspectivo y evoca su juventud en el Medio Oeste.

Duquesne Whistle. Tempest, 2012. Discogs.com

El 13 de octubre de 2016, a la edad de 75 años, Robert Allen Zimmerman, nacido en Duluth, Minnesota, fue galardonado, no sin controversia, con el Premio Nobel de Literatura, ante el escepticismo de aquellas personas que consideran inapropiado que un cantante reciba tal galardón. Las mismas que parecen olvidar que la música y la poesía siempre han estado unidas; de hecho, la palabra «lírica» proviene del nombre de un instrumento, la lira. Por tanto, bienvenido sea el máximo galardón literario para quien, con su enorme creatividad, sensibilidad ferroviaria y constante reinvención artística, sigue demostrando que son buenos tiempos para la lírica.