La mirada ferroviaria de Isaak Levitán

Autorretrato. 1880. Wikipedia.org

Se suele afirmar que nadie ha podido captar el alma del paisaje ruso como el pintor Isaak Ilich Levitán (Lituania, 1860 – Rusia, 1900). Con 13 años ingresa en la Escuela de Pintura, Escultura y Arquitectura de Moscú, donde Alexey Savrasov le transmite la pasión por la naturaleza. Años después, el mecenas Pável Tretiakov le otorga una beca para estudiar en París. Allí conocerá las obras de los pintores de la Escuela de Barbizón, defensores de un paisaje natural exento del idealismo y dramatismo del romanticismo, y también de Camille Corot, cuyo profundo sentimiento del paisaje aplicará a la idiosincrasia y naturaleza rusas. Todo lo cual le llevará a convertirse en un abanderado del “paisaje del estado de ánimo”, con todas sus connotaciones espirituales y filosóficas.

Pionero en su país a la hora de plasmar el ferrocarril, su primer testimonio es el dibujo El andén, el tren se aproxima, que representa la llegada de un tren a una estación indeterminada. Como en la mayoría de sus cuadros, no hay presencia humana y nos traslada a una zona rural, otra de las características definitorias de su obra en la que no hay cabida para los paisajes urbanos.

El andén, el tren se aproxima. 1879. wikiart.org

Seis años después pinta El apeadero, claro deudor de El andén, el tren se aproxima. Al final de la tarde, el silencio y la tranquilidad de un modesto apeadero en mitad del bosque -que, por todo equipamiento cuenta con una vía, un andén de madera y una señal mecánica de disco-, están a punto de ser interrumpidos por un tren, cuyas luces ya brillan en la distancia. Con una infraestructura aparentemente anodina y desangelada, extrae belleza e invita a reflexionar sobre la conexión entre la naturaleza y el progreso humano.

El apeadero. 1885. wikiart.org

De tenor similar es el lienzo Atardecer después de la lluvia, porque la protagonista es otra vez una modesta infraestructura: una estación rural dotada con vía doble y un cruce de vías entre andenes. Acaba de llover, y tanto el andén del edificio de la estación, que está mojado, como el cielo, que presenta unas bellas tonalidades, le permiten demostrar su maestría en el uso del color a la hora de captar las diversas cualidades de la luz y los matices cromáticos de las sombras, razón por la cual se le compara con Claude Monet.

Atardecer después de la lluvia. 1879. wikiart.org

El tiempo y el ánimo cambian radicalmente en Un tren se aproxima. La tarde lluviosa ha sido sustituida por una mañana de primavera, donde el sol brilla y el cielo está despejado. La naturaleza se despliega con todo su colorido y la alegría de vivir se hace patente. No obstante, como la vida no es lineal, porque hay altos y bajos, luces y sombras, todo ello tiene su traslación en un cuadro que captura la esencia del paisaje y el dinamismo del tren.

Un tren se aproxima. 1895. wikiart.org

La correlación entre las condiciones climáticas y el estado de ánimo son de nuevo evidentes en el óleo Día gris. El lugar elegido es un paraje solitario, cuya atmósfera melancólica se acentúa por un cielo gris plomizo, una luz tenue y la ausencia de sombras. En él distinguimos los postes del telégrafo, las cabezas de algunas traviesas y una vía cubierta de nieve que, con todo, sigue siendo un camino de hierro expedito en pleno invierno.

Día gris. 1895. wikiart.org

En 1891, su febril actividad le lleva a unirse a la sociedad cooperativa de pintores de realismo crítico denominada Peredvízhniki (Vagabundos o Itinerantes), que aspiran a pintar la realidad de manera accesible y auténtica. Seis años después, es elegido para la Academia Imperial de Artes y en 1898 es nombrado responsable de Estudio de Paisaje. Sin embargo, su vida se acaba y como seguramente es conscinte de ello, al año siguiente nos brinda Vía férrea, un cuadro de paleta opaca y colores fríos, que transmite gelidez, desolación y tristeza, así como una sensación de calma y soledad.

Vía férrea. 1899. wikiart.org

Aunque fallece a los 39 años, su legado lo componen más de mil obras, la inmensa mayoría paisajes. Considerado el pintor-poeta, su estrella sigue brillando tanto en la Tierra, donde es reconocido como uno de los más grandes artistas rusos, como en el espacio, porque desde 1979 un asteroide, el planeta menor 3566, lleva su nombre.