Bruce Springsteen, el boss ferroviario

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En 1974, la CBS seguía presentando a Bruce Springsteen como el nuevo Dylan, pero todo cambió a raíz de un recital en el Harvard Square Theater de Boston al que asistió el prestigioso periodista de rock Jon Landau. Tras el espectáculo, Landau escribió: “vi el futuro del rock and roll y su nombre es Bruce Springsteen”. Acto seguido la CBS modificó su estrategia, publicó “Born to Run” y nada fue igual. Con el paso de los años hemos comprobado que sus palabras resultaron proféticas, porque cinco décadas después sigue siendo el mejor embajador del rock. Y lo ha conseguido gracias a su vitalidad, talento y creatividad; con canciones pobladas de personas viajeras que buscan un futuro, huyen de la realidad o tratan de curar sus heridas internas, en las que el tren, en sentido literal o figurado, juega un papel relevante.   

Un buen ejemplo de su talento como poeta de la gran ciudad y cronista del reverso del sueño americano es New York City Serenade, composición que nos cuenta la historia de un joven adicto a la heroína y de su novia que no quiere verse arrastrada al abismo, en la que el tren simboliza la droga y las vías las venas. También Black Cowboys, canción sobre un chico llamado Rainey Williams que vive en Mott Haven, uno de los barrios más pobres del Bronx. Muy unido a su madre, la cual trata de protegerle de los peligros de las pandillas y la calle, hasta que es ella la que se enamora de la persona equivocada y se vuelve una adicta. Finalmente será el propio Rainey quien acabará robándole 500 dólares a su “padrastro”, tomar el tren y huir en busca de un futuro mejor.   

Su interés por las personas y las historias cotidianas es recurrente en su obra. Un ejemplo muy conocido lo tenemos en Downbound Train. En ella nos describe la vida de Joe, un hombre que ha perdido su trabajo, novia, libertad y futuro. Todo lo cual hace que se sienta como un jinete en un tren a la deriva. El desamor es también la esencia de Leavin’ Train, canción grabada para el disco “Human Touch”, pero incluida en “Tracks”, el recopilatorio con 66 descartes que vio a luz en 1998. Se trata de un tema con un memorable solo de guitarra en la que conocemos a un joven cuyo amor no es correspondido, algo que comprueba cada vez que mira a los ojos de su chica, que parecen un tren en marcha, de ahí que tenga la sensación de que ella quiere dejarlo. Sin embargo, la balada Tucson Train transmite algo más de optimismo, porque nos habla de un hombre de la construcción que se desplaza desde San Francisco hasta Tucson, Arizona, para comenzar una nueva vida y aunque la relación con su novia en California no era muy sólida, de hecho pensaba que su amor había sido en vano, ahora espera con ilusión su llegada en el tren de las 5.15.

Si bien su faceta más conocida es la rockera, de vez en cuando nos sorprende con discos acústicos como “Nebraska” o The Ghost of Tom Joad, que comienza con la composición que da título al disco, en cuyo primer verso encontramos a varios hombres que caminan por las vías del ferrocarril. Basada en el protagonista de la novela por antonomasia de la Gran Depresión, “Las uvas de la ira”, de John Steinbeck, es difícil no apreciar un paralelismo entre la situación que vivía EE. UU. en 1929 y el año en que se editó el disco, 1995, así como su compromiso con las personas más desfavorecidas. El compromiso, unido a la emotividad, es asimismo el leitmotiv de The Last Carnival, composición en la que en 2009 rindió un sentido homenaje a su teclista Danny Federici, fallecido un año antes, razón por la que canta “tomaremos el tren sin ti esta noche”.

Como demostró con su disco “The Rising”, editado al año siguiente del ataque a las Torres Gemelas, a veces se erige en portavoz de la esperanza, como en Land of Hope and Dreams, que ha sido el punto final de numerosos recitales. En el tren de las grandes ruedas los sueños no se verán frustrados y la fe será recompensada. A diferencia de otras canciones, como por ejemplo “People Get Ready”, todo el mundo es bienvenido, santos y pecadores, ganadores y perdedores, prostitutas y jugadores, locos y reyes…, en su viaje a la tierra de esperanza y sueños, es decir, al sueño americano.

Springsteen, ejemplo de honestidad y entrega ilimitada en sus maratonianos recitales; admirado e imitado en todo el mundo, entre otras razones porque en sus canciones muchas personas ven reflejadas sus propias vivencias, es paradójicamente uno de los artistas con más discos piratas, entre los que se encuentra el muy ferroviario “Railroad Tracks”.