El legado ferroviario de Elton John

Para conmemorar las bodas de oro del disco Tumbleweed Connection, el Bluebell Railway anunció que había restaurado Sheffield Park, la estación victoriana construida en 1882 por el London Brighton and South Coast Railway, en Sussex, a unos 50 km de Londres. En esta estación, el fotógrafo Ian Digby Ovens capturó, en una imagen de tonos sepia, al letrista Bernie Taupin, de pie a la izquierda, y a Elton John, sentado a la derecha, en lo que sería la contraportada y portada, respectivamente, de un álbum inspirado en lo que estilísticamente se define como “Americana”, una amalgama de country, blues, rhythm and blues, góspel y rock and roll, que siempre ha atraído a ambos músicos.

Tumbleweed Connection (1970). weareclassicsrockers.com

Se suele afirmar que la época clásica de Elton John es la comprendida entre 1970 y 1976, en la que publica la asombrosa cantidad de 10 discos de estudio, de los cuales 6 alcanzan el número 1 en EE. UU. A dicha época corresponde Goodbye Yellow Brick Road, trabajo que toma su título del camino que Dorothy y sus amigos recorren en la película El mago de Oz para alcanzar la Ciudad Esmeralda. Con este álbum pretende llegar a todos los públicos y a buena fe que lo consigue gracias a su calidad y variedad estilística. Un buen ejemplo es Saturday Night’s Alright (For Fighting) un rock and roll clásico inspirado en las vigoréxicas peleas a puñetazos que Bernie Taupin veía siendo adolescente en un pub local de Market Rasen, en la que tanta energía tiene su traslación en el tren diésel que transita por el estribillo.

Saturday Night’s Alright (For Fighting) (1973): «Goodbye Yellow Brick Road». Discogs.com

Si Goodbye Yellow Brick Road representa el éxito comercial, Captain Fantastic and the Dirty Brown Cowboy, en el que el cantante, compositor y pianista es el «captain« y el letrista el «cowboy«, supone la cumbre de su colaboración artística. Con una carátula que es un homenaje al cuadro El Jardín de las delicias de El Bosco, se trata de un disco autobiográfico en el que Elton John le declara su amor a su pequeño hermano del alma, Bernie Taupin, en We All Fall in Love Sometimes. Una canción en la cual la lluvia cae monótonamente sobre los adormilados trenes de metro, lo cual sugiere cansancio y rutina, pero el mensaje que subyace es que amar merece la pena, porque todos nos enamoramos alguna vez.

Captain Fantastic and the Dirty Brown Cowboy (1975): «We All Fall in Love Sometimes». Discogs.com

Superada la etapa clásica, Elton John, con frecuencia apoyado por Bernie Taupin, sigue publicando discos con periodicidad casi anual. Si bien en la década de 1970 es un artista de álbumes, en la década de 1980 destaca más por sus grandes singles, como Passengers, composición que aborda la situación de las personas marginadas o rechazadas, a quienes se les niega la oportunidad de subir al tren de la vida. Y dado que la canción esta basada en una melodía folclórica sudafricana, puede interpretarse también como una crítica al apartheid.

Breaking Hearts (1984): «Passengers» Discogs.com

En la década de 1990, mantiene su ritmo constante de publicación, aunque con una frecuencia más relajada. Uno de los discos más destacados es The One, cuyo diseño de portada corresponde a Gianni Versace. Entre sus canciones incluye Runaway Train, interpretada junto a Eric Clapton. El tren sin control al que alude el título es el reflejo de la vida de dos artistas que en algunos momentos estuvieron dominados por sus adicciones al alcohol y las drogas.  

The One (1992): «Runaway Train». Discogs.com

El nuevo siglo parece revitalizarlo y publica toda una serie de grandes discos, como el excelente Songs from The West Coast, que le hace merecedor de excelentes críticas y ventas. En él destacan composiciones como This Train Don’t Stop There Anymore, sobre un artista desilusionado que, habiendo sido como la caldera de una locomotora de vapor, todo pasión, reconoce ahora que es incapaz de sentir lo que expresó en sus canciones. 

