Rock ferroviario británico: poderío insular

Por mor del Stockton & Darlington Railway, inaugurado en el noreste de Inglaterra en 1825, sobre un ancho de 1.435 milímetros y pionero en el uso del vapor desde sus inicios, los británicos son considerados los padres del ferrocarril moderno. Aunque en sus primeros años estuvo destinado al transporte de mercancías, en 1833 comenzó a transportar viajeros. Dada la trascendencia del ferrocarril en la historia de la humanidad, parecía inevitable que los artistas en general, y los británicos en particular, lo incorporaran a sus obras.

Un claro ejemplo de esta incorporación lo encontramos en la banda londinense Dire Straits, cuya primera grabación fue un boogie rock titulado Eastbound Train. Una oda a una mujer anónima que Mark Knopfler solía ver en la estación de New Cross y cuyos trayectos en tren eran parcialmente coincidentes. 

Dire Straits. Eastbound Train. Discogs.com

De Londres es también el grupo Status Quo, abanderado de un boogie rock de energía contagiosa y letras directas que invitan a la audiencia a participar y sentirse identificada. Esto ha contribuido a que más de cien de sus canciones hayan entrado en las listas de éxitos británicas, como la icónica Whatever You Want, un tema sobre la libertad de elección y autonomía de personal, cuyo estribillo incluye la posibilidad de llevar a una persona de nuevo a casa en el tren de medianoche.

Status Quo. Whatever You Want. Discogs.com

Continuamos en la capital inglesa, porque de allí procede Madness, banda cuyas señas de identidad son el ska y la diversión. Sin embargo, en sus canciones no ha dudado en abordar cuestiones profundas, como el apartheid en Sudáfrica, tal como se puede comprobar en (Waiting for) The Ghost Train, en la que el tren que debería acabar con la segregación racial nunca llega.

Madness. (Waiting for) The Ghost Train. Discogs.com

Dejamos Inglaterra y nos acercamos a Escocia, donde Sheena Easton narra en Morning Train (Nine To Five), la relación de una pareja en la que, mientras él acude en tren a trabajar de 9 a 5, ella espera en casa su regreso para salir a divertirse. La canción vino acompañada de un videoclip, que era un auténtico tratado de cultura ferroviaria, rodado en el Bluebell Railway, ferrocarril inmortalizado, entre otros, en la premiada serie televisiva Downton Abbey o en la portada del disco Tumbleweed Connection, de Elton John.

Sheena Easton. Morning Train (Nine to Five). Discogs.com.

Continuamos en Escocia, y más específicamente en Edimburgo, ciudad natal del grupo The Waterboys, que alcanzó la gloria con Fisherman’s Blues, un disco que fusiona música irlandesa y rock. En el corte que da título al disco, el protagonismo lo comparten un pescador que se aleja mar adentro y el guardafreno de un tren fuera de control, dos personajes que representan la huida de la complejidad de la vida moderna, para buscar una existencia más tranquila en actividades tradicionales.

The Waterboys. Fisherman’s Blues. Discogs.com

De la mano del inconmensurable Tom Jones nos adentramos en Gales, la tierra del artista que afirma que todo el mundo ama a un tren (Every Body Loves a Train), y que en Green Green Grass of Home nos relata la aspiración de una persona que está en prisión, en la que solo espera la muerte, pero que sueña con regresar a su hogar en tren para encontrarse con su sus padres y la bella Mary.

Tom Jones. Green Green Grass of Home. Discogs.com

Finalizamos este breve recorrido por el pop y el rock de inspiración ferroviaria  de artistas de Gran Bretaña con la banda anglo-irlandesa de folk-punk The Pogues, la  cual rindió homenaje a los pioneros, a los primeros ferroviarios, en Navigator, una canción cuyo contenido es similar a Driving the Last Spike, de Genesis, y que ilustra cómo trabajaban y vivían tan esforzados trabajadores.

The Pogues. Rum Sodomy and The Lash. Discogs.com

Casi dos siglos después, en el país que inventó el ferrocarril tal como lo conocemos en la actualidad, seguimos verificando una y otra vez cómo su hechizo sigue presente en su música, cine, fotografía, literatura…, en la enésima confirmación del apego británico a su cultura, historia y valores.

