Rock adulto ferroviario: AOR adictivo

De amplia difusión en las emisoras de FM estadounidenses, el rock orientado al público adulto (AOR, por sus siglas en inglés) se presenta como un género concebido para oyentes poco proclives al riesgo, en el que la balada rock, con estribillos irresistibles y una producción exquisitamente cuidada, reina como auténtica protagonista. Suele estar compuesto e interpretado por músicos de impecable solvencia profesional —artistas que rara vez ocupan portadas—, y resulta ideal para las deslumbrantes giras por grandes estadios.

Aunque los Doobie Brothers (los Hermanos Canuto, en el argot californiano), comenzaron siendo una banda con cierta querencia por el rock sureño, lo cierto es que su discografía transita por el rock, el rhythm blues, el soul y, especialmente en la segunda mitad de la década de 1970, el AOR. De la primera época destaca Long Train Runnin’, una canción impulsada por una guitarra de acento funky en la que se repite la pregunta retórica, «sin amor,  ¿dónde estarías ahora?», que sugiere que el amor es esencial para superar las adversidades de la vida, de la misma forma que el movimiento lo es para que los trenes cumplan su función.

The Doobie Brothers: Long Train Runnin’. The Captain and Me, 1973. Discogs.com

De un espectro estilístico casi tan variado como los Doobie Brothers es Styx, grupo de Chicago cuyo sonido se ha movido con soltura entre el hard rock, el rock progresivo y el AOR. En 1979, logró su único número uno con la balada Babe, una sentida declaración de amor de su teclista, Dennis  DeYoung, a su esposa momentos antes de subirse a un tren. En ella expresa, sin ambages, lo que siente, lo que ella representa para él y cómo se va a sentir en la distancia.   

Styx: Babe. Cornerstone, 1979. Discogs.com

Dos años después, en 1981, el AOR vivió uno de sus momentos culminantes, porque cuatro de las bandas de referencia, Foreigner, Journey, Reo Speedwagon y Toto, publicaron algunos de sus mejores discos de su trayectoria. En concreto, Journey, banda de San Francisco formada por exmiembros de relevantes grupos, editó Escape, álbum que incluye uno de los himnos del estilo, Don’t Stop Believin’. La canción, verdadero canto a la fe en uno mismo y al esfuerzo -encarnado por una chica de pueblo y un chico de ciudad que se encuentran en un tren de medianoche rumbo a cualquier destino en busca de un futuro mejor-, ha transcendido generaciones. La pandemia de coronavirus demostró la vigencia de su mensaje cuando numerosos hospitales estadounidenses la adoptaron como himno de resistencia y esperanza cuarenta años después de su lanzamiento.

Journey: Don’t Stop Believin’. Escape, 1981. Discogs.com

Si todas las bandas anteriores llegaron al AOR como consecuencia de su evolución artística, Toto se erigió en la quintaesencia del estilo desde su primer disco publicado en 1978,  que incluye su éxito, Hold on the Line. Formada en Los Ángeles por músicos de sesión, los mismos que dan lustre a las grabaciones o arropan en estudio a otros artistas, en 1992 endureció su sonido y lanzó el disco Kingdom of Desire, que abre con el potente Gypsy Train, el tren gitano lleno de gente brillante y feliz, donde la satisfacción está garantizada, porque los placeres están al alcance de la mano.

Toto: Gypsy Train. Kingdom of Desire, 1992. Discogs.com

Denostado por los críticos, por considerar que es un estilo que trata la música como un producto de consumo para las radiofórmulas, uniforme y sin aristas, el AOR alcanzó su punto culminante en 1983, cuando el LP era el rey y sus campañas de lanzamiento se realizaban con precisión militar. Si bien es cierto que como en todos los estilos se publicaron muchas trivialidades, es de justicia reconocer que hubo grandes obras trufadas de canciones adictivas. Con el ferrocarril como leitmotiv, algunas de dichas canciones alcanzaron el número uno (Babe), siguen de rabiosa actualidad (Don’t Stop Believin’), o conocen nuevas versiones y remezclas periódicamente (Long Train Runnin’). Y aunque el videoclip no mató a la estrella de la radio, la fuerza con la que irrumpió la cadena estadounidense de televisión MTV a mediados de la década de 1980 cambió por completo el panorama musical americano y restó mucha fuerza a las FM.