Songs from the West Coast (2001): «This Train Don’t Stop There Anymore». Discogs.com

Reginald Kenneth Dwight, conocido artísticamente como Elton John, en honor al saxofonista Elton Dean y al vocalista Long John Baldry, y el letrista Bernie Taupin han salpicado de referencias ferroviarias unas veinte composiciones, lo que da idea de la importancia del ferrocarril para una de las parejas artísticas más exitosas de la historia de la música. Algo que también queda patente en algunas carátulas de sus discos, como es el caso del mencionado Tumbleweed Connection o del Peachtree Road, trabajo ilustrado con una fotografía tomada por la directora de cine Sam Taylor-Wood de una vía en los suburbios de Atlanta.

Peachtree Road (2004). wikipedia.org

Jazz-rock ferroviario: vibrante fusión

A finales de la década de 1960, el jazz —el género musical que quizá mejor ha sabido interiorizar los sonidos del ferrocarril— se fundió con el rock y el funk. De ese encuentro surgió un estilo nuevo y deslumbrante, terreno propicio para el virtuosismo de músicos superdotados que, apoyados en instrumentos eléctricos y electrónicos, dieron forma a composiciones complejas, ricas en filigranas técnicas y amplios espacios para la improvisación. Sin embargo, cuando el exhibicionismo instrumental y cierta tendencia megalómana comenzaron a eclipsar la frescura creativa, en la década siguiente emergió una vertiente más accesible y orientada al gran público: la llamada fusión, que suavizó las aristas del género sin renunciar del todo a su complejidad sonora.

Entre los representantes más destacados de esta vertiente se encuentra el violinista francés Jean-Luc Ponty. Maestro indiscutible del violín eléctrico, Ponty ha sabido ampliar el vocabulario del instrumento mediante recursos electrónicos y una imaginación melódica inconfundible. Su huella es profunda tanto en su carrera en solitario como en sus colaboraciones con figuras del rock —Elton John, Frank Zappa— y del jazz-rock —Mahavishnu Orchestra, Return To Forever—. En su prolífica discografía brilla Trans-Love Express, un vibrante instrumental que evoca un viaje ferroviario convertido en metáfora espiritual, fiel reflejo de un músico fascinado por el misticismo, los periplos imaginarios y los mensajes cósmicos.

Jean-Luc Ponty – Enigmatic Ocean (1977): «Trans-Love Express». Discogs.com

Otra referencia europea imprescindible es la banda de Canterbury Soft Machine, formación clave aunque de repercusión comercial más discreta que su influencia artística. En 1975 publica Bundles, disco que incluye la delicada pieza instrumental The Man Who Waved at Trains (El hombre que saludaba a los trenes). El título remite a la novela de Georges Simenon L’Homme qui regardait passer les trains, y en apenas dos minutos condensa la sensibilidad experimental y la elegancia melódica de un grupo fundamental para entender la evolución del jazz-rock británico.

Soft Machine – Bundles (1975): «The Man Who Waved at Trains». Discogs.com

Si Soft Machine toma su nombre de la célebre novela de William S. Burroughs, el cuarteto neoyorquino The Manhattan Transfer hace lo propio con otra obra emblemática de John Dos Passos. Especializado en armonías vocales, sus integrantes han reivindicado siempre su vocación ecléctica, aunque sienten predilección por poner letra —o voz— a grandes instrumentales del jazz. Uno de sus temas más emblemáticos es Tuxedo Junction, que se abre con una sugerente imitación vocal del sonido de un tren. El título alude al intercambiador ferroviario de Tuxedo, en Birmingham (Alabama), antiguo núcleo de ocio y baile donde, curiosamente, había una tienda de alquiler de esmóquines (tuxedos, en inglés americano), detalle que terminó dando nombre al lugar y a la canción.

The Manhattan Transfer – The Manhattan Transfer (1975): «Tuxedo Junction». Discogs.com

Si hay un músico que ha sabido integrar el jazz con otros lenguajes sin perder exigencia ni calidez, ese es el guitarrista estadounidense Pat Metheny. Su capacidad para fundir lirismo, virtuosismo y apertura estilística se manifiesta de manera ejemplar en Still Life (Talking), donde figura la electrizante Last Train Home (Último tren a casa). En esta pieza, la cadencia del tren —evocada rítmicamente— se entrelaza con aires brasileños, generando una atmósfera de viaje y nostalgia. La composición parece condensar la vida itinerante de un músico capaz de ofrecer hasta 240 conciertos al año.

