The Train (El tren)

The Train. IMDb.com

El expolio de obras de arte durante las guerras es un hecho recurrente a lo largo de la historia. Los nazis, por ejemplo, planificaron una sustracción sistemática de colecciones públicas y privadas en Europa, que comenzó por las personas judías alemanas. Cuando ocuparon Francia en 1940, las obras saqueadas las depositaron en el Museo Jeu de Paume, en el centro de París, con la idea de trasladarlas al Museo del Führer, que Hitler pretendía crear en la ciudad austríaca de Linz. En el museo parisino trabajó durante toda la ocupación Rose Valland, ayudante de conservación y colaboradora de la Resistencia francesa de la que los nazis nunca sospecharon. Valland llevó un registro secreto de todas las entradas y salidas de obras de arte y en 1961 publicó Le front de l’art (El frente del arte). Dicho libro es la base del film The Train (El tren), dirigida por el estadounidense John Frankenheimer y estrenada en 1964, actualmente considerado uno de los grandes títulos del cine bélico.

La película nos traslada a agosto de 1944, dos meses después del desembarco de los aliados en las playas de Normandía. Los alemanes pretenden sacar de París el último tren cargado con cuadros de pintores «degenerados», tales como Braque, Cézanne, Degas, Gauguin, Lautrec, Matisse, Picasso, Renoir…, obras que, en palabras de la álter ego de Rose Valland (Suzzane Flon), son la gloria de Francia, dan sentido a la vida y pertenecen a la humanidad.

Comienza entonces una carrera frenética y sin cuartel entre Labiche (Burt Lancaster), responsable de circulación de la SNCF (la empresa estatal francesa encargada de la explotación de los ferrocarriles), y miembro de la Resistencia francesa, y el coronel alemán Van Waldheim (Paul Scofield). El primero para evitar que el tren salga de Francia, el segundo para lograr que llegue a Berlín. Todo ello soportado por un brillante guion que fue candidato al Oscar, en el que destaca la profundidad psicológica de los personajes y el debate de si las obras de arte son más importantes que las vidas de las personas.

Y como el hecho de que un film sea riguroso no está reñido con el sentido del espectáculo, asistimos a uno en blanco y negro, lo cual acentúa su fuerte carga dramática, en el que vemos todos los sabotajes imaginables en forma de descarrilamientos, choques de trenes, explosiones, bombardeos… filmados con gran verismo, algo que Frankenheimer consigue gracias a especialistas, porque en la medida de lo posible siempre huye de los efectos especiales.

En 2014, George Clooney presentó en la Berlinale The Monuments Men, película en la que aborda el mismo hecho casi en clave de comedia y desde un punto de vista diferente. Aunque conserva el personaje de Rose Valland, interpretada por Cate Blanchett, el protagonismo recae en un grupo de soldados norteamericanos del Programa de Monumentos, Arte y Archivos (Monuments, Fine Arts and Archives Program), que el ejército aliado implantó en 1943 para proteger del saqueo nazi las obras de arte en Europa.

Se suele afirmar que desde El maquinista de La General, de Buster Keaton, no se había visto en la pantalla grande una película tan ferroviaria como El tren. Para ello fue fundamental el apoyo de la SNCF, que brindó todo tipo de instalaciones, material motor y material rodante para este homenaje a los ferroviarios y la Resistencia francesa, que lucharon por conservar para el mundo uno de los mayores legados artísticos jamás expoliado. No obstante, tanto esfuerzo no logró evitar que de Francia salieran 29 convoyes cargados con unos 100.000 cuadros, dibujos y esculturas, muchos de los cuales terminaron almacenados en una mina de sal de Altaussee, en los Alpes Austriacos.