Rock progresivo ferroviario: grandiosidad artística

Rush. 2112. YouTube.com

Cuando el ingeniero inglés Isambard Kingdom Brunel creó la línea de ferrocarril Great Western, difícilmente podía imaginar que, 120 años después de su inauguración, una de sus infraestructuras, la estación término de Paddington, aparecería en uno de los discos de referencia del rock progresivo: Crime of the Century de la banda británica Supertramp.

En 1974, Supertramp atravesaba un periodo convulso; sus dos primeros discos habían fracasado y su mecenas había puesto fin al patrocinio. Lejos de amilanarse, los dos miembros fundadores reformaron el grupo y editaron Crime of the Century (El crimen del siglo), que les granjeó el reconocimiento de crítica y público. Visto en perspectiva, es como si se hubieran aplicado la famosa sentencia de Guerra y paz en la que Leon Tolstoi afirma «Todo llega cuando tiene que llegar para quien sabe esperar«. Dicha frase también aparece en un verso de la canción Rudy, en la que se escucha la megafonía de la estación de Paddington. La canción narra la historia de un hombre escéptico y desilusionado que no está seguro de haber adoptado las decisiones correctas en su vida, y viaja en un tren con destino a ninguna parte.

Indagar en los orígenes del rock progresivo nos lleva a Pink Floyd, una banda pionera de rock espacial que actuó en la inauguración del mítico The Roundhouse, un antiguo depósito ferroviario londinense convertido en recinto para conciertos y espectáculos. En 1975, publicaba Wish You Were Here (Ojalá estuvieras aquí), dedicada a su miembro fundador Syd Barret. El disco incluye una despiadada crítica a la industria discográfica, personalizada en el hipócrita y avaricioso ejecutivo de Have a Cigar (Fuma un cigarro), en cuyo estribillo podemos oír el modismo americano “riding the gravy train”, que alude a la habilidad para ganar mucho dinero con la mínima inversión de esfuerzo, tiempo o recursos.

Otro grupo que ha coqueteado con el rock espacial es Tangerine Dream, la influyente banda alemana con más de 50 años de carrera artística y más de 70 discos en el mercado. Sus grabaciones abarcan también ambient, new age y, como pioneros en el uso de sintetizadores, música electrónica. Un ejemplo notable es el hipnótico instrumental Love on a Real Train, compuesto para la banda sonora de la película Risky Business.

El rock progresivo, además de inspirarse en el rock espacial, bebe de muchas fuentes, como demuestra, con su mezcla de rock, folk, blues y jazz, Jethro Tull, el grupo escocés que en 1971 editaba su disco más celebrado, Aqualung, que incorpora una de sus composiciones más representativas, Locomotive Breath (El aliento de la locomotora). En ella, su protagonista, Charlie, un hombre al borde del suicidio que reprocha a Dios su suerte, es comparado con una locomotora sin frenos, porque su esposa le engaña con su mejor amigo y sus hijos le han abandonado.

Más ejemplos de la diversidad del rock progresivo los encontramos en el grupo canadiense Rush, que alcanzó la fama al fusionarlo con el rock duro. En su disco 2112, publicado en 1976, aparece A Passage to Bangkok, que habla de algunos de los lugares más famosos del mundo por el cultivo de drogas, de ahí la necesidad de un billete a Bangkok en el Thailand Express.  

Aunque el rock progresivo vivió su momento de gloria entre 1970 y 1975, en 1991 Genesis seguía incluyendo en sus discos composiciones memorables como Driving the Last Spike. Esta canción, que toma su título del acto ceremonioso de colocar el último tirafondo que ponía fin a la construcción de una infraestructura ferroviaria, es un ejemplo del altísimo coste humano que supuso la construcción de los primeros ferrocarriles británicos y las penosas condiciones en las que trabajaban los “navvies”, los zapadores de pico y pala.

El rock progresivo nació como un intento de dotar al rock mayor calidad artística, razón por la cual las bandas, generalmente integradas por brillantes instrumentistas de sólida formación musical, optaron por la experimentación a través de largos y complejos desarrollos instrumentales. Dado que las composiciones resultantes superaban ampliamente los tres minutos de rigor, hasta el extremo de que muchas eran auténticas suites, el LP desplazó al single. Y aunque en muchas ocasiones fijó su atención en enrevesadas historias de ciencia ficción, mundos fantásticos o leyendas medievales, el ferrocarril también logró hacerse un hueco.