
Bob Dylan. http://www.flaggingdown.com
Definir la obra de Bob Dylan es una tarea titánica y no exenta de riesgos, pero afirmar que su música es «Americana» –una amalgama que surge de la fusión de folk, country, blues, rhythm and blues y rock and roll, entre otros géneros- parece razonable. Su obra está repleta de influencias y referencias, que van desde Woody Guthrie hasta los textos bíblicos, pasando por los simbolistas franceses, la Generación Beat, los clásicos del blues e incluso Frank Sinatra. Es la obra de un artista que lleva más de cinco décadas reinventándose.
Como la radio, los trenes y las campanas formaron la banda sonora de su adolescencia, no es extraño que en su primer disco figure Freight Train Blues (Tren de mercancías), un tema que parece tener tintes autobiográficos, aunque en realidad lo había compuesto John Laird, inspirado en un viaje que había realizado en su juventud en un tren rumbo al sur de los Estados Unidos.

Freight Train Blues. Bob Dylan, 1962. Discogs.com
En 1963, el que sería considerado el guía espiritual de la canción protesta, graba Train A-Travelin’ (Tren en marcha), donde el tren del título es una metáfora del racismo. La pista la proporciona la última estrofa de la canción, que remite a los hechos ocurridos en Anniston, Alabama, el 14 de mayo de 1961, cuando militantes del Ku Klux Klan incendiaron un autobús con un grupo de «Viajeros de la libertad» (Freedom Riders). A pesar de que en 1947 el Tribunal Supremo había declarado inconstitucional la segregación racial en los autobuses de rutas interestatales, y de que desde entonces las organizaciones proderechos civiles promovían los viajes de la libertad, la iniciativa no cobró gran relevancia hasta que se difundió la imagen del autobús calcinado.

Train A-Travelin’. Broadside Show & Sessions, 1989. Discogs.com
A mediados de la década de 1960, Dylan, que gozaba de gran admiración en los círculos folk, toma una decisión que genera una gran controversia: electrificar su sonido. Su giro hacia el rock es percibido como una traición por muchos puristas, hasta el punto de que, durante un recital en el Free Trade Hall de Manchester en 1966, le gritan «¡Judas!» Sin embargo, el cambio queda marcado por el lanzamiento de Highway 61 Revisited, un disco que es considerado unánimemente como una de sus obras más destacadas.
El álbum incluye It Takes a Lot to Laugh, It Takes a Train to Cry (Se necesita mucho para reír, basta un tren para llorar), un blues melancólico al estilo de Luisiana, con un característico piano honky-tonk. Aunque inicialmente iba a titularse Phantom Engineer (Maquinista Fantasma), tal vez por sus numerosas referencias a trenes correo, dobles tracciones e incluso a un guardafrenos (lo que podría ser un guiño a Jimmy Rodgers, «The Singing Brakeman»), la canción puede ser entendida como una reflexión sobre el amor, las oportunidades perdidas y la búsqueda de significado en el viaje de la vida.

It Takes a Lot to Laugh, It Takes a Train to Cry. Highway 61 Revisited, 1965. Discogs.com
Seguramente por su experiencia como «hobo» –vagabundo o trabajador temporal que recorre Estados Unidos sin billete, viajando en trenes de mercancías, símbolo de libertad y rechazo a las convenciones–, en al menos tres canciones se refiere a ellos. La primera es Only a Hobo (Solo un vagabundo); la segunda, Walkin’ Down the Line (Siguiendo mi camino), un estándar del country que, en la voz de Arlo Guthrie, se convirtió en uno de los himnos del Festival de Woodstock de 1969; y la tercera, I Am a Lonesome Hobo (Soy un vagabundo solitario), un blues eléctrico compuesto por tres estrofas muy diferenciadas: en la primera, hace inventario de sus delitos; en la segunda, remite a la historia bíblica de Caín y Abel; y en la tercera, recomienda vivir según los propios códigos.

I Am a Lonesome Hobo. John Wesley Harding, 1968. Discogs.com
La polémica, algo habitual en su carrera, resurgió con renovados bríos tras su conversión al cristianismo y los tres discos consecutivos que grabó por dicha razón. El primero de los cuales es Slow Train Coming, cuya portada muestra a un ferroviario sosteniendo un pico que parece una cruz. En su listado de canciones aparece Slow Train, otra canción protesta que, en este caso critica, entre otros aspectos, la explotación de América y el liberalismo económico sin fronteras, representado por hombres de negocios sin escrúpulos. En este contexto, el tren que avanza lentamente puede interpretarse como el inevitable ajuste de cuentas que se aproxima.

Slow Train. Slow Train Coming, 1979. Discogs.com
Dada la reticencia de Dylan a explicarse, los exégetas han jugado un papel fundamental en el análisis de su obra, aunque no siempre se han puesto de acuerdo, como sucede con Duquesne Whistle (El silbato del Duquesne). Para unos, la canción hace referencia al tornado que azotó Duquesne, Missouri, en mayo de 2011; para otros, al tren que pasa por Du Quoin, Illinois, cuya pronunciación es similar a Duquesne, en la línea de Chicago a Nueva Orleans. Se trata de una canción con mucho swing en la que Dylan realiza un viaje introspectivo y evoca su juventud en el Medio Oeste.

Duquesne Whistle. Tempest, 2012. Discogs.com
El 13 de octubre de 2016, a la edad de 75 años, Robert Allen Zimmerman, nacido en Duluth, Minnesota, fue galardonado, no sin controversia, con el Premio Nobel de Literatura, ante el escepticismo de aquellas personas que consideran inapropiado que un cantante reciba tal galardón. Las mismas que parecen olvidar que la música y la poesía siempre han estado unidas; de hecho, la palabra «lírica» proviene del nombre de un instrumento, la lira. Por tanto, bienvenido sea el máximo galardón literario para quien, con su enorme creatividad, sensibilidad ferroviaria y constante reinvención artística, sigue demostrando que son buenos tiempos para la lírica.