Pat Metheny Group – Still Life (Talking) (1987): «Last Train Home». Discogs.com

Los especialistas suelen señalar Bitches Brew, el álbum que Miles Davis publicó en 1970, como la verdadera puesta de largo del jazz-rock y el antecedente directo de la fusión. Polémico y revolucionario, el disco dividió a la crítica y a los puristas, pero abrió definitivamente las puertas del jazz a nuevas audiencias más próximas al pop y al rock. Y, en esa confluencia de estilos, el imaginario ferroviario encontró también un nuevo cauce expresivo.

Rock ferroviario británico: poderío insular

Por mor del Stockton & Darlington Railway, inaugurado en el noreste de Inglaterra en 1825, sobre un ancho de 1.435 milímetros y pionero en el uso del vapor desde sus inicios, los británicos son considerados los padres del ferrocarril moderno. Aunque en sus primeros años estuvo destinado al transporte de mercancías, en 1833 comenzó a transportar viajeros. Dada la trascendencia del ferrocarril en la historia de la humanidad, parecía inevitable que los artistas en general, y los británicos en particular, lo incorporaran a sus obras.

Ejemplo de lo anterior es Madness, banda londinense cuyas señas de identidad son el ska y la diversión. Sin embargo, en sus canciones no ha dudado en abordar cuestiones profundas, como el apartheid en Sudáfrica, tal como se puede comprobar en (Waiting for) The Ghost Train, en la que el tren que debería acabar con la segregación racial nunca llega.

Madness – «(Waiting for) The Ghost Train» (1986). Discogs.com

Dejamos Inglaterra y nos acercamos a Escocia, donde Sheena Easton narra en Morning Train (Nine To Five), la relación de una pareja en la que, mientras él acude en tren a trabajar de 9 a 5, ella espera en casa su regreso para salir a divertirse. La canción vino acompañada de un videoclip, que era un auténtico tratado de cultura ferroviaria, rodado en el Bluebell Railway, ferrocarril inmortalizado, entre otros, en la premiada serie televisiva Downton Abbey o en la portada del disco Tumbleweed Connection, de Elton John.

Sheena Easton – Take my Time (1981): «Morning Train (Nine to Five)». wikipedia.org

Edimburgo es la ciudad natal del grupo The Waterboys, que alcanzó la gloria con Fisherman’s Blues, un disco que fusiona música irlandesa y rock. En el corte que da título al disco, el protagonismo lo comparten un pescador que se aleja mar adentro y el guardafreno de un tren fuera de control, dos personajes que representan la huida de la complejidad de la vida moderna, para buscar una existencia más tranquila en actividades tradicionales.

The Waterboys – Fisherman’s Blues (1988): «Fisherman’s Blues». Discogs.com

De la mano del inconmensurable Tom Jones nos adentramos en Gales, la tierra del artista que afirma que todo el mundo ama a un tren (Every Body Loves a Train), y que en Green Green Grass of Home nos relata la aspiración de una persona que está en prisión, en la que solo espera la muerte, pero que sueña con regresar a su hogar en tren para encontrarse con su sus padres y la bella Mary.

Tom Jones – Green Green Grass of Home (1967): «Green Green Grass of Home». Discogs.com

Finalizamos este breve recorrido por el pop y el rock de inspiración ferroviaria  de artistas de Gran Bretaña con la banda anglo-irlandesa de folk-punk The Pogues, la  cual rindió homenaje a los pioneros, a los primeros ferroviarios, en Navigator, una canción cuyo contenido es similar a Driving the Last Spike, de Genesis, y que ilustra cómo trabajaban y vivían tan esforzados trabajadores.

The Pogues – Rum, Sodomy and The Lash (1985): «Navigator». Discogs.com

Casi dos siglos después, en el país que inventó el ferrocarril tal como lo conocemos en la actualidad, seguimos verificando una y otra vez cómo su hechizo sigue presente en su música, cine, fotografía, literatura…, en la enésima confirmación del apego británico a su cultura, historia y valores.