 FICHA TÉCNICA:

  • Título: The Train (El tren)
  • Director: John Frankenheimer
  • Guión: Franklin Coen, Frank Davis
  • Música: Maurice Jarre
  • Fotografía: Jean Tournier, Walter Wottitz
  • Reparto: Burt Lancaster, Paul Scofield, Jeanne Moreau, Michel Simon, Howard Vernon, Suzzane Flon, Charles Millot, Wolfrang Preiss, Albert Rémy
  • País: Estados Unidos     
  • Año: 1964
  • Duración: 135 minutos  
  • Género: drama bélico  

1986-1999, la historia de España al compás del tren

La Frontera. Tren de Medianoche. Discogs.com

En 1986, España acabó definitivamente con su aislacionismo internacional y se alineó con los países más influyentes de Occidente, al adherirse a la Comunidad Económica Europea y votar mayoritariamente “sí” en el referéndum sobre su permanencia en la OTAN. Estos acontecimientos marcaron un punto de inflexión, que culminaron con la organización de los Juegos Olímpicos de Barcelona y la Exposición Universal de Sevilla en 1992, además de consolidar la nueva imagen del país en el escenario mundial.

El fin del aislacionismo impregnaba todos los aspectos de la sociedad española, que pasó de ser un país pacato a ser uno de los más avanzados del mundo en libertades, derechos y tendencias. Así, por ejemplo, el machismo atávico comenzaba a ceder terreno ante una incipiente metrosexualidad, ejemplificada en el doliente protagonista de la canción Tren de medianoche del grupo La Frontera. Simultáneamente, se fortalecía la autoafirmación de la mujer, como lo demuestran las canciones No me importa nada y El tren de Luz Casal, incluidas en su disco Luz V, que le granjearon el favor de las feministas. Mientras que No me importa nada aborda la indiferencia femenina ante una antigua pareja, El tren destaca la proactividad de una mujer que asume su liderazgo en las relaciones personales e invita a una potencial pareja a subirse a su tren, a compartir vida y experiencias.

No cabe duda que los Juegos Olímpicos de Barcelona y la Exposición Universal de Sevilla fueron dos hitos de relevancia mundial, pero el primer viaje comercial del AVE entre Madrid y Sevilla, el 20 de abril de 1992, por una vía de 471 kilómetros de 1.435 mm, diseñada para velocidades de hasta 300 kilómetros por hora, no lo fue menos, porque desde ese día España es un país de referencia en líneas de gran velocidad.  

Con todo, mientras se inauguraba comercialmente el AVE, la situación de algunos sectores, como el naval, era dramática y algunas poblaciones sufrían tal impacto del que todavía no se ha recuperado. Caso paradigmático es Ferrol, ciudad que da título a unas de las canciones más representativas de Los Limones. En una localidad donde perder era lo normal, donde las fábricas cerraban y el tren Estrella Rías Altas se llevaba  los sueños y la realidad, la banda apostaba por mantenerse con la cabeza alta y quedarse donde estaba su hogar, donde se acaba el mar.

La apertura de España al mundo trajo consigo muchas ayudas económicas, pero también implicó sacrificios significativos, tanto en forma de crisis industriales como personales. Este tiempo de lucha y esperanza se refleja en Esperando mi tren de Revólver. La canción, en clara sintonía con Bruce Springsteen, habla de las derrotas que la vida inflige y la necesidad de seguir adelante, porque siempre queda un resquicio para la esperanza, en este caso simbolizada por un tren.

A pesar de los grandes avances y celebraciones entre la entrada de España en la Comunidad Económica Europea y la llegada del Euro a los mercados financieros en 1999, el camino no fue siempre fácil, ni a nivel económico ni individual. Este periodo de transformación estuvo lleno de desafíos y contradicciones, reflejo de una evolución compleja en la historia reciente de España.

1970-1986, la historia de España al compás del tren

Ana Belén. Miguel Bosé. El trenecito. Museo del Ferrocarril de Madrid on Twitter

Los años setenta fueron una sucesión de acontecimientos históricos, que comenzaron con el Proceso de Burgos contra dieciséis etarras, varios de los cuales vieron conmutada su pena de muerte por prisión, en un claro indicio de la debilidad del régimen. Esta debilidad se hizo todavía más patente con el atentado contra Carrero Blanco. En 1975 moría Franco y comenzaba la Transición. Tras el regreso de la monarquía, vinieron las elecciones democráticas de 1977 y la aprobación de la Constitución de 1978. La llegada de la década de 1980 mantuvo el ritmo, porque al fallido golpe de Estado de Tejero le siguió el regreso del último exiliado, el Guernica de Picasso -signo de reconciliación entre los dos bandos y final de la Transición-, además de la entrada de España en la OTAN.

