
Un análisis medianamente riguroso del impacto del ferrocarril en la música popular contemporánea exige una aproximación a las aportaciones de los artistas folk. Este género, que vivió su época dorada gracias al «revival» de las décadas de 1950 y 1960, tuvo en la lucha por los derechos civiles de la población negra de los Estados Unidos de América y contra la intervención en la guerra de Vietnam sus principales banderas. Sin embargo, la llegada de los hippies más preocupados por el pacifismo y las flores, el amor y las drogas, les relegó a un segundo plano.
El «folk revival» sacó del anomimato a artistas tan relevantes como Elizabeth «Libba» Cotten, una cantante y guitarrista zurda nacida en Carolina del Norte en 1895, quien, con 11 años, compuso Freight Train, Freight Train inspirada en los trenes de mercancías que veía desde su casa cuando se detenían en la estación de Carrboro. Su importancia en la historia de la música es tal que su forma de tocar la guitarra ha sido bautizada como “Cotten picking” y gracias a un feliz encuentro con la familia de Pete Seeger, su vida musical dio un cambio radical hasta el extremo que sus composiciones comenzaron a ser grabadas a finales de la década de 1950 y en 1984 recibió un Grammy en reconocimiento a su legado.
Nacido en el seno de una familia con gran tradición musical, Pete Seeger es el modelo de artista de canción protesta. Ha grabado un sinfín de canciones propias y ajenas. Entre las de tenor ferroviario cabe señalar “John Henry”, el esclavo negro dotado de un físico excepcional, que desafió a la máquina y venció al precio de perecer en el intento. La leyenda dice que Henry trabajó en la instalación de vías en túneles y protagonizó un duelo contra un martillo a vapor para demostrar que con su martillo convencional podía colocar mayor número de clavos en las traviesas. Su hazaña, objeto de diferentes interpretaciones, suele ser considerada como una alegoría del ser humano contra la máquina, también el ejercicio de liderazgo de una persona que lucha por mantener el empleo que la máquina quiere eliminar y, por extensión, los derechos de los trabajadores.
Otra figura estelar de la música folk americana de la década de 1960 es Joan Báez, ejemplo de cantante comprometida. Una muestra de dicho compromiso es “Railroad Bill”, canción inspirada en una persona afroamericana que causó estragos en la línea férrea de Louiseville a Nashville a finales del siglo XIX, una suerte de Robin Hood abatido el 7 de marzo de 1896. Cuando su cadáver fue expuesto al público en Brewton (Alabama), fue identificado como Morris Slater. Denostado por los supremacistas blancos, ensalzado por la comunidad negra, Railroad Bill fue un símbolo de la división racial y económica en el sur después de la Reconstrucción.
La pasión anglosajona por documentar y analizar su pasado también se pone de manifiesto en “Canadian Railroad Trilogy”, una canción solicitada expresamente a Gordon Lightfoot con motivo del primer centenario de Canadá (1867-1967). Para su grabación, Lightfoot se desplazó a Nashville, la capital del country, y el resultado fue una de las composiciones más emblemáticas sobre el ferrocarril. En poco más de seis minutos nos cuenta la construcción del Canadian Pacific Railway, la línea que une el Atlántico con el Pacífico, y cómo trabajaban y vivían las personas que lo hicieron posible, los “navvies”.
La tragedia cede el paso al lamento y la vergüenza en “500 Miles”, también conocida como “500 Miles Away From Home” o “Railroader’s Lament”, donde un ferroviario describe la impresión que le produce estar a 500 millas de casa sin dinero y lo que significa regresar en tales circunstancias. Entre las numerosas versiones que existen de la canción, destaca la de Peter, Paul & Mary, trío que logró grandes éxitos con sus exquisitas versiones arropadas por sus bellas armonías vocales.
Con sus canciones basadas o inspiradas en el ferrocarril, los artistas folk no solo trasmiten sus reflexiones sobre su manera de ver e interpretar el mundo, sino que también contribuyen a consolidar la “railway music”, una categoría recogida en el Diccionario Oxford de la Música. Su obra certifica así la profunda huella que el ferrocarril ha dejado en la música popular contemporánea.