
Concha Piquer. La niña de la estación. erredeele.blogspot.com
Aunque se suele afirmar que el primer tren español circuló entre La Habana y Güines, el 19 de noviembre de 1837, con el objetivo de resolver el problema del transporte de azúcar desde los ingenios del interior hasta el puerto, especialmente en época de lluvias, es de justicia señalar que en 1834 la Real Compañía Asturiana de Minas ya usaba un ferrocarril con tracción animal en sus minas de la localidad de Arnao.

El Camino de Hierro de La Habana a Güines. ffe.es
El primer tren con tracción de vapor que circuló oficialmente por la Península Ibérica lo hizo el 28 de octubre de 1848 entre Barcelona y Mataró. Tres años después se inauguraba la línea que unía Madrid y Aranjuez. La realeza española, siguiendo el ejemplo de la francesa que viajaba en ferrocarril de París a su residencia en Versalles, decidió hacer lo mismo y viajar a su residencia de Aranjuez. Sin embargo, el retraso en la ejecución de las obras fue tal que comenzó a circular el dicho que el tren solo serviría para ir a recoger fresa.

Ferrocarril Barcelona-Mataró, 1848. ffe.es
No obstante, en 1829 se había publicado una Real Orden por la que se aprobaba el primer proyecto de ferrocarril para unir Jerez de la Frontera con un muelle sobre el río Guadalete, proyecto que nunca se materializó. Este hecho, junto con las numerosas peticiones para construir ferrocarriles y el Informe de 1844 en el que los ingenieros Subercase y Santa Cruz propusieron el ancho de seis pies castellanos o ancho ibérico (1.668 milímetros), llevó a la promulgación de la Ley General de Caminos de Hierro de 1855. Esta Ley fue el detonante de las primeras grandes empresas ferroviarias, como la Compañía de los Ferrocarriles de Madrid a Zaragoza y Alicante (MZA), la Compañía de Caminos de Hierro del Norte o la Compañía del Ferrocarril de Medina a Zamora y de Orense a Vigo (MZOV).
En 1864 la Compañía de Caminos de Hierro del Norte inauguró la línea Madrid-Irún. Dada la dificultad orográfica del trayecto entre Olazagutia y Beasain fueron contratados “navvies” (peones especializados en la construcción de ferrocarriles) piamonteses, por estar familiarizados con la construcción de ferrocarriles en los Alpes. Esto supuso la introducción en el País Vasco de uno de sus instrumentos más representativos, la trikitixa o acordeón diatónico. Aunque en sus inicios el clero vió en ella un instrumento diabólico que echaba a las mujeres en brazos de los hombres, hoy, gracias a músicos como Kepa Junkera, el trikitilari que ha logrado registros inéditos y un Grammy Latino al Mejor Álbum Folk en 2004 por su disco “K”, la trikitrixa ha pasado de las romerías a los mejores auditorios. Un artista que catorce años antes nos ofrecía el instrumental Erdiko Geltokia (Estación Centro), con Zabaleta e Imanol.
Finalizada la Guerra Civil, todas las grandes compañías de ancho ibérico fueron integradas en la Red Nacional de los Ferrocarriles Españoles (RENFE), creada en 1941. Este afán unificador también tuvo su reflejo en la música, porque el régimen franquista quiso convertir a la copla en uno de los símbolos de identidad nacional. Gracias al triunvirato formado por el compositor Antonio Quintero, el poeta de la Generación del 27 Rafael de León y el pianista Manuel Quiroga, que compusieron más de una veintena de éxitos, la copla gozó de gran reconocimiento durante las décadas de los años 1940, 1950 y 1960.
En 1943, con letra de Rafael de León y música de Manuel Quiroga, Concha Piquer lograba uno de sus grandes éxitos con la canción de vis cómica La niña de la estación, en la cual su protagonista, la desventurada Adelina, cuya pasión era contemplar los trenes, veía afectada hasta su salud mental por vivir amores imposibles con un doncel y un jefe de estación.
El periodo comprendido entre la promulgación de la primera Constitución Española en 1812 y la entrada de España en la ONU en 1955 abarca los reinados de Fernando VII e Isabel II, la Primera República, los reinados de Alfonso XII y Alfonso XIII (quien inauguró el Metro de Madrid en 1919), la Segunda República y los primeros años de la dictadura franquista. Fue una época de grandes transformaciones, a las que el ferrocarril contribuyó, por ejemplo, con la unificación horaria del país. Sin embargo, también fue un periodo marcado por tragedias, como el accidente ferroviario de Torre del Bierzo de 1944, el mayor en la historia de España, ocurrido en plena posguerra cuando las infraestructuras estaban muy deterioradas.