La novedad, magnitud y el vertiginoso ritmo de los cambios era tal, que no todo el mundo fue capaz de asimilarlos. Un ejemplo lo tenemos en la eclosión del consumo de drogas. En este contexto hay que situar El tren, tema incluido en el primer disco de Leño, publicado en 1979, toda una referencia del rock urbano, en el que el tren simboliza unos ácidos azules de moda en aquellos tiempos, razón por la cual la canción dice “súbete a mi tren azul / si controlas tu viaje, serás feliz”. 

Otro cambio notorio fue la masiva incorporación de las mujeres al mercado laboral. Después de casi cuatro décadas condenadas al ostracismo y a pesar de los techos de cristal, empezaban a dirigir sus vidas, porque es sabido que la independencia económica suele propiciar la independencia sentimental. El grupo Mocedades lo dio a entender en Has perdido tu tren, canción en la que una mujer le deja claro a su pareja que ha perdido su oportunidad y que es capaz de cerrar la última página sin dejarse arrastrar por sensiblerías.

La vertiginosa transformación de la sociedad también se manifestó  en la cultura, que vivió un momento de gran intensidad creativa, de lo cual es un buen ejemplo la Movida Madrileña. El 9 de febrero de 1980, en la Escuela de Caminos de Madrid se celebró el concierto de homenaje a Canito, el baterista del grupo Tos que había muerto atropellado la Nochevieja anterior. Este acontecimiento es considerado su acto fundacional. En el recital participó Mermelada, uno de los mejores grupos de rhythm & blues que ha dado este país y el único del evento con disco en el mercado. Gracias a temas tan enérgicos como Coge el tren sabía lo que era el éxito. Su imperioso mensaje para que tomemos el tren de la 3.10, además de ser una invitación a comenzar una nueva etapa, es un guiño al western 3:10 to Yuma (El tren de las 3:10 de Delmer Davies, protagonizado por Glenn Ford y Van Heflin.

En la Escuela de Caminos también actuó Mamá, grupo madrileño que un año después publicaría su primer disco de larga duración, el cual incluía Hora punta en el Metro, una canción que es el análisis de un amor adolescente diez años después, tras un cruce casual de los protagonistas en las escaleras del Metro de Madrid.

El mismo Metro vuelve a ser el escenario elegido en Transbordo en Sol, la adaptación al castellano que Patxi Andión hizo de L’Anno Che Verrà de Lucio Dalla. La canción, escrita como una carta a un amigo, es un canto a la resistencia en tiempos de dificultad e incertidumbre, pero también una expresión de esperanza ante la llegada de días mejores.

Para la historia también quedará que, coincidiendo con el inicio de la década de 1980, desde Méjico llegó El trenecito de los Hermanos Rincón, una divertida canción infantil que fue grabada por Ana Belén y Miguel Bosé. Fue tan popular que RENFE utilizó su música como jingle de su brillante campaña publicitaria sobre los Días Azules, paradigma de los usos y costumbres de los viajes en el ferrocarril de la época.

El periodo comprendido entre 1970 y 1986 es uno de los más intensos de la historia reciente de España. Coincide también con el final de la represión franquista sobre el personal ferroviario, que duró de 1936 a 1977. Dado el valor estratégico del ferrocarril, alrededor de 83.000 trabajadores fueron depurados; de ellos, 6.800 fueron encarcelados, con penas que oscilaban entre la privación de libertad durante meses a la cadena perpetua. Alrededor de un centenar fue condenado a muerte y, un número indeterminado, fusilado, como los 59 trabajadores de la Compañía de los Ferrocarriles de Madrid a Zaragoza y Alicante (MZA), sepultados en la Fosa de los Ferroviarios del Monte Costaján, en Aranda de Duero.